lunes, marzo 16, 2020

Un país enfermo

Lo más grave no es que una persona se contagie de coronavirus. Lo más grave es que lo haga una persona mayor o con alguna condición previa como asma, diabetes o enfermedad cardíaca. Ellas son las más vulnerables a enfermarse gravemente o incluso morir. La gran mayoría de personas saludables contagiadas con el virus salen adelante.

Con los países pasa igual. No es lo mismo cuando una crisis golpea a un país con una economía saludable, con instituciones sólidas, con reservas, con un gobierno estable, que cuando una crisis llega a un país endeudado, obeso, casi quebrado, corrupto, sin institucionalidad.

Lo más grave no es la caída en picada del precio del petróleo y el estancamiento que el coronavirus está generando en toda la actividad comercial. Lo más grave es cuando esto le ocurre a un país débil y enfermo, como el nuestro.

Lenín Moreno recibió un país enfermo de despilfarro, de deudas, de corrupción, de estatismo, de restricciones comerciales, de proteccionismo. Un país gravemente enfermo de correísmo. Tres años después, Lenín Moreno no ha seguido las recetas que podían curar al país. Se puso cómodo y continuó una variante moderada de ese mismo camino proteccionista, del Estado obeso, de la misma enfermedad.

Por eso, Lenín Moreno se ve obligado ahora a anunciar medidas urgentes para enfrentar la crisis. Ha sido necesario que el mundo se paralice por una pandemia y que el precio del petróleo caiga por los suelos, para recién ahí anunciar, parcialmente, medidas que debió tomar antes.

Lo positivo es que esta vez no todas las medidas apunten al sector privado tan golpeado. Ahora los servidores públicos tendrán que aportar un porcentaje de su salario. La burocracia ecuatoriana es la clase más privilegiada de este país. De largo. Es excesiva, está llena de cargos innecesarios, los sueldos son superiores a los del sector privado, y se alimenta de evitar que las cosas cambien.

Lenín, que no ha logrado reducir el Estado obeso, esta vez ofreció eliminar varias instituciones públicas innecesarias. Ojalá ahora sí cumpla. Como ya lo han denunciado varios medios, no es la primera vez que Lenín ofrece reducir la burocracia. Lo hizo hace un par de años y hoy existen varias de las instituciones que prometió eliminar o fusionar.

Más allá de estas ofertas de reducir el tamaño del Estado, esta ha sido otra oportunidad perdida para tomar medidas de fondo que liberalicen esta economía atrapada por un correísmo que se niega a morir. El Gobierno prefirió ir por medidas tibias. Si Lenín se quejaba que su antecesor no le dejó la mesa servida, el próximo presidente tendrá más razones para quejarse. Si bien este gobierno ha tenido aciertos en el ámbito político logrando instituciones menos politizadas, eliminando barbaridades como la reelección indefinida, y si todo sigue su curso, el Consejo de Participación Ciudadana, en el ámbito económico simplemente no supo ni pudo resolver. Nos deja en las mismas.

Somos un país enfermo, un país vulnerable. Cualquier crisis nos ataca con fuerza. Como van las cosas, todo apunta a que este gobierno nada de fondo hará para curarnos. Toca esperar hasta mayo del próximo año.


lunes, febrero 17, 2020

Bang, bang


Un delincuente entra a una tienda a robar. Apunta su arma al dueño. Pero este saca un arma que esconde tras el mostrador y dispara. El ladrón cae muerto.

Dos hombres en una moto se acercan a un carro detenido en una luz roja. Le apuntan al conductor para asaltarlo. El conductor saca un arma y dispara. Los ladrones caen heridos de la moto.

Videos captados por cámaras de seguridad en los que la víctima de un posible robo hace justicia con sus propias manos. Videos que circulan en nuestros chats y redes sociales. Encienden conversaciones y pasiones. Y suelen llevar a muchas personas a una misma conclusión: debemos estar armados para evitar que nos roben y maten. Peligrosa conclusión.

¿Estamos más seguros al tener un arma? ¿Son menores nuestras posibilidades de morir en un asalto si estamos armados? ¿Hay menos violencia en un país donde todos llevan un arma?

Yo me siento más seguro si nadie está armado a mi alrededor en medio de un asalto. Si nadie se las da de héroe y empieza una balacera. No se trata de dejarse robar. Se trata de salir vivo de ahí.

Los videos que circulan en nuestros chats muestran las excepciones de casos en los que la víctima del asalto logra neutralizar al criminal. No muestran los miles de casos que terminan en un baño de sangre por el fuego cruzado.

Una sociedad en la que las armas son de fácil acceso es una sociedad con más historias de un niño que mata accidentalmente a su hermano por jugar con el arma del papá que encontró en algún cajón. Es una sociedad con más probabilidades de que la violencia doméstica termine en homicidio. Es una sociedad con más suicidios. Más armas, más muertes.

Por eso hay que tener cuidado con esos gritos justicieros de quienes piden armas para todos como solución a la delincuencia y violencia. Hay que evitar la tentación de creernos personajes de alguna película de Tarantino capaces de hacer justicia con nuestras propias manos repartiendo balazos. La realidad es que un arma en nuestra casa, en nuestro carro o en nuestras manos pone en mayor riesgo a nuestras familias.

Esto no quiere decir que hay que dejar la cancha libre a los delincuentes. Para eso debe existir una fuerza de policías bien armados, bien preparados y con las garantías para disparar sin miedo a terminar presos. Para eso se debe permitir también que agentes de tránsito estén armados, como fuerza de apoyo a la policía en carreteras y ciudades. Lo mismo con guardias privados capacitados y acreditados para portar armas.

Este no es un debate sencillo. Siempre se enfrentarán la defensa del derecho a portar armas con la defensa del derecho a vivir libres de la amenaza de estar rodeado de gente armada. La mayoría de quienes quieren estar armados lo hacen por buenas razones, porque quieren defenderse, sentirse seguros. Pero la inseguridad y violencia no se resuelven con más armas en manos particulares. Esos videos de héroes armados no muestran toda la película, solo las pocas escenas que queremos ver. En la película completa no hay héroes, solo más muertes.


lunes, febrero 03, 2020

Sangre y cárcel


El peatón cruzó confiado por media calle. No se percató de que por su izquierda venía una moto. El conductor de la moto intentó esquivarlo, pero perdió el control. Salió volando. Su cabeza golpeó el pavimento. El casco sirvió de poco. Sangraba mucho. Empezó a convulsionar.

Pedimos ayuda al conductor de una camioneta, estacionada a pocos metros de lo ocurrido, para llevar al herido al hospital. “Ni loco”, nos dijo, “la Policía pensará que yo lo atropellé y me meten preso. Esperemos a la ambulancia nomás”. Pero la ambulancia no llegaba.

Ya sabemos el cuento. Si hay sangre en un accidente vas preso. No importa de quién fue la culpa. No importa que un peatón se haya cruzado cuando tu semáforo estaba en verde y tenías todo el derecho a avanzar. No importa que el otro carro se te haya ido encima. No importa lo que pasó, ni cómo pasó, ni quién cometió la infracción. Hay heridos, o peor aún muertos, vas preso.

“Si atropellas a alguien sigue de largo, no se te ocurra frenar”, “si ves un herido en la calle jamás lo recojas para llevarlo al hospital”. Esas son algunas de las primeras lecciones que muchos jóvenes reciben apenas sacan su primera licencia de conducir. Nuestras leyes absurdas motivan esos consejos.

Casi toda noticia de un accidente de tránsito menciona la fuga del conductor del vehículo. Sí, muchas veces el conductor es el culpable y merece la cárcel por ir borracho, rebasar en curvas u otra imprudencia mayor. Pero muchas otras veces, se trata de un accidente. Nada más. La prisión preventiva está de más.

Los que nunca van presos y deberían pasar un buen tiempo en la cárcel son esos funcionarios públicos y contratistas que construyen vías que provocan accidentes. Vías donde los carriles desaparecen repentinamente, vías sin señalización, o vías donde nunca avisan que hay tramos en construcción y ponen apenas unos conos cuando ya es muy tarde para frenar. Esos sí son los causantes de accidentes.

Muchos hemos vivido la experiencia de lidiar con un agente de tránsito cuya principal preocupación no es el estado de los accidentados, sino retener de inmediato los vehículos y llevar detenidos a los conductores. No le importa determinar primero por qué se dio el accidente, si hubo o no alguna infracción. En la calle todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario. Los que pueden pagar, logran cambiar la cárcel por un cuarto de hospital donde pasar la noche. Los que no, van tras las rejas como cualquier criminal, sin poder acompañar al familiar herido.

Leyes supuestamente creadas para protegernos, se vuelven leyes contra la gente. Crean una sociedad que prefiere huir y no ayudar, antes que arriesgar ser juzgados sin poder defenderse en libertad.

Las cárceles son para los criminales, no para los accidentados. La ley está para protegernos, no para motivarnos a huir o dejar al herido en media calle. ¿Tan difícil es para nuestras autoridades poner primero el sentido común?

Pasaron los minutos y la ambulancia nunca llegó. Un hombre subió al motociclista herido a su carro y lo llevó al hospital. Ojalá no esté preso por ayudar.


lunes, enero 20, 2020

Antes de entrar en coma


La dolarización cumple 20 años. Mucho se ha hablado de ella. Se discute sobre quiénes fueron sus “padres”. Sobre si el cambio de 25000 sucres fue mucho o poco. Sobre las razones políticas que llevaron a la decisión.

Pero algo que no está en discusión son sus beneficios. Veinte años después, estamos de acuerdo en que gracias al dólar somos un mejor país para vivir, o al menos un país menos malo. El dólar es nuestro héroe. Merece un monumento más grande que esa monstruosidad de Guayas y Quil a la entrada de Guayaquil.

Hoy vemos felices lo que el dólar ha logrado. Pero lamentamos llegar muy tarde a la dolarización. Estaba siempre ahí como solución. De hecho, ya estábamos parcialmente dolarizados de manera espontánea con sueldos, bienes y servicios que se cotizaban en dólares. Muchos economistas y analistas recomendaban la dolarización como única salida a un país con drásticas y constantes devaluaciones y el riesgo siempre latente de políticos populistas listos para imprimir más billetes.

Pero tuvo que venir una gran crisis para que todos se pongan de acuerdo que dolarizar era la única salvación. Tuvimos que llegar a la emergencia, tener al paciente en estado terminal, para actuar.

Hoy tenemos otros casos parecidos a la dolarización de hace 20 años. Otras crisis que sabemos van a llegar, que sí tienen soluciones, pero que ningún político se atreve a implementar.

Crisis como la de nuestra seguridad social. Que sabemos que no es sostenible. Que tarde o temprano explotará. Millones de contribuyentes no recibiremos ni los servicios ni la jubilación para los que aportamos mes a mes, mientras van y vienen políticos que utilizan la plata de los afiliados como plata del Gobierno.

A pesar del inevitable desastre, no hacemos nada. Solo ponemos parches a un sistema quebrado. ¿Esperamos acaso una crisis total, que el paciente entre en coma, para dar el paso que podríamos hoy dar de forma ordenada y planificada? Mientras no vayamos a un nuevo sistema que impida a los políticos malgastar los fondos de nuestros aportes, seguiremos igual.

Los billetes solo se dejaron de imprimir irresponsablemente cuando ya fue imposible imprimirlos con la adopción del dólar. La seguridad social solo funcionará cuando los políticos no le puedan meter la mano. Y eso solo ocurrirá cuando cada ciudadano pueda decidir donde aportar su dinero. Cuando cambiemos el monopolio público por un sistema competitivo y justo. Cuando pasemos a un sistema de capitalización individual donde cada contribuyente pueda ver su plata crecer, como lo hacen en la cuenta de su banco, en lugar de enviarla al saco roto de hoy.

¿Qué tan grave debe ser la situación para que demos el paso inevitable hacia un nuevo sistema de seguridad social? ¿Qué estamos esperando? ¿Se atreverán nuestros funcionarios, empezando por los actuales que ya están de salida, a encarar de verdad este problema o prefieren postergarlo hasta que todo le reviente a un futuro gobierno?

La dolarización es lo mejor que le ha sucedido al país a pesar de la forma drástica como ocurrió. El cambio en nuestra seguridad social podemos hacerlo bien y a tiempo, sin llegar a una crisis total.