jueves, agosto 04, 2011

Avergonzados

Y me avergüenzo, como tantas veces, viendo a nuestros políticos hacer el ridículo. Nuestros asambleístas de hoy son los mismos diputados de ayer, solo que con nombre distinto, como todo en esta falsa revolución, que cree que el cambio se logra con nuevas etiquetas, nuevo eslogan y un comercial en la tele con gente sonriente.

Y me avergüenza ver que muchos de los falsos revolucionarios tienen más o menos mi edad. ¿No se suponía que los jóvenes seríamos distintos? Da igual. El Corcho ordenando que se anule la votación, alguna vez fue joven también. Correa abusando de su poder para callar a los medios fue joven hasta hace poco, antes de convertirse en otro viejo político. Y me avergüenzo escuchándolos, tan acostumbrados a vender sus mentiras gigantes por verdades, que ya ni se inmutan, ni nos inmutamos.

Enciendo la radio en mi carro. Quiero ejercer mi elemental derecho a escoger una estación que me guste. Pero no puedo. El Gobierno me lo impide malgastando nuestra plata en otra cadena. Suenan los ladridos de la Secretaría de Comunicación, la Secom, que debería sincerarse y llamarse por lo que es: la Secretaría de Coerción y Manipulación. Se meten en nuestras vidas para atacar y manipular.

El mundo entero condena el abuso de este Gobierno. “Autócrata” y “populista errático” lo llama a Correa el Washington Post. Si el tiempo que Correa dedica a escarbar opiniones en la prensa y criticar a coloraditas en noticieros se lo diera a temas importantes otra sería la situación. Olvida que su papel como presidente está por encima de las críticas que todo político recibe, aquí y en cualquier país.

Correa repitió este sábado que no ha usado su calidad de presidente para demandar. Que se puso al nivel de cualquier ciudadano. Y como cualquier ciudadano ordena cadenas nacionales que todos pagamos. Y como a cualquier ciudadano en pocas horas el juez le otorga 40 millones de dólares. Nunca ha sido tan rentable ser cualquier ciudadano.

Y prendo la tele y la apago al instante. Ver entrevistas políticas en este país se vuelve un acto masoquista. Quedan las opiniones sinceras en Twitter, ese espacio todavía libre que el Mashi Rafael y sus amigos no pueden controlar o interrumpir con amenazas y cadenas repetidas hasta el cansancio.

Y me avergüenza ver cómo nos acostumbramos. Nos adaptamos a los nuevos tiempos, a pesar de los abusos. Agachamos la cabeza. Que lo de EL UNIVERSO no es asunto nuestro. Es cosa de sus dueños. Que hay muchos contratos con el Gobierno por ganar. Que hay que estar de buenas con ellos, para ser parte del reparto. Mejor no escribas en el Diario, para qué complicarte la vida. Mejor quedarse callado. Mirar para otro lado. Esperar que no nos toque. Hacerse amigo de los poderosos de hoy. O al menos pasar desapercibidos hasta que todo esto haya terminado. ¿Podemos quejarnos actuando así?

Quien sabe cuánto tiempo tendrá que pasar. Cuántas nuevas vergüenzas y abusos tendremos que soportar. Pero toca ser necios y seguir creyendo. El país está tocando tan bajo, que hay más gente reaccionando, uniéndose, participando. Gente que se niega a que unos pocos nos sigan avergonzando.

jueves, julio 28, 2011

¿Qué diría?

¿Qué diría el boy scout de ayer si hoy pudiera verse con la banda presidencial? ¿Estaría orgulloso de la persona en la que se convirtió? ¿Apoyaría su actitud y sus acciones? ¿Saldría con banderas verdes a escuchar sus discursos? ¿O sentiría vergüenza, al verse insultando, humillando, abusando de su poder?

¿Qué diría el joven e idealista estudiante de economía, el dirigente universitario que daba sus primeros pasos políticos en Guayaquil? ¿Aplaudiría su gestión económica? ¿Se apuntaría para ser parte de su equipo? ¿O criticaría el despilfarro, el exagerado gasto público, el crecimiento de la burocracia y de ministerios inservibles, la falta de apertura al mundo, los decretos de emergencia, la dependencia en carísimos préstamos chinos, la ausencia de estímulos, estabilidad y garantías para atraer la inversión privada?

¿Qué diría el Rasca Bonito de Zumbahua, que convivió con los indígenas y sintió de cerca sus necesidades y su dolor, al verse rechazado por ese mismo movimiento indígena? ¿Se reconocería a sí mismo arremetiendo contra ellos?

¿Qué diría el estudiante que respiró aires libres gringos y europeos, que pudo vivir de cerca la libertad y desarrollo del Primer Mundo? ¿Se sentiría un mandatario democrático? ¿O criticaría su estilo caudillista, con un Gobierno donde todo empieza y termina en su poder personal, tan alejado del balance de poderes de países desarrollados? ¿Rechazaría el abuso de recursos públicos y la manipulación mediática con tantas tercermundistas cadenas nacionales?

¿Qué diría el académico, el profesor universitario, al verse dando clases públicas de economía, estancado en la teoría, mientras en cuatro años se han detenido las inversiones y ha aumentado la dependencia del país en el gasto público? ¿Se pondría de ejemplo a sus alumnos?

¿Qué diría el forajido que gritaba en las calles pidiendo la salida de Gutiérrez? ¿Aprobaría su actual control y poder sobre todos los poderes del Estado, la falta de fiscalización, el reciclaje de funcionarios cuestionados, la ausencia de división de poderes? ¿O saldría nuevamente a las calles a reclamar contra este Gobierno, contra los ataques a la libertad, contra la metida de manos en la justicia, contra los jueces que se arrodillan ante el poder, contra la intimidación como práctica cotidiana?

¿Qué diría el candidato que se paseó por los medios de comunicación recibiendo siempre un micrófono abierto y el apoyo de periodistas independientes para enviar su mensaje? ¿Apoyaría el control, la intimidación, los ataques y la censura a la prensa? ¿O se avergonzaría de la salida de tantos periodistas por su presión? ¿Rechazaría, al igual que todos los organismos internacionales, que todos los medios a nivel mundial, que todos los abogados que sí saben de leyes, y que toda la sociedad, el abusivo juicio contra este Diario? ¿Se avergonzaría del ridículo internacional?

¿Qué dirían todos ellos del precio puesto a su honra, de los 600 mil que guardó, de los 80 millones que pretende ahora? ¿Qué dirían de ese hombre que no tiene problema en meter en la cárcel a padres de familia, esposos, hermanos por unas palabras en un papel?

¿Y qué dirá el futuro expresidente desde alguna universidad europea? ¿Se sentirá orgulloso al mirar atrás? ¿O sentirá vergüenza y finalmente se arrepentirá?

jueves, julio 21, 2011

Huevazos a la libertad

El contraste no podía ser más claro. Emilio Palacio sale caminando del Juzgado. Los simpatizantes de Alianza PAIS lo reciben a huevazos. Por otro lado, Rafael Correa sale en su 4x4 protegido por guardaespaldas. El poder del Estado contra un ciudadano por escribir lo que piensa.

Según Correa, él actúa en este juicio como un ciudadano más. Dice que ser presidente no significa que no pueda defender su honor. ¿Cuántos ciudadanos comunes han recibido como él más de medio millón de dólares defendiendo su “honor”?

Correa dijo, luego de pasar gran parte del día en la audiencia de juzgamiento contra Emilio Palacio y este Diario, que “las cosas que estamos discutiendo, en otros países ya están de regreso y de ida de nuevo, vaya a ver en qué país del mundo se permite decir una mentira tan atroz…”.

Sí, los temas que ya han sido superados en otros países en materia de libertad de expresión, acá siguen discutiéndose justamente por culpa de este Gobierno. Mientras en otros países la figura del desacato está ya superada y se han despenalizado las calumnias e injurias, aquí Correa recurre a nuestras leyes anticuadas para pedir cárcel para periodistas o quien le muestra un dedo. No, en países civilizados, los presidentes no demandan a columnistas por millones de dólares y prisión por dar su opinión.

Dan vergüenza y rabia la actitud y abuso de Correa. Imagino a sus profesores y compañeros universitarios de Lovaina y Chicago retorciéndose también de vergüenza ajena al ver a su alumno y compañero jugando este triste papel. Al escuchar su repertorio de barbaridades y su desprecio hacia la libre expresión. Al verlo convertido en el típico caudillo autoritario latinoamericano, ese triste personaje que el mismo estudiante Correa seguro rechazaba.

Hay personas respetadas y admiradas por su forma de ser y actuar, más allá de sus posesiones o poder. A otras se las respeta –o se finge respetar– por el dinero que tienen o el cargo que ocupan. Estas, dejan de recibir halagos, llamadas y visitas cuando pierden poder o su billetera adelgaza. Sabemos bien cuál es el “respeto” que hoy tiene Correa. Se basa en el miedo o el interés de cierta gente. Ese respeto temporal hoy le permite imponerse.

Pero el tiempo pone las cosas y personas en su sitio. Correa será recordado, sobre todo, por sus ataques contra la libertad de expresión, los medios y cualquiera que no piense como él. Triste legado que cargará por los pasillos universitarios de su exilio académico en Bélgica.

Hace poco este Diario entrevistó al expresidente Sixto Durán-Ballén que cumple 90 años. ¡Cómo ha decaído la figura presidencial desde su gobierno! Sixto cuenta que “cuando era presidente alguien me insultó y me gritó: ‘muérete, abuelo’. Yo paré, me di la vuelta y le dije: perdone, una aclaración, bisabuelo”. Cuestión de educación, tolerancia y sentido del humor que hoy tanto escasean en Carondelet.

Correa avanza sin control en su carro blindado, derribando muros y al que se cruce en el camino. Nosotros vamos a pie, recibiendo huevazos. Tarde o temprano su carro se detendrá, abollado y sin gasolina. Nosotros seguiremos caminando.

jueves, julio 14, 2011

Tirar los muros abajo

“Tirar los muros abajo / hacerlos mil pedazos / poner de moda la libertad” cantaba Miguel Mateos. La canción da vueltas en mi cabeza mientras pienso en Guayaquil en este mes de su cumpleaños.

Guayaquil, ciudad de los muros. De rejas, bordillos, murallas. Ciudad del alambre de púas, vidrios sobre la cerca de cemento, rejas eléctricas, garitas, guardia privado, parque cerrado.

Una ciudad que ha avanzado en infraestructura, organización, transporte y servicios, camina para atrás en seguridad y libertad para recorrerla. De poco sirve la calle nueva o la acera remodelada, si evitamos caminar por ella ante la delincuencia. De poco sirve el parque verde si este grita mírame y no me toques, protegido por guardias y rejas.

Hace pocos años tenía la esperanza de que la ciudad sería más fuerte que cualquier mal gobierno central. Que los problemas políticos en Carondelet se quedarían por allá. Acá la ciudad avanzaría, a pesar de los políticos y males centrales.

Pero ahora veo cómo este Gobierno que lo acapara y controla todo, controla también a Guayaquil. Lo ahoga en su incapacidad para frenar la delincuencia. Lo vuelve dependiente del poder central. La maquinaria del Gobierno vuelve cada vez más invisibles las voces locales. Se callan por temor, cansancio o simple conveniencia. Cada día son más las empresas que dependen de contratos con el Estado. Las fundaciones sociales locales se van convirtiendo en proveedoras de servicios para ministerios y proyectos del Gobierno. Los hospitales locales llenan sus salas con pacientes enviados por el IESS y entidades centrales. La economía privada depende cada vez más de la billetera estatal. Y el que tiene la plata manda. Correa lo sabe bien.

Hoy el discurso del Municipio suena cada vez más gastado. No ha sabido renovarse, ponerse al día, sintonizar con la ciudadanía que ya se acostumbró y no le impresiona la calle regenerada o la nueva línea de Metrovía. ¿Dónde quedó la autonomía? ¿Se durmió la causa ante el aumento del poder –y billete– central? Ponerse bravo, pegar tres carajazos o llenar la 9 de Octubre de gente flameando banderas celeste y blanco sirve de poco, cuando todo el sistema y el poder están dirigidos y manipulados desde Carondelet.

Algo se está perdiendo en Guayaquil. Nos estamos contagiando de esa pasividad socialista que espera cruzada de brazos que el Gobierno haga algo. El aumento de la delincuencia, la falta de empleo, y el control cada vez mayor del Gobierno central sobre nuestras vidas no nos hace reaccionar. Seguimos esperando sentados. Nos estamos acostumbrando.

El Municipio, los líderes locales, las voces independientes se vuelven pequeñas y torpes frente a la omnipresencia e impacto de Correa. ¿Hay iniciativas locales? ¿Nuevas acciones? ¿Propuestas para generar los cambios que el Gobierno no logra? Nos las vemos. Nadie las presenta.

En cuatro años, el Gobierno ha sido incapaz de frenar la delincuencia o generar condiciones para crecer. Solo ha sabido aumentar su control y poder. En lugar de tirar los muros abajo, la ciudad los construye cada vez más altos. En lugar de lograr autonomía e independencia, el pulpo central nos atrapa con más fuerza.

Este julio, Guayaquil tiene poco que celebrar.

jueves, julio 07, 2011

Apachurrados


Cristina de Kirchner prohibió en Argentina la publicidad de oferta sexual en medios de comunicación. Fernando Alvarado, secretario de propaganda de este gobierno, envió por Twitter su felicitación.

Me equivoqué con los socialistas del siglo XXI. Sabía que sus políticas estatistas destruirían la economía. Pero pensé que al menos traerían cambios progresistas en lo social. Que vendrían con onda vanguardista, liberal y cosmopolita, alejada del clima conservador y moralista de la derecha. Pero no.

La derecha suele ser liberal en temas económicos (que el Estado no se meta en los negocios), pero estatista y conservadora en temas sociales (que el Estado imponga mi idea de lo “moral”). La izquierda suele ser lo contrario: estatista en lo económico (que el Estado controle y dirija la economía) y liberal o progresista en lo social (que cada quien viva su vida). En ambas tendencias hay una contradicción. La libertad no puede ser selectiva. Debe aplicarse a todo, lo económico y social.

Pero este Gobierno nos ha traído lo peor de los dos mundos: es estatista en lo económico y en lo social. “En el terreno moral soy muy conservador”, dijo Correa hace poco.

Correa tuvo la oportunidad –la sigue teniendo– de poner al Ecuador en el camino de las sociedades avanzadas y tolerantes en lo social. Pudo ser el presidente que impulsara el verdadero respeto a la diversidad y libertad individual, en lugar de esquivar temas claves de nuestra época, como legalización de las drogas, matrimonio homosexual, aborto, real laicismo y verdadera libertad para expresarnos y tomar decisiones sobre nuestras vidas. Quienes sí han encarado estos temas, como María Paula Romo, están ya fuera del Gobierno. Y Correa ha evadido el debate desacreditando sus ideas, tachándolas de “anticlericalismo absurdo”, ideas de “seudointelectuales posmodernistas” que “no las compartimos y sabemos que no las comparte el pueblo ecuatoriano”.

Lástima. La libertad merece apoyo a pesar de no ser popular o que una mayoría prefiera imponer su visión de moralidad a la minoría.

Fue Correa, aunque pareciera algún socialcristiano, quien quiso incorporar, a través de un veto a la Ley de Educación, horas de educación religiosa no obligatorias en las instituciones públicas. Al menos aquí sus asambleístas le dijeron que no al veto, haciendo respetar el laicismo en el Ecuador.

En lo que a comunicación y libertad de expresión se refiere, el correísmo resulta tan o más moralista que el Municipio de Guayaquil, que ha decidido impedir a nuestros artistas presentar obras “sexualmente explícitas” en el Salón de Julio. Mientras en el Museo Municipal atentan contra la libertad imponiendo “arte sin sexo”; Betty Carrillo, una de las responsables de la nueva Ley de Comunicación, nos dice que un programa de farándula como ‘Vamos con todo’ “no debe ser presentado en ningún horario”. Correa antes ya sacó del aire a “Laura en América”. El Gobierno como censor de chismografía.

Para rematar, el socialismo moralista del siglo XXI nos impide tomarnos un trago una tarde de domingo o apostar nuestra plata en un casino.

Estamos apachurrados entre moralismos de izquierdas y derechas instalados en el poder. La libertad reclama un cambio de ideas y liderazgo en nuestra política.

jueves, junio 30, 2011

Empresarios

El semanario Líderes presentó los resultados de una encuesta sobre los empresarios y las empresas más respetados del Ecuador. En este país tan politizado, lo político se lleva la mayor parte de nuestras discusiones, páginas en diarios y minutos de los noticieros. Lo malo vende más. Los políticos siempre serán noticia.

Por eso viene bien reconocer a los buenos empresarios, no solo los grandes, sino todos los que alguna vez tuvieron una idea, montaron su negocio y cada mes pagan el sueldo a un equipo de trabajadores.

El empresario mantiene este país a flote a pesar del Gobierno. Si bien hay ministros y funcionarios que sí entienden la importancia del sector empresarial y buscan acercamientos, el mensaje que sale con más fuerza de este Gobierno es de idolatría hacia lo público y estatal y rechazo a la actividad privada. Ese lugar imaginario, donde las empresas públicas sí funcionan y no están embarradas de corrupción y la burocracia es más eficiente que el sector privado, sigue secuestrando las mentes de Carondelet.

Los empresarios en este país no son perfectos. Tienen muchos defectos. Pueden no ser carismáticos como los políticos. Pero su éxito no se basa en su simpatía, promesas, discursos o en el número de elecciones ganadas. Se basa en resultados, producción, empleos generados y mucho más. Merece aplausos quien a pesar de este Gobierno, invierte en poner un negocio y se arriesga, en lugar de palanquearse un puesto en un ministerio o uno de esos contratos con el Estado.

Hay empresarios conocidos por sus incumplimientos con la ley, maltrato a empleados, corrupción y abuso de poder. Pero esos son rechazados. No los veo en la lista de empresarios más respetados. La sociedad no los pone de ejemplo. Irónicamente, algunos de ellos son grandes aliados de este Gobierno.

Todos buscamos ganar más, darle lo mejor a nuestras familias, tener el dinero que nos dé tranquilidad. Buscamos esta riqueza de distintas maneras, según nuestros gustos, habilidades y ética. Unos la heredan. Otros la generan con su creatividad, riesgo y emprendimiento. Otros la ganan trabajando como empleados, dando servicios a terceros, o desde el sector público. Otros la ponen a ganar intereses en un banco. Otros hacen negociados con el Estado.

De todas las formas de hacer dinero, la del empresario tiene la virtud de multiplicar. Mientras mejor le va al empresario, mejor le va a todo un grupo de personas relacionadas de forma directa o indirecta con la empresa. Suena obvio, pero en este Gobierno muchos no lo entienden. Creen que al empresario la plata le cae del cielo, sin riesgo ni trabajo, y que el papel del Estado es exprimirlo, en lugar de generar las condiciones para que gane más dinero, compita y siga emprendiendo. Para este Gobierno, la misión de las empresas parecería reducirse a financiar su burocracia.

Un Estado eficiente, estable y previsible, con leyes que no cambien cada vez que llueve, ayuda a tener mejores empresarios. Si en el Gobierno tan solo entendieran esto tan básico y vieran a los empresarios como sus aliados para disminuir la pobreza, el cuento sería distinto.

¿Reconocerá algún día este Gobierno a los mejores empresarios en lugar de ahuyentarlos?

jueves, junio 23, 2011

Depósito seguro

La noticia explotó en varios medios. Rafael Correa depositó, hace casi un año en Alemania, un poco más de la mitad del dinero que le ganó al Banco Pichincha en un juicio. Haber estado injustamente en la central de riesgo y sin acceso a crédito, le causó un grave daño moral que al final se valoró en 600 mil dólares, libres de impuestos. Como dijo alguna vez el gran hermano, los Correa somos razonablemente listos.

Si el origen de este dinero ya había despertado cuestionamientos, ahora el lugar donde lo ha depositado da más de que hablar. Unos reprochan que un presidente que critica a la banca por sacar su dinero del país, haga lo mismo con el suyo. Que se contradice con su ideología y sus políticas nacionalistas y proteccionistas. Otros lo critican por no cumplir su ofrecimiento de hacer con el dinero “lo que diga el pueblo ecuatoriano”, pues “nunca he tenido apego al dinero, nací pobre y moriré pobre”. Otros dicen que debería donarlo al fideicomiso ITT. Que eso enviaría un poderoso mensaje a la comunidad internacional de su confianza en el proyecto. Además, pagaría varios viajes y hoteles para que nuestros representantes consigan más plata para el proyecto y para poder seguir viajando.

Pero todas estas críticas y sugerencias están de más. Yo apoyo la decisión del presidente. Correa tiene el derecho de hacer con su dinero lo que quiera. Nadie puede exigirle cómo utilizarlo o dónde guardarlo.

Si él quiere depositarlo en un país estable, con leyes, instituciones y bancos sólidos, y además muy cerca de Bélgica donde se jubilará, adelante. Correa, como cualquier ciudadano, no tiene por qué dar cuentas a nadie de lo que haga con su plata.

A pesar de sus discursos y oxidadas consignas nacionalistas, Correa ha resultado ser un hombre pragmático a la hora de cuidar su dinero. Como cualquier persona que se preocupa por su patrimonio, Correa ha elegido el lugar más seguro donde guardarlo. Sabe que Ecuador no es ese lugar. Sabe que mañana un gobierno abusivo se lo puede congelar o se puede inventar cualquier historia para quitárselo. Sabe que un gobierno socialista puede sacar una ley que lo obligue a pagar de manera retroactiva los impuestos que la ley actual no le exigía pagar (o al menos así lo dijo Carlos Marx). Sabe que ante el despilfarro del sector público y una eventual caída del precio del petróleo, podría faltar liquidez al Gobierno para pagar sueldos, y caerse la dolarización. Ahí su dinero se convertiría instantáneamente en 600 mil devaluados nuevos sucres.

Por eso Correa protege, con toda razón, su dinero en el extranjero. Si no lo sacó todo, fue quizás para no pagar más de ese 2% de impuesto de salida de capitales.

El ciudadano Rafael Correa sabe mejor que el Estado, que el Gobierno y que el presidente Correa, lo que le conviene hacer con su dinero. Él sabrá invertirlo, gastarlo o guardarlo como mejor considere. Ningún gobierno, ningún presidente, ningún burócrata de turno puede decidir por él ni sabrá hacerlo mejor. Primero está su libertad individual.

Cómo cambia la cosa cuando se trata de plata propia…

jueves, junio 16, 2011

Robo a domicilio


Rafael Correa critica el consumo eléctrico del periodista Alfredo Pinoargote. Lo ataca mostrando su planilla de luz al país entero. “¿Qué tendrá este señor, hidromasaje?”, pregunta a su público del sábado.

Según las mentes socialistas del siglo XXI es casi un crimen utilizar más electricidad que el promedio. Es una ofensa tener dinero y gastarlo. Salvo, claro está, que quien lo tenga y lo gaste sea el Gobierno. Parecería que lo ideal, según este Gobierno, es ser pobre. Total, son los más pobres quienes votaron mayoritariamente por el SÍ en la consulta, como lo indicó Correa hace poco.

El Gobierno habla de quitar subsidios al consumo eléctrico. Si de quitar subsidios se tratara tiene todo mi apoyo. Ya es tiempo de quitar los subsidios a la gasolina, al gas, a la electricidad, obviamente de manera focalizada para no afectar a los más pobres.

Pero lo que están haciendo con la electricidad no es quitar un subsidio. Es un castigo al consumo. Es un asalto a las familias. Es un impuesto más que pretenden clavarnos para financiar sus infinitos gastos e ineficiencias. Es otra acción improvisada y apurada del Gobierno para reunir más plata, ante su incapacidad para generar las condiciones que creen empleos nuevos, atraigan inversiones y crecimiento y, ahí sí, mayores ingresos para el Estado vía impuestos regulares.

Me impresiona lo improvisado que es este Gobierno después de cuatro años en el poder. Tanta Senplades, tanto ministerio nuevo, tanta secretaría, y al final todo parece decidirse a última hora según el estado de ánimo de Correa.

Hace no mucho armó medio escándalo por los calefones a gas. Dijo que los prohibiría. Ahí quedó. Hace no mucho incentivaron la compra de vehículos híbridos. Las calles y el ambiente se beneficiaron. Pero ahora los castigarán con más impuestos. Gobierno de la improvisación.

Ahora nos hablan de impuestos ‘verdes’, dan marcha atrás parcialmente, y al final aceptan que en realidad no son tan verdes. No pueden esconder lo obvio: el impuesto es verde, pero no verde campo o naturaleza. Es verde PAIS. Verde billete.

Dicen que los recursos de estos impuestos no irán al gasto corriente. Que la plata irá a la salud. No les creo. Si un alcohólico te pide plata, aunque te jure que la utilizará legítimamente, seguramente la gastará en la licorería de la esquina. Este Gobierno es adicto al gasto. Adicto a la burocracia y el despilfarro. Ahí se irá la plata.

Nos meten la mano en el bolsillo para mantener su estilo de vida. El Gobierno que más plata tiene es el que más nos la quita. No pueden ni saben disminuir su enorme gasto. No pueden dejar sus carros con chofer, sus cadenas nacionales, su infinita publicidad, sus empresas públicas ineficientes, sus diarios quebrados, sus nuevos edificios, sus eventos millonarios, sus contratos a dedo, sus ministerios inútiles, sus burócratas y funcionarios reciclados y multiplicados.

Minimizan el costo político de sus decisiones cargándosele a los que seguramente ya son sus opositores. Lo que importa es mantener los votos de la mayoría con dádivas populistas.

El Gobierno nos roba a domicilio. Y nos estamos dejando asaltar para evitar que dispare.

jueves, junio 09, 2011

Incondicionales


Hace no muchos años salían en la televisión, ocupaban cargos públicos en gobiernos pasados, aparecían detrás de su líder. Fueron sus incondicionales. Hoy viven en grandes casas. Conducen carros de lujo. Siguen haciendo sus negocios. Pero su poder frente al Estado ha sido reemplazado por nuevos incondicionales.

Si los incondicionales de antes decían ser de derecha, los de hoy dicen ser de izquierda. Da igual. Son tan parecidos. Lo que importa es estar cerca del poder, ocupar un cargo importante, obtener grandes contratos, ser parte del reparto de la torta. Para eso nada mejor que este nuevo socialismo, con un Estado metido en todo, manejándolo todo, repartiendo fondos ilimitados por todos lados, contratando a dedo, despilfarrando sin control ni fiscalización.

A varios incondicionales les suele ir mal antes de ser parte de un gobierno. Tienen deudas, negocios fracasados, periodos de desempleo. Pero su militancia en el gobierno cambia eso de inmediato. Se vuelven exitosos, con nuevos negocios, grandes casas y sus hijos estudiando en el extranjero. Cosa extraña para los que ocupan cargos públicos, pues no deberían tener otro ingreso que su sueldo. Pero ellos saben hacerlo rendir. Y multiplicarlo con nuevas empresas, socios y jugosos contratos con el Estado.

El incondicional no cuestiona. Sabe decir siempre sí al jefe. Sale a defenderlo ante las cámaras, en cocteles y frente a sus amigos. Dice ser un convencido de las políticas del líder. Apoya incluso sus abusos o se hace de la vista gorda cuando estos ocurren.

Si antes era periodista y defendía la libertad de expresión, hoy ataca y busca callar a los medios siguiendo el estilo de su jefe.

Si el jefe pide otra cadena nacional para atacar, los incondicionales la producen al instante. No importa el abuso y despilfarro de fondos públicos. No importa que las cadenas deban usarse de manera excepcional. Los incondicionales arremeten con todo. Desprestigian, tergiversan la verdad, manipulan.

Si el jefe necesita apoyar una nueva ley, los incondicionales asambleístas votan sin cuestionar. No tienen problema en defender públicamente ideas con las que están en desacuerdo. Que todo sea por el jefe, por el proyecto, por el acceso al poder.

Si el gobierno necesita desempolvar un caso ya juzgado para atacar a un medio de comunicación, sus incondicionales dirán que no buscan perseguir ni perjudicar a nadie. Que esto es un tema técnico y jurídico. Que solo quieren hacer justicia y recuperar fondos para el Estado. Un buen incondicional sabe mentir y repetir el mensaje presidencial.

Los abusos nunca son obra de una sola persona. El jefe de un gobierno no puede hacerlo todo. Necesita a su equipo de incondicionales que no cuestionen, que actúen, que lo protejan. Gente leal que ejecute sus órdenes. Gente dispuesta a todo.

Pasará el tiempo, pasará el gobierno. Algunos incondicionales tendrán problemas, enfrentarán juicios, huirán, se refugiarán en el extranjero. Al final, tranzarán su libertad, regresarán y siempre encontrarán algún bolsillo interesado en recibirlos. Y los veremos en sus grandes casas y carros de lujo, mientras nuevos incondicionales ocupan sus puestos. Su número y poder dependerá del tamaño y disponibilidad de la torta pública, que hoy es más grande que nunca.

jueves, junio 02, 2011

Con la llave abierta

Una de las primeras acciones de Rafael Correa al asumir el poder fue reducirse el sueldo. Hoy parece una broma adelantada ante el despilfarro que se venía.

Un balance de los primeros cuatro años del Gobierno, publicado por la Cámara de Industrias y Producción, indica que este Gobierno ha recibido muchísimos más ingresos que los gobiernos anteriores (75 mil millones de dólares, sin contar el 2011), y ha gastado de largo más que el resto y por encima de sus ingresos (77 mil millones de dólares). Toda la plata no ha alcanzado.

Seguimos endeudándonos para que nuevos burócratas ocupen escritorios de algún nuevo ministerio o entidad gubernamental cuya principal función, en la práctica, es pagar sueldos y desarrollar proyectos para los que se necesitarán pagar sueldos adicionales. ¿Cuántos son los beneficiados? ¿Cuál es el cambio generado en la sociedad? En cuatro años de gobierno en realidad eso ha pasado a segundo plano. Lo importante es resaltar, con alguna emotiva campaña publicitaria, los fondos invertidos como logro principal.

Correa justifica el gasto de su gobierno. Dice que hemos recuperado el rol del Estado. Explica que si nuestros ingresos han aumentado es porque hemos renegociado la deuda mejor que ningún otro gobierno, y porque los ingresos petroleros ya no se los llevan las compañías privadas, y porque los impuestos se recolectan de manera más eficiente. Sin duda el Gobierno ha sido exitoso en aumentar sus ingresos. Sin duda una parte de los recursos va a importantes inversiones. Pero esto no quita lo de fondo: están despilfarrando nuestra plata, están sobrealimentando un Estado cada vez más obeso, están poniendo en riesgo la estabilidad de todos.

Si hay tanta plata, ¿para qué nuevos impuestos? Ahora aparecen con el impuesto verde, que de verde solo tiene el nombre. Deberían tener la frontalidad para decirnos que han gastado demasiado, y necesitan más. Si quieren proteger el ambiente, mejor eliminen el subsidio a la gasolina. Hace un año Correa dijo que lo revisaría. Pero es más fácil cobrar más impuestos.

Entre sueldos de una burocracia que no para de crecer, bonos y subsidios, empresas ineficientes que pierden millones (El Telégrafo, Alegro), e infinita publicidad, la plata no alcanza. Sí, están las carreteras, los hospitales, los proyectos de infraestructura, la educación y la salud que cuestan mucho. Bien por las obras que se han realizado. Pero, ¿a qué costo? No pueden seguir vendiéndonos el gasto público como un logro en sí mismo, mientras nos cobran más impuestos y ponen al país en riesgo.

Crear nuevos ministerios, secretarías y entidades públicas no es señal de que estamos avanzando. Gastar más plata en un sector no refleja un cambio. Es fácil hacerlo. Basta un plumazo y hacerle otro hueco al presupuesto del Estado. Y a cruzar los dedos para que no caiga el precio del petróleo mientras dure el Gobierno. El cambio está en generar resultados con un gasto responsable.

Cuatro años después, el Gobierno sigue vendiéndonos su éxito en función de lo que han gastado, lo que han comprado, lo que han repartido. El gasto sin límite compra felicidad temporal que después se paga cara. ¿Alguien en el Gobierno que se atreva a cerrar la llave?

jueves, mayo 26, 2011

Justicia dinamita

El Gobierno convocó a la reciente consulta y referéndum, entre otras cosas, para cambiar la justicia en el país. La idea es que, con la intervención directa del Gobierno, de ahora en adelante tengamos jueces rectos, imparciales y honestos.

Pero hasta que eso suceda, parece que el Gobierno ha decidido implementar su propia forma de justicia. La justicia inmediata y explosiva. La justicia militar. La justicia dinamita.

El Gobierno decidió frenar, por la vía militar, la actividad en unas minas ilegales en Esmeraldas que contaminan el medio ambiente. Para ello, el presidente decretó estado de excepción en la zona. El Gobierno argumenta, con razón, que la minería ilegal “ha provocado daños irreparables a los ecosistemas locales contaminando las fuentes de agua, afectando las actividades productivas agrícolas y perjudicando así la salud de los habitantes de las zonas”.

Sin embargo, la buena intención del Gobierno de proteger el ambiente y hacer respetar la ley, se dispara en el pie al tomar medidas exageradas.

Armaron un superoperativo que ya lo quisiéramos para detener a criminales y sicarios. Los militares aparecieron sorpresivamente y detuvieron la actividad de los mineros. Pero no se quedaron ahí. Llegaron al extremo de dinamitar cerca de cien excavadoras.

La explicación del ministro de Defensa es simple y preocupante: prefirieron destruir la maquinaria, porque si incautaban las máquinas, un juez podía obligar a devolverlas y así no lograrían nada.

Moraleja: cuando los jueces no funcionen –o no actúen según los deseos del Gobierno– los militares lo harán. ¿Para qué tanta consulta popular entonces? Si el problema son los jueces corruptos, más fácil es saltárselos, y recurrir a esta justicia armada. Si querían eliminar los casinos ilegales, y se quejaban que ciertos jueces les permitían operar, más fácil y efectivo era armar un operativo militar que clausure los casinos y de paso meterles unas cuantas dinamitas a los tragamonedas. Asunto resuelto. La venta de CD y DVD piratas también se la podría resolver facilito con este método, sin tanto abogado ni demanda. Métanle dinamita a las tiendas y listo.

El Gobierno quiere intimidar, mostrando su poder y autoridad. Montaron, como tiene que ser en esta revolución mediática, todo un show producido para la televisión, con cientos de militares descendiendo en helicópteros, ocupando sorpresivamente las minas y haciendo estallar los tractores. Todo esto se transmitió, no podía ser de otra manera, en cadena nacional en horario estelar.

Pero en lugar de mostrar autoridad, el Gobierno revela un Estado débil y sin institucionalidad. Con este tipo de acciones aceptan que no hay intención de respetar las instituciones ni operar de manera civilizada.

El Gobierno debe luchar por la protección del ambiente y hacer respetar la ley. Pero la forma es tan importante como el fondo. De lo contrario, estas empresas y grupos ilegales, que antes no tenían argumento para reclamar, ahora lo tienen. Los mineros tomarán acciones legales contra el Estado. Podrán denunciar la destrucción de su propiedad privada. Y al final, todos terminaremos pagando la irresponsabilidad y abuso del Gobierno con dinero de nuestros impuestos.

La maquinaria destruida es un pésimo precedente. Abre las puertas a la ley de la selva.

jueves, mayo 19, 2011

Feliz día, Sofía

Y así, de repente, desaparecieron tus pañales, tus chupones y tus llantos a media noche. Ahora, mientras te acuesto a dormir, me explicas el poder mágico que tiene el pelo de Rapunzel. El tiempo pasó volando. Cumples cuatro años.

¿Te cuento un secreto? Tú has crecido y madurado muchísimo más que ese señor que sale a cada rato en la tele, siempre bravo y gritando cosas feas. Sí, el presidente. ¡Tantas veces me has reclamado cuando te cambio tus dibujos animados por los noticieros donde él aparece!

El otro día te llevamos a votar por primera vez. De mentiritas nomás, aunque algunos quisieran que las niñas de tu edad puedan votar para así sacar los votos que los adultos no les dan. ¡Mejor ni pensarlo! Interrumpirían tus programas con cadenas animadas y música de Disney plagiada.

¿Puedes creer que en tus cuatro años de vida he tenido que votar como seis veces? Yo tampoco. Lo que pasa es que al presidente –sí, el que usa camisas de dibujitos– le encanta que votemos a cada rato. Así, tiene la excusa para salir en más cadenas nacionales, comerciales y entrevistas hechas a su medida, y permanecer de candidato, en lugar de asumir su trabajo. Digamos que es como si tú, a tus cuatro añotes, siguieras gateando y actuando como bebé. Algo así es seguir comportándose como candidato.

Eso solo hace que la gente se insulte y se pelee más. Sí, como Peter Pan y el Capitán Garfio. Y que yo me preocupe más por ti. Por tu seguridad, tu libertad, tu futuro. Por dejarte un país mejor que el mío y el de tus abuelos.

Cuando yo tenía tu edad caminaba tranquilo con mi mamá por la ciudad. No había garitas que atravesar ni guardias vigilando la heladería de la esquina. Ahora, en cada semáforo que nos detenemos, miro atento para todos lados. En los últimos meses han asaltado a tu tío y a tus cuatro abuelos. Los ladrones los apuntaban con pistolas de verdad, mientras les quitaban las cosas. Nosotros hemos tenido suerte. Solo nos han robado una vez. ¿Te acuerdas cuando rompieron el vidrio del carro?

Ese no es el país que quiero para ti. No quiero que pases tu vida entre garitas, guardias armados, robos, violencia y muerte. Pero parecería que a esos políticos que gritan en la tele no les importa. Dicen que es percepción, que exageramos las cosas. Y en lugar de trabajar para solucionar el problema, tratan de convencernos de que aquí no pasa nada, que todo es una maravilla. Por suerte manejas bien el control remoto, y apenas sale la bandera con la musiquita anunciando otra cadena nacional, tú cambias a tu canal, donde la fantasía sí es real y nadie dice mentiras.

Por tus cumpleaños, quisiera regalarte un lugar más libre y seguro para vivir. Pero eso tendrá que esperar. Puedo prometerte, al menos, denunciar a esos señores que tratan de engañarnos. Y cuidarte todos los días y educarte bien para que nunca te creas sus mentiras.

Tranquila, Sofía. Sigue tan linda y contenta como ahora, mientras apagas emocionada tus cuatro velas. Si tú estás feliz, nosotros también.

jueves, mayo 12, 2011

Perder ganando

El Gobierno logró perder habiendo ganado. El triunfalismo exagerado y apresurado y esa actitud tan correísta de sacar la lengua al perdedor, los golpearon en la cara y los sentaron en la realidad. Ganaron, sí. Pero por tan poco, que el triunfo terminó oliendo a derrota. ¿Aprenderán algo del papelón?

Actualizo la página web del CNE que lentamente va cargando los datos –¿tendremos algún día un conteo de votos civilizado y eficiente, en lugar de retrasos, gritos y caos?–. Los tres objetivos que Correa aseguró haber cumplido –ganar en las diez preguntas, en el mayor número de provincias y con la mayor diferencia de votos– se escapan de sus manos. El Sí y el No están cerca en todas las preguntas. En la mitad de las provincias podría ganar el No. Y dos preguntas claves casi empatan.

Los personajes del Gobierno desfilan por esos medios que hoy controlan y aquellos contra los que tanto despotrican. Dicen que de todas formas han ganado. Aseguran que la diferencia de votos aumentará. Que el problema es que enfrentan a una prensa corrupta, a los poderes fácticos, a la partidocracia, y otros enemigos imaginarios. Que la oposición hizo campaña con comedia en lugar de ideas. Incluso, con un cinismo monumental, dicen haber estado en desventaja en la campaña por las críticas recibidas en los medios, cuando el Gobierno copó todos los espacios con recursos públicos, llegando incluso al abuso y descaro de transmitir, durante la última semana de campaña, varias cadenas nacionales prohibidas.

Se quejan, reclaman y reiteran su triunfo. Pero no los veo entender el mensaje de esta votación. Que no pueden continuar dividiendo a los ecuatorianos. Que deben gobernar para todos, y no para unos y contra otros. Que deben dejar los ataques, el abuso, las persecuciones, la manipulación mediática, los insultos. Que deben enfrentar a los criminales que nos están matando, y no a los ciudadanos que expresan sus opiniones. Que para recuperar la confianza y el apoyo de la gente, no servirán bonos, borregos, luchas de clases, ni el Cholito y Bonafont atendiéndose en hospitales que la realidad esconde.

No han entendido. Siguen igual que antes. Quieren imponerse a como dé lugar, a pesar de haber perdido el apoyo de la mayoría. Para ellos la oposición se limita a los medios y unos cuantos grupos extremos. No ven que medio país los ha rechazado. No han aprendido nada.

Nunca es tarde. Este sabor a derrota debería ser lo mejor que les haya pasado, para abrirles los ojos, para ver la realidad que su vanidad ocultaba, para entender que deben cambiar. Tal vez ahora sí se den cuenta de que estamos desesperados entre tantos robos y violencia en las calles, mientras en la cárcel mantienen a un preso político. Tal vez entiendan que nuestras vidas no les pertenecen. Que somos libres. Tal vez recuerden que su poder es temporal.

Correa ganó su consulta, pero perdió el apoyo de la mayoría del país. Perdió ganando. Su Gobierno podría ganar de verdad y hacer que ganemos todos. Bastaría con aprender la lección que este voto deja. Bastaría con cambiar de actitud. Deberían hacerlo. Pero parece que no les interesa.

jueves, mayo 05, 2011

¿La última vuelta de la ruleta?

Nunca me han llamado la atención los casinos. Si de ganar plata con suerte se trata, prefiero la lotería. Pero ese soy yo. No tengo derecho a impedir que otros jueguen en casinos y gasten su plata como quieran.

Este sábado fui a un casino después de muchos años sin visitar uno. En poco tiempo lo perdí todo jugando a la ruleta. A mi lado, una señora se fumaba hasta los dedos regando fichas por toda la mesa y un par de gringos apostaban sin miedo. Este sábado decidí ejercer mi derecho a gastar mi plata como me dé la gana. ¿Terminará esa libertad el próximo sábado?

Mientras ponía mis fichas sobre la mesa esperando que la bolita de la ruleta se detenga en mi número, me sentía como debieron sentirse los gringos hace casi un siglo, a inicio de los años 20, mientras tomaban su último trago de alcohol legal antes de la prohibición. Seguro ninguno pensaba en dejar de beber. Pero sabían que, a partir de ese momento, tendrían que hacerlo de forma ilegal, con los costos y riesgos que ello implica.

De igual forma, dudo mucho que la señora a mi lado deje el juego. Se le nota en la cara, en la emoción cada vez que gana, en la forma como aniquila su cigarrillo en tres pitadas mientras la ruleta da vueltas. No dejará el juego, pero tendrá que jugar ahora en lugares clandestinos, sin los controles –ni aporte al fisco– que hoy sí existen en los casinos en los hoteles.

Escuchaba a Correa decir en su cierre de campaña –cierre temporal, porque antes que presidente, Correa será siempre un candidato en campaña– que no es posible que un padre de familia se gaste todo su sueldo jugando en casinos. Si es así, vamos con todo y prohibamos el alcohol para que la gente no gaste su plata en borracheras. Y ya que estamos en plan moralista, prohibamos la pornografía, para que las mentes de los ecuatorianos se mantengan limpias.

Ante la incapacidad del Gobierno por eliminar las salas de juego clandestinas, prefieren cerrar todos los casinos. Brillante lógica: como hay muchos casinos ilegales, prohibamos los legales. Resultado seguro: más salas de juego clandestinas corrompiendo a más autoridades para poder operar.

De la mano con limitar nuestra libertad, el Gobierno parece empeñado en eliminar empleos. La política laboral del Gobierno se basa en ofrecer reponer los miles de empleos perdidos por sus malas decisiones, en lugar de generar nuevos empleos adicionales. Dicen que no son tantos los empleos que se perderían con la salida de casinos o el fin de las corridas de toros. ¿No sería mejor mantenerlos y generar nuevos? Necesitamos trabajo. Repartir puestos públicos no es generar empleo.

El caso de los casinos resume un tema de fondo en esta consulta. Este sábado debemos contestar si queremos mayor control del Estado, o sea de Correa, sobre nuestras vidas; o si preferimos ser libres y dueños de nuestras propias decisiones con mínima interferencia del Gobierno. Simple.

¿Qué va a hacer si gana el Sí en la consulta?, pregunté, al salir, a una de las empleadas del casino. “Ojalá que no gane”, me contestó esperanzada.

jueves, abril 28, 2011

Lecciones peruanas

Es triste ver lo que pasa en Perú. Un país que ha logrado estabilidad en lo político y económico se lanza a un panorama incierto.

La culpa no es de los votantes. Una mayoría votó por la estabilidad y la continuación del sistema democrático y de libertad económica que han permitido el crecimiento del país. La culpa fue justamente de los candidatos que garantizaban esa estabilidad. Kuczynski, Toledo y Castañeda obtuvieron juntos el 44% de los votos. Más que el 32% de Humala y el 24% de Fujimori. Una mayoría de peruanos votó por ellos. Pero pensaron en su proyecto político personal, antes que en el bienestar del país. Dividieron al electorado. Y ahora los peruanos escogerán entre dos peligrosos extremos.

Perú nos deja una lección. Los políticos serios, honestos y democráticos que aún quedan en nuestro país o que están por dar la cara en los próximos años deben unirse en un solo candidato que enfrente al Gobierno en las próximas elecciones. No es fácil. Cada partido o candidato cree que su modelo es el apropiado. O apunta al menos a ganar simpatizantes para una futura elección. Pero el país no puede esperar y aguantar otro periodo de despilfarro, desinstitucionalización, autoritarismo y pérdida de libertades.

Ya es tarde para hacer algo por esta consulta popular. Ganará seguramente el Sí en todo. Correa es el único real participante. La única voz que realmente suena. La campaña por el No apenas se escucha. No ha habido mayor interés ni coordinación de la oposición para enfrentar al Gobierno. De hecho, no ha habido una real oposición. Es una batalla muy difícil de ganar.

Pero el 2013 es mañana. Correa dijo hace poco que ha ofrecido a su familia retirarse a Bélgica cuando termine su presidencia para dedicarse a la academia. Es una buena idea. Ojalá lo cumpla. Por otro lado, dudo que quienes lo rodean lo dejen ir. En un Gobierno estatista por excelencia como este, que se ha dedicado a crear ministerios, dar y reciclar puestos públicos y meter la presencia del Estado hasta en la sopa con los miles de contratos y reparto de torta que esto significa, son muchas las personas cuyo sueldo, negocios y privilegios dependen de la permanencia de Correa en el poder. Lo convencerán que se quede cuatro años más.

Sea Correa u otro el próximo candidato de Alianza PAIS, no hay posibilidad de ganar sin un candidato único, alejado de los extremos y capaz de aglutinar izquierdas, centros, derechas, conservadores y liberales. Después de un Gobierno como el actual, no pedimos mucho. Estaremos contentos con un gobierno que cumpla mínimos acuerdos, como el respeto a la ley, a la libertad individual, a la propiedad privada, al derecho a expresarnos, y que entienda que solo saldremos de la pobreza y el atraso con menos limosna y más trabajo.

Todavía nada está dicho en Perú. Contra las predicciones, Humala y Fujimori podrían ser buenos presidentes, democráticos y respetuosos de la ley y las libertades. Pero más allá de resultados, la lección se mantiene. Necesitamos un solo candidato. Una solo propuesta. Acuerdos mínimos. Que no nos pase como a los peruanos.

jueves, abril 21, 2011

Caldo de soberanía

El contraste no podía ser más revelador. El gobierno de Estados Unidos anunciaba la expulsión del embajador de Ecuador en Washington, como respuesta a la expulsión de su embajadora en Quito por parte del gobierno ecuatoriano, luego de que salieran a la luz sus observaciones sobre la corrupción en el país a través de Wikileaks. Y al mismo tiempo, a pocas cuadras, el presidente Santos, de Colombia, se reunía con Barack Obama en la Casa Blanca para cerrar los últimos detalles para la firma de un TLC entre sus países.

Ricardo Patiño borró de inmediato cualquier preocupación que pudiera generarnos esta pelea con los gringos. La honra de Correa y nuestra soberanía están por encima de las relaciones y acuerdos comerciales con nuestros socios del Norte, indicó el canciller. Más vale botar de inmediato a la embajadora, que investigar la corrupción en la Policía y tomar los correctivos necesarios. Más vale sufrir las consecuencias económicas, que permitir que salga a la luz la realidad de nuestro país.

La gente no come de soberanía, en especial en este país que sigue tan flaco. Come de su trabajo. Y este se genera en países abiertos al mundo, con buenas relaciones y acuerdos comerciales. No con gritos de falsa soberanía y honor de quienes prefieren acabar con el mensajero antes que atacar de frente la corrupción.

Pero el Gobierno piensa lo contrario. A través de una de sus ministras, dijo que el pueblo sí come con soberanía y dignidad. Será algún nuevo condimento. O estarán hablando de gastronomía molecular.

Otra ministra dijo que las consecuencias de la no renovación del Atpdea serían mínimas. Unos milloncitos menos, unos cuantos empleos perdidos, pequeñeces para la revolución digna y soberana. Basta otro subsidio y listo. Las inversiones que no lleguen, los trabajos que se pierdan, el Gobierno los compensa con caridad que todos pagamos. Hay plata por ahora. Mañana ya veremos qué pasa.

¿Hablan de dignidad? Prefiero la dignidad que dan el trabajo, un sueldo y unos dólares en el bolsillo –que no se devalúan por decisiones políticas– al final de la jornada. Prefiero la dignidad de vivir en un país donde pueda expresarme libremente, con mis palabras, mis gestos o mis dedos, sin miedo a terminar en la cárcel o en la quiebra. Prefiero la dignidad de ser parte de una sociedad donde se persigue la corrupción, no a los periodistas que la denuncian. Prefiero la dignidad de tener gobernantes que entienden que el bienestar de la gente está por encima de sus pataletas o prejuicios ideológicos.

El mismo Correa lamentó, no hace mucho, en un discurso en Estados Unidos que “si en América Latina se comete un error, le vamos a tirar piedras a la Embajada de Estados Unidos” en lugar de aplicar sanciones y tomar correctivos para que no vuelva a ocurrir. Lástima que no escuchó sus propias palabras.

Si para el mundo somos un paisito que apenas se reconoce en el mapa, nuestro gobierno hace esfuerzos por ratificar esa pequeñez ante la comunidad internacional. Mientras nuestros vecinos colombianos escogerán su próximo plato en la mesa, acá nos obligan a tomar caldo aguado de inventada dignidad y falsa soberanía.

jueves, abril 07, 2011

NO a las mentiras

Escribo esta columna desde hace seis años. Siempre he tenido total libertad para escribir lo que quiera. Nunca he recibido ni media sugerencia de parte de los directores del Diario sobre qué tema escribir o cómo escribirlo. Jamás me han editado, suprimido, o censurado algo. Publican lo que escribo. De eso se trata la página de opinión.

En estos seis años las comunicaciones en el mundo se han liberado con la explosión del internet y las redes sociales. Hoy los ciudadanos son más libres de expresar lo que quieren. Hasta en dictaduras como Cuba –salvo para nuestro presidente que ve ahí una imaginaria democracia– o en represivos gobiernos árabes la tecnología ha logrado que más voces se hagan escuchar.

Pero mientras el mundo avanza y entiende que la libertad de expresión es un derecho fundamental, nuestro presidente nos lleva en dirección contraria. Todos sus estudios, PhD y experiencias internacionales no le han servido para valorar la importancia de una prensa libre.

Correa intenta convencernos de que ejerce su derecho a defenderse como cualquier ciudadano ante una opinión que él considera calumniosa. Pero no entiende que él no es un ciudadano común. Como lo indica la Corte Interamericana, un presidente o funcionario público deben tener una mayor apertura y tolerancia ante opiniones o acusaciones por ser sus actividades justamente de interés público. Correa hace lo contrario. Cree que por ser presidente debemos tratarlo con mayor cuidado.

Hasta su amiga Cristina de Kirchner, coidearia en su desprecio a la prensa, ha tenido el elemental nivel de cultura para apoyar la despenalización de delitos de calumnias e injurias en su país. Pero acá seguimos en la edad de piedra. Para nuestro presidente los periodistas merecen la cárcel cuando desafían al poder. Sus demandas a periodistas son su ataque e intimidación frontal, más allá de lo que el juez al final decida. Un presidente democrático simplemente no actúa así.

Según Correa, se trata de un “hito en la historia latinoamericana” el extender la demanda a los directores del Diario por lo que escribió un columnista de opinión. ¿No se da cuenta del ridículo que está haciendo? Sus colegas presidentes y todo el que tiene una idea básica de cómo funciona la prensa se están riendo.

Según Correa, los directores del Diario son responsables de lo que escribimos quienes hacemos opinión. Para Correa, son los dueños y directores de los diarios, no sus periodistas y columnistas, quienes deben decidir el contenido. ¿Es así como pretende que se manejen los medios públicos, limitando la opinión de sus columnistas, filtrando cada frase que escriben?

La verdad es más fuerte. Las mentiras, pasajeras. Pasarán los años y seguiremos leyendo este Diario. Las demandas de Correa quedarán como un triste recuerdo del ataque que vivieron los medios en este Gobierno y lo bajo que se llegó por callarlos. Correa ocupará un destacado sitial en el monumento de los enemigos de la libertad de prensa.

De algo estoy seguro: cuando Correa deje el poder seguirá informándose cada mañana a través de este y otros diarios que hoy tanto ataca e insulta. Tal vez ahí, con el paso de los años, recapacite, entienda y se arrepienta.

jueves, marzo 24, 2011

El camino difícil

Lo fácil para Rafael Correa era continuar su vida como profesor universitario. No complicarse con la política. Disfrutar de un trabajo tranquilo y más tiempo para su familia. Pero Correa hizo lo difícil. Dejó la comodidad de la academia, para participar en política. Dio el paso más complicado.

Lo fácil para María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán y sus compañeros de Ruptura de los 25 era seguir con el Gobierno y hacerse como que no veían los atropellos. Mantener los privilegios que vienen con la cercanía al poder. Continuar recibiendo sueldos públicos. Ocupar eventualmente embajadas, nuevas secretarías y ministerios. Pero Ruptura hizo lo difícil. Se opusieron a la consulta y abandonaron Alianza PAIS.

Lo fácil para Juan Carlos Calderón y Christian Zurita hubiera sido no investigar los contratos del hermano del presidente y no publicar el libro El Gran Hermano. Hubieran continuado tranquilos con sus trabajos como periodistas, reportando cosas más sencillas. Pero Juan Carlos y Christian hicieron lo difícil. Investigaron y revelaron lo que el país desconocía, sabiendo la reacción que podrían generar en el poder. Hoy el presidente los intimida metiéndoles un juicio. Pretende que le paguen 10 millones de dólares por causarle daño moral.

Lo fácil para los miembros de la comisión de veeduría ciudadana hubiera sido concluir que el presidente de la República no sabía nada de los contratos del hermano. Seguro el presidente los hubiera felicitado por su ardua e independiente labor. Y probablemente, hoy gozarían de algún puesto en el Gobierno, de esos que vienen con carro, chofer y viajes a Europa incluidos. Pero la comisión hizo lo difícil. Concluyó aquello que molestaría al Gobierno. Ahora, Correa amenaza con enjuiciarlos por llegar a conclusiones con las que no está de acuerdo.

Lo fácil para este Diario sería alabar al Gobierno y a cambio recibir millones de dólares en publicidad oficial. Ignorar los abusos, casos de corrupción, y enfocarse solo en lo positivo. Seguro el presidente hablaría maravillas de la imparcialidad y gran periodismo de este Diario y lo pondría como ejemplo de la prensa nacional. Pero este Diario hace lo difícil. Criticar al poder, desnudar sus falencias y mantener su independencia a pesar de las consecuencias. Ahora, todo apunta a que los directivos del Diario y su editor de Opinión tendrán que defenderse ante una nueva demanda presidencial.

Conocemos a quienes hacen lo difícil. Están entre nosotros, unos más visibles que otros. Son pocos pero valiosos. Soportan momentos duros que fácilmente pudieran evitar siendo sumisos al poder o a la corrupción. Hoy reconocemos claramente al político, al periodista, al empresario que ha hecho lo difícil a pesar de las consecuencias. E identificamos fácilmente también a aquellos que escogieron lo fácil, para ganarse la simpatía del poder, los contratos y privilegios que compraron sus grandes casas y carros de lujo.

Rafael Correa hizo en su momento lo difícil. Optó por el sacrificio personal que implica meterse en política en este país. Pudo haberse ganado nuestra admiración por ello. Pero ahora lo vemos del otro lado. Convertido en aquel que espera que los demás hagan lo fácil: obtener privilegios siendo sumisos al poder.

Mis respetos para quienes toman el camino difícil.

jueves, marzo 10, 2011

Autocensura

“Cuidado te metes en problemas por lo que escribes”, me dicen. ¿Debería tener cuidado?

Soy libre para opinar lo que quiero. ¿Pero, realmente lo soy? El Gobierno sabe bien cómo limitar esa libertad. No hace amenazas anónimas por teléfono. Lo hace públicamente.

Si un presentador de televisión dice algo que no le gusta al poder, al día siguiente lo contradicen y desprestigian interrumpiendo su programa con una cadena. El mensaje es claro: estamos vigilando tus palabras, te interrumpiremos las veces que sean necesarias hasta que dejes de criticarnos.

Luego están las amenazas del mismo presidente, que ahora pretende enjuiciar a Emilio Palacio por un artículo de opinión. Al perseguir a Palacio, el Gobierno amenaza a todos los que hacemos opinión, en diarios, radios, televisión, blogs o en la calle. Nos advierte: cuídate de lo que dices, tú puedes ser el siguiente.

Correa dijo que no permitirá que se juegue con lo ocurrido el 30 de septiembre del 2010. Trata el 30 de septiembre como si le perteneciera, como si solo la versión oficial de los hechos fuese válida. Por eso ve una ofensa en la opinión de Palacio sobre lo ocurrido. Debería ser lo contrario. Los medios deben investigar y comentar más sobre lo que sucedió ese día, del que poco se sabe, justamente porque nos han impuesto una sola versión y los protagonistas no hablan por temor.

La intimidación a medios y periodistas no es nueva. En el 2007, Correa enjuició al director del diario La Hora por un editorial. El juicio afortunadamente fue archivado al no comprobarse injuria alguna. Además, según reporta El Comercio, en estos cuatros años 10 ciudadanos han sido detenidos por “desacato”.

Es ridículo pensar que una persona pueda ir tras las rejas por algo que ha dicho o escrito. Ridículo en cualquier país civilizado y democrático. No aquí. Correa lo dijo el sábado: “Nos guste o no nos guste, en este país es delito gritarle fascista al presidente”.

Ahora que a Correa le gusta tanto citar a Estados Unidos como ejemplo, ¿imaginan a un presidente gringo diciendo algo así, amenazando con cárcel por algo que digan o escriban en su contra?

El presidente Correa merece respeto, como cualquier otro ciudadano. Pero contrario a lo que él cree, el que sea presidente nos da aun más derecho a criticarlo que a cualquier ciudadano común. El momento que decidió convertirse en una figura pública, aceptó –o debió aceptar– las críticas que vienen con el cargo. La retrógrada figura de desacato a la que le gusta recurrir, solo muestra la falta de vocación democrática de este Gobierno.

No hace falta que esté un periodista tras las rejas. El mal está hecho. En estos cuatro años, Correa ha logrado limitar nuestro derecho a expresarnos. Hoy revisamos más lo que escribimos. Los ciudadanos piensan dos veces antes de enviar una carta al diario con alguna crítica o queja. Y algún transeúnte preferirá taparse la boca y amarrarse las manos antes de ejercer su derecho a expresarse ante la caravana presidencial. La silenciosa autocensura crece ante quienes deberían defender nuestro derecho a decir o escribir lo que pensamos en lugar de callarnos. ¿Somos realmente libres para opinar?

jueves, marzo 03, 2011

Para no olvidar


¿Cuánto dura una noticia sobre un escándalo político o una denuncia en este país? ¿Unos días? ¿Una, dos semanas? Y ahí muere. Impune. Semiolvidada. Reemplazada por una nueva bomba lanzada desde el micrófono de los sábados.

Cada semana, el Gobierno nos distrae con algo nuevo. Rafael Correa domina hábilmente la agenda de los medios y de nuestras discusiones políticas. Así han transcurrido ya cuatro años de gobierno en los que nos siguen despistando y vendiendo la idea de que esto recién comienza. Pasa el tiempo, y nos enfocamos más en lo que el Presidente dice que en lo que hace, o deja de hacer.

A veces el despiste parece voluntario. El Gobierno encuentra hábilmente temas secundarios con los cuales distraernos, ponernos a opinar y discutir. Por ejemplo, incluir en la consulta popular temas irrelevantes para el bienestar y seguridad en el país, como toros, gallos y casinos, pareciera una acción bien pensada para desviar nuestra atención.

Otras veces, en cambio, parece que les sale de forma espontánea. Correa dice algo, o se le ocurre alguna idea de última hora, y pone a hablar a todo el país. Por ejemplo, lo de los calefones este sábado. Dudo que Correa y sus asesores le hayan metido mucha cabeza a esta absurda idea de prohibir los calefones a gas. Imagino que alguien comentó el tema de pasada y Correa tomó la espontánea decisión, sin considerar consecuencias. De hecho, tres días después, Correa dijo que había que debatir más profundamente el tema. Primero prohíbe, después llama a debatirlo. Seguramente nunca se haga efectiva la prohibición cuando analicen su costo político y económico. Mientras tanto, evitan la decisión de fondo, la de acabar con el subsidio al gas o focalizar su uso. Pero el golpe mediático está dado. Calefones aparecen en noticiarios, diarios, y en este último párrafo.

Así, muchas veces los medios se dejan llevar por el último insulto o el nuevo absurdo salido del poder, y postergamos investigaciones y reportajes de fondo. Afortunadamente, no siempre.

La última edición de la revista Vanguardia, por ejemplo, ha publicado un reportaje de esos que molestan al poder. Con el titular ‘Impunidad: 8.000 denuncias en el limbo’, nos cuenta cómo leyes obsoletas, trabas, falta de fiscalización e intereses políticos han favorecido la impunidad.

El reportaje presenta una lista de varios casos y escándalos que han quedado impunes u olvidados, como si aquí no hubiera pasado nada. Casos que van desde los Pativideos, el Congreso de los Manteles, pasando por el comecheques del Ministerio de Deportes, al más reciente caso de los contratos de radio La Luna.

Estos medios y periodistas, que investigan, denuncian y van más allá, reciben generosos calificativos desde el Gobierno, como “sicarios de tinta” y “corruptos”. A estas alturas, un insulto venido del Gobierno es un reconocimiento al buen trabajo.

Es difícil desviarse de la cambiante agenda mediática que se maneja con habilidad desde Carondelet. Investigar a fondo le cuesta plata y posibles problemas a los medios. Pero es necesario en este país donde lo inmediato nos hace olvidar tan rápido lo de fondo.

Ese olvido solo contribuye a la impunidad. Los medios independientes del Gobierno pueden y deben ayudarnos a recordar.

jueves, febrero 24, 2011

La opinión de la coloradita guapita


Este sábado, Correa dejó claro que pretende callar a los medios con su Ley de Comunicación y Consejo de Regulación que se aprobarían en la consulta.

Correa cuestiona y descalifica a medios y periodistas que señalaron que la consulta es inconstitucional: “¿Es correcto en una democracia tener un poder no refrendado en las urnas, ilegítimo, que se convierta en presidente, en Asamblea Nacional, en Corte Suprema? Esos son los medios de comunicación… y parte de la consulta popular es para que los ciudadanos digan si quieren un Consejo de Regulación para evitar esos excesos de los medios…”

Para Correa es un exceso que un medio opine sobre el presidente, la Asamblea o la Corte (algo muy lejano a “convertirse” en ellos). El Consejo de Regulación limitaría este “exceso”. Según Correa, solo quien gana en las urnas tiene legitimidad para influir con su opinión.

Hay más: “¿Tienen derecho a decir [que la consulta es inconstitucional], o están manipulando, abusando del poder comunicacional que tienen? Ese no es el deber de los medios de comunicación… están interfiriendo en la justicia. Eso es corrupción”.

Los medios son libres de opinar que la consulta es inconstitucional. Eso no es corrupción ni interferencia en la justicia. ¿Si tienen tanta influencia los medios, por qué la Corte aprobó todas las preguntas de la consulta? Es obvio quien tiene aquí el poder.

Correa continúa: “¿Es justo, constitucional, que por tener un micrófono, puedan [los periodistas] dictar sentencia sin ser abogados? ¿Es eso democracia? ¿Acaso una cara guapita de una de estas jovencitas presentadoras de televisión la convierte en experta en derecho constitucional… Que nos muestre cuántos cursos de derecho constitucional ha recibido. ¡Ya basta! Por ahí sí hay algunos que son abogados… Si quieren dedicarse a examinar la constitucionalidad de la pregunta… renuncien a su puesto de presentadores de noticias y ejerzan la profesión. Pero es deshonesto, amparándose en un micrófono o una tinta, tratar de imponer su criterio e interferir en la justicia”.

¿Cómo es la cosa? Si soy periodista sin título de abogado no puedo opinar sobre la consulta. ¿Pero si soy abogado, tampoco puedo opinar, porque debo renunciar del periodismo? ¿Quién puede opinar entonces? Simple. Nadie. Absurda e ignorante lógica. Tan absurdo como exigir que Correa solo opine de economía.

Correa va más lejos: “Cualquier coloradita guapita, porque presenta noticias entonces ya se convirtió en experta constitucional. Esto es una muestra de la corrupción y falta de profesionalismo de nuestra prensa”. Vergonzosas declaraciones. ¿Opinar siendo coloradita y guapita es corrupción? ¿Sería más profesional si fuera morenita y feíta?

Si es corrupción opinar sobre un tema en el que uno no es experto, más grave aún sería votar sobre ese tema. Con esta lógica, que solo voten los abogados constitucionalistas. El resto abstengámonos de opinar y votar.

Correa repitió que “ya nadie les cree” a los medios. ¿Por qué su obsesión por desprestigiarlos y buscar limitarlos? ¿No serán otros los que pierden credibilidad?

Los medios y periodistas tienen el derecho de opinar y criticar, en particular frente al Gobierno. ¿Entenderá algún día Correa el significado y valor de la libertad? ¿O seguirá avergonzándonos con sus comentarios y amenazando esa libertad?

Por eso voto No.

jueves, febrero 17, 2011

Pura patraña


¿Desprestigiaría el Gobierno a Pablo Chambers, coordinador de la Veeduría de los contratos de Fabricio Correa, a través de una larga cadena nacional, si sus conclusiones hubiesen sido favorables al presidente Correa?

¿Protegería Rafael Correa al asambleísta Paco Velasco y la actuación del Consejo de Administración de la Legislatura (CAL), si Velasco no fuera uno de sus incondicionales?

Ya sabemos la respuesta. El Gobierno protege a los suyos, mientras ataca y persigue a opositores utilizando nuestro dinero. No importa la culpabilidad o inocencia. Eso ya está decidido. El opositor es corrupto. El partidario un angelito de manos limpias.

En la cadena nacional, el Gobierno niega que el presidente Correa conociera de los contratos de su hermano Fabricio y ataca a Pablo Chambers, quien asegura lo contrario. No se presentan reales pruebas. Solo la palabra de unos contra otros. Chambers es acusado de ser el “hombre de mayor confianza de Gutiérrez en una de las empresas públicas más cuestionadas por sus innumerables casos de corrupción”. Caso cerrado. Correa no sabía nada y no hay nada ilegal en los millonarios contratos de las empresas de su hermano.

El Gobierno que exige el derecho a la réplica en los medios, se toma quince minutos pagados con nuestro dinero para atacar a un ciudadano. ¿Acaso podrá Chambers defenderse en un espacio igual? Mientras tanto nadie responde ni rinde cuentas por los contratos firmados con el Estado. Todos libres y felices. Aquí no pasa nada.

Un asambleísta no puede ejercer otro cargo, salvo profesor universitario. César Montúfar acusa con pruebas a Paco Velasco de ejercer la presidencia de radio La Luna, y lo más grave, de haber suscrito varios contratos entre la radio y el Estado. Pero sus amigos asambleístas del CAL lo protegen. Velasco dice que él nada tenía que ver con la radio porque solo era su “presidente honorario”. Increíble excusa. Las pruebas presentadas por Montúfar en su contra son claras. Pero más pesaron el espíritu de cuerpo y las maniobras políticas de los miembros del CAL para salvarlo.

La protección de Correa va aún más lejos. Dijo que las acusaciones contra “nuestro querido compañero Paco Velasco” son “pura patraña” y ratificó eso de que era “presidente honorario” de La Luna. Las pruebas están de más. Aquí solo vale de qué lado estás. Quienes tanto han criticado el espíritu de cuerpo de ciertos gremios, hoy se llevan el premio.

Velasco puede estar tranquilo mientras se mantenga del lado presidencial. ¿Imaginan todo lo que diría Correa contra Velasco si se hubiera unido al grupo de los desertores? Ya estaría fuera de la Asamblea. Pero ahora está salvado. Su incondicionalidad le asegura protección.

Aquí no pasa nada. El Gobierno decide quien cae y quien se salva. Los cercanos al Gobierno están libres de culpa por adelantado. Mientras permanezcan callados y no critiquen al poder pueden estar tranquilos. Para opositores y desertores, en cambio, caerá todo el peso de la maquinaria mediática.

¿No era este el Gobierno de manos limpias que dejaría atrás las mañas del pasado? Aprendieron rápido. No hay diferencia. La nueva partidocracia se ha instalado en el poder. Y pretende quedarse de largo.

jueves, febrero 10, 2011

Espejos en Carondelet


¿Se va quedando solo Rafael Correa?

Todavía tiene muchos fieles e incondicionales seguidores en su Gobierno, en la Asamblea y en otros espacios de poder. Colaboradores que aún creen en el proyecto, o en lo que su presidente Correa diga que es el proyecto. Funcionarios que saben que apoyarlo es buen negocio, que viven los beneficios de tener un puesto público en el círculo reciclable, donde sin importar su rendimiento y resultados, tendrán trabajo y sueldo asegurados.

Además de sus colaboradores, Correa tiene a millones de ecuatorianos que lo apoyan. Ecuatorianos que viven mejoras en su vida gracias a la obra social que el gran gasto público ha logrado. Gente que agradece a Correa el bono que reciben, la carretera reconstruida, el hospital remodelado, la casa nueva, el contrato con el Estado, el puesto público para el familiar desempleado. Personas que nunca olvidarán que Correa fue el primer presidente en visitar su pueblo. Y lo siguen también otros muchos que, aunque no sienten un cambio en sus vidas, compran la millonaria campaña publicitaria con la que este Gobierno vende ilusiones y ataca opositores.

Correa conserva un gran apoyo popular y vive rodeado de partidarios. No está solo. ¿O lo está? A pesar de la multitud a su lado, parece caminar cada vez más solitario. Lo van dejando los miembros de su equipo cercano, con quienes todo empezó, en quienes se apoyaba. Al “más ferviente acostista” lo dejó su querido Alberto, que entendió antes que el resto que con Correa el proyecto democrático que soñaron dejaría de serlo. Otros partidarios cercanos y respetados se han hecho a un lado. Su propio hermano es su opositor. Van quedando pocos que le digan de frente lo que piensan. Que le hagan ver la realidad, sus errores, sus abusos. Pocos con quienes hablar de verdad.

Eso preocupa. Un presidente rodeado de aduladores que a todo dicen que sí, solo se elevará aún más sobre el bien y el mal, sin planes de aterrizar.

Ya estamos viviendo las consecuencias. La convocatoria a una consulta popular, sin fundamentos y con preguntas absurdas, muestra poca discusión, debate y consenso entre sus asesores, y mucha imposición a funcionarios que acatan la decisión del jefe. No es coincidencia que opositores y partidarios critiquen la consulta. ¿Alguien le ha explicado a Correa su error? ¿Alguien le muestra la validez de las críticas?

No es el primero ni será el último mandatario que con la excusa de tener un gran respaldo popular, se cree con el derecho a imponerse, más allá de la legalidad o simple coherencia de sus decisiones.

La soledad no le conviene a Correa. No le conviene al país. Alguien debe decirle las cosas de frente. ¿Escuchará al menos una voz sincera que le ahorre papelones y nos ahorre más abusos y divisiones? No tendríamos el falso golpe del 30 de septiembre ni hablaríamos de la consulta con un presidente bien asesorado y dispuesto a escuchar.

Se puede estar muy solo rodeado de aduladores y millones de seguidores. A falta de consejeros, que al menos cuelguen espejos en Carondelet. Tal vez le sirva de algo ver su reflejo humano.

jueves, febrero 03, 2011

La ruptura de Ruptura


Con Correa la cosa es todo o nada. Su supuesta revolución no aguanta críticas ni revisiones. Los que están conmigo son buenos y patriotas, el resto, unos traidores.

La salida de Ruptura de los 25 de Alianza País llega tarde. Hace tiempo tenían razones iguales o mayores a la de ahora para hacerse a un lado. Habían optado por encontrar coincidencias e ignorar los abusos de su Gobierno. Ahora reaccionaron. Aunque su separación sea parcial y tímida, enfocándose solo en la consulta y sin asumir una postura realmente crítica, más vale tarde que nunca.

Ante estas separaciones y críticas de sus ahora ex compañeros, Correa actúa como Correa. No podemos esperar más. Primero dice que le apena la salida de personas brillantes que estima. Después los llama traidores, cobardes, desleales, oportunistas. Los acusa de “izquierda infantil oportunista” y de unirse a la “derecha más recalcitrante”. Calificativos politiqueros a los que ya estamos acostumbrados.

En el fondo, a Correa debe dolerle que lo abandonen justamente personas que él respeta. Siempre le sobrarán asambleístas levantamanos dispuestos a seguirlo hasta el final para conservar sus privilegios. Funcionarios temerosos de perder sus puestos, dispuestos a acatar cualquier orden, tampoco le faltarán. A esos Correa los necesita. Pero no los respeta realmente. Ni les teme.

Junto a estas críticas a sus desertores, he escuchado estos últimos días a Correa repitiendo una idea: No soy yo quien decidirá los cambios, será el pueblo con su voto en la consulta. Falso. La gigantesca presencia e influencia mediática de Correa, pagada por todos nosotros, definirá en gran medida las respuestas. ¿Acaso existía un clamor popular para ir a la consulta? Los ecuatorianos no contestarán diez preguntas basados en sus reflexiones y posturas ante ellas. Votarán a favor o en contra del presidente. Darán un voto a su popularidad que ha sabido conservar despilfarrando nuestra plata.

Correa impone esta consulta con fines muy claros. Las consecuencias de su decisión son su responsabilidad. No es la partidocracia –¿existe todavía, cuántos votos representan?–, ni la derecha –¿alguien les hace caso a los pocos que han salido a hablar?–, ni ninguno de estos enemigos creados por Correa, los culpables de la separación de sus asambleístas y funcionarios. El único culpable es Correa, al pasar de ser el candidato de las “manos limpias y corazones ardientes”, al presidente autoritario que busca controlar todos los poderes.

Por ahora, poco cambiará con la salida de estos ex correístas. Correa seguirá controlando la Asamblea. Le meterá mano a la justicia. La mayoría de los medios seguirá en su poder –¿a qué inversionista le interesará poner plata en un canal de TV si no puede invertir en otros negocios?–. Y su Gobierno derrochador y publicitario continuará comprando su popularidad. Por ahora.

Pero las nuevas voces, de la misma izquierda, que critican a Correa pesan más que las voces de oposición. Otros gobiernistas, que se unieron a un movimiento supuestamente democrático y ahora se ven en medio de un experimento caudillista, se animarán a dar el paso. A dejar la mentira. Se sumarán sus voces. Serán más. Y más fuertes.

La ruptura de Ruptura no es cosa pequeña.

jueves, enero 27, 2011

¿Todo Sí?


Soñé que votaba todo sí en la consulta. No fue una pesadilla. En realidad, fue un buen sueño. Al llegar a votar, me encontré con preguntas distintas. Conservaban similares introducciones cargadas. Pero, a diferencia de las verdaderas preguntas, estas sí buscaban cambios positivos. Decían así:

Con la finalidad de acabar con el despilfarro y abuso mediático de este o cualquier gobierno, ¿está de acuerdo con que las cadenas nacionales puedan utilizarse exclusivamente en casos excepcionales (emergencias reales, desastres, anuncios realmente importantes)?

Con la finalidad de detener la manipulación mediática y la concentración de poder, ¿está de acuerdo con que el Gobierno venda los medios de comunicación incautados, tal como lo ofreció el Presidente hace dos años y medio?

Con la finalidad de mejorar la seguridad, ¿está de acuerdo con que se utilice a la fuerza pública para perseguir y apresar delincuentes, no para cobrar arriendo a medios de comunicación o acosar a cualquiera que el Gobierno acuse de “terrorista”?

Con la finalidad de evitar contratos a dedo y corrupción, ¿está de acuerdo con que el Gobierno pueda firmar decretos de emergencia única y exclusivamente ante emergencias reales y por un tiempo limitado, y no cuando le dé la gana e indefinidamente?

Con la finalidad de acabar con el voto en plancha por candidatos desconocidos y formar una democracia más representativa, con asambleístas más cercanos que rindan cuentas a sus representados, ¿está de acuerdo con la votación por distritos electorales?

Con la finalidad de evitar el despilfarro público, ¿está de acuerdo con que el Gobierno reduzca a la tercera parte sus ministerios y burocracia y venda o liquide tantas empresas ineficientes con millonarias pérdidas, empezando por Alegro y El Telégrafo?

Con la finalidad de garantizar la libertad de cada persona para invertir su dinero como mejor le parezca y fomentar la sana competencia, ¿está de acuerdo con que cada trabajador pueda elegir entre el Seguro Social o un fondo privado de pensiones?

Con la finalidad de mejorar el nivel de educación en el país y garantizar la libertad de los padres de familia de educar a sus hijos donde ellos decidan, ¿está de acuerdo con que el Estado, en lugar de entregar fondos a escuelas y maestros secuestrados por el MPD, lo haga directamente a los padres de familia, a través de un sistema de vouchers, para que ellos escojan en qué institución pública o privada matricula a sus hijos?

Con la finalidad de garantizar la libertad de cada persona de participar o no en la política del país, impulsar un voto mejor informado y evitar tanta campaña populista para captar el voto obligado e irracional, ¿está de acuerdo con que el voto sea voluntario?

Con la finalidad de generar empleo, inversión, producción, emprendimiento, en fin, bienestar y progreso, ¿está de acuerdo con que el Presidente entienda, de una vez por todas, que el camino no está en más Estado, burocracia, proteccionismo y monopolios públicos; sino en más empresas privadas, apertura, estabilidad y competencia?

La lista de preguntas continuaba. Pero me despertó una cadena del Gobierno en la tele, que interrumpía un programa de opinión para criticar a su periodista. Mejor seguir soñando.