jueves, octubre 27, 2011

Pero somos populares


Si soy popular y la gente me quiere, nada malo puedo estar haciendo. Mis actos están justificados en mi gran aceptación. Así se resume buena parte de la postura del Gobierno ecuatoriano estos días en la OEA.

Nuestro secretario de propaganda invasiva dijo en CNN que a pesar de que se ha señalado a Ecuador y Argentina como países donde está en riesgo la libertad de expresión, “los votantes han dicho totalmente lo contrario. El presidente Correa goza a nivel de América de la más alta popularidad y credibilidad… y eso significa que hay una gran respuesta del pueblo ecuatoriano frente a ciertos demandantes de una supuesta amenaza contra las libertades y la libertad de expresión en el Ecuador”.

Según nos cuentan entonces, como la mayoría de ecuatorianos apoya a Rafael Correa, cualquier atropello o abuso será ignorado o perdonado. La popularidad como escudo e inmunidad.

En su discurso en la OEA, de esos que provocan una terrible vergüenza ajena, Ricardo Patiño también se refirió a la popularidad de su jefe. El “canciller” evadió el tema central y repitió el discurso oficial, con sus acusaciones acostumbradas. Habló de créditos entregados, impuestos recaudados, educación, salud, vivienda y carreteras, y nos recordó la alta aprobación de la que goza Correa.

No importa lo que digan los organismos internacionales, ni los tratados, ni que todos los medios serios alrededor del mundo rechacen el abuso del presidente contra periodistas con juicios millonarios en cortes parcializadas. Mientras el presidente conserve su popularidad y su poder sobre todas las funciones del Estado, acá todo va bien. No aceptarán su atropello. Seguirán con sus demandas y sus millones, ciegos al ridículo que hacen afuera de las fronteras.

La popularidad de Correa no es coincidencia ni locura. Se la ha ganado. Patiño resumió en su discurso las razones: una gran inversión en distintos sectores claves que mejoran la vida de muchas personas. A ello hay que añadir un presidente en constante campaña recorriendo el país, y una poderosa maquinaria propagandística, que sabe vender y manipular información, crear enemigos convenientes según la situación y mantener un constante clima de campaña electoral.

Pero esa popularidad tiene un alto costo. La creciente burocracia y despilfarro representan un gasto cada vez más insostenible. El Gobierno ecuatoriano es ese padre irresponsable que gasta más de lo que tiene con las tarjetas de crédito sangrando por llenar a sus hijos de regalos. ¿Cómo no querer a un padre así? Si falta plata no importa. Carlos Marx se encarga de meter nuevos impuestos a las mismas personas y empresas que ya pagan la mayoría de impuestos. El cálculo político es sencillo: de todas formas gran parte de esos pagadores de impuestos ya son opositores del Gobierno. No hay problema en continuar exprimiendo a los mismos contribuyentes, aunque al final se afecte a todos los ecuatorianos.

Tranquilos. En Ecuador hay libertad de expresión porque Correa es popular y ha gastado mucho en mantener feliz a la gente. Mientras estemos contentos, los abusos pasan a segundo plano. El problema es de unos pocos periodistas y organismos internacionales que por gusto se quejan. A quien diga lo contrario, le dedicamos la próxima cadena.

jueves, octubre 20, 2011

“Tanques por jueces”


“La novedad entre dictadura abierta y sistema autoritario en democracia es que hemos pasado de los tanques y los soldados en la calle a la judicialización de la política que ha sustituido tanques por jueces y metralletas por fiscales”. Lo dijo Carlos Mesa, expresidente de Bolivia, en la reciente Asamblea de la SIP en Perú. Describió así la situación en países como Ecuador y Venezuela, donde se utiliza al sistema de justicia como arma contra nuestra libertad y derecho a expresarnos.

Como ya estamos acostumbrados, el Gobierno ecuatoriano fue la vergüenza en esa Asamblea que reúne a los diarios del continente. Los ataques del Gobierno a periodistas y medios, en particular las demandas de Correa contra EL UNIVERSO y los autores del libro El Gran Hermano, recibieron el rechazo esperado.

Mesa dijo también: “Se aplican modelos autoritarios con celofán democrático. Se caracterizan, sin excepción, por limitar la libertad de expresión. Los medios han sido acorralados y no tienen otra posibilidad que responder políticamente frente a la acción política de limitación de sus libertades”.

Algunos critican este papel de los medios. Dicen que los medios no deberían hacerle el juego al Gobierno asumiendo ese rol de opositor político. Pero, ¿puede un medio quedarse cruzado de brazos y no asumir una postura frente a estos ataques? También argumentan que en lugar de criticar a los gobiernos, la mejor forma como los medios pueden responder es con más y mejores investigaciones y reportajes de calidad ante los que el Gobierno no tenga argumentos.

De acuerdo. Pero ahí están los autores de El Gran Hermano defendiéndose ante un juicio millonario del presidente justamente por un trabajo de investigación. El ataque del Gobierno no hace diferencia entre artículos de opinión, críticas o periodismo investigativo. Su ataque es contra el periodismo en general y nuestra libertad para cuestionar al poder. Los medios no pueden ser indiferentes ante ese ataque.

Mientras en Lima se discutía sobre medios, periodismo y libertad, el gobierno de Venezuela multaba con más de dos millones de dólares a un canal de televisión por transmitir una cobertura que molestó al régimen chavista. Veo en la televisión al director del Conatel venezolano justificar esta millonaria multa diciendo que “se demostró el fomento [del reportaje] a la zozobra en la ciudadanía y se demostró el odio y la intolerancia por razones políticas”. Y no puedo evitar escuchar como un eco la voz del abogado de Correa, repitiendo que se ha demostrado hasta la saciedad que existió injuria, y que se ha demostrado quiénes son los culpables, y que se ha demostrado esto y lo otro. Pero lo único que realmente queda demostrado es el poder que tienen estos gobiernos para que sus jueces y autoridades “demuestren” cualquier disparate.

Hoy no vemos tanques ni metralletas en las calles. No hay periodistas torturados ni desaparecidos. Los tiempos han cambiado, somos más civilizados y esos abusos no serían tolerados. Ahora, nuestros regímenes autoritarios son más sofisticados. Callan a los medios recurriendo a la “justicia”, su propia justicia. Todo un show que legitime su abuso. Ha cambiado la envoltura. Pero en el fondo, usando tanques o jueces, son los mismos gobiernos.

jueves, octubre 13, 2011

¿Steve Jobs en tierras socialistas?


Hace algunos años, estuve en una conferencia del escritor de novelas de terror Stephen King. Quien lo presentó dijo que en la mayoría de hogares de Estados Unidos se podían encontrar dos cosas: una Biblia y un libro de Stephen King. Ahora, junto a esos libros, encontraremos con seguridad algún producto creado por Steve Jobs.

Ante la muerte de Steve Jobs, Yoani Sánchez, bloguera cubana y vecina de esta página, escribió: En Cuba hubieras sido un gran incomprendido, un apartado… Nací en una sociedad donde el talento y el deseo de innovar pueden ser penalizados políticamente. Pero tú me inspiraste.

La versión cubana de Steve Jobs hubiera escapado de la dictadura de los Castro en la primera balsa disponible, y seguramente hubiera tenido éxito como empresario en Miami. Pero en Cuba, como escribe Yoani, lo hubiesen visto como una amenaza. No hubiera resistido una vida bajo ese régimen totalitario enemigo del libre emprendimiento.

Las palabras “innovador” y “emprendedor” acompañan cualquier descripción que leemos sobre Steve Jobs. Empezó de cero. No tenía una familia con dinero ni un título universitario. Pero tenía ideas, ganas, inteligencia y un espíritu emprendedor. Y algo más: vivía en un país y una sociedad libres, donde la innovación, el emprendimiento individual y la generación de riqueza son admirados y respetados, no una razón para ser atacado.

¿Cómo le iría a un Jobs ecuatoriano en estos tiempos revolucionarios? ¿Lo tacharían de pelucón y oligarca por haberse convertido en millonario? ¿Intentarían frenar la producción de iPads o gravarlos con un impuesto especial por dominar el mercado? ¿Le habría metido juicios el SRI por algún supuesto incumplimiento de impuestos? ¿Recibiría la visita del Ministerio de Relaciones Laborales por tercerizar la producción de sus equipos con empresas chinas o el diseño de aplicaciones con desarrolladores independientes? ¿Tendría que hacerse amigo de las autoridades para evitarse trabas burocráticas?

Afortunadamente Steve Jobs estuvo en el lugar correcto. La creatividad, la innovación, el emprendimiento necesitan de un ambiente de libertad individual y reglas claras, donde uno pueda dedicarse a sacar adelante sus proyectos, sin tener que preocuparse por cambios repentinos en las leyes ni de un Estado metiche que sospecha del éxito individual.

Nuestro Gobierno tiene programas y campañas que apoyan la innovación y nuevos emprendimientos. Pero de poco sirven bajo un régimen ultraestatista con un ambiente adverso a la riqueza y al sector privado. Los jóvenes que salen de nuestras universidades, más que en nuevos negocios o empresas, encuentran hoy mejores oportunidades laborales como empleados del creciente sector público. Y ya sabemos que ahí la innovación y emprendimiento se aniquilan casi por definición.

Este Gobierno debe meditar bien la clase de sociedad que está formando. No es una sociedad de emprendedores, sino de nuevas generaciones que esperan que el papá Estado les dé de comer en la mano. La constante exaltación a lo estatal y colectivo y la satanización de lo privado e individual, de poco sirve al emprendimiento y generación de riqueza. Parece que para el Gobierno el emprendimiento pequeño, microempresarial, artesanal es bueno. Si crece mucho se vuelve malo.

Miles de Steve Jobs cubanos han emigrado y hoy generan riquezas en otras tierras. ¿Se quedarían acá?


jueves, octubre 06, 2011

Detalles irrelevantes


Dijo este sábado que la prensa se concentra en “detalles irrelevantes”. Que en lugar de reportar lo importante, se enfocan en pequeñeces. Por ejemplo, en su reacción frente a una señora mientras recorría el hospital Eugenio Espejo de Quito. “¡No me empuje señora, está hablando con el presidente de la República; usted me vuelve a empujar y la mando detenida!”, le advirtió enojado ese día.

Dijo también el sábado “yo no soy Rafael Correa, soy el Presidente de los ecuatorianos”. ¿Estará perdiendo esa capacidad de desdoblarse que tan útil le resultó en su juicio contra El Universo?

Yo no creo que sea un detalle irrelevante que Rafael Correa amenace con detener a una señora que se le acerca a reclamar la falta de medicinas. Demuestra su personalidad que tanto mal le hace a este país y ese convencimiento de estar por encima del resto. Lo vimos también en Nueva York. Luego de su discurso en la Universidad de Columbia, le salió el Hulk ante la primera pregunta que lo incomodó. “Usted es un mentiroso” fue su cultísima y muy académica respuesta.

No creo que exageraba Correa cuando en ese mismo discurso dijo que “nosotros somos la verdad”. Ese complejo de infalibilidad con el que pasea su inmenso poder este Gobierno, les hace creer que están por encima del bien y del mal, y con derecho a todo.

El problema no es lo que reporta la prensa. Los periodistas nos cuentan las historias que las figuras públicas generan. Si tanto hablamos de Correa es porque él así lo ha querido. Porque ha eliminado la línea entre Estado, Gobierno y presidente. Él es el Gobierno. Él es el Estado.

En un régimen caudillista todo gira alrededor de una persona. El caudillo ordena y sus funcionarios agachan la cabeza y dicen pegue patrón. Lo vimos justamente en esa visita al hospital. Correa llega al hospital a revisar que su emergencia en el sector de la salud esté avanzando. Se muestra ante las cámaras como el líder que personalmente atiende todos los problemas. Si algo falla, llama la atención en público a sus ministros. Lo importante es armar el show. Que el Cholito y Bonafont se encarguen de vendernos por televisión el maravilloso país donde todos tienen la atención que reclama la señora.

Hay que reconocer, eso sí, la gran habilidad del presidente para desligarse de cualquier culpa. Con más de cuatro años en el poder, más de lo que ha gobernado cualquiera de los últimos presidentes, los problemas del Gobierno nunca tienen que ver con él. Son de otros. De gobiernos pasados, de la prensa que reporta todo mal, de la oposición que no lo deja trabajar, de funcionarios ineficientes; o de cualquier nuevo enemigo que decidan vendernos en cadena nacional. Él solo gobierna con sabiduría y magnanimidad.

Mientras en este país todo se concentre en su caudillo, sin institucionalidad ni real división de poderes, la política seguirá girando en torno a él. La noticia es él. Y aquellos “detalles irrelevantes” se vuelven cada vez más relevantes. Nos cuentan un buen pedazo de la historia de fondo de lo que realmente está pasando.




jueves, septiembre 22, 2011

Nuestro Diario


Mis primeros recuerdos de EL UNIVERSO creo que son con el Paratodos, la sección que salía los domingos. Ahí me entretenía con los pasatiempos para niños. Y conocí a Olafo, Beto el Recluta, los Pequeños Traviesos y los Melaza.

Recuerdo luego, ya en mi época de colegio, sentarme a leer el periódico después de almorzar. La página de opinión siempre me llamó la atención. Los artículos de Xavier Benedetti, con ese ritmo musical en sus oraciones, eran mis favoritos. En esa época, los Flechazos de Robin, como el Bonil de hoy, desnudaban la realidad política de este país en un dibujo. Cuando me alejé del país en mis años universitarios, EL UNIVERSO fue mi conexión diaria a través de su sitio web que recién se estrenaba. Eluniverso.com era mi página de inicio en mi computadora, donde me enteré de la caída de Bucaram, la quiebra de los bancos, la dolarización, la caída de Mahuad, y todas las locuras, escándalos, tristezas y alegrías de ese país que veía de lejos.

En una de mis vacaciones de verano tuve mi primera experiencia de periodista amateur en la sala de redacción de EL UNIVERSO. Hice una corta pasantía en la que publiqué mi primer reportaje para un especial por la fundación de Guayaquil. Trataba sobre la ciudad vista a través de los ojos de sus residentes extranjeros. Armado con mi grabadora me fui a pescar las impresiones de gringos, europeos y otros habitantes del mundo que habían hecho de esta ciudad su casa. Recuerdo la emoción al ver mi nombre y mis palabras publicadas, por primera vez, en las páginas del Diario.

Pasaron los años y regresé a Guayaquil. Me propuse escribir y compartir mis opiniones sobre la política en el país. Recuerdo que me tomó varias semanas terminar mi primer artículo. Lo publicaron y luego vinieron otros más. Al poco tiempo me invitaron a escribir todas las semanas. Recuerdo mis nervios, mi expectativa y mi emoción el día que salió mi primer artículo como columnista. Desde ese día, me quedé los jueves en esta página.

Cuando pienso en un periódico pienso en EL UNIVERSO. Mi periódico. Las páginas de mi cultura, mi identidad, mi ciudad, mi día a día, mis noticias cada mañana. Así cumple 90 años de ser nuestro Diario. Con sus aciertos y errores, con sus virtudes y defectos, sus noticias y opiniones han acompañado los desayunos de miles de lectores durante varias generaciones.

Hasta que llegó Rafael Correa. Y con su escaso entendimiento de la libertad, su rechazo a la diversidad de opiniones, su intolerancia, su arrogancia, sus prejuicios, su descaro y su despotismo intenta destruir este Diario con un juicio abusivo y unas cortes que se rinden a sus pies.

El abuso de Correa ha llegado demasiado lejos. Pero confío que al final se hará justicia. Confío que este Diario seguirá a paso firme y celebrará su primer siglo. Que Correa, como tantos otros tiranos, pasará de largo y tendrá que responder por sus actos junto a varios de sus cómplices funcionarios.

Y quedará nuestro respeto hacia quienes no se someten. Quedará el periodismo libre. Quedará EL UNIVERSO, que es nuestro. Que lo seguirá siendo.

jueves, septiembre 15, 2011

El verdadero pulpo

En la página web de la Secretaría Nacional de Planificación (Senplades), la sección del proyecto de Ley de Control de Poder de Mercado, mejor conocido como Ley Antimonopolio, te recibe con el dibujo de un pulpo agarrando diferentes productos con sus tentáculos. Abajo dice “¡Basta! ¡No más monopolios abusivos!”.

Al ver ese pulpo pensé automáticamente en el Estado ecuatoriano.

La Asamblea está discutiendo ahora, de forma urgente, esta ley que en teoría pretende evitar, corregir y sancionar el abuso y prácticas desleales de ciertas empresas. Es una ley necesaria siempre que sea pensada en defender los intereses de nosotros, los consumidores, y que se aplique de igual forma a empresas públicas y privadas. Y siempre que busque promover la competencia, más que controlar o sancionar.

Si tuviéramos un gobierno que entiende y respeta lo que son las empresas y el mercado, estaría tranquilo ante esta ley. Pero viniendo de este Gobierno ultraestatista, amante de la burocracia y las empresas públicas, y lleno de prejuicios hacia el sector privado, no me queda otra que dudar.

René Ramírez, director de la Senplades, le dijo a Alfredo Pinoargote estar de acuerdo con una frase de Ayn Rand que dice “Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios”. Según Ramírez, “aquí en el Ecuador no ha habido esa libre competencia, ha sido una ley de la selva que ha llevado a que el Estado tenga una vinculación con los poderes económicos y eso ha llevado al peor de los mundos”.

Al escuchar esto de nada menos que el principal planificador del Gobierno tuve que revisar el calendario y asegurarme de que no era el día de los inocentes o algo así. Si así piensan tienen todo mi apoyo. Lastimosamente esas palabras contradicen las prácticas del Gobierno. Hoy, más que nunca, la gigante burocracia y enorme participación del Estado en la economía, se presta para favorecer a las empresas amigas y perjudicar el libre mercado. En lugar de competir para ganar clientes, el negocio está en acercarse al Gobierno para ganar un contrato.

Cuando pienso en monopolios abusivos no pienso en empresas privadas. Con todos sus defectos, a las empresas privadas las escojo yo. Si hay empresas líderes, más grandes y exitosas que otras, es justamente porque los consumidores preferimos sus productos o servicios.

Cuando pienso en monopolios abusivos sí pienso en el Estado. Pienso en un Seguro Social que me quita una porción de mi sueldo todos los meses sin que yo pueda escoger libremente dónde poner mi plata. Pienso en la telefonía pública que tuve que instalar ante la falta de alternativas. Pienso en el imperio de medios de comunicación del Gobierno. Pienso en los tentáculos estatales acaparándolo todo a su paso. Pero con este gobierno experto en buscar e inventarse abusos ajenos y no ver los propios, dudo mucho que controlen los monopolios estatales.

Tomo las palabras de Ramírez en Ecuavisa. Vamos por esa libre competencia sin un Estado metiche ni compinche de algunos. Con reglas claras. Con controles a los abusos. Con seguridad jurídica. Que seamos los consumidores, no unos cuantos políticos y burócratas de turno, los que tengamos el poder de escoger.

jueves, septiembre 08, 2011

Un año de cuentos

Si no hubiese ocurrido se lo hubieran inventado. De hecho se inventaron gran parte. Y un año más tarde continúan haciéndolo. Siguen vendiéndonos una ficción construida desde el primer día.

Desde las primeras horas de ese 30 de septiembre, cuando Rafael Correa ingresó al hospital, se empezó a redactar el guión que ayudaría a subir puntos de popularidad, afianzar el poder y dar nuevas razones para perseguir y callar a opositores.

Para ello, lo primero fue controlar a la prensa. Impedir que los periodistas cubran lo que estaba ocurriendo. Mantener al país en oscuridad informativa. ¡Cómo deben haberlo disfrutado en la Secretaría de Coerción y Manipulación! Tuvieron durante algunas horas todo el poder mediático en sus manos. Su sueño cubano hecho realidad. Por el estudio del canal público desfilaron ministros de Gobierno y autoridades afinando poco a poco el cuento oficial: que no está secuestrado, o mejor dicho que sí lo está, que esto es solo un levantamiento militar, o mejor dicho, ¡esto es un cobarde intento de golpe de Estado!

Llevan un año trabajando en reinventar el 30 de septiembre en ese intento de golpe de Estado que solo existió en las cadenas nacionales de televisión y radio, en la propaganda oficial, en los enlaces del sábado, y en las entrevistas de los canales oficiales.

Inventaron historias. Involucraron a políticos y opositores en falsos complots. Manipularon la realidad. Convirtieron un foro académico público en Miami en supuesta reunión de conspiradores. Editaron declaraciones según las necesidades del guión.

Un año después, el Gobierno quiere meter en la cárcel a un periodista por opinar sobre lo ocurrido ese día. Un año después, un Coronel de la Policía tuvo que permanecer en la cárcel casi siete meses por decirle a un reportero de CNN que el presidente no estuvo secuestrado. Y aunque la corte ha ratificado su inocencia ante la absurda acusación de magnicidio, el Gobierno se empeña en perseguirlo. Un año después, más que esclarecer las trágicas muertes y a sus responsables; quieren encerrar de ocho a doce años en la cárcel, como al peor de los criminales, a quienes ingresaron a la fuerza al canal público de televisión.

El origen de las balas asesinas es secundario. Lo importante es vender una versión y que nadie se meta con ella. Es seguir buscando conspiradores y razones para callar opositores. Este gobierno Kiko sigue exagerando su llanto y acusando con su mamá a falsos culpables.

Se trata de esconder la irresponsabilidad, improvisación, malas decisiones e incapacidad para enfrentar y resolver una crisis, que provocaron la escalada de lo que era solo una protesta, poniendo en riesgo la vida del presidente y de tanta gente inocente. Se trata de convertir una tragedia y un día triste para el país en fiesta patriotera.

Como todo en este Gobierno marquetero, hasta han diseñado un logo conmemorativo del 30-S con su eslogan “El día que triunfó la democracia”. Se viene la celebración.

Todo héroe necesita su gesta heroica. Aquí la encontraron. Y la corrigieron y aumentaron con historias de conspiraciones, videos y musiquita de fondo. Así nacen las leyendas. Pero tarde o temprano la historia aclara los mitos.

jueves, septiembre 01, 2011

Pagando la cuenta

Este término de “ciudadano presidente” simplemente no convence. Sí, todos somos ciudadanos y ejercemos alguna función o profesión al mismo tiempo. Pero de eso a pretender excluir por completo una condición de la otra, sobre todo tratándose de un presidente, existe un gran abismo.

Es una contradicción pretender dárselas de ciudadano común como si se pudiera guardar en un cajón el poder de esa figura presidencial que pasea en jet y en carros blindados rodeados de guardaespaldas. Esta capacidad de desdoblarse nos está saliendo cara a todos con este gobierno metejuicios.

La oposición en la Asamblea, a pesar de ser casi la mitad, ha quedado relegada a casi nada. No hay mucho que puedan hacer, salvo que poco a poco más asambleístas gobiernistas abran los ojos y se alejen. En este escenario difícil para la oposición, ha surgido una iniciativa importante que busca controlar los excesos que acompañan esta mágica condición de ser un ciudadano cualquiera y un presidente todopoderoso a la vez. Los asambleístas Herrería, Viteri y Montúfar presentaron ante la Fiscalía General del Estado una demanda contra Fernando Alvarado, Secretario Nacional de Comunicación, por mal uso de fondos públicos al ordenar la emisión de cadenas nacionales sobre la demanda “personal” de Rafael Correa contra este Diario y Emilio Palacio.

El abuso de las cadenas nacionales ha sido una de las peores y más notorias características de este Gobierno. Nunca antes nos habían bombardeado como ahora con tanta propaganda oficial. Aquí el Gobierno gasta nuestra plata alegremente en cadenas para acusar y atacar a terceros, anunciar temas sin importancia, tergiversar hechos e impulsar causas personales.

Me acuerdo de épocas en las que una cadena nacional era algo raro y serio. Al interrumpirse la señal regular para dar paso a la cadena sabíamos que algo importante estaba por anunciarse. Poníamos atención. Ahora las cadenas son parte de la programación regular. Es más, hay momentos en los que la programación regular de un canal pasa a ser aquello que se transmite entre cadenas nacionales.

Se supone que las cadenas solo pueden usarse para informar sobre hechos de real importancia nacional o mensajes de emergencia. Así debería ser. Pero para este Gobierno de las eternas emergencias no hay vergüenza en pasar cadenas nacionales por temas triviales y para atacar en lugar de informar. Y esta vez se han superado a ellos mismos.

Veremos con qué historia sale el Fiscal –y exabogado personal de Correa– para defender este gasto de nuestro dinero por parte del Gobierno. No podemos esperar mucho, aunque esta es su gran oportunidad para demostrar la independencia que dice tener. Más allá de resultados, la demanda deja un precedente importante para alertar a los funcionarios del Gobierno que no pueden usar fondos públicos como si fueran personales.

De todas las vergüenzas de este Gobierno, el abuso y manipulación mediática dejará una de sus más tristes huellas. Esto se suma a los ataques a la prensa y juicios contra periodistas para armar el combo perfecto de abusos revolucionarios. Con una oposición que poco o nada puede hacer desde la Asamblea, esta causa vale la pena. No tenemos por qué pagar las cuentas de otros.

jueves, agosto 25, 2011

El que no debe ser nombrado

Esto que escribo aquí no es todo lo que quiero decir. Es la versión editada, corregida, autocensurada acorde a estos tiempos de la revolución de la propaganda mentirosa, el insulto público y los juicios.

Nos vamos acostumbrando a omitir nombres, eliminar adjetivos, impersonalizar. Decimos, a veces, la mitad de lo que queremos decir. Al escribir, por ejemplo, que alguien “falta a la verdad” en realidad quiero hablar de cinismo, mentiras, manipulación. Palabras como “sinvergüenza” quedan afuera, aunque sea la más precisa para describir a alguien, no vaya a ser que caiga una demanda. Otras ocasiones, toca usar la ironía. Si hablamos de ese maravilloso, democrático y tolerante funcionario que sí sabe hacer su trabajo, en realidad queremos decir todo lo contrario.

Lord Voldemort, antagonista principal de la serie de Harry Potter, es tan temido que se refieren a él como “tú ya sabes quién” o “el que no debe ser nombrado”. Aquí también, en artículos, entrevistas y redes sociales, muchos prefieren ni nombrar a tú ya sabes quién, o prefieren ponerle otros nombres. Es una forma de protegerse.

Ahora resulta que el término “fascista” te podría llevar tras las rejas. Emilio Palacio tiene que enfrentar otra demanda por injurias por utilizarlo contra el canal público Ecuador TV. Por lo visto, el abuso y absurdo jurídico iniciado por Correa y su abogado son contagiosos.

Un fascista, en términos generales, es alguien autoritario. Si queremos ir más allá, sería alguien que apoya el fascismo; es decir, un sistema totalitario, nacionalista, violento, respaldado por un poderoso aparato propagandístico, entre otras características. Es un término fuerte, pero demandar porque te lo digan es un disparate, sobre todo viniendo de una institución pública.

Si la multimillonaria demanda de Correa contra Palacio y este Diario por lo que decía un artículo de opinión ya era una demostración de lo lejos que puede llegar el abuso “legal” de este Gobierno, la demanda de Ecuador TV lleva el absurdo a nuevos y vergonzosos niveles. Como escribió alguien en Twitter: “Hay que ser muy fascista para demandar a alguien por decirte fascista”.

El ridículo y abuso no tiene límite en este Gobierno. Si un juez –de los veloces, de los panas de las farras o cualquiera de esos afines al Gobierno– acepta esta nueva demanda contra Palacio, propongo sincerar de una vez por todas la supuesta reforma a la justicia. Ir de frente y sin amagues, despidiendo a todos los jueces y cerrando todas las cortes para que los casos se resuelvan directamente en Carondelet.

Las vacaciones que nos dio Correa estas dos semanas nos vinieron muy bien. Descansamos de la insultadera, de las ironías, de las faltas a la verdad. Pero otros se encargaron de ocupar su lugar, con esta nueva demanda; o con cuentos de que no somos amigos, que casi ni nos conocemos; o con la defensa a tiranos como Gadafi.

El que no debe ser nombrado está presente aunque no esté. Su espíritu y sus prácticas se multiplican en otros. No lo hacen tan bien como él, pero lo intentan. Este maravilloso, brillante y tolerante presidente que nos gobierna con tanta sabiduría se ve reflejado en quienes caminan a su lado.

jueves, agosto 18, 2011

Buenos malos tiempos

“Te leí en el periódico, no sabía que escribías”, me dice un amigo que no veía hace siglos. “Sí, como desde hace seis años”, le contesto. “En realidad hace tiempos que no leía un periódico, pero con lo que está pasando ahora, he vuelto a hacerlo”, me confiesa.

Leí una frase que viene bien con esta época de caudillos autoritarios: “el peor de los tiempos para el periodismo es el mejor de los tiempos para el periodismo”.

Hagamos números. En promedio, un diario importante del país tiene unos doscientos mil lectores diarios. Poco más del 1% de la población. De esos, la mayoría ojea fotos y titulares o va directo a la sección deportiva. Exagerando, ni un 10% se detiene a leer estos artículos de opinión. Y la mayoría de ellos no pasará de los títulos y primeros párrafos. Si estás leyendo esto y llegas al punto final eres parte de una pequeñísima minoría del país.

Correa necesita crear enemigos. Con sus más de cuatro años de gestión, la partidocracia y los gobiernos anteriores le sirven cada vez menos de excusa. Los males de hoy no vienen de un pasado lejano o de políticos enterrados. Son responsabilidad de su gobierno.

¿A quién echarle el muerto de sus errores entonces? A la prensa. A esos malévolos artículos de opinión, reportajes y titulares con capacidad de desestabilizar un Gobierno que controla todo. Son tan poderosos que la reputación y futuros ingresos de un presidente se pueden ver afectados por lo que diga un párrafo de una columna, al punto de hacerle perder 80 millones de dólares que iba a ganar cobrando más que Bill Clinton por discurso expresidencial, vendiendo tantos libros como J.K. Rowling y dando clases universitarias a por lo menos diez mil dólares la hora. Así de poderosos pueden ser los dedos en un teclado según este Gobierno y sus abogados.

Cada vez que escucho a Correa insultar a los medios y decir tantas barbaridades, como las de su vergonzoso “informe” a la nación este 10 de agosto, intento imaginar a un presidente de un país desarrollado, o incluso de países vecinos latinoamericanos, diciendo algo similar. Y simplemente no puedo. No puedo imaginar a un presidente civilizado actuando como Correa. No puedo verlo perdiendo tiempo y malgastando fondos públicos para insultar y criticar todas las semanas lo que opina algún periodista. Un presidente civilizado simplemente sabe ignorar las críticas y dedicarse a gobernar. Acá es todo lo contrario.

Correa le hace un grave daño a la prensa. Pero al mismo tiempo le hace un gran favor. Su abuso contra este Diario ha generado una gran indignación y reacción. El que antes iba directo a la sección deportiva del Diario, ahora se detiene un poco más en las páginas de política y opinión, comparte artículos, sigue a periodistas en Twitter, opina, escribe, reclama, busca información.

Buenos malos tiempos para el periodismo. Tiempo de miedo e intimidación. Pero tiempo también de un despertar de la población, de nuevos lectores, de creatividad, de ideas, de oportunidades para un renovado periodismo.

Gracias a Correa hoy son más los que llegaron a este punto final.

jueves, agosto 11, 2011

El próximo

El próximo la tendrá difícil. Muy difícil. Le tocará manejar un país con grandes deudas, divisiones internas, violencia, una población acostumbrada a millonarios bonos y subsidios, y un gigantesco y obeso aparato burocrático.

Si yo fuera Correa no me lanzaría a la reelección. Me escaparía tranquilo del país y dejaría que otro se encargue de arreglar el desastre creado por este socialismo paternalista y derrochador.

Este es un gobierno que basa su éxito en su capacidad para gastar y regalar. La publicidad estatal nos repite hasta el cansancio las millonarias cifras que el Gobierno ha gastado en obras públicas, bonos, hospitales, escuelas, vivienda. No importa cómo se gastó esa plata, tantas veces a través de decretos de emergencias sin controles. Eso ni se pregunta. Todos felices mientras dure la fiesta. Lo importante es mostrar que este Gobierno ha gastado tres, cuatro, cinco veces más que los gobiernos anteriores, gracias a fondos que provienen no de una mayor producción, inversión extranjera o competitividad del país, sino de ingresos petroleros sin precedentes y más deudas.

Difícil imaginar que este Gobierno decida ahorrar, previendo malos tiempos y menos ingresos ante la actual desaceleración de la economía mundial y el precio del petróleo cayendo. Ahorrar significaría menos burocracia, menos regalos, menos jugosos contratos, menos despilfarro. Nuestros revolucionarios de generosas billeteras ajenas no saben de eso.

He escuchado a gente decir que el próximo periodo presidencial va a ser tan complicado que es mejor no poner candidato de oposición. Que es mejor que el mismo Correa gane las elecciones para que él mismo enfrente las consecuencias de su irresponsabilidad. Que si gana un candidato de oposición, su desgaste será tan grande al tener que tomar medidas responsables y poco populares, como reducir drásticamente el nivel de gasto público, achicar el gigantesco aparato estatal, disminuir la entrega de bonos y más, que en este país con tradición tumbapresidentes estaría en peligro su permanencia. Y luego Correa podría regresar triunfalmente, como si él nada tuviese que ver en el problema.

Pero debe ser lo contrario. Los malos pronósticos económicos hacen más importante que nunca el tener un próximo presidente responsable que esté dispuesto a tomar esas medidas poco populares pero necesarias para poner a este país en el camino del trabajo, producción, empresa y crecimiento. Un próximo gobierno que tome medidas contrarias al actual gasto irresponsable y absurda dependencia de la economía en el sector público.

A pesar del poder y capacidad de este Gobierno para comprar popularidad con nuestro dinero, en las próximas elecciones creo que sí puede vencer una propuesta única en línea con ese amplio sector que rechaza el actual autoritarismo, estatismo exagerado y que busca un gobierno responsable, que brinde seguridad y genere trabajo.

O quién sabe, tal vez la abundancia de fondos se acabe antes del 2013 y a Correa le toque enfrentar los frutos de su derroche y falta de previsión. Y tal vez decida hacerse a un lado en las elecciones escapándole a ese oscuro panorama de escasez y deudas que tendría que administrar en un siguiente periodo.

Le tocará duro al próximo gobierno. Mejor que se vaya preparando.

jueves, agosto 04, 2011

Avergonzados

Y me avergüenzo, como tantas veces, viendo a nuestros políticos hacer el ridículo. Nuestros asambleístas de hoy son los mismos diputados de ayer, solo que con nombre distinto, como todo en esta falsa revolución, que cree que el cambio se logra con nuevas etiquetas, nuevo eslogan y un comercial en la tele con gente sonriente.

Y me avergüenza ver que muchos de los falsos revolucionarios tienen más o menos mi edad. ¿No se suponía que los jóvenes seríamos distintos? Da igual. El Corcho ordenando que se anule la votación, alguna vez fue joven también. Correa abusando de su poder para callar a los medios fue joven hasta hace poco, antes de convertirse en otro viejo político. Y me avergüenzo escuchándolos, tan acostumbrados a vender sus mentiras gigantes por verdades, que ya ni se inmutan, ni nos inmutamos.

Enciendo la radio en mi carro. Quiero ejercer mi elemental derecho a escoger una estación que me guste. Pero no puedo. El Gobierno me lo impide malgastando nuestra plata en otra cadena. Suenan los ladridos de la Secretaría de Comunicación, la Secom, que debería sincerarse y llamarse por lo que es: la Secretaría de Coerción y Manipulación. Se meten en nuestras vidas para atacar y manipular.

El mundo entero condena el abuso de este Gobierno. “Autócrata” y “populista errático” lo llama a Correa el Washington Post. Si el tiempo que Correa dedica a escarbar opiniones en la prensa y criticar a coloraditas en noticieros se lo diera a temas importantes otra sería la situación. Olvida que su papel como presidente está por encima de las críticas que todo político recibe, aquí y en cualquier país.

Correa repitió este sábado que no ha usado su calidad de presidente para demandar. Que se puso al nivel de cualquier ciudadano. Y como cualquier ciudadano ordena cadenas nacionales que todos pagamos. Y como a cualquier ciudadano en pocas horas el juez le otorga 40 millones de dólares. Nunca ha sido tan rentable ser cualquier ciudadano.

Y prendo la tele y la apago al instante. Ver entrevistas políticas en este país se vuelve un acto masoquista. Quedan las opiniones sinceras en Twitter, ese espacio todavía libre que el Mashi Rafael y sus amigos no pueden controlar o interrumpir con amenazas y cadenas repetidas hasta el cansancio.

Y me avergüenza ver cómo nos acostumbramos. Nos adaptamos a los nuevos tiempos, a pesar de los abusos. Agachamos la cabeza. Que lo de EL UNIVERSO no es asunto nuestro. Es cosa de sus dueños. Que hay muchos contratos con el Gobierno por ganar. Que hay que estar de buenas con ellos, para ser parte del reparto. Mejor no escribas en el Diario, para qué complicarte la vida. Mejor quedarse callado. Mirar para otro lado. Esperar que no nos toque. Hacerse amigo de los poderosos de hoy. O al menos pasar desapercibidos hasta que todo esto haya terminado. ¿Podemos quejarnos actuando así?

Quien sabe cuánto tiempo tendrá que pasar. Cuántas nuevas vergüenzas y abusos tendremos que soportar. Pero toca ser necios y seguir creyendo. El país está tocando tan bajo, que hay más gente reaccionando, uniéndose, participando. Gente que se niega a que unos pocos nos sigan avergonzando.

jueves, julio 28, 2011

¿Qué diría?

¿Qué diría el boy scout de ayer si hoy pudiera verse con la banda presidencial? ¿Estaría orgulloso de la persona en la que se convirtió? ¿Apoyaría su actitud y sus acciones? ¿Saldría con banderas verdes a escuchar sus discursos? ¿O sentiría vergüenza, al verse insultando, humillando, abusando de su poder?

¿Qué diría el joven e idealista estudiante de economía, el dirigente universitario que daba sus primeros pasos políticos en Guayaquil? ¿Aplaudiría su gestión económica? ¿Se apuntaría para ser parte de su equipo? ¿O criticaría el despilfarro, el exagerado gasto público, el crecimiento de la burocracia y de ministerios inservibles, la falta de apertura al mundo, los decretos de emergencia, la dependencia en carísimos préstamos chinos, la ausencia de estímulos, estabilidad y garantías para atraer la inversión privada?

¿Qué diría el Rasca Bonito de Zumbahua, que convivió con los indígenas y sintió de cerca sus necesidades y su dolor, al verse rechazado por ese mismo movimiento indígena? ¿Se reconocería a sí mismo arremetiendo contra ellos?

¿Qué diría el estudiante que respiró aires libres gringos y europeos, que pudo vivir de cerca la libertad y desarrollo del Primer Mundo? ¿Se sentiría un mandatario democrático? ¿O criticaría su estilo caudillista, con un Gobierno donde todo empieza y termina en su poder personal, tan alejado del balance de poderes de países desarrollados? ¿Rechazaría el abuso de recursos públicos y la manipulación mediática con tantas tercermundistas cadenas nacionales?

¿Qué diría el académico, el profesor universitario, al verse dando clases públicas de economía, estancado en la teoría, mientras en cuatro años se han detenido las inversiones y ha aumentado la dependencia del país en el gasto público? ¿Se pondría de ejemplo a sus alumnos?

¿Qué diría el forajido que gritaba en las calles pidiendo la salida de Gutiérrez? ¿Aprobaría su actual control y poder sobre todos los poderes del Estado, la falta de fiscalización, el reciclaje de funcionarios cuestionados, la ausencia de división de poderes? ¿O saldría nuevamente a las calles a reclamar contra este Gobierno, contra los ataques a la libertad, contra la metida de manos en la justicia, contra los jueces que se arrodillan ante el poder, contra la intimidación como práctica cotidiana?

¿Qué diría el candidato que se paseó por los medios de comunicación recibiendo siempre un micrófono abierto y el apoyo de periodistas independientes para enviar su mensaje? ¿Apoyaría el control, la intimidación, los ataques y la censura a la prensa? ¿O se avergonzaría de la salida de tantos periodistas por su presión? ¿Rechazaría, al igual que todos los organismos internacionales, que todos los medios a nivel mundial, que todos los abogados que sí saben de leyes, y que toda la sociedad, el abusivo juicio contra este Diario? ¿Se avergonzaría del ridículo internacional?

¿Qué dirían todos ellos del precio puesto a su honra, de los 600 mil que guardó, de los 80 millones que pretende ahora? ¿Qué dirían de ese hombre que no tiene problema en meter en la cárcel a padres de familia, esposos, hermanos por unas palabras en un papel?

¿Y qué dirá el futuro expresidente desde alguna universidad europea? ¿Se sentirá orgulloso al mirar atrás? ¿O sentirá vergüenza y finalmente se arrepentirá?

jueves, julio 21, 2011

Huevazos a la libertad

El contraste no podía ser más claro. Emilio Palacio sale caminando del Juzgado. Los simpatizantes de Alianza PAIS lo reciben a huevazos. Por otro lado, Rafael Correa sale en su 4x4 protegido por guardaespaldas. El poder del Estado contra un ciudadano por escribir lo que piensa.

Según Correa, él actúa en este juicio como un ciudadano más. Dice que ser presidente no significa que no pueda defender su honor. ¿Cuántos ciudadanos comunes han recibido como él más de medio millón de dólares defendiendo su “honor”?

Correa dijo, luego de pasar gran parte del día en la audiencia de juzgamiento contra Emilio Palacio y este Diario, que “las cosas que estamos discutiendo, en otros países ya están de regreso y de ida de nuevo, vaya a ver en qué país del mundo se permite decir una mentira tan atroz…”.

Sí, los temas que ya han sido superados en otros países en materia de libertad de expresión, acá siguen discutiéndose justamente por culpa de este Gobierno. Mientras en otros países la figura del desacato está ya superada y se han despenalizado las calumnias e injurias, aquí Correa recurre a nuestras leyes anticuadas para pedir cárcel para periodistas o quien le muestra un dedo. No, en países civilizados, los presidentes no demandan a columnistas por millones de dólares y prisión por dar su opinión.

Dan vergüenza y rabia la actitud y abuso de Correa. Imagino a sus profesores y compañeros universitarios de Lovaina y Chicago retorciéndose también de vergüenza ajena al ver a su alumno y compañero jugando este triste papel. Al escuchar su repertorio de barbaridades y su desprecio hacia la libre expresión. Al verlo convertido en el típico caudillo autoritario latinoamericano, ese triste personaje que el mismo estudiante Correa seguro rechazaba.

Hay personas respetadas y admiradas por su forma de ser y actuar, más allá de sus posesiones o poder. A otras se las respeta –o se finge respetar– por el dinero que tienen o el cargo que ocupan. Estas, dejan de recibir halagos, llamadas y visitas cuando pierden poder o su billetera adelgaza. Sabemos bien cuál es el “respeto” que hoy tiene Correa. Se basa en el miedo o el interés de cierta gente. Ese respeto temporal hoy le permite imponerse.

Pero el tiempo pone las cosas y personas en su sitio. Correa será recordado, sobre todo, por sus ataques contra la libertad de expresión, los medios y cualquiera que no piense como él. Triste legado que cargará por los pasillos universitarios de su exilio académico en Bélgica.

Hace poco este Diario entrevistó al expresidente Sixto Durán-Ballén que cumple 90 años. ¡Cómo ha decaído la figura presidencial desde su gobierno! Sixto cuenta que “cuando era presidente alguien me insultó y me gritó: ‘muérete, abuelo’. Yo paré, me di la vuelta y le dije: perdone, una aclaración, bisabuelo”. Cuestión de educación, tolerancia y sentido del humor que hoy tanto escasean en Carondelet.

Correa avanza sin control en su carro blindado, derribando muros y al que se cruce en el camino. Nosotros vamos a pie, recibiendo huevazos. Tarde o temprano su carro se detendrá, abollado y sin gasolina. Nosotros seguiremos caminando.

jueves, julio 14, 2011

Tirar los muros abajo

“Tirar los muros abajo / hacerlos mil pedazos / poner de moda la libertad” cantaba Miguel Mateos. La canción da vueltas en mi cabeza mientras pienso en Guayaquil en este mes de su cumpleaños.

Guayaquil, ciudad de los muros. De rejas, bordillos, murallas. Ciudad del alambre de púas, vidrios sobre la cerca de cemento, rejas eléctricas, garitas, guardia privado, parque cerrado.

Una ciudad que ha avanzado en infraestructura, organización, transporte y servicios, camina para atrás en seguridad y libertad para recorrerla. De poco sirve la calle nueva o la acera remodelada, si evitamos caminar por ella ante la delincuencia. De poco sirve el parque verde si este grita mírame y no me toques, protegido por guardias y rejas.

Hace pocos años tenía la esperanza de que la ciudad sería más fuerte que cualquier mal gobierno central. Que los problemas políticos en Carondelet se quedarían por allá. Acá la ciudad avanzaría, a pesar de los políticos y males centrales.

Pero ahora veo cómo este Gobierno que lo acapara y controla todo, controla también a Guayaquil. Lo ahoga en su incapacidad para frenar la delincuencia. Lo vuelve dependiente del poder central. La maquinaria del Gobierno vuelve cada vez más invisibles las voces locales. Se callan por temor, cansancio o simple conveniencia. Cada día son más las empresas que dependen de contratos con el Estado. Las fundaciones sociales locales se van convirtiendo en proveedoras de servicios para ministerios y proyectos del Gobierno. Los hospitales locales llenan sus salas con pacientes enviados por el IESS y entidades centrales. La economía privada depende cada vez más de la billetera estatal. Y el que tiene la plata manda. Correa lo sabe bien.

Hoy el discurso del Municipio suena cada vez más gastado. No ha sabido renovarse, ponerse al día, sintonizar con la ciudadanía que ya se acostumbró y no le impresiona la calle regenerada o la nueva línea de Metrovía. ¿Dónde quedó la autonomía? ¿Se durmió la causa ante el aumento del poder –y billete– central? Ponerse bravo, pegar tres carajazos o llenar la 9 de Octubre de gente flameando banderas celeste y blanco sirve de poco, cuando todo el sistema y el poder están dirigidos y manipulados desde Carondelet.

Algo se está perdiendo en Guayaquil. Nos estamos contagiando de esa pasividad socialista que espera cruzada de brazos que el Gobierno haga algo. El aumento de la delincuencia, la falta de empleo, y el control cada vez mayor del Gobierno central sobre nuestras vidas no nos hace reaccionar. Seguimos esperando sentados. Nos estamos acostumbrando.

El Municipio, los líderes locales, las voces independientes se vuelven pequeñas y torpes frente a la omnipresencia e impacto de Correa. ¿Hay iniciativas locales? ¿Nuevas acciones? ¿Propuestas para generar los cambios que el Gobierno no logra? Nos las vemos. Nadie las presenta.

En cuatro años, el Gobierno ha sido incapaz de frenar la delincuencia o generar condiciones para crecer. Solo ha sabido aumentar su control y poder. En lugar de tirar los muros abajo, la ciudad los construye cada vez más altos. En lugar de lograr autonomía e independencia, el pulpo central nos atrapa con más fuerza.

Este julio, Guayaquil tiene poco que celebrar.

jueves, julio 07, 2011

Apachurrados


Cristina de Kirchner prohibió en Argentina la publicidad de oferta sexual en medios de comunicación. Fernando Alvarado, secretario de propaganda de este gobierno, envió por Twitter su felicitación.

Me equivoqué con los socialistas del siglo XXI. Sabía que sus políticas estatistas destruirían la economía. Pero pensé que al menos traerían cambios progresistas en lo social. Que vendrían con onda vanguardista, liberal y cosmopolita, alejada del clima conservador y moralista de la derecha. Pero no.

La derecha suele ser liberal en temas económicos (que el Estado no se meta en los negocios), pero estatista y conservadora en temas sociales (que el Estado imponga mi idea de lo “moral”). La izquierda suele ser lo contrario: estatista en lo económico (que el Estado controle y dirija la economía) y liberal o progresista en lo social (que cada quien viva su vida). En ambas tendencias hay una contradicción. La libertad no puede ser selectiva. Debe aplicarse a todo, lo económico y social.

Pero este Gobierno nos ha traído lo peor de los dos mundos: es estatista en lo económico y en lo social. “En el terreno moral soy muy conservador”, dijo Correa hace poco.

Correa tuvo la oportunidad –la sigue teniendo– de poner al Ecuador en el camino de las sociedades avanzadas y tolerantes en lo social. Pudo ser el presidente que impulsara el verdadero respeto a la diversidad y libertad individual, en lugar de esquivar temas claves de nuestra época, como legalización de las drogas, matrimonio homosexual, aborto, real laicismo y verdadera libertad para expresarnos y tomar decisiones sobre nuestras vidas. Quienes sí han encarado estos temas, como María Paula Romo, están ya fuera del Gobierno. Y Correa ha evadido el debate desacreditando sus ideas, tachándolas de “anticlericalismo absurdo”, ideas de “seudointelectuales posmodernistas” que “no las compartimos y sabemos que no las comparte el pueblo ecuatoriano”.

Lástima. La libertad merece apoyo a pesar de no ser popular o que una mayoría prefiera imponer su visión de moralidad a la minoría.

Fue Correa, aunque pareciera algún socialcristiano, quien quiso incorporar, a través de un veto a la Ley de Educación, horas de educación religiosa no obligatorias en las instituciones públicas. Al menos aquí sus asambleístas le dijeron que no al veto, haciendo respetar el laicismo en el Ecuador.

En lo que a comunicación y libertad de expresión se refiere, el correísmo resulta tan o más moralista que el Municipio de Guayaquil, que ha decidido impedir a nuestros artistas presentar obras “sexualmente explícitas” en el Salón de Julio. Mientras en el Museo Municipal atentan contra la libertad imponiendo “arte sin sexo”; Betty Carrillo, una de las responsables de la nueva Ley de Comunicación, nos dice que un programa de farándula como ‘Vamos con todo’ “no debe ser presentado en ningún horario”. Correa antes ya sacó del aire a “Laura en América”. El Gobierno como censor de chismografía.

Para rematar, el socialismo moralista del siglo XXI nos impide tomarnos un trago una tarde de domingo o apostar nuestra plata en un casino.

Estamos apachurrados entre moralismos de izquierdas y derechas instalados en el poder. La libertad reclama un cambio de ideas y liderazgo en nuestra política.

jueves, junio 30, 2011

Empresarios

El semanario Líderes presentó los resultados de una encuesta sobre los empresarios y las empresas más respetados del Ecuador. En este país tan politizado, lo político se lleva la mayor parte de nuestras discusiones, páginas en diarios y minutos de los noticieros. Lo malo vende más. Los políticos siempre serán noticia.

Por eso viene bien reconocer a los buenos empresarios, no solo los grandes, sino todos los que alguna vez tuvieron una idea, montaron su negocio y cada mes pagan el sueldo a un equipo de trabajadores.

El empresario mantiene este país a flote a pesar del Gobierno. Si bien hay ministros y funcionarios que sí entienden la importancia del sector empresarial y buscan acercamientos, el mensaje que sale con más fuerza de este Gobierno es de idolatría hacia lo público y estatal y rechazo a la actividad privada. Ese lugar imaginario, donde las empresas públicas sí funcionan y no están embarradas de corrupción y la burocracia es más eficiente que el sector privado, sigue secuestrando las mentes de Carondelet.

Los empresarios en este país no son perfectos. Tienen muchos defectos. Pueden no ser carismáticos como los políticos. Pero su éxito no se basa en su simpatía, promesas, discursos o en el número de elecciones ganadas. Se basa en resultados, producción, empleos generados y mucho más. Merece aplausos quien a pesar de este Gobierno, invierte en poner un negocio y se arriesga, en lugar de palanquearse un puesto en un ministerio o uno de esos contratos con el Estado.

Hay empresarios conocidos por sus incumplimientos con la ley, maltrato a empleados, corrupción y abuso de poder. Pero esos son rechazados. No los veo en la lista de empresarios más respetados. La sociedad no los pone de ejemplo. Irónicamente, algunos de ellos son grandes aliados de este Gobierno.

Todos buscamos ganar más, darle lo mejor a nuestras familias, tener el dinero que nos dé tranquilidad. Buscamos esta riqueza de distintas maneras, según nuestros gustos, habilidades y ética. Unos la heredan. Otros la generan con su creatividad, riesgo y emprendimiento. Otros la ganan trabajando como empleados, dando servicios a terceros, o desde el sector público. Otros la ponen a ganar intereses en un banco. Otros hacen negociados con el Estado.

De todas las formas de hacer dinero, la del empresario tiene la virtud de multiplicar. Mientras mejor le va al empresario, mejor le va a todo un grupo de personas relacionadas de forma directa o indirecta con la empresa. Suena obvio, pero en este Gobierno muchos no lo entienden. Creen que al empresario la plata le cae del cielo, sin riesgo ni trabajo, y que el papel del Estado es exprimirlo, en lugar de generar las condiciones para que gane más dinero, compita y siga emprendiendo. Para este Gobierno, la misión de las empresas parecería reducirse a financiar su burocracia.

Un Estado eficiente, estable y previsible, con leyes que no cambien cada vez que llueve, ayuda a tener mejores empresarios. Si en el Gobierno tan solo entendieran esto tan básico y vieran a los empresarios como sus aliados para disminuir la pobreza, el cuento sería distinto.

¿Reconocerá algún día este Gobierno a los mejores empresarios en lugar de ahuyentarlos?

jueves, junio 23, 2011

Depósito seguro

La noticia explotó en varios medios. Rafael Correa depositó, hace casi un año en Alemania, un poco más de la mitad del dinero que le ganó al Banco Pichincha en un juicio. Haber estado injustamente en la central de riesgo y sin acceso a crédito, le causó un grave daño moral que al final se valoró en 600 mil dólares, libres de impuestos. Como dijo alguna vez el gran hermano, los Correa somos razonablemente listos.

Si el origen de este dinero ya había despertado cuestionamientos, ahora el lugar donde lo ha depositado da más de que hablar. Unos reprochan que un presidente que critica a la banca por sacar su dinero del país, haga lo mismo con el suyo. Que se contradice con su ideología y sus políticas nacionalistas y proteccionistas. Otros lo critican por no cumplir su ofrecimiento de hacer con el dinero “lo que diga el pueblo ecuatoriano”, pues “nunca he tenido apego al dinero, nací pobre y moriré pobre”. Otros dicen que debería donarlo al fideicomiso ITT. Que eso enviaría un poderoso mensaje a la comunidad internacional de su confianza en el proyecto. Además, pagaría varios viajes y hoteles para que nuestros representantes consigan más plata para el proyecto y para poder seguir viajando.

Pero todas estas críticas y sugerencias están de más. Yo apoyo la decisión del presidente. Correa tiene el derecho de hacer con su dinero lo que quiera. Nadie puede exigirle cómo utilizarlo o dónde guardarlo.

Si él quiere depositarlo en un país estable, con leyes, instituciones y bancos sólidos, y además muy cerca de Bélgica donde se jubilará, adelante. Correa, como cualquier ciudadano, no tiene por qué dar cuentas a nadie de lo que haga con su plata.

A pesar de sus discursos y oxidadas consignas nacionalistas, Correa ha resultado ser un hombre pragmático a la hora de cuidar su dinero. Como cualquier persona que se preocupa por su patrimonio, Correa ha elegido el lugar más seguro donde guardarlo. Sabe que Ecuador no es ese lugar. Sabe que mañana un gobierno abusivo se lo puede congelar o se puede inventar cualquier historia para quitárselo. Sabe que un gobierno socialista puede sacar una ley que lo obligue a pagar de manera retroactiva los impuestos que la ley actual no le exigía pagar (o al menos así lo dijo Carlos Marx). Sabe que ante el despilfarro del sector público y una eventual caída del precio del petróleo, podría faltar liquidez al Gobierno para pagar sueldos, y caerse la dolarización. Ahí su dinero se convertiría instantáneamente en 600 mil devaluados nuevos sucres.

Por eso Correa protege, con toda razón, su dinero en el extranjero. Si no lo sacó todo, fue quizás para no pagar más de ese 2% de impuesto de salida de capitales.

El ciudadano Rafael Correa sabe mejor que el Estado, que el Gobierno y que el presidente Correa, lo que le conviene hacer con su dinero. Él sabrá invertirlo, gastarlo o guardarlo como mejor considere. Ningún gobierno, ningún presidente, ningún burócrata de turno puede decidir por él ni sabrá hacerlo mejor. Primero está su libertad individual.

Cómo cambia la cosa cuando se trata de plata propia…

jueves, junio 16, 2011

Robo a domicilio


Rafael Correa critica el consumo eléctrico del periodista Alfredo Pinoargote. Lo ataca mostrando su planilla de luz al país entero. “¿Qué tendrá este señor, hidromasaje?”, pregunta a su público del sábado.

Según las mentes socialistas del siglo XXI es casi un crimen utilizar más electricidad que el promedio. Es una ofensa tener dinero y gastarlo. Salvo, claro está, que quien lo tenga y lo gaste sea el Gobierno. Parecería que lo ideal, según este Gobierno, es ser pobre. Total, son los más pobres quienes votaron mayoritariamente por el SÍ en la consulta, como lo indicó Correa hace poco.

El Gobierno habla de quitar subsidios al consumo eléctrico. Si de quitar subsidios se tratara tiene todo mi apoyo. Ya es tiempo de quitar los subsidios a la gasolina, al gas, a la electricidad, obviamente de manera focalizada para no afectar a los más pobres.

Pero lo que están haciendo con la electricidad no es quitar un subsidio. Es un castigo al consumo. Es un asalto a las familias. Es un impuesto más que pretenden clavarnos para financiar sus infinitos gastos e ineficiencias. Es otra acción improvisada y apurada del Gobierno para reunir más plata, ante su incapacidad para generar las condiciones que creen empleos nuevos, atraigan inversiones y crecimiento y, ahí sí, mayores ingresos para el Estado vía impuestos regulares.

Me impresiona lo improvisado que es este Gobierno después de cuatro años en el poder. Tanta Senplades, tanto ministerio nuevo, tanta secretaría, y al final todo parece decidirse a última hora según el estado de ánimo de Correa.

Hace no mucho armó medio escándalo por los calefones a gas. Dijo que los prohibiría. Ahí quedó. Hace no mucho incentivaron la compra de vehículos híbridos. Las calles y el ambiente se beneficiaron. Pero ahora los castigarán con más impuestos. Gobierno de la improvisación.

Ahora nos hablan de impuestos ‘verdes’, dan marcha atrás parcialmente, y al final aceptan que en realidad no son tan verdes. No pueden esconder lo obvio: el impuesto es verde, pero no verde campo o naturaleza. Es verde PAIS. Verde billete.

Dicen que los recursos de estos impuestos no irán al gasto corriente. Que la plata irá a la salud. No les creo. Si un alcohólico te pide plata, aunque te jure que la utilizará legítimamente, seguramente la gastará en la licorería de la esquina. Este Gobierno es adicto al gasto. Adicto a la burocracia y el despilfarro. Ahí se irá la plata.

Nos meten la mano en el bolsillo para mantener su estilo de vida. El Gobierno que más plata tiene es el que más nos la quita. No pueden ni saben disminuir su enorme gasto. No pueden dejar sus carros con chofer, sus cadenas nacionales, su infinita publicidad, sus empresas públicas ineficientes, sus diarios quebrados, sus nuevos edificios, sus eventos millonarios, sus contratos a dedo, sus ministerios inútiles, sus burócratas y funcionarios reciclados y multiplicados.

Minimizan el costo político de sus decisiones cargándosele a los que seguramente ya son sus opositores. Lo que importa es mantener los votos de la mayoría con dádivas populistas.

El Gobierno nos roba a domicilio. Y nos estamos dejando asaltar para evitar que dispare.

jueves, junio 09, 2011

Incondicionales


Hace no muchos años salían en la televisión, ocupaban cargos públicos en gobiernos pasados, aparecían detrás de su líder. Fueron sus incondicionales. Hoy viven en grandes casas. Conducen carros de lujo. Siguen haciendo sus negocios. Pero su poder frente al Estado ha sido reemplazado por nuevos incondicionales.

Si los incondicionales de antes decían ser de derecha, los de hoy dicen ser de izquierda. Da igual. Son tan parecidos. Lo que importa es estar cerca del poder, ocupar un cargo importante, obtener grandes contratos, ser parte del reparto de la torta. Para eso nada mejor que este nuevo socialismo, con un Estado metido en todo, manejándolo todo, repartiendo fondos ilimitados por todos lados, contratando a dedo, despilfarrando sin control ni fiscalización.

A varios incondicionales les suele ir mal antes de ser parte de un gobierno. Tienen deudas, negocios fracasados, periodos de desempleo. Pero su militancia en el gobierno cambia eso de inmediato. Se vuelven exitosos, con nuevos negocios, grandes casas y sus hijos estudiando en el extranjero. Cosa extraña para los que ocupan cargos públicos, pues no deberían tener otro ingreso que su sueldo. Pero ellos saben hacerlo rendir. Y multiplicarlo con nuevas empresas, socios y jugosos contratos con el Estado.

El incondicional no cuestiona. Sabe decir siempre sí al jefe. Sale a defenderlo ante las cámaras, en cocteles y frente a sus amigos. Dice ser un convencido de las políticas del líder. Apoya incluso sus abusos o se hace de la vista gorda cuando estos ocurren.

Si antes era periodista y defendía la libertad de expresión, hoy ataca y busca callar a los medios siguiendo el estilo de su jefe.

Si el jefe pide otra cadena nacional para atacar, los incondicionales la producen al instante. No importa el abuso y despilfarro de fondos públicos. No importa que las cadenas deban usarse de manera excepcional. Los incondicionales arremeten con todo. Desprestigian, tergiversan la verdad, manipulan.

Si el jefe necesita apoyar una nueva ley, los incondicionales asambleístas votan sin cuestionar. No tienen problema en defender públicamente ideas con las que están en desacuerdo. Que todo sea por el jefe, por el proyecto, por el acceso al poder.

Si el gobierno necesita desempolvar un caso ya juzgado para atacar a un medio de comunicación, sus incondicionales dirán que no buscan perseguir ni perjudicar a nadie. Que esto es un tema técnico y jurídico. Que solo quieren hacer justicia y recuperar fondos para el Estado. Un buen incondicional sabe mentir y repetir el mensaje presidencial.

Los abusos nunca son obra de una sola persona. El jefe de un gobierno no puede hacerlo todo. Necesita a su equipo de incondicionales que no cuestionen, que actúen, que lo protejan. Gente leal que ejecute sus órdenes. Gente dispuesta a todo.

Pasará el tiempo, pasará el gobierno. Algunos incondicionales tendrán problemas, enfrentarán juicios, huirán, se refugiarán en el extranjero. Al final, tranzarán su libertad, regresarán y siempre encontrarán algún bolsillo interesado en recibirlos. Y los veremos en sus grandes casas y carros de lujo, mientras nuevos incondicionales ocupan sus puestos. Su número y poder dependerá del tamaño y disponibilidad de la torta pública, que hoy es más grande que nunca.

jueves, junio 02, 2011

Con la llave abierta

Una de las primeras acciones de Rafael Correa al asumir el poder fue reducirse el sueldo. Hoy parece una broma adelantada ante el despilfarro que se venía.

Un balance de los primeros cuatro años del Gobierno, publicado por la Cámara de Industrias y Producción, indica que este Gobierno ha recibido muchísimos más ingresos que los gobiernos anteriores (75 mil millones de dólares, sin contar el 2011), y ha gastado de largo más que el resto y por encima de sus ingresos (77 mil millones de dólares). Toda la plata no ha alcanzado.

Seguimos endeudándonos para que nuevos burócratas ocupen escritorios de algún nuevo ministerio o entidad gubernamental cuya principal función, en la práctica, es pagar sueldos y desarrollar proyectos para los que se necesitarán pagar sueldos adicionales. ¿Cuántos son los beneficiados? ¿Cuál es el cambio generado en la sociedad? En cuatro años de gobierno en realidad eso ha pasado a segundo plano. Lo importante es resaltar, con alguna emotiva campaña publicitaria, los fondos invertidos como logro principal.

Correa justifica el gasto de su gobierno. Dice que hemos recuperado el rol del Estado. Explica que si nuestros ingresos han aumentado es porque hemos renegociado la deuda mejor que ningún otro gobierno, y porque los ingresos petroleros ya no se los llevan las compañías privadas, y porque los impuestos se recolectan de manera más eficiente. Sin duda el Gobierno ha sido exitoso en aumentar sus ingresos. Sin duda una parte de los recursos va a importantes inversiones. Pero esto no quita lo de fondo: están despilfarrando nuestra plata, están sobrealimentando un Estado cada vez más obeso, están poniendo en riesgo la estabilidad de todos.

Si hay tanta plata, ¿para qué nuevos impuestos? Ahora aparecen con el impuesto verde, que de verde solo tiene el nombre. Deberían tener la frontalidad para decirnos que han gastado demasiado, y necesitan más. Si quieren proteger el ambiente, mejor eliminen el subsidio a la gasolina. Hace un año Correa dijo que lo revisaría. Pero es más fácil cobrar más impuestos.

Entre sueldos de una burocracia que no para de crecer, bonos y subsidios, empresas ineficientes que pierden millones (El Telégrafo, Alegro), e infinita publicidad, la plata no alcanza. Sí, están las carreteras, los hospitales, los proyectos de infraestructura, la educación y la salud que cuestan mucho. Bien por las obras que se han realizado. Pero, ¿a qué costo? No pueden seguir vendiéndonos el gasto público como un logro en sí mismo, mientras nos cobran más impuestos y ponen al país en riesgo.

Crear nuevos ministerios, secretarías y entidades públicas no es señal de que estamos avanzando. Gastar más plata en un sector no refleja un cambio. Es fácil hacerlo. Basta un plumazo y hacerle otro hueco al presupuesto del Estado. Y a cruzar los dedos para que no caiga el precio del petróleo mientras dure el Gobierno. El cambio está en generar resultados con un gasto responsable.

Cuatro años después, el Gobierno sigue vendiéndonos su éxito en función de lo que han gastado, lo que han comprado, lo que han repartido. El gasto sin límite compra felicidad temporal que después se paga cara. ¿Alguien en el Gobierno que se atreva a cerrar la llave?

jueves, mayo 26, 2011

Justicia dinamita

El Gobierno convocó a la reciente consulta y referéndum, entre otras cosas, para cambiar la justicia en el país. La idea es que, con la intervención directa del Gobierno, de ahora en adelante tengamos jueces rectos, imparciales y honestos.

Pero hasta que eso suceda, parece que el Gobierno ha decidido implementar su propia forma de justicia. La justicia inmediata y explosiva. La justicia militar. La justicia dinamita.

El Gobierno decidió frenar, por la vía militar, la actividad en unas minas ilegales en Esmeraldas que contaminan el medio ambiente. Para ello, el presidente decretó estado de excepción en la zona. El Gobierno argumenta, con razón, que la minería ilegal “ha provocado daños irreparables a los ecosistemas locales contaminando las fuentes de agua, afectando las actividades productivas agrícolas y perjudicando así la salud de los habitantes de las zonas”.

Sin embargo, la buena intención del Gobierno de proteger el ambiente y hacer respetar la ley, se dispara en el pie al tomar medidas exageradas.

Armaron un superoperativo que ya lo quisiéramos para detener a criminales y sicarios. Los militares aparecieron sorpresivamente y detuvieron la actividad de los mineros. Pero no se quedaron ahí. Llegaron al extremo de dinamitar cerca de cien excavadoras.

La explicación del ministro de Defensa es simple y preocupante: prefirieron destruir la maquinaria, porque si incautaban las máquinas, un juez podía obligar a devolverlas y así no lograrían nada.

Moraleja: cuando los jueces no funcionen –o no actúen según los deseos del Gobierno– los militares lo harán. ¿Para qué tanta consulta popular entonces? Si el problema son los jueces corruptos, más fácil es saltárselos, y recurrir a esta justicia armada. Si querían eliminar los casinos ilegales, y se quejaban que ciertos jueces les permitían operar, más fácil y efectivo era armar un operativo militar que clausure los casinos y de paso meterles unas cuantas dinamitas a los tragamonedas. Asunto resuelto. La venta de CD y DVD piratas también se la podría resolver facilito con este método, sin tanto abogado ni demanda. Métanle dinamita a las tiendas y listo.

El Gobierno quiere intimidar, mostrando su poder y autoridad. Montaron, como tiene que ser en esta revolución mediática, todo un show producido para la televisión, con cientos de militares descendiendo en helicópteros, ocupando sorpresivamente las minas y haciendo estallar los tractores. Todo esto se transmitió, no podía ser de otra manera, en cadena nacional en horario estelar.

Pero en lugar de mostrar autoridad, el Gobierno revela un Estado débil y sin institucionalidad. Con este tipo de acciones aceptan que no hay intención de respetar las instituciones ni operar de manera civilizada.

El Gobierno debe luchar por la protección del ambiente y hacer respetar la ley. Pero la forma es tan importante como el fondo. De lo contrario, estas empresas y grupos ilegales, que antes no tenían argumento para reclamar, ahora lo tienen. Los mineros tomarán acciones legales contra el Estado. Podrán denunciar la destrucción de su propiedad privada. Y al final, todos terminaremos pagando la irresponsabilidad y abuso del Gobierno con dinero de nuestros impuestos.

La maquinaria destruida es un pésimo precedente. Abre las puertas a la ley de la selva.

jueves, mayo 19, 2011

Feliz día, Sofía

Y así, de repente, desaparecieron tus pañales, tus chupones y tus llantos a media noche. Ahora, mientras te acuesto a dormir, me explicas el poder mágico que tiene el pelo de Rapunzel. El tiempo pasó volando. Cumples cuatro años.

¿Te cuento un secreto? Tú has crecido y madurado muchísimo más que ese señor que sale a cada rato en la tele, siempre bravo y gritando cosas feas. Sí, el presidente. ¡Tantas veces me has reclamado cuando te cambio tus dibujos animados por los noticieros donde él aparece!

El otro día te llevamos a votar por primera vez. De mentiritas nomás, aunque algunos quisieran que las niñas de tu edad puedan votar para así sacar los votos que los adultos no les dan. ¡Mejor ni pensarlo! Interrumpirían tus programas con cadenas animadas y música de Disney plagiada.

¿Puedes creer que en tus cuatro años de vida he tenido que votar como seis veces? Yo tampoco. Lo que pasa es que al presidente –sí, el que usa camisas de dibujitos– le encanta que votemos a cada rato. Así, tiene la excusa para salir en más cadenas nacionales, comerciales y entrevistas hechas a su medida, y permanecer de candidato, en lugar de asumir su trabajo. Digamos que es como si tú, a tus cuatro añotes, siguieras gateando y actuando como bebé. Algo así es seguir comportándose como candidato.

Eso solo hace que la gente se insulte y se pelee más. Sí, como Peter Pan y el Capitán Garfio. Y que yo me preocupe más por ti. Por tu seguridad, tu libertad, tu futuro. Por dejarte un país mejor que el mío y el de tus abuelos.

Cuando yo tenía tu edad caminaba tranquilo con mi mamá por la ciudad. No había garitas que atravesar ni guardias vigilando la heladería de la esquina. Ahora, en cada semáforo que nos detenemos, miro atento para todos lados. En los últimos meses han asaltado a tu tío y a tus cuatro abuelos. Los ladrones los apuntaban con pistolas de verdad, mientras les quitaban las cosas. Nosotros hemos tenido suerte. Solo nos han robado una vez. ¿Te acuerdas cuando rompieron el vidrio del carro?

Ese no es el país que quiero para ti. No quiero que pases tu vida entre garitas, guardias armados, robos, violencia y muerte. Pero parecería que a esos políticos que gritan en la tele no les importa. Dicen que es percepción, que exageramos las cosas. Y en lugar de trabajar para solucionar el problema, tratan de convencernos de que aquí no pasa nada, que todo es una maravilla. Por suerte manejas bien el control remoto, y apenas sale la bandera con la musiquita anunciando otra cadena nacional, tú cambias a tu canal, donde la fantasía sí es real y nadie dice mentiras.

Por tus cumpleaños, quisiera regalarte un lugar más libre y seguro para vivir. Pero eso tendrá que esperar. Puedo prometerte, al menos, denunciar a esos señores que tratan de engañarnos. Y cuidarte todos los días y educarte bien para que nunca te creas sus mentiras.

Tranquila, Sofía. Sigue tan linda y contenta como ahora, mientras apagas emocionada tus cuatro velas. Si tú estás feliz, nosotros también.

jueves, mayo 12, 2011

Perder ganando

El Gobierno logró perder habiendo ganado. El triunfalismo exagerado y apresurado y esa actitud tan correísta de sacar la lengua al perdedor, los golpearon en la cara y los sentaron en la realidad. Ganaron, sí. Pero por tan poco, que el triunfo terminó oliendo a derrota. ¿Aprenderán algo del papelón?

Actualizo la página web del CNE que lentamente va cargando los datos –¿tendremos algún día un conteo de votos civilizado y eficiente, en lugar de retrasos, gritos y caos?–. Los tres objetivos que Correa aseguró haber cumplido –ganar en las diez preguntas, en el mayor número de provincias y con la mayor diferencia de votos– se escapan de sus manos. El Sí y el No están cerca en todas las preguntas. En la mitad de las provincias podría ganar el No. Y dos preguntas claves casi empatan.

Los personajes del Gobierno desfilan por esos medios que hoy controlan y aquellos contra los que tanto despotrican. Dicen que de todas formas han ganado. Aseguran que la diferencia de votos aumentará. Que el problema es que enfrentan a una prensa corrupta, a los poderes fácticos, a la partidocracia, y otros enemigos imaginarios. Que la oposición hizo campaña con comedia en lugar de ideas. Incluso, con un cinismo monumental, dicen haber estado en desventaja en la campaña por las críticas recibidas en los medios, cuando el Gobierno copó todos los espacios con recursos públicos, llegando incluso al abuso y descaro de transmitir, durante la última semana de campaña, varias cadenas nacionales prohibidas.

Se quejan, reclaman y reiteran su triunfo. Pero no los veo entender el mensaje de esta votación. Que no pueden continuar dividiendo a los ecuatorianos. Que deben gobernar para todos, y no para unos y contra otros. Que deben dejar los ataques, el abuso, las persecuciones, la manipulación mediática, los insultos. Que deben enfrentar a los criminales que nos están matando, y no a los ciudadanos que expresan sus opiniones. Que para recuperar la confianza y el apoyo de la gente, no servirán bonos, borregos, luchas de clases, ni el Cholito y Bonafont atendiéndose en hospitales que la realidad esconde.

No han entendido. Siguen igual que antes. Quieren imponerse a como dé lugar, a pesar de haber perdido el apoyo de la mayoría. Para ellos la oposición se limita a los medios y unos cuantos grupos extremos. No ven que medio país los ha rechazado. No han aprendido nada.

Nunca es tarde. Este sabor a derrota debería ser lo mejor que les haya pasado, para abrirles los ojos, para ver la realidad que su vanidad ocultaba, para entender que deben cambiar. Tal vez ahora sí se den cuenta de que estamos desesperados entre tantos robos y violencia en las calles, mientras en la cárcel mantienen a un preso político. Tal vez entiendan que nuestras vidas no les pertenecen. Que somos libres. Tal vez recuerden que su poder es temporal.

Correa ganó su consulta, pero perdió el apoyo de la mayoría del país. Perdió ganando. Su Gobierno podría ganar de verdad y hacer que ganemos todos. Bastaría con aprender la lección que este voto deja. Bastaría con cambiar de actitud. Deberían hacerlo. Pero parece que no les interesa.