jueves, julio 27, 2006

Guayaquil para vivirla

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Cada julio, nuestro alcalde inaugura obra tras obra en la ciudad. Nos hemos acostumbrado a verlo cumplir lo que ofrece, y ofrecer lo que cumplirá. En este país en el que ser político es mala palabra, a él le creemos. El Alcalde dice que en julio del 2008 se inaugurarán los túneles de San Eduardo. Confiamos que en dos años tendremos esos túneles. Creemos en sus palabras e intenciones.

Pero, cuando nos acostumbramos a lo bueno, nos volvemos más exigentes. En las épocas oscuras del Guayaquil secuestrado por el PRE nos conformábamos con lo mínimo. Pero con el Guayaquil de hoy se han elevado las expectativas. Sabemos que se pueden hacer las cosas mejor. Que junto al balance positivo de la administración de Nebot y los grandes cambios, hay otros cambios que se pueden y deben realizar si queremos una verdadera ciudad.

Lo primero y lo más importante es entender que la ciudad está hecha para la gente y no para los carros. Nuestro Alcalde lo entiende, pero creo que a medias. Con la Metrovía, Nebot inaugura lo que será una de sus más importantes obras a favor de la gente. Pero falta más. Nuestras calles dan miedo al peatón. Intimidan. Matan. Guayaquil está atravesada por autopistas criollas donde el peatón se juega la vida. Y la solución no está en más cruces elevados. Está en volver las calles y veredas más amigables. Cruzo a pie con frecuencia la avenida Francisco de Orellana. Algo que debería ser sencillo y agradable, se convierte en una prueba de obstáculos, pitos, frenazos a raya, y velocidad. Antes de construir nuevas vías, que nuestro Alcalde transforme las actuales en espacios donde coexistan el auto y el peatón, y no donde el peatón deba luchar por sobrevivir.

Junto a esto, los parques. Sí, están muy bonitos, con sus plantas perfectamente cuidadas para salir muy lindas en la foto. Pero los parques no son para fotos áreas que aparecen en guías turísticas. Son para vivirlos. Mejor un parque gastado por la gente corriendo, jugando y relajándose, a un parque "perfecto" donde todo parece estar prohibido. Son pocos los espacios verdes en Guayaquil. Nuestros parques son jardines de exhibición y no espacios de recreación. Que a partir de ahora se los pueda tocar, sentir, vivir, sin tener a un guardia despertándonos de la siesta o pidiéndonos que nos sentemos rectos.

Guayaquil va por buen camino. Pero ese camino debe enfocarse mejor, apuntar a lo que realmente importa en una ciudad: su gente. Dos cambios sencillos -calles y parques amigables- pueden generar una gran diferencia, junto a los esfuerzos por combatir la violencia y brindar seguridad. Que quienes participan del progreso de Guayaquil tengan eso bien claro con cada nueva obra. La ciudad moderna no es aquella con imágenes que impresionan desde tomas aéreas. La ciudad moderna es aquella que sus ciudadanos pueden vivir y disfrutar.

En este julio de nuevas obras y nuevas promesas, felicitamos a nuestro Alcalde por cumplir lo que ofrece y trabajar con ganas por Guayaquil. Pero que vaya más allá. Queremos y necesitamos una ciudad para vivirla día a día, una ciudad donde cada paso que damos sea un motivo para estar orgullosos. Que el Alcalde enfoque sus esfuerzos hacia la ciudad amigable que invita a salir, caminar, vivir.

jueves, julio 20, 2006

A levantarse del sofá

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Lo decimos siempre. Que nuestro país tiene de todo: montañas, selvas, costa, playas, islas, de todo. Que hay tanto por ver, sentir, recorrer, admirar, experimentar. Pero al final del día nos quedamos en la casa viendo tele, viajando en el Travel Channel a tierras exóticas y ciudades emocionantes. Eso de recorrer el país lo vamos postergando, y cuando nos damos cuenta pasaron los años y apenas salimos de nuestra manzana.

Me puse a pensar en esto mientras atravesaba este fin de semana los bosques, páramos y paisajes maravillosos del Parque Nacional Cajas. Mientras caminaba por las angostas calles de piedra del centro de Cuenca, que no visitaba hace años, imaginaba los miles de turistas que aún no nos visitan, los que están a kilómetros de aquí y los que vivimos tan cerca.

Pero, por suerte y porque en ello muchas personas han trabajado, miles de turistas sí nos conocen y nos visitan y se maravillan con nuestros paisajes. Como los turistas franceses que caminaron por tres horas con nosotros los senderos del Cajas. O esos gringos que disparan miles de fotos ante cualquier pajarito que se les cruza.

Varias personas que estuvieron en Alemania durante el Mundial me han comentado con orgullo la emoción que sintieron al ver la promoción que se hizo del Ecuador en ese país. Fue un plan concreto, práctico y bien dirigido. Dinero bien gastado que hará que miles de alemanes y gente de alrededor del mundo, que tal vez no tenía idea de lo que era este paisito en Sudamérica, ahora hagan planes para visitarnos. Estos esfuerzos se complementan con lo que están haciendo organizaciones locales que trabajan por el turismo, como la Fundación Turismo para Cuenca, que nos recibió con brazos abiertos en esa ciudad y promociona a nivel nacional e internacional lo que Cuenca y sus alrededores tienen para ofrecer.

Pero todas esas acciones acertadas por llevar al país al mundo y para que el mundo venga al país pueden quedarse estancadas si nuestro siguiente gobierno no pone al turismo como una prioridad en su agenda. Estamos demasiado ocupados contando los billetes que el petróleo nos dejará. E ignoramos que en el turismo tenemos una de las mayores oportunidades para salir adelante.

Este fin de semana en Cuenca me abrió los ojos a lo mucho que tenemos que no estamos viendo. Invertir en turismo es invertir en el desarrollo del país. Suena a eslogan repetido, pero solemos ignorarlo. Invertir en turismo no significa limitarse a promocionar el país. Significa invertir en carreteras e infraestructura para que los turistas no tengan miedo de alquilar un carro o tomar un bus. Es invertir en educación para que nuestros meseros, taxistas y cualquier caminante sean los mejores guías turísticos. Es invertir en seguridad para que historias de robos y asaltos no lleguen a oídos de potenciales visitantes. Y es, sobre todo, invertir en la gente, porque no hay mejor lugar para visitar que aquel en el que la gente vive feliz y orgullosa de lo que tiene.

Los dólares, euros y otras monedas que llegan con el turismo se multiplican en beneficios para todo el país. Que los candidatos pongan al turismo bien alto en sus planes y agendas. Que nos levantemos del sofá, nos sacudamos el canguil, y empecemos por conocer lo que tenemos a la vuelta de la esquina.

jueves, julio 13, 2006

Depresión postmundial

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Se acabó el Mundial. Italia es el nuevo campeón. Zidane quedó como mejor jugador y demostró ser un gran “cabeceador”. Ecuador llegó a un octavos de final con sabor a mucho más. Nuestros diputados han decidido regresar de sus vacaciones mundialistas. Y a nuestro presidente le picó la fiebre de la oxigenación. Unos ministros salen mientras otros entran.

El Mundial nos mantuvo en un estado de fantasía, en el que las discusiones más importantes giraban alrededor de un gol, un off side, un foul, un tiro penal. Ahora, nos agarra una terrible depresión postmundial. Las discusiones regresan hacia lo que el Gobierno hace, en el mejor de los casos, y deshace en la mayoría de ellos. Nos despedimos de fotos en los diarios de Zidane o Ronaldo metiendo goles, para amanecer nuevamente con fotos de Alfredo Palacio, pronunciando algún importante discurso sin importancia o nombrando a un nuevo ministro que ya, la verdad, nos tiene sin cuidado.

A estas alturas del partido, que este Gobierno inició con muchas oportunidades, ya dejaron de interesarnos los cambios o nuevas alineaciones. Sabemos que ya perdimos. Palacio hace tiempos que nos puso en desventaja. Y ya no importa quiénes se sienten a su lado en las reuniones de gabinete.

Sorprende la facilidad que tenemos para cambiar de ministros y otras autoridades. Iniciar un trabajo nuevo siempre tiene sus complicaciones y tiempos de adaptación. Nuestras empresas jamás funcionarían con esta frecuencia de cambios en sus gerentes. Pero a nuestros ministerios eso de la continuidad como que no les hace mucho sentido. Nuestros ministros parecen adaptarse de inmediato a sus nuevos escritorios, sus nuevos carros con chofer, y sus nuevas tarjetitas de identificación.

¿Qué tanto se puede hacer en seis meses? Mucho o poco, según como se lo vea. Preocupa que Palacio tenga toda la cara de querer hacer mucho, que en el típico vocabulario de presidente saliente, significa gastar mucho. Sucede siempre. A medida que se acerca el día de la despedida del poder, a nuestros presidentes les entra una terrible picazón populista. Gastan lo que años antes nunca hubieran gastado en aquello que en otros momentos no hubieran aprobado. Como si en los últimos meses la ideología y los planes originales de gobierno no aplicasen. La bandera populista reemplaza cualquier otra bandera. Lo importante es que me quieran y me aplaudan por donde vaya, se convierte en la razón de ser de los mandatarios. Y para ello, nada como repartir y repartir el presente, sacrificando el futuro.

¿Qué se puede hacer en seis meses? Se puede intentar dejar la casa en orden, en lugar de desordenarla más. Se pueden tomar las medidas poco populares pero necesarias que facilitarían el trabajo del siguiente presidente. Se puede buscar estabilidad en lugar de una pasajera y falsa popularidad. Dudo que este Presidente saliente tome decisiones a favor del próximo gobierno. Tratará de comprar su popularidad de última hora. Dudo que se rompa el círculo vicioso de gastar y gastar más a medida que llega el final, en especial en estas épocas de pozos gordos.

Perdonen el pesimismo. Debe ser que ya no hay fútbol que nos distraiga. O seguramente, que la realidad de un gobierno que nunca fue a ninguna parte ha regresado a los diarios, la tele y nuestras vidas. Seis meses de despedida. ¿Cuánto millones le costarán al país los adioses?

jueves, julio 06, 2006

‘¡Ya nadie volará!’

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Cuando viví en Nueva York, el alcalde Bloomberg tomó la decisión de prohibir el cigarrillo en bares y discotecas. Lo primero que pensé fue: “se fregó la farra en Nueva York, ya nadie saldrá a bailar o a tomarse un trago en un bar”. Estuve muy equivocado. La vida nocturna en esa ciudad siguió tan vibrante como siempre, con la única diferencia de que ahora se podía respirar mejor en los bares, los ojos no te ardían y no llegabas a casa con el olor a cigarrillo impregnado en la ropa.

En esos días, como leyéndonos la mente a quienes vivíamos en Nueva York, apareció una campaña publicitaria con frases y pensamientos que muchos han tenido a medida que se ha ido prohibiendo el cigarrillo en distintos lugares. “Si prohíben fumar en los aviones, ya nadie volará”, decía uno de los avisos. “Si prohíben fumar en restaurantes, ya nadie saldrá a comer”, decía otro. Muchos lo pensaron en algún momento, y todos estuvimos equivocados. Los fumadores siguen viajando, comiendo, trabajando y divirtiéndose más allá de que los acompañe o no la nicotina.

Hoy en día existe un mayor respeto y conciencia por parte de los fumadores. Hace quince o veinte años era muy normal que un fumador encendiera un cigarrillo en la sala de la casa de un amigo, en la mesa de un restaurante o en una reunión de trabajo. Hoy, rara vez lo hacen. Los fumadores han aceptado y muchas veces apoyan el hecho de que el cigarrillo debe limitarse a espacios privados.

Todo esto me ha venido a la cabeza leyendo el editorial de ayer de este Diario titulado ‘Fumadores pasivos’. El editorial menciona los riesgos que tienen los no fumadores al inhalar el humo del cigarrillo. E indica que el Ecuador “es uno de los países más retrasados en la obligación de desterrar el vicio del tabaquismo”.

Uno nunca quiere ser el tipo pesado que le pide al señor de al lado que apague su cigarrillo. Al fin y al cabo, todos tenemos buenos amigos y parientes que fuman. Sin embargo, creo que es tiempo de que nuestras ciudades ingresen al mundo civilizado, prohibiendo el cigarrillo en restaurantes, bares y discotecas.

Mis razones para apoyar estas medidas no miran tanto a las enfermedades y estadísticas fatídicas que menciona el editorial de ayer. Se trata de simple consideración y respeto a terceros. Cada uno tiene el derecho a “hacerse mal” fumándose un tabaco o algo más fuerte, comiéndose una de esas hamburguesas tapa-arterias, o tomándose unos tragos, pero siempre que ello no afecte a terceros. Los que quieren fumar pueden hacerlo, pero que no nos dañen la comida en un restaurante o nos causen dolores de garganta. Por eso, nuestros alcaldes, como ya lo han hecho alcaldes en otras ciudades, deberían prohibir el cigarrillo en restaurantes, bares, discotecas, y todos los lugares donde uno no tiene por qué respirar humo ajeno. Estoy seguro, como ya se ha demostrado en otros lugares, que la farra seguirá igual, los bares se seguirán llenando, los patios de comida en los malls seguirán rebosándose de gente. Y todos nos sentiremos más sanos al llegar a casa.

Qué tal si por las fiestas en Guayaquil nuestro Alcalde nos regala más aire puro.

jueves, junio 29, 2006

¿Matar nuestra vaca?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

En estos días de optimismo futbolístico nos llueven reportajes, artículos y conversaciones que nos invitan a soñar, a creer en nosotros y en el país. Si la Selección pudo, el país también, es el eslogan de hoy.

Pero al llevar comparaciones de la Selección hacia la política y la sociedad olvidamos que la Selección no pudo de repente, por suerte, porque las estrellas y los astros se alinearon a su favor, o porque Diosito quiso. A Alemania no llegaron jugadores improvisados, con algún técnico novato de turno, con una estrategia de juego de última hora. No, a Alemania llegó un equipo preparado, con objetivos claros. No se pudo porque sí, se pudo porque trabajaron para que se pueda.

“Señores, vamos a jugar un Mundial: Maten a sus vacas”, les dijo, según un reportaje que aparece en la página web de la FIFA, Luis Fernando Suárez a sus jugadores antes de empezar el campeonato en Alemania. La frase hace referencia a un cuento que aparece en el libro que Suárez les regaló.

Una familia vivía una vida cómoda sin mayores sacrificios gracias a su vaca que les proporcionaba comida, bebida y abrigo. Tenían todo lo que necesitaban, o creían necesitar. Hasta que alguien mata la vaca y la familia empieza una nueva vida, llena de sacrificios, esfuerzos y nuevos desafíos, que les permite progresar y construir una gran hacienda con muchos animales y comodidades. La vaca que tanto les daba, los condenaba al conformismo. Sin la vaca, llegó el trabajo y el progreso.

Los jugadores de nuestra Selección supieron matar sus vacas: del conformismo, de depender de pocas estrellas en el equipo, de antiguas excusas, y otras vacas personales. Trabajaron unidos, con esfuerzo y lograron vencer los desafíos.

¿Está listo el país para matar sus vacas sagradas y empezar a trabajar? ¿Estamos listos para aplicar todas estas lecciones sacadas del fútbol? El Estado ordeña su vaca petrolera y con eso alimenta a una creciente burocracia, nos subsidia el gas y la luz, nos crea una falsa comodidad y una real dependencia. ¿Matar a la vaca petrolera? Nunca. Es demasiado gorda y da demasiada leche como para que alguien la quiera matar. Un día morirá sola. Mientras tanto, ¿la está aprovechando el Estado? ¿O, al igual que la familia del cuento, se ha vuelto conformista y dependiente de esta vaca, olvidando que hay otras fuentes, otros negocios, otras áreas que desarrollar? ¿Es necesario esperar que muera la vaca petrolera para que el Estado abra los ojos y ponga a trabajar el dinero?

Hoy solo se habla del petróleo, potencial fuente de desarrollo y progreso, pero en gran medida, fuente de un Estado gordo, y de grupos que esperan la repartición antes que trabajar para producir. Mientras dependamos de una sola vaca, el resto quedará estancado. Que el Estado utilice el petróleo para generar y promover nuevos sectores. Que en lugar de conducir al conformismo y pasividad, el dinero petrolero permita a empresarios y emprendedores crear nuevas oportunidades. Que el paisito que hoy depende de una vaca, sea mañana inmenso e irreconocible con cientos de vacas bien alimentadas.

No basta con gritar “sí se puede”. Se trata de trabajar y trabajar. De matar las vacas, o al menos saber aprovecharlas. Pero ya sabemos lo difícil que es lo segundo, sobre todo cuando las decisiones vienen de una decadente clase política acostumbrada a comer gratis.

jueves, junio 22, 2006

Choferes dorados

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Según la última revista Vistazo, de las aproximadamente cuatro mil personas que viajaron de Ecuador a Alemania para el Mundial, mil forman parte de nuestra privilegiada burocracia. Más allá de que estas personas estén en su derecho a viajar y disfrutar su mes de vacaciones, esto nos hace pensar, y nos debe preocupar.

Según el reportaje, “un jardinero que trabaja para la Superintendencia de Compañías recibe una remuneración mensual unificada de 907,7 dólares. Un chofer en la misma dependencia gana 1.385,2 dólares mensuales”. Ese jardinero debe ser hijo del mismísimo Eduardo Manostijeras para ganar tanta plata. Y el chofer debe ser apellido Schumacher, o al menos Montoya. Imagino que el señor jardinero cuida muy bien las plantas y las flores burócratas, y que el señor chofer conduce con total seguridad y puntualidad a nuestros funcionarios públicos a importantísimas reuniones en algún restaurante de la capital. Más les vale con esos sueldos. Así, no debe sorprendernos que tantos funcionarios públicos viajen al Mundial.

Mientras esto pasa, vuelve con fuerza a nuestra siempre olvidadiza Latinoamérica este necio deseo de que el Estado lo maneje todo. Si nos va mal, debe ser por culpa de las empresas privadas que hacen mucha plata y no reparten, piensan nuestras brillantes mentes hundidas en el fango nacionalista. No entienden, o no quieren entender, que si estamos mal es justamente porque el Estado despilfarra en sueldos y excesos de empleados y arrimados, el dinero que las empresas producen, en lugar de invertirlo en nuestra educación, salud y en más empresas privadas que produzcan más dinero. Por lo visto hay quienes creen que no hay suficientes ecuatorianos alentando a la Selección en los estadios alemanes. Qué mejor entonces que nacionalizar unas cuantas empresas, para que haya más carros burocráticos con choferes con sueldos de ejecutivos que les permita irse al Mundial.

Quienes en sus discursos dicen buscar más igualdad y mejor distribución de la riqueza, son quienes proponen justamente la peor distribución de la misma. No hay repartición más injusta de las riquezas de un país que cuando una enorme tajada de los ingresos del Estado va a una burocracia obesa y dorada. En lugar de pensar en nacionalizar, quienes quieren más igualdad y oportunidades para los más pobres deberían apoyar un Estado mínimo que permita al sector privado producir y generar empleo. Pero eso no entra en las cabezas amantes del Estado papá. Eso de trabajar y producir no gusta. En cambio, gastar y repartir atrae más.

Nada de lo público funciona bien en nuestro país: nuestra seguridad social es todo menos segura y social, nuestra educación se hunde mientras los maestros se construyen urbanizaciones, nuestros hospitales públicos son centros de escándalos. Y sin embargo, en nuestras calles se escuchan gritos que piden que el Estado administre más e intervenga más. Junto a ellos, aparecerán candidatos con la palabra nacionalización en cada frase. Si a Evo le funcionó para ganar, por qué a mí no, pensarán nuestros candidatos.

Afortunadamente no todos nuestros funcionarios públicos son dorados. Pero sin decisiones ni cambios, continuarán rodando en nuestras calles más vehículos dorados para que choferes dorados conduzcan a nuestra burocracia.

jueves, junio 15, 2006

Las caderas al poder

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Entrevistaban a una animadora de televisión en un programa de farándula. Entre otras cosas, la entrevistada compartió que, animada por un partido político, sería candidata en las próximas elecciones al Congreso.

La futura diputada no mencionó sus planes para sacar adelante al país. Su postulación no obedece a esas cosas complicadas, sino a su capacidad para ganar. Se hizo un sondeo y su nombre aparecía con altos niveles de popularidad. Suficiente para que el partido la anime a participar. Su ideología, sus planes, su capacidad, eso es secundario, simple relleno. Lo que vale es ganar. Una vez en el Congreso ya se verá.

La política estará siempre ligada a personajes que llenan las páginas de farándula. Sucede en todos lados. Desde la Cicciolina en Italia, a Schwarzenegger en California, al mismo Ronald Reagan, a nuestros Pocho Harb y Silvana.

Sin duda, hay muchas celebridades preparadas y con excelentes credenciales para ocupar cargos públicos. La presencia de estos hombres y mujeres en política es tan válida como la de cualquier otro profesional. El problema no es que famosos entren en política. El problema es que nuestros partidos busquen entre ellos a sus candidatos estrella, más allá de lo que puedan tener en la cabeza. De repente, el rating que se genere por los movimientos de cadera o la simpatía frente a un público son una mejor carta de presentación para los partidos políticos que la experiencia, preparación y proyectos de los candidatos.

¿Cómo evitamos estos candidatos improvisados? El asunto se lo podría atacar por el lado de la oferta, exigiendo requisitos más estrictos para ser candidato: poseer título universitario, una maestría, algo que demuestre preparación. Pero ya sabemos que eso no serviría. Un título universitario, de los muchos que se ofrecen por ahí, no es necesariamente prueba de inteligencia o preparación. Además, este tipo de requisito se vería como discriminatorio, al excluir a personas inteligentes y con amplia experiencia que por falta de recursos u otras circunstancias solo pudieron atender la universidad de la vida.

Por el lado de la demanda, en cambio, sí se puede evitar estos candidatos: no demandando sus servicios, no votando por ellos. Y el camino para no votar por estos candidatos improvisados está en algo muchas veces repetido, pero que los partidos políticos, por obvias razones, no apoyan: acabar con el voto obligatorio. El día que solo vote el que quiera votar tendrán mejores oportunidades de llegar más de los candidatos con propuestas y experiencia. Más personas marcarán la cruz en la papeleta porque conocen y le apuestan a un candidato, y menos porque les ofrecieron una camiseta y un almuerzo a cambio. Las celebridades que ganen bajo un sistema de voto voluntario seguramente lo harán porque detrás de sus caras conocidas tienen algo que aportar, y no simplemente por el buen rating de sus programas.

La entrevistada en el programa de farándula posiblemente llegará a diputada. Su alegría, su popularidad, y su coqueteo con las cámaras sin duda merecerán el voto obligado de toda una multitud que ha bailado con ella. Por ahora, mejor disfrutamos el partido con Costa Rica y olvidamos lo que pronto se nos viene encima.

jueves, junio 08, 2006

La felicidad en cómodas cuotas

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

¿Es idea mía, o estos días muchos andan con tanta plata que salen a comprar como en Navidad? Cualquier día, a cualquier hora, en cualquier centro comercial se rebosan los parqueaderos. Los vendedores de televisores de ochocientas pulgadas parecen no tener descanso. Los celulares más caros y avanzados vuelan de las tiendas, aunque cuesten varios sueldos y ayuno de un mes. Y por las calles circulan cada vez más carros flamantes, todavía con el plástico de los asientos.

Nada de malo en comprar más y mejores cosas. Todo lo contrario. Así funcionan las economías, circula el dinero y se mueve el mercado. Pero preocupa que por querer comprar la felicidad en cómodas cuotas mensuales, nos esclavicemos al banco, la tarjeta de crédito o algún chulquero. Ver el Mundial en pantalla gigante se siente muy bien. Pero ver el Mundial en la pantalla gigante que nos costó cinco sueldos y la duda de si podremos pagar el colegio de nuestros hijos, no es nada divertido. Tener dinero o acceso a crédito trae consigo opciones y decisiones. ¿Endeudarnos y disfrutar hoy para pagar más mañana? ¿O invertir hoy para progresar y recibir más mañana?

Con el país pasa igual. El Estado recibirá ahora todo ese dinero petrolero que ayer no tenía. Y tendrá la opción de gastar y endeudarse más que antes. ¿Qué hará el Estado con la plata? ¿Se la feriará en aumentos de sueldos, más puestos burocráticos, las concesiones de siempre a los uniformados, regalos para todo el que grita y el despilfarro al que nos hemos acostumbrado? ¿O lo pondrá a trabajar y producir, invirtiendo en educación, salud y generación de empleo a través del apoyo a la empresa? ¿Aumentará el Estado su obesidad? ¿O finalmente optará por un buen plan de ejercicios y dietas que lo pongan en forma?

Ya hemos desperdiciado demasiado dinero del petróleo desde el tristemente glorioso día en que se lo descubrió. En lugar de invertir y ahorrar, nos endeudamos. La tentación vuelve a rondar. ¿Qué hará el Gobierno esta vez?

Todo depende de las decisiones y firmeza de Palacio y de quien llegue después de él. Todo depende de nuestro voto. Administrar esta aparente riqueza será más difícil que administrar la pobreza. Todos piden y reclaman al que tiene plata. Al pobre lo dejan tranquilo. Nuestro siguiente presidente lidiará con grupos que le exigirán una falsa y pasajera felicidad a crédito, en lugar del duradero bienestar que trae la inversión y producción. Necesitamos un gobierno con capacidad de invertir, no de gastar y repartir. El candidato que hable de cómo va a invertir y hacer producir ese dinero, en lugar de cómo lo va a distribuir, tiene mi voto.

Por ahora podemos estar tranquilos. El mundo no se acabó este martes 666. Y mañana miraremos felices el Mundial sin pensar en excusas para faltar a trabajar. La emoción y la alegría se respiran en calles y oficinas. Al menos por estas semanas, andaremos con la cabeza en una pelota y en el grito de gol, en lugar de las deudas y un Estado fracasado. Pero cuando termine la fiesta y el árbitro diga “no va más”, trabajemos y votemos para no lamentar por otros millones que se nos volvieron a esfumar.

jueves, junio 01, 2006

Emociones, por otro lado

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

¿Por qué no podemos tener un presidente como él, al menos la mitad de él?, se decían guayaquileños y quiteños ante la presencia del ex presidente chileno Ricardo Lagos. Nos resignamos a nuestro doctor que improvisa de presidente, mientras los chilenos gozan de la estabilidad y progreso que trae una continuidad de buenos líderes y Colombia reelige a un mandatario bien parado.

La eficiencia deja atrás barreras ideológicas. Lagos va más allá de izquierdas y derechas. Recoge lo mejor, lo práctico, lo eficiente de cada tendencia para consolidarlo en un socialismo que funciona. Aquí no hay discursos antiyanquis, anti libre mercado, antiglobalización que tanto gustan a muchos de nuestros socialistas criollos. Todo lo contrario, Lagos entiende que la liberación de la economía, los tratados de libre comercio con Estados Unidos, Europa, China o quien sea, el apoyo a las inversiones y la empresa privada, la generación de riqueza en lugar de la distribución de miseria y la responsabilidad fiscal están más allá de la ideología y van de la mano perfectamente con políticas socialistas. Es simple cuestión de pragmatismo: la apertura, el libre mercado y la promoción del sector privado beneficia a todos, y eso es lo importante a la hora de tomar decisiones desde el gobierno. Así funcionó en Chile, así funcionaría aquí.

Lo interesante y lo preocupante es que la visita de Lagos pasó relativamente desapercibida en el país justamente para grupos socialistas que deberían ser sus más ardientes seguidores. Fueron los empresarios –que en su mayoría no se identifican con el socialismo, pues en su versión criolla suele engordar al Estado y poner trabas a la producción privada– quienes lo aplaudieron y recibieron con la orquesta completa. En cambio, grupos de izquierda reservaron sus aplausos y vivas para la venida de Hugo Chávez, representante de una izquierda populista y caduca cuyo gobierno no llega a los talones del de Lagos.

Esto nos hace pensar que aquí lo que más vale es hablar bonito y no gobernar eficientemente. Que los gestos, discursos, gritos de soberanía y palabras emocionantes valen más que los buenos resultados, la producción y el progreso. La popularidad de nuestros líderes parece alimentarse de la emoción que estos despiertan en sus seguidores, en lugar del bienestar que generan con su trabajo.

De emociones no comemos ni ganamos. Comemos y ganamos con estrategias, acciones, resultados. La emoción y carisma de los jugadores de nuestra selección de fútbol no gana partidos. Los goles sí. Chávez emociona. Lagos mete goles. En este mundial preferimos ganar partidos aburridos, antes que perder partidos emocionantes. Lo mismo debe ser a nivel de gobierno: apoyar líderes que nos hagan ganar antes que emocionar.

Revisemos nuestros candidatos presidenciales. Aunque no veamos a ningún Lagos, escojamos a quien sepa meter goles y dure todo el partido de pie. No a quien nos entretenga y emocione para ser expulsado a mitad del camino. Aunque seguramente no tendremos al presidente ideal, que al menos este traiga la estabilidad y el inicio de la continuidad que tanto necesitamos. Que las emociones vengan de otro lugar.

PD: Me he unido al mundo de los blogs. Los invito a leer todos mis artículos y dar sus opiniones en www.gomezlecaro.blogspot.com

jueves, mayo 25, 2006

¿Irrespeto?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

La declaración de los obispos del Ecuador que circuló en relación a El Código da Vinci habla de “irrespeto a los creyentes”, “fraude” y “calumnia”. Más allá de saber que se trata de una obra de ficción que no debe tomarse como documento histórico, los obispos y muchos cristianos sienten que se intenta “descalificar la fe en la divinidad de Jesucristo”.

En este mundo diverso, con tantas creencias, culturas y tradiciones, cada quien puede creer lo que quiera y no tiene que aceptar las mismas creencias religiosas de otros. La divinidad de Jesús es una creencia religiosa aceptada por los cristianos, no un dato histórico aceptado universalmente. Si alguien quiere dudar de la divinidad de Jesús está en todo su derecho a hacerlo, como puede dudar de la virginidad de María o la existencia de un paraíso. Esto no es desinformar o falsificar la historia, ni atacar e irrespetar a los cristianos. Es simplemente discrepar sobre dogmas y creencias religiosas de determinados grupos.

Hay datos históricos. Y hay creencias religiosas. Que Jesús existió, tuvo seguidores y murió crucificado son hechos históricos con los que concuerdan historiadores, tanto cristianos como no cristianos. Que Jesús haya sido concebido sin un padre humano o que resucitara, son creencias religiosas que los cristianos aceptan por su fe, pero que la historia no prueba. Decir que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo descendencia no es ofender a los cristianos. Siendo Jesús una figura histórica, cualquier persona está en su derecho a interesarse en su vida y generar teorías en relación a la misma.

Todos tenemos el derecho a seguir una religión o ninguna, a creer en algo o en nada. Lo importante es vivir en paz y armonía entre todos. Lo importante es que cada uno viva su fe y su religión, o la ausencia de ellas, en su espacio privado o junto a su congregación y que no intente imponerla a los demás. El que no quiere ver la película está en todo su derecho, pero que no intente evitar que otros lo hagan o que se sientan culpables al hacerlo.

Afortunadamente aquí nadie ha impedido que veamos la película. Incluso muchos grupos religiosos han aprovechado la oportunidad que “El Código da Vinci” presentó. En lugar de oponerse a la película, varias congregaciones han alentado a sus fieles a que la vean para luego debatirla abiertamente y fortalecer sus creencias. El Opus Dei, aunque aparezca como el malo en la novela y la película, ha sabido aprovechar la curiosidad de lectores alrededor del mundo para darse a conocer a más personas. Un artículo en la página web del Opus Dei titulado “Estoy en deuda con Dan Brown” cuenta de un hombre que ahora pertenece a esta institución gracias al interés que la novela despertó en él. Estas experiencias demuestran que en lugar de enfrentarse y quejarse por lo que dice una obra de ficción, resulta mejor concentrarse en las oportunidades que esta genera.

Esperemos que ante todo gane siempre la libertad de expresión, de opinión y de cultos. Que en lugar de intentar imponer un punto de vista, un tipo de creencia y una fe, se respete la diversidad de creencias que existen en el país y el mundo. Y que prevalezca el derecho a crear nuevas historias que nos entretengan, nos desafíen, y pongan a volar nuestra imaginación.

jueves, mayo 18, 2006

El triunfo de las llantas quemadas

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Felicitaciones, señores bloqueadores de carreteras. Lo han logrado. El Gobierno los escuchó, o mejor dicho, se arrodilló ante ustedes. Se pronunció contra la inversión privada, la ley, el libre mercado, el progreso. Y ahí la tienen, recién salidita del horno: la caducidad del contrato con la Oxy que tanto esperaban, por la que tanto gritaron y tantas llantas quemaron, sintiéndose muy revolucionarios y justicieros.

Los empleados de Petroecuador les agradecen de todo corazón sus esfuerzos por pasar los bienes privados a manos burócratas y políticas. Festejen junto a sus diputados el supuesto bienestar que esta decisión traerá al país. Festejen nomás, que en poco tiempo se estrellarán contra la triste realidad de lo que su apoyo ha causado.

Y mientras festejan, lanzando gastadas frases a los micrófonos de los periodistas, vamos descubriendo que el problema nunca fue lo que hizo o no hizo la Oxy. En el fondo, hasta el más fanático nacionalista estaría de acuerdo que el vender parte de las acciones de la empresa a otra sin la debida autorización, no es una falta tan grave que no se pueda solucionar con una negociación. El problema no está en los actos de la empresa. El problema está en su origen: la Oxy es una empresa gringa. Las protestas y la caducidad difícilmente se hubieran dado contra una empresa de otro país. Pero la Oxy cometió el error de ser una empresa del “imperio culpable de todos nuestros males”, como dirían a las cámaras nuestros triunfantes diputados y quema-llantas.

Los extremos son malos. Hay quienes se inclinan y besan los pies de Estados Unidos como nuestra única fuente posible de bienestar y progreso. Y está el otro extremo. Quienes ven en ese país al imperio malvado y explotador causante de todas nuestras desgracias. Ambas posturas son peligrosas. La caducidad del contrato de la Oxy marca el triunfo del segundo grupo, que se cree condenado a la pobreza a causa de la explotación de los países ricos y no de sus propios errores.

Las preferencias, inversiones y programas de cooperación de Estados Unidos con nuestro país seguramente disminuirán, junto al TLC que se irá esfumando. No vayan a llorar mañana quienes hoy celebran. Prohibido quejarse de explotación y marginación, cuando veamos a nuestros vecinos colombianos progresar a pasos acelerados aprovechando su TLC con Estados Unidos, mientras nosotros nos hundimos junto a nuestros vecinos bolivianos en nuestro aislamiento nacionalista. Ya escucho las quejas en pocos años: que Estados Unidos no nos permite hacer negocios con ellos, que nos cobra aranceles muy altos, que nos cierra sus fronteras. Ya los escucho reclamando que a Colombia los traten tan bien y a nosotros tan mal. Pobres de nosotros, siempre tan explotados y sufridores.

Hoy nos hemos alejado más del bienestar y progreso que traen la integración, el respeto a las leyes y el apoyo a la empresa privada. Felicitaciones, señores diputados; felicitaciones, señor Presidente; felicitaciones, señores quema-llantas. Nuestras renovadas dignidad y soberanía nos han asegurado más miseria y exclusión.

Palacio duerme tranquilo: se salvó de un juicio en el Congreso. Pero eso es secundario. Lo juzgará la historia por todo lo que hizo, deshizo y no dejó hacer. Lo enjuiciará el oscuro futuro que sembró su indecisión.

lunes, mayo 15, 2006

Revista la U - Mayo 2006

Ya está circulando la U de mayo!




En esta edición:

- Conoce a tus candidatos presidenciales: Carlos Sagnay y Rafael Correa.
- Reportaje: Matando el hambre en la U.
- El lUk en Baccus Coffee & Art.
- Bogotá en tres actos.
- Noticias de por allá: cuartos mixtos en Harvard, danza del vientre en Yale, conversando con el escritor de "Los Simpsons" en Georgetown.
- Orientación: Inteligencia Emocional.
- Noticias y eventos de tu U. en la circular.
- Columna de Karola: Saliendo de la depre.
- Grita por el megáfono.
- El cuestionariU a Chantal Fontaine, rectora del Instituto Fontaine.
- Reviews de música, cine, arte, libro, discoteca, restaurante, y más.
- Gánate pases como extra en la serie "Solteros sin Compromiso".
...y mucho más.

Para mayor información o publicidad escríbeme a manueligomez@yahoo.com. Para colaborar con artículos, fotos, ideas o comentarios escríbenos a revistalau@yahoo.com.

jueves, mayo 11, 2006

Unidos

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

En un mes quedarán a un lado las banderas políticas. Ya no importará si apoyamos o nos oponemos al TLC, si se negocia o no con la Oxy. Los candidatos a la presidencia pasarán a un plano secundario. Y todas esas genialidades que descubrimos a diario en el periódico y la tele –la última es la prohibición a que dos personas viajen en una moto– serán instantáneamente olvidadas. Empezará el Mundial de Alemania, y nada será más importante.

En un mes seremos un solo país, una sola voz. Insultaremos todos al mismo tiempo al árbitro cuando no pite ese penalti clarísimo a favor del Ecuador. Nos agarraremos la cabeza al mismo tiempo con esa bola que pasó rozando el palo. Y gritaremos –ojalá– juntos a todo pulmón ese grito de “gooool”.

Esos días en los que gente de izquierdas y derechas, burócratas y empresarios, costeños y serranos, barcelonistas y emelecistas, nos unimos en una sola voz en lugar de criticarnos y darnos a palos, debemos mirarnos los unos a los otros, y entender que somos todos parte del mismo equipo. Que todos –o al menos una gran parte– queremos lo mismo: que gane nuestro país dentro y fuera de la cancha.

Habrá quienes apoyen una u otra alineación. Sin duda, criticaremos al técnico cuando no coincidamos con sus decisiones. Y la pobre madre de algún delantero será la mujer más mentada en el país si este se come un gol. Nuestras estrategias, alineaciones y emociones serán distintas, pero el fin que buscamos es el mismo: que gane el país.

Los días fuera del Mundial no son muy distintos. Como ecuatorianos casi todos queremos que el país salga adelante, que haya más empleo, más seguridad, más educación, más producción, en fin, que gane el país. Pero como es normal, para alcanzar ese fin tenemos estrategias distintas. Unos creemos firmemente que para ello debemos abrirnos al mercado internacional y firmar el TLC. Otros apoyan una mayor protección de las empresas nacionales. Hay quienes buscamos el progreso del país en la seguridad jurídica que invite a los extranjeros a invertir. Otros buscan el bienestar del país cambiando leyes que quiten privilegios y utilidades a los inversionistas, a favor de más ingresos para el Estado. Son posturas variadas y muchas veces opuestas. Pero más allá de las diferentes ideologías, planes y estrategias, todos, o casi todos, queremos que el país salga adelante.

No olvidemos que jugamos en el mismo equipo. Que el reto está en avanzar más allá de nuestras diferencias. En luchar por nuestras convicciones, pero saber ceder y apoyar al oponente por el bienestar de la mayoría. Y en confiar a los que más saben –como en este Mundial confiamos en Suárez– las decisiones importantes que conduzcan al país hacia ese progreso que buscamos.


Pasará el Mundial y llegarán las elecciones. Talvez no estemos de acuerdo con el ganador, ni con su alineación y su estrategia de juego. Sugeriremos cambios y lucharemos por ellos. Pero una vez en la cancha, apoyemos a quien lidera el equipo. Que se escuche bien alto nuestra voz de apoyo. Que el progreso del país –como el triunfo de la selección– esté por encima de lo demás.

jueves, mayo 04, 2006

¿Lo nacional?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Estoy viendo en una foto a Evo Morales escoltado por militares. Detrás hay una planta de gas con un inmenso afiche colgado que dice: “Nacionalizado: Propiedad de los bolivianos”. Evo inicia así la nacionalización de los hidrocarburos y según sus palabras “mañana será la minería, será lo forestal, serán todos los recursos naturales, que pelearon nuestros antepasados”. ¡Qué alivio no ser boliviano en estos días!

Latinoamérica vive una montaña rusa: hoy nacionalizamos, mañana privatizamos, pasado mañana volvemos a nacionalizar. Ayer dictadura, hoy democracia, mañana más dictadura. Cerramos las fronteras al comercio, mejor las abrimos, qué tal si las volvemos a cerrar. Y después nos preguntamos por qué tanta pobreza y tanto atraso.

La dolarización es lo mejor que le ha sucedido a nuestro país, al menos en ese terreno ya no vivimos el vaivén de imprimir más billetes según la picazón en la cabeza del mandatario de turno. Lástima que no tengamos un freno obligatorio como el dólar a la hora de limitar el crecimiento del tamaño del Estado. Cada presidente engorda al Estado como quiere, y le confía a una burocracia especializada en el fracaso nuevas empresas “nacionales” con la excusa de moda de la soberanía nacional, la dignidad nacional y otras frases salpicadas de falso patriotismo.

Me preocupa, y deben preocuparnos, los Evos que creen que el Estado debe manejarlo todo. Tienen la receta probada para el fracaso. Aquello de “recuperar” lo nacional o que “nos devuelvan” lo nuestro, no es en la práctica otra cosa que entregarle a la burocracia y los que se alimentan como parásitos de ella, más millones y millones para gastar y repartirse alegremente. Mientras nuestros presidentes pronuncian esas frases con tufo a reciclada y fracasada historia nacional, la burocracia dorada de nuestros países descorcha botellas de champán. El grito de la soberanía es el mejor negocio para la minoría política dueña de lo nacional.

De repente la propiedad privada, motor del progreso de los pueblos, ha pasado a ser una cosa anticuada entre tanto eslogan nacionalista. Mañana algún Evo ecuatoriano decidirá, por ejemplo, que la cerveza es un bien nacional que le pertenece a todos los ecuatorianos y que por ello, por dignidad nacional, y soberanía alcohólica, debe ser nacionalizada. A nuestro Evo le indignará que la cerveza de los ecuatorianos sea propiedad de extranjeros, y la encargará a burócratas nacionales, preferentemente capitalinos. En poco tiempo aquel producto nacional empezaría a escasear entre mala administración, corrupción, nepotismo, exceso de empleados, etcétera. Y los ecuatorianos seguramente acabaríamos importando cerveza más barata y de mejor calidad. ¡Suerte que en la práctica la cerveza no entra en el discurso de la soberanía nacional! Tenemos cerveza nacional garantizada mientras esta permanezca en manos privadas.

No hay nada menos ecuatoriano que lo público. Petroecuador no le pertenece a los ecuatorianos. El IESS no le pertenece a los ecuatorianos. La educación pública no le pertenece a los ecuatorianos. Le pertenece a sus eternos arrimados, a los privilegios de unos pocos que se engordan de lo que en teoría le pertenece a todos.

Así cojea Latinoamérica. Mientras Evo nacionaliza y atenta contra lo privado, Humala llega a una segunda vuelta en Perú con el mismo discurso. Ojalá no sea contagioso.

jueves, abril 27, 2006

El honorable 'lechucero'

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Cuando veo a nuestro Congreso pienso en el colegio. Ahí están los mismos personajes: los relajosos, los vagos, los tramposos, algunos aplicados, y los dormilones –personificados en el “lechucero”, como le dicen, según un reportaje de este Diario, a un diputado que suele dormirse en las sesiones de la mañana–.

Solo el 0,6% de los ecuatorianos cree en el Congreso, según el reportaje de EL UNIVERSO. Triste, pero ya no nos sorprende.

Quiero pensar que muchos de nuestros diputados vienen al Congreso con ganas de trabajar por el país. Imagino al flamante diputado llegar emocionado y bien puntual a su primera sesión. Pero su idealismo y sus ganas empiezan a flaquear entre sesiones estancadas, eternos discursos, amarres, negociados, presiones, hombres de maletín, camisetazos, en fin. Nuestro diputado entra en el juego. Se deja llevar por esa modorra burocrática que impide terminantemente trabajar más de ocho horas, ni mover un dedo más allá del mínimo necesario. Se va acomodando en los beneficios de ser diputado, y solo trabaja por apoyar leyes que le competen a él, a sus amigos, o a su jefe de partido. Del país que se encargue otro.

Como en una clase con muchos estudiantes, es fácil esconderse entre cien diputados, no hacer nada, pasar el curso “de a vaca”. Y lo mejor de ser diputado es que si uno la embarra, por ejemplo, pasando alguna ley retrógrada como la de Huaquillas, no hay problema. Entre tanto diputado anónimo es fácil echarle la culpa al otro, hablar a las cámaras de cosas como soberanía y justicia, y ya, aquí no pasó nada. En el colegio al menos ponían rojo, o amenazaban con perder el año. Acá en cambio no importan los errores, la ineficiencia, las siestas parlamentarias, la ausencia de proyectos de ley. Cada mes igual llega el sueldo completito, más las yapas por sesiones extraordinarias, viáticos y algún merecidísimo bono. Y al final del período nuestros diputados se lanzan a la reelección y nosotros, tan tontos y fáciles de convencer, votamos nuevamente por los mismos.

¿Necesitamos tantos diputados? Con la mitad basta y sobra. Para qué más. Todo lo que se gasta en sueldos, secretarias, asesores, viáticos, viajes y bonos podría ir directo a la educación de los ecuatorianos. Siendo menos diputados no se podrían esconder tanto como hoy. No podrían echarse el muerto eternamente. Y a nuestro amigo el lechucero no le quedaría otra que tomarse unas cuantas tazas de café o una buena dosis de Red Bull para aguantar la sesión.

Según este Diario, 40% de los diputados aspira a reelegirse en las próximas elecciones. Y muchos lo lograrán. Junto a ellos, ya asoman los mismos candidatos improvisados, que porque salen en la tele moviendo las caderas se creen en condiciones para legislar. Y nosotros, los que les pagamos el sueldo, al momento de votar nos vemos forzados a rayar la papeleta por los mismos de siempre, sin mayores alternativas o remedios.

El camino hacia un Congreso decente y eficiente es largo y difícil. Un primer objetivo deberá apuntar a reducir el número de diputados. Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es votar por los menos malos, castigando al Congreso de hoy oponiéndonos a su reelección.

Hace un año se repetía la frase “que se vayan todos”. Nadie se fue, ni piensa irse. Despertemos a los lechuceros de su plácido sueño.

jueves, abril 20, 2006

'Te estoy esperando'

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Nuestra Comisión de Tránsito del Guayas llegó a la cúspide de su genialidad. Colocó en la carretera a Salinas macabros avisos con la muerte en forma de calavera y la frase “te estoy esperando”, seguido por un minicementerio con lápidas. Ahí yaceremos quienes no seamos capaces de esquivar los obstáculos que la misma CTG nos pone en el camino.



¿No sería acaso más inteligente evitar los accidentes que esos carteles anuncian –no previenen– quitando los conos anaranjados en mitad del camino, que debemos esquivar con maniobras de eslalon? ¿O avisar con suficiente anticipación las curvas, cambios de vía, puentes en construcción, etcétera, con carteles hechos con estándares internacionales y no por el carpintero de la esquina? Nuevamente las “soluciones” de nuestra CTG se convierten en más problemas.

Esta falta de eficiencia, unida a la corrupción en la Comisión de Tránsito, deben ser una alerta en el camino hacia las autonomías. La autonomía que todos buscamos debe aprender de esta institución local lo que no se debe hacer. Y hasta que no tengamos una CTG limpia y eficiente, las autonomías en Guayaquil y el Guayas caminarán con una piedra en el zapato.

Me cuentan historias de tiempos cuando la CTG y sus miembros eran respetados. Épocas cuando la ciudadanía daba regalos por Navidad a los vigilantes, en agradecimiento por su labor. Imposible pensar eso hoy. Por eso preocupa, y debe preocuparle a nuestro Alcalde, el futuro de nuestra ciudad y de los logros autonómicos, cuando él ya no esté a cargo de las cosas.

Los últimos resultados en las elecciones del Perú nos muestran que una y otra vez los latinoamericanos nos equivocamos al votar. Los jóvenes peruanos que no recuerdan el desastroso gobierno de Alan García hoy votan por él. Ni hablar del triunfo del discurso divisivo y nacionalista de Humala. No debe sorprendernos entonces, que en futuras elecciones municipales vuelvan al poder los que tanto mal le hicieron a la ciudad, los que lanzaban juguetes desde el balcón municipal mientras las madres morían asfixiadas, los que convirtieron los corredores del Municipio en guarida de pipones. Ojalá no ocurra, pero debemos estar listos para ello.

Nebot ha demostrado con su trabajo y sus logros que mientras él esté a cargo de la ciudad las cosas marcharán. Pero que no olvide que no es eterno. Que convierta al Municipio en una institución sólida y con gente preparada, y a las fundaciones de la ciudad en instituciones fuertes y autónomas a las que sea muy difícil corromper, sin importar quien ocupe el sillón de Olmedo. Que nuestro Alcalde empiece hoy mismo a ceder poder y control sobre las fundaciones, en favor de la institucionalidad e independencia que les permitirá a estas estar por encima de los intereses particulares de cualquier alcalde.

La ciudad y las autonomías avanzan. Pero estas no pueden depender de una persona. Nuestro Alcalde debe asegurarse que perdurarán y avanzarán más allá de su administración. Nadie puede garantizar que los logros de hoy continúen con el tiempo si no contamos con instituciones locales sólidas. Basta el ejemplo de la CTG para probarlo. Solo con un Municipio fuerte y sus fundaciones fuertes –que no es lo mismo que un alcalde fuerte– podremos asegurar el futuro de la ciudad y las autonomías. De lo contrario otras CTG nos estarán esperando.

jueves, abril 13, 2006

Como el sueco

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Entre tantos forwards con chistes, fotos sin censura, cursilerías, oraciones, angelitos, amenazas de castigo eterno si no reenviamos el mensaje, y promesas de una tal Foxy de largas noches de placer, recibí hace unos meses uno que me hizo reflexionar.

Era más o menos así: un latino de visita en Suecia acompañaba a su amigo sueco al trabajo. Llegaron temprano, antes que los otros trabajadores, cuando el parqueo de la empresa estaba casi vacío. Le llamó la atención al latino que el sueco se parqueara en uno de los espacios más lejanos al edificio de oficinas. Al preguntarle por qué no utilizaba un espacio más cercano, el sueco le dijo: “Como he llegado temprano, puedo darme el lujo de caminar y aun así llegar a tiempo. En cambio, mis compañeros que lleguen después tendrán más necesidad de los parqueos cercanos para entrar puntuales”.

¿Está loco nuestro amigo sueco? Acá le pondríamos una marca de idiota en la frente. ¿Parquearse lejos para dejar que los que llegan tarde ocupen los mejores parqueos? ¿Pensar en los demás antes que en uno mismo? Ninguno de nosotros haría algo semejante. Pensamos tanto en yo, yo, y yo que rara vez actuamos en base al nosotros. La historia me hizo reflexionar sobre el nivel de colaboración al que se puede llegar en una sociedad civilizada.



¿Qué tan civilizados somos nosotros? ¿Qué tanto pensamos en el bien colectivo y en nuestros vecinos? Vivimos a diario una agresividad y falta de consideración por los demás que deja mucho que desear. ¡Que no se metan conmigo, que me abran paso, que no me callen en el cine si me da la gana de contestar el celular, que me esperen para la reunión, yo me paso la cola si me da la gana, que se haga a un lado ese peatón, que cruce rápido la viejita o la atropello! Andamos todos apurados para llegar no sé adónde. La luz no cambia todavía a verde y ya estamos pitando desesperados. Todavía no salimos del ascensor y ya nos están empujando hacia adentro el grupo que intenta entrar. Terminamos de comer en un patio de comidas y dejamos todo perfectamente sucio para que lo limpie el siguiente.

El de al lado no importa. Nos preocupamos desde nuestra vereda para adentro. La basura en la calle no es cosa nuestra. La cerca de nuestra casa marca el límite de nuestra urbanidad.



No creo que lleguemos nunca a hacer lo que hace el sueco. No se puede pedir tanto. ¿Pero por qué tanta agresividad y falta de consideración? Hoy nos preocupamos más que nunca por la violencia y los robos en las calles de la ciudad. Podríamos contribuir un poco a aliviar tensiones con una actitud enfocada en el bien común en lugar de ver cómo fregamos al otro.

Como siempre la solución a nuestra conducta está en una buena educación. Pero esta va más allá de las matemáticas y geografía que aprendemos en el colegio. Esta se respira en el ambiente. Se enseña con el ejemplo.

Hace algunos años salían unos comerciales con Juanita Vallejo y un muñequito que enseñaba lo que se debía y no se debía hacer. Nos mostraban las actitudes positivas para hacer de nuestra ciudad y nuestro país un lugar civilizado donde vivir. Parece que olvidamos las lecciones. Que nos las enseñen otra vez.

miércoles, abril 12, 2006

Revista la U - Abril 2006

Ya está circulando la U de Abril!



En esta edición:

- Ilfn Florsheim: la mujer detrás de un extraño nombre.
- Bloggeando: Blogs Made in Ecuador.
- Cheerleading: mucho más que falditas cortas.
- Reviews de esto y lo otro.
- Top 10: Cosas que debes saber sobre la U.
- Las playas de Esmeraldas.
- El lUk en Boa Lua Café Lounge.
- Anécdota: Máncora Trip.
- Noticias de por allá: Actuando la vida universitaria en Boston College.
- Noticias de tu U. en la circular.
- TramitUlogía.
- El cuestionariU a Sonnia de Chavarría, rectora del ITSU.
- Gánate membresía al Hyper Gym, explorando la ciudad.
...y mucho más.

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jueves, abril 06, 2006

Antigringos

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Bush se ha ganado olímpicamente el odio e irrespeto de millones de personas alrededor del mundo. Muchas de ellas, en nuestro país, protestan hoy contra el TLC. El TLC se vuelve una excusa para atacar a Estados Unidos, el Darth Vader de la película internacional.

Para el creciente grupo anti Estados Unidos el tema de fondo no es si el TLC es bueno o malo para el país, o cómo resolver el tema de la Oxy. El asunto es sencillo: Bush malo = Estados Unidos malo = multinacionales gringas malas = TLC malo. Si el tratado fuese con la Unión Europea, China o quien sea, seguro casi nadie saldría a protestar. Los europeos y los chinos nos caen bien (por ahora). Pero los gringos desgraciados, que nos viven negando la visa todos estos años, merecen nuestro frontal rechazo.

A mí personalmente me disgusta Bush. Dirige un gobierno plagado de decisiones erradas, improvisaciones, meteduras de pata, hipocresía, y una sangrienta guerra a nombre de dudosos intereses. Me molesta el gobierno de Bush. Pero el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es una oportunidad que no podemos dejar pasar.


No voy a oponerme a vender más a nuestro principal socio comercial solo porque su presidente es incompetente. No voy a juzgar a los empresarios gringos con quienes haremos más negocios solo por quien ocupa temporalmente la Casa Blanca. Si a los habitantes de un país se los juzga por sus presidentes, no quiero ni saber cómo nos ven a los ecuatorianos. Pobre de nuestra reputación e imagen. Si ser equiparado a Bush es malo, serlo a un Abdalá, Lucio o Palacio es realmente aterrador.

Está de moda levantar la bandera antiyanqui. Y para esto contamos con el apoyo de Chávez y sus petrodólares. Un reciente reportaje del New York Times estima que el gobierno de Chávez gasta alrededor de 3 mil millones de dólares al año en ayuda y contribuciones a sus vecinos. Chávez compra bonos a Argentina, vende petróleo barato a los países del Caribe, envía cerca de 100.000 barriles diarios a Cuba a cambio de médicos y otros servicios, provee gasolina con un 40% de descuento a los habitantes pobres del Bronx, en Nueva York, y hasta auspicia a una de las escuelas de samba en el Carnaval de Río. ¡Cómo no querer a Chávez y unirse a su cruzada antigringa! Si bien el Presidente venezolano está en todo su derecho de ayudar a nuestros países, como lo hacen los países desarrollados, ¿acaso no tiene suficientes problemas y miseria casa adentro como para repartir billetes con olor a gasolina, vanidad y propaganda por toda América Latina?

Muchos que se oponen al TLC lo hacen en todo su derecho tras un análisis serio del mismo. Lastimosamente vemos cada vez más a esta masa antiyanqui liderando las voces contra el tratado. Dudo que mediten su postura y diferencien al Gobierno de Estados Unidos del tratado comercial. Queda esperar que el Gobierno gringo intente recuperar su popularidad perdida. Que nuestro Presidente y el siguiente no se dejen llevar por este sentimiento antiyanqui que tiene mucho de pasión e irracionalidad, y muy poco de cabeza. Y que sepan consolidar responsablemente la relación entre ambos países.

jueves, marzo 30, 2006

De lejitos nomás

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador



Guayaquil vive una difícil paradoja: mientras más se embellece y mejora, más nos alejamos de ella. Queremos a Guayaquil, pero de lejitos nomás. Los cambios positivos de la ciudad se comentan desde urbanizaciones privadas, tras enormes cercas, guardias y garitas. Ya no vivimos en la ciudad, vivimos junto a ella y a pesar de ella, encapsulados entre la urbanización y el mall. La ciudad se ha convertido en ese lugar que uno visita cuando viene algún amigo extranjero. Todos huyen buscando su pedazo de Disney criollo en las afueras. Hay para todos los gustos y bolsillos.

La inseguridad es sin duda la gran culpable de este aislamiento que buscamos los guayaquileños. Las experiencias de mis abuelos y padres viviendo y caminando tranquilamente por las calles del centro se han perdido. Hoy caminar es jugarse la vida entre robos y espacios construidos para una minoría motorizada. Hoy hacemos las compras lejos de la calle, en el mall. Hoy, un día ideal consiste no en vivir la ciudad sino en evitarla.

La inseguridad, la violencia y el temor a pisar las veredas de la ciudad están matando el espíritu de Guayaquil. El éxito de una ciudad no está en la dispersión de sus habitantes, sino en la densificación del espacio. Mientras más juntitos vivamos, mejor para todos. Los problemas de tráfico, por ejemplo, no se solucionan con avenidas más anchas ni con pasos a desnivel. Se solucionan cuando más gente vive y trabaja cerca, caminando o tomando viajes cortos a mercados, colegios y oficinas. Así mismo, la cultura de una ciudad se duerme dentro de las ciudadelas encerradas. La cultura vive cuando la gente, y sobre todos los jóvenes, comparten experiencias entre los sonidos, los personajes, la actividad de la ciudad. Cuando la ciudad es nuestra casa y no un lugar de pasada. Pero mientras la inseguridad continúe en las calles, la gente seguirá escapando, y la ciudad seguirá expandiéndose y perdiendo su personalidad.


La seguridad es el primer paso hacia un Guayaquil exitoso. Pero las soluciones pueden ir más allá. El Municipio puede crear planes que incentiven a la gente a vivir en la ciudad en lugar de sus afueras. Por ejemplo, como han hecho otras ciudades, se pueden brindar incentivos tributarios a los artistas que instalen sus viviendas y talleres en determinadas zonas centrales de la ciudad. Opciones para atraer a los guayaquileños a Guayaquil hay muchas. El primer paso es quererlo y entender su necesidad.

Ojalá nuestros hijos puedan vivir la ciudad y no protegidos y aislados de ella. El Municipio ha dado los primeros grandes pasos mejorando la infraestructura de Guayaquil. Que dé el siguiente paso comprendiendo que el futuro de la ciudad está en atraer a su gente a que viva en ella, y no simplemente a que visite los fines de semana sus parques cercados. Que entienda que sin seguridad no quedarán guayaquileños en la ciudad, y sin ellos simplemente no hay ciudad. Que Guayaquil mire más hacia las calles vibrantes de París o Nueva York y menos hacia las frías autopistas de Miami o Los Ángeles.

Volvamos a la ciudad. Guayaquil renace solo a medias mientras su gente escape de ella.

jueves, marzo 23, 2006

Lo difícil

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


En la época de colegio nos encantaban las huelgas y protestas. Esperábamos emocionados el noticiario solo para escuchar que “mañana se suspenden las clases en todos los establecimientos educativos...”. Música para nuestros oídos. Los maestros de la UNE, los indígenas, y todos esos señores que se dedicaban a hacer bulla, quemar llantas y bloquear carreteras eran nuestros mejores aliados. Que el país se hundiera o nuestros papás se quejaran era secundario. Mañana hay huelga, mañana no hay clases, mañana jugaremos.



Lástima que no podemos festejar eternamente los paros y protestas. Ahora varios indígenas bloquean carreteras para reclamar contra el TLC, la Oxy y cualquier cosa por las que les digan que deben protestar. Y el Gobierno, que ha demostrado una gran capacidad para conceder favores al que más grita, permite que bloqueen carreteras, generen caos y se pierdan millones de dólares.



Dudo mucho que quienes protestan sepan con claridad por qué lo hacen. Si nos dicen que el TLC es malo, malo ha de ser y por eso hay que quemar llantas. Luis Macas, presidente de la Conaie, dice que el TLC representa, entre otras cosas, una amenaza a nuestra “soberanía alimentaria”. ¡Por favor! ¿Desde cuándo es una amenaza importar alimentos más baratos y exportar más de nuestros productos? El término “soberanía” funciona para convencer a cualquiera con ganas de protestar. Queremos ser tan soberanos como la Cuba de Fidel donde nadie tiene hambre, todos tienen doctorados y nadie quiere huir a Florida. Este “patriótico” discurso sobre soberanía suena más a deseos de protagonismo y campaña electoral de la Conaie que a protesta legítima.

Hay momentos y razones para necesarias e impostergables protestas. ¿Pero quemar llantas contra el TLC? Los sectores que sienten que no podrán competir y que perderán con el TLC están en su derecho de exponer sus problemas, negociar protecciones y hacer todo el lobbying que deseen. Pero de eso a bloquear carreteras y el progreso de este país hay una gran diferencia.

Es fácil protestar. Recuerdo mi primera protesta. Estábamos en el colegio y arrancaba el Mundial del noventa. Los muy injustos curas pretendían dictar clase mientras en Italia se jugaba el partido inaugural. Ante tal abuso salimos a protestar frente a la oficina del rector, coreando en una sola voz “queremos Mundial, queremos Mundial”. El rector cedió ante el clamor popular. ¡Se hizo justicia! Se suspendieron las clases por el día y todos vimos jugar a Argentina. Fue fácil protestar por nuestro “derecho” a vagar, lo difícil era quedarse a estudiar y trabajar.

Hoy nuestros bloqueadores de carreteras hacen lo mismo: protestar por el gusto de protestar para exigir supuestos derechos. Es fácil protestar. Lo difícil es producir, trabajar responsablemente, crear empleo, e invertir en este país para generar la justicia, igualdad, libertad y oportunidades, por las que tantas llantas se queman.

Con su casi subterránea popularidad, Palacio tiene poco que perder y mucho que hacerle ganar al país. Que aproveche el momento, se ponga firme, se ajuste el cinturón que hoy tiene flojo y no conceda espacios a protestas irresponsables. Que llegue sin miedo al TLC y ejecute las acciones que el país necesita. Que a diferencia de quienes hoy protestan irresponsablemente, él sí haga lo difícil, lo responsable, lo correcto.

jueves, marzo 16, 2006

Jugando solitario

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Nos encanta reclamar el apoyo del Estado. Varios artistas reclaman indignados que el Estado los tiene abandonados. Otros atletas exigen que el Estado pague su entrenamiento. Algunos empresarios demandan protección especial para sus negocios. Y así, muchos exigimos un personalizado “apoyo del Estado”.

A nuestro mofletudo Estado le encanta que la gente le pida este tipo de apoyo. Eso justifica su omnipresencia. Justifica la existencia de infinidad de puestos en ministerios y oficinas gubernamentales, especializados en jugar solitario en sus computadoras y en pintarse eternamente la uña del dedo chiquito, mientras reparten billetes en programas de “apoyo” para el que más grita.



Yo no quiero que el Estado me apoye gastando e interviniendo en mis intereses. Todo lo contrario. Que me apoye simplemente permitiéndome trabajar y producir sin su intervención ni sus trabas. Con que no estorbe, mejor. No quiero más oficinas ni burócratas para “apoyar” un nuevo programa. Al final, a los supuestos beneficiados les caen migajas, que los muy creativos responsables del programa se encargan de multiplicar, publicando en unos reportes lindos y llenos de fotos todo lo que supuestamente se ha logrado.



La mejor manera como el Estado nos puede ayudar es quitando sus narices de todos lados. Con que permita invertir, por ejemplo, en el sector eléctrico sin trabas ni amarres, consiguiendo así que bajen las tarifas, ya nos estaría apoyando más que con cualquier otra iniciativa. Permitiendo que el sector privado y organismos sin fines de lucro manejen lo que la burocracia dorada y la uniformada se niegan a ceder, el Estado apoyaría más que con cualquier supuesto programa de ayuda.

¿Queremos, por ejemplo, que el Estado apoye el arte? No necesitamos nuevos programas culturales, con más burocracia y sueldos inflados. Para apoyar el arte, el Estado lo que mejor puede hacer es invertir y dejar invertir en un solo frente: excelente educación en nuestras escuelas, colegios y universidades. Un país educado terminará apoyando e invirtiendo más en el arte, que todos los programitas aislados que financie el Estado. Solo cuando el Estado se enfoque en los grandes cambios –energía, telecomunicaciones, seguridad, justicia, educación, en fin, en las bases de una sociedad que funciona– apoyará realmente al artista, y a todos.



Cada vez que alguien pide apoyo al Estado y el Estado lo escucha, retrocedemos un poco. Ejemplo: atletas piden apoyo al Estado. El Estado “solidario” destina fondos para programas atléticos, construye una pista por aquí, reparte plata para equipos por acá, y en el proceso crea nuevos puestos, con oficinas, vehículos, choferes y computadoras para jugar solitario. Hasta que los fondos escasean. Y el atleta que creyó haber logrado algo, queda más abandonado que antes. Ahora, el Estado le chupa más plata a él, a sus amigos atletas y a las empresas que los auspician, para mantener la oficina de asuntos atléticos y sus empleados.

Hagámonos un favor: dejemos de justificar la obesidad del Estado. Exijamos los grandes cambios que vienen con la reducción del Estado. No el apoyo temporal y superficial del Estado populista. Un Estado reducido a su mínima y más práctica expresión beneficiará a todos y cada uno de nosotros, en especial a quienes hoy reclaman desesperados el apoyo del Estado.

miércoles, marzo 15, 2006

Revista la U - Marzo 2006

Ya está circulando la U de Marzo!



En esta edición:

- Reviews en la cultura y la fuga.
- ¿Cómo alcanzar el trabajo ideal? - Estrategias.
- El personaje: Mute.
- Viajando por las playas de Manabí.
- El lUk en Sole.
- Noticia de tu U. en la circular.
- La columna de Karola: hi5 addicted.
- El cuestionariU a José Barrezueta, rector de la U. Metropolitana.
- Gánate entradas para el concierto de Miranda!
...y mucho más.

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jueves, marzo 09, 2006

El gusto de escribir

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Cumplo un año escribiendo esta columna. En este tiempo han pasado muchas cosas en el país, pero al mismo tiempo no ha sucedido nada. Hace un año, por ejemplo, nos quejábamos del Presidente y la Corte Suprema. Hoy nos seguimos quejando de ambos, aunque tengan otras caras y otros nombres. Cambian algunos actores, pero la película nacional sigue tristemente igual. Solo nuestra forzada ilusión de que el próximo presidente será mejor nos trae ciertas esperanzas de un cambio.



Escribir permite desahogarse. Unos le gritan al televisor, otros se dan contra la pared, en mi caso puedo descargarme en un papel. El gusto de escribir aumenta con cada e-mail que recibo de los lectores. Los mensajes de apoyo me dejan claro que uno nunca está solo en lo que piensa. También las críticas me enseñan que nuestras diferencias están solo en la forma, pues en el fondo queremos lo mismo: un país mejor. Quienes viven fuera son los que más escriben, como si la página editorial fuera su conexión con el país que dejaron. Sus historias y mensajes me muestran ese Ecuador puertas afuera que trabaja mucho y extraña más.

Las felicitaciones y aprobaciones a esta columna siempre son agradables y constructivas. Pero las críticas y confrontaciones enseñan y enriquecen incluso más. Aquí unos pocos e-mail de este primer año que han quedado en mi memoria y que he rescatado de mi computadora:

Un capitán de la Armada en respuesta a un artículo que escribí en contra de los privilegios de las Fuerzas Armadas y a favor del desarrollo turístico de la Base de Salinas me advirtió: “...voy a pedir… que se impida su ingreso [a la Base de Salinas] y me encargaré personalmente de hacerlo. Somos leales hasta la muerte con nuestros amigos, pero también a nuestros enemigos los seguimos como perro en desierto”. Por lo visto estaba algo enojado ese lector de que me meta con las Fuerzas Armadas.

Otro e-mail, en esta categoría de los indignados, expresaba ante un artículo algo sentimental y personal que escribí “...nosotros no tenemos por qué soportar estas meloserías, dedíquese ya que intenta ser analista a comentar sobre nuestra situación política o social… ilústrese para que no tenga que recurrir a estúpidas cursilerías”. Ante el mismo artículo, otro lector en cambio escribió: “Con mucho sentimiento y verdad, esas letras pusieron lágrimas en mis ojos”. Por lo visto las cursilerías para unos son verdades que conmueven a otros. ¡Nada como las lágrimas o la piel de gallina en el lector como signo de aprobación!



Son muchos y variados los comentarios, sugerencias y bofetadas de los lectores que han enriquecido mi primer año en EL UNIVERSO. Gracias por el apoyo, las historias compartidas, los comentarios y las críticas. Estos solo confirman que hay mucho que decir y que no queremos ni podemos quedarnos callados.

Lo que escribía hace un año se puede repetir casi idéntico hoy. Solo habría que cambiar ciertos nombres de los personajes. El país no avanza. Pero sigue la esperanza. La esperanza de poder escribir más sobre el progreso que empezamos a vivir, y menos sobre los mismos problemas de ayer. Si bien escribir esta columna no cambia las cosas, al menos puede ayudar a pensar un poco. Y quién sabe, con algo de suerte, puede hacer que algún político en algún momento importante tome mejores decisiones.

jueves, febrero 23, 2006

Con las intensas

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Hace un año escribí sobre nuestra peligrosa y vergonzosa carretera a la costa. Se acerca un nuevo carnaval, y este monumento a la ineficiencia sigue tan peligroso como antes. Y como si los puentes sin construir y los obstáculos mortales no fueran suficientes, los conductores creamos más caos. Algo parecido a lo que sucede en nuestro país tan lleno de barreras. En lugar de facilitar las cosas, podemos añadir problemas. He aquí algunos de los responsables:

El sabido: El sabido avanza porque avanza. El resto de vehículos no importa. Suele conducir un cuatro por cuatro o un bus. Maneja a toda velocidad e impone su tamaño para abrirse espacio. En la noche, el sabido utiliza las luces intensas. ¡Qué importa que el resto se encandelille mientras yo vea bien! Para el sabido cualquier espacio libre en el camino es transitable. Por eso cuando se forman embotellamientos, no tiene inconveniente en conducir por la tierra junto al carretero, sin importar el caos y la nube de polvo que genera. En el día a día, el sabido es el clásico sinvergüenza. Aplica su lema de la carretera a los negocios y la política: yo avanzo aunque tenga que fregar al resto.



El ignorante: No todos los que crean caos en la carretera lo hacen a propósito. Muchos son víctimas de la falta de educación. El ignorante detiene el tránsito desconociendo que el carril izquierdo es para rebasar, y no para pasearse a 50 km/h. Cuando uno le hace luces desde atrás para que se cambie de carril ni se inmuta. Una buena campaña de comunicación haría que muchos ignorantes dejen de serlo. Pero nadie invierte en ellos. Igual sucede fuera de la carretera. Un sistema educativo decadente les negó el conocimiento y los condenó a conducir por el carril equivocado de la vida, mientras el progreso les hace luces y los pasa de largo.

La víctima: Las víctimas somos quienes sufrimos los actos de los sabidos, los ignorantes y de nuestra falta de acción. Somos la mayoría. Manejamos por nuestro carril y seguimos las leyes mientras los sabidos nos hacen a un lado y los ignorantes bloquean el camino. Conducimos a la defensiva y solo nos preocupamos por llegar sin molestar. Muchas víctimas deciden no volver al carretero ante tanto desorden. Igual que inversionistas que deciden no meter ni un centavo más en el país, o el hombre trabajador que decide emigrar ante tantas trabas para producir. Las víctimas nos pasamos quejando de los sabidos y los ignorantes. Al comienzo nos proponemos hacer algo para cambiar las cosas. Pero a la mitad del camino nos resignamos y dejamos que los sabidos y los ignorantes tomen el poder.

El Gobierno es culpable del mal estado de la carretera nacional, pero nosotros somos culpables de convertirla en un camino menos transitable. Los sabidos y los ignorantes son la minoría, pero causan suficiente caos para que nos provoque largarnos. Solo enfrentando a los primeros e invirtiendo en la educación de todos, el resto de conductores, que somos la mayoría, llegaremos tranquilos y en poco tiempo a ese destino de bienestar y progreso que seguimos. Mientras tanto, enseñemos con el ejemplo, en lugar de seguir al sabido que tomó un atajo fuera del camino.

jueves, febrero 16, 2006

¿Y por qué no?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

En letras grandes aparecía la frase: ¿y por qué no? Era una presentación que hacían los creativos de una agencia de publicidad. Nos explicaron que la creación de nuevas ideas, campañas y conceptos nace de tener siempre una actitud abierta a decir “¿por qué no?”. Si les proponen algo loco, o se les ocurre algo absurdo, en lugar de descartar la idea, la acogen y la estimulan. ¿Por qué no hacer aquello que nadie ha hecho, por qué no ir más allá, por qué no intentarlo? Solo así nacen nuevas ideas. Solo así se logra crear.

Me vino a la cabeza aquella presentación viendo los diseños del nuevo edificio del Registro Civil del Guayas. Un edificio moderno en el que sacar la cédula o hacer un trámite dejará de ser un martirio, para convertirse en un acto civilizado. Los guayaquileños hemos soportado la ineficiencia y males del centralismo en su máxima expresión en el desastroso Registro Civil. Seguro que muchos nos dijimos “imposible, este monumento al subdesarrollo no lo arregla nadie”. Pero por suerte, alguien dijo “¿por qué no?”. “Por qué no traer la competencia del Registro Civil a la ciudad y transformarlo”. Gracias a esa actitud, lo imposible será real.

Así como con el Registro Civil, podemos pensar en muchos otros “imposibles”. Se me ocurre nuestra Comisión de Tránsito. Cada vez que nos detiene un vigilante y nos lanza indirectas bastantes directas para que arreglemos las cosas ahí nomás, pensamos: “imposible, a esta institución no la arregla nadie”. La idea de una Comisión de Tránsito efectiva, honesta, constructiva suena absurda e irreal. Pero, ¿por qué no? ¿Acaso el Registro Civil no es tan o más desastroso? Por qué no empezamos de cero, mandamos a todos los malos elementos a su casa, e iniciamos una Comisión de Tránsito con gente preparada, con buenos sueldos solventados con multas serias. ¿Por qué no?

Llevado a un plano nacional los aparentes imposibles se multiplican. Requieren de un “¿por qué no?” gritado a todo pulmón. Pensemos en nuestro Presidente. ¿Por qué no nuestro Presidente se presenta una noche en cadena nacional y con la mano en el corazón, nos dice: “les he fallado y quiero rectificarme. Quiero dejar un legado positivo. Olvidaré la refundación, la constituyente y todo aquello que defendí para aparentar que hacía algo. Desde hoy hasta el fin de mi gobierno me concentraré en un solo objetivo”. Y el Presidente nos presentaría un solo objetivo claro y real: en salud, educación, infraestructura, o el simple objetivo de no botar más plata en objetivos que nadie cumple. Un solo plan, un solo logro por el cual lo podamos recordar. ¿Imposible? ¿Por qué no, señor Presidente?


En un país que nos vuelve negativos y pesimistas solemos cerrar puertas, poner trabas, decir que no antes de tiempo. No pensamos fuera de la caja. Nos encerramos en las cuatro paredes de nuestro fatalismo. Digamos: “¿por qué no?”, cuando nos presenten algo que parezca muy difícil o hasta imposible. Invitemos a nuestros políticos, empresarios y líderes a decir “¿por qué no?”. Las limitaciones existen solo en nuestras cabezas. Ningún pueblo se hace grande diciendo que no. El país posible, el país que queremos, empieza en nuestras ganas y nuestra actitud por cambiarlo. Hoy mismo podemos iniciar aquello en lo que casi nadie cree. ¿Por qué no?

miércoles, febrero 15, 2006

Revista la U - Febrero 2006

Ya está circulando la U de Febrero!



En esta edición:

- Carnaval, aquí y más allá.
- Reviews de todo un poco.
- Bitácora de viaje por las playas de Ecuador.
- Andrea Vinueza: Poder femenino en las olas.
- ¿Cómo alcanzar el trabajo ideal? - La entrevista de trabajo.
- El lUK carnavalero con mucha espuma.
- Estudiar en U.S.A.
- Noticias de tu U.
- El cuestionariU a James Whitman, rector del Brookdale.
- Gánate una caja de vinos de El Bodegón, explorando la ciudad!
...y mucho más.

Para mayor información o publicidad escríbeme a manueligomez@yahoo.com. Para colaborar con artículos, fotos, ideas o comentarios escríbenos a revistalau@yahoo.com.

jueves, febrero 09, 2006

Vivir y dejar vivir

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador



Caricaturas sobre el profeta Mahoma causan disturbios en el mundo islámico. Vuelven las escenas de violencia, que por muy acostumbrados que estemos a ver, se nos hacen difíciles de comprender. Ya son varios muertos. Muertos de la intolerancia y los prejuicios. Los fanatismos religiosos, raíz de tantos conflictos en la historia, vuelven al escenario.

Cada uno está en su libre derecho a desaprobar las burlas de otro, sobre todo hacia aquello que uno considera sagrado. Pero hay maneras más civilizadas de hacerlo. Quienes hoy crean disturbios y caos podrían simplemente haber enviado una carta al diario que publicó las caricaturas. Pero en las mentes de fanáticos y fundamentalistas, la libertad de expresión no existe, y ante eso nada mejor que la violencia.



Las religiones saben hacer el bien. Pero varios fundamentalistas dentro de ellas, suelen tener problemas en distinguir dónde termina el terreno religioso. Hoy grupos de musulmanes traen muerte y caos por unas cuantas caricaturas. Gringos ultraconservadores quieren imponer en las escuelas el cuento de Adán y Eva y relegar la teoría de la evolución de Darwin como una simple teoría más. Y así, varios grupos extremistas en distintas religiones siguen metiendo sus narices en la libertad de seres humanos que nada tienen que ver con su religión y visitan oficinas gubernamentales para que eso de la separación entre Estado y religión se cumpla solo en papel.



Ante estos disturbios y retrocesos debemos pensar cómo estamos aportando nosotros a la intolerancia o la tolerancia en el mundo. ¿Enseñamos a los más chicos en nuestras casas y colegios que hay un mundo fuera de nuestra urbanización, de las rejas del colegio, de la ciudad, en el que no todos son iguales a mí? ¿Saben nuestros niños que lo que les enseñan en clases de religión no es lo mismo que aprenden todos los niños del mundo? ¿Celebramos la diversidad de pensamientos, creencias y religiones?

Los fanatismos impiden que muchos vean más allá de sus narices ese mundo maravilloso con diversidad de razas, creencias, y formas de pensar. Nueva York, por ejemplo, es un buen modelo para vivir de cerca la diversidad de este mundo en paz. Musulmanes, judíos, católicos, protestantes, ateos, todos comparten juntos las calles. Cada uno adora a quien quiere y nadie se mete. Viven y dejan vivir. Los niños neoyorquinos entienden que el compañero de al lado no tiene que creer lo mismo que él. Yo acá, en cambio, crecí sintiendo lástima por aquellos niños que no se “salvarían” por estar en la religión “equivocada”. Crecemos con prejuicios y convicciones que nos impiden aceptar que no somos dueños de la verdad.



En un mundo que cambia, se mezcla y avanza, nuestras ciudades, antes con poblaciones homogéneas, son cada vez más diversas. Debemos enseñar, antes que todo, la tolerancia para evitar la violencia e injusticias que generan fundamentalistas que intentan imponer lo relativo como absoluto. Enseñar que el ideal no está en “evangelizar” o “iluminar” a quienes no conocen mi religión, sino en aceptar, tolerar y celebrar el hecho de que no todos creen en lo mismo. Fomentar ante todo la libertad: libertad para expresarse; libertad para adorar a uno o varios dioses, o a nadie; libertad para vivir dejando vivir.

jueves, febrero 02, 2006

Protestar por protestar

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

A veces preocupa eso de que “los jóvenes seamos el futuro de la patria”. Sobre todo cuando el futuro de la patria se dedica a protestar violentamente por lo que sea. Y sale a la calle a gritar gastadas consignas y a lanzar piedras contra inocentes ventanas y carros.

Está muy bien reclamar ante una injusticia. Está muy bien salir a hacerse escuchar. Nada de malo en eso. Pero hay maneras y hay maneras. Eso de salir con un combo de reclamos en el que se empaca a la Oxy y el TLC, junto a un carné estudiantil y el pasaje del bus, muestra más ignorancia y búsqueda de protagonismo que un reclamo legítimo. Y muestra también la falta de decisión de unas autoridades que se asustan con cada pedrada y ceden ante cualquier grito.

Preocupa cuando el futuro de la patria se parece tanto al presente de la patria. Cuando los jóvenes siguen repitiendo frases tan parecidas a las de quienes llevan décadas contribuyendo a nuestro atraso. ¿Acaso estos estudiantes han analizado realmente el tema de la Oxy o los efectos que tendrá el TLC como para justificar su violencia? El futuro de la patria sale a protestar por protestar. Linda cosa.

Los jóvenes somos el motor de cambio. Protestar es nuestro derecho legítimo. Pero, ¿que tal si somos un poco más creativos y llamamos la atención sin violencia? Salir a lanzar piedras no gana aliados. Hay formas más civilizadas de llevar un mensaje legítimamente sin necesidad de destruir ciudades. Al fin y al cabo, lo que toda protesta quiere es salir en los periódicos y la televisión. Y las cámaras no solo acuden ante la violencia. Acuden también ante protestas pacíficas y originales.

Por otro lado, aquellos que tienen el papel de responder ante estas protestas, no se han complicado la vida y nos pasan la cuenta de su indecisión. Nuestro Ministro de Educación ha dicho que sí a todo, como profesor asustado frente al relajo en clase. Para nuestra burocracia de chequeras alegres dos millones más, dos millones menos para imprimir los centralizados carnés no quitan el sueño. Para el resto del país que sí trabaja, dos millones son varios ceros de producción y empleo. Papá Estado acude a salvarnos y paga nomás lo que las pedradas exijan.



Estas recientes protestas violentas muestran la triste realidad de una juventud manipulada y con una voz y una actitud demasiado parecida a la de quienes fueron jóvenes hace mucho. Muestra ideas y posturas caducas. Muestra más atraso y un Gobierno sin decisión. Muestran un futuro de la patria color de hormiga.

Exigir justicia es sano y es bueno. Pero exijamos justicia cuando el reclamo sea legítimo. Que la creatividad le gane a la agresividad y la violencia, incluso cuando no quieran escucharnos. Que los jóvenes cambien las piedras y las bombas tan primitivas y tercermundistas por nuevas formas de hacerse escuchar. Si queremos ser el futuro de la patria, empecemos por hacer las cosas de una manera distinta y mejor. Y a ver si las próximas protestas son para exigir mejor educación y reclamar por el profesor que faltó.

jueves, enero 26, 2006

Mi Papapá

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

El pediatra de tantos guayaquileños, el Dr. Gómez Lince, mi abuelo, o mi Papapá como le decimos sus nietos, terminó su camino por esta ciudad, donde curó y protegió a tantos niños. Y dejó el mar de Salinas donde cada fin de semana huía a pescar.

Yo lo recuerdo, al igual que muchos de sus pacientes, con su saco blanco. Recuerdo sus manos ásperas, el palito de madera ahogándome, las inyecciones tan odiadas, y los caramelos tan esperados. Recuerdo a las mamás nerviosas con sus hijos enfermos en la sala de espera. Nerviosas pero con la confianza de que todo iba a estar bien en manos de mi Papapá. Y sobre todo, lo recuerdo fuera de su consultorio, en su hamaca frente al mar de Salinas, fumando un cigarro, conversando de viajes y amigos, y discutiendo de política, del país y los sinvergüenzas que nos gobiernan.

En estos días en los que he vuelto a escuchar a muchos hablarme maravillas de mi abuelo, de su dedicación a su profesión, de su entrega a sus pacientes, de sus valores y su rectitud, me he puesto a pensar sobre lo que hace especial a las personas, lo que las hace imprescindibles. Desde chico me acostumbré a escuchar historias de quienes orgullosos me contaban: “yo estoy vivo gracias a tu abuelo” o “tu abuelo le descubrió una enfermedad extraña a mi hija, y le salvó la vida”. Y ahora que muchos fueron a despedirse por última vez de su doctor pude ver en sus ojos la tristeza de quien pierde a un maestro y un ejemplo.

¿Qué lo hizo especial a mi Papapá? Al fin y al cabo, simplemente hizo bien su trabajo: atender y curar a los niños. Pero cómo más de uno me lo recuerda, se diferenció y sobresalió por su entrega honesta y sin frenos a sus pacientes. Esa entrega que iba más allá de su consultorio, sus horas de trabajo y el dinero para atender a quien lo necesitara, donde lo necesitaran. Por eso lo respetaron y quisieron tanto.

Dedicación y honestidad. Dos características del trabajo bien hecho. Parecería sencillo hacerlo. Pero, ¿lo hacemos todos?

Las personas no se van del todo. Quedan en la memoria de quienes continuamos el camino. ¿Qué tipo de recuerdo dejaremos cada uno de nosotros? Mi abuelo puede descansar tranquilo. Nos deja el recuerdo de su gran labor como médico, su incansable trabajo durante seis décadas, la salud de quienes viven gracias a su entrega y sus conocimientos, y su rectitud con la que caminó por la vida.

Más de una vez he escuchado “ya no hacen hombres como tu abuelo”. Yo creo que los siguen haciendo. Es más difícil encontrarlos entre tanta basura. Pero están entre nosotros en las empresas, en la medicina, en el arte, en los deportes y si buscamos bien, hasta en la política. Son esos hombres y mujeres los que deben guiar este país, y no permitir que la maleza humana lo destruya.

Mi abuelo enorgulleció a muchos. Sería bueno sentir ese orgullo por quienes dirigen el destino de este país. Esos hombres y mujeres existen. Asegurémonos que no pasen de largo. Hoy se ha ido uno. Seguro descansa entre las olas del mar pescando un picudo enorme.