lunes, agosto 21, 2017

#ChiribogaStyle

Wikipedia y los diccionarios en español deberían incorporar un significado adicional a la palabra cinismo. Cinismo: habitual actitud del político correísta.

Pocas palabras identifican y resumen tan bien al correísmo. Palabras como corrupción, despilfarro, abuso, censura, estarán para siempre estrechamente identificadas con la década correísta y sus nefastos protagonistas. Pero el cinismo, esa capacidad para mentir con total descaro de los funcionarios de la década robada, va más allá de lo que estábamos acostumbrados en la política nacional.

Sabemos que la política, aquí y en cualquier lugar, siempre tendrá su buena dosis de falso drama, de teatralidad. Exageran, se hacen los escandalizados, fingen ante cámaras y micrófonos. Aceptamos, hasta cierto punto, que el show es parte del juego político. Es como cuando un futbolista se lanza en el área para fingir un penal. No es algo que hacen todos los jugadores, no es algo que aprobemos, pero lo aceptamos como parte del juego. Y el árbitro siempre tiene la facultad de sancionar ese show.

Nuestros políticos correístas agarran la pelota con la mano, le pegan un puñete en la cara al árbitro y después dicen que no han hecho nada malo, que los tramposos y sucios son los jugadores del otro equipo, que al que se debe expulsar es al árbitro por vendido.

Se han acostumbrado tanto a mentir que ya ni se dan cuenta cuando lo hacen. Han repetido tantas veces sus mentiras que se las creen. Reclaman sin pudor a quien los confronte.

En eso, el loco del ático, como han rebautizado a nuestro flamante migrante en Bélgica, es el maestro de maestros. El Messi del cinismo. Miente y vuelve a mentir y se enoja ante cualquier verdad que confronte sus mentiras. Durante diez años nos taladró la cabeza con su cinismo.

Otros le pisan los talones y a veces hasta lo superan. Como los amigos secretos de Odebrecht. Como las sumisas. Como los orgullosos ovejunos que ahora se hacen los indefensos después de abusar de su poder durante tanto tiempo. Ese cinismo con el que llevaron la política a lo más bajo ahora se ha multiplicado.

El gran descubridor de que Odebrecht era el corruptor ahora dice que compra pasajes solo para visitar el aeropuerto y no viajar. El rey de la propaganda, el periodismo sesgado y la manipulación mediática ahora se dedica a criticar a periodistas y medios que sí hacen su trabajo. Los grandes trolls dedicados al ataque y el desprestigio hoy dan clases de moral. Suerte por las redes sociales donde se desnuda su cinismo y quedan en ridículo.

Quien está llamado a liderar el cambio desde Carondelet demostró en su campaña presidencial, y desde antes, que tiene esa misma habilidad para decir lo contrario a lo que piensa sin inmutarse. ¿Cuál es el verdadero Lenín? ¿El que hace pocos meses alababa los logros de la década correísta, o el que hoy los critica? Solo queda confiar que sea el segundo. Y que será él quien logre sepultar la política del cinismo, la política del loco del ático que tanto mal nos hizo.

Quién sabe. A veces, hay cambios que solo se logran desde adentro.


lunes, agosto 07, 2017

Carondelet de naipes

“El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía y víctimas” dice Frank Underwood, el protagonista de la serie House of Cards, donde la política es casi tan sucia como en la realidad. Frank la tiene clara.

El matrimonio entre leninistas y correístas no pasó ni de su luna de miel. Lloran. Patalean. Se acusan. Y nosotros aquí embobados viendo el show mientras el país se estanca.

Lo cierto es que Alianza PAIS, el del gobierno de Correa, endeudó a este país a niveles criminales. Despilfarró sin control. Abusó de su poder. Reprimió libertades. Y permitió que la corrupción se pasee como en su casa. Lo cierto es que el mismo Alianza PAIS, el del gobierno de Lenín Moreno, más allá de medidas políticas y de forma que son importantes, no ha tomado ninguna medida económica para sacarnos de la crisis.

Son la misma gente. La misma peligrosa ideología. ¿Cómo es posible que este gobierno no condene la represión y asesinatos de la dictadura de Maduro en Venezuela? Si Lenín realmente defendiera la libertad y la democracia, su gobierno condenaría frontalmente al gobierno de Maduro. Pero no, Lenín prefiere enviar tibios comunicados expresando su “respeto al pueblo venezolano”, esperando “la solución pacífica de las controversias y los conflictos”. Vergonzoso.

Lenín ha tomado decisiones importantes para poner la casa en orden. No es poca cosa enfrentar a Correa y Glas, transparentar la escandalosa deuda pública, iniciar el combate a la corrupción, respetar la independencia de los medios públicos. Todos, salvo Correa, sus sumisas y sus fanáticos, aplaudimos esas decisiones.

Pero la reciente historia política de este país nos hace desconfiar. Lenín llegó al poder de la mano de los que hoy rechaza. Se benefició como candidato presidencial del abuso de recursos públicos y la cancha inclinada que el correísmo puso a su favor. Se dio la buena vida en Ginebra con nuestra plata, cuando el despilfarro no le parecía algo relevante. Y calló, una y otra vez calló, ante los múltiples abusos de Correa contra la libertad de expresión, la independencia de poderes y la democracia. Difícil confiar.

La oposición no puede estar tranquila solo porque Correa y Glas ya no estén. El problema de fondo no son las personas. Es el modelo de gobierno y la peligrosa ideología que sigue guiando a Alianza PAIS. La oposición no puede mirar pasiva el cambio de estilo y protagonistas en el Gobierno, como si con eso todo se solucionara.

Con su ruptura total con Correa y Glas, Lenín puede ser el presidente que quiere ser, libre de presiones y falsas lealtades. Ahí veremos si sus acciones están motivadas por un deseo sincero de sanear al país de tanta corrupción e iniciar una nueva era de respeto, libertad y coherencia económica. O si esto es otro juego de poder por el poder, con la intención de imponer más de las mismas políticas estatistas, disfrazadas ahora de sonrisas y buen humor.

Queremos tanto que Lenín sea ese presidente que por momentos parece que puede ser. Luego nos acordamos de que es de Alianza PAIS y se nos pasa. Estaremos atentos. Ver para creer.


“Solo hay una regla: cazar o ser cazado”, dice también Frank Underwood. Él sabe.


lunes, julio 17, 2017

Librarnos del minotauro

Correa finalmente se fue con sus odios y sus fantasmas. E inmediatamente, como dijo Lenín, se sintió un aire de libertad.

Pero Correa no se fue del todo. Está presente. Conserva parte de su poder en sus asambleístas, autoridades y funcionarios leales. Esos que, en palabras de Lenín, muestran un comportamiento ovejuno. Y, sobre todo, el poder de Correa radica en la posibilidad de ser nuevamente candidato y presidente para quedarse de largo gracias a la reelección indefinida que él mismo impuso al país a través de su Asamblea servil.

Lenín sorprende. Está tomando las decisiones correctas para unir al país. Todavía no vemos un cambio en asuntos de fondo, pero hay un evidente cambio de actitud, un ambiente de respeto y una puerta que parece abrirse a cambios tangibles.

Esa foto de Lenín con los directores de los principales medios de comunicación del país dice mucho. Durante diez años Correa se dedicó a atacarlos, enjuiciarlos, multarlos y denigrarlos. Lenín los recibe y los invita a investigar la corrupción. Es una señal importante.

Pero para que este país tenga una oportunidad real de salir adelante y dejar atrás los abusos del correísmo, Lenín debe tomar una decisión: convocar a una consulta popular para que decidamos si queremos la reelección indefinida. Y de yapa podrían preguntarnos si queremos eliminar la nefasta Ley de Comunicación y cambiar las actuales autoridades de control impuestas por su antecesor.

Mientras la reelección indefinida siga vigente, la amenaza de caudillos opresivos seguirá rondando con fuerza este país. Cualquier cambio que logre este u otro Gobierno para acercarnos a la decencia, la coherencia y la elemental institucionalidad estará bajo amenaza.

El rebaño que se acostumbró al abuso de poder y de recursos públicos seguirá aquí y no se irá a ninguna parte mientras esté vigente su mayor incentivo: recuperar su poder con el regreso de su líder. Y esto solo existe mientras Correa pueda ser candidato presidencial y reelegirse indefinidamente. Ellos dirán que si la gente lo elige en las urnas tiene el derecho a gobernar cuantas veces quiera. Pero así no funciona la democracia. Así jamás habrá institucionalidad. Hay varios ejemplos de cómo los peores déspotas logran reelegirse indefinidamente cuando controlan todos los poderes. Hoy, quienes muestran su ciega lealtad a Correa esperan recuperar a como dé lugar el poder en cuatro años, o incluso antes con una muerte cruzada. Sin reelección, las ovejas desaparecen y el país se salva de su mayor amenaza.

Lenín dijo sentirse a veces en “un laberinto en el cual cualquier momento le cae el minotauro y le tacha de traidor. Eso es peligrosísimo”. Lo realmente peligroso es que el minotauro vuelva a imponer su poder, su censura, su estatismo agobiante, su vanidad.

Lenín aceptó finalmente que, contrario a lo que juraba el Gobierno anterior, no le dejaron la mesa servida. Que la situación económica del país es muy delicada. Se va revelando la magnitud del daño que el correísmo le hizo a este país en lo económico, lo social, lo ético. Si los cambios de Lenín van en serio, no podrá ignorar la amenaza de la reelección indefinida. Solo una consulta nos libraría del laberinto de este o cualquier minotauro.


lunes, julio 03, 2017

Enemigos íntimos

Se escuchan las apuestas por todos lados. La duda dejó de ser si se distanciarán. La apuesta es cuándo sucederá. En qué momento Correa se convertirá en el principal opositor de este Gobierno.

Desde su discurso de posesión Lenín ha sido, a su manera, crítico del gobierno de Correa. Si Rafael era el gran insultador, siempre echando lodo a cualquier crítico u opositor, Lenín busca posicionarse como el conciliador, que acerca a la oposición, que da la bienvenida a las críticas. Si Correa era la cabeza de un gobierno plagado de escandalosos casos de corrupción y de una impunidad vergonzosa, Lenín busca desmarcarse de esa corrupción, permitiendo que en su gobierno ocurra lo que en diez años de correísmo casi no vimos: que los corruptos enfrenten la justicia. Si Correa era el líder omnipresente en cadenas, sabatinas y en cada espacio de nuestras vidas, Lenín mantiene un perfil bajo.

Lenín juega el difícil juego de posicionarse como el anti-Correa al mismo tiempo que declara su amistad y admiración por el expresidente. En cada gesto y declaración, Lenín levanta una crítica al correísmo. Sus reuniones con alcaldes y políticos de oposición son una crítica a la política de división y confrontación del correísmo. La decisión de eliminar sabatinas y no colgar su retrato en oficinas públicas se ve como un rechazo a la vanidad correísta. Los casos de corrupción que se van destapando son una crítica a la impunidad del régimen pasado.

El legado del correísmo poco a poco se va aclarando, resumido en palabras como corrupción, despilfarro, elefantes blancos, censura y más corrupción. Ahora, a pesar de que tantas veces ofreció que se alejaría de la política para descansar del país y que descansemos de él, Correa sigue presente. Extraña el poder. Continúa vendiendo humo. Con una gran diferencia: antes lo hacía desde los parlantes gigantes de su poder mediático. Hoy, solo una minoría lee sus desesperados tuits. Ya no hay sabatinas, cadenas, publicidad y monólogos disfrazados de entrevistas para vender fantasías.

Lenín ha logrado desmarcarse de los abusos del correísmo durante sus primeros dos meses en el poder, pero sigue siendo un misterio si traerá cambios de fondo. No es difícil aparecer como un presidente decente y coherente después de diez años de Correa. No hay gran mérito en eso. El reto será pasar de cambios simbólicos a reales. Por ejemplo, asegurando una elemental libertad y estabilidad que facilite el emprendimiento y la generación de empleo en lugar de las restricciones, trabas y exagerados controles con los que el correísmo ahuyentó inversiones y exprimió empleos y empresas. Por ejemplo, poniendo a las personas, no al Gobierno, en el centro de las políticas públicas. Por ejemplo, asumiendo el hecho de que el problema económico de fondo se resuelve limitando el gasto público, no restringiendo importaciones o con más impuestos que encarecen la vida de todos.


Si Lenín escoge el camino del respeto, la transparencia, la lucha contra la corrupción, la libre empresa; en fin, un camino coherente y decente contrario al de Correa, inevitablemente aumentará la furia ex presidencial y en poco tiempo lo tendrá de opositor. Es el camino complicado. Pero el único que traería oportunidades y cambios. Las apuestas siguen abiertas.


lunes, junio 05, 2017

Palabras

Las palabras importan. En su discurso de posesión, el flamante presidente Lenín Moreno dijo, en un tono calmado y conciliador, muchas de las cosas que el país necesitaba escuchar. Sus palabras marcaron una primera diferencia con su antecesor, cuyo nombre es mejor ni recordar.

Lenín arrancó ofreciendo una larga lista con un sinnúmero de promesas –su plan “Toda una vida”– con tufo a demagogia que difícilmente cumplirá. En esa lista entra de todo y para todos. El Estado regalón repartiendo por aquí y por allá.

Pero pasadas las ofertas populistas, dijo algunas palabras importantes y esperanzadoras.

Palabras de austeridad: “Firmaré un decreto ejecutivo de austeridad en el Gobierno. Todo gasto, toda inversión pasará por un filtro objetivo de necesidades ciudadanas”. Que así sea. Pero de verdad. Recortes iniciales como deshacerse de la Secretaría del Buen Vivir y del show de los sábados son de importancia simbólica. Le ahorrarán al Estado unos cuantos millones. Lastimosamente el desastre que el que sabemos dejó requiere que el Gobierno ahorre miles de millones de dólares si pretende poner la casa en orden. El compromiso de ahorro no puede quedar en lo simbólico.

Palabras a favor de la dolarización: “Vamos a sostener la dolarización, vamos a sostener la dolarización, repito por favor, repito una vez más, vamos a sostener la dolarización... No tendremos una moneda paralela. No tendremos una moneda paralela”. Lo dijo, lo repitió y lo volvió a decir para que quede clarito. Muy bien. Ahora lo debe hacer. Basta con que anuncie que el dinero electrónico no va más. Tan simple como eso para que su discurso pase de intenciones a hechos. De lo contrario será como el que sabemos, que se pasaba hablando de proteger la dolarización mientras lloraba por no poder devaluar e imprimir sus propios billetes.

Palabras de modestia: “Si de escoger se tratara, yo prefiero sistemas como el de algunos países europeos en donde la figura del presidente pasa casi inadvertida… Vamos a velar porque así sea. Ese es el liderazgo que prefiero”. Luego de aguantar tanta vanidad, cadenas y verborrea presidencial nos vendría bien un gobernante preocupado por trabajar y solucionar los problemas del país, antes que por andar figureteando y copando cada espacio de nuestras vidas.

Palabras de tolerancia: “La relación con los medios de comunicación será fresca, fluida y dialogante… La República no se perderá porque el pueblo se ría de un gobernante. Se perderá cuando el gobernante se ría de su pueblo”. Bien que así piense. Pero mientras tengamos la ley de comunicación actual y funcionarios con aires correístas, aficionados a multar y callar medios y periodistas, las buenas intenciones de Lenín no irán muy lejos. No basta con ser tolerante. Las leyes y organismos de control y censura deben desaparecer o cambiar totalmente para que exista aquí un real respeto a la diversidad de opinión.


Las palabras importan. Son un primer paso. Lenín empezó en el camino correcto, dando varios de los mensajes que necesitábamos. Pero esas palabras servirán de poco si no se convierten pronto en acciones. Que ese Lenín austero, protector de la dolarización, de bajo perfil y tolerante sea cierto. Que no se quede en palabras como el que sabemos.