lunes, enero 20, 2020

Antes de entrar en coma


La dolarización cumple 20 años. Mucho se ha hablado de ella. Se discute sobre quiénes fueron sus “padres”. Sobre si el cambio de 25000 sucres fue mucho o poco. Sobre las razones políticas que llevaron a la decisión.

Pero algo que no está en discusión son sus beneficios. Veinte años después, estamos de acuerdo en que gracias al dólar somos un mejor país para vivir, o al menos un país menos malo. El dólar es nuestro héroe. Merece un monumento más grande que esa monstruosidad de Guayas y Quil a la entrada de Guayaquil.

Hoy vemos felices lo que el dólar ha logrado. Pero lamentamos llegar muy tarde a la dolarización. Estaba siempre ahí como solución. De hecho, ya estábamos parcialmente dolarizados de manera espontánea con sueldos, bienes y servicios que se cotizaban en dólares. Muchos economistas y analistas recomendaban la dolarización como única salida a un país con drásticas y constantes devaluaciones y el riesgo siempre latente de políticos populistas listos para imprimir más billetes.

Pero tuvo que venir una gran crisis para que todos se pongan de acuerdo que dolarizar era la única salvación. Tuvimos que llegar a la emergencia, tener al paciente en estado terminal, para actuar.

Hoy tenemos otros casos parecidos a la dolarización de hace 20 años. Otras crisis que sabemos van a llegar, que sí tienen soluciones, pero que ningún político se atreve a implementar.

Crisis como la de nuestra seguridad social. Que sabemos que no es sostenible. Que tarde o temprano explotará. Millones de contribuyentes no recibiremos ni los servicios ni la jubilación para los que aportamos mes a mes, mientras van y vienen políticos que utilizan la plata de los afiliados como plata del Gobierno.

A pesar del inevitable desastre, no hacemos nada. Solo ponemos parches a un sistema quebrado. ¿Esperamos acaso una crisis total, que el paciente entre en coma, para dar el paso que podríamos hoy dar de forma ordenada y planificada? Mientras no vayamos a un nuevo sistema que impida a los políticos malgastar los fondos de nuestros aportes, seguiremos igual.

Los billetes solo se dejaron de imprimir irresponsablemente cuando ya fue imposible imprimirlos con la adopción del dólar. La seguridad social solo funcionará cuando los políticos no le puedan meter la mano. Y eso solo ocurrirá cuando cada ciudadano pueda decidir donde aportar su dinero. Cuando cambiemos el monopolio público por un sistema competitivo y justo. Cuando pasemos a un sistema de capitalización individual donde cada contribuyente pueda ver su plata crecer, como lo hacen en la cuenta de su banco, en lugar de enviarla al saco roto de hoy.

¿Qué tan grave debe ser la situación para que demos el paso inevitable hacia un nuevo sistema de seguridad social? ¿Qué estamos esperando? ¿Se atreverán nuestros funcionarios, empezando por los actuales que ya están de salida, a encarar de verdad este problema o prefieren postergarlo hasta que todo le reviente a un futuro gobierno?

La dolarización es lo mejor que le ha sucedido al país a pesar de la forma drástica como ocurrió. El cambio en nuestra seguridad social podemos hacerlo bien y a tiempo, sin llegar a una crisis total.

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