jueves, julio 31, 2008

El voto miedoso

Está de más decir que en el próximo referéndum muy pocos ecuatorianos votaremos a favor o en contra de la nueva Constitución. En la práctica, votaremos a favor o en contra de Rafael Correa, su gobierno, y lo que representa. Para muchos la decisión del voto será más básica aun. Se limitarán a seguir lo que les digan con más insistencia en la televisión. Que con el infinito bolsillo publicitario del Gobierno ya sabemos para dónde apunta.

Analistas, periodistas y grupos políticos y ciudadanos podrán quemarse las pestañas analizando con lupa los textos del proyecto de Constitución. Discutiendo si tal palabra puesta en tal lugar significa esto o aquello. Argumentando lo que esta Constitución nos da y nos quita. Que no malgasten sus horas de sueño. Nadie está escuchando. Al final del día la gente votará en función de su simpatía o antipatía hacia Correa. Lo que diga la Constitución será secundario.

Hay otro criterio conduciendo esta votación, que he escuchado en más de una conversación. Se trata del voto miedoso. Ese que lleva a la gente a votar por el Sí para evitar un supuesto caos en el país. Existe miedo e incertidumbre ante lo que la derrota del Sí pueda significar para la actual supuesta estabilidad política del país.

¿Sería todo un relajo? ¿Colapsaríamos en una gravísima crisis existencial nacional y de incertidumbre institucional?

En realidad no hay que temer. De no ganar el Sí, tenemos ya una Constitución vigente, bastante mejor y sensata que la propuesta. De no ganar el Sí, tenemos ya un Presidente que deberá concluir su período de cuatro años. De no ganar el Sí, tenemos ya cortes, jueces, tribunales, alcaldes, prefectos, y todo lo demás en orden.

Posibles problemas? Habría un período de desorden entre voces promoviendo la elección de nuevos diputados, otros argumentando que deben volver los anteriores, y otros armando relajo sobre cuáles diputados deben volver. El otro problema se daría alrededor de los mandatos constituyentes que entraron ilegalmente en vigencia. Al no ser aprobada la Constitución se generaría un vacío. Imagino, por ejemplo, a las empresas tercerizadoras peleando su derecho por volver al haber sido eliminadas con un mandato ilegal, que además no fue aprobado por el voto popular.

La campaña por el Sí sabrá aprovechar y promover estos miedos, esperando que muchos al estar frente a la papeleta terminen moviendo su mano y su pluma, por si las moscas, hacia la izquierda. Las campañas por el No o el Nulo tendrán un gran reto en convencer al país que su postura no es volver a un pasado oscuro, sino salvarnos de este presente y futuro aun más oscuros que propone este Gobierno y su Constitución.

Entre tantas cosas que debemos considerar al votar, lo que suceda en el plazo inmediato es lo que menos nos debe preocupar. El Gobierno acaparará cada centímetro de los medios para hacernos temer sobre este supuesto caos si no apoyamos su propuesta. Pero es en los peligros de esta nueva Constitución, que consolida un poder excesivo en los salones de Carondelet, nos enreda con una falsa participación ciudadana y echa a la basura nuestros sueños de un país más libre, emprendedor y con autonomías, donde debería estar nuestro verdadero miedo.

martes, julio 29, 2008

Gané el Premio SIP!!!

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) me ha escogido como ganador de su Premio Excelencia Periodística 2008 en la categoría Opinión por mi artículo "El Ofendido" publicado en mayo del año pasado.







Aquí está el anuncio:

La SIP anuncia los ganadores de los premios Excelencia Periodística 2008

MIAMI, Florida (21 de julio del 2008) - La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) anunció hoy a los ganadores de los premios que la institución otorga cada año tanto para destacar a periodistas y periódicos de todo el continente en sus aportes a la excelencia del periodismo y la defensa de la libertad de expresión. La información la proporcionó Gustavo Mohme, de La República, Perú, presidente de la Comisión de Premios.

La Comisión seleccionó a los ganadores en once categorías, cuyos premios serán entregados en el marco de la 64ª Asamblea General de la SIP en Madrid, España, que se realizará del 3 al 7 de octubre en el Hotel Meliá Castilla. Los premios consisten en $2.000 en efectivo, además de placas y diplomas.

"Este año la participación rebasó nuestras expectativas y la calidad de los trabajos fue verdaderamente impresionante. Como siempre, las propuestas fueron muy debatidas", comentó Gustavo Mohme. "El prestigio del premio despierta cada vez más entusiasmo entre los profesionales del periodismo en el continente".

A continuación las categorías y nombres de los concursantes que obtuvieron premios y menciones:

1. Premio SIP Categoría Relaciones Interamericanas Pedro Joaquín Chamorro. Auspicia La Prensa, Managua, Nicaragua.

João Antonio Barros, João Antonio Barros, Maria Mazzei, Nilton Claudino
O Día, Río de Janeiro, Brasil, por la serie de reportajes “Da folha ao pó: conexão Bolívia-Brasil”, que muestra las rutas de la droga transportada desde su cultivo en Bolivia hasta los puntos de venta en Brasil y en los cuales se detallan casos humanos y un problema social: el narcotráfico.

2. Premio SIP Categoría Derechos Humanos y Servicio a la Comunidad. Auspician Panamá-América, Panamá; El Comercio, Lima, Perú; Organización Publicitaria, S.A., San Pedro Sula, Honduras, y La Nación, Buenos Aires, Argentina

Alejandro Santos Rubino, Marta Ruiz Naranjo, José Fernando Hoyos Estrada, José Monsalve Gómez, Semana, Bogotá, Colombia, por la serie “La barbarie que no vimos”, que refleja con profundidad la crueldad sin límite, los atroces crímenes y la barbarie cometida por los paramilitares y guerrilleros. Un testimonio del horror que vivieron los habitantes del campo y las víctimas de los asesinatos cometidos en la década del 90.

3. Premio SIP Diario en la Educación. Auspicia Diario Hoy, Quito, Ecuador, y Novedades de Quintana Roo, México.

Deyse Sandoval Burrows y colectivo Icarito, La Tercera, Santiago, Chile, por la Enciclopedia Icarito, creada en 1968, la cual ha sido de extraordinaria utilidad en las escuelas públicas y una gran ayuda para niños entre 9 y 13 años. Cuenta con una enciclopedia virtual donde pueden encontrarse respuestas a tareas y trabajos escolares en todas las asignaturas. También dispone de especiales para fechas importantes, multimedia, buscador, servicio de preguntas y respuestas así como una serie de actividades y concursos.

4. Premio SIP Opinión. Auspicia El Mercurio, Santiago, Chile

Manuel Ignacio Gómez Lecaro, El Universo, Guayaquil, Ecuador, por su comentario “El ofendido”. El trabajo –sensato, coherente y equilibrado– da respuesta al presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien amenazó al director del diario La Hora por haber ejercido su más elemental derecho: la libre opinión.


Mención Honrosa:
Sergio Muñoz Bata, El Nuevo Día, San Juan, Puerto Rico, por su erudito y convincente artículo “La Historia como farsa” referido al plebiscito para la aprobación de reformas a la constitución impulsadas por el mandatario Hugo Chávez, en el que se utiliza un paralelismo histórico con Luis Napoleón Bonaparte.

5. Premio SIP Cobertura Noticiosa. Auspician El Nacional, Caracas, Venezuela, y O Estado de S. Paulo, Sao Paulo, Brasil

Alan Gripp, Roberto Stuckert Filho y Francisco Leali, O Globo, Río de Janeiro, Brasil, por la serie “Mensaleiros no Tribunal” en la que se revela la participación de miembros del gobierno brasileño es un esquema criminal de corrupción, peculado y lavado de dinero, y se denuncia la colusión entre integrantes del Tribunal Supremo cuya intención, frustrada gracias al trabajo periodístico, era descalificar la acusación fiscal.

Mención Honrosa:
John Yearwood y Juan Tamayo, The Miami Herald, Miami, Florida, por la completa y detallada cobertura que ofreció el diario durante meses acerca de la tensa situación en Venezuela.

6. Premio SIP Periodismo en Profundidad. Auspicia The Miami Herald, Miami, Florida

Todd Bensman, San Antonio Express-News, San Antonio, Texas, por la serie investigativa “BREACHING AMERICA: War refugees or threats?”, que devela de manera convincente –mediante información, análisis, entrevistas y revisión de material confidencial– el modus operandi de los traficantes de ilegales desde países musulmanes a Estados Unidos. La investigación llevó al reportero Bensman y al fotógrafo Jerry Lara a Siria, Jordania, Guatemala, México, Texas y Michigan.

Mención Honrosa:
Luz María Sierra Lopera, El Tiempo, Bogotá, Colombia, por su informe “Colombia busca a sus muertos”, dedicado al fenómeno de las fosas comunes. El trabajo es una escalofriante narración de la matanza y desaparición de los cuerpos, y el drama de los familiares por encontrar los restos de sus seres queridos.

7. Premio SIP Crónica. Auspician El Comercio, Quito, Ecuador, y McClatchy Newspapers, Sacramento, California

Diana Pachón, revista Don Juan, Colombia, por su trabajo “Embrujo Verde”, que narra, con un lenguaje directo y convincente, la miserable vida de los mineros y sus patrones.

8. Premio SIP Fotografía. Auspician The Washington Post Company, Washington, DC, y ABC Color, Asunción, Paraguay

Anni Wells, Los Angeles Times, Los Angeles, California, por su reportaje fotográfico “Pesticides and People” con el que se denuncian los efectos del uso de pesticidas en plantaciones de bananas en Nicaragua. La depurada técnica narrativa de la autora, que se escucha en audio, complementa las fotografías de alto contenido humano.

9. Premio SIP Caricaturas. Auspicia El Tiempo, Bogotá, Colombia

Filmar Fraga, Jornal Zero Hora, Porto Alegre, Brasil, el ingenio y originalidad con el que presenta a importantes personalidades internacionales de la literatura y la política.

Mención Honrosa:
Alonso Núñez Rebaza, El Comercio, Lima, Perú, por su galería de personajes políticos —selección de sus caricaturas semanales— vistos a través de la noticia de actualidad.

10. Premio SIP Infografía. Auspicia Clarín, Buenos Aires, Argentina

Beiman Pinilla, Juan Pablo Noriega Hederich, Carlos Morales, Alejandro Rojas Cardozo, Luis Alejandro Urueña Castro, Adrián Espinosa, El Tiempo, Bogotá, Colombia, por su trabajo “23 años buscando justicia”. La acertada combinación de fotografía, diseño y dibujo describe, con rigor de reconstrucción histórica, un hecho que aún guarda actualidad en Colombia: el asalto del grupo guerrillero M19 al Palacio de Justicia; y Alfredo Oshiro Fukuhara, Carlos Ramírez y Sergio Fernández, El Comercio, Lima, Perú, por su por su trabajo “Un paseo por la ciudadela sagrada de los Incas”, detallada y precisa infografía multimedia sobre Machu Picchu, en la que se puede realizar un recorrido virtual por los principales atractivos de esta ciudadela en 3D, que incluye fotos panorámicas, diseños e ilustraciones.

11. Premio SIP Cobertura de Noticias por Internet. Auspicia The Wall Street Journal.

Renata Cabrales, Ana María Saavedra, Carlos García, Natalia Vivas, Luis Alejandro Amaya, Javier Escobar, Felipe Castro, Diego Arias, Nataly Neira, El País, Cali, Colombia, por el especial multimedia “El Caso Jamundi, un año después”. El atinado uso de recursos digitales –videos, fotografías, infografías y foro de opiniones–da seguimiento a una masacre ocurrida el 23 de mayo del 2006, donde murieron diez policías y un informante en las inmediaciones de Jamundi, municipio del Valle del Cauca. Al final se aclaró que fueron asesinados por miembros del ejército.

jueves, julio 24, 2008

Primeras lecturas

Entré a la página web de la Asamblea Constituyente y ahí estaba. El último borrador del proyecto de Constitución que tantas discusiones ha generado en los recientes meses.

En cuanto a la forma, lo primero que llama la atención al revisar las 152 páginas es esta ridiculez de utilizar términos masculinos y femeninos para todo –la Presidenta o el Presidente; las ecuatorianas y los ecuatorianos; las niñas y los niños; las hijas e hijos–.

Suficientemente aburrido es leerse una Constitución, como para tener que aguantarse esta redundancia de términos. Como reclamaba recientemente en su columna el escritor español Javier Marías sobre este tema: ‘Desean hacer de la lengua algo odioso, inservible y soporífero’. Las asambleístas y los asambleístos parecen no tener problema en aburrirnos.

Pero bueno, lo de la forma no le hace daño a nadie. Es secundario. En lo de fondo, hay mucho que comentar. Por ahora me limito a un punto en el que este proyecto de Constitución no solo que perdió una oportunidad de avanzar, sino que da un gran paso para atrás en relación a la actual Constitución. Tiene que ver con los derechos de participación y los requisitos para ser candidatos.

Si la idea era ir hacia un cambio, era básico que pasemos de un voto obligatorio a un voto voluntario. Así, avanzaríamos hacia una real democracia en donde vote quien quiera votar. Iríamos hacia elecciones donde los candidatos deban realmente ganarse nuestro voto.

El voto voluntario acaba con esta imposición que hace que acudan a votar obligados y desinformados quienes marcan la papeleta por la primera foto que les guiña el ojo, o por el nombre que más escucharon en la radio. Para el populismo siempre es mejor que voten no solo los ciudadanos informados que lo hacen porque quieren, sino, sobre todo, los desinformados que lo hacen porque deben. Y este gobierno, que alimenta su popularidad de elecciones periódicas, necesita esos votos desinformados.
En la sección de las Fuerzas Armadas se dio un cambio lógico y positivo al hacer el servicio militar algo voluntario. Lástima que no hicieron lo mismo con el voto.

Algunos artículos más adelante se profundiza este retroceso electoral al detallarnos los requisitos para lograr un puesto en el nuevo Congreso, bautizado muy venezolanamente como Asamblea Nacional. Como si nuestros congresos anteriores no han sido lo suficientemente malos, ahora se da otro paso para impedir un cambio positivo. Se ha bajado el requisito de edad para ser diputado, de 25 a 18 años. En otras palabras, nos están diciendo que ser diputado es algo de tan poca importancia para el país que no se necesita educación universitaria. Si bien un título no garantiza a un buen político –y en la administración actual sobran casos para demostrarlo– al menos indica un mínimo de educación y experiencia, necesarias para ejercer cualquier cargo público o privado.

Nos quedamos con las ganas del voto voluntario. Un cambio puntual con el potencial de producir grandes mejoras en la calidad de candidatos que el país escogería. Y para rematar, no solo que seguiremos votando obligados. Sino que nos encontraremos en la papeleta con más improvisados.

Una primera lectura del proyecto de Constitución que en lo electoral deja mucho que desear.

miércoles, julio 23, 2008

WEBeando

Te sientas frente a tu computadora decidido a terminar ese trabajo postergado. Tienes tiempo. Tienes ganas. Estás motivado. Pero antes de iniciar te desvías inevitablemente a revisar tu mail, ver qué fotos nuevas han puestos tus amigos en el Facebook --ese mágico mundo donde todos vivimos siempre felices de farra en farra y con un trago en mano--, leer las últimas noticias y bajarte esa canción que escuchaste camino al trabajo. Y hasta logras colar por ahí una partidita de Solitario, que claro, nunca es una sola. Te has vuelto un maestro en el fácil arte de perder el tiempo. Eres todo un procrastinador.

Aprendí esa palabra, procrastination, cuando llegué a la universidad en Estados Unidos a mis 18 años. Hasta ese entonces nunca la había escuchado. La palabrita aparecía por todos lados en el campus. Había cursos, charlas y seminarios para ayudarnos a los estudiantes a evitar procrastinar y darnos las estrategias para aprovechar nuestro tiempo sin botarlo a la basura entre televisión, Playstation y computadoras. Y eso que en esa época el Internet era relativamente joven. No había Facebook. Google recién estaba por nacer. Y el iPod era una idea lejana, así que uno no sentía esa frenética necesidad de bajarse todas las canciones que alguna vez pasaron por nuestros oídos para llenar ochenta gigas de capacidad que jamás lograremos escuchar. Pero igual, cada época encuentra sus maneras de malgastarse, y uno se las arreglaba para perder el tiempo en lugar de estudiar.

Volví hace poco a esa palabra de mi época universitaria mientras leía un reportaje que decía que, en promedio, los empleados gringos pierden dos horas diarias de su trabajo navegando en Internet. Y luego encontré otro artículo que iba más lejos, diciendo que, en realidad, los empleados en Estados Unidos y en los países desarrollados solo trabajan ¡dos horas diarias! El resto del tiempo, es decir seis horas al día, se van entre conversaciones con vecinos de oficina y cubículo, visitas al baño y a tomar agua, navegar en Internet, chatear, revisar y contestar e-mails sin importancia, seguir navegando en Internet, pagar cuentas online, comentar en algún blog, realizar proyectos personales y por supuesto jugar algún jueguito online. La serie de televisión The Office resulta, después de todo, bastante real.

¿Qué hacía la gente en sus oficinas antes del Internet y las computadoras? ¿Cómo perdían su tiempo nuestros antecesores de cubículo? ¿Trabajan de verdad las ocho horas diarias? Difícil imaginarlo. En esas épocas no podían simplemente sacar un juego de naipes y jugar descaradamente Solitario sobre su escritorio. Ni creo que resultara muy práctico chatear con sus amigos por fax. Ni los imagino llevando su álbum de fotos –versión ochentera del Facebook— para que la oficina entera pudiera ver a la hijita recién nacida o la última farra entre amigos. Ni siquiera los fumadores tenían excusa para salir de la oficina a quemar tiempo pegándose unas pitadas. En aquellos prehistóricos tiempos los edificios tenían unas extrañas ventanas que sí podían abrirse y se podía fumar tranquilamente en el escritorio. ¿Qué hacían entonces? Entre memos escritos a máquina, cálculos con papel y lápiz, y dictados a la secretaria ya no quedaba mucho tiempo para perder. ¡De lo que nos salvamos!

Sólo llegando a este párrafo ya he revisado mi mail seis veces, he chateado tres, he visto unas cincuenta fotos en Facebook, he chequeado mi cuenta en el banco y he pagado la luz del mes. Y revisando en Wikipedia la palabra procrastinación terminé en un link que me llevó a un blog titulado “Como disminuir la procrastinación (o como trabajar más y WEBear menos)”, que la verdad no me sirvió de nada. ¿Quién dijo que en estos tiempos es más fácil escribir?

El otro día se cayó el Internet en mi oficina durante tres horas. Fueron las tres horas más productivas del mes.



* Publicado en revista SOHO de julio

jueves, julio 17, 2008

A Mariaca le cortan su salsa

“Pueden acercarse al departamento de personal si lo desean y presentar su renuncia”, terminó diciendo Enrique Arosemena, actual administrador de los canales en manos de la AGD, a los empleados de TC. Su mensaje quedó claro. Aquí no se critica al Gobierno.

A Enrique Arosemena no le gustó que Mariaca comentara en su programa de cocina ‘Mariaca en su salsa’ sobre el alza en los precios de la canasta familiar. No quiere que se hable de temas que puedan afectar la imagen de Rafael Correa entre las amas de casa.

Tampoco le gusta que los entrevistadores opinen sobre temas que no estudiaron en la universidad. En la televisión socialista del siglo XXI, un entrevistador debe limitarse a hacer preguntas, nunca a opinar. Salvo que en la pared del set de televisión cuelgue un título universitario que lo certifique como experto en el tema.

Resulta que Bruno Faidutti, conductor de un programa económico en CN3, opinó sobre temas legales en una entrevista a Jaime Damerval. La nueva dirección del canal no podía aceptar este atrevimiento del conductor. Enrique Arosemena lo explica así a los empleados de TC: “…Vi que Bruno como conductor económico estaba dando opiniones legales sobre el tema. Entonces lo llamé inmediatamente y le dije ‘Bruno, por favor, tú puedes opinar en economía lo que tú pienses… pero lo que no puedo permitir es que tú opines de temas legales, porque tu opinión legal es tan válida… como la mía, y en ese sentido pues, la de todos’…”.

Imaginemos por un momento a un ejecutivo de Ecuavisa pidiendo a Carlos Vera que no opine de temas legales porque no es abogado. Ridículo, ¿no? O que los articulistas podamos opinar solo sobre nuestra área específica de estudios. Justamente, por ser nuestra opinión, y la de Carlos Vera, Bruno Faidutti y Mariaca tan válida como la de cualquier persona, tenemos el derecho a expresarla.

Este episodio en TC sirve de botón para revelar un problema de fondo. Aunque nos juren lo contrario, el Gobierno va moldeando la línea editorial del canal en beneficio propio. Por suerte, hoy en día las pequeñas cámaras digitales son armas poderosas para descubrir la verdad. Todos podemos ver a Enrique Arosemena hablando a los empleados de TC en You Tube y sacar nuestras propias conclusiones sobre la libertad de expresión que este Gobierno dice respetar.



La libertad de expresión, sobre todo en un medio público, no admite “observaciones” de los directivos sobre lo que un periodista puede o no decir. Ahí se rompe la verdadera libertad. El mensaje queda clarísimo: o lo hacen a la manera del Gobierno, o ya saben dónde está la puerta.

Si el Gobierno quiere demostrar un manejo independiente de los medios incautados, ¿qué tal permitir a los empleados de cada canal nombrar su administrador temporal? Hasta eso, que Mariaca nos hable de su salsa, de precios y lo que pase por su cabeza. En libertad. Que los periodistas pregunten y opinen. En libertad. Su opinión es tan válida como cualquiera. Por eso tienen el derecho a darla y nosotros a escucharla. Los que no entienden esto, que se acerquen al departamento de personal.

jueves, julio 10, 2008

Vender o vender

¿Podemos confiar cuando el presidente Correa dice que venderá los canales de televisión hoy en manos de la AGD? Veamos…

Cuando la AGD tomó posesión del diario El Telégrafo nos dijeron que lo venderían a un dueño privado para compensar a los perjudicados por el desaparecido banco del Progreso. Pero El Telégrafo nunca se vendió, o se “vendió” al Estado que es lo mismo a no venderlo. Pasó a ser un diario público. Un diario del Gobierno. No solo que no se recuperó plata de los depositantes al no vender el diario, sino que mantenerlo y modernizarlo le cuesta plata al Estado; es decir, a nosotros los ecuatorianos. Todo para que unos pocos ojeen rápidamente sus páginas. ¿Llega siquiera a los mil suscriptores El Telégrafo? ¿Cuánto se gasta en mantener el diario por cada lector? Hasta ayer que lo revisé solo había publicidad estatal, que es lo mismo a cero publicidad. Linda venta la de El Telégrafo. Linda recuperación de fondos.

Por eso, aunque quiero creer al Presidente, dudo cuando dice que al Gobierno no le interesa administrar los bienes incautados a los Isaías y que “mientras más rápido podamos subastar, rematar esos bienes, entre ellos los medios de comunicación y con ese dinero pagar a los depositantes y resarcirse de todo el dinero que se puso en Filanbanco, dinero público; enhorabuena, tanto mejor”.

Mis dudas aumentan al recordar las declaraciones de Mónica Chuji, cuando era Secretaria de Comunicación, en relación al nuevo canal estatal. Chuji se lamentaba que el canal público debiera ocupar una frecuencia tan lejana en nuestro control remoto en el 48 de UHF. “Espero que algún momento haya compasión de quienes tienen uno, dos y tres canales de televisión y puedan darle al pueblo ecuatoriano la posibilidad de acceder”, dijo Chuji en esa época. Nostradámica ironía la de Mónica.

Si a esto le añadimos la “coincidencia” de que el nuevo administrador designado para manejar los canales de televisión incautados es justamente el presidente del canal del Gobierno, la aspiración de Mónica Chuji se hace más clara y real. Y las últimas declaraciones de Ricardo Patiño nos dejan menos dudas aún. “A lo mejor en el remate gana alguna entidad del Estado…”, dijo el reciclado funcionario. Linda venta. Linda recuperación de fondos.

Más allá de la legalidad o ilegalidad de lo que se hizo este martes, el fin por el cual se incautan todos esos bienes, incluyendo los canales de televisión, es para recuperar el dinero de los depositantes. Punto. Eso implica que deben venderse todos esos bienes, sin excepciones. Que no nos vengan con el cuento de que los están “vendiendo” a alguna institución del Estado. O que ahora esos canales ya son de “todos los ecuatorianos”. Eso no es vender. Eso no es recuperar fondos. Eso es engañarnos y pretender controlar medios de información que no le pertenecen al Estado.

Si el Gobierno es serio en lo que ha hecho, se asegurará de que los canales incautados pasen a manos privadas e independientes de Carondelet de inmediato. Si en cambio, se demora convenientemente esta venta en plena época electoral, o peor aún, el canal estatal pasa a una de estas frecuencias incautadas, sabremos de qué se trataba todo este show.

sábado, julio 05, 2008

A.C./D.C.

Cuando estaba en el colegio fue a hablarnos un supuesto experto en música satánica. De esos que encontraban mensajes ocultos al escuchar canciones de rock al revés. Ahí aparecían todos nuestros grupos favoritos. Ni siquiera se salvaba el cura jesuita argentino que nos daba clases de teología. Entre las canciones que nos tocaba en su guitarra, estaban algunas de Sui Generis –el grupo donde cantaba el legendario y siempre tostado Charly García— que según el conferencista también contenían mensajes con dos cachos y cola roja.

Una banda que no podía faltar en esta macabra lista de rockeros diabólicos, era por supuesto, el grupo AC/DC. Con mis amigos debatíamos el significado de esas siglas. Unos decían que AC/DC representaba la diabólica frase “After Christ/Devil comes”, otros que “Anti-Christ/Devil’s Child”, o “Anti-Christ/Death to Christ”. En fin, cada uno salía con su teoría que mostraba que esta banda había hecho un pacto con el mismísimo demonio. Ahora, años mas tarde, investigando en Internet, me entero que le pusieron AC/DC porque eso era lo que decía en la parte de atrás de la máquina de coser de la hermana de los fundadores de la banda, en referencia a la abreviación de “alternating current (AC) / direct current (DC)”. Sintieron que este nombre simbolizaba la energía de la banda. Tan inocente como eso.

Más allá de la banda de rock, la definición que todos conocemos para AC/DC se refiere por su puesto a “antes de Cristo” y “después de Cristo”. Pero yo aquí en realidad quería hablar de otro AC/DC más importante para nosotros los ecuatorianos. El “antes de Correa” y “después de Correa”.

Nos guste o no nuestro Presidente, cada día se vuelve más evidente que este gobierno marcará un antes y un después para el país. Desde el comienzo hemos tenido la percepción de que el Ecuador dejó de ser el mismo el día que Rafael Correa asumió el poder. Con los Abdalás, los Lucios, los Palacios, más allá de las preocupaciones que sus presidencias despertaban, siempre tuvimos la sensación de que eran aves de paso. En poco tiempo estarían afuera. “Este no termina su período”, decíamos desde el comienzo.

Con Correa es distinto. Desde el primer día, la pregunta dejó de ser “¿cuándo lo botarán?” para convertirse en “¿cuántas veces lo reelegirán?”. Pasamos repentinamente de quejarnos por nuestra inestabilidad política que impedía que nuestros presidentes terminen su período, a preocuparnos de que este presidente dure demasiados períodos. Su fortaleza era evidente. Distinta a la de sus antecesores.

El Ecuador AC era un país con un poder ejecutivo débil, siempre colgando de un hilo; un Congreso experto en bloquear iniciativas, amarrar leyes y comprar votos; unos partidos políticos con poco de ideología y mucho de oportunismo controlando al poder de turno; un poder judicial a las órdenes de esos partidos; y una sensación general de que no íbamos a ninguna parte. Era el país de la partidocracia, y según nos dice el gobierno hoy, de la larga noche neoliberal.

En el Ecuador DC, en cambio, el poder ejecutivo se volvió fuerte, muy fuerte, demasiado fuerte. Todo pasa por el ejecutivo. Carondelet hace y deshace a su gusto. Los partidos políticos prácticamente dejaron de existir. Ahora en realidad solo hay un partido que cuenta, el partido de Gobierno. El Congreso opositor desapareció, para dar paso a una Asamblea complaciente y obediente del poder ejecutivo. El usual bloqueo del Congreso a las iniciativas de gobierno cambió automáticamente por una luz verde a todo lo que diga y quiera el Presidente. Desapareció esa idea de que no íbamos a ningún lado. Ahora sabemos que vamos en un camino, pero el equivocado.

Pasamos de un país sin definición ni norte que cojeaba enredado entre trabas políticas, inestabilidad y malos gobiernos, a un país con un norte claro pero nefasto, con vía libre hacia los cambios que menos necesitamos.

El Ecuador AC era un país que daba vergüenza. El Ecuador DC es un país que preocupa más de la cuenta.

A Correa le gusta decir que no vivimos una época de cambio sino un cambio de época. Talvez esté en lo correcto, pero no por las razones apropiadas. Hablar de un cambio de época no será necesariamente positivo mientras esta nueva época la controle un modelo político que cree en la fuerza del estado por encima del emprendimiento y libertad individual.

La era AC va quedando atrás. Esa cojera y caminar sin dirección es cosa del pasado. La época DC comienza, corriendo rápidamente y con los pies firmes hacia el gran salto al vacío. Solo lo que marquemos en las próximas papeletas electorales podrá frenar esa carrera y evitar el mortal salto.



* Publicado en revista Clubes de julio.

jueves, julio 03, 2008

¡Dale duro!


Me sucede a menudo cuando me encuentro con algún amigo. Siempre asoma el tema político. Que en estas épocas altivas y soberanas significa terminar hablando de Correa y esta confundida Asamblea. Pasadas las críticas y quejas de rigor nos despedimos y me dice “¡dale duro en tu próximo artículo!”.

Quieren pelea, golpes, sangre. Están sedientos por leer y escuchar las críticas más fuertes contra el Gobierno. Lo disfrutan. Lo disfrutamos. Nos hemos contagiado de ese espíritu cargado de conflictos y rencores salido de Carondelet.

Nos hemos metido en el juego presidencial. En su forma de hacer política atacando y dividiendo. Buscamos lo mismo. Al igual que el Gobierno, nos preocupamos más de hacer caer al opositor, antes que buscar el bien del país. El aire político se carga de odio, rabia y conflictos.

Ese es el ambiente político actual. Correa nos ha metido en él. Se tropieza con su personalidad y sus rencores. Se olvida que es Presidente. Que le toca actuar como tal. Y ahí es cuando utiliza micrófonos y cámaras para dividir en lugar de unir, para escupir todo lo peor contra sus opositores en lugar de buscar puntos en común, para despreciar al que piensa distinto a él.

En estos días lo hemos vuelto a escuchar en lo mismo. Mete en el saco de la partidocracia a cualquier opositor. Invade nuestro tiempo con costosas cadenas nacionales que solo buscan más pelea con el Municipio de Guayaquil. Ridiculiza a quienes decidan votar por el No. Hasta que recapacita, o algún asesor lo hace recapacitar, y llama a reuniones y entrevistas conciliatorias para tratar de cerrar con una curita esas heridas profundas que requieren de un cirujano.

Es una lástima la oportunidad perdida. Un Presidente tan popular podía unir al país fácilmente. Pero nos divide. En Montecristi, igual. Cada día se respiran y escuchan posiciones más radicales del bloque oficial. Y sus opositores reaccionan igual. No ceden. Basta escuchar al rubio trío Queirolo-Acosta-Reyes. Posiciones cerradas. O conmigo o contra mí. Nosotros, los buenos; ustedes, los malos.

¿Podremos salir adelante en un país en el que solo buscamos lastimarnos y darnos duro? Nos metemos tanto en esta batalla política que olvidamos lo importante: buscar los acuerdos que logren el bienestar de cada uno de nosotros. Para eso las partes deben ceder, sentarse a conversar y pensar en el país y en la libertad de cada persona, en lugar de solo buscar hundir a la oposición e imponer a como dé lugar una ideología política. Con el referéndum que se acerca solo nos radicalizaremos. No habrá punto intermedio. Pelearemos al grito del Sí o del No.

Todos participamos de esta batalla. Es más fácil criticarnos. Es más fácil darnos duro. A mí me pasa a cada rato. Empiezo a escribir con las ganas más positivas y constructivas. Pero de repente me cruzo con alguna de esas declaraciones salidas de Montecristi con terrible olor a Unión Soviética, o con el último ataque o rabieta salida de Carondelet, y se me mete el bicho nacional de dar duro.

Correa trajo y alimentó a ese bicho. Le toca dar el ejemplo y matarlo. De lo contrario tenemos boxeo para largo. Y el país seguirá quedando para después.

miércoles, julio 02, 2008

Revista la U. - Julio 2008

Ya está circulando la U. de julio en tu universidad!!!





Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, junio 26, 2008

Papelón

Y sucedió lo que ya se anticipaba. Llegó la ruptura. La Asamblea dejó de ser de Alberto Acosta y Rafael Correa. Ahora es solo de Correa.

Más allá de los entretelones, con la renuncia de Acosta a la presidencia de la Asamblea algo queda claro. En un mes nos entregarán –si terminan– una Constitución hecha al apuro. ¡Qué papelón para Alianza PAIS y el Gobierno!

¿En qué estaban pensando? Si la principal promesa de la campaña presidencial de Correa se basó en la mágica y grandiosa Constitución para resolver todos nuestros problemas y sepultar los malos políticos del pasado, uno esperaría como mínimo que se aseguraría en cumplir esa promesa. Que su bloque de mayoría haría bien su trabajo. Que el país tendría a tiempo esa genial nueva Constitución que en tantos mítines, entrevistas y discursos prometió.

Pero no. La promesa de la nueva Constitución parece que estaba tan bien sustentada como las trescientas mil casas al año que prometía el otro candidato. Puro blof. Pura estrategia electoral.

Acosta es el culpable directo de que la Constitución esté tan atrasada. Como cabeza responsable de la Asamblea le tocaba dirigirla, fijar tiempos, armar cronogramas y metas. Teniendo una mayoría es inadmisible que no haya cumplido los plazos previstos.

Pero el fracaso de Acosta tiene su principal cómplice en Correa, aunque este último trate de echarle el muerto a su amigo. Dice Correa que tanto atraso se debió a que el presidente de la Asamblea se dejó imponer agendas de “sus enemigos”, “de los perdedores”, como llama –siempre tan respetuoso nuestro Presidente– a la oposición. Pero esa no es la razón. El problema es que Acosta se dejó imponer la agenda del ganador, del mismo Correa, que se dedicó a enviar mandatos para que sean tramitados de urgencia en la Asamblea.

Al fin y al cabo la nueva Constitución era secundaria para el Gobierno. Lo importante era deshacerse del Congreso opositor y tener su propio Congreso obediente para que le apruebe sus mandatos.

¿Terminarán la Constitución en el mes que queda? Seguramente terminarán un borrador que al final el “Congresillo” se encargará de corregir, editar, quitar y aumentar.

Todo esto que debilita a la Asamblea y al Gobierno, es un doble triunfo para la oposición. Por un lado el triunfo de ver al Presidente y su Asamblea debilitarse y desprestigiarse. Por otro lado, ahora que pesará más que antes la voz de Correa en la Asamblea por encima de la de Acosta, se presume el mal menor: la ideología de izquierda más pragmática de Correa en lugar de la de extrema izquierda y peligrosa de Acosta.

Pero claro, llegado el referéndum, lo que diga la Constitución será secundario. Como siempre sucede, el país votará en función de la aprobación o rechazo del gobierno de turno. Hasta eso, tocará esperar la avalancha de leyes aprobadas al apuro, los textos escritos a última hora, y un Correa viendo a quién le echa la culpa para evitar otro papelón si no está lista en un mes esa Constitución.

“Nadie es imprescindible y ojalá pronto muchos jóvenes aquí presentes nos pongan a un lado por inútiles y tomen la posta…”, dijo Correa. Ojalá.

jueves, junio 19, 2008

Aprendiendo de Tim


La semana pasada murió Tim Russert, uno de los grandes del periodismo político. Cada domingo desde Washington, en su programa ‘Meet the Press’, Tim nos daba una lección de cómo entrevistar a profundidad a líderes, gobernantes y políticos, sin perder la cordialidad, respeto y sentido del humor. Quienes pasaban por su programa le temían tanto como lo respetaban. Sabían que él estaría preparado hasta el último detalle para hacer las preguntas precisas y más difíciles.

El candidato Barack Obama dijo sobre Tim Russert: “Me enseñó a ser un mejor servidor
público forzándome a contestar preguntas, incluso cuando estas eran incómodas”. Tan incómodas, que cuando le preguntaron a John McCain sobre sus experiencias en el programa ‘Meet the Press’, contestó que después de una entrevista le había dicho a Russert: “No me había divertido tanto desde mi último interrogatorio en el campo de prisión” (McCain fue prisionero de guerra en Vietnam durante cinco años y medio, siendo torturado en varias ocasiones).

Nuestros entrevistadores y canales de televisión pueden aprender mucho de Tim Russert y su programa. Pueden aprender de su nivel de preparación y de la inversión que hacen estos programas en investigar a profundidad los temas y los invitados.

Aquí poco se invierte. Con sus excepciones, nuestra televisión se limita a entrevistas improvisadas que basan su información en los titulares y rumores del día. Y claro, el pobre nivel de los políticos y funcionarios invitados tampoco ayuda al debate.


Así sucedió en la última entrevista al presidente Rafael Correa. Fue vergonzosa. Alfonso Espinosa de los Monteros y Tania Tinoco, respetados conductores de noticias, estuvieron muy lejos de ser buenos entrevistadores. Sufrí una mezcla de vergüenza ajena y rabia al ver desperdiciarse una oportunidad tan valiosa.

Rafael Correa dominó el encuentro. Jugó como local, con sus sonrisas irónicas y sus acusaciones de siempre. Los entrevistadores se limitaron a lanzar preguntas secundarias, cargadas de prejuicios y con escasos argumentos. Y el país se quedó con las ganas de escuchar explicaciones de su Presidente.

Fue una oportunidad perdida para exigirle a Correa que conteste las preguntas incómodas. Oportunidad para que dé explicaciones, y no las excusas y amagues de siempre, sobre las acusaciones de que su campaña recibió fondos de las FARC. Para que explique cómo puede burlarse del país desconociendo el estatuto que dice bien claro que cualquier reforma hecha por la Asamblea Constituyente solo entraría en vigencia con la aprobación en referéndum. Para debatirle con ejemplos y argumentos ese absurdo cuento de que estaremos mejor repartiendo nuestra pobreza antes que generando riqueza, o que regresando todo a manos de una burocracia estatal se solucionarán nuestros males. Para que responda por ese lavado de cerebros colectivo que su gobierno practica a base de un despilfarro publicitario. Oportunidad perdida. Requería preparación, investigación y valentía.

Correa dijo que salió decepcionado de la entrevista. Estoy de acuerdo. Pero no olvidemos que es el mismo Correa quien huye de otros entrevistadores dispuestos a confrontarlo con más fuerza.

Hasta eso, necesitamos canales de televisión y entrevistadores que entiendan el papel crucial que juegan como defensores de la democracia. Que inviertan en ello. Que aprendan de periodistas como Tim Russert. Nos deben esa entrevista frontal con el Presidente.

jueves, junio 12, 2008

Reciclando políticos

Mientras la aprobación del Presidente baja. Mientras la Asamblea cada día representa menos la esperanza de un pueblo, y cada día más nuestra triste política de siempre. Mientras la misma izquierda se aleja del Gobierno y se siente traicionada por un proyecto político en el que alguna vez creyó. Mientras cada día está más claro que el panorama económico del país es bastante oscuro. Mientras todo esto ocurre, Lucio Gutiérrez camina, habla, estrecha manos, avanza.

Regresa el ex dictócrata y mejor amigo de Washington. Como nos cuenta un reciente reportaje en diario Expreso, “Lucio se abre camino de puerta en puerta” recorriendo el país con un mensaje anti Correa. Poderoso y vacío mensaje. De esos que pueden ganar muchos votos de un país acostumbrado a votar en contra de algo o de alguien antes que a favor de propuestas.

¡Qué triste panorama político! Si antes fue doloroso tener que votar por Álvaro Noboa como única alternativa ante un Lucio o un Correa en el poder, ahora sería mucho más doloroso tener que votar por Lucio en rechazo a Correa. En nuestra política nunca se toca realmente el fondo.

De repente, aparece la posibilidad de un Lucio como el hombre de la derecha, del centro y de parte de la izquierda, que comprenden que el proyecto e ideología de Correa son más peligrosos incluso que la ausencia de un proyecto y una ideología.

Lo hemos preguntado antes y lo volvemos a preguntar hoy: ¿dónde está ese líder de
oposición? Ya es hora de que salga de su escondite. La Asamblea era un buen escenario para que surgiera. Pero de esta Asamblea no saldrán más que enormes gastos y un libro que nos avergonzará como ecuatorianos del pobre nivel de quienes nos representan. De los municipios tampoco saldrá la oposición. Cada alcalde está metido en lo suyo. ¿Nuevas caras? No las hemos visto. Y ante la falta de nombres y propuestas inteligentes y consistentes, Lucio se recicla, reaparece y crecerá.

El día de las elecciones se acerca rápidamente. El Gobierno copiará la estrategia chavista de adelantar elecciones presidenciales y convencernos de que si Correa gana no es una reelección. Este período no cuenta según los manuales bolivarianos. Borrón y cuenta nueva. ¿Podrá alguien competir en la papeleta contra Correa?

Por ahora, solo Lucio asoma. Continuaremos con nuestra costumbre de reciclar políticos, sin importar lo malos que hayan sido. En esto sí somos muy ecológicos. Los políticos no van a la basura. Los sabemos reutilizar o reciclar. Si Lucio sintoniza con ese país decepcionado o desesperado, su pasado político se irá olvidando.

Con la campaña para aprobar o rechazar la nueva Constitución se abre una puerta para que surjan nuevas ideas y voces que hagan ver al país lo trascendental de su decisión. Que hagan comprender por qué este cuento socialista ha fracasado y fracasará. Que nos traiga el mensaje de cambio de verdad. Talvez sea muy pronto para convencer a la mayoría que el rumbo propuesto por este Gobierno no es el correcto. Tomará un tiempo. Pero hoy más que ayer, y mañana más que hoy, habrá más gente dispuesta a escuchar. ¿Qué voz escucharán? Por ahora solo nos llegan voces recicladas de quienes, como Lucio, ya desperdiciaron su oportunidad.

sábado, junio 07, 2008

Dueños de la calle

La otra mañana, como todas las mañanas, al llegar al trabajo empezó mi búsqueda de un lugar donde parquear. Como siempre, di un par de vueltas alrededor de la cuadra esperando que se abra algún huequito. De repente vi el espacio perfecto para mi carro. Puse las luces de parqueo y empecé a entrar de retro. Pero antes de poder continuar, me frenó un chico parqueador diciéndome que ese espacio lo acababa de reservar ese señor que está dando la vuelta por allá. Le dije al parqueador que lo sentía mucho, que la calle es de todos y el parqueo de quien lo toma y que no se puede reservar espacio a nadie. El chico cedió y me abrió el paso. Total le daba igual quien ocupe su sitio mientras le paguen por el servicio de “cuidarme el carro”.

Justo cuando terminaba de parquear, el señor que había pedido que le guarden el espacio pegó su carro tan cerca al mío que me impedía abrir mi puerta para salir. “Oye, yo reservé ese espacio” me reclamó. Igual que al chico, le dije que la calle es pública, que no se puede reservar espacios. No quiso escucharme. Amenazó con bajarme las llantas. Por suerte, en ese momento un carro frente al mío salió, y el enfurecido señor ocupó el espacio.

Una semana más tarde encontré dos llantas de mi carro tubo bajo. Al llevar a arreglarlas descubrimos tres huecos en los costados de cada una, hechos con algún objeto punzante. Nunca lo pude comprobar, pero estoy seguro que lo hizo ese desgraciado que me reclamó la otra mañana por tomar “su espacio” reservado.

La lucha por un espacio donde parquear se da en todas las ciudades. Es la batalla diaria que nos trajo el mundo urbano moderno. Pero en nuestras ciudades la experiencia tiene su toque de folklore y de abusos locales.

Yo pago con gusto los servicios de los parqueadores. Hacen un gran favor ayudándonos a parquear en los lugares más apretados, maximizando los espacios. Uno deja el carro en neutro, y los parqueadores se encargan de moverlo para abrir nuevos espacios. Aunque nunca falta algún aguafiestas que deja el carro frenado y daña el sistema.

El problema son los parqueadores que se creen dueños de la calle. Esos que reservan espacios arbitrariamente decidiendo quien se parquea y quien no. O aquellos que aplican el convincente sistema de “o me pagas, o no respondo por lo que le pasa a tu carro”. Los rayones siempre quedan para recordarnos que paguemos la próxima vez.

Pero en esto de los abusos y dueños de la calle, los peores son esas personas que
reservan el espacio frente a la vereda de su casa o negocio. Ponen, sin ninguna vergüenza, esos conos anaranjados o cadenas para que nadie se parquee en “su vereda”. Otros están convencidos que el terreno de su casa incluye la calle. El otro día me topé con uno de esos. Era una señora con pinta de Doña Florinda que salió a reclamarme por parquearme en la calle frente a su casa. Le expliqué inútilmente que ese no era su espacio. Que la calle es de todos. Pero ella, más convincentemente, me dijo que si dejaba mi carro ahí no respondería por lo que le pase y que enviaría a unos de sus hijos a desinflarme las llantas. Con ese sólido argumento, decidí no complicarme la vida, resignarme a la ignorancia y abusos del tercer mundo y buscar otro espacio. Lástima que las grúas no se puedan llevar las casas de esta gente —o a la señora--, como se llevan sin piedad a los carros mal parqueados.

¿Aprenderemos algún día a respetar las calles y los espacios públicos? Por ahora, podemos pelear y reclamar contra el abuso y la ignorancia, y acabar, como me pasó, con las llantas ponchadas. O no complicarnos y jugar con el sistema. Ese juego tan nuestro en el que somos expertos.


* Publicado en revista Clubes de junio

jueves, junio 05, 2008

Desde nuestra verde hamaca

¡Qué suerte que la Asamblea nos traerá el “buen vivir”! Con el mal vivir que cargábamos encima ya necesitábamos ese cambio radical. No más estrés de la vida moderna. Volveremos al campo donde enterraremos nuestros celulares, para mágicamente vivir felices y en armonía con la naturaleza.

Esto del “buen vivir” con el que quieren definir el nuevo régimen de desarrollo, me ha recordado esa historia del pescador que descansa en una hamaca frente al mar al mediodía. Un hombre se le acerca y le pregunta: “¿no debería usted estar pescando a esta hora?”. El pescador le contesta que ya pescó en la mañana y que con eso le basta para su familia. “Pero si usted pescara también en la tarde podría vender más y ahorrar dinero”, le dice el visitante. “¿Y para qué?”, pregunta el pescador. “Podría invertir ese dinero en nuevas embarcaciones y contratar más pescadores”. “¿Y para qué?”, insiste el pescador. “Ganaría mucho más dinero que podría invertir en nuevos negocios”, le contesta el hombre. El pescador insiste, “¿y para qué?”. “Pues, con todo ese dinero podría echarse relajado en una hamaca a descansar”. “¡Pero si eso estaba yo haciendo hasta que usted llegó!”, replica el pescador.

Varios asambleístas quieren un país que descanse tranquilo en su verde hamaca, mientras el progreso nos pasa de largo. Parecen conformes con sus vidas y el desarrollo del país, y creen que es tiempo de apagar las máquinas para conservar intactos los campos.

El “buen vivir” exigiría una naturaleza para ver y no tocar, prohibiendo, por ejemplo, la actividad minera por completo. Su enfoque “ecológico” y “solidario” del desarrollo los lleva a preguntarse: ¿para qué explotar los recursos naturales y afectar la naturaleza si con lo que tenemos ya podemos vivir felices y tranquilos? Fácil decirlo cuando se tiene un sueldo seguro en la Asamblea. Difícil cuando se necesita desesperadamente un trabajo, que miles de ecuatorianos sí tendrían con una explotación responsable de la minería y otros sectores.

Según nos cuentan, el “buen vivir” ni siquiera es compatible con la idea del desarrollo sustentable, porque este último implica un crecimiento con cierta afectación al ambiente. Lo que buscan entonces es un nuevo y mágico modelo en el que todos vivamos satisfechos, sin moverle ni un pelo a la naturaleza, aunque ello signifique estancamiento económico y más pobreza.

En la práctica el “buen vivir” seguramente quedará en pura poesía y letra muerta. Pero deja la puerta abierta para que mañana el Gobierno –este o el de turno–, aplicando el principio de que todo debe cumplir una función social y ambiental, decida lo que podemos o no hacer con lo que nos pertenece.

¡Qué difícil parece ser para estos asambleístas crear una Constitución que se limite a darnos reglas claras y garantizar nuestros derechos y libertad! No es tan complicado. Basta imitar a las sociedades avanzadas. Basta escuchar a Pablo Lucio-Paredes, uno de los pocos que la tiene clara. Basta preguntarse “¿cómo protejo los derechos de cada ecuatoriano?”, en lugar de insistir en “¿cómo impongo mi modelo de estado?”.

Mucha tinta y poesía que al final solo limita nuestro natural deseo de progresar, poniendo al árbol antes que al ser humano, y una obligatoria y falsa solidaridad por encima de nuestra libertad individual.

miércoles, junio 04, 2008

Revista la U. - Junio 2008

Ya está circulando la U. de junio en tu universidad!!!




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jueves, mayo 29, 2008

Enemigos imaginarios

Me acuerdo cuando Bush todavía era un presidente popular. Los gringos le creyeron el cuento de las armas de destrucción masiva y apoyaron su invasión a Iraq. En esa época, lo “patriótico” en Estados Unidos era apoyar a su presidente, apoyar su gobierno, apoyar la guerra. Una ola de fanatismo sacudió ese país. Se llegó a extremos como boicotear a las Dixie Chicks, una banda de música country, por haber criticado al presidente. O a la ridiculez de llamar freedom fries a las french fries, para dejar bien claro el rechazo al gobierno de Chirac que se oponía a la invasión a Iraq.

Ante el apoyo masivo al presidente Bush y la guerra, criticarlo estaba casi fuera de lugar. Pocos se atrevían a hacerlo, corriendo el riesgo de ser públicamente rechazados o ridiculizados. Bush había logrado convencer a su país de que era del interés nacional la guerra contra Iraq. Que la dignidad, honor, patriotismo –y todas esas palabras que usan los políticos para ganar puntos de popularidad– del país estaban en juego.

Me acuerdo de esto cada vez que escucho al presidente Rafael Correa insistir en esta supuesta crisis con Colombia. El Gobierno quiere meternos a todos los ecuatorianos en esta guerra imaginaria. Y quiere hacernos sentir que lo patriótico, lo soberano, lo digno, lo altivo es defender al país contra este supuesto enemigo. Por suerte, no han logrado seducirnos con ciegos fanatismos. No boicotearemos las canciones de Shakira ni nada por el estilo.

Pero no deja de preocupar esta insistencia del Gobierno de esconder sus errores y las acusaciones en su contra creando enemigos imaginarios. Nada como un enemigo externo común para unir a un pueblo y hacerle olvidar sus problemas internos. El Gobierno lo sabe y arma todo un show, demanda a funcionarios colombianos y hace un berrinche internacional, a ver si así tapa las acusaciones de ser compinches de las FARC.

El mundo entero ve a nuestro gobierno como cómplice de las FARC. El aporte de las FARC a la campaña presidencial de Correa es una noticia internacional. Solo el gobierno ecuatoriano –y sus amigos en Venezuela y Nicaragua– niegan la autenticidad de la información en las computadoras de Reyes, y tratan de convencernos que nuestra paz está amenazada por el gobierno colombiano antes que por la guerrilla terrorista.

Pero combatir al gobierno colombiano no es del interés nacional como nos dicen desde el poder. Es del interés del Presidente, de su gobierno, de su partido, de sus “compañeros”. Que no nos metan a todos los ecuatorianos en el mismo saco patriotero.

Sería bueno que el Gobierno en lugar de insistir en su posición contra el gobierno de Colombia, insistiera en una posición clara contra las FARC. Tal vez así en el mundo nos dejarían de ver como amigos de terroristas. Que en lugar de crear enemigos externos que despierten un falso patriotismo y despilfarrar nuestro dinero en nuevos armamentos, se concentraran en resolver los muchos problemas casa adentro. ¿No era este el gobierno del cambio?

Cuando los gringos finalmente despertaron de esa euforia belicista que les nublaba la realidad, la popularidad de Bush descendió a niveles donde siempre mereció estar. Tarde o temprano la verdad nos libera de la ceguera patriotera. Mejor que sea temprano.

jueves, mayo 22, 2008

Fiesta en picada

La Asamblea ha decidido continuar su fiesta 60 días más. Y para la votación de esta alegre resolución estrenaron el voto electrónico (con solo seis meses de atraso). Alberto Acosta nos había asegurado que la Constitución estaría el 24 de mayo. Tal vez ahora nos dirán que nunca especificaron de qué año.

A estas alturas del partido la Constitución debía estar lista y los asambleístas haciendo maletas. Pero debe ser duro abandonar esa buena vida de sueldos altivos y amaneceres trotando en la playa. Y como la plata del Estado es plata de nadie, premiemos con infinito amor y dos meses más de sueldos y viáticos la ineficiencia de los asambleístas. Eso si no resuelven, como alguien ya propuso por ahí, basándose en sus plenos poderes continuar unos meses más. Lástima que a nadie se le ocurrió poner en el estatuto que si la Constitución no estaba lista en los seis meses, los días adicionales de trabajo serían sin paga para los asambleístas y sus asesores. ¡Ya tendríamos esa nueva Constitución encuadernada con todas sus tildes revisadas!

Lo interesante es que Rafael Correa se las ha arreglado para mantener su popularidad mientras la Asamblea la pierde en picada. Como que la gente trata al Presidente y la Asamblea como dos cosas separadas. Olvidan que este Gobierno llegó al poder por la promesa del cambio que la nueva Constitución generaría. Y que el atraso y eventual fracaso de esta Asamblea son principalmente culpa del Presidente: si Rafael Correa no la hubiera convertido en su fábrica de mandatos, los Asambleístas se habrían podido concentrar más en escribir la nueva Constitución.

Pero al final del día los únicos culpables del éxito o fracaso serán los mismos asambleístas, empezando por su presidente Acosta. Ellos convirtieron el galpón de Montecristi en una extensión de Carondelet. Olvidaron esa misión, que les encargó todo un país, de escribir una buena Constitución, en lugar de desperdiciar mañanas y tardes entre mandatos, acuerdos, indultos, jabones y conchas spondylus.

El presidente Correa debería estar preocupado. Cada día que pasa, la Asamblea se desprestigia más. En estos dos meses que les quedan –que según nos dicen en la práctica son solo 48 días laborables– los asambleístas deberán apurar lo que no han hecho en seis meses. Será inevitable que los artículos se aprueben en bloque sin mayor debate. Y quedará la impresión de un trabajo mal hecho y al apuro. En definitiva, una estafa de ocho meses a todos esos ecuatorianos que votaron esperanzados por una supuesta refundación de la patria.

De repente, los asambleístas se convierten en los principales aliados de la oposición. Su desprestigio vuelve posible que el Sí no obtenga esa mitad más uno de los sufragantes en el referéndum aprobatorio.

Y todo esto nos regresa a ese primer artículo del estatuto de la elección, instalación y funcionamiento de la Asamblea. ¿Se acuerdan? Ese que decía bien claro que “La transformación del marco institucional del Estado y la nueva Constitución solo entrarán en vigencia con la aprobación en referéndum, de la nueva Constitución.” Desde el momento que los asambleístas violaron su razón de ser, aprobando arbitrariamente mandatos enviados desde Carondelet, se inició el desprestigio. Hoy empiezan a cosechar su abuso de poder.

martes, mayo 20, 2008

A la cama con Uniqua

* Desde este mes escribiré una columna en la revista SOHO. Aquí va la primera entrega.



Ser padre te cambia la vida. Pero sobre todo te cambia el canal de televisión.

Antes que naciera Sofía yo era el amo y rey del control remoto en mi cuarto. Bueno, para ser sincero, en la práctica le cedía constantemente mi reinado a Luisa, mi esposa. Pero digamos que compartíamos pacíficamente el control sobre el control. Existía un feliz consenso televisivo conyugal sobre qué programas ver y cuándo verlos.

En aquellos tiempos, antes que nuestro poder televisivo se viera amenazado, Luisa y yo disfrutábamos de esos programas en Cable donde la inteligencia todavía es un factor que se considera. Aprendíamos con Megaconstrucciones y MythBusters en el Discovery Channel. Degustábamos el mundo y sus culturas con los viajes gastronómicos de Anthony Bourdain. Planeábamos la decoración de nuestro apartamento con los programas en Discovery Travel & Living. Reíamos con Two and a Half Men. Recordábamos nuestros años niuyorkinos con las ironías de Seinfeld. Nos quedábamos boquiabiertos y desconcertados con cada nuevo capítulo de Lost.

Y como no solo de Cable vive el hombre, en las mañanas poníamos los noticieros nacionales para enterarnos de la última ridiculez de este gobierno “altivo i soberano”, el último crimen en la ciudad, los chismes de nuestra escotada farándula, o las últimas ocurrencias salidas de ese horrible edificio en Montecristi donde escriben nuestra infinita y poética Constitución.

Al llegar el fin de semana, siempre había tiempo para el último estreno cinematográfico en DVD pirata comprado al vendedor del semáforo de la esquina. Y cuando no había nada que ver o no llegábamos a un consenso sobre qué canal poner, terminábamos en ese fantástico invento televisivo que ha logrado conciliar batallas conyugales en colchones alrededor del mundo: FTV. Ellas ven las últimas tendencias de la moda; nosotros nos deleitamos con los cuerpos que vienen debajo de la moda.

Esa era nuestra vida televisiva. Hasta que llegó Sofía. Y con sus sonrisas, sus llantos, y sus pañales premiados, tomó posesión física, moral y emocional del control remoto. Así, sin avisar, ni pedir permiso.

Pasé sin darme cuenta del Discovery Channel a Discovery Kids. Los viajes de Anthony Bourdain se transformaron en las lecciones de geometría del perrito Doki. Y la espectacular modelo argentina de FTV fue destronada por Uniqua, ese extraño “animal” rosado (¿qué diablos será?) que forma parte de los Backyardigans, una serie sobre cinco amigos que con su imaginación transforman su patio trasero en mundos llenos de aventuras. Todo por una sonrisa de Sofía. Todo por evitar sus llantos.

Pero aquí viene lo más grave y vergonzoso. Hemos sido hipnotizados por estos muñequitos que pueblan el mundo de Discovery Kids. Los desgraciados parecen tener algún poder escondido. El otro día, mientras Sofía dormía plácidamente en su cuarto y Luisa y yo teníamos finalmente la televisión para nosotros, nos descubrimos viendo inconcientemente un nuevo capítulo de Backyardigans. Estábamos tan entretenidos con las nuevas aventuras de Uniqua y sus amigos que nos tomó varios minutos salir de ese estado hipnótico en el que habíamos caído. Al darnos cuenta de la situación cambiamos de canal de inmediato. Pusimos un noticiero local que nos lleve a temas más serios y adultos. Rafael Correa aparecía en ese momento hablando – vociferando— sobre nacionalismo, socialismo, patriotismo y otros absurdismos más.

Volvimos a Uniqua. Sus aventuras son más divertidas y reales.


* Publicado en revista SOHO de mayo

jueves, mayo 15, 2008

Idioteces democratizadas

El reciente video que muestra el insulto del presidente Rafael Correa a un migrante ecuatoriano en Madrid revela, de alguna forma, el enfoque equivocado de la famosa “democratización de los medios” que tanto apasiona a varios asambleístas.

El video muestra a Correa en medio de seguidores, fotógrafos, guardaespaldas y hombres encorbatados. Se escucha una voz repitiendo “Presidente escuche a los jóvenes”. Y Correa muy al estilo Correa le dice “Por idiotas como tú es que queda mal toda la comunidad ecuatoriana”.



Este tipo de reacción tan poco presidencial ya dejó de llamarnos la atención viniendo de nuestro presidente. Correa no es el único en avergonzar a su país de esa manera. Hace poco, el presidente francés Sarkozy causó un escándalo en su país cuando le dijo “pauvre con” (pobre idiota) a un hombre que se negó a darle la mano. El momento fue capturado, al igual que el incidente de Correa, por una cámara que se coló entre la multitud. Y el video salió a dar infinitas vueltas por internet, generando todo tipo de comentarios.

Y eso nos lleva al tema de la “democratización de los medios”. Esta Asamblea que pretende arreglar todo a base de mayor control, regulación e imposiciones, cree que tendremos mejores medios de comunicación metiendo en ellos las narices del Estado y regulando quiénes pueden o no ser sus dueños.

Pero la cobertura de incidentes como el de Correa en Madrid demuestran que la verdadera democracia en los medios y el verdadero acceso democrático a la información solo se dan con una mayor oferta de fuentes informativas, presentes en internet. Gracias al internet, el país y el mundo entero pueden enterarse de estos sucesos y opinar al respecto, sin necesidad de tener un programa de opinión en televisión o una columna en un diario. Un blog es la forma más libre de generar y acceder a información. Sin internet cualquier escándalo podría ser censurado por los grupos privados o el Gobierno controlando los medios. Seguramente no veremos mayor información sobre este vergonzoso suceso en el diario estatal El Telégrafo o en la página web de la Presidencia. Será en los medios privados, pero sobre todo en internet, donde estén la información y los comentarios libres de censura.

Los blogs, publicaciones virtuales y servicios como You Tube son los medios más temidos por los políticos de hoy que antes podían salirse con la suya. Cualquier metedura de pata, abuso o escándalo da la vuelta al mundo en segundos. Es en internet donde está la democratización de la información.

Por eso, en lugar de desperdiciar tiempo y tinta en absurdos reglamentos, regulaciones y leyes dizque para democratizar los medios y al final no hacer otra cosa que limitar la libertad de expresión, los asambleístas deberían entender que la democratización ya se da solita en internet.

El reto es generar las condiciones que permitan al país alcanzar una educación de calidad y acceso a la tecnología. Solo así hablaremos de un verdadero y democrático acceso a la información. Solo así, ver por internet a Correa insultar a ese migrante o comentarlo en algún blog dejaría de ser un privilegio de pocos. Y todos verían con libertad lo que los “medios democratizados” y regulados por el Estado seguramente intentarían esconder.

jueves, mayo 08, 2008

La política de trago en mano

Desde que empecé a escribir esta columna hace tres años me han invitado a varias reuniones con grupos de personas llenas de ganas de meterse en política, entrar en acción y poner el hombro por el país. Ahí nunca faltan buenas ideas y propuestas para formar movimientos políticos, reformar partidos caídos o involucrarse en temas actuales.

Estas reuniones eran especialmente apasionadas en época de elecciones. Ante el temor del proyecto de Rafael Correa, que se lo identificaba en ese entonces más que ahora con el proyecto de Chávez, no faltaba todo tipo de propuestas políticas para contrarrestar el avance de estas ideas socialistas.

Son reuniones siempre interesantes, con gente llena de buenas intenciones por mejorar las cosas en este país. Los debates son siempre entusiastas. Los planes ambiciosos. Se arman agendas de trabajo, se intercambian contactos. Uno sale de ahí lleno de energía. Listo para cambiar al país.

Pero pasada la adrenalina de la noche, uno llega a casa, vuelve a lo suyo y rara vez hay una segunda reunión. Regresamos a nuestros trabajos y nuestras preocupaciones familiares. A los pagos de la luz, el cable, el arriendo, el carro, el colegio de los hijos, la comida. Regresamos a la realidad que nos limita a lo inmediato, sin dejarnos tiempo para todos esos proyectos e ideas para cambiar el país. La política queda para discutirla en la próxima fiesta o el próximo almuerzo de negocios. Hasta ahí nomás. No hay tiempo, ni dinero, ni el deseo de complicarnos la vida.

Ahora que Rafael Correa se consolida hay menos de esas reuniones. Se habla menos de la necesidad de unir a la oposición en un grupo fuerte que apoye las tesis liberales para hacer contrapeso a esta avalancha socialista. Como que nos hemos acostumbrado al Gobierno. Ya no se siente esa urgencia de hace unos meses.

Vendrá el referéndum para aprobar la Constitución. Ganará el sí de largo. Vendrán las elecciones presidenciales y de otras dignidades. Ganará Correa y su partido. Y cuando ya sea muy tarde, volverán todas esas reuniones desesperadas por hacer algo por este país y evitar que caigamos en un socialismo más profundo.

Queremos y buscamos una oposición fuerte y a ese líder que pueda hacer contrapeso al Presidente. Pero no queremos involucrarnos. A veces se necesitan situaciones extremas para que surjan nuevos líderes. Yon Goicoechea, líder estudiantil venezolano que visita nuestro país, es un buen ejemplo de ello. Su liderazgo nacional emergió en momentos extremos para frenar y decirle “no” a un Chávez que aplastaba libertades y buscaba acaparar todo el poder.

Acá seguimos esperando pasivamente que las cosas se arreglen solitas, que todo vaya mejor, o en todo caso no tan mal. Que no haya necesidad de grandes manifestaciones. Que podamos continuar la vida sin muchos sobresaltos.

La política es muy bonita, muy interesante, muy emocionante para discutirla con un trago en mano. Pero ser político es otro cuento. Es muy complicado. Cuesta plata, tiempo, estrés, y una rápida caída del pelo.

Así nos dejamos llevar por los políticos de turno. Somos espectadores pasivos de la realidad nacional, listos siempre para reclamar y vociferar cuando las cosas anden mal. Aunque no hagamos mucho por evitarlo.

miércoles, mayo 07, 2008

Revista la U. - Mayo 2008

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sábado, mayo 03, 2008

Entendiendo a Lucía

Estoy viendo en la tele a Lucía Morett recién salida del hospital. Lucía es la estudiante mexicana que fue herida en el ataque al campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, en el que murió el líder guerrillero Raúl Reyes. En ese ataque murieron también cuatro de sus compañeros mexicanos de la universidad. Lucía llora sentada en una silla de ruedas junto a sus padres. Tiene dolor y rabia por lo que le pasó. Cuenta que vio cómo los soldados colombianos disparaban y remataban a gente herida. Dice ser “una víctima más del terrorismo de estado colombiano”. Niega estar vinculada a las FARC. Que su interés al estar ahí era “académico”.

Veo a Lucía y me pregunto: ¿Qué poder especial tiene ese idealismo revolucionario de
izquierda para seguir atrayendo a la juventud latinoamericana? ¿Por qué esas ideas políticas probadamente fracasadas en Europa oriental, en Cuba y en cualquier lugar que intenten implementarlas siguen siendo idealizadas en las aulas universitarias? ¿Por qué las ideas liberales que sí han funcionado en tantos países no despiertan el mismo interés? ¿Cómo es posible que la guerrilla colombiana tenga simpatizantes que legitimen su sangrienta guerra, sus abusos, sus secuestros, sus asesinatos?

Lucía dice algo que seguramente es real: “no he cometido ningún delito”. Ser una creyente en la “revolución bolivariana”, o creer que las FARC luchan por la justicia en Colombia, o estar convencida que Hugo Chávez es el salvador de América Latina no es un delito. Está en su libertad de creer que los elefantes vuelan.

Por eso, si bien rechazamos que las Lucías del mundo hagan quedar a las FARC como víctimas inocentes de un conflicto y una violencia que ellos iniciaron, tampoco son aceptables posiciones extremas de quienes ven en estos estudiantes a terroristas tan malos como los guerrilleros. Estos grupos de jóvenes que se reunieron en ese fanático Congreso Continental Bolivariano en Quito pueden causarnos gran rechazo --y encajar perfecto el molde del “Perfecto Idiota Latinoamericano”--, pero están en su libertad de creer y apoyar lo que ellos quieran. La democracia se trata de respetar todas las posiciones. Lastimosamente a veces esas posiciones absurdas ganan elecciones.

La izquierda extrema, el socialismo y su ideal revolucionario, a pesar de sus fracasos, ha ganado la guerra emocional en el tercer mundo que compra cualquier sueño. El Che se ve bien con su cigarro y su boina en las camisetas. Ronald Reagan todavía no pega. Hasta al más convencido liberal le ponen la piel de gallina esas canciones de música protesta.

La canción “Papá cuéntame otra vez”, del cantautor español Ismael Serrano, de alguna forma explica por qué hay tanta Lucías en Latinoamérica y el mundo. En la canción –muy bonita y emocionante, de paso—un joven le pide a su papá que le cuente de esas emocionantes épocas que vivió en los sesenta de “dulce guerrilla urbana en pantalones de campana, y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda”. De “aquel mayo francés en los días de vino y rosas” en los que los jóvenes ocuparon la Sorbona. Y como el Che no puede faltar en la nostalgia guerrillera, dice también la canción: “Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia, y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo, y como desde aquel día todo parece más feo.” Esa nostalgia por vivir revoluciones en las calles y ponerle una rosa al fusil de algún soldado opresor sigue viva en muchas Lucías.



Los jóvenes de ahora tenemos la suerte de saber con mayor precisión cuáles formas de gobierno funcionan y cuáles fracasan. Con todo lo malo, el mundo de hoy ha progresado y aprendido de sus errores del pasado. El romanticismo socialista suena bonito en la música protesta, pero no en los estómagos vacíos de Latinoamérica. Las universidades tienen ahí un reto. Pero será el fracaso de las mismas “revoluciones bolivarianas” en Latinoamérica, con su mayor injusticia, opresión y pobreza, lo que entierre esas ideas en los jóvenes que aun creen en ellas.

Yo espero que Lucía viva en libertad. Sería un error del gobierno mexicano acusarla de terrorismo o algún delito. La convertirían en heroína bolivariana y a sus compañeros muertos en mártires de la causa. Quien sabe, pasará el tiempo y talvez Lucía, como tantos otros, se de cuenta que el progreso no está en las boinas, ni las armas, ni los gritos de revolución. Y de aquí a unos años la encontremos hablando de las virtudes del libre mercado y la globalización.


* Publicado en revista Clubes de mayo