lunes, junio 04, 2018

Recordar el miedo


“Correa era algo así como un acosador colegial, un adolescente que hace bullying a todo el país”, dice Santiago Roldós en Propagandia, el revelador documental de Carlos Andrés Vera. Propagandia nos refresca la memoria de esa historia reciente, de ese bullying que aguantaron periodistas, medios de comunicación y opositores, de ese cinismo impresionante con el que Correa y sus aduladores abusaron de su poder.

Muchos vivieron y sufrieron directamente ese abuso correísta. El periodista Juan Carlos Calderón cuenta en el documental de la inverosímil demanda por 10 millones de dólares que Correa le puso por el supuesto daño moral que el libro Gran Hermano le causó. Martín Pallares, periodista que recibió constantes ataques, relata cómo sus hijos pequeños le pedían que ya no siguiera hablando. El documental nos recuerda también los niveles absurdos de prepotencia institucional como cuando se exigió a Bonil que rectificara una caricatura por no “corresponder a la realidad”. Los complejos y la desvergüenza gobernaban por encima de la razón o la decencia.

Y gobernaba el miedo. Como el que relata Martha Roldós cuando a su hija “le pusieron dos veces una pistola en la cabeza”, o cuando “no solo yo, muchos periodistas y activistas fuimos las curiosas víctimas privilegiadas de ataques reiterados de supuestos maleantes”. O el miedo que sintió María Paula Romo cuando “me tumbaron la puerta de mi casa y la pusieron en la mitad de la sala”. O el que sintió Ruth Hidalgo, de Participación Ciudadana, cuando a su hijo de 17 años la Senain lo seguía y le tomaba fotos. Para otros ese miedo terminó en tragedia. El documental nos recuerda a quienes murieron asesinados en circunstancias no aclaradas: José Tendetza, dirigente indígena y activista antiminero; el general José Gabela, quien denunció corrupción en la compra de helicópteros; Fausto Valdiviezo, periodista que denunció la corrupción en los medios públicos.

Propagandia revive los abusos constantes de esa Ley de Comunicación que “creó todo un aparato burocrático para perseguir y sancionar periodistas”; por ejemplo, con la interrupción casi diaria de noticiarios con cadenas para dizque rectificar información. Revivimos también episodios vergonzosos como cuando “un niño de 14 años le hace mala seña a la caravana presidencial y otro niño de 50 años, que además es el presidente de la República, detiene la caravana para reprender a quien le ofendió”; o la forma perversa como en las últimas elecciones presidenciales, el Gobierno puso a todo el aparato estatal de comunicación y coerción al servicio de su candidato y en contra del opositor.

Al final, los abusos del Gobierno, la aplicación arbitraria de la Ley de Comunicación, la constante intimidación a medios, periodistas y cualquiera que criticara a Correa, nos llevaron a la autocensura. Las mayores verdades fueron las que no salieron al aire, las frases y artículos que escogimos no publicar, los tuits que borramos antes de enviar, no vaya a ser que disgusten al Mashi. Callamos para evitar ser perseguidos o atacados en la próxima sabatina.

“Después de diez años de un estado de propaganda queda en la sociedad una herida muy difícil de curar”, concluye Propagandia. Diez años de abusos que debemos recordar y sancionar, para que no se repitan, para vivir libres y sin miedo. Diez años que este documental hará más difícil olvidar.



lunes, mayo 21, 2018

Año de sorpresas


Lenín cumple un año en el poder. Con todo y a pesar de todo le ha ido bastante bien.

Año de sorpresas. Porque seamos sinceros, nadie, ni el más optimista de los optimistas, esperaba que con un gobierno de Alianza PAIS ocurriera lo que ha ocurrido. No imaginábamos ver a Jorge Glas fuera de la vicepresidencia y en la cárcel. No esperábamos que Lenín convocara esa consulta popular que la oposición pedía a gritos para acabar con la reelección indefinida y depurar a las autoridades de control embarradas de correísmo. No creíamos posible un distanciamiento tan grande, en lo político, y poco a poco en lo económico, del Gobierno anterior.

Lenín logró en su primer año de gobierno lo que para la oposición hubiera sido casi imposible: dividir y debilitar al correísmo. Frente a cualquier gobierno de oposición, los correístas se hubieran unido en un bloque sólido con una causa común. Pero con Lenín en el poder salieron a la luz sus diferencias y divisiones. Al final, Lenín se quedó con el partido. Y el antes poderoso rebaño correísta, una de las más grandes amenazas a nuestra débil democracia, quedó debilitado y reducido.

En su discurso de posesión hace un año, Lenín dijo: “Si de escoger se tratara, yo prefiero sistemas como el de algunos países europeos en donde la figura del presidente pasa casi inadvertida… Vamos a velar porque así sea. Ese es el liderazgo que prefiero”. Y así ha sido. Hemos pasado de vivir agobiados por la vanidad de un Correa metiéndose en todos lados, a un presidente más sencillo, que entiende que gobernar no significa figuretear. Poco a poco va quedando atrás aquella época en la que en las sabatinas el presidente dictaba sentencia, decretaba políticas de Estado según su ánimo y decidía a quién perseguía o hundía.

Junto a estos cambios de estilo y forma van llegando los de fondo. Por ejemplo, el Gobierno alejó el fantasma de la desdolarización, que la última década rondó siempre los pasillos de Carondelet, quitando del Banco Central el manejo del dinero electrónico. Por ejemplo, se detuvo el abuso y censura constante a periodistas y medios de comunicación separando a figuras como Carlos Ochoa de la Supercom y proponiendo la eliminación de esta nefasta institución creada por el correísmo para perseguir.

A pesar de estos cambios positivos, la dirección que Lenín tomaría en lo económico seguía en duda luego de un año en el poder. No estaba claro si su corazón socialista se impondría sobre las necesidades urgentes del país. Pero esas dudas parecen aclararse luego del nombramiento de Richard Martínez como su ministro de Finanzas. Se impone el Lenín pragmático, coherente, que entiende que en la libre empresa, el mercado, y no el control y gasto excesivo del Estado, está el camino para salir adelante.

Hace un año solo esperábamos resignados más correísmo. Lenín nos ha dado algunas sorpresas. Claro, todavía hay muchísimo por hacer y corregir, personajes del Gobierno que separar, corruptos que poner en su lugar, decisiones urgentes que tomar. Pero el Gobierno va enderezando su camino. Las expectativas son altas para este segundo año que arranca.


lunes, mayo 07, 2018

Los átomos de Manuelita


Vamos entendiendo. Antes no estaba claro por qué Lenín Moreno un día apuntaba a la izquierda, otro a la derecha, otro al centro y otro pegaba en el palo. Ahora el mismo Lenín lo ha explicado. O ha intentado hacerlo.

En un reciente discurso en Cuenca, Lenín nos iluminó con su filosofía cuántica: “El ser humano tiene órganos, sistemas, tejidos, células, átomos que están en un permanente diálogo interno. Este momento, después de haber estado con ustedes aproximadamente unos cuarenta o cuarenta y cinco minutos, yo ya me he apropiado de un millón de átomos de cada uno de ustedes. Es más, se dice que es muy probable que nosotros tengamos dentro de nuestro cuerpo no menos de un millón de átomos que fueron de Bolívar, de Manuelita Sáenz, de George Washington, de Napoleón, y de Hitler también. Sí, estamos compuestos de aquello y este cambio que nos da la posibilidad de cambiar también, nuestra complexología interna, psicológica y espiritual, sin duda alguna hay que aprovecharlo”.

Mario Moreno estaría orgullosísimo de la oratoria de su pariente ecuatoriano. No debe ser fácil vivir en este paradigma cuántico atómico, ser una y varias personas a la vez, fusionarse con la gente a su alrededor y hasta con personajes del pasado. Así, ¡cómo no estar confundido!

Ahora entiendo mejor por qué Lenín pasó de ser un correísta convencido al principal opositor y crítico de Correa. O cómo puede un día ser un soñador socialista y otro, el promotor pragmático de la libre empresa, los acuerdos comerciales y la reducción del Estado. Y entiendo mejor cómo pueden convivir en su gabinete ministros empresarios con personajes que le cantan al Che, a Chávez y a Fidel. La explicación está en los átomos de tantas personas que residen y dialogan en el cuerpo de Lenín, que lo llevan a actuar un día como correísta, otro como demócrata. Y otros días, esos átomos se confunden y se enredan en su cuerpo, hasta que, como diría el mismo Cantinflas, Lenín ya “no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”.

Lo importante aquí es que esta batalla atómica interna la ganen los átomos buenos. Que sean más, muchísimos más, los átomos liberales, demócratas, defensores de la libre empresa, la libertad de expresión, la propiedad privada y la institucionalidad. Que le ganen a esos átomos mafiosos-estatistas-correístas.

Hay razones para ser optimistas más allá de la cuántica leninista. Solo con lo logrado en la consulta popular los átomos demócratas ya dieron paliza. Eliminar la reelección indefinida, y con ello, la posibilidad de que el nefasto socialismo del siglo XXI vuelva al poder, es un gran éxito de este gobierno. Si a eso añadimos la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y de las autoridades de control de la década robada, el resultado es aún mejor.

Pero queremos más. Que se den avances tangibles en lo económico, apertura comercial, confianza empresarial. Pero esos átomos socialistas nunca dejarán por completo el cuerpo de Lenín. Difícilmente vendrán cambios importantes en ese frente. Tocará esperar, como dice Moreno, –Mario, no Lenín– que este momento en la vida del país sea verdaderamente momentáneo.