jueves, octubre 08, 2009

No con cualquiera

No esperaba gran cosa del encuentro entre el Presidente y los indígenas. Pero me equivoqué. Estuvo de lo más divertido. Se tutearon. Se dijeron unas cuantas verdades y otras mentiras. Hasta le dijeron a Correa estúpido y le sacaron en cara que habla mal el quichua. Al final ganó Correa. Se anotó puntos valiosos al lograr detener los levantamientos indígenas.

Recuerdo un profesor en mi universidad, un gringo fanático de los países andinos, que admiraba profundamente los movimientos indígenas del Ecuador. Los ponía siempre como ejemplo, por haber sido los primeros en la región en hacerse notar y cobrar importancia política. Si mi profesor los viera hoy creo que estaría decepcionado. No se ve en los dirigentes indígenas un deseo de presentar propuestas constructivas. Solo se ven ganas de reclamar por reclamar.

Es irónico que hoy los movimientos indígenas reciban, en gran medida, el apoyo de Guayaquil. Según una reciente encuesta de Perfiles de Opinión, el 67% de los guayaquileños está de acuerdo con las movilizaciones indígenas, frente al 42% de quiteños. De forma similar, el 49% de Guayaquil está de acuerdo con el paro de los maestros, frente al 20% de Quito. Estos números lo que realmente nos dicen es que el grado de rechazo y oposición a Correa, sobre todo en Guayaquil, se ha radicalizado de tal manera que estamos dispuestos a apoyar a quien sea que le arme relajo al Gobierno. No importa que sean grupos indígenas o de maestros, tradicionalmente contrarios al progreso que traen el libre mercado y la empresa privada, que Guayaquil representa y defiende.

Es una lástima. La radicalización del Gobierno ha llevado a la radicalización de la oposición. Aunque sin caras muy visibles, esta oposición ideológica existe. Pero su causa pierde legitimidad cuando apoya grupos y protestas con los que realmente no concuerda.

Correa utilizó en su momento al MPD y la UNE como su aliado y fuerza de choque. Y a los grupos indígenas los convenció desde el primer día con su Pacha Mama y su suma kawsay, que hasta asoman en el preámbulo de la Constitución. Ahora es la oposición la que, ante la presencia de un enemigo común, defiende a estos grupos.

Muchos sostienen que este Gobierno, y sobre todo este Presidente, no tienen arreglo. Que no dará marcha atrás en sus abusos y su nefasto experimento socialista. Puede que tengan razón. Pero debemos al menos intentar que este Gobierno rectifique. Intentar dialogar y tender puentes por el bien de este país. Se trata de hacer oposición constructiva y frontal. No de conspirar y apoyar a cualquier lanzapiedras.

Estar en oposición a un Gobierno no debe significar el apoyo a cualquier otro grupo que haga oposición, sin importar sus ideas o acciones. Los bloqueos de carreteras de ciertos dirigentes indígenas y las amenazas de paro de la UNE, no se justifican hoy por ser contra Correa. Siguen siendo las mismas condenables acciones de siempre, que solo traen más atraso, pobreza e ignorancia a este país.

Siguen siendo enemigos del progreso, estén a favor o en contra de Correa. No merecen nuestro apoyo, aunque a veces provoque salir con ellos a las calles a gritarle a este Gobierno.

miércoles, octubre 07, 2009

Revista la U. - Octubre 2009

Ya está circulando la U. de octubre en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, octubre 01, 2009

¿Quién sonríe?

Me llegó un boletín de la Vicepresidencia que anuncia la III fase de la campaña Sonríe Ecuador. No sé ustedes, pero a mí me pareció una broma de mal gusto. Con tanta sangre y violencia en cada esquina del país, gastar la plata de los ecuatorianos en otra campaña de sonrisas simplemente no cuadra.

El boletín dice que esta fase de la campaña busca, entre otras cosas, impulsar “una cultura de respeto, amabilidad, alegría y solidaridad en la sociedad…”. Qué tal si en lugar de inundar nuestras pantallas, transmiten los comerciales solo al Presidente cada noche antes de irse a dormir. Le vendría muy bien un curso intensivo en respeto.

No necesitamos una campaña que pretenda vendernos alegrías. Necesitamos un Gobierno que se quite esa venda ideológica y de poder, que acabe con tanta estupidez e inicie de una vez por todas el camino que nos permita vivir alegres.

Hoy miles de desempleados no sonríen. Difícil andar con una sonrisa cuando la barriga y la billetera están vacías. Cuando el Gobierno se empeña en cerrar más oportunidades, con leyes laborales e impuestos dizque solidarios que solo complican la contratación de nuevos empleados. Cuando el Gobierno insiste en culpar de todo a la noche neoliberal, y no ve que en dos años de sus noches populistas-socialistas estamos peor todavía. Cuando nuestros vecinos de Colombia y Perú reciben miles de millones de dólares en inversiones gracias a su estabilidad, seguridad y elemental cordura, mientras a nuestro país le caen migajas.

Hoy miles de víctimas de la violencia cotidiana no pueden sonreír. Terribles asesinatos se suman a los robos, secuestros e inseguridad a los que estamos acostumbrados. Tomar un taxi es jugarse el celular, la billetera y a veces la vida. Una luz roja en la noche es señal de acelerar para evitar un asalto. Guardianía, alarmas, rejas, garitas y pérdida de libertad son el alto precio que individuos, negocios y empresas deben pagar.

¿Y cómo responde el Gobierno ante el desempleo y su par la violencia? Con más impuestos y confrontación. Exprimiendo aún más al sector productivo y el bolsillo de los ciudadanos para tener más plata con qué pagar los gastos de su enorme burocracia –¿alguien puede nombrar todos los nuevos ministerios creados en este Gobierno?–, los bonos que compran popularidad, votos y aplausos, y las campañas, como la del Vicepresidente, que intenta vender sonrisas entre tantas lágrimas.

Se acabó la broma. Se gastaron los discursos. Es tiempo de que el Gobierno vea sus errores. No necesitamos que caiga otro Presidente. No queremos inestabilidad política. No necesitamos nuevos oportunistas tras el poder.

Queremos un Correa que recapacite, abra los ojos, se rodee de la gente correcta y dé los pasos sencillos pero contundentes que traigan bienestar. Por ejemplo, simplemente entender que para que haya menos robos y violencia se necesita más empleo, y para eso se necesitan más empresas e inversiones, y para eso se necesitan estabilidad, reglas claras, seguridad jurídica y un gobierno que apoye al emprendedor y al sector privado en lugar de perseguirlo, bloquearlo y satanizarlo. No tiene por qué ser tan complicado.

Una campaña no bastará para generar sonrisas. Hace falta mucho más. Seguimos esperando que el Gobierno se ponga del lado de los ecuatorianos.

viernes, septiembre 25, 2009

SoHo en Carondelet

De chico siempre la tuve clara. Nuestro enemigo era Perú. Esos peruanos desgraciados nos habían invadido, se nos habían llevado media Amazonía haciéndonos firmar a la fuerza un injusto tratado, y desde entonces ese mapa ecuatoriano que era así de grande, ahora era así de chiquito.

Me tomó unos cuantos años entender que en realidad los peruanos no eran nuestros enemigos. Que era perfectamente legítimo tener amigos de ese país. Que no debíamos denunciar a la policía si nos encontrábamos con uno en la calle.

Mahuad y Fujimori, dos presidentes que hemos preferido olvidar, lograron algo inolvidable: firmaron la paz y acabaron de una vez por todas con esa estúpida división entre dos países con pinta y acentos tan parecidos.

Pero ahora escucho a Hugo Chávez y a su pupilo Rafael Correa quejarse de Colombia y hablar de posibles guerras en Latinoamérica; de que Colombia los está provocando al aceptar que los gringos ocupen sus bases; y que están listos para dar respuestas militares contundentes contra su país vecino. Y me da pena pensar que seguramente los niños ecuatorianos de hoy crezcan convencidos que los colombianos son sus enemigos. Que el señor que vende esas almojábanas en la panadería colombiana de la esquina es en realidad un espía. O que la espectacular modelo colombiana mostrando el nuevo convertible en el centro comercial ha sido enviada por el malévolo imperio para vigilar cada uno de nuestros movimientos.

Mientras nuestros populistas escandalosos gobiernen Ecuador y Venezuela, y la guerra de colombianos y gringos contra las drogas se limite a atacar la oferta e ignorar la demanda; continuará esta absurda tensión entre países hermanos que comparten muchos más que fronteras y colores en sus banderas. Todas esas reuniones, discursos y cumbres presidenciales servirán poco o nada. Más bien lo contrario. Cada vez que uno de estos líderes escupe sus prejuicios a un micrófono eleva la tensión.

Por eso, propongo un plan muy sencillo para bajarle la fiebre belicista a Correa. Que en lugar de envenenarse la cabeza escuchando a Chávez, se ponga a leer SoHo.

Esta revista es un ejemplo palpable de que Ecuador y Colombia podemos complementarnos bastante bien. Estas páginas son la unión de esfuerzos y atributos a ambos lados de la frontera. Unas nalgas paisas en la portada se unen con algún reportaje guayaco, que da paso a una anécdota cachaca en minifalda, para terminar con las ironías de alguna pluma serrana. Aquí nadie invade ni se queja de invasión. Cada quien hace lo suyo en su espacio de papel, para terminar juntitos pero no revueltos. Y todos felices.

Sería bueno que le hagan llegar la revista a Correa todos los meses a Carondelet. En lugar de amargarse por las críticas que la prensa le hace, aprendería sobre cooperación binacional a calzón quitado. En lugar de llorar y lamentarse que los periodistas le hagan oposición, vería que aquí es bien recibida cualquier posición, incluso las de las modelos que no son modelos. Aprendería a no tomarse tan en serio. A reírse de sí mismo. Y al pensar en Colombia ya no se llenaría de rabia imaginando las miradas de Uribe y Santos, los diarios de Reyes, o los videos del Mono Jojoy, sino que en su cabeza desfilarían solo imágenes que le hagan decir jojojoy. Entenderá que hay mucho más en esta vida que andar quejándose o haciéndose el muy bravo.

Envíenle por favor la SoHo del mes a Carondelet. El país estará agradecido. Y los asesores de PAIS también.


* Publicado en revista SoHo de Septiembre/Octubre.

jueves, septiembre 24, 2009

Informo que opino


Ricardo Patiño, en su reciente entrevista con Alfredo Pinoargote en Ecuavisa, mostró lo que este Gobierno espera de los periodistas: que no opinen ni interrumpan. Mejor que se hagan a un lado para que la voz del Gobierno prevalezca. Según Patiño, “uno no tiene esa libertad de expresión que ustedes [los periodistas] tienen”. Traducción: el Gobierno no está todo el día en televisión como los periodistas. Solución: una ley que invierta la situación.

Este Gobierno está enamorado de su propia voz. No quiere dar espacio a periodistas, ni analistas, ni nadie que critique su falsa revolución y muestre la pobreza, desempleo, corrupción y violencia. El Gobierno ya es el más grande dueño de medios de comunicación en el país. Pero eso no le basta. Como si no los tuviéramos hasta en la sopa, el Presidente y sus ministros pretenden aparecer aun más seguido en nuestras pantallas. Y como siempre, son los más pobres quienes sufren el tormento de tantas cadenas nacionales, al no poder escapar a canales de cable.

He escuchado estos días debates sobre la necesidad de mejorar la calidad de los medios y el periodismo en el país. Es un debate muy válido, pero muy aparte del proyecto de ley de comunicación. No le corresponde al Gobierno decir cómo deben actuar los medios, y menos aún exigirlo con amenazas y sanciones. Eso le compete a los mismos medios. Y sobre todo a los televidentes, radioescuchas y lectores quienes con su control remoto premian o castigan la calidad de los canales y con su dinero deciden qué diario vale la pena leer.

El proyecto de ley menciona la importancia de la “democratización de los medios… mediante una distribución equitativa del espectro radioeléctrico a los medios públicos, privados y comunitarios”. Frase muy pomposa que queda en nada. Vargas Llosa la tenía clarísima cuando dijo que “Cada vez que los gobernantes han hablado de democratizar los medios, la libertad de expresión ha entrado en receso y ha desaparecido”.

El problema de fondo, como suele suceder con los gobernantes que desconfían del individuo, es que se pretende dirigir y controlar nuestras vidas. El Gobierno está en todo y por encima de todos. No creen que podemos entender, por ejemplo, cuando un periodista da una opinión, o una información, o ambos. Pretenden entonces regular la libre información y opinión, mientras nadie regula al Gobierno.

Con Pinoargote también se entrevistó María Paula Romo. Ojalá Patiño y Panchana la escuchen y recojan sus posturas. La asambleísta tiene mucho más claro lo que significa la libertad de expresión. Mientras Panchana pasea sus quince minutos de fama, Romo –y estoy seguro que otros asambleístas de su bloque– sabe que este proyecto de ley es una payasada. Le toca ahora actuar, hacer entender a la Asamblea la importancia de la libertad de prensa, y oponerse a aquellos que solo actúan para complacer los deseos del gran jefe.

Nos van quedando solo la televisión por cable y el internet como espacios de expresión realmente libres (hasta que algún iluminado decida interferir nuestros blogs y videos de YouTube con alguna ridiculez nacionalista). Si esta ley pasa, podemos ir despidiéndonos del periodismo libre. ¿Quedarán asambleístas con conciencia, voluntad y voto independientes que defiendan nuestra libertad?

jueves, septiembre 17, 2009

Mensaje de García

La reunión de Unasur en Quito esta semana no logró gran cosa. Se quedó estancada y cada uno se fue para su casa.

Pero al menos esta reunión nos trajo el mensaje de García. De Alan García. Un mensaje claro, al grano, que ojalá escuche más de un presidente de la región.

García envió una carta a los cancilleres reunidos, en la que básicamente decía que no podemos hablar de integración mientras nos seguimos armando hasta los dientes.

García propone que se hagan públicos los montos de los gastos militares de cada país. Que se transparente cuánta plata se va en mantenimiento de instalaciones militares, tropas y en nuevas compras. Esto es importante, según García, para “evitar la competencia armamentista, para profundizar la integración a través de la confianza y aplicar la mayor parte de nuestros recursos a la reducción de la pobreza y de la inmensa desigualdad entre los grupos sociales de nuestros países”.

Puede sonar algo iluso García al pensar que nuestros países confiarán entre ellos ciegamente. Pero al menos sus palabras suenan refrescantes frente a los gritos de guerra de nuestros escandalosos líderes autoritarios en la región.

Alan García da cifras alarmantes sobre el absurdo gasto militar que estamos viviendo en nuestra región: “En los últimos cinco años… nuestros países han destinado al gasto militar un total de 156 mil millones de dólares… y podría alcanzar en este año a 38 mil millones de dólares”. “Si no se hubieran destinado 23 mil millones a la compra de nuevas armas y si se hubiera reducido, apenas, en un 15% el gasto de los cinco años en operaciones normales y mantenimiento de la tropa y recursos, hubiéramos tenido fondos para sacar de la pobreza a no menos de 30 millones de sudamericanos”.

Eso es mucha plata. Y son muchas personas. Lo sabe bien Hugo Chávez, que estuvo recientemente de gran shopping belicista en Rusia. Venezuela junto con Colombia, Brasil y Chile son los países que más han aumentado su presupuesto militar en los últimos cinco años.

Parecería sencillo esto de ser realmente países amigos, con lo mucho que nos parecemos y compartimos. Sin embargo, nuestros presidentes declaman sobre unidad latinoamericana escondiendo una granada en el bolsillo. Y muchos de ellos siguen culpando a los mismos cucos de siempre por nuestra pobreza –el FMI, el neoliberalismo, los gringos– mientras despilfarran absurdamente en armamento.

Tal vez la carta de Alan García se pierda como un simple gesto idealista. Pero basta ver al propio García para ser más optimistas. Este es un presidente que destrozó en su primera presidencia al Perú, cuando su ideología y prácticas se parecían a las que tristemente hoy nos toca vivir con Correa. Pero maduró. Y dos décadas después, en su segunda presidencia, ha abierto su país al mundo y al progreso. Sí se puede cambiar, aunque tome tiempo.

“Es verdad que nos separan modelos ideológicos y que aún discutimos sobre algunas diferencias y reclamos históricos. Pero nada de eso puede llevarnos irracionalmente a la guerra. Y con toda razón el pueblo sudamericano rechazará que se continúe hablando de integración mientras los países se arman unos contra otros…”, concluye el mensaje de García. Que entre tanto griterío trae, al menos, una esperanza en el camino.

jueves, septiembre 10, 2009

Oliver también

La seducción chavista llegó a Hollywood. Oliver Stone, el director de cine que nos ha dado películas inolvidables como Platoon, Wall Street, The Doors, JFK, estrenó en el festival de Venecia su documental South of the Border (Al Sur de la Frontera). Y Chávez es el héroe. El dictador venezolano desfiló junto a Stone por la alfombra roja, firmando autógrafos y sonriendo a los flashes de los paparazis. Toda una estrella.

Según declaraciones de Stone y lo que se puede ver en el tráiler (ya llegará el DVD a la tienda pirata de la esquina), su documental hace quedar bastante bien a Chávez y sus amigos. Según reseñas de diarios, “El documental… presenta a Chávez sonriente, aclamado por el pueblo y evita abordar asuntos delicados como… las críticas a la censura a la prensa”. Se trata de “un retrato inédito y benévolo de Chávez” que describe “solo los aspectos ‘más fáciles’ del movimiento bolivariano”.

Para Oliver Stone, Chávez “es un héroe, un fenómeno”, por ser “el primer mandatario latinoamericano que desafió al Fondo Monetario Internacional…”. Stone, al igual que nuestros populistas latinoamericanos, cae en el fácil discurso de culpar a Estados Unidos, los organismos internacionales y las multinacionales de nuestro atraso; en lugar de reconocer nuestra propia responsabilidad.

Aparecen en el documental entrevistas con la presidenta de Argentina y su esposo. ¿Sabrá Stone que la fortuna de esta humilde y socialista pareja creció el 158% en el 2008, superando los 12 millones de dólares, gracias a sus negocios dudosamente exitosos? Hace también su debut cinematográfico Rafael Correa. ¿Sabrá Stone que ese sonriente señor pretende cerrar arbitrariamente un canal de televisión, o que su hermano se ha forrado de contratos millonarios con el Estado? Raúl Castro asoma también. No hay que recordarle a Oliver sobre la escasa libertad en su país.

Salvo Lula, no aparecen en el documental justamente los presidentes que sí están generando progreso, inversiones, empleo y bienestar en sus países. Bachelet, García y Uribe parecen no ser los suficientemente folclóricos para la película.

Es una lástima que con este documental muchos vayan a pensar, como cree su coguionista, que Chávez representa una versión sudamericana de la socialdemocracia europea. Y no el peligroso populismo autoritario que realmente lidera.

El mundo necesita saber que, a diferencia de la izquierda europea respetuosa de la seguridad jurídica, el derecho a la propiedad, los contratos, las inversiones y la libertad de prensa; la “izquierda” populista chavista va en contra de todo eso, pretende controlarlo todo, y al final nos hunde en más pobreza.

Stone dice admirar a Chávez, pero estoy seguro de que jamás lo votaría para presidente de su país. Al igual que muchos intelectuales de izquierda del primer mundo, su apoyo a estos folclóricos experimentos políticos es de lejitos nomás. En su país prefieren estabilidad, libertad y seguridad. Es más, si Oliver Stone fuera venezolano, para alcanzar su potencial artístico seguramente le hubiera tocado huir del gobierno de Chávez, emigrando a tierras más libres.

Stone dijo que el mundo necesita “decenas de Hugo Chávez”. Pobre Oliver. También ha sido conquistado por la labia chavista. Mejor seguir admirando al director por sus grandes películas y tomar este documental como un simple resbalón en su carrera.

jueves, septiembre 03, 2009

Cayendo

A Hugo Chávez le tomó ocho años como presidente apagar la imagen y voces del canal RCTV. Si Rafael Correa cumple con su amenaza de este sábado, le habrá tomado poco más de dos años deshacerse de Teleamazonas. Correa parece menos radical que Chávez, pero está superando a su maestro en lo que a atropellos a las libertades se refiere.

Marcel Granier, director de RCTV, en una reciente entrevista en diario Hoy, dijo que “aquí Correa avanza mucho más rápido que Chávez. En dos años, Chávez no había hecho todo lo que ha hecho Correa, así que prepárense, que falta lo peor”. El mismo Correa dijo hace dos años que él hubiera cancelado inmediatamente RCTV, sin esperar como lo hizo Chávez a no renovar la frecuencia. Ya nos había advertido de los atropellos que tenía en mente. Estábamos y estamos prevenidos.

No es coincidencia que en Venezuela y Ecuador ocurran estas cosas. No es coincidencia que en los países gobernados por populismos con pretensiones dictatoriales se dé lo mismo. Cuando un gobierno simplemente no entiende lo que significa la libertad de expresión, solo podemos esperar lo peor.

Tener el control de otros canales de televisión –tanto que él decide qué programas se quedan o se van– no es suficiente para Correa. Quiere más. De principal confrontador con los medios de comunicación, se está convirtiendo en su principal propietario y director. Seguimos esperando que se vendan los canales del Grupo Isaías. Y parece que lo seguiremos haciendo mientras dure este gobierno.

Escucho discusiones sobre si Teleamazonas cometió o no una falta al transmitir el audio del Presidente. Pero ese no es el tema. El Presidente está atacando, como nunca se había visto en este país, la libertad de expresión. Ese es el único tema en discusión. Las “faltas” anteriores por las que se ha sancionado a Teleamazonas, para llevarla al borde de una suspensión, son una burla. Son un ataque directo y descarado.

Debe estar feliz Correa de encontrar una excusa que lo acerca al cierre del canal de televisión que le dice las cosas como son. Se le notaba la emoción este sábado, cuando decía exaltado, que “yo no les tengo miedo, no me tiembla la mano, y pediré… que Teleamazonas sea definitivamente clausurada”.

El público también se emocionó y empezó a corear “así, así, así se gobierna”. No se dan cuenta que ese señor que vocifera, hoy empieza atropellando los derechos de un grupo de periodistas, pero mañana les tocará a ellos. Nos tocará a todos.

Correa terminó su exaltado discurso diciendo que “por eso necesitamos los Comités de Defensa de la Revolución… para defender al Gobierno”. Yo me pregunto, en cambio, algo cada día más difícil de contestar: ¿quién nos defiende de este Gobierno?

Carlos Jijón, director nacional de noticias de Teleamazonas, dijo que esto “es una amenaza no solo contra Teleamazonas, es una amenaza contra la prensa en general… para que el resto de la prensa vea lo que le puede pasar si quiere practicar un periodismo independiente”.

La intimidación funciona. Pero no por mucho tiempo. Logrará callar algunas voces. Pero no todas.

Si cae Teleamazonas, caerá más bajo que nunca nuestra libertad. Y Correa empezará a caer también.

miércoles, septiembre 02, 2009

Revista la U. - Septiembre 2009

Ya está circulando la U. de septiembre en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, agosto 27, 2009

¿Emprendedores de boinas rojas?

Según un estudio publicado en la revista Líderes, el Ecuador es un país de emprendedores. Lideramos, junto a algunos vecinos de América Latina, el ranking mundial en actividad emprendedora y desarrollo de negocios.

Emprendemos, en gran parte, porque necesitamos otra fuente de ingreso para redondear nuestro sueldo o porque no encontramos trabajo estable. De la necesidad nacen buenas ideas. Basta con darse una vueltita por las ferias de negocios en colegios o universidades. Los estudiantes están llenos de buenas propuestas de negocios.

Las empresas privadas ponen su parte apoyando el emprendimiento. Por ejemplo, Cervecería Nacional tiene su programa Siembra Futuro que promueve la creación de nuevas empresas, capacitando y financiando a varios emprendedores. El año pasado recibieron más de mil quinientas propuestas, entre las que escogieron las mejores 31, de varias provincias del país.

El mensaje es claro. Queremos trabajar, hacer negocios, emprender, crecer, ganar plata, generar empleo. Queremos la libertad, facilidades, y de ser posible, el apoyo para poner nuestro negocio.

El Gobierno ha dado un buen paso a través de la CFN y su crédito para emprendedores universitarios y recién graduados. Pero esta iniciativa se contradice con los mensajes y acciones antiempresa del Gobierno.

El emprendedor ecuatoriano enfrenta un clima adverso que lo lleva a considerar varias veces si debe lanzarse con su idea de negocio. Los mensajes que llegan del Presidente y su gobierno no ayudan. En lugar de hablar de la importancia de hacer empresa y generar trabajo, el Gobierno está más preocupado viendo cómo le saca más impuestos al empresario, como complicarle la contratación de empleados o castigarlo por cualquier falta laboral. En lugar de animarnos a ser los mejores para vencer a la competencia, nos dicen que no creen realmente en eso de la competencia. En otras palabras, que esperemos pasivamente que el papá Estado se encargue de todo para al final recibir migajas. Con esto, el Gobierno solo motiva que el recién graduado busque palanquearse un puestito público, antes que iniciar su propio negocio.

En la Venezuela, que Correa tanto imita, casi no hay industrias. Todo lo importan. El emprendimiento privado se vuelve secundario ante un Estado opresor. En la Cuba, que Correa idolatra, el deseo natural de emprender, superarse y ganar dinero hace tiempos que ha sido aplastado por la dictadura, que solo para este Gobierno es una forma de democracia.

Ecuador sigue siendo una tierra de emprendedores. ¿Podrá sobrevivir el emprendimiento a las amenazas de una radicalización del modelo socialista-chavista? ¿Quiere realmente el Gobierno que existan más emprendedores en este país? ¿O prefiere que todos dependamos directamente de los regalos y caridad del papá Estado?

Una cosa es clara: el modelo que nos quieren imponer va en dirección contraria al emprendimiento individual. No pueden hablarnos de apoyo a la empresa, mientras el Estado –el Gobierno– va ocupando todos los espacios, incluso el privado. No hay motivación para emprender en un ambiente que sataniza el deseo de ganar dinero y crecer.

Las boinas rojas; las camisas bordadas; los gritos de socialismo o muerte y hasta la victoria siempre; simplemente no combinan con el emprendimiento individual.

Ecuador, país de emprendedores. ¿Cuánto tiempo más podremos decirlo?

miércoles, agosto 26, 2009

Vereda y encierro

De Pamplona, más que los toros, la farra y el trago, recuerdo siempre al peor de los borrachos que he visto en mi vida.

Eran las 12 del día. El sol de verano español pegaba con fuerza. Y ahí estaba el tipo. Un colorado, seguramente inglés o gringo. Dormía boca abajo, sin camisa, en media calle a la luz del día. Sus piernas regadas en el asfalto y el resto de su cuerpo abrazando la vereda. Su espalda estaba roja, rostizada por el sol que toda la mañana lo había golpeado. Y de su boca y cachete, aplastados contra la acera, salía un charquito de vómito. Si no fuera por sus ronquidos, le hubiera dado un golpecito para ver si estaba vivo.

La imagen de Pamplona, los San Fermines, y ese borracho de la vereda, me regresaron hace poco cuando leía sobre Daniel Jimeno, un español de 27 años, que recibió una cornada de uno de los toros durante el cuarto encierro. La cornada fue en el cuello. Murió al poco tiempo.

Cuando estuve ahí hace algunos años tuve, por un par de minutos, la intención de correr con los toros. A las ocho de la mañana, con los ojos desorbitados después de toda una noche de farra cantando hasta la ronquera, y con la boca seca y azucarada de tomar litros de Calimocho, esa mortal mezcla de vino tinto barato y Coca Cola, caminaba por media calle por donde en pocos minutos pasarían los toros. Lo pensé. Lo consideré. Ya me había memorizado todas las recomendaciones que te dan, sobre todo la principal: si te caes no te levantes, quédate en el piso protegiéndote la cabeza con tus manos, así el toro como mucho te pisará; en cambio si te levantas justo cuando el toro va a pasar, la historia puede ser distinta.

Al final más pudo mi sentido de supervivencia y mis ganas de vivir un día más para contarlo. Y antes de que viniera la avalancha de locos y toros, me subí la barrera de madera que recorre la calle desde donde vi pasar la acción, apretado por el gentío, pero tranquilo. La fiesta en Pamplona era demasiado buena como para morir en ella.

Pero a Pamplona nunca le faltarán corredores. Esos que se la juegan por la emoción del momento. Que disfrutan la adrenalina pura y buscan una buena historia que contar.

Identifiqué a dos especímenes en particular. Por un lado están los profesionales y locales. Se despiertan temprano y renovados. Van limpios, con su ropa blanca resplandeciente, su pañuelo rojo bien amarrado al cuello, y todas las energías del mundo. Calientan, hacen estiramientos, pegan brincos, esperando su turno para correr. Por otro lado, los turistas amateurs. Han chupado toda la noche y a las siete de la mañana siguen borrachos. Su camiseta y pantalón, que alguna vez fueron blancos, están totalmente morados de vino tinto. No tienen idea de lo que van a hacer. Solo saben que deben correr. Y si la suerte los acompaña seguir chupando hasta que de el cuerpo.

Daniel Jimeno no era de los amateurs. Había corrido varias veces. Sabía cómo era la cosa. Pero le tocó su turno.

Veo el video que muestra paso a paso y en cámara lenta cómo el toro lo cornea. Sangre. Agonía. Muerte. Y solo puedo pensar en el colorado borracho en la vereda con quien me crucé hace algunos años. Imagino su terrible chuchaqui al despertar. El dolor de su cuerpo. Su espalda ardiendo. Y su sonrisa aliviada e irónica, al verse vivo en media Pamplona, pensando que si no hubiera estado tan muerto, tal vez sí hubiese tenido las fuerzas suficientes para animarse a correr y morir de verdad esa mañana soleada en el encierro.


* Publicado en revista SoHo de Agosto.

jueves, agosto 20, 2009

Ruido en el Atahualpa




En la Cumbre de las Américas, un periodista preguntó a Rafael Correa: “¿por qué no se le exige al gobierno de Cuba que libere a los más de 200 presos de conciencia que tiene en sus cárceles, que haga elecciones democráticas y no pase el poder de un hermano a otro como si fuese una monarquía, que haga valer la prensa libre…?”.

Correa esquivó la pregunta y terminó diciendo que hay “una incomprensión de lo que pasa en Cuba, donde se cree que como no existen las elecciones generales… no existe democracia… no se logra entender… que puede haber formas alternativas de democracia”.

Ahora vemos a Correa en su espectáculo para celebrar su “posesión popular” en el estadio Atahualpa. Hemos visto penaltis injustos y tristes derrotas en ese estadio, pero nada tan vergonzoso como este show. Ahí estaban Correa, Chávez, Zelaya y Castro tomados de la mano, coreando a todo pulmón “Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”. Y Hugo que recita un verso. Y Raúl, que como su hermano, no para de hablar. Y Lenin que nos quita cualquier posibilidad de sonreír, diciendo que “esta revolución… es para 100 años o más”.

Pero Correa se robó el show con su primicia: “… el gran desafío… es crear en cada casa un comité revolucionario, en cada barrio un comité de defensa del Gobierno nacional y de la revolución ciudadana para estar preparados frente a aquellos que quieren desestabilizarnos… esta revolución es irreversible”.

Raúl escuchaba atento, pensando quizás que su hermano estaría orgullosísimo de este nuevo pupilo. Viendo que su franquicia comunista castrista –que la historia, la razón y la inteligencia habían sepultado– sigue vivita. Su revolución cubana ya no se limita al Che estampado en camisetas y afiches. Cincuenta años después renace con fuerza en nuevas figuras empeñadas en caminar para atrás.

En Ecuador, como sucedió en Cuba y Venezuela, se van perdiendo las líneas que dividen Estado, Gobierno, y partido. El Gobierno es el Estado. El partido es el Gobierno. El partido es el Estado. ¿Quién pagará y organizará estos “comités revolucionarios” que defenderán al Presidente, a su movimiento, a su revolución? ¿El partido? ¿El Gobierno? ¿El Estado? ¿Todos agrupados en la plata del último, o sea de todos los ecuatorianos?

Nos repetimos, nos mentimos, nos tratamos de autoconvencer que Correa no es tan radical. Que aquí sí se respetará la libertad individual, la propiedad, nuestros derechos. Pero, ¿existen demostraciones más radicales que defender abiertamente a la dictadura cubana como “una forma de democracia”, o armar este show de caducos gritos revolucionarios junto a los líderes más autoritarios de la región? ¿Podemos esperar todavía que el gobierno de Correa vaya en una dirección distinta, más democrática y pragmática, y menos radical que el de Chávez que tanto imita?

Mientras tanto, vemos aletargados cómo Lucio Gutiérrez, quien ya desgobernó al país, se convierte en la única voz de oposición. Escuchamos pasivos a Correa anunciar la radicalización de su gobierno, esperando que ojalá no nos afecte. Que esos discursos no salgan del Atahualpa y no interfieran con nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra libertad. Nos decimos que pronto aparecerá un nuevo líder de oposición. Mientras esos nuevos líderes esperan lo mismo. Sentados. Pasivos.

jueves, agosto 13, 2009

Desconectado

Este feriado lo pasé felizmente desconectado. No leí periódicos. No vi las noticias. Disfruté mi 10 de agosto recorriendo paisajes serranos, sin escuchar discursos de Rafael Correa.

Cuando iniciaba el descenso a la Costa por una carretera en gran parte empedrada y polvorienta –¿qué pasó con todas esas emergencias viales?– intenté romper mi aislamiento noticioso. Encendí la radio del carro y apareció la voz de Correa en su discurso de posesión. Pero todos, incluyendo mi hija de dos años, protestaron ante la intromisión de esa voz. Ante el clamor popular se calló Correa y la música nos acompañó el camino.

Me salvé entonces de escuchar perlas de Correa, como cuando dijo que la competencia es un principio bastante cuestionado y un verdadero absurdo entre países. Me lo perdí haciendo un llamado a los otros presidentes a no “volver a caer en la trampa de competir entre nosotros para atraer inversiones o vender más a los mercados del Primer Mundo, precarizando nuestra fuerza laboral… Tanto entre nuestros países como en el interior de los mismos, en lugar de tanta competencia, debemos dar más espacio a la acción colectiva”.

¿Ingenuidad, socialismo crónico, o deseos de quedar bien con Chávez y Castro? ¿Todo lo anterior?

Lo cierto es que esta visión en la que en lugar de la competencia que lleva al desarrollo de países, empresas e individuos, se pretende una utópica cooperación, dice mucho del poco progreso que podemos esperar con este Gobierno. Veremos sentaditos a otros competir y progresar, mientras nuestros revolucionarios nos meten el cuento de que están organizando esta “acción colectiva”.

Por andar disfrutando la música y el cambio del paisaje serrano al costeño, también me perdí los ataques del Presidente a la prensa. Aunque todos los sábados lo hace, esta vez era especial: estaban todos muy elegantes, y lo escuchaba su maestro Chávez y hasta el Príncipe de España.

No escuché a Correa decir que “debemos perder el miedo, y a nivel de países, plantearnos formas de controlar los excesos de la prensa –¿verdad ministra de Información de Venezuela?–; tenemos que tomar cartas en el asunto. Somos nosotros los que ganamos las elecciones, no los gerentes de esos negocios lucrativos que se llaman medios de comunicación”.

Más claro no pudo ser Correa al dirigirse espontáneamente a la funcionaria venezolana. Ese “tenemos que tomar cartas en el asunto” es un anuncio de su estrategia chavista: callar a los medios y limitar la libertad de expresión, como lo hizo su mentor, con la excusa de que su lucha es contra determinados poderes económicos.

Se sintió bien desconectarme estos días tan politizados. Quisiera hacerlo más seguido, pero con este Gobierno no se puede. Se mete en nuestras vidas. Se encarga de que lo notemos día a día. Que no lo olvidemos ni un momento. Y si el buen Gobierno es aquel que menos se siente, ya nos damos una idea del que aquí tenemos.

“Esta es una revolución alegre, que la hacemos día a día cantando”, dijo Correa. Mi mayor alegría, al menos por ese fin de semana, fue no escucharlo, alejarme de tanta demagogia y palabrería, e imaginar que vivo en un país donde el Gobierno no está hasta en la sopa ni pretende controlar nuestras vidas.

jueves, agosto 06, 2009

Mala fama

En el pasado ya hemos sentido vergüenza. Nos pasaba con Abdalá. Sus bailes, sus exabruptos, su folclore lo volvieron famoso en la región. Al menos, la vergüenza duró poco y no hizo tanto daño.

Ahora, la mala imagen internacional de este Gobierno no solo nos avergüenza. Nos empieza a afectar. A los insultos, burlas y ese estilo tan poco presidenciable de nuestro eterno candidato, se suma el desprestigio del Gobierno ante la comunidad internacional por las acusaciones de su cercanía con las FARC.

Al Gobierno mediático por excelencia, maestro en el arte de seducir a las masas nacionales, le falló la estrategia de comunicación internacional.

Casa adentro, Correa y su equipo convencen a una buena parte de la población. Sus infinitos enlaces de los sábados, sus cadenas interrumpiendo noticiarios, y su publicidad bien coordinada y empaquetada han logrado sus objetivos. Pero fuera de nuestras fronteras el gobierno de Correa se desprestigia día a día. Nos desprestigia como ecuatorianos.

El Washington Times publicó un editorial durísimo contra el Ecuador. Pide terminar el acuerdo de preferencias arancelarias con nuestro país. El artículo concluye: “Un gobierno que trata de destruir una prensa libre mientras toma control de negocios extranjeros y da refugio a terroristas es un gobierno sin credibilidad. Ecuador no merece ni preferencias arancelarias ni respeto, solo sospechas”.

El diario El País de España publicó también un reportaje que hace más evidentes los vínculos del Gobierno ecuatoriano con las FARC. Para muchos españoles y ciudadanos del mundo que no sabían gran cosa sobre el tema, esta información moldeará su imagen de nuestro país. Somos, para muchos alrededor del mundo, el país del Gobierno amigo de terroristas de quienes recibió 400 mil dólares.

Más allá de que estos y otros reportajes extranjeros estén o no en lo correcto, la pésima imagen de este Gobierno ante el mundo es un hecho. Aunque Correa y su gente culpen supuestas conspiraciones internacionales, son ellos solitos quienes se han embarrado con sus acciones y actitudes.

Las acusaciones contra este Gobierno a nivel internacional no son solo cuestión de imagen. No se limitan al ridículo público al que gobiernos pasados ya nos han acostumbrado. La mala reputación afectará nuestra industria, nuestros empleos, nuestros bolsillos, si esta conduce a situaciones como la no renovación del Atpdea.

El Gobierno no solucionará sus problemas de imagen a nivel internacional con sus métodos nacionales. No le servirá llevar gabinetes itinerantes por Madrid, Washington, París; ni inundar los programas de CNN con cadenas; ni logrará que el mundo escuche los monólogos sabatinos.

Si al Gobierno le importa su mala fama ante el mundo y las implicaciones que esta tiene para los ecuatorianos, deberá acabar con sus excusas y supuestas conspiraciones, y decirnos la verdad. Con todas sus consecuencias. Ahí se demostraría que estamos ante estadistas y no politiqueros. Y deberá cortar el cordón umbilical con la dictadura chavista, abandonar de una vez por todas sus posturas extremistas, y caminar más cerca a democracias afines de la región, como Chile y Brasil.

Tal vez ahí recuperemos la confianza internacional y la posibilidad de un mejor panorama nacional. Para acabar con la mala fama y la vergüenza. Para sentirnos orgullosos.

miércoles, agosto 05, 2009

Revista la U. - Agosto 2009

Ya está circulando la U. de agosto en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, julio 30, 2009

La falsa unidad

¿En qué momento la ideología suplantó a la verdad? ¿En qué momento la afinidad ideológica se puso por encima de nuestro bienestar, progreso y unidad?

Hoy, la Latinoamérica del club de Chávez responde ante todo a la ideología, o lo que definen como ideología según sus conveniencias. La verdad es relativa. Depende de quien la diga. La supuesta unidad entre los pueblos aplica solo para aquellos regidos bajo la espada chavista.

Chávez se vuelve a pelear con el gobierno colombiano. Ha retirado su embajador en Bogotá y advierte con romper relaciones con ese país. También amenazó con expropiar las empresas de capital colombiano en Venezuela y poner fin a todos los acuerdos comerciales con el gobierno de Uribe.

Chávez está dispuesto a ir contra los intereses de los propios venezolanos que día a día compran y venden productos a sus vecinos. Está dispuesto a romper la unidad entre dos países que comparten la misma cultura y hasta la misma bandera. Todo porque no simpatiza con el gobierno colombiano. Porque Uribe no es parte de su círculo socialista autoritario.

Con Correa la cosa va igual. Más aranceles a productos colombianos. Amenazas de guerra con Colombia. “Si Colombia nos agrede nuevamente, la respuesta será militar”, dijo el Presidente. ¿Obedecen estos aranceles a una estrategia para favorecer al Ecuador o hay detrás una dedicatoria para perjudicar a Colombia? ¿Reflejan estas amenazas bélicas una defensa de soberanía, o las impulsa una antipatía con el vecino?

En la posesión del presidente Martinelli en Panamá no estuvieron los amigos del club. Con un presidente empresario no aplica eso de la unidad latinoamericana. Pero si fuera del equipo socialista los hubiésemos visto en primera fila.

Con Zelaya, en cambio, sí aplica la unidad de los pueblos y todos esos discursos. ¿Imaginan a Correa y sus amigos hablando de democracia y volando solidariamente en sus jets a acompañarlo, si Zelaya no fuese parte de la jauría chavista?

Por acá, el Fiscal quiere investigar a los ecuatorianos que le creen al Mono Jojoy. Pero solo al video, no al último comunicado de las FARC que niega haber financiado la campaña de Correa. Ese sí tenemos que creerlo todos. Nuestra libertad, al igual que la unidad regional, condicionada por nuestra ideología y afinidades políticas.

Tantos discursos solidarios, tanta labia patriotera, para al final ser los primeros en romper relaciones con países hermanos.

La unidad latinoamericana es una farsa mientras esta se limite a pasajeras coincidencias ideológicas y no a intereses comunes prácticos, permanentes y reales. Sobre todo no existirá, mientras tengamos presidentes que desconozcan principios básicos, como el respeto a la propiedad privada y a la libertad individual, y pretendan suplantarlos por la imposición de un estado omnipotente que rige sobre la voluntad, derechos y deseos de la gente.

Otra década perdida para América Latina, sobre todo la que baila al ritmo de la canción que le pongan en Caracas. Los que más hablan de unidad, sueños bolivarianos, y hermandad de los pueblos, destruyen la posibilidad de caminar juntos. Lastimosamente, el resto de líderes que debería guiar nuestra unidad hace su trabajo casa adentro en silencio, mientras los escandalosos fans de las boinas rojas conducen este nefasto show directo al barranco.

jueves, julio 23, 2009

El baile del mono

Veo un video de Hugo Chávez dando su mensaje a la Asamblea Nacional. Chávez dice: “Las FARC y el ELN no son ningunos cuerpos terroristas, son verdaderos ejércitos que ocupan un espacio en Colombia… hay que darles reconocimiento… son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, que tienen un proyecto bolivariano, que aquí es respetado”. Los asambleístas se ponen de pie y aplauden emocionados las palabras de su jefe máximo.

En otro video, Raúl Reyes envía un afectuoso mensaje a los participantes del II Congreso Continental Bolivariano, organizado el año pasado en Quito, por la ultraizquierda bolivariana latinoamericana. “Unidos seremos invencibles… se hace imprescindible la lucha antiimperialista en nuestro continente,” les decía a los jóvenes bolivarianos, entre los que no podía faltar la Brigada Simón Bolívar del ex subsecretario de Gobierno, José Ignacio Chauvin. Algunos participantes visitarían días después a Reyes, encontrando junto a él la muerte.

Dos videos. Dos instantes de muchos que muestran una verdad. Las FARC, junto a los gobiernos de Chávez, Correa y compañía, son políticamente afines y comparten una ideología bolivariana.

Ahora aparece un video del Mono Jojoy, líder guerrillero. Habla de un aporte de las FARC a la campaña de Rafael Correa. Y ante estas declaraciones, los personajes del gobierno ecuatoriano inmediatamente gritan foul.

“¿Desde cuándo le creemos al Mono Jojoy?”, pregunta Javier Ponce, ministro de Defensa. “Ahora resulta que la palabra del Mono Jojoy es la voz de Dios”, dice Gustavo Darquea, asambleísta electo de PAIS.

Tal vez no le creyera al Mono si este Gobierno no estuviera habitado por admiradores de las FARC. Pero cuando la franquicia bolivariana, exportada desde Venezuela, es el sello común que encierra todos estos proyectos revolucionarios, las palabras del Mono Jojoy suenan muy creíbles.

Ricardo Patiño dijo que las FARC pudieron haber entregado el dinero a alguien que las engañó pasándose por un representante de la campaña de Correa. Es posible. Pero dudo que cien mil o más dólares se entreguen, así nomás, al primero que toque las puertas de la selva pidiendo plata con una banderita verde de Alianza PAIS.

Correa, para variar, le dio la vuelta al asunto buscando culpables. Dijo que el video es una estrategia “para desestabilizar a los gobiernos progresistas” y que “hay una arremetida de la derecha y de todos sus instrumentos y todas sus armas, entre ellos, los medios de comunicación”. Ahora los culpables son los medios por transmitir el video.

Correa dice que no conoce personalmente a nadie que pertenezca a las FARC. Le creo. Pero el asunto no es si Correa se ha tomado un trago con los guerrilleros. El asunto es si estos guerrilleros tienen excesiva influencia en este Gobierno, sea por afinidad ideológica o, peor aún, por contribución a la campaña.

La otra noche un periodista le decía a su entrevistado que en defensa de nuestro país debíamos defender al presidente Correa de estas acusaciones. Pero los intereses del país y su Presidente no son siempre los mismos. Necesitamos saber la verdad de quienes nos gobiernan. Está en juego la imagen de PAIS y de nuestro país, casa adentro y ante el mundo. Por la plata baila el mono, canta Wilfrido Vargas. Debemos saber quiénes bailaron aquí.

miércoles, julio 22, 2009

When in Rome…

“Busquemos un apartamento en el Centro” fue lo primero que nos dijimos cuando regresamos a Guayaquil. Luisa, mi entonces enamorada que pronto sería mi esposa, y yo habíamos vivido algunos años en New York. Se nos había metido hasta los huesos la emoción de la ciudad y el gusto enorme de poder caminar a cualquier lugar. De tener a solo pasos de tu apartamento todo lo que necesitas en tu vida: un par de mercaditos para las compras de la semana; una farmacia para la gripe de invierno; una lavandería donde un par de coreanos dejaban tu ropa como nueva; una ferretería para colgar ese cuadro que compramos a un vendedor frente al Guggenheim; una tienda independiente de videos para alquilar la maratón de películas de Woody Allen; una licorería para el whisky con Club Soda a falta de Güitig; un Citibank para vaciar la cuenta mes a mes; tres bares, uno para rebosarte con jarras de cerveza barata, otro para dártelas de sofisticado con un martini bien cargado, y otro donde las gringas bailaban sobre la barra; un par de cafeterías para pasar la lluvia con un buen libro; tres Starbucks para usar el Internet gratis mientras hacíamos que el café de cuatro dólares nos dure cinco horas; y restaurantes, todo tipo de restaurantes: un chino al que pedíamos a domicilio, un par de italianos para cuando nos daba por comer más fino, uno francés para cuando teníamos algo que celebrar, uno japonés para el sushi de los domingos, uno coreano en el que metías todo en un caldo que te mataba el chuchaqui, uno hindú y otro mexicano para cuando queríamos desafiar nuestra resistencia estomacal, y un clásico Ray’s Pizza para matar el hambre de las 4 de la mañana.

La ciudad era para vivirla en cada esquina. Llegamos con esa ilusión de vivir Guayaquil. En el Centro. Nada de alejarnos de la realidad en esas urbanizaciones cerradas. Queríamos asfalto, bar de la esquina, ruido de carros, vista al malecón y río Guayas.

Pero la realidad fue matando rápidamente nuestra ilusión. Guayaquil tristemente no era New York. Si bien los precios de alquiler era incomparablemente mejores –lo que me costaba alquilar un cuarto milimétrico con baño compartido con cinco roommates en New York, acá alcanzaba y sobraba para un buen apartamento--, la oferta era decepcionante. Quedan los mismos viejos edificios de siempre. Y descubrimos que aquí no tendríamos todo lo que necesitamos a un par de cuadras. Acá tocaba meterse en el carro rumbo al Supermaxi hasta para comprar un cepillo de dientes.

Abandonamos rápido la búsqueda en el Centro. Pero seguimos firmes en nuestra negativa de caer en esa vida suburbana tras garitas y con casas igualitas. La suerte estuvo con nosotros. Encontramos el apartamento perfecto en las Lomas de Urdesa, con una vista a Guayaquil entero. Aquí tenemos la ciudad a nuestros pies, sus murmullos, sus ruidos de ambulancias y alarmas, su viento de verano. Sentimos, escuchamos, respiramos la ciudad.

Pero el tiempo pasa y ahora vemos nuevas opciones para mudarnos. Y aquí viene mi confesión. No estamos buscando lugares en el Centro o en algún rincón urbano. No. Fuimos directito a todo aquello que habíamos rechazado recién llegados hace solo cinco años. Al mundo suburbano de jardines perfectos, guardias en bicicleta, casas clonadas, canchas de tenis, pista de jogging, piscinas, y parques para niños con columpios que garantizan cero rasguños. Fuimos a buscar entre esas urbanizaciones con nombres paradisíacos que siempre combinan masas de agua como río, lago, laguna, ribera con palabras siempre brillantes como sol, dorado, o algo por el estilo.

Y lo confieso. Me gustó lo que vi. Mi hija Sofía estaba tan feliz corriendo libremente por el parque sin que nadie le grite ¡cuidado con los carros! La pista de jogging me vendría perfecta para salir a trotar cada mañana sin tener que esquivar el humo de los buses y al idiota que se pasa la luz roja. La garita y los guardias nos dejarían dormir más profundo, sin pensar en el vecino al que le vaciaron la casa hace unos días.

Mientras la corredora nos contaba del sistema de gas centralizado y nos mostraba las canchas de fútbol con césped sintético, mi cabeza solo acertaba a repetir “en Roma haz como los romanos”. Qué le vamos a hacer. Guayaquil no es New York, ni lo será aunque lo intente. Y además, estos dos amplios parqueos me vienen perfectos.

Ya que estamos claudicando a nuestros sueños urbanos, nos hemos hecho una sola promesa: jamás una minivan. Ya veremos en cinco años.


* Publicado en revista SoHo de Julio.

jueves, julio 16, 2009

Nuevos amigos

De un solo toque, la patria ya es de ellos. El supuesto movimiento del cambio recibe, de brazos abiertos, al partido de la guatita y las mochilas escolares.

En nuestra política todo vale. Lo importante es alcanzar los votos necesarios. Alianza PAIS está en su derecho. No es el primero, ni será el último.

¿Qué pueden tener en común, por ejemplo, María Paula y Dalo? ¿Una misma visión política? ¿Compartido gusto por la música cristiana? Nada de eso. Tienen en común, por voluntad propia o imposición de arriba, los intereses de Rafael Correa y su círculo cercano.

Leo que están incómodos varios asambleístas de Alianza PAIS. ¿Cómo no estarlo? El hermano del Presidente se parece tanto a los parientes de esa partidocracia que ellos se pasan criticando. Y ahora su partido ha llegado a un acuerdo con el PRE, abanderado de las mañas de esa misma partidocracia. ¿Cómo no sentirse incómodo con estos nuevos amigos impuestos desde Carondelet?

Según El Comercio, Marcos Martínez, asambleísta de Alianza PAIS, dijo que “cualquier acuerdo con el PRE me despierta serias sospechas, parece que nos hemos olvidado de los hechos del pasado reciente, un acuerdo con el PRE es un acuerdo con la mafia política y económica…”.

Pero no deberíamos sorprendernos. Cada día es más claro que el único real cambio que ha traído este Gobierno es reemplazar las corbatas y guayaberas por las camisas decoradas. Pura imagen. De fondo nada. Se repiten las prácticas de siempre. Y hasta las superan.

Abdalá Bucaram pide que el Gobierno de Correa investigue su remoción del poder en el año 97. Al igual que Correa se ha opuesto con tanta pasión al golpe contra Zelaya en Honduras, ahora deberá apoyar al compañero de Panamá. “Si reclamamos por el golpe a Zelaya… tenemos que aprender a reclamar por el golpe a Bucaram”, señaló el loco que ama.

Todo esto lleva a pensar que pronto tendríamos con nosotros a Abdalá, en helicóptero, con brazos en alto, y su velero llamado libertad. Más allá de los escándalos políticos y los juicios por malversación de fondos en contra de Bucaram, sus “coincidencias” políticas con el actual Gobierno lo ayudarían a regresar.

Ricardo Patiño dice que no hay pacto alguno con el PRE. Que solo hay coincidencias con respecto al proyecto político del Gobierno. Dalo Bucaram ha dicho que tiene fe en el proceso de cambio que vive el país que es “la única salida para terminar con la partidocracia…”. Levante la mano el que les cree.

Quién sabe. Tal vez tantos años de amarres bajo la mesa y acuerdos chuecos nos han vuelto demasiado desconfiados. Tal vez este grupo de asambleístas, muy rimbombantemente denominados “Acuerdo Democrático por la Descentralización y la Equidad”, se han unido al Gobierno desinteresadamente, pensando solo en el bienestar de los ecuatorianos.

Pero si la cosa no es así, preferiría que nos digan de frente, por ejemplo: “Compañeritos, les informamos del pacto al que hemos llegado. A cambio del apoyo y los votos de los asambleístas del PRE, nos inventaremos una comisión para estudiar el caso del compañero Abdalá, cuya conclusión será que nuestro loco es inocente y debe regresar”.

Eso sí sería un cambio.

jueves, julio 09, 2009

Más negocios, menos sueños


Fabricio Correa, hoy la principal voz de oposición, dice muchas cosas que este Gobierno necesita oír. Lástima que Fabricio sea Fabricio.

El mayor de los Correa no es el mejor ejemplo empresarial. Representa el éxito como consecuencia de la cercanía con el poder, y no de una libre competencia. A pesar de eso, Fabricio la tiene clara. Sabe que el progreso se logra con el impulso de la empresa privada, no con los cuentos socialistas de su ñaño.

“¿Usted cree que hay alguien tan insensato como para invertir en Ecuador cuando las leyes no son lo que dicen…?”, se pregunta Fabricio. Sabe que en el país de Rafael nadie quiere arriesgar su dinero (a menos, claro, que como él se esté cerca del Gobierno).

Fabricio defiende al sector privado. Critica que por Carondelet sobran especialistas en vivir del Estado, que no saben lo que es emprender, producir y crear trabajo. Dice lo que el país necesita escuchar. Pero desafortunadamente, los últimos negocios del más locuaz defensor de la empresa privada, le restan credibilidad a sus palabras.

En lugar de un país de empresarios, propietarios y emprendedores, que es a lo que debemos aspirar, este Gobierno prefiere un gobierno de servidores públicos. En lugar de crear las condiciones para que exista una competencia abierta y sin preferencias; este Gobierno genera más condiciones para corrupción, palancas, y preferencias al aumentar la presencia, trabas e influencia del Estado en asuntos privados.

El Presidente conoce los resultados de las empresas públicas. Ahí está Alegro, a la que en enero dio un ultimátum: o gana plata o se vende. ¿Y eso en qué quedó? Ahí está El Telégrafo. Todos los ecuatorianos pagamos los gastos de un diario con poquísimos lectores y menos suscriptores. Y Correa quiere más. Ahora creó una empresa farmacéutica estatal. Hagan sus apuestas de cuánta plata nos costará. Estas empresas no son empresas. Solo sirven para chuparnos plata, subsistir gracias a sus privilegios, y crear falsos empleos burocráticos.

Debería al menos en esto escuchar Rafael a Fabricio. Entender que la empresa privada es la mejor aliada en la lucha contra la pobreza. Que no hay mejor acción social que la generación de un nuevo puesto de trabajo (pero un trabajo de verdad, no esos puestos públicos inventados que tanto gustan a los líderes de PAIS). Que con solo generar las condiciones para que más ecuatorianos se conviertan en empresarios, este Gobierno haría más por el país que con todos sus programas, ministerios, campañas, y comisiones que se pasa creando. Pero Correa va en sentido contrario.

Correa dice que él defiende sueños, mientras su hermano defiende negocios. ¡Pero nos sobran sueños! Nos faltan más negocios y más empresas que generen más trabajo. Los sueños que nos quieren vender solo sirven para alimentar las bocas cercanas al poder. Son los negocios y las empresas de quienes invierten, arriesgan y se la juegan a pesar de este Gobierno, los que al final nos acercan más a los sueños de ese país que queremos.

Lastimosamente, el Correa que sí lo entiende no tiene mayor credibilidad ni nos sirve de referente moral. Y el Correa que no lo entiende es, tristemente, el Presidente.

jueves, julio 02, 2009

¿Bolas?

A raíz del golpe de Estado en Honduras, por varios celulares circuló un mensajito que decía: “Con carácter de urgencia, se necesitan bolas de militares de Honduras para trasplantárselas a militares venezolanos”. Más allá del chiste, no comparto el mensajito. Lo de Honduras no debe ocurrir en nuestra época. Latinoamérica vive tiempos más civilizados, aunque a veces nuestros gobiernos se empeñen en demostrar lo contrario.

Quienes apoyan el golpe de Estado en Honduras dicen que en realidad no lo es. Que los militares están restaurando el Estado de derecho al librar al país de un presidente empeñado en violar la Constitución. Tal vez tengan razón en el fondo, pero fallaron en la forma. Si sacar por las armas a medianoche y en pijama a Manuel Zelaya de su casa no es un golpe de Estado, no sé qué lo es. Pueden tener todas las razones del mundo. Pero pudieron encontrar formas más civilizadas de oponerse al gobierno sin llegar a estos extremos.

No se puede justificar la acción de los militares en Honduras apelando a la defensa de la Constitución y democracia, por muy chavista o abusador de las leyes que sea Zelaya. La comunidad internacional hace bien en oponerse al golpe.

Pero lo irónico de todo esto es ver a Hugo Chávez y su club de fans de la ALBA como voceros de la democracia. ¿No es este el mismo Chávez que se hizo famoso en su país justamente por intentar un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez? ¿No es este el mismo Rafael Correa que apoyó la destitución de Lucio Gutiérrez, de la que se beneficiaría al ser nombrado Ministro de Economía por su sucesor? ¿No son estos presidentes los maestros en hacer de la Constitución y las leyes plastilina que moldean a su favor? Que no se vengan a hacer los muy democráticos ahora.

Por eso no les creo a Chávez y compañía cuando hablan de democracia. Eso no les importa. Les importa aumentar su poder e influencia en la región. Cuando la palabra democracia les conviene para ese fin, ¡que viva la democracia! Cuando son las armas y la violencia, ¡que viva la rebelión!

Y tampoco le creo mucho al gobierno de Estados Unidos y otros que piden que vuelva Zelaya al poder. En el fondo no quieren que regrese. Prefieren que se quede afuera para que Chávez no tenga a Honduras bajo su control. Pero, a pesar de ello, defienden con razón la institucionalidad para no sentar un mal precedente en la región.

Tarde o temprano –y esperemos que no muy tarde– los malos gobiernos terminan. Pero no deben hacerlo por las armas como en Honduras, sino por las urnas. Como lo acaban de hacer los argentinos que despiertan de la seducción socialista de los Kirchner. Como lo harán eventualmente el resto de países latinoamericanos, hoy embobados con el populismo bolivariano.

En democracia toca ser democráticos y seguir las reglas del juego. Las armas, uniformes y toques de queda que se queden guardados en otra era. No queremos fortalecer a Chávez y sus amigos enemigos de la libertad, convirtiéndolos en solapados abanderados de la democracia. Suficientes falsos mártires con los del pasado, como para andar creando nuevos.

miércoles, julio 01, 2009

Revista la U. - Julio 2009

Ya está circulando la U. de julio en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, junio 25, 2009

Entre cortinas y manteles verdes

Semana política de escándalos, insultos, sorpresas, ataques. Pero, “¿qué pasa por la calle? ¡Nada, no pasa nada!”, cantaría Manu Chau.

El Presidente en su show del sábado defiende a su hermano Fabricio e intenta callar a algunos medios que muestran lo que se quiere ocultar. Les quitará la publicidad estatal. Así, de frente y sin sonrojarse, nos restriega en la cara que la plata de los ecuatorianos es en realidad la plata de su Gobierno que sirve para amenazar y callar a los medios críticos.

El Presidente se pregunta “¿cuándo yo he contratado a mi hermano, cuándo mi hermano ha ocupado un cargo público?”. Pero dudo que a su hermano le interese un cargo público con lo bien que le va. Estamos hablando de negocios de grandes ligas, no de simples suelditos dorados.

Dijo e insultó mucho el Presidente este sábado. Pero sus exabruptos que tanta vergüenza y desprestigio traen a la figura presidencial, fueron poca cosa frente a las declaraciones de su hermano. Ese sí nos tuvo entretenidos.

Fabricio dijo de frente, por ejemplo, que compró una compañía panameña que sirva de “cortina” para evitarse problemas. Es decir, no quería que se supiera lo que ahora se sabe gracias a ese periodismo que su hermano tanto desprecia: que ha ganado contratos estatales por varios millones de dólares desde que se inició esta falsa revolución.

También contó Fabricio a este Diario que Gustavo Larrea quiso “cogérsele” a los “diputados de los manteles”. ¿Sí se acuerdan de ellos, no? Esos suplentes que se tomaron el Congreso de la mano del Gobierno para llevarnos a la Constituyente y de ahí al camino que conduce a Caracas. Fabricio cuenta que estos señores le pidieron que le paguen los gastos de alojamiento en Quito. Nada es gratis en esta vida. Y Fabricio muy comedido les habría dicho “Cualquier cosa que requieran le preguntan a él [el contador de PAIS] y yo veo cómo saco los fondos”. Así lo relató el hermano del Presidente. Así, de frente, nos cuenta cómo se consiguen las cosas en estos tiempos de manos limpias y corazones ardientes.

¿Se imaginan cómo hubiese saltado Rafael Correa en sus épocas de ciudadano común si todo esto hubiese sucedido en uno de los gobiernos de quienes él ahora llama “cadáveres políticos”? ¿Se imaginan el escándalo que hubiesen armado los hoy asambleístas y funcionarios del Gobierno? Pero en estos tiempos socialistas parece que no existe la corrupción, solo la mala fe de los medios empeñados en atacar al Gobierno.

¿Cuánto tiempo durarán las discusiones sobre lo dicho y hecho por el “razonablemente listo” hermano del Presidente? Durarán lo que tarde en llegar la próxima gran noticia. ¿Qué tal suspender a Teleamazonas 90 días? Eso seguro regresará el debate alrededor de la libertad de expresión, que en todo caso, es menos grave que tener a los medios hablando de corrupción.

Hasta eso, no hay una sola voz con fuerza en la oposición que diga las cosas como son. Las cortinas y los manteles verdes huelen a podrido, pero pronto se irán olvidando. Correa quedará algo lesionado, pero seguirá avanzando, acaparando poderes, insultando.

¿Y qué pasa por la calle? ¡Nada, no pasa nada!

lunes, junio 22, 2009

Los pantalones de Alberto

El famoso Padre Alberto, ahora más famoso que nunca porque lo agarraron con las manos en la masa, dijo en una reciente entrevista que “debajo de la sotana hay pantalones”. Gran frase para resumir el dilema existencial y carnal en el que se meten los curas.

A mi colegio jesuita llegaban todos los años curas argentinos a enseñar teología, literatura y filosofía; tomar mate y tocar en su guitarra canciones de Sui Generis y Charly García. Había un par de ellos, un colorado con pinta de surfer y otro que confundían con Clark Kent, que derretían a las madres de familia y a las chicas de otros colegios. Ellas decían que venían al colegio por nosotros, pero en realidad venían por el par de argentinos. Se inventaban cualquier excusa para conversar con uno de los curas. Y al final, el suspiro era siempre el mismo: “¡Qué pena que sea cura. Qué desperdicio!”.

Me caían bien esos curas del colegio. Sobre todo porque no parecían curas. No se vestían como curas. Decían malas palabras, jugaban bien fútbol y cantaban rock latino. Talvez fracasaron conmigo y otros compañeros en su trabajo evangelizador. No nos duró mucho tiempo eso de las misas, las confesiones y hablar con dios. O talvez hicieron bien su trabajo, porque nos enseñaron a hacernos preguntas y no aceptar cualquier cosa que nos digan por ahí.

Lo cierto es que, por alguna razón, los curas que no parecen curas suelen ser los más populares. Igual que las profesoras que no parecen profesoras. O los jefes que no parecen jefes.

El Padre Alberto cumple esta regla. No parecer Padre es su mayor activo. Se ganó más seguidores que Moisés con la ayuda de las cámaras, un micrófono, sus ojos azules y su pinta de actor. Rompiendo el molde de esos curas aburridos y ultra moralistas se ganó los rezos de sus emocionadas feligresas que quizás soñaban despiertas con pasar una tarde con su curita en la arena.

Hasta que sucedió. Los paparazzis hicieron su agosto en mayo. Y la Iglesia se enfrentó nuevamente a ese debate que andaba algo callado: ¿por qué no pueden casarse los curas?

Después de analizar el tema, creo que la respuesta nada tiene que ver con la vida de Jesús, ni con ninguna de esas razonas dizque históricas o religiosas. Más bien creo que tiene que ver con los problemas que podría traer la esposa del cura a la parroquia.

Imagino a las señoras antes muy generosas con el cura, ahora negándose a dar limosna “para que se compre más vestidos y joyas la muy derrochadora esa que se casó con nuestro curita”. O los secretos de confesión regados por todo el pueblo luego que el cura le haya pedido a su mujer que no le cuente a nadie. O los problemas económicos en los que se metería la Iglesia ante cada divorcio en los que los abogados de ella reclamarían la mitad del terreno de la casa parroquial y hasta el cáliz de oro que reposa en el altar.

Sería un dolor de cabeza. Mejor cortar por lo sano y prohibir que se casen.

Al Padre Alberto le tocará ahora meterse de lleno a animador de televisión o fundar su propia religión. Seguro será un éxito en ambas cosas.

Hace poco, en una reunión de compañeros, me pusieron al día de la vida de los curas argentinos que pasaron por mi colegio. Clark Kent trabaja en una parroquia al sur de su país. Y el cura con pinta de surfer se conquistó una guayaca y vive felizmente casado. Ya decíamos nosotros, este no parece cura.

* Publicado en revista SoHo de Junio.

jueves, junio 18, 2009

Plastificando certificados

No me pregunten por quién voté este domingo porque no tengo idea. Marqué una raya mientras leía por primera vez en mi vida unos nombres y apellidos que no pude reconocer. Así es la vida en estos tiempos dizque revolucionarios. Toca votar hasta el cansancio.

La otra mañana escuchaba a un comentarista en la radio alegrarse porque finalmente no tendremos elecciones en cuatro años. Porque ahora sí el Presidente podrá gobernar y tomar las acciones correctas, incluso las que no sean necesariamente las más populares. Sin elecciones por delante, reflexionaba el periodista, Correa ya no tiene que preocuparse de buscar votos o ganar popularidad.

Yo no estaría tan seguro. No me extrañaría que en un par de años tengamos que ir nuevamente a votar. A medida que el Gobierno avanza en su estilo autoritario, más compañeritos y seguidores irán desertando de las filas de su partido. Ya no aguantarán ser parte de un movimiento personalista que olvidó los ideales que compartían, prefiriendo acumular poder y atropellar libertades.

Alberto Acosta fue de los primeros. El ex aliado número uno de este Gobierno hoy lo critica fuertemente. Con referencia al caso Teleamazonas dijo: “…yo creo que es aberrante el hecho de que nos aferremos a una ley, creada en la dictadura… para empezar un proceso contra cualquier medio de comunicación... es un acto que no se ajusta a la ley ni a la razón, ni al sentido común”.

María Paula Romo, una de las caras más visibles del bloque del Gobierno, también ha criticado las acciones del Conartel, o sea de Correa, contra la libertad de prensa. Imagino que la asambleísta vive el dilema de permanecer o no como parte de un Gobierno cada día menos democrático. No me extrañaría verla también desertar del bloque oficialista en la nueva Asamblea.

Y así, como ellos, seguramente veremos a más partidarios de Alianza PAIS que dejarán de identificarse con este Gobierno autoritario que no cumple el cambio esperado. Podría llegar el momento en que el Presidente no tenga a la Asamblea de su lado. Y sus aliados de hoy bloqueen sus propuestas de mañana.

Y ahí es cuando, con la excusa de tener una Asamblea opositora –le dirá corrupta, mediocre y todo lo demás–, y ante la necesidad de elevar su popularidad con una buena dosis de campaña electoral, el Presidente recurriría a ese artículo de su Constitución que le permite “…disolver la Asamblea Nacional… si de forma reiterada e injustificada obstruye la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo...”. Y que indica que inmediatamente “…el Consejo Nacional Electoral convocará para una misma fecha a elecciones legislativas y presidenciales para el resto de los respectivos períodos”.

Y volverían las cadenas, los bailes, los mítines, las canciones, las caravanas, los discursos, y el uso de recursos del Estado para otra campaña presidencial. Y Correa elevaría nuevamente su popularidad producida en televisión. Y nuevamente iríamos a votar.

Quién sabe. Tal vez nada de esto suceda. Tal vez esta vez, en serio, no tendremos más campañas y elecciones por cuatro años. Ojalá. Pero por alguna razón, mientras votaba este domingo por unos cuantos desconocidos y hacía plastificar otro certificado de votación –¿cuántos llevamos?–, tuve el presentimiento de que no pasará mucho tiempo hasta que regresemos a marcar una nueva papeleta.

jueves, junio 11, 2009

Obedientes

Según su página web, el Conartel “es un organismo autónomo de derecho público”. Linda autonomía socialista del Siglo XXI. Han tenido su sentido del humor.

El Conartel es hoy un organismo vergonzosamente obediente del poder. Si sus miembros siguen tan aplicados y sumisos, se ganarán todas las sonrisitas del jefe y un vergonzoso e importante capítulo en nuestra historia nacional de atropellos.

Rafael Correa no puede hacerlo todo solo. Necesita gente que ejecute sus órdenes. Gente que cumpla sin hacer preguntas ni analizar las consecuencias de sus actos. Sus ejecutores olvidan que el poder que tienen ahora es pasajero. Que el gobierno de Rafael Correa es pasajero. Pero la reputación permanece por mucho tiempo. El tiempo y la memoria no borran fácilmente los atropellos.

Veo a Antonio García, el joven presidente del Conartel, hablar a los periodistas, como quien no dice nada. Les informa que se ha iniciado el tercer proceso contra Teleamazonas, por dizque violar la nueva ley favorita de Correa que dice que no se puede transmitir noticias basadas en supuestos que causen conmoción social. En otras palabras, García informa que el Conartel, siguiendo la voluntad del Ejecutivo, ha iniciado arbitrariamente el proceso para cerrar Teleamazonas, callar sus noticieros y periodistas, y consolidar así el atropello de Correa a la libertad de expresión.

Correa dijo que “los medios de comunicación no están por encima de la ley”. Pero por lo visto él sí lo está. Pretender callar un canal de televisión utilizando absurdamente como excusa un par de reportajes, eso sí es estar por encima de la ley. Convertir hechos reales en “supuestos”, y la reacción inofensiva del televidente en “conmoción social”, eso sí es estar por encima de la ley. Llegar a cerrar un canal de televisión con estas excusas no sería solo estar por encima de la ley. Eso es ser la ley.

Correa pidió a los periodistas que, “en vez de hacer tanto estruendo de que se está atentando contra la libertad de expresión”, reclamen “si está cumpliéndose o no la ley”. Aquí reclamo. No se está cumpliendo la ley. Se están tergiversando hechos (decir que son supuestos lo que fueron hechos) e inventando consecuencias (conmociones sociales que no han existido) para adaptarlos a una ley absurda y así alcanzar sus sanciones desproporcionadas.

El debate no es si los medios hacen un buen o mal trabajo. O si sus reportajes son totalmente neutrales o tienen intereses particulares. Menos aún si sus dueños son banqueros o verduleros. No desviemos la cosa. Lo que está en juego es nuestra libertad para expresarnos. Que no nos metan el cuento de que todo está apegado a la ley. El Presidente quiere demostrar que él también tiene el poder para cerrar canales y seguir ganando elecciones. No entiende de libertad. No le interesa la libertad.

Todavía Teleamazonas está al aire. Pero de darse su cierre temporal o definitivo se habrá concretado el más vergonzoso atropello de este Gobierno. No hay excusa que sirva a Rafael Correa y sus funcionarios del Conartel para justificar estas acciones. No olvidaremos a quienes fueron parte de este abuso. Algún día, cuando dejen de ser la ley, tendrán que responder.

jueves, junio 04, 2009

Pobrecitos

Me hubiera gustado ver ese debate entre Hugo Chávez y Mario Vargas Llosa. Latinoamérica habría presenciado un intercambio de ideas entre quienes creen que el gobierno debe controlarlo todo y quienes creen en la libertad individual como motor de progreso.

Pero el problema con Chávez y sus amigos no es simplemente de ideas. El problema es que, a la hora de la hora, nuestros socialistas de este siglo no quieren ni permiten ese intercambio de ideas. Dicen que están abiertos a los debates y a las críticas. Pero en la práctica apagan toda posibilidad de debate. Aniquilan las críticas atacando a los medios de comunicación y la libertad de expresión.

Chávez rompe el clima de respeto y libertad necesario para el debate cuando amenaza y cierra canales de televisión. O cuando retiene en el aeropuerto a los Vargas Llosa, padre e hijo, para dejarles claro que su majestad de boina roja no está contento con su presencia. Vergonzosa actitud. Prueba que no es presidente de su país. Es su dueño que decide bajo qué condiciones pueden visitarlo.

Rafael Correa no se queda muy atrás. Rompe también esa libertad y respeto el momento que amenaza con demandar a los medios de comunicación que dicen algo que no le gusta o que le parece incorrecto.

En su momento, quienes han expresado de frente su rechazo al Presidente han sido invitados a pasar unos días tras las barras con la excusa de una retrógrada ley que reprime con cárcel a quien “con amenazas, amagos o injurias, ofendiere al Presidente”. Linda ley para abusar del poder.

Ahora, manipulan una ley que cae perfecta para callar a los medios. Dice que “se prohíbe a las estaciones de radiodifusión y televisión transmitir noticias basadas en supuestos que puedan producir prejuicios o conmociones sociales o públicas”. Esos “supuestos”, obviamente, serían definidos por el Gobierno. Y lo que significa “prejuicio o conmoción social” también quedará a discreción del poder. Con lo poco que se lee en este país es casi imposible que una noticia en un diario cause conmoción social. Pero como en Carondelet parece que leen hasta los Clasificados, bastaría que ahí se produzca la conmoción para que le metan un juicio al periódico.

El problema entonces va más allá de las ideas de los gobiernos, si son de izquierda, derecha, o lo que venga. El problema es cuando se creen dueños de la opinión pública y dueños de sus países. Cuando no entienden lo que significa la libertad de expresión y hacen todo lo posible para callar las voces contrarias.

Correa y Chávez promueven ahora una instancia regional que “proteja a los gobiernos legítimos de los abusos de la prensa corrupta”. Pobrecitos. Ahora resulta que la protección no es para los ciudadanos contra los abusos del gobierno, como debería ser. Aquí es lo contrario. Son los gobiernos indefensos quienes buscan protegerse de lo que sus ciudadanos escriban en diarios o digan en los micrófonos.

No son suficientes las infinitas horas que pasan estos presidentes en la televisión lavándonos el cerebro. No son suficientes todos los medios de comunicación a su disposición. Quieren más.

No deben ser tan malos los medios de comunicación cuando tanto les gusta tenerlos. Y hablando de eso ¿cuándo venderá nuestro Gobierno finalmente los canales incautados?

miércoles, junio 03, 2009

Revista la U. - Junio 2009

Ya está circulando la U. de junio en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.