jueves, septiembre 09, 2010

Parches

El kilómetro 20 de la vía Perimetral de Guayaquil amaneció distinto. Ahora tiene semáforo y paso cebra. Tuvieron que morir 16 personas atropelladas el fin de semana para que la Comisión de Tránsito del Guayas recurriera a esta medida parche que en algo tranquilizará a los pobladores que perdieron familiares, amigos y vecinos. El culpable directo fue un conductor borracho. Pero el entorno adverso convirtió el accidente en tragedia.

Pocos días antes, en Cotopaxi, murieron otras 38 personas cuando un bus interprovincial cayó por un barranco. Según informes, se debió a la negligencia de la cooperativa de transporte. Aparentemente, el conductor, que tenía un largo historial de infracciones, se quedó dormido. Llevaba siete horas manejando. A esto se sumaría el mal estado de las llantas. Solo después de la tragedia, la Comisión Nacional de Tránsito multiplicó los operativos de control en las terminales de buses.

Morir en la calle es común en este país. Todos tenemos tristes historias cercanas que contar. Conocemos el peligro. Pero como suele suceder, se necesitan grandes tragedias para que las autoridades actúen, o pretendan actuar.

Después de estos terribles accidentes, varias autoridades han salido a acusar, antes que asumir responsabilidades: culpa de las autoridades de Tránsito, del Municipio, de la Policía, de los jueces, de las leyes, de los peatones, de los conductores…

La culpa es compartida. A la irresponsabilidad y falta de cultura de conductores y peatones, se unen la mala señalización, autoridades de tránsito ineficientes y jueces que no castigan a los infractores.

Hay soluciones prácticas e inmediatas, que ayudarían a reducir accidentes. Nuestros vigilantes de la CTG, por ejemplo, en lugar de detener vehículos en buena estado, frenar el flujo del tránsito bajo semáforos funcionando y obstaculizar las vías con absurdos conos y cilindros anaranjados, podrían revisar la condición en la que salen los buses del terminal, o detener a todos esos carros viejos con llantas lisas, luces quemadas y olor a gas. También podrían hacer mucho por el orden en las calles, con señalización básica y pintando líneas de carriles y pasos cebra.

El Gobierno, por ejemplo, en lugar de gastar millones de dólares en campañas publicitarias politiqueras, ofensivas y agobiantes, podría destinar esos fondos para campañas que eduquen a conductores y peatones.

Solo con educación lograremos cambiar nuestra actitud en las calles. La del chofer de bus que se cree dueño del camino, compite por pasajeros, para donde le da la gana y abusa con su tamaño. La del conductor que no respeta señales. La del peatón que jamás cruza por el paso cebra o el paso elevado.

Pero no todo es malo. Autoridades, peatones y conductores hemos avanzado poco a poco. Sistemas como la Metrovía han mejorado el transporte de la ciudad y generado orden. Ahora se entiende que un bus solo recoge pasajeros en estaciones y paradas, no en cualquier lugar donde se lo llame. Cada día somos más los que utilizamos cinturón de seguridad. Y varias de nuestras carreteras, sobre todo las concesionadas, son seguras y bien señalizadas.

Cambios positivos pero insuficientes. Las víctimas de nuestras carreteras reclaman planificación, acción y menos improvisación. Más que nuevas leyes, necesitamos autoridades que hagan su trabajo. Sin esperar a la próxima tragedia.

jueves, septiembre 02, 2010

¿Morir por Paris Hilton?

Paris Hilton fue detenida en Las Vegas por posesión de cocaína. Unos días antes, 72 migrantes murieron acribillados en México en manos de un grupo criminal de narcotráfico.

Estados Unidos consume la droga por la que mueren asesinados latinoamericanos. Y mientras aumenta la lista de víctimas, el presidente mexicano Felipe Calderón y otros líderes siguen hablando de intensificar la guerra a los narcoterroristas. Pero no hablan de la solución de fondo: la legalización de las drogas.

Paris Hilton no merece ir a la cárcel o ser tratada como criminal por animar sus noches en Las Vegas con unas líneas de polvo blanco, algo que solo le hace daño a ella misma. Y los 72 migrantes no tienen por qué perder sus vidas en medio de este sangriento mundo del narcotráfico, que existe para atender la demanda de Paris y otros consumidores de países desarrollados.

No es coincidencia que esta industria de terror, sicariato y violencia emerja justamente en dos sectores donde no hay libertad ni libre mercado: la circulación de las personas a través de las fronteras y el consumo y comercialización de las drogas. Aquí, como en tantos otros frentes, las soluciones no vienen con más prohibiciones e intervención del Estado, sino con más mercado. La prohibición y criminalización de las drogas y las exigentes leyes migratorias no disminuyen el consumo ni los intentos por cruzar fronteras. Solo desarrollan mafias listas para cubrir la creciente demanda.

Las compañías de tabaco y alcohol generan empleo, pagan impuestos y contribuyen a la sociedad a pesar de que sus productos puedan ser perjudiciales para la salud. ¿Por qué tiene que ser distinto con las drogas? Como con el cigarrillo, los estados pueden y deben regular el consumo de drogas e invertir en campañas contra su uso. Pero al prohibirlas y criminalizarlas, solo se fomentan mafias, violencia y menos policías combatiendo a verdaderos criminales.

Frente a posturas como la del actual gobierno mexicano enfocadas en la mano dura, varios ex presidentes latinoamericanos y escritores, entre ellos César Gaviria, Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso, Mario Vargas Llosa y Paulo Coelho firmaron el año pasado una declaración en la que proponen despenalizar el consumo de ciertas sustancias para el consumo personal y reconocen que “las políticas prohibicionistas basadas en la represión de la producción y la distribución (de drogas), así como la criminalización del consumo, no han producido los resultados esperados… estamos más lejos que nunca del objetivo de erradicación de las drogas”.

Es tiempo de decisiones profundas. La actual violencia alrededor del narcotráfico debería mover a los líderes mundiales a dejar a un lado cálculos políticos y electorales, excusas moralistas y tabúes. Y animarlos a avanzar hacia las soluciones de fondo que permitan a la oferta y la demanda, debidamente controladas, reemplazar a la violencia, las mafias y las balas.

Hoy nadie muere ni es detenido por el próximo trago que se tome Paris Hilton. Pero su próxima línea de cocaína o la fundita de marihuana en su cartera arrastran un camino de violencia y muerte en Latinoamérica.

¿Tendremos políticos en Latinoamérica y en los países desarrollados dispuestos a dar el paso? Los migrantes asesinados en México lo reclaman.

jueves, agosto 26, 2010

El real monopolio

A diferencia de las ineficiencias y abusos que provocan monopolios públicos, como el IESS o Petroecuador, la exclusividad de la Lotería Nacional de la Junta de Beneficencia de Guayaquil contribuye a que millones de ecuatorianos tengan una atención de calidad en salud, educación y servicio social. Ya quisiéramos que el IESS manejara su monopolio, impuesto a todos los trabajadores, con la mitad de la transparencia y eficiencia con que se conduce la Lotería, que compramos voluntariamente.

Pero a pesar de la ejemplar labor de la Junta y de que nos gustaría garantizar sus ingresos a través de la Lotería por otros 120 años, es legítimo el deseo de ciertos asambleístas y gobiernos locales de que existan otras loterías.

Ante esta situación, Rafael Correa aseguró que “jamás dejaremos sola a la Junta de Beneficencia”. Correa reconoce la labor de la Junta. Pero su marcado estatismo y su convencimiento de que solo el Estado debe brindar salud, educación y asistencia, lo llevan a acaparar toda acción social. Por eso, cuando Correa habla de apoyar a la Junta, tengo mis dudas.

Es posible que Correa reflexione y vete la ley que permitiría la creación de otras loterías. Pero tarde o temprano, otros asambleístas, prefectos o gobiernos locales impulsarán alguna nueva ley similar. Por eso, la Junta debe estar lista para competir. Con su experiencia y prestigio, la Lotería Nacional seguro mantendrá su liderazgo y preferencia de los ecuatorianos.

Pero esta competencia entre loterías seguramente significaría una disminución considerable de ingresos de la Junta. Estos fondos faltantes, antes que del presupuesto del Estado, deberían venir de la filantropía de empresas y ciudadanos. Para ello, la Junta debería impulsar, y la Asamblea y el Gobierno apoyar, leyes que incentiven las donaciones a instituciones de beneficencia. Correa ya nos quitó la posibilidad de donar a fundaciones un porcentaje de nuestros impuestos. Pero si piensa aprobar otras loterías que afecten los ingresos de la Junta, debería reconsiderar su posición y permitirnos a individuos y empresas donar parte de nuestros impuestos a la renta, herencia y demás o fomentar las donaciones a través de incentivos tributarios. Correa sabe muy bien que un dólar de nuestros impuestos en manos de la Junta hace muchísimo más por los necesitados que en manos de algún funcionario de su Gobierno.

Correa dijo que “es insostenible que se dé por ley un monopolio para algo”. De acuerdo. Que sea coherente con sus palabras. Que acabe primero con los perjudiciales monopolios estatales. Que ponga al IESS a competir con sistemas privados de seguridad social. ¿O sí valen los monopolios cuando el Gobierno necesita utilizar nuestros fondos? Y que nos permita a los individuos y empresas escoger si entregamos parte de nuestros impuestos al Estado central o a instituciones como la Junta de Beneficencia.

El futuro de la Junta no puede depender de fondos o asignaciones del presupuesto del Estado. Tarde o temprano eso significaría pedir caridad en Carondelet y estar en manos de intereses políticos. La Junta solo puede estar en manos de ciudadanos libres.

Apoyar a la Junta es apoyar a los ecuatorianos más necesitados. Si Correa realmente entiende esto, sabrá hacer lo correcto.

jueves, agosto 19, 2010

¿Descanso?


¿Pueden sentirlo? Es un agradable silencio venido de Carondelet. Rafael Correa se fue de vacaciones. Podemos descansar unos días.

La omnipresencia de Correa es sorprendente. Parece abarcarlo todo, estar en todos lados, opinar y decidir sobre todo, monopolizar la imagen y voz del Gobierno. Invade nuestras vidas. Si el buen gobierno es el que no se siente, el que pasa desapercibido, algo anda mal por aquí.

Correa no es el primero. No inventó este presidencialismo abrumador que parece gustar tanto a los ecuatorianos. Pero lo ha llevado a nuevos extremos, con la ayuda de nuestra plata que acaba en propaganda, cadenas nacionales y sábados de enlace.

Carlos Vera, quien ahora impulsa la revocatoria del mandato presidencial, dijo que Correa “no es el Presidente, es el dictador y ejerce como ‘yo supremo’”. Sobre todo en lo último estoy de acuerdo. ¿Acaso podemos imaginar que la Asamblea, Fiscalía, Consejo de Participación Ciudadana u otras instancias públicas supuestamente independientes estén libres de la injerencia de Correa o su equipo cercano? Sea percepción o realidad, el hecho es que Correa –no la prensa, ni la oposición– se ha creado una imagen tan poderosa que no podemos imaginar una instancia del Gobierno o sector público en la que no se entrometa.

Correa ha perdido la oportunidad de institucionalizar este país al caer en el mismo excesivo personalismo en el que cayeron varios de sus antecesores. El Gobierno es Correa. El Estado es Correa. El partido es Correa. Así, pierde la oportunidad de formar un partido con representantes con voz e identidad propias. Correa, como sus maestros caribeños, parece creer que todo empieza y termina en él. Mientras él esté, el Estado, el Gobierno y el partido estarán bien y no necesitarán de otros.

Partidos como la Izquierda Democrática, Social Cristiano y Roldosista, que alguna vez tuvieron el poder, cayeron en el mismo error. Dependieron de una figura fuerte. No les interesó formar un verdadero partido con bases sólidas y nuevos líderes. Y el país paga hoy las consecuencias al tener tantos políticos improvisados.

En épocas no muy lejanas, cuando Correa sonaba más idealista y menos preocupado con acaparar el poder, hablaba del voto por distritos. Era una oportunidad para generar verdadera representatividad. Para que podamos votar por nuestro asambleísta, uno solo, que nos rinda cuentas. Pero en el camino Correa debió entender que el voto en plancha solo es malo cuando se está en minoría y oposición. Pero es muy bueno cuando se está en mayoría y en el poder. Así, continuamos votando por ilustres desconocidos que a nadie representan, pero que sirven de coro para fortalecer un proyecto político personal.

Si las cosas van bien, todo el crédito será para Correa. Pero si hay inseguridad, corrupción, desempleo, más pobreza, o cualquier malestar general, Correa cargará la culpa. Se podrá argumentar –con razón– que Correa no es responsable de todo lo que pasa en el país. Pero al convertirse en este ser omnipresente y con poder total, Correa es el único responsable de que se le atribuya todo lo malo que aquí pase.

Pensándolo bien, en realidad Correa no se ha ido.

jueves, agosto 12, 2010

El Power Point aguanta todo

Debe existir una relación inversa entre la extensión de los discursos de un gobernante y su capacidad para gobernar. Mientras más hablan, menos hacen por su país. Fidel Castro y Hugo Chávez, maestros en el tercermundista arte de hablar por horas y horas, son pruebas claras de ello.

Este martes, Rafael Correa se les acercó, incorporando su propio estilo de socialista multimedia. Durante más de tres horas monopolizó las televisiones ecuatorianas. Como si tanta publicidad y cadenas nacionales no fueran suficiente, Correa se fue de largo pintando un maravilloso país que la mayoría de ecuatorianos no podemos encontrar. Es como en los exámenes del colegio, cuando uno no tiene la respuesta correcta, se inventa páginas enteras.

Entre sus logros mencionó el importante aumento de la inversión pública alcanzado en su gobierno. Según Correa, todos esos fondos vienen de las “manos limpias, las mentes lúcidas y los corazones ardientes con que ahora se maneja la plata”. Es una forma poética, pero poco realista de ponerlo. Más bien podemos decir que esa plata vino a pesar de las manos, mentes y corazones que hoy se encargan de gastarla; gracias a un alto precio del petróleo inicialmente, y luego a costosos préstamos chinos, a nuestros ahorros del IESS tomados sin nuestro permiso, entre otras fuentes.

No faltaron sus ya recurrentes advertencias sobre siniestros planes desestabilizadores y conspiradores de la oposición. Ahora les tocó a los banqueros ser el Darth Vader de esta revolución. “No les extrañe que desesperadamente los poderes fácticos, sobre todo el poder financiero,… trate de desestabilizar al Gobierno de aquí a octubre…”, dijo el Presidente sacando pecho con su banda presidencial (las monjas carmelitas finalmente se han tomado un descanso tras confeccionarlas año a año).

Habló también del desempleo, pintando un Ecuador tan imaginario como la línea que da su nombre. Dijo que nuestra tasa de desempleo es menor al promedio de América Latina e incluso de países desarrollados. Lo que no dijo fue que solo una minoría de ecuatorianos tiene empleo de verdad, con un sueldo mensual y afiliación a la seguridad social. La gran mayoría sobrevive con las justas en el subempleo.

Indicó que siente cada día la angustia de lo que le falta por hacer. Que por eso quisiera llamar a este informe “lo que nos falta por hacer es mucho más de lo que ya hemos hecho”. Y así, dejó su mensaje favorito: el de mirar al futuro, a sus promesas, a los sueños, ignorando la realidad del presente. Pero esta vez, él ya es en gran parte responsable de lo que vivimos este presente. Ya son más de tres años en los que, salvo en los gráficos de su Power Point, la situación del país no ha mejorado. Como dice Correa, “prohibido olvidar”. No podemos olvidar esta presidencia que confunde gobernar con dedicarse a hacer campaña y propaganda.

Al menos esta vez, cerró su largo discurso con un mensaje de unidad. “Es momento de la reconciliación nacional”, dijo el presidente Correa antes de salir de vacaciones (¡nos las merecemos!).

Largo discurso con pocos resultados que mostrar después de un primer año de gobierno que ha durado casi cuatro. El Power Point aguanta todo. El país no.

miércoles, agosto 11, 2010

Revista la U. - Agosto 2010

Ya está circulando la U. de agosto en tu universidad!!!



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jueves, agosto 05, 2010

¿Twitteando al coro?

Después de darle vueltas al asunto, me abrí una cuenta en Twitter. La idea de mandar mensajitos al mundo de hasta 140 caracteres no me convencía mucho. Pero me animé. Ha pasado una semana y no se me ocurre qué escribir.

Pero sí he podido leer lo que otros escriben. Ideas, pensamientos, reflexiones o simples acciones cotidianas. Mientras leía varios comentarios de las personas que sigo, me di cuenta de algo. En Twitter, como sucede en otros espacios de nuestras vidas, tendemos a escuchar o leer a quienes piensan como nosotros y a bloquear al resto.

La mayoría de conversaciones o foros en Twitter parecerían darse entre personas que piensan igual. Más que debatir y encontrarse pensamientos y puntos de vista diversos, se refuerzan ideas y posturas similares. “Predicando al coro”, como dirían los gringos.

Con los medios de comunicación masivos pasa igual. Tendemos a leer, ver y escuchar en los medios a aquellos periodistas y comentaristas con los que estamos de acuerdo. Preferimos reforzar nuestras ideas y creencias antes que tener que defenderlas ante quienes piensan distinto.

El futuro de los medios apunta en esa dirección, con noticiarios cada vez más segmentados y dirigidos a grupos específicos. Estados Unidos ya lo vive hoy. Liberales leyendo la prensa liberal. Conservadores hipnotizados con los comentaristas del canal Fox. En internet se da una división aun más marcada, en la que cada quien lee las noticias de su tendencia política.

Resultado: mientras aumenta el número de medios de comunicación, blogs, páginas webs y foros virtuales que nos permiten entrar en contacto con otras personas, en lugar de conocer otros puntos de vista, más nos aislamos entre similares. Así, no llegamos a entender por qué otros piensan lo que piensan. Nos cerramos a las ideas de nuestro grupo.

Por eso, me gusta escuchar programas de radio que tienen el acierto de meter en la misma cabina a personas que piensan muy distinto. Asambleístas de Alianza PAIS conversan y debaten con los de Madera de Guerrero. Analistas políticos de derecha cruzan ideas con los de izquierda. Ahí he descubierto por ejemplo, que Paco Velasco no es tan radical ni Cynthia Viteri tan conservadora. Que entre aparentes polos opuestos existen ideas y propuestas en común.

Lo triste es ver que en la Asamblea se radicalizan las posturas. Más allá de ideas compartidas entre bancadas opuestas, cada quien se cierra en lo suyo. PAIS quiere imponer una mayoría que ya no tiene. Y, como ocurrió la semana pasada, pasa sus leyes sin cambiarle ni un punto y coma recurriendo a artimañas partidocráticas. Por su lado, la oposición se opone a todo. Lo importante se vuelve bloquear todas las leyes, aunque estén parcialmente de acuerdo con ellas.

Ahora que el país vivirá unos días de paz y tranquilidad sin los insultos y omnipresencia de Correa que sale de vacaciones, nuestros asambleístas podrían aprovechar para conversar con calma y sin presiones, ponerse de acuerdo y avanzar con leyes bien elaboradas.

No somos tan distintos como creemos. Basta sentarse a conversar, intercambiar ideas, encontrar puntos comunes. Conocernos mejor. Los prejuicios caen. Surgen coincidencias. Y eso, en estos momentos políticos ayudaría mucho.

Tal vez ponga eso en Twitter.

jueves, julio 29, 2010

¿Nuevas elecciones?, no gracias

“Si es muy machito que firme el decreto para la muerte cruzada este 10 de agosto”, dice Cynthia Viteri. “Déjense de bravuconadas y vamos a la muerte cruzada”, exclama Lucio Gutiérrez. Seguro de su reelección, Rafael Correa reta a la oposición: “…no le tenemos miedo, los que deben tener miedo son ellos… si es necesario llamaremos a la muerte cruzada…”.

¿Se vienen nuevas elecciones? No extrañaría con Correa. Como Chávez y sus similares populistas, necesitan campañas electorales seguidas que fortalezcan su popularidad y escondan sus fracasos.

La vergonzosa actitud de los asambleístas gobiernistas el domingo pasado pareció estar ligada a la amenaza de una muerte cruzada. Como si temiendo perder su puesto y su sueldo, prefirieron agachar la cabeza y obedecer las órdenes de los emisarios de Correa. Al permitir que se apruebe la reforma petrolera de Correa sin discusión ni votos, la Asamblea pasó a ser oficialmente una extensión de Carondelet. La división de poderes a la basura.

El Presidente tiene el derecho a empujar sus leyes y buscar el voto de sus asambleístas. Pero cruzó la línea, recurriendo a las típicas mañas políticas que tanto critica. Correa ganó las elecciones prometiendo una transformación ética del país. Prometió enterrar las prácticas de la partidocracia. ¿Dónde quedaron las manos limpias? Tal parece que más importante era poder entregar los contratos petroleros a los amigos bolivarianos.

¿Y dónde están los asambleístas de Alianza PAIS que alguna vez demostraron independencia? ¿Con qué cara siguen siendo parte de un proyecto que dejó de ser nacional para convertirse en algo personal?

Esta la ganó Correa. Pasó su ley. Perdió la Asamblea. Perdió el país. Pero los asambleístas gobiernistas pueden reaccionar y oponerse a otras peligrosas leyes. ¿Le convendrá entonces a Correa llamar a nuevas elecciones? Es verdad que casi seguro sería reelegido ante la ausencia de un opositor fuerte. Pero no sucedería lo mismo con sus asambleístas. Se han desprestigiado. Y Alianza PAIS podría ceder escaños a la oposición.

Tendríamos entonces a un Correa reelegido y fortalecido por el empuje de una nueva campaña electoral. Y a una oposición con más votos y fuerza en la Asamblea.

Aunque fiel a su espíritu autoritario, Correa ha amenazado con saltarse a la Asamblea y gobernar “directamente con el pueblo con consultas populares”, no parece convenirle una muerte cruzada en este panorama. Le guste o no, necesita su mayoría de asambleístas.

Al resto de ecuatorianos tampoco nos conviene pasar por nuevas elecciones. Costaría millones de dólares que no tenemos. Si bien abre la posibilidad de una oposición más fuerte en la Asamblea con capacidad de fiscalizar a este Gobierno, Correa también saldría fortalecido de una campaña electoral. Y podría ahora echarle el muerto de sus fracasos a la Asamblea opositora.

Prefiero que Correa termine sus cuatro años sin elecciones de por medio. Que el país se ahorre la plata, la molestia y el lavado de cerebros de una nueva campaña. Que los asambleístas de PAIS poco a poco recuperen su dignidad y voten por nuestro bienestar, no por lo que dicten los emisarios presidenciales. Y que en las próximas elecciones, ante la evidente oscura realidad, el país, ahora sí, vote por un cambio de verdad.

jueves, julio 22, 2010

Educación libre

Para Rafael Correa las universidades son fundamentales. Dijo hace poco que la Ley de Educación Superior es “esencial para consolidar y profundizar la Revolución Ciudadana”. Correa busca controlar a las universidades para que se alineen al plan nacional de desarrollo de su Gobierno.

Pero ¿sabe el Gobierno mejor que cada estudiante lo que este debe estudiar y mejor que cada universidad lo que esta debe enseñar?

Hace poco me crucé con un dato interesante: “Los diez trabajos con mayor demanda en el 2010 no existían en el 2004. Los universitarios de hoy se están preparando para trabajos que todavía no existen, usando tecnologías que no han sido inventadas para resolver problemas que hoy ni siquiera podemos identificar”. Por eso, hoy más que nunca, la universidad debe enseñar a pensar, analizar, generar ideas y adaptarse a nuevos entornos. Lástima que con su nueva ley, el Gobierno pretenda limitar la libertad, y en consecuencia, el desarrollo de nuestras universidades.

Más de una vez, Correa ha mencionado a las universidades gringas como ejemplo a seguir. No entiendo entonces por qué restringe justamente aquello que hace exitosas a estas universidades: su libertad.

En el proyecto de Ley de Educación Superior el Estado se entromete hasta en las universidades privadas. Limita, por ejemplo, el periodo de sus rectores a máximo 10 años. Entiendo que se ponga límites en las universidades públicas, financiadas con plata de todos. Pero exigir esto en las privadas es una violación a su independencia y legítimo derecho a manejarse como crean conveniente.

Además, la elección de estos rectores debe darse de manera profesional, no política. Pero acá se pone a los estudiantes a votar. Más allá de su interés en tener una educación de calidad, los estudiantes, al estar de paso en sus universidades, votarán por ofertas de corto plazo. Y los rectores, en lugar de trabajar para fortalecer la institución, deben atender exigencias inmediatas que ganen votos. La votación de estudiantes transforma las universidades en entes políticos y clientelares.

A Correa le preocupa subsidiar universidades que gradúan desempleados al ofrecer demasiadas carreras sin suficientes plazas de trabajo. Es una preocupación legítima. Pero, ¿no sería mejor preocuparse por generar más trabajos? La solución no va por impedir que cada estudiante siga la carrera que quiera o que cada universidad la ofrezca. Si el Gobierno busca desarrollar carreras que ve necesarias para el progreso del país, puede dar estímulos a las universidades que inicien estas carreras y a los estudiantes que entren en ellas.

Nuestras universidades tienen grandes falencias. Deben mejorar. Y mucho. Pero no lo harán porque una ley así lo exija, o porque el Presidente se ponga bravo. Como en otros campos, las mejoras no vendrán con mayores restricciones e imposiciones, sino lo contrario.

El Gobierno puede impulsar a las universidades, públicas y privadas, a través de más estímulos fiscales, concursos para ganar fondos públicos, asignación de más becas, incentivos a la investigación e innovación. El Gobierno solo empeora las cosas al limitar la libertad de las universidades con un grupo de nuevos burócratas dedicados a controlarlas en exceso.

También en la educación, el mercado y la competencia son mejores motores que el Estado.

jueves, julio 15, 2010

Esperanza en España

Mientras España entera celebraba en sus calles el Campeonato Mundial de Fútbol, un avión con siete cubanos aterrizaba en el aeropuerto de Madrid. España era una fiesta, inundada de banderas, canciones y lágrimas de alegría. Y también era una promesa de libertad hecha realidad para quienes la habían perdido en manos del terrible dictador cubano. Doble razón para celebrar.

Por el lado del fútbol, la celebración es total. España dio lección de fútbol, garra y espíritu deportivo. Ganó a lo grande. De forma limpia frente a un agresivo rival. Nos emocionó. Hoy el mundo la celebra. Su misión está cumplida.

Por el lado político, la celebración es solo a medias. Los ex presos cubanos inician una nueva etapa de libertad en sus vidas. Pero deben hacerlo lejos de su país. Su liberación ha sido también su deportación. Como dijo Ricardo González, uno de los presos de conciencia, “El exilio para nosotros es la prolongación de la lucha.”

Son 75 presos de conciencia capturados en el 2003. Presos por sus ideas. Por sus posturas políticas. Por “atentar contra la soberanía” del Estado socialista. ¿Nos suena conocido eso? Condenados a penas de hasta 28 años de cárcel. Siete de ellos ya están libres. El resto serán liberados pronto, según el compromiso del gobierno cubano. Pero faltan los 11 millones de cubanos que viven presos en su propio país.

Dos hombres han tenido que ver mucho con este feliz momento: Orlando Zapata y Guillermo Fariñas.

Zapata murió en febrero de este año en su cárcel cubana luego de una huelga de hambre de 86 días. Su muerte no fue en vano. El mundo entero rechazó los atropellos de la dictadura de los Castro. La Unión Europea aprobó una resolución que “condena enérgicamente la muerte evitable y cruel”, de Zapata, e hizo un llamado a la “liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos”. Pero no faltó algún gobernante latinoamericano que en lugar de rechazo dio su apoyo al régimen cubano. “El propio Raúl Castro me informó que Zapata no era un preso político sino un delincuente, acusado de varios delitos. Y se hace una propaganda inmensa con la muerte de un disidente preso”, dijo el gobernante que conocemos bien. El mismo que alguna vez lanzó aquella barbaridad de que Cuba “tiene su forma de democracia”.

Fariñas acaba de abandonar una huelga de hambre de 135 días por la liberación de los presos políticos. Su estado aún es crítico. Su rostro cansado y ojos hundidos delatan los extremos a los que podemos llegar por la causa de la libertad.

Nueva era para el fútbol español. Era de gloria. ¿Estaremos finalmente también ante una nueva era para Cuba? Mientras España celebra sus goles, nos gustaría pensar que Cuba celebrará su libertad, de la mano de toda una América Latina que rechace para siempre a sus aspirantes locales a Fidel.

Yoani Sánchez, la valiente bloguera cubana, escribe: “Ni un Jumbo alcanzaría para trasladar a aquellos que potencialmente tienen el riesgo de ir a prisión por sus ideas y por su accionar cívico… Pero resulta que muchos no queremos irnos… ¿No sería mejor que se los llevaran en ese avión a ‘ellos’?”.

jueves, julio 08, 2010

¿Gobierno pro empresario?

Una nueva cadena nacional me interrumpe las noticias en la tele. En ella aparece Rafael Correa, el empresario. Suena irreal, pero la cadena nacional cierra con Correa diciendo “Ojalá logremos tener un país con 13 millones de empresarios”.

Quisiera que fuera cierto. Difícil para este Gobierno que parece empeñarse en hacer lo contrario, reduciendo el número de empresarios.

Pareciera que alguien le cambió el discurso a Correa y que en realidad quería decir “ojalá tengamos un país con 13 millones de funcionarios públicos”. Ahí sí la cosa cuadraría con la realidad.

Con este Gobierno la burocracia ha crecido a pasos acelerados. Según un reciente reportaje de este Diario, los 5.837 millones de dólares en sueldos públicos presupuestados para el 2010 se comen prácticamente el 100% del impuesto a la renta y el IVA que pagamos. Y la cifra real estaría más cercana a los 6.400 millones de dólares, más del doble de los 3.612 millones de dólares que se pagaron en el 2006 a nuestra próspera burocracia.

A Correa le gusta decir que el gasto público se concentra en más maestros y médicos. Pero todos los nuevos ministerios, instituciones y secretarías nos revelan un enorme incremento del sector público.

Así, en un Estado que gasta más en sueldos que en inversión, y con la inversión privada estancada, eso de hablar de país de empresarios y propietarios suena a chiste. País de burócratas. País de desempleados. País estancado. Eso es más real.

Cuando el Gobierno aumenta la torta pública a repartirse, se crean incentivos para tener más corrupción, palanqueos, negocios con el pana del ministerio y trabas. Incentivos contrarios a la generación de empresas. Michelle Bachelet, en su reciente discurso en la Cámara de Comercio de Guayaquil, dijo que “la responsabilidad fiscal es también progresista”. Sería bueno que la escuchen en Carondelet.

Tal vez Correa tenga finalmente la verdadera intención de promover la empresa privada. Tal vez hacia eso realmente apunten las políticas de la Agenda para la Transformación Productiva que el Ministerio Coordinador de la Producción desarrolló. Tal vez sea sincero el deseo de mejorar la industria, el empleo y la tecnología, para lo que habría incluso incentivos y exoneraciones temporales de impuestos. Tal vez sea válida la estrategia productiva del Gobierno basada en una “selección sustitutiva de importación” que se diferencia de la fracasada sustitución de importaciones.

Pero mientras el Gobierno, empezando por el Presidente, no generen un clima de estabilidad todos estos discursos y agendas productivas habrán servido solo para dar trabajo a más burócratas. De nada sirve aspirar hoy a tener un país de empresarios, para mañana despotricar contra quienes generan empresa y empleo. De poco sirve armar complicados planes y estrategias, si se mantienen leyes tributarias y laborales espantainversiones.

Correa dijo: “Podemos tener los pilares de nuestra política productiva y económica muy claros, justicia, soberanía y eficiencia, podemos tener la estrategia de desarrollo… pero si no tenemos verdaderos empresarios no saldremos adelante”.

Yo creo que es al revés. Los empresarios están aquí. En todos los rincones del país. Listos para trabajar y producir. Falta un gobierno que con su coherencia, respeto a la ley, políticas claras y estabilidad atraiga el dinero y emprendimiento que hoy ahuyenta.

miércoles, julio 07, 2010

Revista la U. - Julio 2010

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jueves, julio 01, 2010

Improvisados

Preocupa estar gobernados por improvisados. Han pasado más de tres años de gobierno, y seguimos viendo propuestas hechas a última hora. A lo que salga.

Solo en los últimos días se anunciaron dos medidas y planes del Gobierno que demuestran una mezcla de improvisación, ingenuidad y desprecio por la libertad individual. Y eso solo por el lado del Ejecutivo. Ni hablar de la Asamblea, donde Betty y compañía son maestros improvisando leyes de último momento.

Los ministros de Gobierno y Turismo prohíben la venta de alcohol los domingos –en gasolineras todos los días– para dizque disminuir la delincuencia y promover el turismo. ¿Acaso los domingos se cometen más crímenes que el resto de la semana? ¿De qué manera ayuda al turismo prohibir al turista que se tome una cerveza helada frente al mar?

El disparate fue tan grande que los ministros tuvieron que rectificar de inmediato. Ahora sí se podrá tomar el domingo, pero solo vino, cerveza o chicha. Y solo en restaurantes, de 10:00 a 16:00. ¡Que todo sea por combatir la delincuencia dominical y promover el turismo abstemio! ¿Qué logramos en realidad con esto? Policías patrullando bares en lugar de zonas rojas, arrestando a farreros en lugar de criminales.

Difícil imaginar que detrás de esta decisión hubo algún estudio, estadística o análisis profundo. Imagino más bien una reunión de ministros y asesores, lanzando ideas, hasta que uno dice por decir algo “qué tal si prohibimos el alcohol en las gasolineras, mira que el domingo robaron en la de la esquina de mi casa”. No se diga más. El Gobierno Nacional tiene ya su plan antidelincuencial y pro turismo.

La otra medida viene del propio Presidente. Rafael Correa quiere prohibir los juegos de azar en todo el país porque “disminuyen el nivel de vida en una sociedad”. Yo pensaba que teníamos “progresistas” en el poder y que el conservador era el otro Correa. Pero resulta que estamos ante un gobierno moralista que nos quiere alejar de las tentaciones por decreto.

Los casinos deben regularse, no prohibirse. Guste o no, somos libres de gastarnos nuestro sueldo entre bares y casinos. Es parte de nuestra libertad. El Gobierno puede ayudar con campañas contra el consumo de alcohol o los juegos de azar. Pero no puede prohibir y decidir lo que hacemos con nuestras vidas.

Todas estas desacertadas medidas apuntan supuestamente a nuestro “buen vivir”. Creo que todos podemos pensar en otras medidas que sí contribuirían a nuestro mejor vivir, empezando por librarnos de tanta propaganda y demagogia gubernamental. El buen vivir debería ser todo lo contrario a lo que este Gobierno practica. Es decir, tener un Gobierno sirviendo a los ciudadanos, no sirviéndose de ellos. Un Gobierno garantizando, no limitando, nuestra libertad y derechos.

Sigo esperando que este Gobierno, que se promocionaba como el de mentes lúcidas, produzca ideas y medidas mejor pensadas y analizadas. Medidas que mejoren realmente nuestras vidas. No pueden prohibir algo simplemente porque no les gusta o creen que hace daño. Deben entender que no son dueños de nuestras vidas. Que deben respetar y garantizar nuestra libertad.

Ya es tiempo, hace tiempos, de dejar de improvisar.

jueves, junio 24, 2010

¿Dejar el lado oscuro?


En la misma página del diario me encuentro con dos noticias que nos dicen mucho sobre el estancamiento o progreso de los países. “Hugo Chávez declara a los grandes empresarios ‘enemigos de la Patria’”, dice un titular. A pocos centímetros, otro titular informa que ‘Magnates proponen donar mitad de fortuna’. Mientras los populistas del siglo XXI buscan acabar con la riqueza, la filantropía se multiplica en las sociedades libres.

Hugo Chávez y sus similares necesitan controlarlo todo. Parecen sentirse amenazados ante el éxito empresarial. Por eso, abusando de su poder, persiguen, atacan, y quitan a empresarios lo que con trabajo han ganado.

Para Chávez los grandes empresarios son un “gran obstáculo para el desarrollo del país”, mientras solo los pequeños y medianos empresarios trabajan y producen. Algo similar, aunque menos radical, escuchamos por acá. Los empresarios son buenos mientras permanezcan pequeños o medianos. Cuando se hacen grandes se vuelven malos. Olvidan que esos grandes empresarios fueron alguna vez pequeños y que han llegado lejos a base de esfuerzo.

Venezuela y el mundo saben que Chávez es el principal obstáculo para que su país avance. Correa hace unos años no lo sabía. Pero sospecho que ahora ya puede ver y entender la desesperante realidad venezolana. Por eso, es positivo que Correa se relacione menos con el dictador venezolano, y que en cambio se acerque a Alan García, se reúna con Hillary Clinton, o que asista a la posesión de Santos en Colombia. A ratos, Correa parecería alejarse del lado oscuro.

El odio de Chávez hacia el sector privado, tangible en expropiaciones, intervenciones y estatizaciones, ya da los resultados esperados: corrupción, ineficiencia, escasez. Hace poco se destapó el escándalo de los miles de toneladas de alimentos, que su gobierno importó, y que acabaron olvidados y podridos junto a medicinas vencidas mientras algún oportunista chavista se enriquecía. Lindo socialismo del siglo XXI. En realidad, no debería sorprendernos. Como en todo experimento comunista, esto sucede cuando el Estado pretende manejarlo todo.

Rafael Correa la tiene fácil. Chávez le está mostrando de la manera más clara el camino que no debe seguir. Venezuela se hunde entre corrupción, ineficiencia y abusos. Correa está a tiempo de alejarse de ese destructivo modelo.

Mientras el populismo del siglo XXI ataca la riqueza, en otros lugares los ricos no solo generan cientos de miles de empleos, millones en impuestos, y progreso para sus países, sino que hasta donan gran parte de su plata. Además de las condiciones para emprender, producir y hacer dinero, tienen incentivos para ser generosos. Bill Gates y Warren Buffett, los dos hombres más ricos de Estados Unidos, donan gran parte de sus fortunas e invitan a otros magnates del mundo a hacer lo mismo. Bill y Warren tienen suerte de no ser venezolanos. Sus empresas estarían intervenidas, expropiadas o con el servicio de rentas encima. Y ya se hubieran ganado algún insulto presidencial por tener el descaro de ser exitosos.

Para nuestros populistas, los millones solo son buenos cuando están a su disposición en las cuentas estatales. Y el éxito empresarial es aceptable solo a pequeña escala. El emprendimiento y la filantropía están condenados a morir en gobiernos dedicados a atacar la riqueza.

jueves, junio 17, 2010

Al menos por el Mundial

El Gobierno me está dañando el Mundial. Acostumbrado a meterse hasta en la sopa, ahora el Gobierno nos repite mil veces sus gastados eslóganes entre jugadas de Messi y el ensordecedor zumbido de las vuvuzelas.

Hace ya dos años, cuando el Gobierno incautó los canales de los Isaías, Rafael Correa aseguró que “lo que menos le interesa al Gobierno es ser administrador de esos bienes” y que “mientras más rápido podamos subastar, rematar esos bienes, entre ellos los medios de comunicación… enhorabuena, tanto mejor”.

Pero mientras veo, en el canal estatal, los partidos del Mundial plagados de propaganda del Gobierno –del Ministerio de Industrias, de la Secretaría de Comunicación, de la Vicepresidencia…– me queda claro que esa “rápida” venta de los canales tendrá que esperar. El Gobierno aprovecha su canal y el interés en el Mundial para meterse en nuestras casas y nuestras cabezas. Correa dijo que suspenderá sus cadenas de los sábados durante el Mundial. Con tanta propaganda, ya no necesita hablar.

Apago la televisión y sigo ahora el partido desde la radio en mi carro. Pero no puedo huirle a la publicidad oficial. Ahora el locutor de una estación incautada nos vende la revolución ciudadana junto a camiones, compañías de seguros y planes de celular. El locutor repite la frase contratada por el cliente –el Gobierno– y pagada por todos nosotros: “ellos dicen que quieren un país libre... pero ya nadie les cree...”. Los ecuatorianos gastamos en publicidad con la que el Gobierno ataca a los mismos ecuatorianos.

La Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos lanzó una campaña en defensa de la democracia y la libertad. La campaña lleva frases como: “Yo quiero un país libre de corrupción, libre de insultos, libre para opinar, libre para trabajar, libre para producir, libre para soñar”. Son aspiraciones de todos los ecuatorianos. Sueños comunes.

Pero parece que al Gobierno no le gustan esos sueños. Por eso ahora debemos aguantarnos en medio Mundial otra de sus campañas generadoras de odio y división. Con ella, no nos está informando el Gobierno de su gestión. Nos está envenenando entre tiros libres y goles.

¿Hasta cuándo se malgasta plata para atacarnos entre ecuatorianos? ¿Dejará algún día este Gobierno de invadir nuestras casas, nuestro oídos, nuestras vidas?

Yo solo quiero ver el Mundial, disfrutar buen fútbol y olvidarme por un momento de la política. Pero Correa aprovecha nuestra atención para vendernos por televisión sueños que después de tres años en el poder no ha podido concretar en la realidad. Sin darse cuenta, Correa y su Gobierno se han convertido en los mejores promotores de DirecTV. Ver los partidos del Mundial sin publicidad gubernamental es el mejor argumento para alejarse de la transmisión nacional.

¿Será que al menos por el Mundial nos pueden dejar en paz? Limitan nuestra libertad con una absurda ley de comunicación. Nos recortan la deducción de impuestos con excusas sin sentido. Los sicarios y los ladrones se toman las calles. El desempleo aumenta mientras la inversión privada huye. Y ahora para rematar, ni podremos comprarnos una cerveza en la gasolinera dizque por nuestra seguridad.

¿Será que al menos por el Mundial nos dejan en paz?

jueves, junio 10, 2010

Nosotros los idiotas

Betty Carrillo, presidenta de la Comisión de Comunicación, nos cree idiotas. A ti, a mí. A todos. Ella piensa que no tenemos la capacidad de escoger por nosotros mismos qué programa de televisión ver, qué diario leer, qué radio escuchar. Ella, en su infinita sabiduría, siente el llamado de guiarnos, de decirnos lo que es bueno y malo. Por eso, se empeña en crear leyes que limiten la libertad de los medios y los individuos, y que amplíen el poder del Estado –o sea el Gobierno– para decidir por nosotros, los idiotas.

Betty no es la única. Tiene en Rafael Correa a su gran maestro del paternalismo y control estatal. Correa lleva la bandera de esos que creen que un grupo de políticos y burócratas deben decidir por nosotros. Están convencidos de que creando nuevas comisiones se resolverán los problemas de la sociedad.

Pero Correa sabe que la ley de Betty está llena de absurdos que impedirán su aprobación y solo generarán confrontaciones innecesarias en su Asamblea. Por eso, Correa ahora dice que la Ley de Comunicación ya no es importante. De repente, se olvidó que se ha pasado insultando a medios y periodistas y diciendo que su mayor enemigo es la prensa.

Los temas de comunicación y libertad de expresión, al final del día, importan a pocos que sí reconocen su trascendencia. La mayoría de ecuatorianos están preocupados por conseguir un trabajo y que nos los roben o maten en la calle. Si multan a un canal hasta llevarlo a la quiebra, si le quitan la frecuencia, o si callan a un periodista, son detalles sin importancia para quien –cortesía de la revolución ciudadana– lleva meses sin conseguir trabajo.

Betty, entre sonrisas e ironías, insiste en su ley llena de disparates. Entre ellos, que los canales de televisión privados sean locales y solo los públicos puedan ser nacionales. O que las concesiones solo duren diez años. O que se puedan imponer exageradas multas por lo que un Consejo de Comunicación considere “acoso mediático”. Nos dirán que nada de eso está todavía en la ley. Que son solo propuestas. Pero el simple hecho de que lo sugieran y lo tomen en serio ya es un insulto a nuestra inteligencia… o idiotez.

El mal está hecho. Aunque no pase esta ley, sus poco iluminadas ideas han dominado la agenda y contaminado muchas cabezas. Por ejemplo, ahora discutimos cuántos representantes debe tener el Ejecutivo en el Consejo de Comunicación, cuando la pregunta debería ser si tiene sentido la existencia de este Consejo. Y nos repiten tanto eso de que el Estado-Gobierno debe regular e intervenir en la comunicación, que sentimos que lo normal sería pedir permiso antes de opinar; cuando la comunicación debe ser libre, con la mínima regulación posible, en especial cuando se opina sobre quienes ocupan el poder.

Quieren controlar la información. No les gusta que hablen mal de ellos. Les gusta tener los medios a su disposición. No ven que mientras haya más medios para elegir, más competencia, más participación del sector privado y menos intromisión del Estado, tendremos una mejor comunicación. Estaremos mejor informados. Seremos más libres. Y quién sabe, hasta menos idiotas.

miércoles, junio 09, 2010

Revista la U. - Junio 2010

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jueves, junio 03, 2010

Lecciones colombianas

Las elecciones en Colombia nos mostraron la larga ventaja que nos lleva nuestro país vecino en lo que a institucionalidad y cultura política se refiere. Tenemos ahí, tan cerca, un ejemplo a seguir.

La madurez política de Colombia permite a los colombianos respirar tranquilos en tiempos de elecciones. Ahí no tienen oportunidad electoral los radicales y autoproclamados revolucionarios o salvadores de la patria. Las opciones se pasean por el centro del espectro político, como sucede en las democracias avanzadas.

¿Santos o Mockus? No importa. Con los dos están garantizadas la institucionalidad y libertad individual. Suena sencillo. Pero acá sigue siendo un sueño lejano tener gobernantes que entiendan algo tan elemental como que el Gobierno no es lo mismo que el Estado. O que un país no puede avanzar sin inversión y emprendimiento privado.

Mockus en una entrevista se pregunta: “¿Proteger la vida humana, eso es de izquierda o derecha? ¿Cuidar los recursos públicos, que se gasten bien gastados, eso es de izquierda o derecha? ¿Cobrar los impuestos y usarlos bien, eso es de izquierda o derecha?”. Son posturas que no pertenecen a la izquierda o la derecha. Pertenecen a cualquier gobierno serio y deben continuar más allá de partidos o banderas.

En cuestiones de forma, que suelen reflejar lo de fondo, estas elecciones colombianas también sirven de ejemplo. Los debates, las entrevistas y los discursos de los candidatos han tenido un nivel de respeto y madurez que acá escasea. Santos barrió en las elecciones. Pero en su discurso como ganador de inmediato llamó a la unidad y felicitó a sus contrincantes. Algo básico en una democracia civilizada. Pero no para alguno de nuestros candidatos, que luego del triunfo, entre gritos y risas irónicas, exclamaba “¡qué paliza!” y se burlaba de los “perdedores”.

Desde mi primera votación, siempre he debido escoger por el mal menor. Nunca he podido ir a las urnas, como los colombianos, sabiendo que sin importar quien gane, bien o mal, el país seguirá su marcha, con errores y problemas, pero siempre con un elemental respeto a las instituciones y los ciudadanos.

Correa y sus partidarios dirán que en países como el nuestro se necesita ser radical para cambiarlo todo. Pero es lo contrario. Necesitamos esa estabilidad a largo plazo, que continúe de un gobierno al otro, al menos en asuntos tan básicos como la institucionalidad; la educación; el comercio y competitividad; la responsabilidad fiscal; y el respeto a la ley, la iniciativa privada y la libertad individual.

¿Podremos alcanzar ese básico grado de institucionalidad y madurez política? No estamos hablando de llegar al nivel de Estados Unidos, ni siquiera de Chile, sino de algo tan cercano a nuestra realidad como Colombia.

La solución empieza con educación y más educación. Pero hay algo práctico e inmediato que pudiera funcionar: el voto voluntario. No solo porque no es democrático obligarnos a votar, sino porque el voto voluntario implica una elección más informada y meditada. Es un voto motivado por propuestas e ideas, más que por bonos o camisetas.

Las elecciones e institucionalidad colombianas sirven de ejemplo para nuestros políticos, sobre todo en Carondelet. En lugar de andar peleándonos con los vecinos, podríamos aprender.

jueves, mayo 27, 2010

Baches

Un bache gigante en la carretera a la Costa me hace saltar hasta el techo del carro. Mientras esquivo otros baches similares pienso en la folclórica reciente historia de este camino.

La ampliación de esta carretera duró varios años más de lo previsto, como suele suceder con las obras a cargo del Gobierno central. Cuando ya estaban por terminarse sus cuatro carriles, descubrieron que algún despistado había olvidado contratar la construcción de los puentes. Y cuando finalmente estuvo “lista” la carretera, llegó Rafael Correa. El flamante Gobierno se opuso al aumento del peaje. En lugar de buscar una solución técnica estableciendo el peaje necesario para mantener la vía, prevaleció la populista postura de mantener todo igual. Les sobraba la plata y buscaban votos para la consulta que se venía. Resultado: a diferencia de lo que ocurre en las carreteras concesionadas, esta se deteriora día a día.

Esto era a inicios del 2007. Por esos días, Correa apoyaba desde la tarima la provincialización de Santa Elena. ¿Sirvió para algo? ¿Está mejor Santa Elena hoy? Seguramente lo están quienes ocupan los nuevos puestos burocráticos creados con la nueva provincia.

Pura demagogia. Ahí está pintado el populismo ecuatoriano.

¿Ha aprendido este Gobierno a dejar atrás el show cuando está cerca a cumplir todo un periodo de cuatro años? Parece que algo. Por necesidad ante la falta de plata. Seguramente hoy Correa, por ejemplo, no gastaría la plata de todos los ecuatorianos en la construcción de su Registro Civil en Guayaquil solo para molestar al Alcalde. Tal vez sí apoyaría el aumento del peaje a pesar de su costo político. Quizás, si pudiera volver atrás, pelearía menos con el sector privado.

Correa necesita plata. Y esa necesidad lo obliga a ser más racional. Aunque no siempre lo logre. Hubiera sido bueno que antes, cuando le sobraba nuestro dinero, lo hubiese invertido y administrado bien en lugar de despilfarrarlo. Ahora es tarde. Por eso escuchamos ciertas ideas racionales como querer detener la compra de aviones de guerra. Y vemos también acciones desesperadas, como poner al SRI a exprimirnos y al IESS a feriar nuestra plata.

Parece un mal chiste que hace poco Correa le haya dado consejos al Primer Ministro griego. Debió ser al revés. Los griegos debieron llevarle un solo mensaje: no desperdicies la plata de tu país. Olvídate del Fondo Monetario, del Consenso de Washington, de la dolarización y todos esos cucos a los que te encanta echar la culpa. La regla para no caer en lo que hemos caído es muy simple: no malgastes lo que no tienes.

Sigo en la carretera. Veo a un bus rebasar a toda velocidad por el “tercer carril” de tierra a un costado de la vía. Esquivo conos anaranjados con los que los genios de la Comisión de Tránsito obstruyen nuestro camino. Leo carteles de nuevos restaurantes construidos en pleno bypass a los pueblos (pronto, será necesario un bypass al bypass). Y solo puedo pensar que aquí nada cambia.

¿Podrá hacerlo Correa? ¿Podrá contener el despilfarro y empujar este país? ¿Ganará su lado pragmático? ¿O prevalecerá su lado socialista-populista hasta hundirnos en un bache aun más grande?

jueves, mayo 20, 2010

¿Pragmáticos?

Nuestro ex ministro de Economía y Finanzas, ex ministro del Litoral, ex ministro de Coordinación Política y actual Ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Patiño, ha asegurado que jamás firmaremos un tratado de libre comercio con la Unión Europea. “Nosotros no creemos en los tratados de libre comercio, creemos en… acuerdos integrales para el desarrollo”, dijo el Canciller en la reciente Cumbre de países de América Latina y el Caribe y la Unión Europea en Madrid. Ecuador no seguirá a Colombia y Perú en su camino a la integración comercial con el inmenso mercado europeo.

Para Patiño y este Gobierno los acuerdos no se pueden limitar a lo comercial. Creen que “la inversión y el comercio son solo una parte”. Por eso buscan un acuerdo “integral”, aunque no esté muy claro de qué se trate. Con esta postura alejada de la realidad, Ecuador abandona la oportunidad de venderle más a Europa mientras nuestros vecinos nos ganan espacios.

Una delegación de la Comisión Europea nos visitará en junio para intentar avanzar en la negociación de un acuerdo. Patiño ha dicho que “existe la voluntad política y la decisión presidencial” de concretar un acuerdo, pero uno que haga “prevalecer nuestra visión de desarrollo antes que el libre comercio”.

Suena bastante iluso pretender imponer un acuerdo especial con la Unión Europea –diferente a los que ha firmado con otros países– que se rija por la “visión de desarrollo” de este Gobierno. No veo a la delegación europea haciéndole mucho caso a las exigencias de este Gobierno que tiene muy poco que enseñar en lo que a crecimiento y desarrollo se refiere.

Pero no debe sorprendernos esta postura del Gobierno. Desde la campaña sabemos que Correa y su gente creen en el proteccionismo y el control estatal como forma de desarrollo. Para ellos el TLC es una mala palabra, al igual que globalización, competitividad y flexibilidad laboral. Malas palabras con las que Colombia, Perú y otros países avanzan mientras nosotros nos estancamos.

En la misma cumbre, Correa se reunió con Sebastián Piñera y Ricardo Martinelli, presidentes de Chile y Panamá. Correa dijo: “Nos entendemos muy bien con Sebastián (Piñera), es un hombre muy pragmático”. ¿Es Correa también pragmático? Tengo mis dudas. Si lo fuera, sería más abierto a aceptar, más allá de su ideología, los múltiples beneficios que traería para el desarrollo del país la firma de un TLC con la Unión Europea. O quién sabe. Tal vez su pragmatismo se basa en sus acciones para mantener su poder político. Correa sabe que la firma de un TLC sería suicidio político ante sus seguidores de izquierda y su colega en Caracas.

Queda la esperanza de que Correa y Patiño hayan sacado buenas lecciones de sus reuniones con Piñera y Martinelli. Antes que presidentes, ambos han sido empresarios muy exitosos que han construido importantes empresas en sus países. Saben cómo producir y crear empleo. Saben generar más dinero del que gastan. A Correa le vendría muy bien un curso intensivo sobre ese tema.

¿Se puede ser socialista y pragmático al mismo tiempo? Este Gobierno, en lo que a crecimiento del país y generación de empleo se refiere, nos contesta una y otra vez que no.

jueves, mayo 13, 2010

Palos y piedras

La escena la hemos visto tantas veces. Está en los noticieros de mi niñez, a veces acompañada con la feliz noticia de que se cancelaban las clases debido a los disturbios. Mientras el país, bien o mal, ha avanzado, el tiempo se ha quedado congelado en esas escenas de piedras, palos, llantas quemadas, carros destruidos, gritos. Grupos de indígenas cerrando el paso, protestando. Bloqueando los caminos y la posibilidad del país de avanzar.

Rafael Correa y su gente de Alianza PAIS los conquistó en la campaña. Él era uno de ellos. El “rasca bonito” que vivió entre indígenas en Zumbahua. El que inició su mandato con una limpia. El que hablaba quechua, o al menos hacía el intento.

La luna de miel duró unos años. Hasta que la relación se volvió incómoda y tensa. De abrazos y sonrisas en quechua pasaron a decirle “estúpido” en el mismo Carondelet. El diálogo se rompió. Difícil hablar con quienes salen a bloquear calles y quemar llantas. No se puede dialogar con posiciones tan cuadradas y extremas.

Los grupos indígenas pierden el respeto del país. Sus tácticas de oponerse a todo y de exigir privilegios sobre el resto de ecuatorianos no deben tener lugar en estos tiempos. Hicieron bien al ganar espacios políticos. Hoy tienen representantes en la Asamblea y los tuvieron en el Gobierno. Ese es el terreno para negociar, influenciar, reclamar. El humo de las llantas quemadas solo los convierte en su propia caricatura. En esa masa que no tiene idea por qué protesta. La Ley de Aguas es la excusa de hoy. Ayer era el TLC. Mañana será la minería y después vendrán más razones.

Hay varios casos que demuestran el gran poder e influencia que pueden lograr los líderes indígenas, si en vez de llevar a su gente a quemar llantas, se convierten en agentes de cambio positivo en sus comunidades. Por ahí va el camino.

Uno de los problemas de fondo es esta obsesión de varios actuales políticos y funcionarios dizque revolucionarios por clasificarnos y etiquetarnos en etnias, nacionalidades, razas y grupos. Les encanta hablar en sus discursos y ponencias de plurinacionalidad, derechos colectivos y acciones afirmativas que al final terminan atentando contra nuestros derechos individuales.

Antes que cualquier grupo, etnia o nacionalidad somos individuos. La mejor forma de garantizar nuestros derechos como grupos es garantizando los derechos individuales de cada ecuatoriano. Lo otro conduce a lo que vemos hoy: dirigentes indígenas exigiendo sus “derechos” grupales entre humo y llantas quemadas. Pero cuando otros grupos piden derechos similares, ahí pretenden ocupar una categoría especial. Se acaban los derechos colectivos para convertirse en privilegios exclusivos.

Los indígenas como grupo no tienen ninguna corona sobre mestizos, blancos, negros, montubios. Todos somos igual de ecuatorianos, con los mismos derechos y deberes. El Gobierno y su Asamblea deben escuchar y atender a todos los grupos, gremios y representaciones por igual.

El humo de las llantas quemadas debe quedar atrás. Los dirigentes indígenas deben demostrar que pueden hacer una oposición civilizada. Sus actos violentos y posiciones extremas solo fortalecen a este Gobierno al que hoy pretenden hacer oposición. Sus viejas prácticas les quitan legitimidad. Sus argumentos de palos y piedras avergüenzan. Los dejan fuera de la contienda.

jueves, mayo 06, 2010

Próspera burocracia

El Gobierno del Litoral en teoría dejó de existir. Quitaron su nombre en letras doradas de la fachada del edificio en la avenida Francisco de Orellana. Pero las reemplazaron con otras flamantes letras que dicen “Gobierno Zonal de Guayaquil”. Suena a burla. ¿Cerró realmente el Gobierno del Litoral?

Al otro lado de la avenida, las oficinas del SRI están agitadas y llenas de gente. Carlos Marx, su director, tiene mucho que celebrar. La recaudación de impuestos en el país aumentó casi el 30% el primer trimestre de este año con relación al anterior. De 1.408 millones de dólares recaudados de enero a marzo del año pasado, subimos a 1.908 millones de dólares durante el mismo periodo este año. Sea por precaución o madurez ciudadana, los ecuatorianos estamos pagando cada día más impuestos a la renta. Y a eso hay que sumar el IVA, impuestos de vehículos y consumos especiales.

Abro el periódico y me encuentro con que una de las primeras acciones del flamante Consejo de Participación Ciudadana es pedir plata. Todavía no estamos seguros de para qué sirve ni qué hace este Consejo creado en Montecristi. De lo que sí podemos estar seguros es que servirá para gastar mucha plata. Nuestra plata.

Los integrantes de este Consejo por el que no hemos votado, pero supuestamente nos representa, piden 25 millones de dólares para funcionar. Léase: para pagar los sueldos a toda una plana de nuevos burócratas que piensan contratar. Tantos deben ser, que están presupuestando siete millones de dólares para un edificio. ¡Siete millones! La nueva burocracia necesita mucho espacio para jugar solitario y tomar café.

Cuando nuestros impuestos terminan despilfarrados entre edificios y nuevos sueldos burocráticos, el trabajo de Carlos Marx y su gente en el SRI pierde sentido.

Mientras nuestro sector privado suda por ganarse unos cuantos dólares, nuestra burocracia recibe millones. Un milloncito para esto. Un milloncito para lo otro. Los presupuestos públicos aguantan todo. No sufren por la plata desperdiciada.

Parecería que este Gobierno inventó su altiva forma de combatir el desempleo: multiplicar los puestos públicos. Basta darse una vuelta por la página web de la presidencia y ver el organigrama de este Gobierno. Siete ministerios coordinadores, más una veintena de ministerios, y once secretarías.

Esta obesidad gubernamental puede complicar el trabajo del SRI al validar y fortalecer la tradicional excusa para evadir impuestos: no voy a pagar impuestos para que se los ferie la burocracia; ni para pagar sueldos de reciclados funcionarios calientapuestos; ni para construir flamantes edificios para consejos y comisiones expertas en sacar fotocopias de documentos que nadie lee; ni para pagar pasajes, hoteles, cebiches y viáticos de todo el Gabinete que acompaña al Presidente por los rincones del país en su permanente campaña política de los sábados.

El éxito del SRI se debe al esfuerzo de ecuatorianos que producen, arriesgan, y generan más trabajo y dinero con su trabajo. El Gobierno y las nuevas burocracias, como este mal llamado Consejo de Participación Ciudadana, se burlan de nosotros con sus edificios de siete millones, sus nuevos ministerios, y sus presupuestos millonarios.

Antes que más impuestos, que empiece el recorte y optimización del gasto público. ¿Podrán hacerlo nuestros prósperos revolucionarios?

miércoles, mayo 05, 2010

Revista la U. - Mayo 2010

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jueves, abril 29, 2010

Tres que suenan bien


Este sábado, Correa se quejó que “24 horas al día, 7 días a la semana, los periodistas dedican su vida a tratar de demostrar lo mala persona que es el Presidente de la República”. Y luego hizo una tentadora propuesta: él suspendería los enlaces de los sábados, si los medios dejan de criticar tanto a su Gobierno.

Aunque la propuesta debería ir al revés –que él se convierta primero en buen Presidente para que las críticas disminuyan– vamos a seguirle la corriente dejando esta vez la crítica para hablar de cosas buenas. No cuesta nada soñar que nos libramos de sus monólogos de los sábados.

Correa presentó tres propuestas positivas en estos días.

Uno. Correa dijo que revisará el subsidio al gas y la gasolina. Este subsidio, que le ha costado al país más de 10 mil millones de dólares en los últimos tres años, beneficia más a los ricos que a los pobres. Sin embargo, ha permanecido intocable por su alta sensibilidad política. Correa da un primer paso en la dirección correcta al buscar focalizar este subsidio, para que llegue principalmente a los pobres. Lograrlo es muy difícil. Pero al menos está la intención. Correa tiene el capital político para tomar una medida poco popular como esta. Esperemos que la buena intención no se pierda entre politiquería o una mala ejecución.

Dos. Correa planteó, durante el cambio de la cúpula militar, reducir el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Habló de dar más recursos para ciencia y tecnología, educación, salud, vialidad, vivienda en lugar de Defensa. “En esta nueva época, nuestra única guerra es contra la pobreza, la inequidad, el desempleo, la corrupción, la injusticia”, dijo Correa. Aplausos.

Pero inmediatamente, Correa indicó que Ecuador está listo para irse a la guerra con Colombia si se repite una incursión como la de Angostura. Y el nuevo comandante de la Fuerza Aérea habló de renovar la flota supersónica. Duró poco eso de que la guerra es solo contra la pobreza, la inequidad y blablablá. En todo caso, le tomamos la palabra al Presidente. Estaremos atentos a que reduzca el gasto militar.

Y tres. Correa dijo que se crearán Zonas Especiales de Desarrollo. Por lo visto, ante la falta de dinero, se le ilumina a Correa la oscura noche neoliberal y empieza a reconocer las buenas ideas para promover la inversión. Estas zonas económicas especiales serían parecidas a las que funcionan en China. Tendrían beneficios arancelarios y fiscales para atraer inversiones productivas que generen empleo y más comercio. Correa dijo que esto empezará en enero del próximo año. Así lo esperamos.

Aunque una cosa es decirlas y otra cumplirlas, estas tres propuestas nos indican posibles nuevos caminos y actitudes del Gobierno frente al gasto público, la inversión privada y la generación de trabajo. Ante la falta de fondos después de tres años de despilfarro, el Presidente presenta –tal vez más por necesidad que convicción– medidas con sentido.

Si Correa cumple estas propuestas y encamina su Gobierno en la dirección correcta para reducir el gasto público, atraer inversiones, y generar empleo, verá cómo los medios lo critican menos. Depende de él.

jueves, abril 22, 2010

¿Correa, el liberal?

Lo leo y no lo creo.

Correa agradece el premio que le entrega la Universidad de Illinois con un discurso sorprendentemente pro norteamericano y hasta liberal. Un discurso que no calza con el orador.

“Si en América Latina se comete un error, le vamos a tirar piedras a la Embajada de Estados Unidos. Es decir, la culpa jamás es nuestra, siempre es de los demás, y de esta forma no establecemos responsabilidades, peor correctivos…”, dijo el Presidente. Y continuó: “Incluso nos inventamos toda una teoría para echar la culpa a terceros de nuestra pobreza: la Teoría de la Dependencia, es decir, nosotros éramos pobres porque ustedes eran ricos… Para poder resolver nuestros problemas debemos aceptar que los principales –aunque no los únicos– responsables de nuestra situación somos nosotros mismos”.

¡Correa criticando la teoría de la dependencia! No sé si interpretar esto como chiste privado, ironía o simple descuido de quien escribió el discurso. Este Gobierno y el Socialismo del Siglo XXI son herederos directos de esta teoría, según la cual nuestro subdesarrollo no es nuestra culpa, sino de otros: los países poderosos, las multinacionales, el Fondo Monetario, etcétera. Correa, el liberal, ahora critica esta postura. Sería bueno que también la practicara.

Otra perla: “¡Qué daño ha hecho el paternalismo en América Latina!”, dijo Correa. Condorito hubiese hecho plop. Yo al leer esto me froté bien los ojos y lo volví a leer despacio. Correa, el despilfarrador, el de los infinitos bonos, el que en estos tres años se ha concentrado en dar pescado en lugar de enseñar a pescar, el que ha desplazado la iniciativa y trabajo individual por la intromisión de un todopoderoso Estado y una inmensa burocracia, ¡ahora critica el paternalismo!

Hay más. Luego de alabar varios valores y virtudes de la cultura gringa, Correa criticó nuestra “cultura de la trampa, es decir, un inexplicable deseo de romper las reglas de juego formalmente establecidas”. El mismo Correa que convenientemente se ha inventado eternas “emergencias” en este país para saltarse las reglas, predica ahora contra la cultura de la trampa. Correa criticó también “la cultura del poder, donde las acciones se dan en función no de los derechos y obligaciones establecidas por las reglas formales, sino por la conveniencia del coyunturalmente más poderoso”. Creo que está de más una opinión ante lo irónica que suena esta frase en quien la pronuncia.

Pero no todo sonó a ironía o doble discurso. Hubo anécdotas divertidas y sobre todo un gran momento de lucidez. Queriendo hacer chiste, el Presidente resultó muy sincero cuando dijo: “…Muchos dicen que Colón fue el primer economista, ya que cuando partió, no sabía dónde iba, cuando llegó, no sabía dónde estaba, y todo fue pagado por el gobierno”. Nuestro Colón criollo del siglo XXI nunca se había descrito con tanta precisión.

Los estudiantes en el auditorio seguramente salieron encantados ante las palabras tan claras de este “liberal” presidente latinoamericano. No saben la contradicción e ironía de lo que escucharon.

Estaríamos en una situación distinta si este fuese el discurso que Correa repitiera y sobre todo practicara. Si estas palabras no se quedaran sepultadas en la tierra de Obama.

Nunca es tarde. Correa puede leer y empezar a practicar sus propias palabras.

jueves, abril 15, 2010

Silvio y Carlos Alberto

Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner se han escrito algunas cartas. Cartas frontales y críticas. Sobre lo que piensan de Cuba, del socialismo, de la realidad que se vive en la isla, del futuro.

Silvio es cantante, músico, compositor. Un ícono de la revolución cubana. Carlos Alberto es periodista y analista político. Considerado uno de los enemigos del régimen castrista. Los une el deseo de una Cuba mejor. Los separa un abismo ideológico.

Silvio tiene el privilegio de pocos: vivir libre en Cuba. Va de gira por el mundo y regresa a su casa con los dólares y euros con los que el capitalismo mundial le compra discos y le paga entradas a sus conciertos. Sus canciones merecen ese éxito, a pesar de su vergonzoso apoyo a la dictadura.

Siendo un joven estudiante, Carlos Alberto fue condenado a veinte años de prisión por su oposición a la dictadura cubana. Por suerte escapó de la cárcel, se asiló en la embajada venezolana (¡no le hubiera servido de mucho en estas épocas!) y logró huir de Cuba. Montaner promueve ideas de libertad y valores democráticos que tanta falta le hacen a la isla.

Las cartas entre estos dos cubanos muestran sus enormes diferencias. Silvio sigue sumergido en ese discurso oficial anti imperialista que ignora las inmensas deficiencias, atropellos e injusticias del régimen cubano. Montaner busca sacar a Cuba de esta dictadura que ha oprimido ya a tres generaciones, para iniciar una era libre y democrática.

El mismo Silvio hace poco dio un sutil giro en su discurso. Dijo que hay que superar la “erre” de revolución para iniciar en Cuba una “evolución”.

Silvio insiste en el fin del embargo. Montaner está de acuerdo. Pero le aclara que no es el bloqueo el culpable del desastre económico en Cuba, sino “la inherente improductividad de los sistemas colectivistas de corte marxista-leninista.”

Montaner concluye su última carta proponiendo a Silvio crear “un comité para luchar…contra el embargo norteamericano, a favor de conceder la amnistía a los presos políticos, a favor de otorgar el derecho a la libertad de asociación y expresión, a favor de que los cubanos puedan entrar y salir libremente de Cuba.”

Lastimosamente, Silvio cierra el diálogo con un breve comunicado final. Dice que no puede pasarse la vida escribiendo estas cartas. Más bien, creo que Silvio se quedó sin argumentos y temió perder sus privilegios.

El simple hecho de que estas dos figuras antagónicas dialoguen es novedoso y esperanzador para Cuba. La bloggera cubana Yoani Sánchez se pregunta si este diálogo “es la señal de arrancada para que en el interior del país un miembro del partido comunista pueda sentarse a dialogar con otro que pertenece a un grupo de la oposición. ¿Estaremos asistiendo al derrumbe de las paredes interiores que nos aislaron a unos de otros?”

Este diálogo, entre dos importantes figuras que critican y defienden el régimen cubano, no cambiará las cosas. Pero muestra que algo está pasando. Junto a las letras de Yoani, las concentraciones de las damas de blanco, y la oposición silenciosa de miles de jóvenes cubanos listos para el cambio, parece más cercano el fin de esta inadmisible dictadura que solo unos pocos políticos desorientados apoyan todavía.

Lean las cartas.

jueves, abril 08, 2010

La utopía de lo público

Los columnistas de El Telégrafo se van. Abandonan el diario en rechazo a la censura e intromisión del Gobierno. Aumenta la lista de ex correístas.

Varios periodistas y editorialistas creyeron que era posible tener un medio realmente público, sin injerencia del gobierno de turno. Pero la marcada tendencia de izquierda en El Telégrafo siempre reveló la influencia del Gobierno. Cuando el Gobierno/Estado nos obliga a mantener un medio público a través de nuestros impuestos, con más razón, este debe acoger distintas voces y visiones.

Aplaudo la frontalidad de los ahora ex columnistas de El Telégrafo. En su carta pública de renuncia rechazan los “actos de censura y de violación de los derechos a la libertad de expresión y de prensa” ocurridos en ese diario. Pero no comparto del todo cuando dicen que “la construcción de lo público representa una de las mayores garantías para el ejercicio efectivo de la democracia...”.

No es la construcción de lo público, sino la garantía y protección de lo privado, donde se manifiesta la verdadera democracia y pluralidad de visiones. Este Gobierno se ha pasado creando “espacios públicos” a través de nuevos medios, empresas y ministerios. Pero estos terminan siendo espacios para imponer la visión particular de un grupito de poder. Con el agravante de que, a diferencia del sector privado que utiliza su propia plata, lo “público” utiliza la nuestra, la de todos.

En el lavado de cerebros colectivo que practica este Gobierno a través de infinitas cadenas y propaganda, nos hacen creer que lo bueno y justo viene siempre del sector público. Pero aquí la experiencia demuestra lo contrario. Mientras más grande es el pastel público a repartirse, más corrupción, piponazgo e ineficiencia.

Los medios privados podrán no ser perfectos. No tendrán esa imaginaria total imparcialidad que exigen ciertos asambleístas. Pero, a diferencia del medio público, los privados solo subsisten si la gente los “consume”. Los gustos personales o ideología de sus dueños pasan a segundo plano frente a los gustos del consumidor que se deben atender para que el medio sea rentable. En el medio público, sobre todo en este país donde cada vez es más difícil separar Estado de Gobierno, la autoridad de turno decide y nosotros pagamos.

Es falso que lo público sea imparcial al no responder a ningún interés privado. Más bien suele ser lo contrario. Lo público responde a los intereses de unos pocos arrimados al poder, mientras lo privado se mueve por algo mucho más democrático: el mercado.

Los ex articulistas de El Telégrafo ahora ejercen su libertad de expresión desde su nuevo blog www.telegrafoexiliado.blogspot.com Ahí, desde ese espacio privado, contribuyen a la diversidad de voces y visiones sin necesidad de que se despilfarren nuestros impuestos en medios públicos con agendas privadas.

Para que lo público funcione en este país, como funciona en países más avanzados, primero tiene que madurar mucho nuestra débil democracia. Mientras Correa y su gente hunden aun más la poca institucionalidad que nos queda, es utópico pensar en medios públicos independientes. No importa lo que diga la ley. Seguirán unos pocos metiendo las narices en lo público y manejándolo a su gusto, mientras nos pasan a todos la factura.

miércoles, abril 07, 2010

Revista la U. - Abril 2010

Ya está circulando la U. de abril en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, abril 01, 2010

Vergüenza, rabia y lástima


La libertad en nuestro país está de luto. Un editorialista es sentenciado a prisión por ejercer su derecho a opinar. El director de un diario público es removido de su cargo por negarse a la interferencia del Gobierno. Y el Presidente y sus asambleístas aprueban una ley controladora de los medios disfrazada de rendición de cuentas a la ciudadanía. El Gobierno parece estar contra los ciudadanos.

Siento una mezcla de vergüenza ajena, rabia y lástima frente a este gobierno.

Lo de vergüenza ajena ocurre casi siempre que Correa habla y manda por los suelos a la figura presidencial. Me queda el consuelo que un día él también sentirá vergüenza propia. No hoy, ni mañana, ni mientras siga en la nube del poder. Lo imagino en algunos años, retorciéndose de vergüenza al verse en videos insultando, menospreciando, burlándose, diciendo barbaridades como aquella de que Cuba “tiene su forma de democracia”, apoyando un socialismo estatista superado. Lo imagino pensando lo que seguro Alan García ha pensado en relación a su primer mandato: ¿cómo pude desperdiciar mi oportunidad haciendo el ridículo de esa manera?

Lo de la rabia me viene mientras veo a Correa junto a Chávez engañando al pueblo. Ahí están, muy emocionados en Quito. Con su labia antiimperialista. Con sus falsos gritos de soberanía. Con sus fracasos escondidos bajo vacíos acuerdos de cooperación, apretones de manos, abrazos y promesas.

El engaño viene por todos lados. Por ejemplo, Correa anunció que esa máquina de perder dinero llamada Alegro pasará a manos de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CNT). Alegro ha perdido 220 millones de dólares –nuestros dólares– desde el 2003. En enero del año pasado, Correa le dio un ultimátum. Si hasta fin de año “sigue perdiendo plata… la vendemos", dijo un enojado Correa. Dijo que la empresa “tendrá que desaparecer” si no es capaz de cambiar su situación.

Mentiras. Pasó el año. Alegro siguió perdiendo plata. Ninguna empresa extranjera quiso invertir en ella. Quedaba venderla o sepultarla, según lo ofrecido, para evitar más despilfarro de nuestra plata. Pero llegada la hora, Correa en su infinita vocación estatista, burocrática y despilfarradora decidió mantener a la empresa. Ya podemos imaginar nuestros millones que se seguirán malgastando.

Empieza a sonar repetido el fracasado guión. Acto 1: Presidente afirma que hay muchos interesados en invertir en tal proyecto o empresa pública. Acto 2: Firma de supuestos acuerdos. Socios estratégicos listos para invertir. Acto 3: Se retira el socio y ministros buscan desesperados alguien que ponga la plata. Acto 4: “No aceptaremos las condiciones que nos quieren imponer. No sacrificaremos nuestra soberanía. Iremos solos con el proyecto” (con plata de nuestros impuestos, o exigiendo a banqueros arriesgar nuestros depósitos, o con nuestros ahorros en el IESS). Ya son tres años del cuento repetido.

Y lo de lástima va por nuestro estancamiento. Por las oportunidades y esperanzas perdidas. Por este Gobierno que se sigue quejando del pasado, cuando ya ha durado en el poder más que esos que tanto critica. Por un país que lleva aguantando tres años de ineficiencia, errores, malas ideas y un destructivo ambiente donde lo importante parece ser hundir al otro en lugar de levantarnos entre todos.