jueves, abril 01, 2010

Vergüenza, rabia y lástima


La libertad en nuestro país está de luto. Un editorialista es sentenciado a prisión por ejercer su derecho a opinar. El director de un diario público es removido de su cargo por negarse a la interferencia del Gobierno. Y el Presidente y sus asambleístas aprueban una ley controladora de los medios disfrazada de rendición de cuentas a la ciudadanía. El Gobierno parece estar contra los ciudadanos.

Siento una mezcla de vergüenza ajena, rabia y lástima frente a este gobierno.

Lo de vergüenza ajena ocurre casi siempre que Correa habla y manda por los suelos a la figura presidencial. Me queda el consuelo que un día él también sentirá vergüenza propia. No hoy, ni mañana, ni mientras siga en la nube del poder. Lo imagino en algunos años, retorciéndose de vergüenza al verse en videos insultando, menospreciando, burlándose, diciendo barbaridades como aquella de que Cuba “tiene su forma de democracia”, apoyando un socialismo estatista superado. Lo imagino pensando lo que seguro Alan García ha pensado en relación a su primer mandato: ¿cómo pude desperdiciar mi oportunidad haciendo el ridículo de esa manera?

Lo de la rabia me viene mientras veo a Correa junto a Chávez engañando al pueblo. Ahí están, muy emocionados en Quito. Con su labia antiimperialista. Con sus falsos gritos de soberanía. Con sus fracasos escondidos bajo vacíos acuerdos de cooperación, apretones de manos, abrazos y promesas.

El engaño viene por todos lados. Por ejemplo, Correa anunció que esa máquina de perder dinero llamada Alegro pasará a manos de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CNT). Alegro ha perdido 220 millones de dólares –nuestros dólares– desde el 2003. En enero del año pasado, Correa le dio un ultimátum. Si hasta fin de año “sigue perdiendo plata… la vendemos", dijo un enojado Correa. Dijo que la empresa “tendrá que desaparecer” si no es capaz de cambiar su situación.

Mentiras. Pasó el año. Alegro siguió perdiendo plata. Ninguna empresa extranjera quiso invertir en ella. Quedaba venderla o sepultarla, según lo ofrecido, para evitar más despilfarro de nuestra plata. Pero llegada la hora, Correa en su infinita vocación estatista, burocrática y despilfarradora decidió mantener a la empresa. Ya podemos imaginar nuestros millones que se seguirán malgastando.

Empieza a sonar repetido el fracasado guión. Acto 1: Presidente afirma que hay muchos interesados en invertir en tal proyecto o empresa pública. Acto 2: Firma de supuestos acuerdos. Socios estratégicos listos para invertir. Acto 3: Se retira el socio y ministros buscan desesperados alguien que ponga la plata. Acto 4: “No aceptaremos las condiciones que nos quieren imponer. No sacrificaremos nuestra soberanía. Iremos solos con el proyecto” (con plata de nuestros impuestos, o exigiendo a banqueros arriesgar nuestros depósitos, o con nuestros ahorros en el IESS). Ya son tres años del cuento repetido.

Y lo de lástima va por nuestro estancamiento. Por las oportunidades y esperanzas perdidas. Por este Gobierno que se sigue quejando del pasado, cuando ya ha durado en el poder más que esos que tanto critica. Por un país que lleva aguantando tres años de ineficiencia, errores, malas ideas y un destructivo ambiente donde lo importante parece ser hundir al otro en lugar de levantarnos entre todos.

2 comentarios:

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