jueves, febrero 28, 2008

Viveza colectiva

El New York Times acaba de publicar una noticia que muestra lo generosos que somos los ecuatorianos. Para reducir su personal, la empresa automotriz Ford está ofreciendo atractivas indemnizaciones a sus empleados que decidan retirarse. Estos paquetes, los más lucrativos en la historia de la industria según el reportaje, pueden llegar hasta los 140.000 dólares para ciertos empleados.

Mientras una empresa gigante como la Ford entrega 140.000 a un empleado, nosotros les damos a nuestros funcionarios de Petroecuador cerca de medio millón cuando dejan la empresa. Queda claro que los ecuatorianos somos la gente más generosa que hay.

Con justa razón el presidente Rafael Correa reclama y se indigna frente al abuso y privilegios exagerados de esta burocracia dorada de Petroecuador. Pero lastimosamente, como suele suceder con este gobierno, no propone las soluciones profundas que ataquen la raíz de este problema.

Cuando una empresa es de todos, es en realidad de nadie. En estas empresas públicas nadie sufre si se desperdicia la plata en privilegios colectivos. Total, si los dueños de la empresa somos todos los ecuatorianos, equivale a decir que no hay dueños. Escenario perfecto para que los expertos en chuparle legalmente la sangre al Estado hagan su agosto en cualquier mes del año.

El problema de fondo no son los contratos colectivos y los funcionarios sabidos. El problema de fondo es que existan todavía estas empresas de nadie. Y más aún, que el Gobierno favorezca al ineficiente sector público en lugar de apuntar al desarrollo del sector privado.

Tal vez, por ahora, con sus nuevas leyes y decretos, el Gobierno logre frenar estos abusos de funcionarios públicos. Pero mientras existan estas empresas públicas que no responden a nadie, tarde o temprano volverán los privilegios, los burócratas dorados y el despilfarro del dinero de nosotros, los generosos ecuatorianos que nos dejamos robar. La viveza colectiva de sectores públicos continuará mientras este siga creciendo y se lo siga financiando a pesar de su ineficiencia. Mientras exista ese gran botín en las empresas públicas, ahí estarán los grupos parásitos de siempre.

Y algo más. Si tanto le molesta al Presidente tener que botar la plata en pagar esta viveza colectiva del sector público, debería ser consecuente con su indignación y no despilfarrar nuestra plata en tantas otras cosas. Pero parece que el despilfarro no es siempre malo para este Gobierno. Así, se malgasta nuestro dinero en millonarias campañas de publicidad, en ese próximo elefante blanco de Montecristi, en nuevos juguetes militares para guerras que nunca pelearemos, en un avión presidencial para volar con todas las comodidades que exige el socialismo en este siglo XXI, en nuevos ministerios, y en más burocracia.

Tiene toda la razón el Presidente en ponerse bravo con estos burócratas privilegiados. Lástima que su Gobierno apunta a perpetuar estos privilegios en lugar de cortarlos de raíz. Mientras nuestros gobiernos insistan en apostarle a empresas públicas, en lugar de impulsar y trabajar de la mano del sector privado, los ecuatorianos estamos destinados a continuar siendo gente de una generosidad infinita con nuestros hermanos del sector público.

Y mientras tanto, algún gringo recibe feliz su chequecito al jubilarse de la gigante Ford, sin saber que le hubiera ido mucho mejor trabajando para una empresa sudamericana llamada Petroecuador.

jueves, febrero 21, 2008

Buenos tiempos para ser burócrata

¿Y ahora, qué hago? Se preguntan miles de estudiantes universitarios que se están graduando. Este Gobierno les envía un mensaje claro: no abras un negocio porque alguna traba le voy a meter. No trabajes para una empresa privada, sobre todo si es una empresa importante, porque vivirás una incertidumbre constante. Con su actitud, este Gobierno está matando el espíritu emprendedor y empresarial de la nueva fuerza laboral.

Los diarios rebosan de ataques del Gobierno al sector privado, y a todo lo que suene a mucho dinero. Trabas a la actividad minera. Amenazas a empresas telefónicas. Pedidos de caducidad de contratos. Impuestos exagerados. Y una constante descalificación a la actividad privada y al deseo natural del ser humano de progresar y ganar dinero.

Buenos tiempos para ser burócrata. No los mejores para ser empresario.
Tal vez la decisión más práctica que pueden tomar los recién graduados es palanquearse un puesto público, que hoy no falta entre todos los nuevos ministerios y entes estatales. En estas épocas nacionalistas la forma de ganar dinero no es generándolo desde el sector privado, sino extrayéndolo del Estado.

Para el Gobierno el sector privado es como un contrincante, en lugar de un socio y aliado. Ahora, en lugar de motivar mejores precios, servicios y una optimización de recursos del Estado generando una mayor competencia entre proveedores privados, el Gobierno obliga al sector público a utilizar solo los servicios de empresas públicas.

Por ejemplo, las instituciones públicas deben cambiarse a la compañía pública de celulares, a ver si así logra sobrevivir esta empresa. El Presidente también ha dispuesto que el sector público se asegure con Seguros Sucre, una aseguradora del Estado, “para que la platita quede en el sector público”. Lo mismo con la construcción, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y la Armada reciben los contratos de construcción, para “aprovechar nuestros propios recursos.”

Por lo visto, el Gobierno no ve a las empresas privadas como parte de los recursos que tiene para cumplir su misión. Siente que bota la plata al contratar una empresa privada que compite por brindar un servicio, ignorando que la plata la despilfarra en ineficientes empresas públicas que subsisten por contratos a dedo. No hay empresa pública en este país que funcione mejor que una privada. Pero en la mentalidad nacionalista de este Gobierno lo importante es mantener alejado al sector privado y a esos empresarios que solo piensan en ganar dinero.

Para este Gobierno, poner a competir a las empresas públicas con las privadas, o a las privadas entre ellas o con las extranjeras, es parte de “la larga y triste noche neoliberal”. Aparentemente, en esta alegre mañana socialista, las instituciones públicas no deben preocuparse de recibir un buen servicio, ni obtener los mejores precios, ni escoger a los proveedores más eficientes. Lo único importante es darle trabajo a toda empresa que tenga el sello estatal. La ineficiencia, la burocracia excesiva, la mala calidad son secundarias.

Por eso, flamantes graduados, olvídense de iniciar ese nuevo negocio que tenían en mente. Mejor dejen a un lado sus aspiraciones empresariales. No se compliquen. Únanse al sector público que es donde está la plata. Asegúrense ahí un buen sueldo sin estrés y gocen la vida.

jueves, febrero 14, 2008

Pelucones, vino tinto y María Teresa

¿Vieron la entrevista de Bernard a Correa? Durante más de una hora, el Presidente desahogó en una copa de vino tinto resentimientos y razones para preocuparnos por nuestro país.


El tema de los pelucones dominó la entrevista. A Correa le molesta quienes “se creen superiores al resto”. Frase que nos dice mucho sobre los complejos presidenciales. Le molesta que Samborondón tenga “autopistas con iluminación, con palmeras, parterres, todo lindísimo”. Olvida que ahí se pagan altos impuestos para construir esos parterres y atender necesidades de todo el cantón.

También le molestan las damas del voluntariado de Guayaquil: “estas damas de alta alcurnia que hacen favores a los pobres, eso nunca me ha convencido mucho”. Dudo que estén de acuerdo las miles de personas que han recibido salud, educación, trabajo y un techo gracias al voluntariado guayaquileño. A ellos no les interesa el apellido o el dinero de quien los ayuda, solo saben que ahí están donde falta el Estado.

Correa nos aclaró un poco ese desprecio. Ante la pregunta, ¿por qué Samborondón y no Cumbayá?, Correa dijo que ahí “es donde está el núcleo de la oposición a mi gobierno… Si pidieran disculpas y se quedaran calladitos después de las derrotas que han sufrido en las urnas, perfecto, pero cada vez reviven con más arrogancia”. O sea que le molesta que alguien tenga la osadía de hacerle oposición, y no inclinarse y decir ‘pegue patrón’. Según nos enseña nuestro Presidente, en democracia las minorías deben callarse y no opinar.

Pasemos a lo económico. Después de alertar a Bernard que se estaba “metiendo en terreno peligroso, recuerda que soy economista, tú eres músico”, dijo que, en Venezuela escasea la leche, “entre otras cosas, porque ha aumentado la capacidad de compra de los más pobres y aumenta la demanda”. Valiosas lecciones para nuestros estudiantes de economía: en Venezuela la escasez de leche no la ha motivado el Estado al fijar precios y meterse donde no debe, sino que los productores no han sabido responder en todo este tiempo a la alta demanda. Escuchar esto hace que no suene tan mal un músico manejando nuestra economía.

Correa repitió que si después de un año solo lo pueden acusar de peleón y confrontacional es porque algo debe estar haciendo bien. Lo que no se da cuenta el Presidente es que ese odio y personalidad conflictiva dejaron de ser un problema de forma. Ya son de fondo. Pesan más contra su gobierno y la unidad nacional que lo que imagina. Cada vez que Correa lanza una culebra por la boca, el país se resquebraja un poco más y se siembra otra semilla de conflictos sociales.

Sería bueno que Correa entendiera que todos somos parte del mismo equipo, que provocando peleas internas terminará hundiéndonos a todos y que, aunque los deteste, en los pelucones encontraría a sus mejores aliados en la tarea de invertir, generar empleo y alcanzar el progreso. Esto no es concurso de personalidad. Se trata de trabajar juntos para avanzar.

Esta entrevista fue un capítulo más de un Presidente que se niega a actuar como tal.
Por lo pronto, en lo único que seguro contará con el apoyo nacional es en su apreciación de que “María Teresa Guerrero es espectacular”.

jueves, febrero 07, 2008

Mi cédula sin sudor, por favor

Hace algunos años un amigo fue a sacar su cédula al antiguo Registro Civil en Guayaquil. Pasadas las largas colas y el mal servicio, esperaba en el patio junto a un grupo de personas que le entreguen su nuevo documento. Después de una larga espera, finalmente salió un funcionario con las nuevas cédulas. El funcionario leía el nombre en cada documento para que se acerquen a retirarlo. Sudaba por el sol y el calor. Y para limpiar su frente no vio nada mejor que utilizar una de las cédulas como herramienta recolectora y expulsora de sudor. Llevaba la cédula a su frente, la inclinaba para recoger el sudor, y con un movimiento rápido del brazo se deshacía del sudor. El funcionario terminó de distribuir todo el paquete de cédulas, pero mi amigo no había recibido la suya. Se acercó a pedirla. El funcionario se secó por última vez el sudor de la frente y leyó el nombre en la cédula-pañuelo. Era la de mi amigo.

Siempre nos reíamos con esta historia imaginando a mi amigo recogiendo su cédula mojadita de sudor. Pero pasada la risa, estas anécdotas solo reflejan nuestro subdesarrollo y el fracaso de nuestros servicios públicos. Algo que aquí en Guayaquil ha sido reemplazado con el buen servicio que ofrece la Corporación Registro Civil.

Sin embargo, siempre aparece por ahí algún centralista comprometido con la causa de tumbar a cualquier ciudad o región que se quiera desarrollar. Esta vez, la bandera del centralismo la hizo flamear el Director Nacional del Registro Civil al decir que las cédulas emitidas en Guayaquil no valen en el resto del país y pedir que se termine el convenio con la Corporación Registro Civil de Guayaquil. Argumentaba supuestas fallas en la entrega de información y que este convenio debe terminar porque no es “constructivo para la identidad nacional”.

Parece molestarle que en Guayaquil se haya roto esa “identidad nacional” presente en las interminables colas, el mal servicio, los tramitadores, la suciedad, los dedos con tinta, los archivos perdidos, el “no hay sistema”, y funcionarios secándose el sudor con nuestras cédulas. Parece molestarle que el Registro Civil en Guayaquil sea ejemplo para el resto del país.

Se ha hablado mucho de que Nebot y Correa, y sus marchas, representan dos ideologías opuestas. Pero este caso del Registro Civil es uno de los muchos donde no se trata de ideología, sino simplemente de brindar un buen servicio más allá de banderas políticas.

El Gobierno debería reconocer e imitar los buenos servicios que aquí se dan. Aunque en Carondelet hicieron bien en tomar ciertas distancias del Director Nacional del Registro Civil, el presidente Correa terminó lanzando su crítica, diciendo en su última cadena radial, que los trámites en el Registro Civil de Guayaquil son muy caros. Olvida el Presidente lo que costaban los tramitadores casi obligatorios si uno no quería perder todo el día sacando el documento. O lo que cuesta el tiempo perdido.

Todos preferimos un buen servicio. Todos queremos nuestra cédula o documentos rápido, sin colas, sin atropellos, y sin sudor, por favor. Ahí, no se trata de ideologías políticas, solo de eficiencia.

¿Será que nuestros líderes tendrán la madurez para aprender de los buenos ejemplos, más allá de intereses y banderas partidistas?

miércoles, febrero 06, 2008

Revista la U. - Febrero 2008

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jueves, enero 31, 2008

Ese líder que inspire

“Quiero un presidente que comprenda que su responsabilidad es establecer una meta y animar a los demás a conseguirla; que se exija a sí mismo, y a quienes le rodean, los más elevados criterios éticos;… y que sepa elevar nuestra moral y nos haga creer nuevamente que nuestro país necesita de la participación de todos y cada uno de nosotros”.

Esto, entre otras cosas, escribe Caroline Kennedy, hija del ex presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, en un artículo que acaba de publicar el New York Times titulado ‘Un presidente como mi padre’. En el artículo, Kennedy apoya al candidato demócrata Barak Obama a quien considera esa persona que puede inspirar a su país y el mundo.

Al mismo tiempo de la publicación de este artículo, los sentimientos antiyanquis de Hugo Chávez y sus amigos se profundizan aún más. Ahora Chávez ha propuesto crear una alianza militar entre las Fuerzas Armadas de Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y la isla de Dominica, para hacerle frente a un hipotético ataque de Estados Unidos. Con esa excusa, Chávez arma a su país hasta los dientes y contagia, en quienes todavía le creen, ese delirio de ser víctimas, explotados y perseguidos del “imperio”.

Este artículo de Kennedy habla por toda una generación de gringos que extrañan ser inspirados por sus líderes. Que quieren recuperar ese sitio en el mundo como ejemplo de democracia y libertad, en lugar de ser blanco de protestas, insultos y banderas quemadas y contribuir al surgimiento de figuras como Chávez. Que buscan, en pocas palabras, todo lo contrario a la falta de liderazgo y visión que representan Bush Jr. y su gobierno.

Lo que expresa la hija de Kennedy no concierne solo a los gringos que escogerán este año su nuevo presidente. Le interesa al mundo entero y, sobre todo, a nosotros los latinoamericanos. Estados Unidos ha sido para nuestra región un referente de cómo una democracia y un sistema presidencialista pueden funcionar. No hay sistema perfecto, pero tenemos en la estabilidad de las instituciones gringas y su respeto a la ley y la libertad individual un modelo a seguir.

Solo ese líder que consiga inspirar a Estados Unidos –y al mundo– podrá atraer nuevamente las miradas de Latinoamérica. Los jóvenes latinoamericanos, que hoy queman fotos de Bush, se interesarán, gracias a ese nuevo líder, en esa forma de gobierno que cree en la libertad y el éxito de cada individuo como motor para el progreso de toda una sociedad. Y verán con claridad el fracaso de formas de gobierno, que con la excusa de buscar una supuesta igualdad social, aplastan la libertad individual y terminan hundiendo a toda la sociedad.

Para Caroline Kennedy y muchos más ese líder es Barak Obama. “Yo nunca he tenido un presidente que me inspirara de la manera que la gente me dice que mi padre los inspiró. Pero por primera vez, creo haber encontrado al hombre que puede ser ese presidente…” concluye el artículo.

Si ese líder que inspire llega al poder, ganará la democracia en el mundo. Y sobre todo en nuestra Latinoamérica, que tanto necesita de referentes que muestren el camino para alcanzar sociedades libres, frente al embrujo de experimentos autoritarios disfrazados de incluyentes y revolucionarios.

jueves, enero 24, 2008

Cuatro días

Cuatro días. Eso duró el cambio de actitud en Rafael Correa. Eso nos duró la esperanza de que el arrepentimiento fuera sincero y el cambio posible.

En mi artículo de la semana pasada comenté la buena impresión que nos había dejado el tono conciliador del mensaje a la nación de Rafael Correa en Montecristi. Terminé el artículo preguntando si podríamos realmente creerle que esta vez sí existiría un cambio hacia un Correa que nos permita avanzar sin insultos, odios y peleas. Tenía esperanzas que así sea. ¡Qué iluso!

Solo cuatro días después, Correa nos dejó claro en Guayaquil que no piensa actuar como Presidente. Que lo de Montecristi fue puro show. Que no podemos esperar de él una actitud distinta a la que nos tiene acostumbrados. Que no estamos ante un Presidente que busca acuerdos, sino más divisiones.

Su triste y afónico discurso en Guayaquil nos aclaró, más que nunca, el panorama. La supuesta cita para celebrar se transformó desde el primer momento en otra excusa para atacar. El mensaje fue claro: este Gobierno acabará con todo el que se le cruce en su camino para consolidar su todopoderoso proyecto. Los acuerdos son cosa de tontos demócratas que no sirven a los propósitos de este proyecto socialista.

Lo irónico es que todavía nos traten de vender la imagen de que este es un gobierno abierto, incluyente y justo. La Asamblea Constituyente tendrá que trabajar muy duro haciendo el papel de Academia de Lengua para redefinir estos términos si quiere que se apliquen a esta presidencia. La fantasía de ese gobierno ideal, empaquetado en campañas publicitarias con cantos, música y sonrisas, termina al chocar contra la realidad del discurso presidencial.

“Por el diálogo todo, por la fuerza nada” había dicho Correa en Montecristi. Cuatro días después nos dice que debemos “prepararnos a seguir confrontando, es inevitable”. ¿En qué quedamos entonces? O sufre de mala memoria. O hay una faceta bromista en Correa que todavía no conocemos bien. Ya la semana pasada nos demostró su fino humor al ponerse la banda que dice “Mi poder en la Constitución”.

Correa le vendió al país un gobierno de cambio. Pero no pensó el país que era un cambio hacia una política más burda y tercermundista. Le vendió al país juventud. Pero no pensó el país que esa juventud significaría falta de criterio y experiencia. Le vendió al país corazones ardientes. Pero no pensó el país que esos corazones ardían contra la libertad de la gente.

El cambio para bien tendrá que esperar. Por lo pronto la política no ha cambiado. Ha empeorado. Este Gobierno la ha ensuciado aún más. La sucia campaña oficialista, al peor estilo de plena campaña electoral, ataca desde tarimas, radio y televisión. Esos comerciales dedicados a enlodar y atacar opositores que solo habíamos visto en época de elecciones y pagados con fondos privados de campaña, este Gobierno los ha convertido en práctica regular, pagados con la plata de todos los ecuatorianos. ¿O será que creen que siguen en elecciones?

Hoy marchará Guayaquil por convencimiento y por necesidad. Hoy tal vez entenderán que la seducción de un gobierno publicitario sí puede acabar.

jueves, enero 17, 2008

Cuestión de actitud

El presidente Rafael Correa cumplió su primer año de gobierno con un discurso que dejó una sensación optimista, más allá de que la realidad del país no sea tan bonita como él la pinta. Si Correa mantuviera siempre este tono conciliador, su relación con la oposición sería muy distinta.

Uno puede estar en desacuerdo con los planes de Correa. Uno puede no aceptar su interpretación de las cifras económicas. De hecho, cuando no hay inversión ni crecimiento, difícilmente se pueden maquillar desalentadoras realidades. Uno puede no creerle cuando dice que su gobierno no es estatista y centralista. En fin, uno puede estar en total desacuerdo ideológico con este gobierno. Pero cuando un Presidente explica civilizadamente sus planes y acciones sin atacar a contradictores, no hay motivos para ir más allá de una oposición ideológica.

El problema y lo triste para el país es que estos discursos civilizados han sido la excepción. Correa se queja que la oposición intenta dividir al país, que quieren desprestigiar su gobierno, que conspiran en su contra. Pero Correa olvida que esa oposición extrema y visceral la creó él, de palabra y obra. La creó, desde los primeros días de su gobierno, con sus insultos, ataques y resentimientos. La creó con sus acciones contra Guayaquil, como su irresponsable y populista apoyo a la provincialización de Santa Elena, o su obsesión por quitarle poder y atribuciones a un Municipio exitoso, que bien podría ser su mejor aliado en el camino al progreso.

Si no fuera por esta actitud del Presidente, la oposición sería diminuta y débil. No habría necesidad de una oposición fuerte. Nebot continuaría trabajando tranquilo, sin pensar en marchas o protestas. Cada quien se concentraría en lo suyo.

Obviamente, una actitud seria y conciliadora del Presidente no significaría el silencio de la oposición. La oposición es importante y sana en democracia. Pero la oposición radical es peligrosa. Ha sido la actitud destructiva del Presidente, la que provocó que muchos pasen de una oposición ideológica sana a esa oposición visceral extrema que hoy se siente en varios sectores.

El Presidente debe enfrentarse ahora con grupos que él mismo ha fortalecido con sus ataques constantes. Que tenga claro Correa que esas voces que gritan apasionadas en su contra son su propia creación. Y que solo él puede calmar los ánimos con un cambio de actitud.

Todavía está a tiempo. Si mantiene el tono de su informe a la nación y sus acciones apuntan solo a planes constructivos de gobierno, verá Correa cómo pierde intensidad esa oposición que hoy se fortalece. Pero si continúa atacando y apuntando sus misiles contra Guayaquil o todo el que le haga sombra sentirá a esa oposición en toda su magnitud.

Lastimosamente esta no es la primera vez que el Presidente nos da esperanzas de un cambio de actitud. Hace poco tiempo, por las fiestas de Octubre en Guayaquil, con su conciliador discurso también nos hizo creer que dejaría a un lado los ataques y la confrontación. Pero todo quedó en palabras vacías.

“Por el diálogo todo, por la fuerza nada”, dijo este martes el Presidente. ¿Podemos creerle esta vez? En el 2008 todo será cuestión de actitud.

jueves, enero 10, 2008

Leche en las maletas

Mi cuñada, que vive en Caracas, vino a Guayaquil por unos días con su familia. A su regreso no se llevó dulces ecuatorianos, ni cajas de camarones, ni productos típicos. En cambio, llenó sus maletas con algo mucho más valioso en Venezuela: leche.

En la capital del socialismo del siglo XXI, donde abundan el dinero y el petróleo, los niños no pueden tomar la leche que necesitan. En las perchas desaparece al instante. Todo porque en la cabeza del comandante Chávez, la oferta y la demanda no existen, y los precios se fijan por decreto.

Y como acá no podemos quedarnos atrás, nuestro Presidente anunció también el control del precio de la leche. Y si no baja el precio del arroz, dejó bien claro que “pondremos precios oficiales y no excluyo la posibilidad de importar arroz, incluso subsidiado”.

Estas declaraciones me han dejado confundido. Hasta lo que sabíamos nuestro Presidente es economista, graduado en Europa y Estados Unidos. Pero cuando pretende establecer precios por decreto, ignorando los más elementales principios económicos, estamos ante dos opciones. O lo estafaron sus profesores belgas y gringos enseñándole mal la economía. O se hace el que no sabe de economía para justificar estos decretos populistas. Si se tratase de lo primero, propongo que el Ecuador presente una demanda contra las universidades de Lovaina e Illinois por estafa.

Pero lo más seguro es que se trate de lo segundo. Correa sabe que el control de precios nunca ha funcionado y que esta no será la excepción. Sabe que se generará escasez. Pero igual arma todo un show haciéndose el bravo con los supuestos especuladores, para que ese pueblo que todavía le cree se sienta protegido por su Presidente.

Tarde o temprano, el control de precios acabará con los incentivos para producir, hasta que los productos escaseen, y vivamos una economía ficticia y distorsionada. Y cuando nos freguemos todos los consumidores entre desabastecimiento y más especulación, pagando el altísimo precio de no poder comprar algo que no existe, reaparecerá el discurso presidencial culpando a sus enemigos políticos, a los oligarcas y los empresarios por no querer vender sus productos a precios altivos y soberanos.

Que Chávez pretenda fijar precios por decreto se entiende. Total, como militar se acostumbró a recibir y dar órdenes. Pero que un profesor de economía recurra a medidas probadamente fracasadas y de corte populista no tiene justificación. Solo muestra un intento de echar a otros la culpa de los altos precios.

¿Quiere este Gobierno precios más bajos? Que abra los mercados. Que dé libertad y facilidades para producir e invertir en el país, en lugar de ahuyentar la inversión con esa actitud antiempresa. Tal vez en el corto plazo no pase nada, pero estaremos avanzando. Que entienda que respetar la oferta y la demanda será siempre un mecanismo más justo y eficiente para determinar los precios que imponer un control político e ideológico del Gobierno.

Hubieran visto la cara de felicidad de mi sobrino que vive en Venezuela al poder tomar aquí un vaso lleno de leche. ¿Podrá hacerlo la próxima vez que nos visite? ¿O será que ahora nos tocará a nosotros regresar con la maleta llena de leche cuando viajemos a tierras más libres y civilizadas?

jueves, enero 03, 2008

Salto en paracaídas

Nuestro Presidente cerró el año cargado de adrenalina, con un salto por el cielo azul de Salinas. Mientras Rafael Correa descendía a toda velocidad seguro pudo disfrutar la linda vista de la costa y el mar. Y pudo ver un solo territorio. Desde allá arriba no se ven líneas que nos dividan en provincias, ciudades, o barrios. El mapa no está pintado con colores políticos ni límites territoriales. El país es uno.

Pero al tocar tierra, el mundo deja de verse tan sencillo como desde arriba. Aparecen los colores y características que nos hacen seres humanos diferentes, con costumbres, ideas y sueños particulares.

Empezamos un 2008 cargado de expectativas, temores e ilusiones. Un gran reto de este Gobierno será mirar al país a distintos niveles. Saber ver el todo y a cada individuo. En ocasiones es importante ver el Ecuador más allá de grupos, territorios y acentos. Pero otras veces –la mayoría– el reto es aceptar y respetar nuestras diferencias, sin imponer la idea presidencial del estilo de vida que debemos llevar.

Por ejemplo, ante la ley este Gobierno debe vernos como ecuatorianos por igual, sin diferencias. No hay ecuatorianos especiales que estén fuera de la ley. El Gobierno puede demostrar que lo sabe y lo aplica, exigiendo que Acosta y sus asambleístas respeten la ley como el resto, impidiendo que nos impongan nuevas leyes que el estatuto de la Asamblea no reconoce hasta ser aprobadas en referéndum. Ya sé que esto suena repetido, pero, ¿permitiremos el atropello como si no pasara nada?

Por otro lado, la mayoría de ocasiones deben considerarse nuestras diferencias. La libertad de cada uno de nosotros está por encima de modelos de estado diseñados en función de un todo y no de los individuos que lo conforman. El Gobierno no puede pretender, por ejemplo, que todos encajemos en un molde nacionalista o socialista e imponernos un estilo de vida de lo que alguien, con una visión general desde las alturas, percibe como “ecuatoriano”. Eso nos llevará a cada uno de nosotros, y eventualmente a este Gobierno, a una caída sin paracaídas.

En mi camino a Salinas este fin de año me encontré con un gran afiche que da la bienvenida a la nueva provincia de Santa Elena acompañado de la frase “¡La temporada ya es de todos!”. Y a mi regreso a Guayaquil, me esperaba la cuenta de la luz, con un diseño a todo color que dice “¡La Energía ya es de todos!”. Para que esa frase “ya es de todos” signifique realmente “todos” y no “todos los que apoyan este gobierno”, el enfoque deberá estar en el respeto y el bienestar de cada individuo, y no de grupos o colectivos imaginados en Carondelet.

Somos un solo territorio ecuatoriano sin divisiones como el que vio Correa desde arriba durante su salto. Pero somos, sobre todo, 13 millones de individuos distintos, como algunos de los que vio al pisar la tierra. La visión de ese Ecuador único no puede ir nunca en contra de los derechos y la libertad de sus individuos. Si este Gobierno entiende eso tendremos un buen año. Sin temor a caer sin paracaídas.

miércoles, enero 02, 2008

Revista la U. - Enero 2008

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jueves, diciembre 27, 2007

Pavo con Correa

Esta Navidad y fin de año Rafael Correa no falta en nuestra mesa. La entrega de regalos, el pavo, los años viejos y las camaretas se mezclan con extensas discusiones sobre los errores y horrores de este Gobierno y ahora también su Asamblea.

El éxito de un gobierno se lo puede medir por lo poco que se hable de él. Mientras menos se habla de un gobierno y sus políticos, seguramente se trata de un gobierno exitoso, o al menos un gobierno que hace lo suficiente para no dar razones de queja. En cambio, los gobiernos que nos llenan de frustraciones son siempre tema de conversación.

Hagan cuentas del tiempo que le dedicaron esta Navidad a hablar de Correa y el que le dedicarán este año nuevo entre música y tragos. Como para darnos una preocupante idea de nuestra realidad política.

Este Gobierno, que al igual que la mayoría de gobiernos modernos, se maneja por lo que digan las encuestas, ha avanzado hasta ahora con vía libre hacia sus objetivos. Su altísima popularidad le daba el lujo de ignorar a sus críticos, sabiendo que contaba con el apoyo de una mayoría. Pero ahora que esas encuestas empiezan a bajar, y a mostrar flaquezas y el aumento de un descontento general, ¿cambiará de actitud este Gobierno?

El presidente Correa sabe que la Asamblea, y él como su principal promotor, cometerán un acto ilegal en el momento que la reforma tributaria sea apuradamente aprobada e impuesta en los ecuatorianos. Él sabe que la Asamblea no tiene esa facultad. Que el Estatuto que él mismo diseñó y que los ecuatorianos ratificaron exige que esa reforma y cualquier otra ley sean aprobadas en un referéndum junto a la nueva Constitución.

Correa lo sabe. Acosta lo sabe. Todos los asambleístas de Alianza PAIS lo saben. ¿Con qué cara nos hablarán de ley y justicia cuando ese abuso sea consumado? ¿Con qué cara hablarán de los males y mañas de la partidocracia si ellos están haciendo lo mismo? ¿Veremos a algún asambleísta de gobierno reclamar este abuso y negarse a ser cómplice con su voto?

La cuenta regresiva impuesta por el Presidente a la Asamblea para aprobar la reforma llega a su fin. El reloj marcará el fin de año y el primer gran abuso de esta Asamblea. ¿A qué saben el pavo y las uvas cuando uno está a punto de cometer una ilegalidad tan grande? Si nos imponen esta reforma tributaria o cualquier otra ley antes de aprobarse en referéndum, el Presidente y sus asambleístas nos podrán describir el sabor del abuso compartido; ese sabor que los políticos de siempre, a los que ahora oficialmente ellos pertenecen, conocen muy bien.

Se cierra el año de Correa. Esta Navidad faltó el pavo en muchas mesas, pero no faltó Correa. Ahí estuvo de tema principal de conversación, como suele suceder en los países donde la política es la principal fuente de frustración. Este país irá en el camino correcto cuando dejemos de hablar de nuestro presidente y políticos. Algo bueno estarán haciendo cuando no nos acompañen a la mesa.

Por ahora empieza otro año de Correa. Seguro lo tendremos en la mesa en muchas ocasiones más. Ojalá la indigestión no sea tan grave.

jueves, diciembre 20, 2007

Por el lado amable

Por ser Navidad, ¿qué tal dejar a un lado las amarguras que nos produce este Gobierno y ver el lado amable de las cosas? Ya sé que es difícil ver el lado amable de un gobierno que en este primer año ha llenado el país de confrontación, divisiones, y una visión socialista-estatista-centralista que debería estar sepultada en el cementerio de los fracasos políticos. Así que para mantener ese espíritu navideño mejor no mirar atrás y enfocarse en el 2008.


Para eso, viene bien analizar la reciente entrevista del presidente Rafael Correa con periodistas de la Asociación de Canales de Televisión. Entre las cosas que dijo, resalto cuatro temas positivos.

Primero. Correa ratificó la necesidad de elegir diputados por distritos electorales. Alianza PAIS fue el principal beneficiado del voto en plancha en estas últimas elecciones. Eso nos hacía dudar de una propuesta seria de votación por distritos. Si la Asamblea concreta esta reforma electoral, daremos un gran paso hacia un Congreso más serio, representativo y con mayor rendición de cuentas.

Segundo. Correa destacó que ya no hay dueños del país que se rían en la cara de la justicia. Y aseguró que esa situación no se repetirá. Este primer año el Gobierno ha roto la Constitución destituyendo a diputados, se ha ido en contra del estatuto de la Asamblea, ha utilizado recursos públicos para su campaña electoral; en fin, ha abusado del poder para lograr sus objetivos electorales. Que no se hagan los santos. Pero viéndolo del lado amable, este Gobierno ha desmantelado, en gran medida, esos abusivos grupos políticos que perseguían y metían a la cárcel al que les caía mal. El 2008 será un buen año si el Presidente nos demuestra con sus actos justos y apego a la ley que el poder no los convertirá a él y su gente en clones de izquierda de sus antecesores.

Tercero. Correa dijo: “no queremos poner la ideología de un gobierno en la Constitución… No queremos hacer una Constitución para cuatro años de gobierno, ojalá que estemos haciendo una Constitución para los cuatro siglos venideros”. Con que sean cuatro décadas estamos más que conformes. Es positivo que exista este deseo del Gobierno. Para ello, deben empezar por escuchar a la oposición. Solo así asegurarán una Constitución que no esté bordada a la medida de las camisas del Gobierno, sino a la medida de los derechos y libertades de todos los ecuatorianos.

Y cuarto. Correa hizo énfasis en la importancia de hacer un gobierno con políticas claras, transparente, y con proyectos rentables para atraer la inversión extranjera. Según Correa, este Gobierno cumple las tres condiciones. Dudamos que cumpla la primera, pero es importante que exista el deseo de alcanzar esas políticas claras. Y es positivo que en este primer año el Gobierno sea percibido como honesto (claro, que olvidando los pativideos y todos esos recursos públicos utilizados para campaña electoral).

Viéndolo por el lado amable, Correa nos dejó algunos mensajes positivos en su última entrevista. Queda el reto de pasar de palabras a hechos.

Esta Navidad haré el esfuerzo de creer en este Gobierno como quien cree en Papá Noel, sabiendo que más temprano que tarde la ilusión acabará. ¿Feliz Navidad?

jueves, diciembre 13, 2007

Peleas de barrio

Al candidato perfecto se le acabó su tiempo de candidatura. Ganó. Tiene todo lo que necesita para gobernar. ¿Y qué hace? Sigue en lo mismo.

En este casi primer año de gobierno la alta popularidad de Rafael Correa no se ha basado en obras, más empleo, o el progreso del país. Se ha basado en su constante campaña, promesas de cambio y confrontación. Con eso logró el apoyo masivo que buscaba.

Ahora, sin Congreso ni oposición, y con vía libre para llevar adelante sus proyectos, uno pensaría que el Presidente se dedicaría finalmente a gobernar sin necesidad de abrir frentes de batalla por donde pasa.

Pero no. Parece que eso de gobernar, administrar, concretar proyectos, como que no va con su personalidad altiva y soberana. Prefiere continuar de candidato, buscarse enemigos por todos lados, insultar, polemizar, polarizar al país.

Esto lo hemos visto claramente en dos recientes declaraciones de Correa. Por un lado amenazó irresponsablemente con renunciar si la Asamblea no lo apoyaba 100%. Por otro, atacó nuevamente el progreso de Guayaquil.

Su nada creíble amenaza de renunciar si la Asamblea no dejaba a un lado la polémica de Dayuma nos dio a probar cómo será la relación con la Asamblea: o hacen lo que yo digo o me pongo bravo. ¿Será que extraña tener un Congreso con quien pelear? Esta vez la mayoría de gobierno siguió las órdenes del gran jefe Correa, pero mañana podrían levantarse contra él, y ahí sí se armará la grande. Por lo visto, si Correa no encuentra enemigos, los crea. Ahora les tocó a sus propios asambleístas. Confrontar antes que gobernar parece ser el lema presidencial. Medir fuerzas antes que unir fuerzas es la estrategia.

Y los ataques a Guayaquil. Con tantos problemas que tiene el país, tantos asuntos por resolver, el Presidente no ve nada mejor que criticar a la ciudad que más ha progresado y que solo pide que la dejen tranquila para seguir avanzando. A Correa puede no gustarle el bigote de Nebot, disgustarle que el éxito de Guayaquil se deba a alcaldes de derecha, en fin, puede tener sus razones para no ser el fan número uno de este Municipio. Pero no puede negar el progreso de Guayaquil. ¿Y qué hace nuestro Presidente ante una ciudad que es ejemplo de desarrollo? La ataca, la intenta hundir, solo porque le molesta que el gobierno central no sea parte de este éxito, porque no aguanta no ser el favorito en su ciudad natal. El éxito de Guayaquil es una cachetada al modelo de Estado centralista y planificador predicado por este Gobierno, y eso le molesta al Presidente.

Aquí no hay corazón ardiente, ni mente lúcida, ni amor por el país ni Guayaquil. Tenemos un Presidente que busca aumentar su popularidad midiendo fuerzas y minando los logros de los demás, en lugar de demostrar logros propios. ¿Quién dijo que la vieja política había muerto? Sigue vivita y coleando, solo que ha rejuvenecido y no usa corbata.

¿Dejará a un lado la confrontación? ¿Lo veremos finalmente transformar ese apoyo popular en acciones para impulsar este país adelante en lugar de buscarse peleas de barrio? Tristemente ya conocemos las respuestas. Los guayaquileños, y con el tiempo todos los ecuatorianos, tendremos que defendernos de quien debía apoyarnos.

jueves, diciembre 06, 2007

Buscando esa voz

La aplastante mayoría gobiernista en la Asamblea Constituyente presenta una oportunidad para darle una voz a la oposición. Es verdad que el voto de la oposición se ahogará en el oleaje de votos de Alianza PAIS. No tendrá ningún efecto en el texto de la nueva Constitución o las decisiones que se tomen estos meses en Montecristi. Pero al mismo tiempo, los oídos de distintos sectores del país y los micrófonos de los medios de comunicación están abiertos y atentos a lo que la oposición tenga que decir.


La Asamblea es la oportunidad para que surja esa voz que hoy está callada. Esa voz que explique por qué este socialismo que pretende establecer el gobierno no es la solución. Esa voz que alerte a esa mayoría que levantará las manos en bloque para aprobar lo que propongan Correa y Acosta, sobre el grave retroceso que significa implantar un modelo estatista y centralista. Esa voz que muestre con argumentos sólidos cómo progresan los países en los que el Estado no se impone, no acapara, y no asume funciones del sector privado; sino que brinda el apoyo y las facilidades para que los individuos y el sector privado florezcan. Esa voz que presente las propuestas para una Constitución que nos garantice libertad y condiciones para progresar.

El voto de esa voz será insignificante. No le hará cosquillas a los votos de la mayoría. Pero se haría escuchar. Captaría la atención de todos.

El problema es que por más que buscamos esa voz frontal, coherente, preparada y carismática, no la encontramos. Dentro de la Asamblea, la oposición se pierde entre partidos que representan el pasado político que queremos dejar atrás y nuevas voces sin fuerza y presencia suficiente. Fuera de la Asamblea, Jaime Nebot, la principal voz de oposición en estos días, se limita todavía a una oposición local, sin miras a convertirse en voz nacional.

Las voces de partidos como el Prian y Sociedad Patriótica no se pueden llamar de
oposición. Son voces sin definición, que según las conveniencias suenan a derecha, a izquierda, o a puro populismo. No son constructivas. El Partido Social Cristiano tiene voces jóvenes, pero que suenan débiles todavía. Por otro lado, voces como la de León Roldós, si bien son respetadas, no despiertan mayor entusiasmo.

Quedan entonces los representantes de los movimientos nuevos. De esos, tal vez Mae Montaño sea la que mayor presencia nacional y atención general tenga para representar a la oposición seria en la Asamblea. Junto a ella, Pablo Lucio Paredes es quien con mayor coherencia y claridad podría explicar al país por qué el modelo de Correa y Acosta no apunta al progreso.

Ojalá emerja esa voz. De lo contrario, los asambleístas de la mayoría del Gobierno impondrán su discurso sin escuchar argumentos contrarios que al menos los haga pensar antes de votar en masa.

Los micrófonos están abiertos para esa voz que tome el liderazgo de la oposición. Estamos atentos. No queremos que pasen casi diez años, como en Venezuela, para que finalmente las circunstancias obliguen la aparición de una oposición con fuerza suficiente, que impida la profundización de un modelo socialista que camina para atrás.

miércoles, diciembre 05, 2007

Revista la U. - Diciembre 2007

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jueves, noviembre 29, 2007

¡Ay, Latinoamérica!

En Bolivia mueren cuatro personas y hay trescientos heridos. La mayoría oficialista aprobó arbitrariamente la Constitución que prácticamente daría plenos poderes a Evo Morales. En un año no se logró nada en la Asamblea Constituyente boliviana, pero eso no impidió que el gobierno pretenda imponer al final su Constitución. Hay disturbios en las calles, represión policial y muerte. ¡Ay, Bolivia!

En Venezuela Hugo Chávez pretende gobernar eternamente. Este domingo será el referéndum que le daría aún más atribuciones al Poder Ejecutivo, como si Chávez no tuviera ya suficientes poderes para hacer y deshacer su país. La maquinaria estatal y los petrodólares están al servicio de la campaña por el Sí. Propaganda chavista hasta en la sopa. Hay manifestaciones de estudiantes contra el abuso del gobierno. Ya murió un joven de dos disparos en una protesta. ¡Ay, Venezuela!

Y más arribita en el mapa, en Nicaragua, Daniel Ortega, el otro integrante de ese escuadrón político dispuesto a enterrar a sus países con tal de alcanzar el poder total, amenaza ahora con gobernar por decreto si la oposición del Parlamento continúa bloqueando sus proyectos de ley. Son todos tan parecidos. Ya podemos imaginar los disturbios y los gases lacrimógenos también en su país. ¡Ay, Nicaragua!

No es coincidencia que las noticias más vergonzosas de estos días vengan justamente de los países latinoamericanos con gobiernos para los que la libertad y la democracia son obstáculos en sus caminos al poder absoluto. Latinoamérica retrocede cada vez que alguno de estos políticos grita a un micrófono “revolución” mientras sueña con más poder; y una mayoría ilusa, seducida y desesperada aplaude.

Hoy nuestros presidentes Rafael Correa y Alberto Acosta asumen –desde ya con arbitrariedades al irse contra el Estatuto– el poder total en la Asamblea Constituyente. Ojalá tengan presente lo que pasa en Venezuela y Bolivia. Sobre todo en Venezuela, donde la raíz de los males está en la atribución que toma su Presidente para imponer su voluntad sobre un país entero, con la excusa de contar con el voto de una mayoría manipulada.

Aquí no viviremos el relajo boliviano. La mayoría de Alianza PAIS garantiza una Asamblea sin mayores debates ni trabas. Avanzarán con vía libre. Pero esa tranquilidad trae otro peligro más grande: crear una Constitución a su medida, o a la medida de Acosta o Correa. Si eso sucede podemos esperar, aquí también, protestas de un país que saldrá a las calles a exigir que se respete su deseo de cambios positivos, cambios para mejor, no cambios personalizados para dar más poder a unos cuantos.

Hoy es un día de optimismo para quienes confiaron sus esperanzas de cambio al proyecto presidencial. Para quienes miramos con desconfianza el uso del poder absoluto es un día de preocupación. Solo esperamos que quienes ahora tienen el poder de hacer los cambios, no olviden que sus plenos poderes nunca estarán por encima de nuestros derechos y libertades. Si no entienden eso, vendrán tiempos lacrimógenos como los que viven nuestros vecinos con gobiernos “revolucionarios”.

No queremos unirnos a esa Latinoamérica que grita desesperada por un cambio para salir del mal cambio en el que se metió. Que el grito de ¡ay, Ecuador! muera con el éxito de esta Asamblea.

jueves, noviembre 22, 2007

Conociendo a Alberto

Estos días cercanos a la Asamblea Constituyente, los medios han puesto su atención en Alberto Acosta: futuro presidente de la Asamblea, cinturón negro en kárate, o como lo llama Carlos Vera, “el hombre más poderoso del país”. Las ideas de Alberto Acosta sobre su modelo ideal de país nos pueden decir mucho sobre el camino que tomará la Asamblea y lo que podemos esperar para el Ecuador en los próximos años.

A mí me han quedado dos impresiones principales de quien llevará las riendas de los plenos poderes.

Primero: Acosta es un hombre serio, honesto, que dice lo que piensa. Esto tranquiliza. Si bien el presidente Rafael Correa será el jefe supremo de esta Asamblea, con el constante peligro de convertirla en su instrumento para saltarse todas las instituciones y leyes a favor de sus planes inmediatos de gobierno, tranquiliza que los plenos poderes estén en manos de alguien que refleja seriedad y vocación democrática.

Segundo: Acosta desconfía profundamente de todo lo que huela a sector privado. Su ideología pone al Estado como principal y único actor en la vida de los ecuatorianos. Parecería que para Acosta si el Estado no está presente, algo anda mal. Y que una acción social es válida y legítima solo si el Estado interviene en ella. Esto preocupa.

Sus recientes declaraciones en relación a la Junta de Beneficencia de Guayaquil reflejan que en lugar de querer imitar y reproducir la gran labor social de esta institución, a Acosta le incomoda que no sea el Estado el que presta los servicios de la Junta. Como si un servicio social fuese menos legítimo porque lo realiza un grupo o institución privada. La visión de Acosta supone la profundización de la estatización del país, con todo el retroceso, ineficiencia y corrupción que eso significa.

Es posible que ese mundo que sueña Acosta, con un Estado eficiente, libre de corrupción, y con burócratas pensando solo en servir y no en los términos de su contrato colectivo o en los viáticos que recibirán por el último viaje, exista en algún lugar, pero no aquí. Todas las leyes y decretos que se den en la Asamblea Constituyente no cambiarán la realidad del sector público.

Si la visión de Acosta se impone sobre el grupo de Asambleístas vamos inevitablemente hacia el Estado omnipotente, omnipresente y todopoderoso. Los avances logrados a través de colaboraciones con el sector privado, concesiones o la gran obra social de instituciones privadas sin fines de lucro peligrarían para dar paso a este dios Estado, donde se privilegia siempre el manejo público, incluso cuando este sea ineficiente. La torta pública se agrandará más. Es decir, podemos esperar más corrupción por el reparto de esta torta.

Acosta debe recordar que la nueva Constitución no transformará de repente al sector público. Los servicios públicos seguirán en su gran mayoría igual de ineficientes, pero con más funciones y más dinero que malgastar. Solo incorporando la iniciativa privada, no marginándola, se podrá servir mejor a los ecuatorianos.

Las buenas cualidades que Acosta transmite lastimosamente se opacan por una ideología que ha fracasado demasiadas veces en el mundo, y esta no será la excepción.

jueves, noviembre 15, 2007

Y sigue hablando

El ya célebre “¿Por qué no te callas?” del Rey de España dirigido al dictador –camuflado de presidente democrático– Hugo Chávez en la última Cumbre Iberoamericana, resumió en una frase lo que muchísimos latinoamericanos sentimos.

Chávez, que representa la peor tradición caudillista, dictatorial y populista de la región, se ha convertido en vocero de Latinoamérica. Y ante este protagonismo, los latinoamericanos, y en particular nuestros líderes, tranquilamente lo abrazan y lo dejan hablar a nuestro nombre.

Sin duda, los millones de petrodólares que Chávez tiene para despilfarrar le abren las puertas de las casas de gobierno latinoamericanas. El dinero compra apoyos, abrazos y silencios ante sus atropellos a las libertades y su proyecto totalitario.

Chávez habla lo que le da la gana. Esta vez se dedicó a llamar fascista al ex presidente español José María Aznar, de quien podría aprender mucho sobre democracia y libertades. Aunque la actitud del rey Juan Carlos no fue la más apropiada para este tipo de Cumbres, dio en el clavo ante un insolente Chávez y expresó lo que los líderes latinoamericanos no se atreven a decirle.

Chávez debería verse en el espejo cuando habla de fascismo, ideología política de la que presenta varias características: pone a la nación por encima del individuo, centraliza todo, concentra poder, crea constantemente enemigos internos y externos, incrementa exageradamente su poderío militar, y basa su gobierno no en leyes ni instituciones sino en su figura carismática. Y con la nueva reforma constitucional podrá ir más lejos, reeligiéndose eternamente y declarando estados de excepción sin límite de tiempo, en los que podrá detener a ciudadanos sin cargos e imponer la censura de prensa.

Y claro, esta reforma, al igual que su gobierno, se disfrazarán de democráticos con los votos de ese pueblo al que tiene seducido con bonos, dádivas y políticas paternalistas. Pero en un país donde su palabra es ley, se cierran canales de televisión y ni Alejandro Sanz puede ir a cantar por atreverse a criticarlo, hablar de democracia es una broma.

Chávez sigue hablando. Y una embobada Latinoamérica lo sigue escuchando. Chávez habla porque lo dejamos hablar. Porque nuestros presidentes y nuestras masas seducidas lo reciben con brazos abiertos y le celebran sus caducos cantos contra el progreso.

¿Seguirá Latinoamérica permitiendo que Chávez hable a nombre de la región? ¿O ignorarán finalmente nuestros gobernantes su demagogia? Nuestro Presidente, a pesar de su pública identificación con el gobierno de Chávez, hizo bien en distanciarse de él en esta Cumbre y expresar su desacuerdo con la reelección indefinida. Ojalá no se quede ahí y se aleje completamente de las destructivas y dictatoriales políticas y estrategias de este personaje.

Chávez dejó de ser una broma. ¿Seguirá Latinoamérica celebrándolo? ¿Continuaremos alabándole, como a Fidel, sus insultos y delirios, mientras hunde a su país en la pobreza y acaba con sus libertades?

Chávez no se calla porque muchos ilusos todavía lo quieren escuchar. Solo los venezolanos podrán callarlo de verdad en las urnas. Mientras tanto, el resto de latinoamericanos podemos empezar por ignorarlo. De lo contrario, como su maestro Fidel, seguirá hablando por muchos años. Y por favor, no queremos que nuestros hijos tengan que aguantarlo.

jueves, noviembre 08, 2007

Nuestra lucha

Que este Gobierno busca desprestigiar y acabar lo bueno que se ha hecho en Guayaquil está clarísimo. Al Presidente no le importa ir contra su propia gente atacando una gestión municipal ejemplar que ha mejorado la vida de los guayaquileños. El fin es causar la polémica que se transforma en votos. La actitud civilizada del Presidente el pasado 9 de octubre, por lo visto, fue pura pantalla.

El enemigo de Guayaquil no ha cambiado. Es el mismo de siempre. Se llama centralismo. Solo ha cambiado su disfraz. Hoy viste verde, es socialista, se hace llamar altivo y soberano, y lo más triste de todo, es guayaquileño. El enemigo sigue siendo ese político centralista de ayer y hoy, que pretende controlarlo todo y ataca toda gestión local exitosa que signifique menos plata y poder para su cargo.

La existencia de un enemigo común suele unir a la gente. El centralismo ha unido a los guayaquileños en su lucha por la autonomía. Pero hoy, que la amenaza es mayor, en lugar de unirnos peleamos entre nosotros o en luchas equivocadas.

La lucha no es contra la Junta Cívica. Más allá de diferencia de criterios, los guayaquileños debemos apoyar su misión cívica, uniendo fuerzas. La lucha aquí es contra los centralistas que atacan la labor de esta Junta Cívica y de otras instituciones locales buscando su desprestigio.

La lucha no es contra los habitantes de la provincia de Santa Elena. Más allá de la rabia que nos cause la división, la provincialización no convierte a los peninsulares en nuestros enemigos. La gran mayoría de ellos son hombres y mujeres honestos que solo quieren trabajar y nada tienen que ver con estos actos políticos. La lucha aquí es contra el apoyo irresponsable del Gobierno a la provincialización por fines políticos, incluso estando en contra de ella.

La lucha no es contra quienes quemaron la bandera de Guayaquil. Más allá del rechazo que este acto nos causó, como bien lo escribió hace poco Carlos Jijón, “los hombres que amamos la libertad, y que pretendemos defenderla, no podemos caer en la incoherencia de perseguir la prisión de alguien, o de un grupo social, que finalmente solo ha expresado públicamente lo que piensa”. La lucha aquí es contra el comportamiento confrontacional y antiguayaquileño del Gobierno, que incitó estos actos de los peninsulares.

La lucha ni siquiera es contra el Gobierno o su Presidente. Más allá de que ha hecho los méritos para tener nuestro rechazo, como ciudad democrática debemos respetar su mandato y apoyar sus buenas acciones. La lucha frontal aquí es contra los planes centralistas del Gobierno y del Presidente y cualquier ataque a Guayaquil que atente contra nuestra libertad y progreso.

La lucha de Guayaquil sigue siendo contra el mismo enemigo: el centralismo. El objetivo sigue siendo el mismo: buscar el progreso de Guayaquil a través de su autonomía y evitar que modelos centralistas, y peor aún planes socialistas fracasados, nos hundan.

Entonces, dejémonos de peleas entre nosotros y contra enemigos creados. Si queremos tener la fuerza para enfrentar lo que se viene, lo primero es estar juntos. Y luchar juntos por un Guayaquil con libertad para trabajar, progresar y liderar su propio destino.

miércoles, noviembre 07, 2007

Revista la U. - Noviembre 2007

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jueves, noviembre 01, 2007

El bobo nacionalismo

Anoche, las brujas, los fantasmas y las calabazas nos pasaron de largo. Por exigencia del Ministro de Educación los niños no pudieron celebrar Halloween en sus escuelas.

En un comunicado, de esos que deben colgarse en la galería de nuestros absurdos nacionalismos, el ministro Vallejo indicó que “es importante que en el sistema educativo, se evite la organización del festejo de Halloween, costumbre de origen celta extraña a nuestra tradición cultural…”. En su lugar, el Ministerio solicitó que se realicen actos cívicos para conmemorar el Día del Escudo Nacional.

En otras palabras, olvídense niños de estimular su imaginación y creatividad disfrazándose y decorando sus escuelas con brujas y calabazas. Mejor prepárense para marchar bajo el sol del mediodía como soldados, cantar el himno y aguantarse un discurso de su director.

Parece algo secundario, pero son estas actitudes las que sientan las bases de una sociedad que camina para atrás, aislada del mundo. Al decirles a los niños que no celebren Halloween por no ser ecuatoriano, le están creando un rechazo a lo extranjero. Les meten la idea de que solo lo nuestro es bueno y lo de afuera es malo. Y que debemos defender al país de influencias extranjeras (salvo, claro está, si lo extranjero usa boina roja o fuma un habano).

¿Acaso hay algo 100% ecuatoriano, que no haya tomado algo de otras culturas y tradiciones? ¿Acaso la “cultura ecuatoriana” se formó aislada del mundo? Las manifestaciones culturales del mundo son una mezcla de tradiciones que olvidan su origen.

El bobo nacionalismo está de moda en nuestro país. Nuestro Presidente lleva la bandera. Este Gobierno que ha calificado de “bobo aperturismo” la integración de mercados, camina en dirección contraria cerrándonos al mundo.

Y lo más triste es que la gente compra el discurso nacionalista. Ayer, en un programa de la mañana, una presentadora dijo que, siguiendo el llamado del Gobierno a no celebrar Halloween, decidieron no disfrazarse ni decorar el set, para así “hacer patria”. El desayuno se me revolvió en el estómago al escuchar tal ridiculez. ¡No celebrar Halloween se convierte ahora en hacer patria! Les aseguro que más patria hacemos moviendo el comercio local al comprar máscaras y disfraces de brujas.

El bobo nacionalismo pretende imponernos una solo cultura, una sola tradición, una sola mentalidad. Ignora la riqueza cultural y artística de este planeta, que como ciudadanos libres del mundo tenemos todo el derecho a celebrar o incluso elegir sobre nuestras tradiciones locales. Impone la mentalidad aldeana como estandarte patriotero. Muy bien que prefiramos y celebremos lo local. Pero la opción por lo local debe nacer en cada individuo, no imponerse o “recomendarse” desde arriba.

Espero que cuando mi hija vaya a la escuela le incentiven la aventura del conocimiento, mostrándole que el mundo no termina en nuestro país, que hay cosas buenas en todos lados, incluso brujas y calabazas venidas del norte. Que aprenda de lo local y lo extranjero. No de lo local contra lo extranjero. Que entienda que somos parte de un mundo diverso e interesante, del que podemos escoger la música, tradiciones, cultura que más nos guste.

Empieza la era del bobo nacionalismo y del bobo proteccionismo. ¿Cuánto tiempo durarán? Ojalá alguna bruja nos libre del hechizo.