jueves, noviembre 13, 2008

Conversaciones entre vecinos

Este martes, EL UNIVERSO organizó una cena entre los columnistas del Diario. Los temas políticos dominaron la conversación entre mis vecinos de página, como no podía ser de otra manera. Y en el tema electoral, en particular, salieron algunas observaciones interesantes.

Para empezar, será imposible tener elecciones en febrero. Hay un largo camino por recorrer. Se deben definir las nuevas reglas de juego, registrar todos los partidos y movimientos políticos e inscribir todos los candidatos. Luego viene el tiempo de campaña electoral. Además, se debe buscar un mecanismo para que voten los militares y empadronar a esos miles de jóvenes de 16 a 18 años que podrán sufragar. Y si a esto añadimos el complicado trabajo de organizar la elección para todas las dignidades, desde concejales hasta presidente, la cosa se pone color de hormiga. Mayo suena más real para votar.

Eso es una mala noticia para este Gobierno. Con el precio del petróleo bajando y una crisis mundial golpeando la billetera nacional. Con una Constitución que exige más derechos y gastos que el Estado no podrá pagar, y por los cuales distintos grupos protestarán. Con más fusibles en el Gobierno que se irán quemando con cada nalgada pública que les pega el Presidente. Con un partido de Gobierno que se irá resquebrajando entre choques de ideologías y forcejeos por candidaturas y puestos. Y con grupos políticos hoy afines a Carondelet que se van desencantando y separando, el panorama electoral no se ve tan alegre para el Gobierno como las últimas elecciones o como los comerciales sonrientes del Vicepresidente.

Con cada mes que pase hasta el momento de votar, la luna de miel con Carondelet se irá enfriando. Y como para complicarle más la vida al Gobierno, por ahí salió el chisme de la posible candidatura de un conocido personaje de la tele que tendría buena acogida.

Y hablando de posibles candidatos presidenciales, algún vecino se preguntó si existe hoy en el país ese líder que realmente nos pueda conducir por un buen camino. Otro vecino argumentó que el fin en estas elecciones no es necesariamente buscar a ese único líder. Que no debemos poner toda la confianza en una persona. Se trata de fortalecer las instituciones de este país. Esas débiles instituciones que Rafael Correa se ha encargado de debilitar aun más. Hoy en día la única institución de este Gobierno es Correa. Sin él no hay Gobierno, ni partido, ni nada.

Entonces, en estas próximas elecciones debemos apuntar a que varios buenos candidatos lleguen a la Asamblea Nacional para hacerle contrapeso a este Gobierno y obligarlo a ser democrático. Que los nuevos asambleístas sean un freno al autoritarismo y personalismo de Carondelet y generen el necesario balance de poder. Vencer a este Presidente será muy difícil, incluso con candidatos que sorprendan en las encuestas. Se puede, al menos, limitar sus excesos.

No fueron muy optimistas los panoramas políticos y económicos que salieron de esta conversación de vecinos, más allá de potenciales emociones electorales. Pero al menos es bueno saber que todavía podemos reunirnos a hablar libremente y escribir en esta página lo que queramos. Y soñar con un país con mejores temas para conversar y escribir, que no sean la democracia pisoteada, la pérdida de libertad de quien no se inclina ante la majestad presidencial, o las ironías e insultos presidenciales del sábado.

jueves, noviembre 06, 2008

Latinoamérica con Barack

George Bush demostró a su país y al mundo lo que pasa cuando un pueblo se equivoca al votar. Todos sabían que no era precisamente el candidato más brillante para manejar el destino de la primera potencia del mundo. Sin embargo, el país votó y volvió a votar por él. Y el mundo entero sufrió las consecuencias de una mala elección.

La izquierda latinoamericana, y sobre todo su rama retrógrada encabezada por Hugo Chávez, ha sido la más beneficiada del mal gobierno de Bush. Bush se convirtió en ese enemigo común que siempre viene bien para echarle la culpa de todos nuestros males. Sus ocho años en el poder desprestigiaron a su país y los valores que representa. Nuestros políticos supieron aprovecharlo.

Por eso la elección de Barack Obama es la mejor noticia para Latinoamérica este año. Sus posturas proteccionistas no nos beneficiarán. Pero eso será secundario frente a la nueva imagen que le dará a su país. Y mientras Estados Unidos tenga el respeto del mundo, los políticos populistas que se alimentan de gastados eslóganes antiyanquis y anticapitalistas tendrán menos apoyo y menos oportunidades de ganar.

Irónicamente, la “izquierda” en Estados Unidos –si se puede llamar izquierda en nuestros términos a Barack Obama y los demócratas– debilita a la izquierda latinoamericana, sobre todo a los “socialistas del siglo XXI”. No será tan fácil para Hugo Chávez y compañía ganarse aplausos insultando a Obama. No tendrán el mismo efecto que los insultos contra Bush.

Es fácil criticar al poderoso. A nuestros políticos que siguen vendiendo socialismos enterrados les encanta hablar de todo lo que anda mal en el mundo por culpa del capitalismo, la ambición y tanto cuento más. La actual crisis financiera mundial les ha dado más fuerza a sus críticas. No ven que son las sociedades capitalistas, desde Estados Unidos a Suecia, las que realmente han prosperado. Convencen a las masas desencantadas con la idea de gobiernos Robin Hood que lo resolverán todo quitándoles a unos para darles a otros.

George Bush se las puso demasiado fácil a estos políticos latinoamericanos y del mundo. Les hizo muy fácil criticar a Estados Unidos, al capitalismo y a las sociedades libres, donde es posible prosperar gracias a sus gobiernos y no a pesar de ellos. Esas sociedades donde han emigrado tantos ecuatorianos en busca de una vida mejor.

La nueva y renovada imagen internacional que ganará Estados Unidos de la mano de Barack Obama será un arma más poderosa para contagiar los valores liberales en el mundo que todas esas muertes, bombas y guerras dizque para promover la democracia con las que Bush se ganó el rechazo del planeta entero.

Se siente algo diferente en el ambiente con el triunfo de Barack Obama. Un optimismo que se contagia más allá de fronteras, nacionalidades e ideologías. Una sensación de que el mundo puede ir en una mejor dirección. Esperemos que la realidad sea tan buena como las expectativas creadas. Más allá de las políticas específicas del presidente Barack Obama hacia Latinoamérica, su sola presencia, impacto y nueva imagen que le da a su país y lo que representa, ya beneficia a nuestra región.

miércoles, noviembre 05, 2008

Revista la U. - Noviembre 2008

Ya está circulando la U. de noviembre en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

lunes, noviembre 03, 2008

En guayabera por la Amazonas

Un amigo quiteño me contó que el domingo del referéndum fue a votar en guayabera. Como para que todos sepan que también en Quito hay quienes votan por el No, rechazan el gobierno de Rafael Correa y apoyan las posturas de Jaime Nebot.

Mi amigo pertenece a esa minoría de ecuatorianos que nos opusimos a la nueva Constitución. A nivel nacional llegamos solo al 28.10%. El Sí dio una paliza por donde se lo mire. El país está con Rafael Correa y seguramente lo estará nuevamente en febrero cuando lo reelijan como presidente para que inicie su primer período presidencial bajo esta nueva Constitución hecha a su medida.

Es irónico y al mismo tiempo obvio que Rafael Correa haya ganado su referéndum en todo el país menos en su ciudad Guayaquil (y en Napo). Digo irónico porque uno esperaría al menos ganar en la tierra donde uno nació y viven tu familia y amigos. Pero es también obvio porque parecería que Rafael Correa solo tiene de costeño su partida de nacimiento y su acento. Se lo ve más cómodo en Quito, donde una mayoría comparte su ideología. Está más en su salsa entre burócratas, académicos y consultores de ONGs que habitan sobre todo las calles de Quito, que entre empresarios y gente del sector privado que se concentran en Guayaquil.

Y esta marcada diferencia ideológica que se da entre la gente de Quito y Guayaquil ha marcado y marcará los destinos políticos de este país. Basta ver los números del último referéndum para encontrar las claras diferencias: en Quito el Sí obtiene casi el 68% mientras en Guayaquil se acerca al 46%. En Quito el No supera apenas el 25%, mientras en Guayaquil está prácticamente en el 47%, casi el doble que en Quito.

¿Cómo se puede gobernar un país donde se piensa tan distinto en las dos principales ciudades? La respuesta está en una palabra que este gobierno tiene mucho problema en entender: libertad. Libertad para trabajar. Libertad para invertir. Libertad para seguir el estilo de vida que uno quiera seguir. Libertad para tomar decisiones propias. Libertad para tomar un camino propio.

Y esa libertad, a nivel de ciudades y regiones, se da con un sistema de gobierno descentralizado y con autonomías. Un sistema donde cada ciudad o región pueda seguir su propio modelo de desarrollo, sin interferencia ni trabas del poder central. Este gobierno dice respetar las autonomías, pero cree en un modelo estatista con una fuerte planificación central. El estado mete sus narices en todos lados e impone su modelo e ideología, sin respetar la libertad de cada región, ciudad o individuo de seguir su propio camino.

A este país no le irá mejor porque en Guayaquil y Quito se vote igual. No seremos necesariamente más unidos, más fuertes o más desarrollados porque en estas dos ciudades apoyemos a un mismo candidato o una misma ideología. Nuestra unidad y capacidad de desarrollo se basará en la libertad que tengamos para seguir nuestros propios caminos y modelos, apoyándonos y complementándonos siempre que sea posible, pero no interfiriendo en los asuntos del otro, o tomando recursos del otro.

El poncho podrá ser bastante incompatible con la 9 de Octubre y la guayabera con la Amazonas, pero eso no implica desunión. Lastimosamente, esta nueva Constitución que Quito mayoritariamente aprobó y Guayaquil en gran medida rechazó, sí contribuirá a que esas diferencias se conviertan en problemas al implementarse un sistema más centralista que nos hará pelear por los mismos recursos, en lugar de cada uno generar y administrar los propios.

Mi amigo se siente bien caminado en guayabera por la Amazonas. Siempre habrá excepciones que muestran que sí podemos pensar igual en Quito y Guayaquil. Pero no se trata de pensar igual. No se trata de votar igual. Ahí no está el reto ni la meta para ambas ciudades. Está en avanzar, crecer y desarrollarse con su identidad propia y sus diferencias, dentro de un mismo país unido. Eso se da con la libertad que brinda un sistema de autonomías. Eso difícilmente se dará con este gobierno que venera el control y planificación del Estado central por encima de la libertad individual.



* Publicado en revista Clubes de noviembre.

jueves, octubre 30, 2008

Y ella llora…

Nos llamó llorando desde el hospital. Su esposo luchaba por su vida. Un ladrón lo había apuñalado después de asaltarlos en un bus. Solo días antes estaba tan contenta mientras cocinaba el almuerzo. Había conseguido un préstamo para una casa. No había sido fácil con sus ingresos de trabajo doméstico. Ahora su esposo agoniza y un criminal camina libre con su dinero.

Mientras ella nos cuenta su tragedia, el noticiario pasa un discurso de Rafael Correa. “¡Angostura, nunca más!”, dice el Presidente exaltado. Anuncia que el país se está armando y equipando para evitar una nueva “agresión” del gobierno colombiano. Dice que “con profundo dolor nos veremos obligados a restringir la entrada y permanencia de ciudadanos colombianos en nuestro país”. Ya estamos acostumbrados: anticuados gritos nacionalistas, enemigos extranjeros imaginarios, amenazas de guerra con un país hermano. El agresor huye tranquilo del bus con un fajo de billetes y su cuchillo ensangrentado, mientras el Presidente habla de soberanía territorial.

¿No ven acaso que el enemigo no está en el país vecino sino en la violencia interna? Bastante tiempo les tomó aceptar que la violencia no era invento de los medios de comunicación o de la oposición. Es real y asusta.

Hace poco conocí la central de emergencias y monitoreo de la Corporación para la Seguridad Ciudadana de Guayaquil. Impresionante. La última tecnología al servicio de la seguridad. Todo está diseñado para que cualquier llamada de emergencia sea dirigida y atendida de forma inmediata. Están listos los equipos. El personal está capacitado. Pero falta algo. La Policía que siempre fue pieza integral de este proyecto ahora decidió no colaborar. Es que la Policía de un Gobierno socialista no trabaja con un Municipio capitalista. Las víctimas de asaltos y violencia que tomen su tique y esperen su turno.

El ladrón no mira los stickers en tu carro a la hora de robarte. Le da igual el color, o que diga vota Sí o No. El asesino no pregunta por quién votamos antes de dispararnos. Tratan a todos por igual. Pero el Gobierno sí basa irresponsablemente su decisión de colaborar y trabajar por la seguridad en banderas políticas y pugnas personales. Esta central de emergencias de la Corporación para la Seguridad Ciudadana no acabará con la delincuencia, pero sí haría una gran diferencia si trabajara con todas las instituciones unidas. Si solo la Policía dejara su absurda postura de no colaborar, se contarían menos historias de horror y lágrimas todos los días.

Aquí los intereses políticos están por encima de los intereses de los ciudadanos. Enfrentamos a enemigos extranjeros ficticios, antes que a enemigos locales reales.

Pero no se preocupen, mediante decreto ejecutivo número 1407 emitido por el Gobierno se ha oficializado al último viernes del mes de octubre como el “Día Nacional de la Alegría y la Solidaridad”. Sonriamos entonces. Aquí no pasa nada. La crisis mundial apenas nos afectará. Nuestra Policía es tan eficiente que no necesita la ayuda Municipal. Esos colombianos que invaden nuestra soberanía serán expulsados y todo quedará solucionado.

Y mientras tanto, ella llora junto a su esposo que se le va. Y no hay bono, ni “Patria ya es de todos”, ni gritos nacionalistas, ni sonrisitas que la puedan consolar.

jueves, octubre 23, 2008

Minorías


Si los e-mails con comentarios y análisis políticos y económicos que recibimos día a día fueran un indicativo del clima político del país, andaríamos por otros rumbos. La popularidad de Rafael Correa estuviera por los suelos. El No hubiera barrido en el referéndum. El Socialismo del Siglo XXI, Hugo Chávez y todos esos referentes políticos no tuvieran cabida en el país.

Esa minoría de ecuatorianos que podemos estar conectados a una computadora e internet tenemos el privilegio de acceder a la información que la gran mayoría no recibe. Incluso, si estás leyendo este artículo perteneces a una minoría con acceso al periódico, y con capacidad de leer y entender más allá de los titulares. La mayoría del país no lee periódicos y tiene un nivel básico de comprensión de lectura.

La información es la herramienta más poderosa para tomar las decisiones correctas. Vivimos en un país donde la gran mayoría no tiene acceso a la información. ¿Podemos esperar decisiones acertadas?

Luego del referéndum, Rafael Correa decía con orgullo que en Guayaquil mientras más pobre la parroquia, más se votaba por el Sí. Para Correa, esta votación significa que los más pobres se sienten identificados con su Gobierno y sienten que sus vidas están mejor o mejorarán con la nueva Constitución (aunque casi nadie conozca realmente su contenido). Pero visto desde otra perspectiva, esa votación significa que a menor acceso a una educación e información, más votos para este Gobierno. Gran parte de esa mayoría que votó por el Sí obtiene su “información” de lo que ve en televisión, es decir, de las infinitas cadenas y publicidad del Gobierno.

En Carondelet podrán decir que los que votan en su contra no son los mejor informados, sino los pelucones que están perdiendo sus privilegios. Pero en ese 28,10% que votó por el No, no se puede hablar solo de ricos y privilegiados. Más bien, se podría hablar de una minoría mejor informada y preparada que entiende los peligros de esta “patria altiva y soberana” que nos venden.

No debe sorprender que no se haya considerado el voto voluntario en la nueva Constitución. No le conviene al Gobierno. Si se replica lo que sucede en otros países, con un voto no obligatorio votarían en mayor proporción las personas con un nivel más alto de preparación. Eso sería una mala noticia para este Gobierno, cuya fortaleza está en la mayoría más vulnerable y desinformada, a la que podrán unirse ahora los adolescentes de 16 a 18 años.

El gran reto para el país está en alcanzar una población con más educación y acceso a la información. Suena a eslogan gastado, pero es realmente el único camino para vivir mejor. De la mano con la educación, está el acceso a la tecnología, para que informarse en internet o escribirse por e-mail deje de ser un privilegio de las minorías de hoy.

Para el Gobierno, el reto es más complicado si quiere sinceramente mejorar el nivel de educación de los ecuatorianos: significa lograr que la mayoría de ecuatorianos reciba una mejor educación, con acceso a todos los recursos y herramientas de información, y al mismo tiempo mantener el apoyo de esa mayoría, ahora más educada e informada, y por lo tanto menos vulnerable frente a discursos populistas. ¿Posible?

lunes, octubre 20, 2008

Roma tendrá que esperar

Sucede en más de una de esas cursis películas. El protagonista sorprende a su guapa novia. La lleva sin avisar al aeropuerto de Nueva York, toman un avión a una ciudad romántica, por ejemplo Roma, y en pocas horas se están besando frente a la Fontana de Trevi.

Ante escenas como esas, por acá nos toca decir “solo en las películas”. No es que nos falten ecuatorianos románticos y espontáneos con suficiente imaginación –y billete— para impresionar a su novia con un viaje sorpresa. Lo que nos falta es el pasaporte adecuado.

En la versión ecuatoriana de esta película, el protagonista hubiera tenido que pedirle primero todos los papeles a su novia, pagar la aplicación para la visa, ir juntos a la cita en el consulado, demostrar que el viaje es por puro placer y romanticismo y que no piensan quedarse a trabajar, rogar que el funcionario esté de buen humor y los apruebe, y ahora sí, finalmente, ir al aeropuerto y subirse en el próximo vuelo a Roma.

Nuestro pasaporte color concho de vino con fotos de nevados y piqueros nos hace ciudadanos de tercera. Eso de que diga “Comunidad Andina” no sirve ni de consuelo. El mundo ve nuestro documento con sospecha. “Este tipo seguro se nos quiere quedar a trabajar” es lo primero que piensa el funcionario de migración.

Más que los ceros en la cuenta bancaria o todas las tarjetas platinum de crédito, la verdadera llave que abre las puertas al mundo es un pasaporte gringo a europeo. Por eso Latinoamérica busca en su variado árbol genealógico algún bisabuelo o pariente lejano que le sirva de eslabón para demostrar que todavía le llega sangre europea. Por eso, de repente nos encontramos con que ese amigo bien ecuatoriano que teníamos, es ahora francés, italiano o español. Logró rescatar de su historia el antepasado preciso para poder tramitarse un pedazo de Europa. Y ahora se pasea libremente por el mundo, donde los oficiales de migración lo reciben con una sonrisa. ¡Desgraciado! Y yo aquí haciendo colas en consulados, aguantándome a funcionarios que preferirían estar en otro lugar, convenciéndolos que solo me quedaré unos días de vacaciones y nada más.

Tanto se han cotizado los pasaportes del primer mundo, que hoy en día el principal símbolo de riqueza y estatus Latinoamericano es no tener hijos Latinoamericanos. Los nuevos herederos latinos nacen en Miami. Sus mamás viajan justo antes de que las autoridades de migración les noten la barriga. Y a los pocos meses vienen al mundo los flamantes gringuitos latinos con su pasaporte azul bajo el brazo.

A esos niños les espera toda una vida libre de consulados, esos horribles lugares que siempre me han producido una sensación extraña. En sus salas de espera se mezclan demasiadas emociones: la tristeza del rechazado, la alegría del aprobado, la prepotencia del que interroga, la incertidumbre del siguiente en la cola, los nervios del primerizo, la impaciencia por una respuesta. El tiempo pasa lento y espeso. La esperanza cuelga de un hilo delgado.

¿Llegaremos algún día a ser verdaderos ciudadanos del mundo con un pasaporte que abra puertas en lugar de construirnos muros? ¿Será posible treparnos sin pensarlo en un avión y aterrizar, por ejemplo en Roma, sin que el oficial de migración al ver nuestro pasaporte sospeche algo malo? ¿Llegará el día en que esto de ser ecuatoriano no salga tan caro?

En el final de la película Sabrina, el personaje de Harrison Ford toma el próximo avión de Nueva York a Paris y la sorprende a ella afuera de su apartamento parisino, para terminar los dos, como tiene que ser, en un eterno beso francés. Si el personaje de Harrison Ford hubiera tenido pasaporte ecuatoriano, nunca hubiera llegado a tiempo a Paris para reconquistarla. Sabrina hubiese acabado con algún francés, mientras Harrison seguiría explicando al oficial del consulado que su viaje es por placer y no tiene intensiones de quedarse a trabajar.



* Publicado en revista SOHO de Octubre

jueves, octubre 16, 2008

Con amigos como estos

Leo dos noticias publicadas el mismo día que muestran por donde van las amistades ecuatorianas.

Por un lado, los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa acuerdan la construcción de un gasoducto, y suscribirán varios convenios de cooperación: una escuela agroecológica, una fábrica de focos ahorradores y un tren eléctrico trasandino. Esto se suma a múltiples proyectos, alianzas y acuerdos previos. Venezuela es el pana del alma de nuestro Gobierno.

Por otro lado, existe la amenaza de que Brasil suspenda relaciones comerciales con Ecuador. El canciller brasileño, Celso Amorim, dijo que el comercio entre Brasil y Ecuador depende de que nuestro país pague el préstamo que contrajo para financiar la construcción de la hidroeléctrica de San Francisco, luego de que Rafael Correa ha expulsado a la constructora Odebrecht y amenaza con no pagar el préstamo.

Por alguna razón a este Gobierno le gusta andar con los relajosos del grupo. Con los presidentes que más escándalo hacen y más burlas provocan en la comunidad mundial. ¿Por qué hemos escogido estos amigos inestables y gritones, antes que el resto de gobiernos serios de la región que trabajan y avanzan en silencio?

Bienvenida la ayuda y cooperación que Venezuela ofrezca al Ecuador. Bienvenidos los beneficios que obtengamos de una cercanía con ese país y la inversión de sus petrodólares. El problema es que esa cercanía con Venezuela parece estar condicionada a nuestro distanciamiento con el resto de gobiernos.

Ayer nos peleamos infantilmente con Colombia. Ahora le toca a Brasil. Más allá de la forma como haya actuado la constructora Odebrecht, lo importante es que nuestro Gobierno respete la ley y no se deje llevar por emociones. De lo contrario, solo perdemos los ecuatorianos. Al desprestigiarse aun más nuestra imagen internacional. Al ahuyentarse la inversión. Al dañarse nuestras relaciones con el país más importante de la región. Como dijo el Ministro de Energía de Brasil, la decisión del presidente Correa de expulsar a la constructora Odebrecht es “una bravuconada que no lleva a nada y no fortalece las relaciones diplomáticas”.

Este Gobierno que critica a los políticos que eran muy cercanos con Estados Unidos y a los empresarios que centraron todas sus esperanzas en un tratado con ese país, ahora parece hacer lo mismo con Venezuela. Con el agravante de que Venezuela no es nuestro mayor socio comercial, su gobierno no es respetado a nivel mundial ni dentro de casa, y que esta cercanía con Venezuela se va convirtiendo en amistad exclusiva y excluyente.

Al final, todas estas peleas con empresas y socios comerciales nos pasan factura a los ecuatorianos. Con el caso Odebrecht, nos tocará pagar en un futuro no muy lejano. La empresa brasilera seguramente recurrirá a los contratos, demandará, ganará y finalmente los ecuatorianos tendremos que indemnizarla por las pérdidas y daños causados. Y cuando eso ocurra, Rafael Correa ya estará disfrutando de su jubilación presidencial.

No sé ustedes, pero se me hace que si el problema hubiese sido con una constructora Venezolana afín al gobierno de Chávez, Correa no la hubiese expulsado y habría llegado a un acuerdo inmediato. No podemos basar el futuro del país en bravuconadas y exageradas amistades pasajeras. Menos aún con la clase de amigos que este Gobierno maneja.

jueves, octubre 09, 2008

Lágrimas de aeropuerto

Estoy en el aeropuerto de Guayaquil. Voy a tomar un avión a Madrid. Y la escena es muy triste.

El aeropuerto está lleno, pero no de viajeros. Han venido familias enteras a despedirse. Rostros humildes. Ropas gastadas. Lágrimas de un niño que abraza a su papá, quien le habla con un acento salpicado de zetas y le promete que pronto volverá. La escena se repite por todos lados. Familias unidas por pocos días para volver a esa dolorosa separación que significa la migración.

Veo a esa señora con los ojos rojos de tanto llorar despedirse de su hijo. Tomándose una foto en la que nadie sonríe. Y me pregunto cómo habrá votado en el último referéndum.

¿Habrá votado Sí como un rechazo a gobiernos anteriores, banqueros, partidocracia, empresarios y todos aquellos identificados como culpables de la migración de su hijo? ¿O habrá votado No, al escuchar a su hijo hablar del progreso y oportunidades en España, y entender que ese desarrollo no se da con modelos socialistas anticuados, sino con el empuje que solo dan políticas que promueven el emprendimiento y la libre empresa?

Me contesté la pregunta de inmediato. Seguro voto Sí. Es más fácil descargar su rabia y dolor contra los culpables, antes que pensar en una solución al problema.

Durante la campaña del referéndum, circularon unos afiches por el No que ofrecían una recompensa a quien conozca a alguien que haya emigrado a Venezuela, Cuba o Bolivia. Yo no conozco a nadie. Y sin embargo hemos escogido con nuestro voto parecernos a esos países y no a la España donde emigran nuestros parientes, amigos, vecinos.

Ya estoy en Madrid. Voy en el metro donde escucho a una chica española contarle a su amigo sobre Guayaquil y las espectaculares playas en Salinas, donde iba con sus amigas del “cole”. Me doy la vuelta y descubro que esa voz española sale de un rostro ecuatoriano. Sus gestos, su forma de vestir, y sobre todo su acento, han dejado al Ecuador atrás, pero no sus recuerdos. ¿Cómo hubiera votado esa chica que ha hecho de España su casa?

Esos migrantes saben lo que es un país con oportunidades. Saben que no es fácil tener éxito, que requiere sacrificios y mucho trabajo. Pero saben que sí es posible lograrlo en sociedades que además de brindar buenos servicios y facilidades, celebran y promueven el trabajo y éxito individual en lugar de condenarlo o minimizarlo a favor de un Estado paternal. Esos migrantes, a quienes el Gobierno ecuatoriano ha sabido acercarse ganándose su voto, tienen el poder de iluminar a muchos ecuatorianos sobre la manera como se manejan los gobiernos civilizados.

Ahora estoy escuchando al ex presidente español Felipe González en la cena de la
Sociedad Interamericana de Prensa. Y entiendo mejor el progreso de España. González, un socialista, está hablando de las virtudes del libre mercado y hablando bien de los empresarios. Si así suena el socialismo, no está nada mal. Así, sí se puede avanzar.

Lástima que por nuestros barrios el folclore político y populismo sigue convenciendo más y ganando más votos. Incluso el de esa señora que llora en el aeropuerto al ver a su hijo escapar a tierras más libres.

viernes, octubre 03, 2008

Esa otra política

Llega un momento en que uno se harta de la política local. En especial con este gobierno empeñado en sumergirnos en ideologías fracasadas y en una absurda guerra de resentimientos. Y es ahí, cuando nuestros dedos piden a gritos alejarse de los canales de televisión nacional y presionar un botón en el control remoto que nos lleve a otros países y otras realidades más alegres. Así, aterrizamos en la política gringa y en la última campaña presidencial. ¡Qué civilizado se ve todo de repente!

Recuerdo haber vivido como estudiante universitario en Washington la reelección de Bill Clinton contra Bob Dole y luego la polémica elección de George Bush contra Al Gore. Lo que más me impresionaba es que a pesar de tratarse de la elección del presidente más importante del mundo, en realidad casi ni se sentían las campañas. Uno podía ver televisión tranquilo sin que lo interrumpan con cadenas nacionales. Las calles no estaban inundadas de afiches políticos. Y la gente, si bien se interesaba en el resultado de la elección, era más bien pasiva frente al momento que vivían. El día de la elección era un días más. Parecía un martes como cualquier otro, solo que esa noche un nuevo presidente sería electo. Se sentía una actitud de que más allá de quien fuera el ganador, las cosas continuarían más o menos igual. No había esa desesperación e incertidumbre ante el futuro, que vivimos acá en cada elección.

Ahora veo a los nuevos candidatos gringos. Más allá de importantes diferencias ideológicas entre ellos, gane quien gane, Estados Unidos seguirá relativamente igual. Ambos candidatos son personas preparadas, graduados de las mejores universidades, con currículos ejemplares. McCain es un héroe de guerra y Senador respetado. Barak Obama es abogado graduado de Harvard donde fue Presidente de la prestigiosa Harvard Law Review, es autor de Best-Sellers, y Senador. Ya se quisiera cualquier país del mundo a uno de estos candidatos para presidente. Su preparación y logros son ejemplares.

A la hora de votar por uno de estos candidatos, los electores podrán enfocarse en sus planes e ideología. No tendrán que cuestionarse, como sucede por nuestros barrios, cual de los dos va a robar menos, cual tendrá amigos menos pillos, o cuál protegerá cosas tan elementales como la propiedad privada. Eso está sobrentendido.

Claro que no todo es perfecto en la política gringa. Las campañas, alimentadas por medios y periodistas que buscan ganar la guerra de rating, suelen concentrarse en cosas sin importancia. Se habla más del color del vestido de tal candidata, o de la forma como dijo tal cosa, antes que del contenido y propuestas de fondo. Eso lo vemos sobretodo con la sorpresiva aparición de Sarah Palin como candidata a vicepresidente de Mc Cain. Siendo una relativa desconocida en la política nacional, los medios en lugar de revisar su hoja de vida y su forma de pensar, le dedicaron casi todo su interés inicial al hecho de que su adolescente hija estaba encinta. Y hoy en día, el interés continúa enfocándose más en su condición de mujer y madre de familia, que en su escasa experiencia para gobernar y sus posturas conservadoras.

Regreso a un canal de televisión local. Rafael Correa despide a su Ministra de Economía para poder despilfarrar con mayor libertad el dinero de los ecuatorianos. El Sí seguro va a ganar. El ilegal Congresillo se instalará burlándose en la cara de los ecuatorianos. Tenemos suficientes problemas en casa. ¿Qué diferencia podrá hacer el próximo presidente de Estados Unidos en nuestro país y nuestras vidas?

Las posturas de Mc Cain parecerían más beneficiosas para los ecuatorianos, al ser él un mayor creyente en la apertura de los mercados. Obama, en cambio, apunta a un mayor proteccionismo que puede perjudicarnos. Pero, al mediano y largo plazo, Obama le hará un mayor bien a nuestro país y el mundo. Su elección mejoraría automáticamente esa mala imagen que hoy tiene Estados Unidos. Recuperaría el respeto de todos, incluyendo esos que se han pasado descargando su rabia contra Bush y cantando eslóganes anticapitalistas y antiyanquis. La renovación de su imagen internacional, podría hacer nuevamente de Estados Unidos un modelo a imitar para líderes de izquierda y derecha. Hará una gran diferencia el tener un Obama a la cabeza. Poco a poco, todos esos que hoy alaban a Chávez y compañía, encontrarán en Obama una razón para celebrar al país del norte. Los Correas, Evos y Chávez perderían protagonismo sin su principal enemigo, personificado en Bush o su sucesor McCain.

Habrá que esperar las elecciones de noviembre. Ahí sabremos mejor como pintará el panorama internacional. Hasta eso, disfrutemos de la política, incluso la local, aunque duela y den ganar de salir corriendo.


* Publicado en revista Clubes de octubre.

jueves, octubre 02, 2008

Ironías octubrinas

El domingo me tocó ser miembro de una junta receptora del voto. El día avanzó lento. Cada uno mataba el tiempo como podía. Yo me leí hasta los clasificados del periódico que nuestro vecino de mesa nos prestó. Me jugué varias partidas de Solitario en mi celular. Y me leí las “pollas” escritas por los estudiantes en sus bancas. Conversamos, reímos, compartimos con los miembros de la mesa. Y al final, contamos los votos y en mi mesa ganó el No cómodamente. Buen cierre de jornada.

En la mayoría de mesas guayaquileñas vivimos una realidad distinta a la del resto del país. Mientras aquí contábamos más votos por el No y Nulos que por el Sí, en las otras provincias barrían las votos a favor de la nueva Constitución. Esta vez, como tantas otras, pero tal vez de manera más profunda y significativa, gran parte de Guayaquil ha votado distinto al país. Una mayoría de guayaquileños no queríamos la nueva Constitución.

Guayaquil inicia así el mes de su independencia con un fuerte chuchaqui electoral. La ciudad se siente algo fuera de lugar. Se siente ecuatoriana, pero no se identifica con esa bandera socialista que le han vendido en cómodas cuotas al resto del país.

¿Hasta qué punto se debió el triunfo del No en Guayaquil al liderazgo de Jaime
Nebot? ¿Hasta qué punto a una postura ideológica que rechaza el proyecto socialista y centralista de Rafael Correa? ¿Hasta qué punto a una antipatía personal hacia el Presidente por su confrontación con la ciudad? Seguramente la votación guayaquileña refleja una mezcla de todos estos y otros factores. Más allá de los motivos, esta elección ratifica que en política la mayoría de Guayaquil piensa distinto del país. ¿Hasta dónde la nueva Constitución y el Gobierno respetarán este sentir diferente de la ciudad?

Rafael Correa ha ganado de largo. Ha sido un excelente candidato. No así Presidente. El país lo escucha. El país le cree. El país vota por él. Menos Guayaquil.
Ironía octubrina. En el mes de la independencia de Guayaquil, la ciudad inicia una era con una Constitución que vuelve al ciudadano más dependiente –prisionero– del poder central. Con la nueva Constitución, “Guayaquil Independiente” suena más pasado que presente, más a eslogan histórico que a realidad inminente.

Fue bueno escuchar a Correa más dispuesto al diálogo con Nebot en beneficio del país y la ciudad. Escucharlo aceptar que sus diferencias son políticas y no personales. Ahora toca llevar a la práctica estas buenas intenciones poselectorales. Esto se dará en función de los votos que un acercamiento, menor confrontación y más colaboración con Guayaquil, les puedan significar en las próximas elecciones a los candidatos de Alianza País.

Acabamos de votar y ya estamos pensando en nuevas elecciones. Así funciona el juego político actual. Por eso cualquier promesa que escuchemos, sigue sonando a temporal promesa electoral. Toca esperar todavía a después de febrero para conocer ideas y proyectos más verdaderos, libres de la contaminación de esta fiebre electoral.

Octubre de independencia a pesar de los tiempos. En Guayaquil seguiremos nuestro camino. Que en Carondelet y el Congresillo apliquen esta nueva Constitución para el bien del país, respetando la libertad de cada individuo. Incluso y sobre todo, de quienes nos opusimos.

miércoles, octubre 01, 2008

Revista la U. - Octubre 2008

Ya está circulando la U. de octubre en tu universidad!!!




Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, septiembre 25, 2008

Derrota dominical

Este domingo ganarán Rafael Correa y su buró. Perderemos los ecuatorianos.

Votaremos por una nueva Constitución que en realidad es una excusa para darle más facultades al Gobierno, para que avance a toda máquina su plan estatista y concentrador de poder.

Es una sensación extraña esta de ver cómo el país acude emocionado a votar por un futuro más oscuro. Muchos votan convencidos con el eslogan de “Voto Sí porque el No ya lo viví”. No imaginan que se puede estar peor que antes.

Este domingo votaré No porque me basta con lo que ya hemos vivido del Sí.

Mi voto no tiene que ver con todo aquello en lo que gran parte de la reducida campaña por el No se ha enfocado: aborto, gays, drogas, religión. Fue un enfoque equivocado, más allá de que logre algunos votos. Con nueva Constitución o sin ella, no cambiarán los números de abortos en el país, el uso de las drogas, o la elección sexual de las personas. Por ahí no va el asunto.


El problema principal se refleja, por ejemplo, en la actitud del Gobierno frente a la nueva –e ilegal– Ley de Tránsito que el propio Gobierno escribió. Será una conducta que veremos más en el futuro: no importa lo que diga ese libro aprobado en Montecristi. No importa la ley. Lo que importa es lo que el Gobierno ve como “legítimo”. Lo que importa es avanzar, a como dé lugar, con este proyecto que está convencido que cada ciudadano no tiene la capacidad de tomar sus propias decisiones, sino que estas deben tomarse y exigirse desde la infinita sabiduría del poder central. Este domingo se votará por dar más poder y legitimidad a un Gobierno que seguirá la Constitución cuando le convenga.

Esto se vuelve más evidente cuando vemos la experiencia de Venezuela bajo el dominio de Hugo Chávez. A veces me pregunto ¿cómo veríamos a Correa si no existiera Chávez? ¿Sospecharíamos igual de su proyecto, intenciones e ideología? ¿Veríamos con tanto pesimismo el futuro? ¿Podríamos predecir lo que tenemos por delante? Tal vez la pregunta debe ir más atrás: ¿Existiría Correa y este Gobierno sin un Chávez?

Esa ideología y estilo, que pone al Estado antes que todo y que todos, ya tiene sus claros frutos en una Venezuela donde el Estado, o sea, el Gobierno, o sea, el Presidente es el amo y señor de todo lo que se mueva y no se mueva. Porque Venezuela y Chávez existen, los peligros del Sí son más reales y tangibles.

Nos guste o no, Rafael Correa sigue en la cima de su popularidad. Su mensaje sigue vendiendo bastante bien. Basta oírlo un sábado cualquiera durante su cadena radial. La gente disfruta escuchándolo, ríen, comentan, sueñan con sus palabras.

Este domingo votaremos No, porque aunque perderemos una vez más votando distinto a la mayoría del país, tenemos la confianza de que poco a poco iremos todos despertando de la seducción de este verde populismo publicitario, y sabremos que el camino al progreso y bienestar está por otro lado.

Que al menos la derrota dominical que el país sufrirá nos sirva de aprendizaje para futuros triunfos.

sábado, septiembre 20, 2008

Estamos gordos

En Wall-E, la última película de los estudios Pixar, los seres humanos son una raza de obesos que apenas pueden levantar su propio peso. Ni siquiera caminan. Se la pasan sentadotes comiendo, viendo televisión y hablando por celular en unas sillas flotantes que los transportan a cualquier lugar. Su vida es como un eterno domingo, de esos echados en el sofá frente al televisor comiendo papitas artificiales.

En la película es el año 2815. Un futuro bastante lejano. No creo que lleguemos a ese extremo de comodidad, reemplazando nuestras piernas por una silla voladora. Pero viendo como avanzan nuestras vidas modernas hipnotizados frente a monitores y pantallas planas, como que nos acercamos bastante rápido a ese estado de inmovilidad que imaginan los creativos de Pixar.

Lo digo con conocimiento de causa. Yo, que en un pasado no muy lejano no dejaba pasar ni un día sin hacer algún deporte, hoy estoy adolorido del “ejercicio” que hice ayer. Me duelen los brazos. Me duele la espalda. Me duelen los hombros. Fue toda una jornada deportiva: tenis, box, cien metros planos, cien metros con obstáculos, y hasta una carrera en la que tenía que esquivar trampas mortales y bolas de fuego.

Sí, con mucha vergüenza, debo confesar que me duele mi cuerpo por haber jugado Wii. Mi diaria inmovilidad frente al computador ha alcanzado niveles tan tristes que mi ejercicio de esta semana se ha limitado a un duelo virtual contra mi sobrino, moviendo como idiota un control remoto frente al televisor. Sintiéndome todo un Rafa Nadal, mientras mi muñequito –que se ve igualito a mi— gana partidos con un forhand envidiable y un saque imparable. Jurándome tan atleta como Jefferson mientras corro a toda velocidad por la pista, moviendo el control con mis muñecas, arriba y abajo, arriba y abajo. Los músculos se me tensan. Creo que me viene un calambre.

Toda una tarde frente al televisor jugando Wii, ese mágico invento de Nintendo que ha hecho levantar del sofá hasta al gringuito más obeso, ha sido suficiente para entender que necesito hacer más ejercicio. Tendré que inventarme alguna historia más interesante mañana cuando en el trabajo me vean caminar encorvado agarrándome la espalda. Diré que correr esa media maratón me dejó molido. O que cuatro horas de un partido de tenis pueden ser agotadoras. ¿Pero Wii? ¡Qué decepción! Mi profesor de gimnasia del colegio estaría avergonzado de ese alumno deportista que alguna vez tuvo. De castigo me mandaría atravesar la cancha haciendo sapitos.

Veo las barrigas de mis amigos y se que no estoy solo en este mundo de inactivos. Hasta hace no mucho jugábamos fútbol, tenis, corríamos de un lado para otro. Hoy nuestras panzas delatan partidos de menos y cervezas de más. Nos miramos y nos juramos que esto es temporal. Que el lunes empezamos gimnasio. Nos citamos para jugar tenis el próximo sábado. Armamos la alineación de ese equipo que nunca más pisará la cancha. Estamos gordos. Jóvenes aun, pero gordos. Y a mi me duele el cuerpo por jugar un jueguito de videos.

Ahora el Wii ha sacado una plataforma sobre la que te paras y puedes hacer rutinas de aeróbicos y ejercicios siguiendo las instrucciones de un instructor virtual. Lo que parecía increíble está ocurriendo: videojuegos que te hacen quemar calorías en lugar de acumularlas.

Pero eso tendrá que esperar. Todavía me duelo el cuerpo. Y debo cuidar mis muñecas para la revancha.


* Publicado en revista SOHO de septiembre

jueves, septiembre 18, 2008

No callar y vencer el miedo

Este lunes Carlos Vera recibió un merecido homenaje. Más que un homenaje al periodista, fue un llamado a la defensa de esa libertad de expresión que Rafael Correa tanto aborrece.

Más allá de estilos y formas de pensar, Carlos Vera es símbolo de ese periodismo frontal, que encara sin miedo al poder. Por eso nunca ha sido el favorito de quienes hacen del poder un arma para controlar, en lugar de una herramienta para servir.

Entre ellos están Rafael Correa y muchos en su gobierno, quienes no entienden realmente lo que significa la libertad de expresión. Es verdad que aquí no hay periodistas encarcelados ni torturados. Pero Correa utiliza otros métodos para atacar e intentar limitar nuestra libertad.

Este Gobierno ataca la libertad de expresión al interrumpir descaradamente el programa de Carlos Vera, con cadenas de televisión con dedicatoria. Al presentar una denuncia penal contra el director de un diario por un editorial que no le gustó. Al insultar, desprestigiar y ridiculizar a periodistas que día a día se juegan el pellejo por mostrar la verdad. Al inundar los canales de televisión con cadenas nacionales que imponen su visión de los hechos, burlándose en la cara de la visión más imparcial que brindan los canales en sus noticieros. Y sobre todo, al promocionar un proyecto de Constitución que le permitiría agarrar a los medios por el cuello con nuevos mecanismos de censura y la amenaza de que el Estado se convierta en su dueño parcial.



Cuando uno ve el escaso entendimiento de nuestro Presidente de lo que la verdadera libertad de expresión significa, uno duda que haya vivido y estudiado en Europa y Estados Unidos. De lo contrario, sabría aceptar e ignorar, como lo hacen mandatarios de países desarrollados, las críticas frontales e incluso las burlas y parodias contra el poder de turno. La visión de Correa está muy lejos de la de esos países. Se acerca más bien a visiones dictatoriales que en lugar de encontrar en los medios de comunicación y sus periodistas a aliados de la verdad, encuentra en ellos a obstáculos y enemigos que derrotar.

Uno de los momentos más divertidos del homenaje a Carlos Vera fue cuando en un video sobre su trayectoria periodística se mostró una entrevista al candidato Rafael Correa. Ahí, el sonriente futuro presidente felicita a Carlos Vera, a su programa y a Ecuavisa por su objetividad e imparcialidad ejemplares. Todos en el público nos reímos. ¿Es ese el mismo Correa que hoy despotrica justamente contra los medios más serios y objetivos? ¿Dónde se fue ese candidato que parecía abierto, liberal y democrático?

Carlos Vera aceptó en su discurso haber pecado de ingenuidad al apoyar en su momento a Rafael Correa, ignorando a quienes le advertían el peligro que ese joven candidato representaba. No es ni será el único arrepentido y desilusionado.

Mientras existan periodistas defendiendo nuestro derecho a hablar, opinar, cuestionar, criticar, desafiar, reclamar y decir lo que tenemos en nuestras cabezas, los Correas del mundo tendrán problemas al imponer sus engaños. Carlos Vera repite todas las mañanas en su programa que no debemos callar. Que debemos vencer el miedo. Él lo hace a diario. Mientras sean más, el futuro no se ve tan mal.

jueves, septiembre 11, 2008

El gobierno HIL

Según Rafael Correa, el Ministerio de Finanzas ha estado en manos de “ortodoxos, conservadores y prudentes, a los que llamamos OCP,” que conspiran tratando de reducir el gasto público, para pagar la deuda.

Para Correa es malo ser ortodoxo, prudente y conservador al manejar el dinero de los ecuatorianos. Prefiere entonces ser un economista heterodoxo, imprudente y liberal. O sea un HIL.

Según un HIL lo importante es el gasto social. Y en eso estamos de acuerdo todos los que queremos un país con más oportunidades. El gasto social –bien invertido– permitirá a muchos ecuatorianos salir de la pobreza. Eso nadie lo discute.

El problema del HIL se basa en su imprudencia. La fórmula HIL es sencilla. Con la excusa de su preocupación social, está dispuesto a gastarse todo lo que tiene y lo que no tiene. Y si falta plata no hay problema, simplemente deja de pagar la deuda. Como dijo Rafael Correa: “no vamos a dejar de invertir en lo social… el rato que no haya recursos, suspendemos el pago de deuda”.

Llevado a un escenario doméstico, el padre de familia HIL diría: “Como para mí lo más importante es la educación de mis hijos, gasto sin miedo en libros, cursos, profesores. Eso sí, esperemos que el próximo año todo vaya bien en el trabajo para que me alcance para todos mis gastos: matrículas, pensiones, alquiler, comida, cuotas de mi carro y los intereses de la tarjeta de crédito (por esa televisión plasma en media sala). Pero si me quedo sin plata no hay problema, simplemente dejo de pagar al banco y la tarjeta”.

Al igual que el Gobierno, el padre HIL canta “Don’t worry, be happy” jugándosela al todo o nada, aunque sabe que sus hijos serán los primeros en pagar las consecuencias de su imprudencia. Si algo pasa, se acaba el crédito, se llevan el carro, y el colegio y profesores serán solo un recuerdo. Le hubiera demostrado más atención a sus hijos siendo más precavido, ahorrando para imprevistos, y viviendo acorde a sus posibilidades.

A eso juega el gobierno HIL. Se las da de muy social, pero en realidad arriesga el futuro del país y, sobre todo, el bienestar de los más pobres. Ellos son los primeros en sufrir las crisis económicas que la imprudencia ocasiona.

El Gobierno ya hace planes de un enorme gasto público para el próximo año basado en imprudentes predicciones del precio y producción de petróleo. ¿Cuántos de esos más de 15 mil millones de dólares buscarán un sincero fin social y cuántos un populista fin electoral? ¿Cuánto de ese presupuesto irá directamente a los pobres y cuánto a la burocracia especialista en malgastar nuestra plata? ¿Y si ocurre algún imprevisto?

Si algo sucede y nos quedamos sin plata para pagar la deuda y la gigantesca
burocracia, no hay problema. El Gobierno simplemente resucitaría la maquinita de hacer billetes. La aspiración HIL se haría realidad por completo: chao dolarización. Dirán que para mantener los programas sociales (o sea para seguir pagando sueldos públicos) debemos regresar a una moneda local.

Y así, mientras se pueda mantener el despilfarro, el gobierno HIL celebrará su economía HIL. Hasta que inevitablemente deba intervenir uno de esos aburridos economistas ortodoxos y prudentes para solucionar todo el desastre.

jueves, septiembre 04, 2008

El hombre de la camioneta

El otro día veía tranquilamente un noticiario en la tele. Luego de ser interrumpido por otra cadena nacional –¿podremos algún día volver a ver un noticiario completo sin que este Gobierno invada nuestro tiempo?– presentaban un reportaje sobre el reciente paro de transportes en Quito. De repente, aparece un señor subiéndose al balde de una camioneta a falta de transporte público. El hombre mira la cámara y dice “por culpa de los pelucones”.

En ese hombre, esa escena, esa frase, está de alguna forma ilustrado el mal que este Gobierno y este Presidente le hacen al país contagiando su odio a la riqueza y sus resentimientos. ¿Qué tienen que ver los pelucones de Correa con este paro de transportistas? Obviamente nada. Y de eso se trata para el Gobierno. Tener siempre a quien echar la culpa.

Si antes los culpables de todos los males eran los políticos, hoy este Gobierno conduce todas las frustraciones nacionales contra los ricos. No es coincidencia que estos días Rafael Correa mencione en sus discursos a los “hijos de papá” de la Universidad Católica. En una época en la que cada quien responde por sus propios actos, no por los actos de parientes o antepasados, el Presidente descarga sus odios contra un grupo de jóvenes acusándolos no de sus actos, sino de sus apellidos y parentelas. Y claro, el país que todavía le cree a su Presidente, absorbe esos resentimientos y se contagia de esta lucha de clases, como el hombre en el balde de la camioneta.

Tan perjudicial como este discurso que confronta en vez de unir a ecuatorianos, es ese excesivo énfasis en todo lo que el Gobierno hará por solucionar los problemas de los ecuatorianos, en lugar de motivar a cada individuo a construir su propio camino. El discurso oficial se basa en los subsidios, los bonos, la condonación de deudas y todos los programas que nos harán felices. Lo importante es mantenernos pasivamente satisfechos.

Correa se convierte en la antítesis de Kennedy. Contrario al ex presidente de Estados Unidos, su discurso nos dice “no preguntes lo que puedes hacer por el país, pregunta lo que PAIS puede hacer por ti”.

El Gobierno no cree en la capacidad de cada ecuatoriano para tomar las riendas de su vida. Cree en la capacidad del Gobierno para tomar las riendas de la vida de los ecuatorianos. Y este proyecto de Constitución, con su marcada planificación estatal, centralización, concentración de poder, y pérdida de libertad individual, va perfecto con esa ideología que pone al Estado por encima del individuo.

Montecristi olvidó –o pretendió olvidar– que el papel de la Constitución es proteger al individuo de los abusos del Gobierno, no aumentar las facultades del Gobierno para controlar al individuo.

Mientras tanto, el hombre de la camioneta votará Sí, esperando que el Gobierno le subsidie el transporte público, el gas, la comida y le dé un puestito público, quitándole la plata a esos pelucones culpables de todo. Allá otros con eso del esfuerzo, el trabajo duro y la ambición personal para progresar.

Y el Gobierno ganará no solo el referéndum, una nueva Constitución y más años en Carondelet, sino, sobre todo, el poder sobre la vida de ese hombre que no sabe en lo que se metió.

miércoles, septiembre 03, 2008

¿Marchando a Carondelet?


Si alguien tenía la duda, ahora ya lo sabe. Jefferson Pérez se lanzará a la política. No hoy. No mañana. Pero pronto. Ya me las olía hace algún tiempo. Sus declaraciones en el pasado y su conservada imagen lo hacían pensar. Pero ahora está clarísimo.

Luego de ganar su medalla de plata en los juegos olímpicos de Beijing, el gran marchista ecuatoriano dijo a un canal de televisión mientras mostraba una bandera del Ecuador: “No sé si aún mi Ecuador es esta la bandera; no sé si aún Ecuador es este el escudo. Como ahora andamos con nueva Asamblea cambiando todo….Esperemos no nos cambien la cabeza y no nos confisquen la lengua”.

En un momento tan importante de su carrera y de tanta emoción para el país, Jeff sabía que tenía la atención del Ecuador entero. Pudo limitarse a agradecer o a lanzar una de sus frases medio filosóficas. Pero prefirió mandar su cuñita política. Le dijo al país, sin decirlo: “Esta Asamblea fue una burla. Esta nueva Constitución quiere quitarnos lo nuestro y lavarnos la cabeza. Voten No”.

En realidad Jefferson se equivocó al tocar el tema de los cambios en el escudo y la bandera. Más allá del ridículo público que hizo pasar a sus autores la propuesta de meter la concha spondylus, la wipala y cosas por el estilo en el escudo nacional, la Asamblea nunca trató este tema. Ni la tricolor ni el cóndor corren peligro de extinción. Le faltó precisión a lo que dijo Jefferson. El Corcho Cordero tiene razón al señalar que el atleta estaba desinformado. Pero eso no cambia la intención de Jeff. Quiso criticar el trabajo de la Asamblea. Quiso decir sin decirlo que votará No. Y logró transmitir su mensaje.

Más que esas declaraciones, me llamó la atención cuando el marchista habló sobre su futuro inmediato: “Vienen cuatro años de muchos estudios en España y EEUU y luego asumir la responsabilidad que mi país me delegará para poder contribuir a una mejor situación de toda una nación”. Traducción instantánea: “En cuatro años, cuando Correa termine su ‘primer’ período presidencial bajo la nueva Constitución y el país no lo aguante más, me lanzo a Presidente.”

No se si emocionarme o preocuparme por estas declaraciones. Me emociona porque ante el poder que Correa acumula, con una Constitución fabricada a la medida de sus ambiciones, se veía muy poco probable que alguien pudiera detenerlo. Pero Jefferson Perez sí puede hacerlo. Su popularidad y estatus de héroe nacional, más una buena asesoría y financiamiento que seguramente no le faltarán, pueden convertirlo en el candidato capaz de frenar este suicidio colectivo llamado Socialismo del Siglo XXI.

Pero al mismo tiempo me preocupa que quien pueda frenar este gobierno sea una persona cuya experiencia previa se limita a caminar a mil por hora quebrando las caderas. No dudo de su buena preparación académica, el buen manejo de sus inversiones y empresas, y su inteligencia. Pero eso no garantiza una buena presidencia.

En este pequeño país, hoy en día las carreras políticas se construyen en los estudios de televisión. No gana quien pueda mostrar el mejor currículo como líder, administrador o estratega. Gana la cara conocida. La que se ha metido en más hogares a través de ese sagrado aparato antes de la telenovela. Lastimosamente Jefferson Pérez sería uno más de esos rostros conocidos que pueden llegar al poder sin demostrar mayores aptitudes para gobernar bien.

Jefferson deberá probarnos que no solo marcha bien. Que sabe administrar, liderar, gobernar. Ya sabemos que puede motivar. Y eso es mucho.

Toca ver si en realidad estas palabras políticas que acompañaron su medalla se traducen en una futura candidatura. Queda ver si el buen marchista puede ser un buen candidato. Queda mucho por verse. Pero hoy, al menos, en las palabras de Jefferson sentimos que se prende una luz al final de este oscuro túnel en el que se sumerge Carondelet. Existe alguien que podría hacerle frente a la dictadura validada en las urnas. Y eso merece celebrarse tanto como la medalla.



* Publicado en revista Clubes de septiembre.

Revista la U. - Septiembre 2008

Ya está circulando la U. de septiembre en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.