lunes, octubre 07, 2019

Oportunistas del relajo


Mientras escribo esto hay relajo en varias ciudades del país. Hay calles bloqueadas, gente lanzando piedras, tiendas saqueadas.

Día de paro. Los transportistas bloquean las calles. Día de oportunismo político. Los políticos bloquean nuestro futuro.

Mis hijos están viviendo extrañados lo que para mí era normal de chico. Esa emoción de no tener clases en media semana porque a un grupo se le ocurre salir a quemar llantas. Cambian los medios: ayer recibíamos la noticia de un pesado televisor y un flash informativo con Alfonso Espinosa de los Monteros. Hoy nos llega la noticia repetida mil veces en mensajes y redes sociales en nuestros delgados celulares. Se mantiene lo de fondo: las conductas atrasa pueblos de ciertos dirigentes y las prácticas populistas de ciertos políticos.

Mientras las piedras vuelan, veo a Gabriela Rivadeneira en la Asamblea Nacional pidiendo la destitución del presidente. Una de las voceras del correísmo, culpable de los problemas que hoy vivimos, sale a incendiar el país a cambio de un poco de atención. Con cada palabra cargada de cinismo nos recuerda por qué es tan importante para nuestro futuro que nunca vuelvan al poder.

Mientras alguien saquea un local comercial y una refrigeradora huye en tricimoto, veo a Cynthia Viteri en rueda de prensa. Esperaría un mensaje que llame a la calma y al orden. Todo lo contrario. Cynthia aviva el fuego de las protestas reclamando en contra de las medidas del Gobierno. La alcaldesa dice que el Gobierno aumenta el costo de la vida, que está creando más desempleo, que entiende “a quienes aplauden la medida desde la comodidad de sus vehículos viendo por la ventana a quienes se transportan en buses”. El discurso correísta no es exclusivo de los correístas. El populismo y oportunismo político no tienen bandera ni ideología.

Mientras las llantas se queman en las calles, veo a Yaku Pérez, prefecto del Azuay, unirse al paro. Anuncia la gran marcha en la provincia del Azuay. Rodeado de pancartas que dicen “Fuera Moreno”, dice que no buscan desestabilizar.

Las medidas del Gobierno no son perfectas ni completas. Falta muchísimo por hacer y corregir, pero al menos van en el camino correcto. Durante décadas nuestros gobernantes no se han atrevido a acabar con subsidios ineficientes. Ahora que un gobierno finalmente lo hace, salen oportunistas de ocasión a fomentar el relajo, a desestabilizar para figurar.

De nuestros dirigentes transportistas no esperamos casi nada. Su enfoque no está en competir, modernizarse y ofrecer un mejor servicio a sus clientes. Su enfoque está en mantener y aumentar privilegios y protección estatal. En ganar más en perjuicio de sus usuarios.

De nuestros dirigentes políticos esperaríamos más. Pero ya vemos que para algunos solo importa el show, verse como grandes opositores incluso estando de acuerdo con el Gobierno, aprovecharse del relajo. El bienestar del país que espere nomás. Sus intereses políticos están primero.

A pesar de todo, la gran mayoría nos levantamos a trabajar, a producir, a competir. A diferencia de políticos y dirigentes oportunistas, aprovechamos oportunidades para crecer y ganar clientes sirviendo mejor. Como Uber, que en medio del relajo informó que apoyaría la movilidad de la gente, poniendo un límite en sus tarifas durante el paro. El futuro del país está ahí.



lunes, septiembre 02, 2019

Regulitis


El Gobierno no logra curarse del virus estatista y controlador. Una y otra vez cae en ese populismo que lleva en las venas.

La semana pasada Lenín Moreno prohibió a los colegios privados aumentar matrículas y pensiones. Se mete en un negocio privado, porque sí, porque puede. Si la gente se queja por los precios altos basta obligar a los colegios a mantenerlos bajos. Y listo. La libertad, la oferta y la demanda, los planes de inversión de los colegios, les da igual. Y lo mismo aplica para la venta de libros y útiles. Cuidadito con subirme los precios, advierte Lenín. Da la orden a los gobernadores “para que nuestros intendentes se dediquen, desde el primer día, al control de precios en librería y papelerías”. La regulitis populista sigue viva.

Por estos mismos días, el Ministerio de Turismo pretende meterse en nuestras casas, apartamentos y hasta en el cuarto vacío al fondo del pasillo. No podremos alquilar libremente nuestros espacios a través de plataformas como Airbnb sin que el Estado meta las narices y lo dañe todo. En un país donde la gente necesita desesperadamente trabajo y dinero en los bolsillos, el Gobierno quiere impedirles ganar unos dólares de más alquilando sus propiedades.

Se pretende que sea el Estado, no el mercado, no la demanda de huéspedes y la oferta de propietarios de casas y apartamentos, lo que determine los estándares y condiciones del alojamiento que se ofrece. El Gobierno dice que buscan regular los servicios de alojamiento para que sean seguros y de calidad para todos los turistas. No entienden que eso ya lo hace mucho mejor Airbnb y otras plataformas. Es el usuario quien decide el estándar de su alojamiento, no un burócrata inventor de nuevas trabas, licencias e impuestos a quien quiere alquilar su casa el fin de semana.

Esta fiebre metiche y reguladora no se limita al Gobierno. Nuestros asambleístas no se quedan atrás. Como les parecen muy caros los pasajes entre Guayaquil y Quito –que lo son– quieren regular los precios a las aerolíneas. Así de fácil. No ven que los pasajes son caros, en buena medida, por los altos costos de operación en el país, las tasas y los impuestos que deben pagar las aerolíneas. No entienden que lo que se necesita es más competencia, más libertad, no más regulación.

Se requiere urgente un curso de economía básica para nuestras autoridades. Que entiendan que los precios son resultado de la oferta y la demanda, no de los deseos de la burocracia. Que comprendan los beneficios de tener más libertad y competencia y los perjuicios de tener más regulación, más trabas, más Estado metiéndose en asuntos privados.

Para ellos el malo siempre es el empresario, el comerciante que especula, que sube los precios, que se burla de sus clientes, que no es solidario. Como si poner precios fuera asunto de pegar al producto una etiqueta con el numerito que le da la gana al comerciante.

Seguimos infectados de regulitis y estatitis. Seguimos aplaudiendo a populistas que intervienen para resolver problemas creados por ellos mismos. Seguimos creyendo que necesitamos al Estado para que nos resuelva los problemas. No vemos que el Estado suele ser el problema.


lunes, agosto 19, 2019

Para no llorar como Argentina


Los resultados en las primarias argentinas reviven al fantasma del socialismo del siglo XXI, el populismo y la corrupción descarada en la región. Muchos señalan el gradualismo adoptado por el gobierno de Macri como el gran culpable.

El argumento es que Macri, en lugar de enfrentar los errores y horrores del kirchnerismo y hacer los cambios necesarios, ha sido muy tibio en sus políticas económicas, no redujo el gigante tamaño del Estado, ni el déficit fiscal. En fin, no se atrevió a ser el presidente que debía ser y ahora está pagando por su falta de decisión.

Difícil comprender la causa de fondo. La política no siempre hace sentido. Juegan más las emociones, pasiones y percepciones que la razón. Es difícil entender cómo la gente puede votar a favor de Cristina Fernández, culpable directa de la crisis que viven. Y en lugar de castigarla con el voto, castigan al gobierno que intenta, aunque sin éxito, sacarlos de esa crisis.

Como siempre, lo que sucede en otros países de la región nos lleva a pensar en el nuestro. Tenemos un pasado reciente muy similar. Ambos países venimos de experimentar las desastrosas consecuencias de gobiernos corruptos y populistas alineados al socialismo del siglo XXI. En ambos países, los gobiernos actuales buscan cambiar los errores del pasado.

Hay una obvia diferencia. Mauricio Macri fue el candidato de oposición que ganó con una plataforma de cambio. Lenín Moreno fue el candidato gobiernista que ganó con una plataforma de continuismo. De Macri se esperaba un cambio radical de un modelo estatista, controlador y populista a uno moderno, abierto, liberal y eficiente. De Lenín esperábamos más de lo mismo. Más despilfarro, más estatismo, más populismo.

No fue del todo así. En lo político, Lenín nos sorprendió distanciándose casi de inmediato del socialismo del siglo XXI. Y ha logrado desmantelar en buena medida el correísmo y desnudar su corrupción. Será difícil para Correa y su pandilla volver como Cristina. Pero no podemos estar seguros. Siempre puede aparecer otro populista que ocupe ese espacio disponible a la izquierda del tablero electoral.

En lo económico sí encontramos preocupantes similitudes con Argentina. Por un lado, este gobierno tiene importantes figuras que empujan la apertura comercial, el libre mercado, la reducción del Estado, entre otras políticas clave. Por otro, parecería que el aparato burocrático, la inercia estatista, o fuerzas dentro del Gobierno renuentes al cambio, se encargan de bloquear los intentos por liberalizar nuestra economía. Avanzamos por el camino correcto, pero muy lento y con desvíos inciertos.

Mientras avanzamos hacia la integración regional y acuerdos de libre comercio, mantenemos sectores protegidos, aranceles, trabas y rigidez laboral. Mientras se hacen ciertos recortes en el sector público, continuamos con un gasto público irresponsable. Vamos lentos, temerosos, a lo Macri. Tenemos, eso sí, una gran ventaja frente a los argentinos: nuestro dólar, que nos libera del pánico, nos da tranquilidad.

Ojalá lo de Argentina nos abra los ojos. Las buenas intenciones importan poco si no hay trabajo y plata en los bolsillos. Los abusos, la corrupción y la incompetencia del correísmo no garantizan su desaparición política. Es momento de que el Gobierno tome decisiones postergadas y camine firme hacia los cambios urgentes.