jueves, septiembre 07, 2006

Nacionalismos absurdos

Me ha llamado la atención la cantidad de cartas, artículos y comentarios que han aparecido en estos días sobre la conducción de Andrés Oppenheimer del foro de los candidatos presidenciales, organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil. Estos comentarios concuerdan con los del candidato Rosero: ¿por qué traerse un periodista internacional cuando en Ecuador hay excelentes periodistas que podrían hacer el trabajo igual o mejor? No dudo que haya excelentes periodistas locales que efectivamente pudieron haber hecho un trabajo igual o mejor. Pero eso no es motivo para desacreditar a Oppenheimer o cualquier otro extranjero por el simple hecho de no ser Made in Ecuador.

Detrás de esto está un fuerte y absurdo nacionalismo empeñado en apoyar lo nacional y rechazar lo extranjero, más allá de cualquier otra consideración. Se trata de una postura aldeana que olvida que el mundo no termina en la esquina del pueblo. Hay todo un mundo con gente, ideas y productos que bien pueden enriquecer nuestro país y competir contra lo local.

Veo como algo positivo la campaña que nos invita a los ecuatorianos a consumir lo nuestro. Al igual que cualquier otra campaña, esta promueve un producto y una marca determinada: la del país. La campaña puede motivarme a considerar con mayor atención los productos locales. Pero al final, como consumidor escogeré el producto con la calidad y precio que me convenga, sin importar si lo hizo un gringo, un chino o un ecuatoriano. A mi pie le importa la calidad y comodidad del zapato y a mi bolsillo su precio. Si el zapato que escojo se hizo en Ecuador, en buena hora. Si se hizo en otro país, bien por mi pie también. El comercio se mueve por oferta y demanda, no por banderas. La competencia internacional nos hace más fuertes y eficientes. El proteccionismo impuesto por un perjudicial nacionalismo nos hunde en el pasado.

Mientras la selección ecuatoriana ganaba partidos en el Mundial, nunca escuché ni leí ningún reclamo porque un extranjero la dirigía. Nadie dijo por ahí que un ecuatoriano podría hacerlo mejor. La pasión del fútbol puso en segundo plano los nacionalismos absurdos. El trabajo de Suárez con la Selección demuestra que las banderas son secundarias a la hora de manejar bien las cosas.

¿Acaso los goles de la Selección eran menos ecuatorianos porque un extranjero nos dirigía? ¿Acaso una empresa ecuatoriana es menos ecuatoriana porque su gerente sea extranjero? ¿Acaso Nueva York es menos gringa porque esté repleta de acentos e idiomas extranjeros?
¿Acaso es distinto con nuestro país?

Es de pequeños países y pequeñas mentes cerrarse al mundo. Es de grandes países y grandes mentes abrirse al mundo. Eso de apoyar lo nuestro está muy bien, siempre que lo nuestro esté en libre competencia con lo de afuera y lo compremos por precio o calidad, y no por imposición o compasión. El mundo es uno solo. Las fronteras son líneas artificiales que se han ido trazando según el poder y antojo de líderes y pueblos. Para progresar necesitamos a los mejores y lo mejor en el país. Pero, mientras "protejamos" lo nacional marginando y cerrando la puerta a productos, personas e ideas con acento extranjero, por el simple hecho de ser extranjeros, no iremos muy lejos.

1 comentario:

Juan Sebastián Utreras-Carrera, MD dijo...

Estimado don Manuel Ignacio,

He leído su artículo del jueves, el que habla sobre los absurdos nacionalismos. Permítame hacer una reflexión sobre el tema que éste trata.

El reparo que muchos han puesto ante la presencia del señor Oppenheimer no radica en la nacionalidad del mencionado personaje, ese hecho, es mas bien un reparo extra que se le puede añadir al verdadero reparo de la participación de tal personaje.

He leído muchos editoriales en muchos medios, de diferentes tendencias y hasta de diferentes ideologías y muchos de ellos a mas de la banal objeción que se pueda anteponer por traer a un foráneo a conducir un asunto tan doméstico, coinciden en que Oppenheimer escritor muy cuestionado por muchos, de sesgado y parcializado criterio y opinión, buscó como siempre lucir mas que cualquiera de los candidatos.

Endiosado por su hollywoodense fama y valido por el apoyo que tiene de parte del sistema norteamericano, este señor critica y pontifica desde su pedestal, mientras que, de sus propias palabras se colige que, el está sentado por encima de aquellos ínfimos seres y viene a honrarnos con su presencia y sapiencia. Esa es la verdadera crítica a la presencia de un supuesto moderador cuya manifiesta tendencia demuestra profundo esbirrismo hacia lo gringo y por ende nada que no se alinee con tal postura resulta indefectiblemente negativo.

La función de un moderador o facilitador de un debate es tener la habilidad y gracia necesarias para poder pasar desapercibido, mientras que al mismo tiempo permite y facilita (de ahí lo de facilitador) que los “personajes de la obra” saquen a relucir sus valores, cualidades, defectos y errores mediante sus respuestas a las inquietudes de la audiencia (no solo las de la cámara de comercio sino del pueblo en general tambien), pero en ningún caso es el de figurar como la estrellita mas importante del show.

Por eso, concuerdo en que hubiese sido mejor invitar a un moderador “mas criollo” cuyos “humos” sean mas bajos y cuya orientación político-económica no sea evidente ni cuestionable, (al menos no durante el acto al que ha sido invitado en calidad de MODERADOR y no de PANELISTA)

No veo pues, en ningún momento, un absurdo nacionalismo al objetar que se haya invitado a un personaje que no contribuyó en nada a que tal evento, de significativa importancia, produzca los resultados que todos esperábamos y mas bien haya facilitado la generación del circo que todos recordaremos de tal día.

Atentamente,

Juan Sebastián Utreras-Carrera, MD