jueves, mayo 28, 2009

‘Dictadorcitos’

El Senado colombiano aprobó un referéndum que permitiría la segunda reelección inmediata de Álvaro Uribe. Ojalá, por el bien de la región, este referéndum no se dé. Y de darse que gane el No o que Uribe decida no lanzarse a otra reelección.

En nuestra Latinoamérica, y en particular nuestra región andina, inundada de ideas caducas, caudillos patrioteros y mentes ajenas al progreso y la libertad individual, Uribe es una de las pocas voces cuerdas y pragmáticas que suenan con fuerza. Y por eso mismo, Uribe debe dar el ejemplo, no lanzarse a un nuevo periodo, y permitir que la democracia y alternabilidad en su país se fortalezcan.

Hasta ahora Uribe ha dado señales de que no buscará otro periodo. En un reciente foro, ante la pregunta sobre su interés en reelegirse, respondió: “Lo veo inconveniente por esto: por perpetuar al Presidente, porque el país tiene muchos buenos líderes”. Pero a pesar de estas palabras, Uribe no ha negado oficialmente su deseo de ser candidato en el 2010.

Hay quienes creen necesaria la reelección y permanencia de Uribe en el poder para así crear un contrapeso en nuestra región andina, tan contaminada de populismos socialistas que acabarán con lo poco que tenemos. Si al trío andino-socialista-bolivariano de boina roja, camisa con dibujitos y chompa rayada le añadimos la posibilidad de convertirse en cuarteto junto al peligroso Ollanta Humala –cuya candidatura Vargas Llosa acaba de comparar con el sida– la presencia de Uribe se torna aún más importante. Sería una voz solitaria. Pero una voz poderosa.

Pero por muy importante que pueda ser la presencia de un presidente que contradiga esta línea estatista y empobrecedora en la región, no justifica romper con el principio democrático de alternabilidad. Una reelección de Uribe daría más fuerza a esta potencial tendencia iniciada por Chávez en la región, de jefes que utilizan la maquinaria estatal para comprar popularidad y votos que los perpetúe en el poder. Con la ventaja de poder llamarse “democráticos” al ser elegidos en las urnas, aunque sus gobiernos sean lo contrario.

La alternabilidad permite renovar. Impide que unos pocos acumulen demasiado poder. Mantiene a la sociedad políticamente activa, evitando caer en la pasividad del que se acostumbra a ser siempre gobernado por los mismos. Esto aplica no solo a presidentes. Autoridades locales, parlamentarias y hasta las del club de la esquina deben renovarse, continuando lo bueno, aprendiendo de sus antecesores, pero sobre todo, inyectando los cambios e innovaciones necesarias que se le escapan a quien lleva demasiado tiempo en el poder.

Por eso, suenan refrescantes y esperanzadoras las recientes declaraciones de Lula, el presidente más importante en la región, al negar estar interesado en un tercer mandato: “Yo no juego con la democracia porque cada vez que se juega con la democracia uno se estrella… La alternabilidad del poder es importante. Cada vez que un dirigente político se cree imprescindible e insustituible está comenzando a nacer un pequeño dictadorcito dentro de él. Y soy demócrata”.

Para su vecino del norte ya es tarde. El dictadorcito nació y crece fuerte. El resto aún está a tiempo de no jugar con la democracia. Uribe debe dar el ejemplo.

viernes, mayo 22, 2009

Usted

El momento te golpea de repente. Sin que estés preparado. Estás muy tranquilo cuando ella se acerca. Joven, alegre, delgada, curvas perfectas, pelo largo. Tiene unos veinte años. Te sonríe. Sí, es más joven que tú, aunque no tanto. Te va a decir algo. Y al abrir su boca, rompe toda la magia del encuentro. Ella te trata de “Usted”.

Usted. Esa palabrita crea en un instante un enorme abismo generacional. Ella está diciendo sin decirlo: yo soy joven y tú eres en viejo. Ella te ve más cercana a la edad de su papá. Para ella, da igual que estés en tus treintas, tus cuarentas. Eres un viejo. Con cada “Usted” que ella te lanza sientes como tus canas se hacen más blancas. Tus entradas se agigantan en tu frente. Y esa calva en potencia se vuelve real.

Mi primer “Usted” lo recibí el día que me estrené como profesor universitario amateur. Con cara de pelado y veintitantos años me presenté ante un grupo de estudiantes pocos años menor que yo. “Por favor, tutéenme”, les dije haciéndome el profesor cool cuando una estudiante me ustedteó. No todos me hicieron caso. Algunos se empeñaron en asesinar mi juventud recurriendo al “Usted”. Cada año que regreso a dar mi clase, aumentan junto a mis canas, los Usted versus los tú. Y ya no hay marcha atrás.

Pero más que recibir el “Usted”, el problema está en decirlo. Sobre todo cuando uno transita los 30 se acentúa el dilema de cuando y con quien usarlo. Ya no eres tan pelado como para tratar de Usted a cualquier viejo de cuarenta para arriba. Ni tampoco eres tan viejo como para tutear a todo el mundo.

El tema se complica en las reuniones de negocios. Estamos todos sentados alrededor de una mesa. Hombres y mujeres en sus 20s, 30s, 40s, 50s, 60s. ¿Dónde trazamos la línea entre el tú y el Usted? ¿Tuteamos al gerente de cuarenta y ocho años y ustedtiamos al director de cincuenta y tres? ¿Cómo clasificar el trato con cada persona? Nadie ha escrito las reglas claras: “tutearás a quienes no te superen por más de 15 años, y tratarás con la formalidad del Usted al resto”.

Y cuando hay en la reunión una mezcla de esa sutil y subjetiva condición llamada estratos sociales la cosa se complica más. El uso del Usted ya no solo depende de la edad, sino que se basa también en la proximidad social percibida entre ambas partes. El tú nos acerca entre iguales, el Usted nos distancia. Entran en juego esas tan latinoamericanas percepciones que nos llevan también a la rápida decisión de saludarnos con beso o con la mano.

En esos momentos envidio a los gringos. Envidio el idioma inglés, tan sencillo, tan al grano. Todos son “you”. Tu amigo es “you”. Tu profesor de setenta años es “you”. Tu tío, tu abuelo, tu jefe, la señora de la tienda, todos “you, you, you”. Cero complicaciones. Y cero besos en las reuniones. Todos se dan la mano.

Pero bueno, con todas sus complicaciones y aunque te haga sentir viejo frente a esa chica de veinte años, el Usted tiene sus ventajas. Puede volver tus palabras más románticas, llenas de esa pasión que se rompe con el tú. Y sin el Usted, no podría hablarle a mi hija de dos años con el mismo cariño. Y qué sería de tantos lagarteros, serenatas de borrachera, y buenos momentos, sin poder cantar que “hasta la vida diera, por vencer el miedo, de besarla a Usted”.

* Publicado en revista SoHo de Mayo.

jueves, mayo 21, 2009

Ni UNE, ni MPD, ni nadie

Basta escuchar a Mery Zamora, presidenta de la UNE, para entender por qué anda tan mal la educación en este país. Con tan limitadas ideas y conflictivas posturas de la representante de los educadores de nuestros niños y jóvenes, poco podemos esperar de la preparación de las nuevas generaciones.

La UNE y el MPD rechazan las evaluaciones que, con justa razón y válidas intenciones, el Ministerio de Educación pretende realizar. La postura del gremio de educadores y su partido político es un canto al subdesarrollo. “A mí no me tocan mi puesto vitalicio”, resume su argumento. El bienestar y educación de los niños no entran en el discurso de la UNE. Solo se trata de defender la “estabilidad laboral” de sus miembros. En otras palabras, mantener la mediocridad.

Raúl Vallejo y este Gobierno tienen un gran reto por delante. Si logran cambiar la educación pública de este país, al menos dando el primer paso alejándola de las garras de la UNE y el MPD, tendrán nuestro respeto y el agradecimiento de nuevas generaciones mejor educadas y con mejores oportunidades.

Rafael Correa, desde su primera candidatura, fue un gran crítico del control de la UNE y MPD de la educación pública. Pero ante las conveniencias políticas del momento terminó vergonzosamente aliándose con ellos. El Gobierno usó al MPD como su pana del alma, su fuerza de choque, sus amigos en tiempo de elecciones.

Ahora, el Presidente se enfrenta a un dilema político. Conservar esa amistad por interés que se traduce en votos en una Asamblea donde Correa no tiene la mayoría absoluta asegurada. O seguir adelante con los planes de cambiar la educación en este país, con el riesgo de perder esos votos.

Si decide lo primero quedará en descubierto que aquí solo importa el poder por el poder. Si decide lo segundo –como esperamos lo haga– ganará el país, ganará la educación, ganarán los niños y jóvenes.

El Gobierno debe pararse firme ante una UNE y MPD que politizan la educación. Pero cuidado con la excusa de mejorar las cosas, pasamos de una educación controlada por el MPD a una educación controlada por Alianza PAIS y utilizada como plataforma de su indoctrinamiento político.

La educación no le pertenece a un gremio, a un partido político, o a un gobierno de turno. Pertenece a los estudiantes y a sus padres de familia. Es un derecho que no tiene por qué depender de banderas ideológicas o gritos politiqueros.

Mery Zamora dice de frente a las cámaras: “Hemos sido la piedra en el zapato de los gobiernos de turno, y de este también… Durante 64 años, ni las dictaduras, ni los gobiernos reaccionarios, ni los gobiernos de la socialdemocracia han podido partir a la UNE”. ¿Podrán Correa y Vallejo?

Un país sin educación no avanza. Un país con una educación politizada está condenado a la mediocridad. Mientras la UNE y MDP monopolicen la educación no habrá progreso.

Si al menos un legado positivo deja este Gobierno, que sea el de una población educada y preparada. Y eso significa una educación libre de la UNE, el MPD, Alianza PAIS y cualquier otro que la quiera politizar.

jueves, mayo 14, 2009

La cena tendrá que esperar

Escucho a Barack Obama en la cena anual con los periodistas que cubren las noticias de la Casa Blanca. Obama cita a Thomas Jefferson, quien dijo que “si me viera obligado a decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin un gobierno, no dudaría en preferir lo último”. Obama dice que ese mensaje sigue vivo: un gobierno sin medios críticos y activos no es una opción para el país.

Obama continúa: “puedo no estar de acuerdo con todo lo que ustedes escriben o reportan. Incluso me puedo quejar de vez en cuando sobre la forma como ustedes realizan su trabajo. Pero lo hago sabiendo que cuando ustedes hacen bien su trabajo, me ayudan a hacer bien mi trabajo. Nos ayudan a todos los que servimos desde el Gobierno a hacer un mejor trabajo, al hacernos rendir cuentas, al demandar honestidad, al impedirnos tomar atajos y caer en juegos políticos”.



Mientras Obama reconoce la labor de la prensa, acá Correa la insulta y desprestigia. La llama corrupta, mediocre y pide a la gente que no lea diarios ni vea noticiarios. No entiende que sin una prensa libre y crítica tambalea la democracia y se impone una sola visión. La visión del Gobierno. O lo entiende y eso pretende.

Ahora veo a Hugo Chávez en la tele. Amenaza con quitar la concesión a Globovisión. ¿Cuál fue la terrible infracción cometida por ese canal? “Incitar al pánico y ansiedad entre la población” al reportar la noticia de un temblor antes que lo hicieran las autoridades oficiales. Ridícula excusa con la que Chávez pretende callar voces libres.

En nuestro país no es muy distinta la cosa. Los abusos a la libertad de prensa se contagian entre gobiernos autoritarios. El Conartel decide abrir un proceso contra Teleamazonas. ¿Cuál ha sido el gravísimo pecado del canal? Reportar e informar a la ciudadanía sobre lo que ocurría en un centro de cómputo en el antiguo supermercado Santa Isabel. Acusan al canal de difundir información basada en supuestos que puede causar conmoción social.

Es una excusa tan ridícula como la del temblor venezolano. Teleamazonas simplemente ha reportado e informado sobre el ingreso y reclamos de actores políticos en el centro de cómputo. Son hechos, no supuestos. Lo que cada persona dice a las cámaras es su responsabilidad. El canal solo cumple su trabajo de informar.

Si se determina una infracción, se puede llegar hasta la suspensión temporal o reversión definitiva de la frecuencia del canal. ¡Cómo le gustaría eso al Gobierno! Chávez sin Globovisión, Correa sin Teleamazonas. ¡Al fin libres de los medios que les dicen lo que no quieren escuchar!

Mientras veo a Obama en su cena con los periodistas imagino si sería posible en nuestro país iniciar una tradición similar, reuniendo en un evento de confraternidad y mutuo respeto al Presidente y los medios de comunicación. En ella, nuestro Presidente reconocería también la importancia del trabajo de los periodistas y brindaría por una prensa crítica y libre.

Pero a quién vamos a engañar. Con el escaso respeto de este Gobierno al trabajo de los medios, antes que la invitación a cenar, pueden esperar la notificación de su suspensión. La cena tendrá que esperar a nuevos gobiernos que sí entiendan de libertad de prensa y respeto.

jueves, mayo 07, 2009

Y lo seguimos haciendo…

Estos días están circulando las palabras que Óscar Arias, presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz, pronunció en la última Cumbre de las Américas. El discurso titulado 'Algo hicimos mal' refresca nuestra mente tan contaminada en estas épocas por cantos dizque revolucionarios que repiten los mismos eslóganes gastados del pasado. Vale la pena leerlo.

Arias nos invita a reflexionar sobre las causas de nuestro atraso y a dejar de culpar a terceros por nuestra pobreza. Nos dice que si estamos mal, seguramente es porque algo hicimos mal. No porque el mundo, los países poderosos o los organismos internacionales conspiren en contra nuestra.

Arias nos hace ver que Latinoamérica ha tenido oportunidades similares a las de países hoy desarrollados que sí supieron realizar los cambios necesarios. “En 1950… Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 o 40 años– es un país con 40.000 dólares de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 o 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra”, dice Arias.

Arias se pregunta “¿quién es el enemigo nuestro?” que justifique que “América Latina se gaste 50.000 millones de dólares en armas y soldados”. Me pregunto lo mismo. Nuestros gobernantes hablan de desarrollo, educación y salud mientras se van de shopping armamentístico para defendernos de amenazas imaginarias. Nuestro real enemigo, como indica Arias, “es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria…”. Y ese es un enemigo que no podemos combatir con nuevos aviones o más armamento.

Arias nos invita a una reflexión final: “…mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (…capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo…Y mientras los chinos… han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás”. Espero que Correa haya estado escuchando.

Las palabras de Arias suenan bastante distintas y más constructivas que las de su vecino, Daniel Ortega, quien dijo en esa misma Cumbre que “en este siglo XXI y desde finales del siglo XX… los países capitalistas desarrollados establecieron su hegemonía a costa de la destrucción del planeta y de la especie humana, y arrastrando e imponiendo los valores consumistas de su modelo y la reproducción de la concentración de la riqueza y multiplicación de la pobreza, a la gran mayoría de los países en desarrollo”.

Mientras Ortega y sus amigos socialistas de este siglo se quejan y patalean por el progreso de otros y el atraso nuestro, Arias nos hace notar que no estamos como estamos por culpa de terceros, sino porque algo hicimos mal. Y lastimosamente, con varios de los líderes que elegimos y reelegimos en Latinoamérica, parece que así lo seguiremos haciendo.

miércoles, mayo 06, 2009

"Algo hicimos mal"

Palabras de Óscar Arias, Presidente de Costa Rica, en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago - 18 de abril del 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.

Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “ la verdad es que enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

Revista la U. - Mayo 2009

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jueves, abril 30, 2009

Desilusión postelectoral

Este domingo no tuvo mayores emociones. Sabíamos casi todos los resultados por adelantado. Se siente raro por primera vez amanecer de una elección general con todo prácticamente igual.

Tal vez lo más emocionante de estas elecciones es que al fin descansaremos de votar obligados a cada rato. Al menos por cuatro años. Y esto si Rafael Correa no decide inventarse alguna nueva elección en el camino que ratifique su popularidad.

Mi lado optimista me decía que al fin se terminaría esta campaña ininterrumpida de más de dos años en la que nos ha metido el Gobierno. Campañas para llevarnos a una Asamblea, pasar por una nueva Constitución, para finalmente reelegir a su autor. Pensaba que esta reelección marcaría el fin del Correa-candidato para dar inicio finalmente, aunque con dos años de atraso, al Correa-presidente.

Pero mi lado optimista se equivocó. Una de las primeras declaraciones postelectorales del Presidente es que los próximos cuatro años continuará “en campaña electoral recorriendo cada rincón de la patria para levantar la autoestima del país”. Nada cambiará por lo visto. Nos seguirán vendiendo la alegría empaquetada en eslóganes de televisión, visitas motorizadas y tours gastronómicos locales. El presidente-motivador, antes que el presidente-estadista y administrador, seguirá en su misión de alegrarnos la vida. Sonríe Ecuador, sonríe.

Pero esa no fue mi única decepción postelectoral. Pensé que este nuevo triunfo significaría el inicio de un Correa más realista que se aleje de sus posturas populistas –que él llama socialistas– para dar paso a políticas pragmáticas que generen confianza, inversiones, empleo y desarrollo.

Pero, ¿qué nos dice el flamante Presidente reelecto además de que continuará en campaña? Nos dice que radicalizará su socialismo del siglo XXI. Dijo también que “los cambios son posibles pero fuera del sistema capitalista, dentro del nuevo socialismo”. ¿Se da cuenta Correa de lo que dice? ¿Realmente piensa alejar a este país de un sistema de mercado y propiedad privada? ¿O son disparates que se escapan por la emoción del triunfo?

Con cada triunfo de Correa espero que diga algo, al menos una cosa, que indique que encaminará este país por un rumbo distinto al chavismo ultraestatista. Pero termino decepcionándome.

Pero tranquilos, no se preocupen tanto. Diego Borja, ministro del revolucionario ministerio coordinador de Política Económica, dijo que “no hay que ponerse nerviosos”, que “socialismo del siglo XXI no significa estatización, porque hemos visto que el modelo estatizante no sirve”. Hugo Chávez, maestro del socialismo del siglo XXI y activo practicante del estatismo, no estaría de acuerdo con la definición de Borja. ¿A quién le creemos? ¿Qué quiere decir entonces Correa con lo de profundizar su socialismo y alejarse del capitalismo?

Vienen cuatro años sin elecciones. Esta es la oportunidad del Gobierno para trabajar, ahora sí, pensando en el progreso del país y de su gente; no en los próximos votos o en su popularidad del momento. Esta es la oportunidad para tomar decisiones y acciones que nos metan en el siglo XXI de los gobiernos ganadores que, sin hacer mucha bulla ni quejarse a cada rato, le apuestan al trabajo y emprendimiento de su gente con el apoyo de un Estado limitado y eficiente.

Las primeras declaraciones del reelecto Correa ya apuntan en la dirección contraria. Así empezamos los próximos cuatro años.

jueves, abril 23, 2009

‘Para Obama, con afecto’

Hugo Chávez es un gran agente literario. En la última Cumbre de las Américas le regaló a Barack Obama una copia del libro Las venas abiertas de América Latina, del uruguayo Eduardo Galeano. Una foto capturó el momento. Y el libro ocupó en pocas horas el segundo lugar en la lista de los más vendidos en Amazon.com. Ojalá los nuevos lectores del libro no se contagien de esas ideas que Chávez y compañía comparten.

Las venas abiertas de América Latina dice que estamos mal en Latinoamérica por culpa de otros, no de nosotros mismos. Que somos pobres porque los países ricos nos chupan la sangre.

Según Galeano “nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros…”. O sea que al ganar un país pierde el otro. No podemos beneficiarnos ambos. Los imperialistas nos han robado nuestro oro, plata, cacao, café, banano, petróleo y más. Y es culpa de ellos, no nuestra, que no hayamos aprovechado estas riquezas naturales.

Para Chávez y sus amigos la culpa de nuestra pobreza siempre viene de afuera o de algunos “traidores” de adentro. La culpa es del imperio, de las multinacionales, del Fondo Monetario y el Banco Mundial. Somos unos pobres explotados incapaces de conducir nuestro destino. Buena excusa para el fracaso. El éxito de Chile demuestra lo contrario.

Opositores han criticado a Obama por su amigable actitud con un Chávez que hace poco lo calificó de “pobre ignorante” y que vive insultando a Estados Unidos. Pero creo que lo mejor es que Obama siga en ese tono amigable.

Así, Chávez y compañía tendrán un enemigo menos a quien culpar por sus errores y horrores. Así, sus seguidores antiyanquis tendrán menos argumentos para culpar al FMI, a la CIA, o al Banco Mundial de nuestra pobreza. Tal vez así, empiece Latinoamérica a entender que nosotros mismos, y nadie más, somos responsables de nuestro atraso o progreso.

Criticar a Bush era muy fácil. Pero hablar mal de Obama será más difícil, sobre todo si mantiene el diálogo y apertura con todos los líderes de la región sin importar su ideología o forma de gobierno. En cambio, si Obama no dialoga con Chávez, o cierra las puertas a un cambio de políticas hacia Cuba, solo le dará más argumentos a la gran base antiyanqui en Latinoamérica que vive culpando a otros de nuestra pobreza.

Los “acuerdos” de estas cumbres presidenciales al final sirven para poco o nada. Casi nadie los lee o les hace caso. Lo importante de estas cumbres son las relaciones que se fortalecen entre jefes de Estado. Y en estos tiempos de crisis es trascendental la colaboración y buena relación entre ellos.

Es posible que esta cumbre presidencial haya iniciado una nueva era en la relación de América Latina con Estados Unidos. Lastimosamente, se siente como si casi todos los mandatarios latinos están esperando un cambio en Estados Unidos que solucione los problemas de América Latina. Cuando es América Latina la que debe solucionar sus propios problemas. Saldremos adelante solo cambiando nosotros mismos, más allá de lo que hagan Estados Unidos o los países ricos.

El libro que regaló Chávez llevaba la dedicatoria “Para Obama, con afecto”. Veremos cuánto dura el cariño.

miércoles, abril 22, 2009

¿Buena vida?

Estoy echado en la playa. El sol brilla. Las olas del mar revientan en la arena. Y el sabor amargo y refrescante de una cerveza helada baja por mi garganta. Me he traído el periódico. Los problemas del mundo duelen un poco menos con los pies en la arena.

Me detengo en la nieve y el frío del noreste de Estados Unidos. Nueva York, Washington y Filadelfia están congelados bajo una montaña de nieve. En la foto se ve a gente con nieve hasta las orejas. Pienso: que rico estar aquí, en pleno invierno costeño, bajo el sol, el calor y esta biela refrescante. Pero luego lo vuelvo a pensar: ¿no sería mejor congelarme en la nieve del primer mundo en lugar de broncearme en esta arena del tercer mundo?

Alguna vez escuché en una conferencia que muchos países ricos habían alcanzado su alto nivel de desarrollo gracias, en parte, a que deben soportar el crudo y frío invierno. El duro clima obligó a sus habitantes, desde los antepasados de sus antepasados, a trabajar más durante las estaciones cálidas para cultivar y reunir alimentos, cazar animales que les den abrigo, y hacer todo lo necesario para sobrevivir los meses de invierno. Además, debieron construir casas fuertes con materiales resistentes que soporten las peores nevadas. Confeccionar sus abrigos. En fin, estar listos. La llegada del mal clima los obligó a desarrollar ese sentido de trabajo duro, previsión, ahorro y todas esas cualidades que contribuyen al crecimiento de un país.

En nuestras cálidas tierras, en cambio, nuestros antepasados la tuvieron más fácil. Verano eterno. La canción “Don’t worry, be happy” de Bobby McFerrin encabezaba la banda sonora de nuestras primeras civilizaciones. Buen clima. Frutas caída del cielo. Durante el año entero sobraban los alimentos. Podían andar desnudos sin problema. No había necesidad de complicarse inventando nuevas armas y sacarse la madre matando animales peludos para confeccionarse abrigos. Una chozita y una hamaca bastaban para cubrirse del sol y pegarse una siesta. Nada de casas complicadas y resistentes para protegerse. Eso de ahorrar y prepararse para el mal clima no lo conocían. Se acostumbraron a tomarse la vida con calma. Y hemos heredado esa actitud con el paso de las generaciones.

No se que tan válidas sean estas teorías, pero tienen sentido. Tuvimos demasiado sencilla la cosa. Y como todo lo que viene fácil, lo hemos desaprovechado. Nos sucede en especial a los países petroleros. Vivimos la paradoja de ser los más pobres a pesar toda esa riqueza que nos llega solita del subsuelo, sin que hagamos gran cosa para ganarla. Nos volvemos pasivos esperando que nos mantengan, nos den de comer y que mañana, como hoy, brille el sol y haga calor. Ponernos a trabajar de verdad está fuera de lugar.

No se por qué todo esto me da vueltas por la cabeza mientras me tomo mi cerveza en la arena. De repente no puedo disfrutar tanto el momento. El sol, el mar, la playa están bien. Pero la nieve me atrae. El mal clima me llama. Quiero caminar con nieve hasta el cuello, rodeado del desarrollo y el trabajo de ese primer mundo. Esta playa y sol nos terminan pasando la factura de una sociedad estancada.

Se me acerca un vendedor de cocos y rompe mi reflexión. ¡Qué maravilla! Te traen el coco a tu silla en la playa, tomas esa agua refrescante, y aquí mismo te lo parten a machetazo limpio. Delicioso coco. Delicioso sol. Delicioso clima. Y mañana es feriado con puente obligado. La buena vida. ¿La buena vida?


* Publicado en revista SoHo de Abril.

jueves, abril 16, 2009

Reír llorando

En el año 92, durante su campaña presidencial, Bill Clinton apareció en el popular show de Arsenio Hall. Con gafas oscuras, Clinton tocó el saxofón. Muchos dicen que ese momento fue crucial en su campaña para ganarse la simpatía –y los votos– de miles de personas que se identificaron con el joven y moderno candidato.

Los políticos han entendido que los votos se ganan contagiando simpatía. Más que por promesas o planes específicos, al final votamos por el candidato que se gana nuestra confianza y nos cae bien. Los votos cada vez se ganan menos en debates o entrevistas profundas. Se ganan entre bailes, canciones y bromas en programas de TV.

Este domingo, varios candidatos llevaron al extremo esta realidad al aparecer en el divertido programa ‘Buenos Muchachos’ (el mismo que tuvo que salir de uno de los canales incautados por sus críticas al Gobierno). Fue, como lo anunciaban los animadores del show, toda una “fanesca política”.

El programa me dejó más claro que antes que bajo las reglas de juego actual los candidatos no pueden realmente darse a conocer. Al estar limitados a un mínimo espacio publicitario, les toca recurrir, más que antes, a simples eslóganes y cualquier efecto creativo que haga que la gente los recuerde. La dizque igualdad para todos los candidatos los termina hundiendo en el mismo anonimato, mientras quienes van por la reelección tienen todas las de ganar al ser los únicos con los medios y cobertura para ser escuchados. La supuesta igualdad de condiciones termina siendo lo contrario.

En el programa del domingo los candidatos repetían su eslogan y un par de promesas acompañados de algún recurso visual. Parecían vendedores ambulantes, que ofrecen sus productos sin dar mayor explicación. Ahí, en ese programa y en estas elecciones en general, no hay tiempo para sentarse a explicar las cosas.

Tal vez idealizo elecciones pasadas, pero siento que al menos conocíamos a los candidatos principales y sus propuestas. Había un encuentro de ideas y proyectos que podíamos comparar. Los candidatos se exponían más tiempo en los medios. Hoy, venden eslóganes, gestos e impresiones en pocos segundos.

Álvaro Noboa repite que “de aquí en adelante el grito de la calle va a ser ¿De qué se ríe Correa?”. Pierina Correa canta inspirada. Rafael Cuesta con la boca pintada con la bandera de Guayas dice que “esta boca habla por Guayas”. Dalo Bucaram y su esposa Gabriela Pazmiño, se apoderan del escenario, cantan, y repiten mil veces su eslogan “Dalo por hecho”. Lucio Gutiérrez trae “una pistolita para hacerle pum pum a los precios altos de los víveres” y “una cajita de fósforos para quemar los precios altos del que sabemos” mientras repite que “Con Lucio todo era barato, ahora todo está caro”. Y así pasan al escenario los candidatos con sus ventas, tratando de convencernos en pocos segundos.

El programa me hizo reír. Pero en el fondo, da ganas de llorar por el básico nivel de nuestros candidatos y de campañas con las que se supone debemos decidir nuestro voto. Salvo pocas excepciones, como las campañas de Barrera y Ricaurte, candidatos a la Alcaldía de Quito, que constantemente debaten y discuten sus planes, aquí para ganar toca cantar y bailar. Y a nosotros, reír para no llorar.

jueves, abril 09, 2009

Planchazo revolucionario

¿Puedes nombrar a los quince candidatos a asambleístas nacionales por los que votarás este 26 de abril? ¿Identificarías las fotos de los asambleístas provinciales o los concejales junto a las que marcarás la papeleta? Yo tampoco.

Vuelve con fuerza el planchazo impersonal.

Correa apoyaba la creación de distritos electorales y la eliminación del planchazo. Basta googlearlo un poco para ver cómo incumplió su promesa.

En la página web de su primera candidatura, www.rafaelcorrea.com, aparece un comunicado titulado ‘Correa denuncia que León Roldós rompió el acuerdo para la convocatoria de una consulta popular por la Asamblea Constituyente’. El acuerdo, suscrito en agosto del 2006 por Correa, Roldós y Ehlers, incluye, entre otras cosas, “eliminar el voto en plancha”. Así de claro y puntual. ¿Quién rompió el acuerdo al final?

En la misma página web, aparecen declaraciones de Correa, donde indica: “Creemos necesario un sistema de distritos para que cada territorio esté representado, para que la gente le pueda exigir a sus representados rendir cuentas”. Yo ilusamente le creí. Y aquí estamos, igual que antes, sin ningún cambio.

Otra más. En su entrevista con la Asociación de Canales de TV, en diciembre de 2007, Correa dijo: “Es necesario una democracia mucho más representativa y mucho más participativa. Hoy el Congreso Nacional no representa absolutamente a nadie. Se diluye la responsabilidad. No hay rendición de cuentas. En consecuencia hay que hacer nuevos distritos electorales, donde los elegidos en verdad se sientan obligados con sus representados y esos representados les pueden pedir rendición de cuentas”.

¿Qué pasó en el camino? ¿Entendieron que esto de los distritos no ayudaría en sus estrategias por captar todos los espacios de poder? ¿Descubrieron que el voto en plancha, que antes aborrecían porque beneficiaba a los partidos poderosos, ahora no sería tan mal negocio?

Correa creía en esto. Por eso lo repetía. Pero el deseo de poder a veces opaca convicciones.

Votaremos nuevamente en plancha por gente que no conocemos, sin propuestas ni rendición de cuentas. En la página web del Consejo Nacional Electoral encontraremos caras de candidatos que nunca hemos visto, voces que nunca hemos escuchado, nombres que nunca hemos leído. Y lo irónico es que votaremos por ellos.

Si al menos nuestros partidos políticos tuviesen una ideología definida, estaríamos votando, más allá de no conocer a los candidatos, por una postura y políticas específicas. Pero acá, los partidos patean para todos lados y con las dos piernas. Empezando por Alianza PAIS. Ahí conviven las más diversas posturas ideológicas y pasados políticos. El planchazo, que favorece la imagen vacía por encima de cualquier propuesta o definición ideológica, nos terminará atrapando.

Pero siendo egoísta, el planchazo a mí tampoco me viene mal. El CNE ha tenido la gentileza de escogerme nuevamente como miembro de una junta receptora de voto este 26 de abril. No quiero ni imaginar lo que será el conteo de votos para asambleístas. Por eso, si te toca votar en mi mesa, por favor, ayúdame a regresar temprano a mi casa. Vota todo en plancha. Así contamos rapidito.

¡Que viva el planchazo! El país, como siempre, que se aguante a los políticos de siempre, que ofrecen lo de siempre, y cumplen solo lo que les conviene.

jueves, abril 02, 2009

Reciclaje

Este domingo EL UNIVERSO publicó un reportaje de esos que no gustan en Carondelet.

En el reportaje vemos que este Gobierno sabe reciclar, no papeles o botellas, sino políticos de esa partidocracia que tanto critica. El movimiento supuestamente de cambio terminó siendo igual a todos.

Alianza PAIS acoge a la partidocracia. Sus puertas están abiertas para cualquier candidato con posibilidades de ganar, sin importar de donde venga. El partido, que llegó al poder como una alternativa a esa partidocracia gastada, hoy está conformado justamente por varios miembros de esos partidos y tendencias tan criticados.

Alianza PAIS es libre de recibir en sus filas a cualquier político. Y cualquier político puede unirse a Alianza PAIS. Pero resultan bastante sospechosos estos camisetazos.

Aquí no se dan cambios porque el prianista de ayer hoy descubre que su vocación está en el Socialismo del Siglo XXI de Alianza PAIS. No, su cambio se da porque sabe que en el Prian no tendrá las mismas posibilidades de ganar que en el partido presidencial.

Por su lado, el Gobierno no acoge a estos candidatos porque apruebe su ideología o experiencia. Los recibe porque tienen posibilidades de ganar. Así de simple.

Hoy todos se trepan a la camioneta verde. Y Correa los recibe con brazos abiertos en lugar de oponerse a ellos. Total, lo que importa es ganar. Es tener la mayor cantidad de alcaldes, prefectos, concejales, asambleístas del lado del Gobierno. La ideología y currículo no importan. Derechas, izquierdas, socialistas, capitalistas, pasados políticos, da igual. Lo importante es el poder por el poder. Demostrar que son más. Que dominan. Que al resto, a esa partidocracia –a la que hace poco pertenecían muchos de sus candidatos– le dan paliza.

El reportaje identifica a varios miembros de la partidocracia que ahora juegan con la 35. Muchos de estos candidatos de la partidocracia, “son caudillos en sus provincias. Empresarios o dirigentes, que al menos en el 90% están entre las personas de mayor poder económico en sus localidades. Y, aunque estuvieron vinculados a los partidos Roldosista, Social Cristiano, Sociedad Patriótica y Prian… hoy son candidatos por el movimiento gobiernista, PAIS”.

Las camionetas roldosista, socialcristiana, prianista y de Sociedad Patriótica están tubo bajo. Ya no jalan como antes. Los candidatos se bajaron de ellas. Ahora se suben a la 4x4 del Gobierno. Esa arrasa y está bien tuneada. Hay plata en esa camioneta. La nuestra para conseguir votos.

Por eso, aunque el Gobierno nos hable de una revolución ciudadana, de un cambio de época, de corazones ardientes, y de una patria de todos, sabemos que estamos ante los mismos jugadores de siempre que ahora juegan para otro equipo. Pasarán los años y aparecerá un nuevo candidato que llegue al poder ofreciéndonos combatir a la dominante partidocracia de Alianza PAIS. El mismo discurso con el que llegó Lucio Gutiérrez. El mismo discurso con el que Rafael Correa conquistó los votos. ¿Se detendrá algún día el círculo vicioso?

La partidocracia no ha muerto. Está más viva que antes en las filas gobiernistas. Los mismos rostros con nueva camiseta. La misma política con nueva etiqueta. ¿Quién nos saca del hueco? ¿Para cuándo las caras y propuestas nuevas?

miércoles, abril 01, 2009

Revista la U. - Abril 2009

Ya está circulando la U. de abril en tu universidad!!!



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jueves, marzo 26, 2009

Buques en el mar

Estoy trotando por el malecón de Salinas. Cuatro buques militares me interrumpen el azul del mar. Descansan grises y pesados frente a la playa. Me pregunto: ¿los necesitamos?

Lo militar acompaña nuestras vidas. Desde la escuela marchábamos como pequeños soldados con el izquier, dos, tres, cuatro. A los 18 debimos presentarnos para que nos examinaran y nos entregaran un carné. Los jóvenes de hoy al menos se ahorrarán ese trámite. Si algo bueno dejó la Asamblea Constituyente –al menos una cosa– fue terminar con la ridiculez del servicio militar obligatorio.

Los militares reaparecen por diversos motivos. A veces los vemos junto al presidente de turno en las graderías de sus desfiles donde hacemos alarde de todo el dinero gastado en tanques y aviones. A veces aparecen como “garantes de nuestra democracia” decidiendo quién se queda o quién se va de Carondelet.

El mundo está acostumbrado a la presencia militar. Vemos casi normal que se despilfarre el dinero de países chiquitos y pobres como el nuestro en aviones que nunca irán a una guerra, en buques que jamás enfrentarán un enemigo, en fusiles que se dispararán solo en simulacros. Y nuestros gobernantes, que necesitan el apoyo de las fuerzas armadas, aprenden desde el primer día a mantenerlas contentas gastando nuestra plata en ellas.

Se puede entender que las grandes potencias tengan grandes ejércitos. Les toca. Pero países como el nuestro, ¿necesitamos grandes ejércitos y tanto armamento para pelear con enemigos que no tenemos? Perú no es nuestro enemigo. Firmamos la paz con el Perú y acabamos con ese absurdo conflicto. Colombia no es nuestro enemigo, aunque Correa diga lo contrario.

Esa postura presidencial de hacer del gobierno colombiano nuestro enemigo –más que a las FARC– solo sirve para justificar un mayor gasto militar. Nada como crear un enemigo externo para botar plata en más armamento.

En Latinoamérica somos tan parecidos. Somos la misma gente. Y sin embargo nos continuamos armando hasta los dientes. ¿Será porque nos tenemos real desconfianza? ¿O será porque hay que mantener la idea del peligro latente para justificar más bases, aviones y armamento? Latinoamérica arma ejércitos para jugar a la guerra entre países vecinos, cuando en realidad el peligro es interno.

Sin duda las Fuerzas Armadas nos han enorgullecido muchas veces. Les debemos respeto por protegernos. Pero yo me sentiré más seguro como ecuatoriano el día que nos ocupemos mucho más de la seguridad interna que de supuestas amenazas externas. El real peligro está aquí entre nosotros, en la delincuencia en las calles, sin importar la nacionalidad del criminal. Ahí debe estar el enfoque del gasto en seguridad. Esa delincuencia se combate con una Policía profesional y bien equipada. Se combate con más educación. Y eso cuesta plata, tantas veces desperdiciada en gastos militares innecesarios.

Sigo trotando, ahora en Chipipe. La calle continúa pero no puedo avanzar. Ahí está, inmensa y desperdiciada, la Base Naval de Salinas. ¿Qué misión real cumple esa base para nuestra seguridad? Doy media vuelta y continúo mi camino, mientras sueño que un día ese espacio de pocos será de todos. Que un día tendremos un gobierno con la decisión para iniciar el verdadero cambio hacia un Ecuador más seguro donde lo militar pase desapercibido.

domingo, marzo 22, 2009

Me quejo

Talvez es el calor, la humedad y las lluvias que vivimos en Guayaquil estos días. Talvez es la maldita gotera que se abrió en media sala de mi casa. O talvez es la política ecuatoriana, liderada por un Presidente que se dedica a cantar canciones protesta, insultar cada sábado a una nueva víctima y alabar a Fidel, Chávez y el Che, mientras el país se va hundiendo en el atraso. Talvez es la unión de todo eso.

Lo cierto es que he llegado este lunes al trabajo quejándome por todo y con ganas de quejarme más de las estupideces cotidianas que nos toca vivir. Insignificantes quizás frente a los grandes problemas del país, pero suficientes para amargarnos momentos de la vida.

Empiezo a quejarme.

Me quejo de los expertos en corchar ascensores. Van a trabajar todos los días. Suben y bajan ascensores a diario. Pero igual, se empeñan en entrar al ascensor antes de que uno pueda salir de él. Las puertas se abren, uno se dispone a salir libremente del ascensor, y nunca falta ese que empuja su cuerpo hacia adentro creando un absurdo y tercermundista embotellamiento humano.

Junto a ellos, coexiste otro espécimen del mundo de los ascensores de oficinas. El que presiona el botón para bajar cuando va a subir, y el botón para subir cuando va a bajar. Lo que le importa es que se abra la puerta del ascensor y entrar en él. Si sube o baja da igual. Que los ascensores se demoren en llegar por su culpa, da lo mismo. Por eso, me he encontrado con ciertos edificios de oficinas que muy didácticamente intentan educar a este espécimen laboral: junto al botón con la flecha para arriba aparece un letrerito que dice “oprima este botón solo para subir”, y junto al botón con la flecha para abajo, un letrerito repite “oprima este botón solo para bajar”. Siento vergüenza ajena ante lo que un extranjero puede pensar al leer esta obviedad. Pero no aprendemos.

Me sigo quejando.

Me quejo, sobre todo en esta época de viajes a la playa, del idiota que viaja a cincuenta kilómetros por hora por el carril izquierdo. De nada sirven los carteles que dicen que maneje por el carril derecho, y que la izquierda es solo para rebasar. Es inútil hacerle luces para que se haga a un lado y te deje pasar. El sigue tranquilo. Ni se inmuta. A veces es por ignorancia, a veces porque les da la gana. Taponan carreteros, causan accidentes, y ellos campantes comiendo su empanada por el carril izquierdo.

Más quejas.

El que se te pega en la cola. La del banco, la del aeropuerto, cualquier cola. Hay espacio suficiente para todos. No hay razón para estar tan juntitos. Pero igual se te pega. Te respira en la espalda. Sientes su respiración caliente, su tufillo, su brazo rozando tu brazo. Cree que pegándose más a ti la cola avanzará más rápido, que el cajero se apurará contando billetes o que el avión no lo dejará botado. Y cuando alguien avanza adelante tuyo, te empuja con su cuerpo para que también te adelantes. ¡Señor, el avión no lo va a dejar!

Y una queja más.

Los que pitan. Pitan antes de que la luz cambie a verde como anunciándote que te vayas preparando para avanzar. Pitan para pasar. Pitan para avisar que ya llegaron. Pitan para saludar al del carro de al lado. Pitan y vuelven a pitar por el malsano placer de interrumpir nuestra tranquilidad pitando. Estos sujetos suelen conducir taxis destartalados, buses con leyendas de “Cristo te ama”, o autos dizque tuneados con peluches colgando del retrovisor. Y suelen amargarte tu viaje a Salinas bloqueando el carril izquierdo.



* Publicado en revista SoHo de Marzo.

jueves, marzo 19, 2009

Voto doloroso

Rafael Correa. Lucio Gutiérrez. Álvaro Noboa. Martha Roldós. Cuatro nombres en los que se resume el triste panorama de la política ecuatoriana.

Rafael Correa ganará. De eso no hay duda. Pero estas elecciones quedarán como un recordatorio de que la política no cambia, que no hay voces que valgan la pena, que algo distinto deberá suceder en cuatro años si queremos salvarnos.

Noboa y Gutiérrez, representan el pasado que queremos dejar atrás. Correa es el presente del que queremos librarnos. Y Roldós es una reacción valiente al presente, pero una reacción que nos llevaría en una dirección equivocada.

Gutiérrez. No se puede esperar mucho de un ex presidente que se hizo famoso por liderar un golpe de Estado. Linda forma de pretender dirigir una democracia. Su paso por la presidencia fue una oportunidad perdida. El dictócrata se burló de la democracia. Lo echaron a la calle. Hoy su credibilidad es escasa. No suenan tan mal algunas de sus propuestas, pero ¿cómo creerle?

Noboa. ¿Será que disfruta perder elecciones? Esta será su cuarta derrota. Su papel como candidato a la presidencia se ha caracterizado por hacernos sufrir a los ecuatorianos de una terrible vergüenza ajena colectiva. Aunque esta vez ha dicho que no utilizará la religión y el show en su campaña (no más Biblia al aire, rezos arrodillados, y conversaciones directas con el más allá), ya lo conocemos y sabemos que es difícil ese cambio. Noboa representa la política que debemos enterrar: partido político con dueño, sin real ideología, creado para llevarlo al poder; campañas y discursos populistas donde los votos se consiguen con promesas imposibles; ausencia de ideas y planes reales de cambio.

Roldós. Admiro su oposición a este Gobierno con el cual ella simpatizaba inicialmente. Su voz en estas elecciones representa a esa izquierda desencantada con este Gobierno cuya ideología se ha limitado a la acumulación de poder. Representa a muchos que votaron llenos de esperanza por Correa. Que se identificaban con Alianza PAIS. Pero que ya no pueden apoyar a un Presidente que manda a detener a cualquiera que lo mira mal, por dizque ofende su majestad. No pueden identificarse con un socialismo, cuyo principal enfoque no es el bienestar de la sociedad, sino mantener la popularidad suficiente para reelegirse eternamente. Lastimosamente Roldós apoya una izquierda radical alejadísima del camino que nos puede llevar al progreso.

Y Correa. Prometió cambio. Y lo trajo. Un cambio para mal. Cambio hacia el autoritarismo, el Estado obeso y la concentración de poder. El cambio que no queremos. Su gobierno despilfarró nuestro dinero a cambio de popularidad y votos. Su estilo espantó la inversión. Y hoy, sin la plata de antes, los problemas serán reales y tocarán cada uno de nuestros estómagos y billeteras.

Ya nos ha tocado en el pasado votar por el mal menor. Pero creo que nunca como ahora ha sido un voto tan doloroso. Ni siquiera tenemos la vaga esperanza de que el mal menor pueda ganar o incluso alcanzar la segunda vuelta.

Si bien el voto nulo representa un rechazo a todos y todo, no ayuda en nada. Mejor votar por alguno, que desperdiciarlo en ninguno.

Voto doloroso. Voto vacío de esperanza. Voto que daré al que vaya segundo, en rechazo a este Gobierno.

jueves, marzo 12, 2009

Chávez otra vez

Parece que de Chávez solo hemos visto el comienzo. Lo suyo es seguir el mismo camino de su maestro en Cuba. El camino a la profundización del “Socialismo del Siglo XXI”.

Chávez inicia una nueva ofensiva contra la empresa privada y el sector agroindustrial, con la demagógica excusa de la soberanía y seguridad alimentaria. Lindas palabras para legitimar un robo. Chávez ha intervenido o expropiado empresas arroceras y de alimentos. Y parece que no se detendrá.

Sus expropiaciones hasta llegaron a la ciudad. A la Coca Cola le dio dos semanas para dejar un estacionamiento en Caracas. El área sería más revolucionariamente útil con un proyecto de vivienda. Según Chávez, se trata de convertir la propiedad privada en “propiedad social”. Otro de esos términos con los que los dictadores se apropian de cualquier cosa.

Y para aumentar sus atropellos y demostrar que su voluntad se impone hasta en lo más insignificante, Chávez ordenó la clausura de la exhibición Bodies revealed en Caracas.

Pude visitar esta exhibición en Nueva York. Presenta cuerpos humanos preservados de una forma innovadora y sorprendente. Cuando visité la muestra, decenas de niños aprendían y descubrían más sobre el cuerpo humano como nunca lo podrían hacer en sus libros de clase.

Para Chávez, que como Correa tiene esa facilidad de opinar y meterse en todo, la muestra se trata de “un espectáculo macabro” que refleja la “descomposición moral que sacude el planeta”. Así que, como buen dictador, mandó a cerrar la exhibición, dizque por un delito aduanero en el ingreso de los cadáveres al país.

Ahí es cuando se ve la diferencia entre una democracia y una dictadura. En los países democráticos, varios grupos se han opuesto a esta exhibición. Han protestado ante las autoridades. Han creado páginas webs y comunidades que reúnen firmas rechazándola. Y las autoridades han actuado según la ley, permitiendo la instalación de la exhibición.

Pero no en Venezuela. Si al Presidente no le gusta, la exhibición se cierra. Si al Presidente no le gusta el precio del arroz, se lleva las arroceras. Si el Presidente quiere construir viviendas en la ciudad, simplemente toma cualquier terreno privado. ¿Imaginan a un presidente de una democracia actuando de esa manera? ¿Imaginan esto sucediendo aquí con nuestro Presidente? Si lo podemos imaginar, nuestra “democracia” deja mucho que desear.

Chávez y su socialismo imponen una cultura: su cultura (o falta de cultura). Una visión: su visión. Una ideología. Un modo de pensar. El Socialismo del Siglo XXI, como todos sus antecesores ideológicos, solo funciona en una dictadura en la que se imponen ideas y decisiones. Solo puede existir suprimiendo la libertad individual.

Eso de las elecciones es puro maquillaje. Chávez empieza a perpetuarse en el poder como su maestro Fidel solo pudo soñarlo: con el voto popular que “legitima” sus abusos. Al fin y al cabo, ¿le importa a la mayoría si su presidente cierra una exhibición o interviene empresas privadas? ¿Valora la mayoría de personas la libertad individual cuando su líder los mantiene contentos con bonos y demagogia?

Y acá, ¿nos importa? ¿Entendemos que sin libertad no hay futuro? ¿Permitiremos la profundización del “Socialismo del Siglo XXI”?

jueves, marzo 05, 2009

Nerviosos

Estamos nerviosos.

En España, el número de desempleados se acerca a los 3,5 millones. Tiemblan los bancos más poderosos de Estados Unidos y Europa. Tambalean gigantes como General Motors y Ford. Por nuestros barrios el petróleo no sube de precio, las remesas disminuyen, las inversiones escasean y la actitud de este gobierno no ayuda a que la plata venga.

Lejos han quedado esas desatinadas expresiones de Correa: “¡A mí qué me importa la crisis de Estados Unidos! ¡Qué nos interesa lo que pase afuera!”. Importa. Y mucho.

La semana pasada Diego Borja, ministro coordinador de Política Económica (otro de esos inventados ministerios “revolucionarios”), dijo en una entrevista que la dolarización está en peligro. Eso ya lo venían diciendo varios analistas. Pero cuando una autoridad del Gobierno lo dice, es para ponerse más nervioso.

Borja dice no entender por qué los banqueros sacan la plata del país alegando que el Ecuador es muy riesgoso. “¿Qué país en estos momentos de la crisis financiera internacional no es riesgoso?”, se pregunta el Ministro.

Yo solo sé que si los bancos prefieren tener su plata afuera, aun estando el resto de países en crisis, nos damos una idea de la poca confianza y verdaderos riesgos que aquí existen.

El Gobierno quiere que los banqueros traigan la plata y la presten para generar más actividad económica. El Gobierno ofrecería estímulos tributarios e inyectaría 800 millones para asegurar la liquidez de la banca. Pero dudo que la banca sienta la confianza suficiente para traer la plata de los depositantes. Esa confianza se la debe ganar el Gobierno brindando la seguridad y estabilidad que sistemáticamente ha venido destruyendo.

Según Abelardo Pachano, en una entrevista en reacción a las declaraciones de Borja, “hay que agradecer que tenemos recursos a la disposición del sistema financiero, porque si eso hubiera hecho simultáneamente el gobierno con las cuentas públicas, no estaríamos tan preocupados y tan agobiados por las secuelas de la crisis internacional”. Es decir, si el Gobierno en lugar de despilfarrar la plata, hubiera sido más precavido como la banca privada, el panorama no sería tan grave.

No estaríamos tan nerviosos como andamos estos días, imaginando una caída de la dolarización. Esa horrible pesadilla. Nuestros depósitos y sueldos hechos polvo. Gente corriendo a sacar su plata de los bancos. Y este gobierno con la maquinita para imprimir billetes según su estado de ánimo.

Lo irónico es que por ahí nos quieren vender la idea de que esa pesadilla sería más bien un dulce sueño. Un reciente estudio de la Senplades dice que el 89% de los ecuatorianos cree que su condición de vida actual es peor que antes de la dolarización. Tal vez el estudio no recoge que la situación de los ecuatorianos sería aun peor sin dolarización. Simplemente no veo a la gente sonriendo más porque les paguen el sueldo con un instantáneamente devaluado nuevo sucre, rafico, o como bauticen al pobre niño.

Borja dijo en su entrevista que “es política del Gobierno defender la dolarización, y por una sola consideración, porque contribuye a mantener el poder adquisitivo de las familias ecuatorianas”. Queremos creerle. Pero cada día es más difícil.

miércoles, marzo 04, 2009

Revista la U. - Marzo 2009

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jueves, febrero 26, 2009

¿Entendiéndonos?

“Yo no entiendo cómo los jóvenes ecuatorianos, que hablan más de un idioma, se conectan a la internet, tienen el celular en sus manos, cómo pueden seguir un modelo económico y político caduco y contrario a los intereses del país…”, dice el ex presidente Osvaldo Hurtado en una entrevista en la última Vistazo.

Yo tampoco entiendo.

Entiendo que quien vive en extrema pobreza se emocione con el candidato-presidente Correa. Que le crea sus discursos demagógicos y cadenas contra los ricos, los países poderosos, los empresarios, las multinacionales y la prensa. Que espere que el Gobierno toque su puerta y le entregue comida, bono y casa nueva.

Pero no entiendo ese apoyo entre quienes sí conocen el fracaso de los modelos socialistas, en particular este socialismo autoritario criollo que Chávez lidera.

¿Por qué votamos tan emocionados por recetas fracasadas? ¿Por qué aquí hablar de socialismo y alabar a Cuba es un activo en lugar de suicidio político?

Ni los más izquierdistas de Europa, Estados Unidos y otras tierras políticamente maduras votarían por nuestros Correas, Chávez y compañía. No aceptarían un presidente que desprecie la iniciativa privada, la libertad individual, la libertad de prensa y que reduzca a los ciudadanos a receptores pasivos de la caridad estatal, en lugar de generadores activos de su propio bienestar. Acá los elegimos presidentes. Y lo que es peor, los reelegimos.

Gran parte de la culpa la han tenido y tienen ciertos representantes de la derecha ecuatoriana, supuesta abanderada del libre mercado, la iniciativa privada, y un Estado que no meta sus narices por todos lados. En lugar de generar oportunidades para todos, en un clima de libertad que atraiga inversiones y genere el emprendimiento individual, se beneficiaron del Estado, favorecieron a unos pocos y olvidaron a la mayoría de ecuatorianos. Hoy hablar de derecha en nuestro país se ha convertido en vergüenza. ¿Cuándo fue la última vez que un candidato se calificó de derecha con orgullo?

El reportaje de Vistazo nos cuenta que “Hurtado admitió que cuando gobernó el país a inicios de los ochenta seguía un guión económico equivocado. Ese mismo recetario lo ha desempolvado, sin ningún desparpajo, el gobierno de la Revolución Ciudadana en pleno siglo XXI”.

Hurtado creía en ese Estado todólogo como Correa. Con el tiempo, su experiencia, estudios y la realidad del mundo le hicieron ver su error. El actual Gobierno vive a diario ese error que Hurtado y muchos como él superaron. Alan García, en Perú, pasó por el mismo proceso de entendimiento. Varios países de la región ya superaron esos extremos. “Socialistas”, como Bachelet en Chile, pertenecen a un mundo de ideas que aquí se considerarían de centro. Nosotros no entendemos. Nos gobiernan ideas que deberían descansar en el cementerio.

Es difícil entender a universitarios, jóvenes profesionales y empresarios, que mientras sueñan con vivir y trabajar en un primer mundo capitalista, apoyan aquí las candidaturas socialistas más tercermundistas. ¿Serán menos en estas elecciones?

Las lecciones de la historia parecen no importar. Aquí nos seducen evocando al Che y hablando de justicia social, mientras hacen huir la inversión nacional y extranjera, acaban con las fuentes de empleo, y (de)forman otra nueva generación acostumbrándola a la caridad del papá Estado.

¿Quién nos entiende?

domingo, febrero 22, 2009

Pollas

Escribo este artículo mientras mis alumnos de la universidad toman examen. Antes de entregarles la hoja que deberán resolver, les hago una advertencia: “al que intente copiar o saque una polla le pongo cero”. Así de simple.

Mientras los estudiantes escriben sus respuestas en silencio, recuerdo a mis profesores del colegio. Tenían un sistema bastante elástico en relación a la copia: “La primera vez que los vea copiando les quito dos puntos. La segunda les quito cinco. A la tercera les quito el examen y les corrijo sólo lo que tengan contestado”. ¡Y así y todo tenía amigos que se quedaban de año!

La trampa en el colegio es algo que se asumía desde el primer día. Los profesores se resignaban a simplemente mantenerla a un nivel moderado. No faltaba el profesor que se unía de frente al sistema. “Si van a copiar háganlo en silencio sin que yo me de cuenta”, nos decía el descarado.

Vivimos en un país y una cultura copiona, plagiadora, llena de pollas escondidas bajo el pupitre o el hilván de la falda. Nuestros colegios son centros especializados en la copia. Nuestros profesores no se alarman. Nuestros padres hasta se divierten cuando les contamos nuestras estrategias de copia empleadas en clase. O comparten sus propias estrategias para que las intentemos en la próxima lección.

“¿Qué tal te fue en el examen mijito?”, pregunta la mamá. “Bien, con ese profesor es facilito copiar. Yo le copié todo a Pedro que es el más aplicado de la clase”, contesta el mijito. La mamá se enorgullece de su hijo tan sabido y respira tranquila al saber que no le dañarán sus vacaciones con otro supletorio.

Siempre me he preguntado si la corrupción de políticos, contrabandistas, y mafiosos criollos en nuestro país se inicia la primera vez que le copian al compañero de la banca de al lado. ¿Existe alguna relación entre las trampas en clase con las trampas en la política y los negocios? ¿Son los más copiones de clase quienes luego se convierten en los más corruptos en la vida?

Difícil saberlo con precisión. Tengo amigos que fueron expertos en la copia y hoy son ciudadanos honestos. Pero en general, parecería que como sociedad sí hay cierta relación. Mientras más corrupto es un país, más copiones son sus estudiantes.

Yo nunca fui muy copión. Pero recuerdo claramente tener una super polla detrás de mi calculadora con todas las fórmulas de física. Simplemente me era imposible memorizar tantas fórmulas.

Cuando llegué a la universidad en Estados Unidos no se me ocurría intentar copiar por nada en el mundo. El riesgo era muy alto. A más de uno habían expulsado por copiar o plagiar. Nada de cinco puntitos menos o te quito el examen. La copia era algo serio.

En la universidad nos hicieron firmar un compromiso de que actuaríamos siempre con honestidad académica. Eso incluía nada de plagio. En el colegio, mis trabajos de “investigación” consistían en copiar al pie de la letra lo que decía la enciclopedia Salvat o las láminas que vendían en la papelería. Cuando nos mandaban a investigar sobre la Batalla del Pichincha, por ejemplo, bastaba esperar que salga el suplemento en el diario y copiar hasta la última coma. En la universidad me enseñaron que eso se llama plagiar, va en contra de la honestidad académica y es causa de expulsión. Aprendí entonces a citar autores, consultar varias fuentes, utilizar mis propias palabras e ideas, y llegar a mis propias conclusiones cada vez que escribía un paper.

Un día, muy ingenuamente, mandé a mis alumnos un trabajo de investigación. Todos, salvo un par de excepciones, le hicieron copy-paste a lo que decía Wikipedia sobre el tema. Tuve que dedicar media clase a explicarles sobre el plagio. Ese día se acabaron los trabajos de investigación en mi clase.

La hora del examen está terminando. Me he dado una vueltitas por la clase y no he descubierto ni media polla ni a nadie copiando. Parece que me ha tocado un grupo de alumnos de los buenos. O se están riendo en mi cara con pollas muy avanzadas que no puedo descubrir.



* Publicado en revista SoHo de Febrero.

jueves, febrero 19, 2009

Sábados de vergüenza

Si de algo no pueden quejarse con este Gobierno los conductores de programas de entrevistas es de falta de material. Correa hace su trabajo más fácil. En especial, sus cadenas de los sábados son una rica fuente de controversias, insultos e ironías que dan condumio para varias entrevistas.

El zapping de canales cada mañana es un recuento de insultos presidenciales del sábado. La última cadena, “abusiva y populachera”, como la describió Jorge Ortiz, sirve como muestra. En ella, Correa demostró nuevamente que lo suyo es fregar a los demás, ocupándose de pequeñeces en las que un verdadero estadista no perdería ni un segundo de su tiempo.

Jorge Ortiz entrevista a Jaime Nebot. Le muestra las declaraciones de Correa en las que se queja por el amparo que impide al Gobierno emitir las cédulas de identidad de Guayaquil, cuya competencia fue cedida al Municipio. Exige que le permitan al Gobierno competir con el Municipio. Al menos Correa está aceptando que competir es bueno. Lástima que pretenda hacerlo absurdamente en un servicio que no lo justifica. Todos sabemos que esto es un capricho más del Gobierno, que pudiendo modernizar el Registro Civil de tantos otros cantones que lo necesitan, se mete a despilfarrar nuestra plata y armar escándalo y medio en la única ciudad donde la cedulación sí funciona eficientemente.

Ya que le gusta competir al Presidente, ¿qué tal permitir al Seguro Social competir con el sector privado para que cada ciudadano decida dónde ahorrar su propia plata? Pero claro, ahí dirá Correa que esto de la competencia es una cosa neoliberal, y que la seguridad social solo puede estar en manos del siempre solidario –y endeudado– Estado.

Cambiemos de canal. Carlos Vera entrevista a Leonardo Viteri, asambleísta de Manabí. Parte de la entrevista también se centra en el video de la cadena del sábado, donde Correa critica a Viteri con sus clásicas ironías y gestos tan poco presidenciales. La respuesta de Viteri a Correa va en el mismo tono de las acusaciones: “Yo tengo la suerte… de no tener traumas psicopatológicos, de no ser acomplejado, y de haber sido bien criado con el ejemplo de mis mayores”. Por ahí va la altura del debate político que el Presidente genera cada sábado.

Imagino a Correa en unos quince años, jubilado de la Presidencia, descansando en su exilio político. ¿Qué pensamientos pasarán por su calva cabeza recordando su presidencia? ¿Sentirá vergüenza de ese ridículo e inmaduro espectáculo que montaba cada sábado? ¿Le traerán los años la madurez y sabiduría suficientes para verse a sí mismo con ojos críticos y entender el mal que le hizo al país con sus bravuconadas, insultos, confrontaciones, egoísmos, caprichos y populismos? ¿O continuará desde sus clases universitarias en alguna universidad belga o venezolana –Chávez seguirá seguramente en el poder– despotricando contra la prensa y la oposición?

Para esas reflexiones falta mucho. Nos toca aguantar más espectáculos sabatinos. Nos toca seguir gobernados por un Presidente a quien, en lugar de poner como ejemplo para nuestros hijos, debemos desaparecer del televisor para que no aprendan de sus insultos e ironías. Nos toca otra elección en la que la mayoría votará por él. Vamos aprendiendo el masoquismo político venezolano.

jueves, febrero 12, 2009

Compañero Chauvin

Este caso Chauvin huele bastante mal. Pero seguramente, como con otros malos olores salidos del Gobierno estos últimos años, no pasará nada. Le darán la vuelta al asunto, encontrarán sus chivos expiatorios, nos convencerán de que nadie sabía nada de nada, y que viva la revolución ciudadana.

Correa será reelegido por la gran masa ecuatoriana que le sigue creyendo ilusamente o que simplemente no quiere votar por los gastados rostros de los otros candidatos. Si se prueba que su Gobierno es amigo de las FARC o que sus funcionarios tienen vínculos con el narcotráfico, será una manchita más que se lava con una buena dosis de detergente publicitario e insultos de los sábados.

Ya Correa, en su cadena del sábado, luego de pedirle disculpas a José Ignacio Chauvin por haber “reaccionado exageradamente motivado por el prestigio del Gobierno” y de felicitarlo por su “valentía” al haberse entregado, señaló implícitamente quién será el culpable de cualquier escándalo que se presente. ¿Adivinaron? La “prensa tremendamente corrupta”.

Pero resulta que esa prensa es la única que nos dirá las cosas como son. En la página web de la Presidencia o en el diario oficial El Telégrafo será difícil encontrar mayor información. Si no les gusta lo que dicen los periódicos los invito a visitar otras fuentes. Por ejemplo, el blog www.ecuadorsincensura.blogspot.com que señala, de forma clara y con videos bastante ilustrativos, las contradicciones de este Gobierno.

Eso de que las varias reuniones de Chauvin con el líder guerrillero Raúl Reyes hayan sido a título personal, en Colombia y sin que nada supieran sobre el campamento en Angostura es una historia difícil de comprar. Correa ya se protegió diciendo que si Chauvin se reunió con Reyes como funcionario del Gobierno en territorio ecuatoriano lo considerará traición a la patria. “No le perdonaré eso al compañero José Ignacio Chauvin, lo consideraré una traición a la revolución ciudadana.” Y con esa enérgica declaratoria quedará cerrado este tema. Vuelta a la página y que siga la fiesta.

Vendrán las elecciones. Vendrán las promesas. Vendrán los bonos, la sonrisa, los bailes y el canto. Vendrán los desayunos en el puesto de la comadre. Vendrá el político incansable que ocupa cada centímetro de la vida de los ecuatorianos. Y en poco tiempo olvidaremos quién era ese tal Chauvin.

Los ataques permanentes de Correa a la prensa dan resultados. Cualquier información que desprestigie al Gobierno será un invento de la prensa corrupta para desestabilizarlo. Así como el aumento de la delincuencia en el país era también un invento de la prensa. Así como los Pativideos eran inocentes videos caseros que no probaban nada.

“Lo más importante es la verdad y la justicia”, dijo Correa el sábado. Le tomamos la palabra. Quisiéramos creer que este Gobierno permitirá que se sepa toda la verdad y se llegue al fondo del asunto. Pero algo nos dice que sabremos las cosas a medias.

En su momento, seguramente hablarán funcionarios del Gobierno que, como ya ha sucedido, se van desilusionados y frustrados al ver que este supuesto proyecto de cambio no es más que otro proyecto personalista. Tal vez ahí descubriremos la verdad. Y la parte de la justicia, esa como siempre, tendrá que esperar.

viernes, febrero 06, 2009

Revista la U. - Febrero 2009

Ya está circulando la U. de febrero en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, febrero 05, 2009

Huérfanos

Estamos ante la elección presidencial más decepcionante de los últimos años. No hay opciones. Correa tiene el camino libre para cuatro años más de odios, autoritarismo y la destrucción progresiva de nuestra democracia y libertad.

No recuerdo una elección con tan poca participación y tantas decisiones de última hora. Hasta ahora, solo Martha Roldós y Luis Fernando Torres aparecen como débiles contrincantes.

Martha Roldós se presenta como oposición. Pero no lo es. Su argumento es que Correa ha traicionado su promesa de cambio. Yo no creo que Correa haya faltado a su promesa. Está cambiando este país hacia el socialismo que ofreció: Socialismo del Siglo XXI, el mismo socialismo de Chávez, el modelo venezolano y cubano que tanto alaba. No debe sorprendernos entonces su actitud autoritaria, sus ataques y su desprecio a la libertad individual.

Martha Roldós acusa a Correa de neoliberal por apoyar la minería en el país. ¿Es esa la “oposición” que confrontará a Correa? ¿Tendremos que escuchar debates sobre quién es más de izquierda, quién se opone más a las transnacionales, quién nacionalizará más industrias? Debate entre izquierda radical e izquierda chavista. Triste debate.

En estas elecciones estaremos huérfanos de ideas liberales que enfrenten el nacionalismo y estatismo de Correa con una visión que apunte al libre mercado y el emprendimiento individual.

Luis Fernando Torres será una voz que apuntará en esa dirección. Pero una voz muy débil.

Estamos huérfanos del candidato de oposición. Nos falta ese candidato que lo ponga a Correa en su lugar. Que nos muestre que este cambio que vivimos, es un cambio nefasto. Que este Socialismo del Siglo XXI es el camino seguro al fracaso, el desempleo, la concentración del poder, la pérdida de libertad, la opresión, la confrontación, el autoritarismo. El camino a más miseria.

Nos falta ese candidato que nos haga ver que los problemas del país no se solucionan quejándonos y culpando a terceros. Sino generando las condiciones para trabajar, competir y poner el hombro juntos con el apoyo de un gobierno socio; no un gobierno que persigue, hunde y ataca, mientras hipnotiza a las masas.

Estamos huérfanos de esa candidatura que muestre el cambio para bien. Que confronte el peligroso autoritarismo, absurdo socialismo, y aldeano nacionalismo de este Gobierno. Que nos muestre un camino basado en soluciones, no en confrontaciones. En enfrentar retos, no a personas. Un camino basado en el trabajo, el emprendimiento y el esfuerzo de cada ecuatoriano. No en un proyecto nacional único que pone a un burócrata a decidir lo que debemos hacer con nuestro tiempo y recursos, mientras se agiganta la maquinaria estatal metida hasta en la sopa.

Hoy todavía no sentimos todos los efectos de la errada conducción de este Gobierno, el desempleo por la falta de inversión en el país, o la escasez y altos precios. Pero pronto lo sentiremos. Y entonces ya será muy tarde para suspirar por otro candidato.

Ese candidato no llegó. ¡Qué falta que nos hará! Serán seis años –y quizás más– del gobierno equivocado.

Sin oposición que dé la cara, solo queda el periodismo libre e independiente para señalar los abusos y errores del Gobierno. Ahí, por lo menos, no estamos huérfanos.

miércoles, febrero 04, 2009

Bala universitaria

Un reciente domingo, mientras desayunaba tranquilamente frente al mar de Playas, me atraganté con un titular de diario El Universo que decía “Bala en los comicios de Universidad Católica”.

La noticia contaba de enfrentamientos y agresiones, que terminaron con disparos, entre estudiantes de la facultad de Leyes de la Universidad Católica de Guayaquil. Tres listas de estudiantes se enfrentaban en la votación para elegir a las dignidades de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Derecho. Por lo visto se detectaron irregularidades e intento de fraude. Había papeletas adulteradas.

Estos días hay muchas malas noticias que te pueden dañar el desayuno de domingo con vista al mar. Tenemos una crisis financiera global que toca las puertas de nuestro país con fuerzas. Tenemos un Presidente, admirador del comunismo cubano, cumpliendo dos años de haber acumulado más poder del que nadie debe tener en este país. Tenemos fuertes lluvias golpeando casas indefensas. En fin, tenemos muchos problemas que nos pueden opacar el paisaje azul del cielo y el mar.

Pero fue esta noticia de la Universidad Católica la que más me preocupó. Y es que ante los problemas de hoy, siempre no decimos, con nuestro incorregible optimismo, que las próximas generaciones serán mejores y lograrán arreglar todo lo que hoy anda mal. Recurrimos al inagotable eslogan de que los jóvenes somos la esperanza. Nos convencemos que en las universidades de hoy se forma el próximo líder que nos inspirará.

Pero en las universidades ya vemos las mismas prácticas que en la política de afuera. Peleas, fraude, pugna de poder. Bala.

Por suerte no hubo muertos ni heridos. Los disparos seguramente fueron solo un aviso, una demostración de poder. Pero asusta pensar que entre los próximos abogados y políticos, salidos de una institución privada respetada, ya se den estas prácticas.

Tuve la oportunidad de vivir de cerca procesos electorales en las universidades donde estudié en Estados Unidos. Siempre me llamó la atención el respeto y seriedad con que se desarrollaban. Los candidatos hacían campaña de puerta en puerta, presentaban sus propuestas, empapelaban el campus con sus eslóganes, y el día de la elección esperaban los resultados. El perdedor felicitaba al ganador. Y listo. Como debe ser.

Nada de insultos. Nada de peleas. Nada de pugnas. Nada de fraude. Y sobre todo, nada de bala. Eso hubiese sido noticia central de CNN y el New York Times.

Una vez, uno de los candidatos hizo un reclamo de fraude ante las autoridades de la universidad. Dijo que otro candidato había llevado a votar a estudiantes de un curso superior que estaban impedidos de hacerlo. Se investigó el caso. El fraude era cierto. Se descalificó y sancionó al candidato. ¿Adivinen de dónde era el tramposo? Latino. Mexicano.

Talvez sea un error compararnos con países desarrollados. Su nivel cultural está muy por encima del nuestro. No podemos esperar igualarlos sin antes pasar por todo un proceso de cambio. Pero ese proceso debe iniciarse en nuestras instituciones académicas.

Nuestra cultura política la vamos formando desde chiquitos. El respeto por las instituciones, la ley y los procesos democráticos son un aprendizaje que empieza en nuestras clases. Debemos incentivar a nuestros alumnos en escuelas, colegios y universidades a competir limpiamente en las contiendas políticas de sus instituciones y a cumplir sus promesas electorales. Y a los votantes a exigir que sus compañeros elegidos rindan cuentas.

Si no hay ese aprendizaje en democracia, difícilmente cambiará nuestra política. Quisiéramos que nuestra política universitaria fuera un ejemplo para la política de afuera, pero parece ser solo un reflejo de ella.

Yo que amanecí con todo el optimismo de domingo, me encontré con esta noticia que hablan tan mal de nuestro futuro político. Talvez exagero. Talvez estas peleas y disparos fueron un caso aislado. Talvez la política universitaria sí está cambiando. Talvez hoy en las aulas de nuestras escuelas, colegios y universidades se está formando toda una generación de mejores políticos y profesionales. Talvez.



* Publicado en revista Clubes de febrero.