lunes, noviembre 06, 2017

Sinvergüenza TV

Este Gobierno llegó al poder con ayuda de la maquinaria propagandística de los medios correístas. Ahora el Gobierno denuncia el mal manejo y los abusos de esos mismos medios. Ironías de la revolución cuántica. Más allá de eso, estas revelaciones que transparentan lo ocurrido con los medios públicos e incautados en manos del correísmo son un gran paso para poner a los sinvergüenzas en su lugar.

El atraco y abuso de los medios públicos e incautados no es ninguna novedad. Tanto nos acostumbramos a ver estos medios al servicio de Correa que ya ni nos llamaba la atención. La novedad es que ya no son solo investigaciones y acusaciones de la prensa privada. Ahora las mismas autoridades del Gobierno han revelado la sinvergüencería del correísmo, que utilizó a los canales incautados para promocionarse sin pudor exigiendo la transmisión de sabatinas, propaganda y “reportajes” para perseguir y atacar a sus adversarios. Todo esto, mientras los recursos de estos medios se licuaban, se utilizaban para fines partidistas y para pagar megasueldos a administradores y presentadores.

La incautación de los medios de los Isaías nunca buscó recuperar ni un centavo. Era parte del plan de Correa para controlar la información en el país. Para lavar cerebros difundiendo hasta en la sopa su imagen y sus mentiras. GamaTV y El Telégrafo fueron las principales sucursales de Carondelet y Alianza PAIS.

Ahora que este gobierno ha puesto el dedo en la llaga, los responsables, empezando por Correa, deben responder. El escándalo de la comunicación tal vez no tenga tantos ceros como el de Odebrecht y los contratos chinos, pero es una corrupción a la vista de todos, que no solo significó dinero derrochado, sino el abuso sistemático de bienes públicos al servicio del ego y la vanidad presidencial.

Hoy se siente bien el silencio. No más interrupciones a los noticiarios, no más insultadera de los sábados, no más páginas enteras de diarios con absurdas rectificaciones, no más cadenas nacionales. Los periodistas vuelven a hacer su trabajo. Vuelven las voces que el correísmo calló. El presidente comunica más y mejor en sus cortas intervenciones de los lunes.

Ahora Lenín quiere hacer que los medios públicos sean realmente públicos. Creo que ahí se equivoca. Los medios públicos estarán siempre amenazados por futuros gobernantes con aires de emperadores, listos para poner a todo el Estado a su servicio. Lenín debería sincerar las cosas y dejar la comunicación en manos privadas, en manos de cada uno de nosotros. No tiene sentido insistir y gastar tanto dinero en mantener canales y diarios que apenas llegan a un puñado de gente. Mayor alcance –y mucho más barato– consiguen con una cuenta de Facebook. Tenemos demasiadas deudas y necesidades como para insistir en medios públicos siempre en riesgo de convertirse en medios gobiernistas y partidistas.

El abuso de los medios públicos e incautados marcó la década robada. Marcó nuestras vidas. Correa y sus compinches deben responder ante la justicia. Lenín tiene la oportunidad de ponerle punto final a la posibilidad de futuros abusos. Para que la comunicación sea de todos no hacen falta medios públicos. Basta un celular en nuestra mano.


lunes, octubre 16, 2017

Tibio, tibio


Ecuador, Bolivia y Venezuela ocuparon la cola en la tabla de clasificación al Mundial de Rusia 2018. Curiosa y triste coincidencia que sean también gobiernos regidos por el socialismo del siglo XXI. Se vuelve costumbre esto de estar a la cola.

Iba bien Lenín. Iba muy bien. Parecía que se desmarcaría en serio de este socialismo del siglo XXI que nos tiene a la cola del desarrollo. Lo estaba haciendo tan bien en lo político, que pensamos que en lo económico apuntaría también en la dirección coherente; es decir, la contraria a la de Correa.

Pero sus propuestas económicas nos recordaron que este gobierno sigue siendo en gran medida correísta. Nada de apertura comercial. Nada de reducir en serio el obeso aparato gubernamental. Más proteccionismo, más impuestos, más intervención estatal.

El anuncio de sus medidas económicas nos dejó en las mismas. Tibio, tibio. No son medidas radicales al estilo correísta, de esas que espantan a empresarios y lleva a la gente a guardar su dinero bajo el colchón. Tampoco son medidas que solucionen nada. En definitiva, más de lo mismo del correísmo, versión buen humor cuántico.

Este Gobierno habrá logrado mucho si concreta el cambio político que nos lleve a ser un país con mayor institucionalidad, independencia de poderes y libertad. Cuando en el mes de julio escribí aquí sobre la necesidad de llamar a una consulta popular para acabar con la reelección indefinida, era solo una aspiración lejana. No pensé que Lenín lo haría. Pero lo hizo. Me dejó frío. Nos dejó fríos a muchos que pensamos que su gobierno solo sería más correísmo. Lenín tomó el camino correcto en lo político.

En lo económico deja muchísimo que desear todavía. Tanto se ha quejado que no le dejaron la mesa servida que uno esperaría políticas distintas a las correístas. Pero Lenín y su equipo insisten en la protección de la industria nacional, limitar importaciones y subir impuestos. Lo mismo que hizo Correa. Lo mismo por lo que fracasó Correa.

Piensan tal vez que el fracaso correísta se debió a la enorme corrupción de la década robada o a esa incertidumbre constante que los cambios de ánimo y caprichos del loco del ático causaban en los mercados. Sí, la corrupción y el ambiente de confrontación tuvieron que ver con el fracaso económico. Pero lo de fondo fue el estatismo asfixiante durante esa década. Fueron las trabas, los aranceles, poner al Estado como centro de todo en perjuicio de la iniciativa privada.

Las medidas de Lenín presentan ciertos cambios positivos para las pequeñas empresas, con menos impuestos e incentivos. Pero son medidas insuficientes para volvernos más productivos, atraer inversiones y generar empleo. Si la opción sigue siendo más proteccionismo en lugar de apertura comercial, difícilmente el resultado será distinto al de la última década.

Queda la esperanza de que Lenín escuche y esté abierto a analizar los efectos de sus políticas económicas. Que al ver que no se dan los resultados esperados, tome el otro camino.

Ya estamos cansados de estar en el fondo de los rankings. Haciendo lo mismo no se obtienen resultados distintos. Estamos a tiempo de cambiar nuestro plan de juego. 


lunes, octubre 02, 2017

La escoba tras la puerta

Estoy viendo una foto de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama sonriendo, abrazados, relajados, durante un partido de golf. Cada uno de ellos, durante ocho años, fue el hombre con más poder en este planeta como presidente de los Estados Unidos. Y cada uno de ellos, una vez terminado su periodo presidencial, abandonó la política y se fue a su casa.

Siguieron esa sana tradición de dejar la presidencia y el poder. De entender que su momento pasó y que deben dejar al siguiente presidente gobernar. Que no son imprescindibles. Que la historia no empieza ni termina con su presidencia. Que son uno más, en una sucesión de personas a cargo de dirigir su país.

¿Por qué acá es tan difícil dejar el poder? ¿Por qué estamos llenos de políticos que se creen indispensables? ¿Es tan difícil simplemente entender que su etapa pasó, irse a su casa y no molestar?

Por eso es tan importante la consulta de Lenín Moreno. Por eso es crucial acabar con la figura de la reelección indefinida que Correa, con su infinita vanidad y sed de poder, impuso al país. Hay que frenar esta obsesión de nuestros políticos por acumular poder. Hay que forzarlos a irse. Ponerles la escoba tras la puerta de Carondelet.

Toda una tribu de groupies, fans y parásitos del correísmo piden a gritos a su loco del ático. Necesitan sentirse importantes nuevamente, mandar y hacer lo que les da la gana sin rendir cuentas, ser los bacanes del barrio otra vez. Su dinero, sus viajes, sus asesores, su estatus dependen de Correa en el poder. Saben que con Lenín todo acabará en cuatro años. No ven beneficio en alinearse con un político de paso. Ellos están aquí para quedarse de largo. Quieren su Fidel andino que los eternice en el poder. Por eso vemos a las sumisas más desesperadas que nunca, diciendo cualquier tontería para justificar la reelección indefinida. Por eso mueven las piezas con cuidado en su tablero político, donde el fin es el poder por el poder.

Ojalá Lenín no caiga en el juego de los asambleístas de Alianza PAIS que buscan meter en la consulta preguntas diseñadas para dividir apoyos. Que incluya las preguntas correctas, las esenciales, que garanticen un masivo sí a favor de la institucionalidad.

Tarde o temprano, una vez que pierden el poder, todos los corruptos, abusadores y sinvergüenzas caen. Pero mientras el sistema no garantice una alternancia, muchos corruptos conservan su poder y se fortalecen. Ahí está el caso de Fidel Castro, que nunca perdió el poder y murió sin enfrentar la justicia por sus múltiples abusos. Los casos de corrupción que hoy se destapan seguirían bien ocultos con Correa en Carondelet. Y mientras conserve su poder en varias instituciones, y siga latente la amenaza de su regreso, quedarán sin ver la luz muchos otros casos de corrupción.


¿Tendremos algún día una foto como la de esos expresidentes gringos, orgullosos jubilados del poder? ¿O tendremos que aguantar al actual y futuros locos del ático, reacios a abandonar la política, dedicados a complicar la vida de su sucesor para recuperar el poder? La consulta tiene mucho que decir al respecto. Veremos.


lunes, septiembre 18, 2017

¡Ayachay!

Continuando con su tour para desmentir fantasías correístas vendidas en sabatinas e infinitas cadenas nacionales, ahora Lenín llegó a Yachay. Y confirmó lo que ya sabíamos. Es otro elefante blanco, otro faraónico monumento al ego correísta, otro foco de despilfarro, sobreprecios, mentiras, burocracia dorada, asesores internacionales aún más dorados, y una serie de irregularidades.

No nos sorprende. Yachay es el correísmo en su máxima expresión: un gobierno que se mete a hacer lo que no sabe, en lugar de apoyarse en los que saben; un gobierno que despilfarra recursos sin planificación ni control; un gobierno que fabrica una fantasía y la vende sin vergüenza alguna en millonarias campañas publicitarias. Yachay, como la Refinería del Pacífico o el Proyecto Yasuní ITT, solo fue otra excusa para transmitir una falsa imagen y comprar popularidad.

Si realmente el gobierno de Correa quería ofrecer una educación de excelencia, salía más barato y eficiente becar con esa plata a los mejores estudiantes en las mejores universidades del mundo. Tuviéramos todo un grupo de jóvenes profesionales con la mejor preparación en lugar de otro elefante blanco destinado a desaparecer olvidado bajo la maleza.

Si realmente el gobierno de Correa quería impulsar el desarrollo científico en la academia ecuatoriana, más razonable y eficiente era ofrecer a las universidades públicas y privadas fondos concursables para sus iniciativas. Pero no, al mejor estilo correísta esos fondos se esfumaron entre edificios sin terminar, megasueldos, publicidad y eventos.

El objetivo del gobierno de Correa con Yachay no era la educación de los jóvenes, ni el impulso a la investigación. Su objetivo era alimentar su vanidad, gritando al mundo que aquí se estaba construyendo el MIT criollo. Jugar al gran académico con nuestro dinero. Pretender crear, por decreto, el tipo de centro académico que en cualquier lugar del mundo toma muchísimos años, esfuerzo, recursos y colaboración para hacerse realidad. Recibir aplausos inventándose supuestas inversiones multimillonarias de supuestas empresas internacionales impresionadas con esta supuesta Ciudad del Conocimiento.

Lo de fondo: el fracaso de Yachay no se da solo porque sea un proyecto de un gobierno corrupto e incompetente como el de Correa. Yachay hubiera fracasado en cualquier gobierno. Cuando el Estado se mete a hacer lo que no le corresponde inevitablemente fracasará. Por eso, sería un error que el gobierno de Lenín siga gastando el dinero que no tiene en este proyecto. Debería pasarlo a universidades públicas y privadas ya probadas o encontrarle otro uso. Dejar la academia en manos de verdaderos académicos.

Con Yachay deberíamos aprender, de una vez por todas, que el Estado debe limitarse a lo suyo. A brindarnos seguridad, justicia y garantizar nuestros derechos y libertad. El resto que se lo deje a los que saben. ¿Cuántas empresas públicas más tienen que quebrar o fracasar?

Hace un año, Correa amenazó que si en el próximo gobierno (o sea el actual) intentaban acabar con el proyecto Yachay, él se lanzaría a las elecciones en el 2021. Cada día pesan menos sus amenazas. Al paso que va, con tanto escándalo destapándose, el único cargo al que podrá aspirar ese año será el de capitán de su equipo de fútbol penitenciario. Tarde o temprano, Correa deberá responder por Yachay y por todos sus engaños que tan caro nos han costado. 


lunes, septiembre 04, 2017

Nosotros los cholitos

Las sonrisas de esa selfie grupal que tomó Gabriela se han apagado. “Juntos fortalecemos la unidad, lealtad y coherencia histórica del proyecto político. ¡Viva la Revolución Ciudadana!”, escribió la expresidenta de la Asamblea. Ahí están Correa y su círculo íntimo junto a Lenín. Sonrisas gigantes, abrazos, pulgares en alto.

Eso fue en junio cuando todavía fingían estar unidos. Pocas semanas después las máscaras empezaron a caer. Solo han pasado tres meses desde que dejaron el poder y ya amenazan con la muerte cruzada. Eso de la estabilidad presidencial solo importa cuando se trata de su presidente.

“Esperamos que el Gobierno nacional desarrolle las políticas públicas que estén en consonancia con el programa de la revolución ciudadana que lo llevó a Lenín Moreno al Gobierno”, dijo Patiño. Lenín está avisado. O se alinea al correísmo o se viene la muerte cruzada.

El mismo Patiño, en una reciente entrevista, defendía la reelección indefinida que Correa impuso, sin consultarnos, a los ecuatorianos. “Cuando es en Europa [la reelección indefinida] está bien, es la democracia, es la estabilidad… Aquí decimos que no porque somos cholitos... Como allá son blancos, ojos azules, entonces sí pueden hacer reelección indefinida”, dijo para vergüenza ajena de cualquiera que lo escuchó.

Para Patiño y compañía parece ser secundario si las políticas de Lenín benefician a la sociedad. Lo que importa es que se continúe el “proceso” de la revolución ciudadana. Que se defienda la “construcción del cambio” que ellos empezaron.

¿Qué significa continuar con el proceso iniciado por Correa? ¿En qué consiste exactamente este proyecto que tanto alaban? ¿Qué es lo que Lenín está haciendo tan mal para que ya amenacen, solo tres meses después de su posesión, con la muerte cruzada?

¿Acaso dialogar con opositores y empresarios es alejarse del proyecto y traicionar la revolución ciudadana? Debe serlo. El socialismo del siglo XXI requiere imposición, autoritarismo, órdenes, represión. Correa lo demostró durante diez años.

¿Acaso tomar decisiones que den tranquilidad económica es abandonar el proceso? Debe serlo. El socialismo del siglo XXI se alimenta creando nerviosismo en los mercados, que nadie esté seguro si su dinero valdrá lo mismo mañana. Lo hizo Correa fomentando la inestabilidad jurídica y poniendo en duda tantas veces la dolarización.

¿Acaso combatir la corrupción es negar el programa socialista? Debe serlo. Corrupción y socialismo del siglo XXI son sinónimos. La continuidad del proceso requiere que los corruptos continúen en puestos clave, que los escándalos sigan escondidos bajo la alfombra o en los tumbados.

No existe tal programa de la revolución ciudadana que dicen defender. Existe su cuota de poder que han perdido y quieren recuperar. No hay proyecto. Solo hay un desempleado en un ático, muerto de ganas por recobrar el poder para no soltarlo. Y tras de él, un rebaño extrañando la rosca y su carro con chofer.

Correa o cualquier déspota indefinidamente en el poder es nuestra mayor amenaza. Nosotros los cholitos ya hemos dicho que no queremos reelección indefinida. Lenín tiene hoy la oportunidad y el poder para librarnos de esa amenaza. Para demostrarnos que, contrario a lo que pretenden los de la selfie, Alianza PAIS no está por delante del país.


lunes, agosto 21, 2017

#ChiribogaStyle

Wikipedia y los diccionarios en español deberían incorporar un significado adicional a la palabra cinismo. Cinismo: habitual actitud del político correísta.

Pocas palabras identifican y resumen tan bien al correísmo. Palabras como corrupción, despilfarro, abuso, censura, estarán para siempre estrechamente identificadas con la década correísta y sus nefastos protagonistas. Pero el cinismo, esa capacidad para mentir con total descaro de los funcionarios de la década robada, va más allá de lo que estábamos acostumbrados en la política nacional.

Sabemos que la política, aquí y en cualquier lugar, siempre tendrá su buena dosis de falso drama, de teatralidad. Exageran, se hacen los escandalizados, fingen ante cámaras y micrófonos. Aceptamos, hasta cierto punto, que el show es parte del juego político. Es como cuando un futbolista se lanza en el área para fingir un penal. No es algo que hacen todos los jugadores, no es algo que aprobemos, pero lo aceptamos como parte del juego. Y el árbitro siempre tiene la facultad de sancionar ese show.

Nuestros políticos correístas agarran la pelota con la mano, le pegan un puñete en la cara al árbitro y después dicen que no han hecho nada malo, que los tramposos y sucios son los jugadores del otro equipo, que al que se debe expulsar es al árbitro por vendido.

Se han acostumbrado tanto a mentir que ya ni se dan cuenta cuando lo hacen. Han repetido tantas veces sus mentiras que se las creen. Reclaman sin pudor a quien los confronte.

En eso, el loco del ático, como han rebautizado a nuestro flamante migrante en Bélgica, es el maestro de maestros. El Messi del cinismo. Miente y vuelve a mentir y se enoja ante cualquier verdad que confronte sus mentiras. Durante diez años nos taladró la cabeza con su cinismo.

Otros le pisan los talones y a veces hasta lo superan. Como los amigos secretos de Odebrecht. Como las sumisas. Como los orgullosos ovejunos que ahora se hacen los indefensos después de abusar de su poder durante tanto tiempo. Ese cinismo con el que llevaron la política a lo más bajo ahora se ha multiplicado.

El gran descubridor de que Odebrecht era el corruptor ahora dice que compra pasajes solo para visitar el aeropuerto y no viajar. El rey de la propaganda, el periodismo sesgado y la manipulación mediática ahora se dedica a criticar a periodistas y medios que sí hacen su trabajo. Los grandes trolls dedicados al ataque y el desprestigio hoy dan clases de moral. Suerte por las redes sociales donde se desnuda su cinismo y quedan en ridículo.

Quien está llamado a liderar el cambio desde Carondelet demostró en su campaña presidencial, y desde antes, que tiene esa misma habilidad para decir lo contrario a lo que piensa sin inmutarse. ¿Cuál es el verdadero Lenín? ¿El que hace pocos meses alababa los logros de la década correísta, o el que hoy los critica? Solo queda confiar que sea el segundo. Y que será él quien logre sepultar la política del cinismo, la política del loco del ático que tanto mal nos hizo.

Quién sabe. A veces, hay cambios que solo se logran desde adentro.


lunes, agosto 07, 2017

Carondelet de naipes

“El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía y víctimas” dice Frank Underwood, el protagonista de la serie House of Cards, donde la política es casi tan sucia como en la realidad. Frank la tiene clara.

El matrimonio entre leninistas y correístas no pasó ni de su luna de miel. Lloran. Patalean. Se acusan. Y nosotros aquí embobados viendo el show mientras el país se estanca.

Lo cierto es que Alianza PAIS, el del gobierno de Correa, endeudó a este país a niveles criminales. Despilfarró sin control. Abusó de su poder. Reprimió libertades. Y permitió que la corrupción se pasee como en su casa. Lo cierto es que el mismo Alianza PAIS, el del gobierno de Lenín Moreno, más allá de medidas políticas y de forma que son importantes, no ha tomado ninguna medida económica para sacarnos de la crisis.

Son la misma gente. La misma peligrosa ideología. ¿Cómo es posible que este gobierno no condene la represión y asesinatos de la dictadura de Maduro en Venezuela? Si Lenín realmente defendiera la libertad y la democracia, su gobierno condenaría frontalmente al gobierno de Maduro. Pero no, Lenín prefiere enviar tibios comunicados expresando su “respeto al pueblo venezolano”, esperando “la solución pacífica de las controversias y los conflictos”. Vergonzoso.

Lenín ha tomado decisiones importantes para poner la casa en orden. No es poca cosa enfrentar a Correa y Glas, transparentar la escandalosa deuda pública, iniciar el combate a la corrupción, respetar la independencia de los medios públicos. Todos, salvo Correa, sus sumisas y sus fanáticos, aplaudimos esas decisiones.

Pero la reciente historia política de este país nos hace desconfiar. Lenín llegó al poder de la mano de los que hoy rechaza. Se benefició como candidato presidencial del abuso de recursos públicos y la cancha inclinada que el correísmo puso a su favor. Se dio la buena vida en Ginebra con nuestra plata, cuando el despilfarro no le parecía algo relevante. Y calló, una y otra vez calló, ante los múltiples abusos de Correa contra la libertad de expresión, la independencia de poderes y la democracia. Difícil confiar.

La oposición no puede estar tranquila solo porque Correa y Glas ya no estén. El problema de fondo no son las personas. Es el modelo de gobierno y la peligrosa ideología que sigue guiando a Alianza PAIS. La oposición no puede mirar pasiva el cambio de estilo y protagonistas en el Gobierno, como si con eso todo se solucionara.

Con su ruptura total con Correa y Glas, Lenín puede ser el presidente que quiere ser, libre de presiones y falsas lealtades. Ahí veremos si sus acciones están motivadas por un deseo sincero de sanear al país de tanta corrupción e iniciar una nueva era de respeto, libertad y coherencia económica. O si esto es otro juego de poder por el poder, con la intención de imponer más de las mismas políticas estatistas, disfrazadas ahora de sonrisas y buen humor.

Queremos tanto que Lenín sea ese presidente que por momentos parece que puede ser. Luego nos acordamos de que es de Alianza PAIS y se nos pasa. Estaremos atentos. Ver para creer.


“Solo hay una regla: cazar o ser cazado”, dice también Frank Underwood. Él sabe.