lunes, febrero 20, 2017

Veneno verde flex

Lenin habla de amor y humor, pero en su campaña prefirió difundir odio y división. Lo del humor es más bien su negocio, uno muy rentable.

Estos últimos días de campaña circularon varios videos leninistas que destilaban veneno verde flex. Escenas llenas de ese resentimiento que durante diez años ha cultivado este Gobierno.

En un video vemos a una pareja en el asiento trasero de su carro quejándose de no poder comprar un auto deportivo por los altos aranceles. El chofer que los conduce los mira por el retrovisor y piensa: “Es que ahora sí les toca cumplir con la ley y pagar lo que corresponde, porque si no…”. En otro video, un grupo de empresarios reclama por los altos impuestos y tener que pagar beneficios a sus empleados. Y en otro, dos señoras lamentan no poder comprar ni un buen queso extranjero. Dicen que a este paso tendrán que irse a vivir a Miami. Los empleados que los escuchan se alegran de que ahora “les toca pagar lo que corresponde”.

Estos videos van más allá de ser simples piezas que piden el voto por Lenin Moreno. Muestran un problema de fondo con el modelo correísta-leninista: su obsesión por fomentar la división y conflicto entre ecuatorianos, creer que los pobres están mejor cuando se hunde a los empresarios, pensar que los impuestos solo afectan a los que más ganan.

Lenin no entiende que los aranceles a los vehículos no afectan realmente a esa pareja que quiere un nuevo deportivo. Afecta al padre de familia de clase media que no puede comprar su primer auto. Afecta los puestos de trabajo que se perdieron en el sector automotor. No entiende que a quien más lastiman los altos impuestos, aranceles y trabas no es al empresario, sino a los empleados que pierden su trabajo cuando la empresa deja de ser rentable. No entiende que los más pobres solo saldrán adelante con un trabajo. Y ese trabajo no llegará espantando a inversionistas y empresarios. No ve que por culpa del modelo correísta hoy son más, muchísimos más, los que han pasado de un empleo formal, con sueldo fijo y beneficios, al desempleo y la informalidad.

El verdadero empresario está pensando en buscar nuevas formas de producir y vender, ser más competitivo, resolver problemas, contratar gente valiosa. Solo espera que el Gobierno le permita trabajar, con reglas claras y estabilidad. Nada más. Los personajes arrogantes y ofensivos de estos videos parecen más bien estar inspirados en ciertos funcionarios y nuevos ricos de este Gobierno.

Hoy es un día diferente para el país. Escribo esto sin conocer los resultados de la votación de ayer. Espero que estemos celebrando el inicio de la segunda vuelta y la posibilidad de dejar esta década perdida atrás. De lo que estoy seguro es de que ayer fueron más los que votaron contra este Gobierno. Que la mayoría quiere un cambio. Un cambio hacia un país donde todos trabajemos unidos para salir adelante. No este país envenenado de odios, divisiones y resentimientos.

Que no nos vengan a hablar de esperanza, amor y humor mientras fomentan lo contrario. Que quede atrás ese país dividido. Que venga sí o sí un cambio.


lunes, febrero 06, 2017

Este 19

Después de sufrir diez años de estatismo, insultos, abusos, corrupción, despilfarro y restricciones tenemos la oportunidad de ponerle fin al modelo correísta y su socialismo del siglo XXI. Por más intentos que haga el Gobierno de vendernos eslóganes que pinten de rosa estos años grises, la gente y la historia recordarán esta década como lo que fue. Recordaremos el ataque a las libertades, el aparato propagandístico, la corrupción, las nefastas consecuencias del proteccionismo, la falta de transparencia e independencia de poderes y el cinismo de una nueva clase política que no supo manejar el poder.

Depende de nosotros que aquí termine esta década perdida. Ni un día más.

Este 19 de febrero no es cualquier 19. Es un 19 trascendental. Un 19 que nos brinda una oportunidad de esas que no se repiten así nomás. La oportunidad de iniciar el cambio en este país. De desterrar este modelo político que nos tiene hundidos.

Queremos un cambio. Necesitamos un cambio. Tanto que hasta el candidato del continuismo ha tenido la osadía de ofrecer en su campaña el “cambio verdadero” para disfrazar sus planes alineados al gobierno actual. Necesitamos un cambio de modelo económico, un cambio de actitud en el manejo del poder, un cambio de gente, un cambio profundo hacia un país que defienda nuestra libertad. Pasar de la sinvergüencería a la decencia.

La falta de empleo y oportunidades, sumados al hartazgo hacia el correísmo llevarán a un gran porcentaje del país a votar por el cambio. El fracaso del modelo correísta ha logrado algo que antes era impensable: los más diversos sectores políticos están de acuerdo, en términos generales, en el camino a seguir para sacar a este país adelante. En el reciente debate organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil vimos cómo los candidatos, de izquierda, centro o derecha, coincidían en aquello que necesitamos: libertad de expresión, menos impuestos, menos intromisión del Estado, separación de poderes, justicia independiente, defensa de la dolarización, menos trabas al sector privado, un Estado más delgado y eficiente. En otras palabras, coincidían en que debemos hacer lo opuesto a lo que este Gobierno viene haciendo.

El país del correísmo está en cuidados intensivos. Este gobierno terminará sus días arañando hasta el último centavo que pueda sacarnos y escondiendo a como dé lugar la corrupción bajo la alfombra de una justicia servil. La amenaza del continuismo es demasiado grande, demasiado grave, como para no votar bien.

Hoy, todas las encuestas serias que buscan informar sobre la intención de voto –no impulsar alguna candidatura– dan ventaja a Guillermo Lasso sobre el resto de candidatos de oposición para encontrarse en segunda vuelta con Lenin Moreno.


El socialismo del siglo XXI ya ha hecho suficiente daño. Venezuela está a la vuelta de la esquina si votamos mal. Ni nulo, ni blanco. Tenemos un solo voto en nuestras manos. Una sola oportunidad para hacerlo bien. El continuismo o el cambio. No hay más.


lunes, enero 16, 2017

Pensar diferente

Hace diez años un hombre revolucionó nuestras vidas. Era Steve Jobs.

El 9 de enero de 2007, Jobs presentaba a su público y al planeta entero el primer iPhone. Fue sin duda un evento importantísimo para muchos socialistas ecuatorianos y de todo el mundo que adquirieron de inmediato el novedoso teléfono diseñado en California y fabricado en China para transmitir con más eficiencia que nunca sus mensajes anticapitalistas. Solo una semana después, el 15 de enero, otro hombre que se autodenominaba revolucionario asumía la Presidencia del Ecuador.

En medio de tantas noticias de corrupción y escándalos que embarran al Gobierno ecuatoriano me encontré con esta noticia de la presentación del primer iPhone. Y fue inevitable hacer la comparación entre aquellos verdaderos revolucionarios que han cambiado el mundo desde el campo privado logrando avances sorprendentes y esos otros que desde la política les encanta hablar de revolución y autoproclamarse grandes revolucionarios logrando enormes retrocesos en sus países. Fue inevitable comparar el impacto opuesto que en estos diez años han tenido las acciones de los unos y los otros en nuestras vidas.

Mientras el iPhone ha revolucionado en esta década la forma como nos comunicamos, ha generado incontables nuevos empleos alrededor del mundo y ha abierto la puerta a grandes avances tecnológicos y nuevas aplicaciones, los dizque revolucionarios de nuestra región solo han logrado empobrecer a los países que gobiernan. Los verdaderos revolucionarios logran desde el campo privado innovaciones y cambios que benefician a millones de personas. Y lo hacen, casi siempre, en sociedades libres, abiertas, donde se fomenta, no se persigue, la iniciativa privada.

Hace diez años no existían muchas de las empresas que hoy facilitan nuestras vidas. No existían Airbnb, Uber, Snapchat, Instagram o WhatsApp. Twitter tenía menos de un año de existencia. No es coincidencia que todas estas compañías se fundaron en Estados Unidos. Nacieron en un país donde se celebran la iniciativa privada, la creación de riqueza, el éxito de los innovadores.

Hoy, socialista local que se respeta, tuitea contra el capitalismo desde su iPhone, y comparte por Instagram y WhatsApp las fotos junto con sus amigos con camisetas verde flex. No entienden que todos esos avances tecnológicos que ellos disfrutan se dan con políticas contrarias a las que ellos promueven, con más libertad, menos intromisión del Estado, menos trabas al empresario. Acá nuestro dizque revolucionario cree que despilfarrando millones de dólares para fundar Yachay tendremos mágicamente nuestro Silicon Valley criollo. No comprende que los innovadores huyen de gobiernos metiches como el nuestro y se instalan donde pueden respirar aires libres.

En diez años se puede lograr mucho. Y se puede destruir mucho también. Apple presentó un dispositivo que en esta década ha impulsado avances impresionantes y ha generado incontables oportunidades para emprendedores en todo el mundo. Steve Jobs tuvo la suerte de vivir en una sociedad libre. Tuvo la suerte de no nacer en un país donde se frenan las iniciativas de los verdaderos revolucionarios.

Steve Jobs invitaba a través del eslogan de Apple a pensar diferente. Nuestros socialistas continuarán su misión de imponernos su pensamiento, mientras clavan la mirada en el Instagram de su flamante iPhone.

lunes, enero 02, 2017

El monigote de la jueza

El monigote de la jueza ardiendo en llamas representa lo que debería ser nuestro propósito para el 2017 como país. Quemar el abuso y la prepotencia personificados en ese año viejo.

La ahora famosa jueza es solo una pequeña muestra de un problema mucho más grande en el país. Ese vergonzoso episodio que hoy todos conocemos gracias al video que hizo un policía que no se dejó intimidar, refleja un mal que vivimos como sociedad. Un mal que debemos quemar de raíz, para siempre: la prepotencia de quienes creen estar por encima de la ley y de los demás.

Fue refrescante ver en las veredas de la ciudad el monigote de la jueza con su vestido naranja entre años viejos de princesas, superhéroes, artistas y futbolistas. Porque esa es la idea original de los años viejos: representar a aquellos personajes que han sido los más populares o relevantes del año por algo negativo. Al quemar a esos monigotes no quemamos cualquier cosa. Al llegar la medianoche del último día del año quemamos lo malo que ellos representan. Los despedimos para siempre. Así nos renovamos, dejamos lo negativo atrás, nos damos una nueva oportunidad. Dejamos el pasado y miramos al futuro.

Al quemar ese año viejo de la jueza quemamos el irrespeto, la humillación, la corrupción. Quemamos el país del “tú no sabes quién soy yo”. El país del “hago lo que me da la gana porque soy pana de tal ministro o tal funcionario”. El país del “yo me paso la cola, hago trampa y no cumplo la ley porque tengo plata, porque soy muy bacán”. El país del “no sabes con quién te has metido”. El país del insulto, la violencia, la intimidación, el miedo.

El 2016 ha terminado dejándonos un sabor amargo. La elección de Donald Trump en Estados Unidos contagió de pesimismo al mundo. Aquí sufrimos un terremoto en Manabí y otro peor con su epicentro en Carondelet que viene resquebrajando durante casi diez años, y en especial este último, las frágiles estructuras de este país. Vivimos una crisis económica que el Gobierno se niega a aceptar pasándole la cuenta al próximo gobierno. Pero sobre todo, enfrentamos una profunda crisis ética, donde se defiende a corruptos y sinvergüenzas, donde muchos se creen intocables, como la jueza.

Hoy arranca la primera semana del 2017. Es un nuevo comienzo. Una nueva oportunidad para quemar lo malo, mirar adelante y escoger lo bueno. Para ser optimistas.

Empieza un año crucial para todos. Un año en el que nuestro voto tendrá quizá más importancia que todos nuestros votos pasados. Yo no recuerdo un voto tan urgente y trascendental como el del próximo febrero. Con nuestro voto podremos hacer que los que hoy abusan de su poder prueben nuestro poder. El poder de una mayoría desesperada por un cambio de rumbo.

Se han apagado los fuegos artificiales. Amanecemos renovados después del baile, el brindis, los abrazos. Con todas las ganas de que este 2017 sea un año de cambio. Desterrar a esa jueza en nosotros y entre nosotros será un buen comienzo para lograrlo.


lunes, diciembre 19, 2016

Navidad robada

Es verde, amargado y tiene 53 años. Desde lo alto mira a los habitantes del pueblo. No resiste verlos reír y compartir. Él quiere borrar sus sonrisas. Quiere amargarles la fiesta. Por eso entra a sus casas y se las vacía. Se lleva sus regalos y adornos de Navidad. Es el Grinch, el famoso personaje creado por el Dr. Seuss en el cuento ¡Cómo el Grinch robó la Navidad!

Al igual que en Villaquién, el pueblo del cuento, aquí vivimos una amenaza color verde. Pero nuestra amenaza no llega solo en Navidad. Está presente todo el tiempo. Nuestro Grinch es más malvado.
Nuestro Grinch no entra a medianoche a las casas por las chimeneas. Él entra y se mete en nuestras vidas a toda hora, en todo momento, por la tele, la radio, la cuenta de luz o como sea. Nuestro Grinch no se contenta con llevarse los regalos y decoraciones navideños. Él va más lejos, haciendo que los regalos y decoraciones sean tan caros que casi nadie los pueda comprar. Y se lleva muchas cosas más. Se ha llevado miles de millones de dólares despilfarrándolos. Se ha llevado la libertad de medios, periodistas y ciudadanos para investigar, reportar y opinar. Se ha llevado nuestros sueldos y ganancias con una interminable lista de impuestos. Se ha llevado miles de puestos de trabajo, espantando la inversión con tanta inestabilidad. Se ha llevado la justicia, evitando la fiscalización que frene la corrupción. Se ha llevado la esperanza de millones de personas que votaron por gente limpia, lúcida y ardiente y que han debido aguantar personajes sucios y prepotentes.
Y lo que es peor, no conforme con llevarse nuestro presente, se lleva nuestro futuro, endeudándonos con préstamos con tasas de chulquero que seguiremos pagando durante muchas navidades, apropiándose de nuestros ahorros depositados en bancos privados, entregando nuestros recursos públicos al que le dé algo de efectivo con tal de llegar a fin de mes.
Al final del cuento, los residentes de Villaquién dan una lección al Grinch. Él está seguro de que todos se lamentarán y llorarán al despertar y descubrir que sus juguetes y adornos navideños han desaparecido. Pero eso no ocurre. En lugar de quejas y lamentos, el Grinch escucha canciones y festejos de todos celebrando unidos la Navidad. El Grinch comprende que la Navidad es mucho más que regalos. Entonces se arrepiente y devuelve lo robado.
Con nuestro Grinch será imposible lograr que se arrepienta y devuelva toda esa plata despilfarrada. Él seguirá vaciando nuestra casa hasta el último de sus días en mayo. A nuestro Grinch no lo haremos recapacitar. Pero si algo enseña este cuento del Dr. Seuss es el poder de la unión y el optimismo de todos en momentos adversos. Nos enseña que juntos podemos demostrarle al Grinch que su poder y maldad no nos afecta. Que somos más fuertes que él.
Aunque nuestro Grinch no cambie, nosotros sí podemos cambiarlo a él y a sus amigos verdes. Podemos votar unidos y optimistas el próximo febrero para que los Grinchs no regresen al poder. Para que llegue un cambio de verdad. Y nunca, nunca más, nos roben la Navidad. 

lunes, diciembre 05, 2016

Ética sinvergüenza

“Con la lotería se puede hacer de todo… puedes realmente hacer lo que mejor te convenga.” Así decía el exfutbolista Lupo Quiñónez en la ya clásica publicidad de Lotería Nacional. Lupo la tenía clara, como millones de ecuatorianos que entendemos que somos libres para hacer con nuestro dinero lo que mejor nos parezca.

Pero en el reino correísta no están de acuerdo. Para este Gobierno, Lupo puede invertir su plata donde quiera; por ejemplo, abriendo restaurantes en Panamá, Bahamas, o cualquier lugar que aquí identifiquen como paraíso fiscal, siempre que Lupo se mantenga alejado de la política. Si mañana Lupo decide servir al país desde un cargo público, el Gobierno se lo impediría con su próxima consulta popular, salvo que venda esos negocios en los que honestamente invirtió. ¿Por qué? Porque a Correa le da la gana. Porque con tal de perjudicar la candidatura de Lasso, Correa se inventa cualquier cosa. Y porque en su adicción por protagonismo, Correa necesita ser parte de la próxima campaña electoral.

Correa tendrá su consulta. Basta que lo haya pedido para que nuestros siempre independientes funcionarios le digan que sí de inmediato. Y es que Correa no podía quedarse fuera de estas elecciones. Él siempre es candidato, aunque no lo sea. Y ahora con su consulta no tendrá que ver el show de lejos. Hará campaña utilizando esos recursos públicos que tan bien sabe usar y abusar para promocionar el Sí en su inventado pacto ético.

Cada quien se gana la vida a su manera. Cada quien vive según sus valores y principios éticos. Unos se esfuerzan a diario y trabajan desde jóvenes. A otros les basta clavarle la mirada a un juez para ganar jugosos juicios. Otros se dan la buena vida en misiones internacionales con sueldos y viáticos millonarios. Y otros se forran de millones de dólares de la noche a la mañana en el reparto de contratos petroleros y obras públicas con sobreprecios. Por eso, es un insulto que este Gobierno que se quedó de año en ética, pretenda hablarnos de ella.

En un reciente tuit, Correa preguntaba: “Por ser ‘legítima’ la riqueza, ¿se puede hacer con ella lo que les dé la gana? ¿Ese es el país que queremos?”.

Y millones respondemos con un fuerte Sí. Ese sí es el país que queremos. Un país libre para trabajar, prosperar, y sí, hacer con tu dinero lo que mejor te convenga. Un país donde hablar de “pacto ético” sea eso; un compromiso por el manejo transparente de los recursos públicos, un compromiso por la decencia, el respeto y la elemental honestidad; no una falsa consulta con fines politiqueros y persecutorios.

Pero ya sabemos cómo son las cosas con el correísmo. Todo vale con tal de seguir haciendo campaña con recursos públicos y enlodar a la oposición. Todo vale con tal de inclinar aún más la cancha, a ver si así logran esos votos que la corrupción, despilfarro y desastroso manejo de la economía del país les está quitando.

La ética sinvergüenza no es nuestra ética. Esa consulta popular es todo lo contrario a un pacto ético. Por eso merece un masivo y sonoro No.


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miércoles, noviembre 23, 2016

Recuperar la decencia

Respetuoso, educado, caballero, gran hombre, gran ciudadano. Son algunas de las palabras que se han repetido para describir al expresidente Sixto Durán-Ballén después de su muerte. Más allá de diferencias ideológicas o políticas, una gran mayoría de ecuatorianos siente por Sixto ese respeto que inspiran las personas honorables.

Recordar a Sixto nos ha traído también cierta nostalgia por tener un Presidente, uno de verdad, con mayúscula. Recuerdo a Sixto como un hombre que respetaba a los demás, a sus opositores, a la prensa, al ciudadano común. Que entendía y respetaba el valor e influencia de su cargo. Después de Sixto, la banda presidencial ha sido maltratada por varios de sus sucesores, hasta llegar al actual, que tras nueve largos años en el poder todavía no entiende lo que significa ser Presidente de un país.

Con el reciente triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos mucho se ha hablado sobre la política del espectáculo y el escándalo. Esa política convencida de que lo importante es que hablen de ti, bien o mal, da igual, pero que hablen de ti. Que lo que cuenta es estar 24/7 en los televisores, en las redes sociales, en la boca y la cabeza de la gente. Esa política tan vacía de contenido y decencia, y tan llena de odio, verborrea e irrespeto.

Correa, como Trump, ha practicado fielmente esta política populista del show y el escándalo. Ha denigrado la imagen del presidente. Sus constantes insultos, ataques, sarcasmos y burlas han llevado a niveles subterráneos la figura presidencial.

De Sixto a Correa hay kilómetros de diferencia. No veo a Sixto, por ejemplo, demandando a un banco por daño moral, para quedarse con más de medio millón de dólares en el bolsillo. Ni hablar de enjuiciar por millones de dólares a un diario y periodistas. Difícil imaginar a Sixto en un ambiente como el que este Gobierno ha creado en las sabatinas, diseñadas para echar lodo y desprestigiar a críticos y opositores.

Los defensores del correísmo dirán que es cuestión de estilos. Que Sixto es la figura del abuelo bonachón, mientras Correa es más apasionado y agresivo. Pero el estilo aquí es secundario. No extrañamos esa actitud más pacífica de Sixto. Extrañamos, sobre todo, esa calidad humana, esa educación, esa elemental ética que hoy se ha perdido en Carondelet.

Recuperar la decencia será una prioridad del próximo presidente. Hay razones para ser optimistas. Esta elección presidencial nos da la esperanza real de que la figura presidencial será respetada nuevamente. Nos da esperanzas de que esta época del insulto, de la infamia, de la falta de ética en Carondelet habrá sido solo un mal rato que se extendió más tiempo de lo programado, que finalmente quedará en el pasado.

El correísmo nos había hecho olvidar lo que es tener un Presidente de verdad. Sixto nos lo ha hecho recordar. Cuando él terminó su presidencia, dejó Carondelet, se fue a su casa y vivió tranquilo. ¿Podrá Correa hacer lo mismo?

Esperemos poder cerrar cuanto antes este mal capítulo político. Y que finalmente, luego de tantos años de espera, vuelva la decencia a la Presidencia.


lunes, noviembre 07, 2016

Hasta su último día

Pensé ingenuamente que a medida que se acercaba el fin de este Gobierno, Correa optaría por ser más respetuoso y tolerante. Que al menos en estos últimos meses se esforzaría por dar una imagen de demócrata. Por intentar borrar de nuestras memorias tantos abusos durante estos casi diez años.

Pero no. Estaba equivocado. Correa quiere dejar bien claro, hasta su último día de poder, que aquí nadie se mete con él.

Veo a Eduardo del Pozo, vicealcalde de Quito, siendo sentenciado a 15 días de prisión y a pedir disculpas públicas por el gravísimo delito de meterse con su Majestad. Correa demandó a Del Pozo por lastimar su honra, que ya sabemos es la más cara y mejor protegida del país. Lo que dijo Del Pozo en una radio no era nada nuevo. Nada que no se haya dicho o escrito antes. Pero Del Pozo es un político de oposición. Por eso debe ser intimidado y pasar una estadía en la cárcel. Para que aprenda a respetar, para que entienda que aquí solo el infalible y excelentísimo Rafael puede cuestionar y criticar públicamente a los demás.

A Del Pozo se unen otros que se han atrevido a tocar la delicada honra de Correa. Fernando Villavicencio, candidato a asambleísta, también enfrenta prisión y una jugosa indemnización a su Majestad. Esto de demandar por daño moral, en un país donde los jueces siempre fallan a tu favor, resulta muy rentable.

Cuando veo a Correa actuar como el típico caudillo abusivo, imagino a ese joven profesor universitario que salía a las calles junto con los forajidos a protestar contra el gobierno de Lucio. ¿Qué le diría el Correa forajido de ayer al Correa presidente de hoy? ¿Lo apoyaría? ¿Sería correísta? ¿Lo aplaudiría cuando rompe un diario, cuando insulta públicamente a un opositor, cuando interrumpe los noticiarios con sus abusivas “réplicas”? ¿Estaría de acuerdo con su control de todos los poderes del Estado y la nula fiscalización en su gobierno? ¿Qué diría de la corrupción en Petroecuador? ¿Apoyaría que Del Pozo y Villavicencio vayan a la cárcel?

Lo dudo mucho. Lo más probable es que el Correa forajido sería un activo opositor del Correa presidente. Que saldría a las calles a protestar contra su gobierno. Que criticaría sus constantes ataques a la libertad y derechos de la gente.

Es una lástima ver cómo el Correa forajido, en apariencia respetuoso, se convirtió en el caudillo prepotente e intolerante que hoy ocupa la Presidencia. El profesor universitario, cuyo poder se limitaba a aprobar o reprobar a sus estudiantes de Economía, pasó a controlar todas las instituciones y recursos de un Estado con una gigante bonanza petrolera. El poder se le subió a la cabeza. No supo manejarlo y hoy sufrimos las consecuencias.

Ahora que el fin de esta década abusiva se acerca, Correa pierde una última oportunidad de cambiar, respetando la libertad de los demás, sacando de nuestras narices el control del Estado, probando que aquí tenemos un presidente, no un monarca o un dictador. Su fiebre de poder solo parece agravarse con la cuenta regresiva. Continuarán sus abusos hasta el último día. Hasta ese esperado 24 de mayo, cuando finalmente llegue el cambio.


lunes, octubre 17, 2016

Mi poder en mis medios

Lenin Moreno arrancó su campaña al más puro estilo correísta: favoreciéndose del abuso de recursos públicos. Si así empiezan ya podemos imaginar lo que viene.

Mientras los demás candidatos presidenciales se sacan el aire día a día intentando difundir su mensaje en entrevistas radiales, caminatas, reuniones, mítines y en los poquísimos espacios de noticias y entrevistas que hay en la televisión, Lenin Moreno tuvo a su disposición todos los canales públicos e incautados de manera ininterrumpida, en vivo y en directo, durante toda la convención en la que se anunció su candidatura.

Mientras los medios privados se cuidan de cumplir con leyes y códigos electorales, por absurdos que sean, evitando dar mayor cobertura a un solo candidato, los medios correístas favorecen sin vergüenza al candidato oficial. Saben que ellos están por encima de la ley. Que a ellos nadie los sanciona. Ya lo vivimos en la última campaña: los medios públicos convertidos en la voz de Alianza PAIS favoreciendo descaradamente a sus candidatos.

Correa, con su habitual cinismo, dijo que es “perfectamente lícito” cubrir un acto no oficial y partidista donde estaban el presidente y vicepresidente de la República. Si el presidente está ahí, los medios públicos lo deben cubrir, sin importar que se trate de un evento de Alianza PAIS.

En su entrevista con Janet Hinostroza, Lenin Moreno estuvo de acuerdo con Correa: nada de malo en que se le haya dado total cobertura al lanzamiento de su candidatura. Dijo también que los otros candidatos tienen el derecho a acceder al mismo tipo de cobertura. Chiste agrio de arranque electoral. Seguro veremos en vivo y en directo, sin interrupciones, las convenciones de los demás candidatos en los canales incautados.

Han pasado más de ocho años desde que Correa ofreció que la venta de los medios incautados no tardaría más de seis meses. Más de ocho años desde que dijo que al Gobierno no le interesa administrar esos medios, y que “mientras más rápido podamos subastar, rematar esos bienes… enhorabuena, tanto mejor”. Hoy le sigue viendo la cara al país diciendo que los medios “siempre han estado a la venta”.

No solo han evitado vender los medios para tenerlos a su disposición, sino que se aseguraron que su venta sea casi imposible a través del Referéndum Constitucional del 2011 que prohibió que los dueños de medios nacionales tengan otros negocios. Correa inventó su perfecto Catch 22: para comprar un medio necesitas mucha plata y para eso necesitas tener uno o varios negocios, pero si tienes otro negocio no puedes comprar un medio. ¡Plop!

No sería raro que mágicamente, poco antes de dejar el poder, encuentren un comprador –¿con plata pero sin otros negocios?– con quien puedan conservar su poder mediático. Habrá que estar muy atentos a esos misteriosos compradores de última hora.


Empezamos una nueva campaña con cancha inclinada y abuso de recursos públicos, diseñada para favorecer la cobertura de los candidatos oficiales. Lenin Moreno dice que él es distinto al presidente. Si realmente lo fuera rechazaría desde el primer día este abuso de los medios públicos. Aquello significaría mostrar independencia de Correa. Pero ya sabemos que eso no está permitido. 


lunes, octubre 03, 2016

Mujeres como Marcia

El Gobierno, a través de su Asamblea Nacional, nos ha avergonzado otra vez. Han condecorado a la angelical Cristina Fernández de Kirchner. Ya ni nos sorprende tanta desfachatez. Entre socialistas del siglo XXI no se pisan la manguera. La corrupción no importa si viene de uno de los suyos.

Gabriela Rivadeneira, presidenta de la Asamblea Nacional, publicó un artículo para justificar la vergonzosa condecoración. Ahí dice que la expresidenta argentina “demostró un compromiso ético gigantesco impulsando una política de derechos humanos fundada en la memoria, la verdad y la justicia”. El chiste se cuenta solo. Viven en una realidad paralela.

Ver a Gabriela y Cristina entrar al edificio de la Asamblea por la alfombra roja, con calle de honor y un afiche gigante con el retrato de la homenajeada, me dio nuevas razones para ser pesimista sobre nuestra clase política, nuestras supuestas líderes y el futuro que nos espera.

Pero luego recordé a Marcia, a Marcia Gilbert de Babra, y ese pesimismo desapareció. Un día antes, celebrábamos con Marcia en el pequeño auditorio de la Universidad Casa Grande, institución que ella fundó, los 50 años de Fasinarm, esa fundación ejemplar que ella también creó.

Ahí no había alfombra roja, ni grandes pantallas, ni protocolos, ni discursos grandilocuentes. La grandeza estaba en quienes han hecho de Fasinarm un referente en el compromiso con las personas con discapacidad. Y sobre todo en Marcia, cuyas palabras siempre sabias, llenas de humor y visión son una cachetada a todas esas ridiculeces salidas de la Asamblea.

Marcia te contagia con su energía, su optimismo, su originalidad. Tras sus lentes redondos, su pelo corto y su eterna sonrisa, Marcia dice lo que piensa y lo dice claro y firme. Cuando se propone algo, lo consigue.

Marcia es generosidad, ironía, carácter. Es pasión, visión, acción. Es liderazgo, sentido del humor, espontaneidad, ejemplo. Es emprendedora, educadora, maestra, de mente abierta y liberal. Siempre curiosa, creativa y con alguna anécdota que contar.

A través de Fasinarm, Marcia ha transformado la vida de miles de niños, jóvenes y adultos con discapacidad. A través de la Universidad Casa Grande, Marcia ha educado e inspirado a nuevas generaciones de profesionales. Y a través de la política, como concejal de Guayaquil, Marcia ha dejado una importante marca en la educación de esta ciudad. Porque Marcia ha sido también política. Pero de las buenas. De las que vemos poco. De las que se dedican a servir y ayudar, sin buscar protagonismo ni figuretear.

Alejada de todo protocolo y falsas solemnidades, Marcia va al grano, piensa, crea, actúa, resuelve y cambia vidas. Mientras otras se rinden pomposos homenajes para alimentar su vanidad, Marcia continúa su trabajo sin hacer mucho ruido, contagiando su buena vibra y su pasión en todo lo que emprende.


Ver todo lo que Marcia ha logrado con su trabajo y lo que ella significa para tanta gente hace que los escándalos políticos que vivimos pasen a segundo plano. Que las Gabrielas y Cristinas se vuelvan insignificantes. Mientras tengamos a mujeres como Marcia que dejan su marca, que cambian vidas, que no se olvidan, hay miles de razones para ser optimistas.