lunes, julio 16, 2018

1x1=0


De todos los artículos que he publicado en este Diario, quizás recibí la mayor cantidad de ataques por uno en el que criticaba la Ley de Comunicación de Correa por obligar a las radios a transmitir música nacional. Con el famoso 1x1, la Ley de Comunicación exige que al menos el 50% del contenido musical de las radios sea nacional.

Cuando critiqué esa ley, argumentando que iba en contra de la libertad de negocios privados como las radios para decidir qué ofrecer a sus oyentes y en contra de nuestra libertad para decidir qué música escuchar, saltaron varios artistas y cantantes a acusarme de atentar contra la “identidad nacional”. Me invitaron “a vivir al extranjero” si era un “pobre acomplejado” al que tanto le molestaba la música nacional. Argumentaban que la ley no pretende proteger al artista nacional sino “equilibrar la cantidad de música extranjera que viene a través de transnacionales”.

Han pasado cuatro años desde que se emitió la normativa del 1x1. He leído reportajes recientes que indican que los resultados no han sido los esperados. Si bien las radios, en general, han cumplido con la ley poniendo música local en la mitad de su programación, no se ha dado ese impulso esperado a la carrera de artistas.

Juan Fernando Velasco, presidente de la Sociedad de Autores y Compositores (Sayce), ha indicado que la ley “no ha tenido el efecto que todos hubiéramos esperado” y que “el crecimiento y el avance de la industria del entretenimiento no se ha visto afectada de manera determinante por esta medida”.

Esta ley muestra lo que ocurre cuando el Estado se mete donde no debe. Cuando se pretende proteger a un sector limitando la libre importación y competencia de otros bienes y servicios. Al final, el mercado decide lo que prefiere. Siempre lo hará. El Estado con sus restricciones puede crear la ilusión temporal de una preferencia por aquella industria protegida, pero esa ilusión caerá tarde o temprano.

El sector de la música, el cine o el arte en general no es distinto. No va a crecer porque el Estado limite el arte de otros países. Crecerá, de la mano del arte importado, porque hay algo bueno que ofrecer al público. Lo vemos con festivales locales de música que crecen año a año. Lo vemos con artistas que aprovechan las plataformas digitales para darse a conocer.

Saldremos adelante, en todos los sectores cuando dejemos de pedir protección al Estado. Cuando dejemos de considerar nuestro negocio, nuestra industria, nuestro arte, como algo especial que el Estado debe cuidar por razones de identidad nacional. El público escoge lo que le gusta, no lo que una ley empuja a escoger.

El legado correísta proteccionista presente en la Ley de Comunicación es el tipo de práctica que este Gobierno debe abandonar para dar espacio a la libertad. Que sea el consumidor, el negocio privado, cada uno de nosotros, quienes decidimos qué consumimos y qué ofrecemos a nuestros clientes. Que sea el libre mercado, no una ley ni la presión de un gremio, lo que defina nuestras preferencias. Hablar de nacionalismo para proteger un sector es una excusa que no debe tener espacio en un gobierno que pretende cambiar las cosas.


lunes, julio 02, 2018

Un VAR para nuestros políticos


Un habitual protagonista ha estado ausente de este Mundial de Fútbol en Rusia. El árbitro. Y esa es una gran noticia.

Ese hombre armado de un silbato, una tarjeta amarilla y una roja ha sido, sin querer queriendo, o a veces queriéndolo, el protagonista de grandes triunfos y derrotas injustas. Su nombre y el de su madre ha sido mentado en bares, oficinas y chats alrededor del planeta después de un partido.

Ahora, gracias a la tecnología, los árbitros pueden hacer su trabajo mejor que nunca, más tranquilos, sin tanta presión, sabiendo que tienen el respaldo de cámaras que registran con gran detalle lo que sus ojos pudieran no ver. El VAR (Video Assistant Referee o árbitro de videoasistencia) ha llegado para mejorar la experiencia del fútbol. Para asegurarse de que sean los jugadores, no los árbitros, los protagonistas del partido, los únicos responsables de su éxito o su fracaso en la cancha.

Existe todavía la postura nostálgica de que los errores del árbitro son parte del fútbol. Con el VAR no hubiera existido la mano de Dios y Argentina quizás no hubiese ganado ese partido en México 86, por ejemplo. Pero ese gol de Maradona fue, al fin y al cabo, un gol tramposo, un gol injusto, que la tecnología de hoy hubiera anulado.

Y como el fútbol se parece a veces tanto a la política, ver el éxito del VAR en este Mundial nos hace pensar si sería posible lograr algo similar en la política. Contar con la tecnología que ayude a identificar a los políticos tramposos, a los que mienten y nunca cumplen lo que ofrecen, a los corruptos que se llevan nuestra plata, a los que usan recursos del Estado para asuntos privados. Un sistema que encienda los faros y las cámaras de la transparencia para revisar lo actuado por políticos y gobernantes, evitar la trampa y los engaños, identificar a esos que gritan y se lanzan en el área fingiendo un foul mientras nos roban más de un gol y la billetera.

En realidad, ya existe ese sistema que revela con nitidez lo que pasa en la cancha política. Ya existe esa ayuda para que jueces y autoridades puedan sancionar el juego sucio. Ese control lo hacen los medios de comunicación, los periodistas, las ONG y la ciudadanía, sobre todo en redes sociales. Ellos son ese VAR que analiza las jugadas y saca a la luz los abusos de políticos y gobernantes. El periodismo investigativo revela aquellas acciones que merecen una sanción.

En el fútbol, más allá de lo que muestren las cámaras del VAR o lo que recomienden los jueces en la sala de televisión, la decisión final la tiene el árbitro. En política, más allá de las revelaciones de periodistas, de las ONG o la ciudadanía, las autoridades deciden qué hacer. De ellos depende validar el juego limpio y sancionar a los políticos tramposos.

Hemos jugado demasiados años con jueces pitando lo que les da la gana, favoreciendo la trampa, dejando sin sanción a los que juegan sucio. Ya toca hacer caso a las evidencias que medios y activistas vienen revelando. Los goles con la mano deben ser anulados, no celebrados.


lunes, junio 18, 2018

Karma


“Karma”, “se les viró la tortilla”, “el mundo da vueltas”, dice la gente por ahí. El que persiguió sin piedad, poniendo al Estado a su servicio, ahora se dice perseguido. Los que abusaron, insultaron y reprimieron, ahora se dicen acosados y maltratados.

“Cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da”, canta Jorge Drexler. Y tiene razón. Pero el gobierno de Lenín Moreno debe tener cuidado de no caer en eso. De no devolver las mismas patadas que el correísmo nos dio.

Sí, Correa y su mafia se apoderaron de todas las instituciones del Estado para usarlas y abusarlas a su antojo, para callar a opositores y perseguir. Sí, la corrupción correísta se lo llevó todo. El mismo Correa se enriqueció sin pudor con convenientes juicios y sentencias como la del Banco Pichincha. Sí, Correa mandó a su casa de un mantelazo a los diputados para instalar esa Asamblea Constituyente con la que inició su reinado. Sí, el correísmo fue una década nefasta, llena de abusos y violaciones a la ley.

Pero eso no justifica caer en lo mismo.

El reciente comunicado oficial del Gobierno a los asambleístas, para que se autorice el juicio a Correa, tiene esas ínfulas tan correístas de pretender imponer la voluntad presidencial. En el comunicado se “rechaza la actuación de aquellos asambleístas que se presentan como morenistas y al mismo tiempo no actúan de acuerdo a los principios de transparencia y justicia”. Y habla del “momento histórico” que exige “demostrar quiénes quieren un cambio verdadero y vivir una democracia plena o quiénes quieren solapar y esconder las vergonzosas actuaciones del pasado”.

El comunicado califica de “morenistas” a los asambleístas afines al régimen, volviendo a ese peligroso culto a la persona, por encima de las ideas o principios. Al puro estilo correísta, el mensaje es “o están conmigo, o están contra mí”. Hasta se refiere al “momento histórico”, clásica frase de la demagogia correísta para justificar sus abusos.

Por ahí no va la cosa. Los problemas no se resolverán cambiando un caudillo por otro. La Asamblea no debe actuar de una manera determinada porque Lenín lo exija, sino porque es lo correcto.

El poderoso Consejo de Participación Ciudadana transitorio debe ser también muy cuidadoso. Debe descorreizar las instituciones con la ley en mano, con razones que sustenten sus decisiones, no porque tienen el poder o así lo quiera la mayoría. Suficiente ya tuvimos de “somos más, muchísimos más” como excusa para imponer la tiranía de la mayoría contra derechos individuales.

No podemos aplaudir la violencia contra asambleístas y exfuncionarios correístas, por muy detestables que ellos sean, ni por todos sus insultos y la violencia que ellos motivaron hace pocos años. Aplaudamos cuando la ley los haga responder por sus actos. Hay razones de sobra para que Correa y su grupo enfrenten la justicia y terminen en prisión.

El Gobierno ha puesto al correísmo en el banquillo. Que no pierda el control. Que el poder no se le suba a la cabeza. Que no reemplacen simplemente a personas. Que reemplacen el caudillismo y el abuso por la institucionalidad, la justicia, la ley, los pesos y contrapesos. Que acaben con el círculo vicioso.