jueves, agosto 07, 2008

Extrañas compañías

A veces toca. El objetivo común exige una estrategia en común. Y exige alianzas, incluso con aquellos que jamás imaginaríamos de nuestro lado. Eso sucederá ahora con la campaña en contra de esta Constitución que apesta a centralismo, estatismo, boinas rojas, y burócratas metiéndose por todos lados. Por el No o el nulo –que no es lo mismo pero es igual– hay todo un arco iris de ideologías, acentos y visiones de país.

Ahí está la izquierda serrana que votó por Correa confiando que sería un presidente de izquierda moderna, no un fiel seguidor del caudillo venezolano. Ahí está el oportunismo político de Lucio Gutiérrez, que ayer fue de izquierda, hoy de derecha, y mañana de lo que convenga. Ahí está la derecha costeña, liderada por Jaime Nebot, que no puede ver ni en pintura a quien desde Carondelet busca dividir la ciudad donde alguna vez nació y vivió.

Ahí están los conservadores católicos y evangelistas, soñando con alcanzar el desarrollo de Europa y Estados Unidos, pero eso sí, sin aborto, ni gays, ni pastillitas del día después. Ahí está la izquierda radical, con sus acostistas –los de verdad, no como Correa cuyo acostismo fue puro show– y sus indigenistas, esos que dicen que Correa es neoliberal y que suspiran con ese verde mundo donde todos disfrutemos del “buen vivir” conversando en quichua.

Ahí están los pocos que han leído y entendido el proyecto de Constitución, o están en proceso de hacerlo, y saben el peligro que representa para el país una herramienta tan conveniente para consolidar el poder total.

En fin, ahí estamos todos los que nos negamos a caer en las garras de un gobierno que lava cerebros por televisión, se alimenta del odio y la confrontación, y pretende que dejemos que nuestras vidas sean conducidas y regidas por lo que decida una todopoderosa autoridad central.

¿Cómo unir a gente tan distinta? ¿Cómo sentar en una misma mesa al banquero que quiere evitar que los apetitos políticos y antitécnicos del populismo controlen lo que se hace con la plata de los depositantes, junto al ecologista radical que quiere impedir que este gobierno explote a dedo recursos naturales? ¿Cómo hacer que ambos contribuyan a una misma campaña por razones tan diversas?

Ese es el gran reto. El Gobierno tendrá todo nuestro dinero y tiempo en los medios a su disposición para convencernos de lo maravilloso que será el país con la nueva Constitución. Ya lo están haciendo.

La oposición, en cambio, dispara por todos lados. Cada uno dice No por su razón particular. Sin una estrategia colectiva, que unifique tantas voces diversas, sus esfuerzos serán en vano. El No sonará débil y fragmentado.

Toca unirse entre extraños y opositores. Ese es el reto. Ya vendrán otros tiempos para pelearse nuevamente. Mientras tanto, ese gran objetivo de evitar la profundización del modelo chavista en Ecuador es más grande que cualquier diferencia.

La campaña recién empieza. Nuestros televisores no han sido todavía golpeados con toda la fuerza de Carondelet. El momento exige aceptar y promover las extrañas compañías. Exige unir fuerzas en una estrategia y campaña bien organizada que pueda competir con la maquinaria presidencial. ¿Alguien se apunta a liderarla?

1 comentario:

Fabricio Tedel dijo...

Saludos y felicitaciones por el blog. Lo que expone este post también ha sido un dilema muy interesante, a manera de reto.

Lo importante más que un partido nacional -si se quiere influenciar con resultados- sería un movimiento a nivel nacional pero de acción localista.

Luego de investigar algunas teorías políticas, se podría empezar con un "civil libertarianism" concepto amplio del que no hay mucha información en español, pero trasciende de visiones económicas específicas, y como tal puede agrupar a liberales de mercado, socialistas cooperativistas, conservadores y ecologistas moderados -incluídos indigenistas-, al menos.

Se partiría de un respecto a las libertades fundamentales inalienables, y luego una suerte de confederalismo a las jurisdicciones eclesiásticas, ancestrales, privadas, cooperativas, municipales, etc. bajo un gobierno de bajo presupuesto.

Cómo se haría, pues prefiriía que sea un trabajo colectivo, a una idea exclusiva de un sólo autor.