lunes, mayo 02, 2016

Tristeza, rabia, esperanza

Una montaña rusa de emociones. Eso hemos vivido desde que la tierra tembló hace ya dos semanas.

Miedo. Al sentir todo moverse, cosas caer, gente gritando. Algo muy serio acababa de ocurrir. Incertidumbre. De no saber el alcance del daño. ¿Cuántos destrozos, heridos, vidas perdidas?

Tristeza. Impotencia. Al ir conociendo la realidad. Al entender la magnitud del desastre, las muertes, las lágrimas, los gritos desesperados. Alegría. Esperanza. Por las vidas rescatadas. Por encontrar al próximo sobreviviente.

Emoción. Orgullo inmenso. De la solidaridad de miles de personas alrededor del país poniendo el hombro, haciendo donaciones, organizándose, ayudando donde se pueda, asistiendo a los necesitados. Del ejemplo de voluntarios, bomberos, médicos, fundaciones, ONG, funcionarios, grupos de rescate extranjeros que lo dejaron todo y acudieron de inmediato. De las donaciones y millonarios aportes de empresas privadas, incluso en un año de ventas malas y pronósticos peores.

Rabia. Vergüenza. De ver a un presidente que debería ser guía y ejemplo para todos, perdiendo el control, amenazando con detener a gente que lo ha perdido todo, reclamando a voluntarios extranjeros que solo vinieron a ayudar. Decepción. De tener un gobierno sin ideas, sin institucionalidad, dependiente de una sola persona, sin real liderazgo, sin visión, que aprovecha la situación para recaudar con más impuestos el dinero que ha despilfarrado, en lugar de crear los incentivos necesarios para recuperarnos. Indignación. De ver que la tragedia no cambió sus malos hábitos, no disminuyó su arrogancia, no les hizo entender que es el momento de la unidad no de continuar con sus amenazas.

Certeza. Confianza. De saber, ahora más que nunca, que sí podemos salir adelante. Que aunque la tierra tiemble, nosotros seguiremos firmes. Que sabremos enfrentar cualquier sismo, sobre todo los venidos del poder. Y sobreviviremos ante la amenaza y los ataques de un gobierno que solo piensa en conservar sus privilegios y no es capaz de hacer mínimos sacrificios. Que derrotaremos la vanidad de un presidente que cree que él es el principio y fin de todo, que el país gira a su alrededor, que sin él nada marcha y que no resiste que, precisamente, todo marche mejor sin él. Que enterraremos la incompetencia de un gobierno que no pasó del eslogan y la venta de humo en cadena nacional.

Desconfianza. De estar obligados a meter la mano en nuestros bolsillos y pagar nuevos impuestos, sabiendo que seguramente también los desperdiciarán. Ilusión. De que en un año esto habrá acabado. Ellos se irán a sus casas y ya no podrán limitar nuestra libertad, nuestras ganas, nuestro derecho a salir adelante. Ya no podrán despilfarrar nuestro futuro.


La tierra tembló y tenemos más claro que antes que es la iniciativa individual lo que empuja una sociedad. Que el gobierno que funciona es el que apoya esas iniciativas, no el que pretende dirigir todo desde arriba y frena con trabas y regulaciones inútiles esos esfuerzos personales. La tierra tembló y entendimos mejor que los protagonistas no son aquellos en el poder, aunque sus caras salgan repetidas en mil cadenas y spots publicitarios. Que los protagonistas somos todos. Y que ya es tiempo, hace tiempo, que se hagan a un lado para dejarnos hacer nuestro trabajo.


lunes, abril 18, 2016

Inmorales

“Sacar capitales de países como los nuestros me parece algo inmoral”, dijo Rafael Correa en una de sus recientes entrevistas en Nueva York con un medio internacional. Por lo visto, Correa olvidó que él también cometió esa “inmoralidad” cuando sacó 330.000 dólares de los 600.000 dólares que ganó en una demanda por supuesto daño moral.

Inmoralidades vemos por todos lados. Pero que Correa o cualquier funcionario haga con su plata lo que mejor le parezca no es una de ellas. Más allá de ese disparo en el pie que se pegó el Mashi con esas declaraciones, su opinión está bañada de un nacionalismo absurdo que demuestra la limitada visión del correísmo y explica nuestro estancamiento.

Según esa visión, los sueños del empresario ecuatoriano deben quedarse dentro de las fronteras de nuestro país. Nada de soñar en grande. Nada de pretender conquistar otros mercados. Su plata debe quedarse aquí. Invertir solo en negocios locales. Sacarla es antinacionalista. Invertir en nuevos mercados atenta contra los intereses de la patria. Y peor aún, guardarla en bancos de países más estables es una traición a nuestra gloriosa tricolor.

Detrás de tales afirmaciones está esa actitud contra la libertad que ha marcado estos años de correísmo. El Gobierno te dice lo que debes hacer con tu propia plata. Te clava salvaguardas prohibitivas por si te provoca importar algo. Te mete un impuesto a la salida de divisas por si quieres llevar tu plata fuera. Te llena de impuestos para que quede claro que tú no trabajas para ti y tu familia, sino para el Gobierno. Y si tienes el descaro de salir adelante, ser exitoso y querer invertir en otros países o asegurar parte de tu dinero en países que brinden mayor estabilidad y reglas claras, eres un traidor, un antinacionalista, un inmoral.

La inversión extranjera que llega a nuestro país sería también inmoral bajo esta definición correísta. Esas pocas inversiones chinas o mexicanas que han llegado han resultado ser una traición a sus países de origen. Suerte la de colombianos, peruanos, chilenos y el resto de vecinos que están llenos de inmorales inversiones de empresarios extranjeros. Sería bueno que nos llegara más de esa inmoralidad por acá.

Esos empresarios que arriesgan su dinero en un país tan inestable y tan hostil hacia el inversionista como el nuestro deberían ser declarados héroes. Sus nombres deberían quedar inmortalizados en un gran monumento. De igual forma nuestros empresarios que logran crecer y llevar su dinero y negocios a otros países deberían ser puestos como ejemplo. Pero aquí los tachan de inmorales.

Los inmorales son otros. Son quienes limitan nuestra libertad. Quienes censuran la prensa. Quienes controlan todos los poderes del Estado y los usan a su antojo. Quienes despilfarran nuestro dinero y ahora pretenden cobrarnos más impuestos para seguir gastando. Quienes utilizan el poder para generar divisiones, odios, resentimientos. Quienes utilizan recursos de todos para desprestigiar y manchar nombres de quienes no piensan como ellos. Esos son los inmorales.

No existe inmoralidad alguna en gastar, invertir o guardar nuestra plata como queramos. Eso se llama libertad. Los inmorales son quienes pretenden limitarla. 


lunes, abril 04, 2016

Un trabajo para Pablo

Correa felicita a Pablo. Que es un orgullo para la patria, el primer estudiante de excelencia de su provincia, ganador de una beca del Gobierno. ¿Y qué estás haciendo ahora, Pablo? “La verdad, no me encuentro trabajando en el momento”, le contesta. “¿Y por qué?”, pregunta incómodo el benefactor. Y Pablo explica que no hay plata en la institución pública donde intentó ingresar.

“Todos nuestros becarios deben estar trabajando, ¿qué pasa?”, increpa Correa. “Pasa que tú eres el presidente y por eso no hay trabajo”, contestan en silencio millones de ecuatorianos.

Ahí. En ese momento. En esa vergüenza pública que pasó el presidente durante su show de los sábados se resume uno de los grandes daños que ha hecho el correísmo al país. A los jóvenes. El Gobierno creyó que esto de gobernar era cuestión de gastar. Que desde el Estado se podía hacer todo. Repartir cargos, multiplicar ministerios y secretarías inútiles, construir carreteras, hospitales, elefantes blancos, proyectos invisibles, ahogarnos en publicidad. Da igual. Gastar, gastar, gastar. Esa era su receta. Su gran milagro.

Inversión extranjera, secundario. Seguridad jurídica, tonterías. Tratados comerciales, bobadas neoliberales. Estabilidad tributaria, cuento de los poderes fácticos. Ahorro, una estupidez.

Y ahora miles de Pablos no tienen trabajo. Esos Pablos pertenecen a una generación que creció y se graduó bajo el correísmo con un objetivo: conseguir un puesto público. Porque sabían que ahí estaban los trabajos. Porque veían que el sector privado estaba estancado. Hoy, ya ni el obeso Estado les puede dar algo.

Lo más decepcionante es que el Gobierno no hace nada para que esta situación cambie. No existe un compromiso de hacer cortes significativos en el aparato estatal. No están preocupados de reducir el monstruo burocrático que ellos crearon. Se empeñan en continuar con lo mismo. Todo para el Gobierno, nada para la gente.

La gran preocupación de Correa no es darle un trabajo a los jóvenes desempleados. Mover la economía e impulsar al sector productivo para que se generen esos empleos tan necesitados. Su principal preocupación es conseguir más plata para seguir gastando. Que nadie toque mi avión privado, mis sabatinas, mis infinitos ministerios, mi holding de medios públicos, mis aeropuertos fantasmas, mis viajes, mi propaganda. La culpa no es mía, es del precio del petróleo. Quienes dicen que gasto mucho mienten.

El Gobierno no piensa ahorrar. Dejarán el poder con la mashicard al límite y chulqueros cobrando en cada esquina. Nuestro bolsillo existe para que ellos sigan gastando. Para eso están los nuevos impuestos con lo que pretenden seguir exprimiéndonos.

Pero tranquilos. Seguro los acuerdos firmados por Gabriela en Bielorrusia traerán esa inversión que generará miles de empleos. Seguro ese nuevo impuesto a los cigarrillos y las bebidas azucaradas nos hará tan saludables que vendrán turistas del mundo entero a conocer nuestro secreto. Seguro ese arduo trabajo de la Secretaría del Buen Vivir dará sus frutos y pronto exportaremos sonrisas. Hasta que eso suceda, a pagar todos con infinito amor el despilfarro.

Mientras el Gobierno solo piensa en nuevos impuestos, Pablo solo quiere un empleo. Los Pablos esperan una oportunidad. Eso sí, tienen algo muy claro. Saben quién debe perder su cargo, para que ellos consigan un trabajo.


lunes, marzo 21, 2016

The Donald and the Mashi

Los gringos tienen a The Donald. Nosotros tenemos al Mashi. Los gringos están a tiempo de rechazarlo, de no caer en su show populista. Para nosotros ya es tarde, casi diez años demasiado tarde.

Veo a Donald Trump ganando una primaria tras otra y no lo creo. Es difícil entender que en un país desarrollado pegue este discurso tan populista. Tan Maduro, tan Mashi, tan Cristina. Y es que se parecen tanto el Donald gringo y el Mashi ecuatoriano. Podrán ser de ideologías distintas. Pero su populismo los hace increíblemente parecidos.

The Donald and the Mashi no resisten que los medios los critiquen. Quieren intimidarlos, callarlos, demostrarles que con ellos nadie se mete. Trump prometió frenar la libertad de expresión ampliando las leyes de difamación  “para que cuando cualquier periódico escriba historias deliberadamente negativas… podamos demandarlos y ganar mucho dinero”. Correa fue más lejos. Lo hizo. Demandó a un editorialista y a los directores de El Universo. Demandó a los autores del libro Gran Hermano.

Los medios son una molestia para Trump y Correa. Los critican, los atacan, los menosprecian. Trump se ha referido a los periodistas como gente desagradable, mentirosa, horrible. Similar a los calificativos de Correa, para quien la prensa suele ser corrupta,  hipócrita, perversa, mentirosa, cínica, sinvergüenza y cosas así.

The Donald and the Mashi creen y practican con gran devoción aquello de “divide y vencerás”. Necesitan crear enemigos comunes a quienes odiar y rechazar. La culpa siempre es de los otros. Para Trump, los inmigrantes, en particular mexicanos que “traen drogas y crimen”, son los enemigos a vencer. Pretende así acabar con la tradición de un país forjado por la inmigración.

Como Trump, Correa ha tenido varios grupos dignos de sus ataques públicos. Medios de comunicación, empresarios, indígenas, pelucones han pasado por el paredón. Por eso le encanta repetir aquello de “somos más, muchísimos más”. En otras palabras, “nosotros, la mayoría, contra las minorías; nosotros, los poderosos, contra los débiles”. Lo importante es tener siempre alguien a quien culpar y atacar.

Y como debe ser, The Donald and the Mashi necesitan ser el centro de todo. La política, el país, el mundo, gira en torno a ellos y su infinita sabiduría. Practican la política del yo, yo, y yo. Sin Correa no hay Gobierno, no hay patria, no hay nada. El Estado es él. Todo pasa por él. Con Trump, ya podemos imaginar el vanidoso destino de la Casa Blanca.

Así son The Donald and the Mashi. Así son nuestros populistas. En Latinoamérica no aprendemos a alejarlos de nuestra política. Están siempre aquí. En Estados Unidos, Trump enfrenta un fuerte rechazo de medios de comunicación, académicos, políticos, y de cualquiera que se detenga a analizar por dos segundos el futuro de su país. Pero tiene un gran apoyo de millones que han caído bajo su encanto populista.


Hace poco dijo Vargas Llosa,  “Ningún país, ni siquiera un país con una tradición democrática tan arraigada como Estados Unidos está libre del populismo. La demagogia populista llega a muchísima gente explotando sus miedos, sus inseguridades, sus prejuicios…” Acá conocemos  bien toda la división, daño y violencia que genera el populismo. Esperemos que los gringos reaccionen a tiempo.


lunes, marzo 07, 2016

Volver

La verdad ya me picaban las manos por volver a escribir aquí. Este Gobierno nos da tanto que comentar cada semana. Ayer un escándalo, hoy algún exabrupto, mañana otro abuso de poder.

Han pasado casi cuatro años desde que dejé de escribir esta columna de opinión. Cuatro años en los que el supuesto milagro ecuatoriano que nos vendían en interminables cadenas nacionales fue tan irreal como la ilusión de vivir para siempre de la lotería petrolera.

Hay una gran diferencia entre el Gobierno de cuatro años atrás y el de hoy: pasaron de ricos a chiros. El precio del petróleo que mantenía una bonanza ficticia se desplomó. El gasto sin control se estrelló contra ese muro que siempre estuvo ahí y no quisieron ver. La incapacidad del Gobierno no pudo ocultarse más tras las montañas de dólares. Y el correísmo apareció desnudo ante todos, tal y como es: incompetente y con las ideas equivocadas para sacar adelante al país.

El desastre trae una lección. No será en vano esta crisis en la que nos han metido. Dejará un aprendizaje político: desconfiar de futuros candidatos y funcionarios cargados de discursos dizque revolucionarios y fantasías socialistas.

Porque esto que vivimos no es solo cuestión de incompetencia, abuso de poder, despilfarro y falta de visión en Carondelet. El desastre correísta tiene su raíz en algo más importante, algo de fondo: sus ideas socialistas. Las ideas importan. Y mucho.
Sus ideas socialistas ponen al Estado –que para ellos se confunde con Gobierno y partido– en el centro de todo. Sus ideas exigen que sea el Estado el que decida por los ciudadanos, no lo contrario. Esas ideas desprecian la inversión privada, el emprendimiento individual, el ahorro, la apertura comercial, la libertad individual; en fin, el progreso. Detestan todo aquello que no tenga como inicio y fin al Gobierno.

Este no es un Gobierno que ha fracasado únicamente por la falta de capacidad de las personas que lo lideran. Este es un gobierno que ha fracasado porque sus ideas estatistas y socialistas inevitablemente llevan a ese fracaso. Un gobierno que quiere ser el centro de todo, manejarlo todo y decidir por todos, necesita imponer sus ideas, necesita el control y politización de todas las instituciones, necesita acabar con la separación de poderes, necesita limitar nuestra libertad, callar a la prensa, meterse en nuestras casas, nuestras oficinas, nuestros colegios, nuestras vidas.

Hace cuatro años cuando dejé de escribir estábamos mejor. No teníamos muchos de los problemas económicos y sociales de hoy. Pero sí teníamos otro gran problema: todavía eran muchos, demasiados, los que pensaban que el aparente bienestar venía gracias al Gobierno, y no a pesar de este. El poder y la popularidad del Gobierno parecían intocables mientras había plata. Ahora que la plata se acabó y la realidad nos golpea en la cara entendemos mejor lo que genera el socialismo y su estatismo agobiante.


Hoy estamos mal. Pero al menos entendemos por qué. Identificamos claramente a los culpables. Identificamos el peligro de sus ideas. Entendemos que si queremos salir adelante, no podemos volver a ellas.


martes, octubre 23, 2012

Premio Jorge Mantilla Ortega

Diario El Comercio me ha premiado con el segundo lugar en la categoría Opinión del Premio Jorge Mantilla Ortega por mi columna "Un casi cuento de Navidad" publicada en El Universo el 22 de diciembre del 2011.


Aquí algunas fotos de la premiación:







jueves, mayo 31, 2012

Chao

Este es mi último artículo. Por ahora. Cierro una etapa de más de siete años en la que jueves a jueves he compartido comentarios, análisis, pensamientos, o alguna emoción personal. Y sobre todo, he aprendido con los mensajes, las anécdotas y las críticas de quienes leen esta columna.



Tengo el orgullo de haber escrito en EL UNIVERSO en una época difícil para el periodismo. De haber sido parte de estas páginas cuando los medios han recibido los peores ataques e insultos de un presidente y un Gobierno empeñados en acabar con la prensa libre en el Ecuador. Mientras más intolerante el Gobierno, se vuelve más interesante esto de hacer opinión.

Escribo estas líneas pocos días después de ver a Rafael Correa rompiendo nuevamente un ejemplar de un diario frente a las cámaras y haciendo un llamado a boicotear la prensa no gobiernista. Correa pide que no leamos periódicos. Que no veamos noticieros. Salvo los medios oficiales, esos que su Gobierno controla.



“Hagamos la revolución desde nuestros hogares, en nuestra acción cotidiana, cada uno, dejando de comprar esta prensa corrupta…”, dijo Correa. Revolución de la ignorancia, del odio, de la confrontación. Lindo mensaje para los niños y jóvenes del Ecuador: mientras menos sepan, mejor. Ese es el escenario en el que he escrito los últimos años. Ese es el Ecuador de hoy.


Afortunadamente la gente no le hace caso. Las páginas de los diarios oficiales esperan solitarias en alguna oficina pública que alguien las lea. La gente sabe que en ellas encontrará propaganda, no periodismo. En cambio, los medios independientes del Gobierno, con todos sus defectos, siguen más vivos y vigentes.

A esos medios hoy se suman los miles de ciudadanos que opinan, critican, sugieren y comparten en las redes sociales. Esas redes que el Gobierno no puede controlar, ni comprar con publicidad, ni callar con amenazas, ni romper en pedazos frente a las cámaras. Ahí está el presente y futuro de la opinión libre. Cuando inicié esta columna, Twitter estaba a más de un año de ser creado. Hoy, gracias a su uso, el periodismo cambia rápidamente, se fortalece la libre expresión en el mundo entero, y los gobiernos con aires autoritarios pierden el control sobre la información y las críticas.

En este Diario, desde el primer día, tuve toda la libertad para escribir lo que quisiera. Libre de censura, libre de restricciones, libre de presiones. Gracias a quienes hacen EL UNIVERSO por proteger y garantizar esa libertad. Ha sido un privilegio escribir en este Diario que se mantuvo firme y fiel al periodismo libre frente a los ataques, las amenazas y una justicia rendida a los pies de Carondelet. Y gracias a los lectores que durante estos años me han escrito comentarios, felicitaciones o críticas. Extrañaré esos mensajes tanto como las madrugadas que he pasado frente al teclado dando forma al artículo de la semana.


Dejo esta columna, pero no dejo de escribir. Lo seguiré haciendo, ojalá con frecuencia, en mi blog www.manueligomez.com. Dejo esta página para empezar un nuevo reto. Me uno a un proyecto en el que creo.

Gracias por pasar cada jueves por aquí. Nos leemos en el próximo tuit.