jueves, agosto 27, 2009

¿Emprendedores de boinas rojas?

Según un estudio publicado en la revista Líderes, el Ecuador es un país de emprendedores. Lideramos, junto a algunos vecinos de América Latina, el ranking mundial en actividad emprendedora y desarrollo de negocios.

Emprendemos, en gran parte, porque necesitamos otra fuente de ingreso para redondear nuestro sueldo o porque no encontramos trabajo estable. De la necesidad nacen buenas ideas. Basta con darse una vueltita por las ferias de negocios en colegios o universidades. Los estudiantes están llenos de buenas propuestas de negocios.

Las empresas privadas ponen su parte apoyando el emprendimiento. Por ejemplo, Cervecería Nacional tiene su programa Siembra Futuro que promueve la creación de nuevas empresas, capacitando y financiando a varios emprendedores. El año pasado recibieron más de mil quinientas propuestas, entre las que escogieron las mejores 31, de varias provincias del país.

El mensaje es claro. Queremos trabajar, hacer negocios, emprender, crecer, ganar plata, generar empleo. Queremos la libertad, facilidades, y de ser posible, el apoyo para poner nuestro negocio.

El Gobierno ha dado un buen paso a través de la CFN y su crédito para emprendedores universitarios y recién graduados. Pero esta iniciativa se contradice con los mensajes y acciones antiempresa del Gobierno.

El emprendedor ecuatoriano enfrenta un clima adverso que lo lleva a considerar varias veces si debe lanzarse con su idea de negocio. Los mensajes que llegan del Presidente y su gobierno no ayudan. En lugar de hablar de la importancia de hacer empresa y generar trabajo, el Gobierno está más preocupado viendo cómo le saca más impuestos al empresario, como complicarle la contratación de empleados o castigarlo por cualquier falta laboral. En lugar de animarnos a ser los mejores para vencer a la competencia, nos dicen que no creen realmente en eso de la competencia. En otras palabras, que esperemos pasivamente que el papá Estado se encargue de todo para al final recibir migajas. Con esto, el Gobierno solo motiva que el recién graduado busque palanquearse un puestito público, antes que iniciar su propio negocio.

En la Venezuela, que Correa tanto imita, casi no hay industrias. Todo lo importan. El emprendimiento privado se vuelve secundario ante un Estado opresor. En la Cuba, que Correa idolatra, el deseo natural de emprender, superarse y ganar dinero hace tiempos que ha sido aplastado por la dictadura, que solo para este Gobierno es una forma de democracia.

Ecuador sigue siendo una tierra de emprendedores. ¿Podrá sobrevivir el emprendimiento a las amenazas de una radicalización del modelo socialista-chavista? ¿Quiere realmente el Gobierno que existan más emprendedores en este país? ¿O prefiere que todos dependamos directamente de los regalos y caridad del papá Estado?

Una cosa es clara: el modelo que nos quieren imponer va en dirección contraria al emprendimiento individual. No pueden hablarnos de apoyo a la empresa, mientras el Estado –el Gobierno– va ocupando todos los espacios, incluso el privado. No hay motivación para emprender en un ambiente que sataniza el deseo de ganar dinero y crecer.

Las boinas rojas; las camisas bordadas; los gritos de socialismo o muerte y hasta la victoria siempre; simplemente no combinan con el emprendimiento individual.

Ecuador, país de emprendedores. ¿Cuánto tiempo más podremos decirlo?

miércoles, agosto 26, 2009

Vereda y encierro

De Pamplona, más que los toros, la farra y el trago, recuerdo siempre al peor de los borrachos que he visto en mi vida.

Eran las 12 del día. El sol de verano español pegaba con fuerza. Y ahí estaba el tipo. Un colorado, seguramente inglés o gringo. Dormía boca abajo, sin camisa, en media calle a la luz del día. Sus piernas regadas en el asfalto y el resto de su cuerpo abrazando la vereda. Su espalda estaba roja, rostizada por el sol que toda la mañana lo había golpeado. Y de su boca y cachete, aplastados contra la acera, salía un charquito de vómito. Si no fuera por sus ronquidos, le hubiera dado un golpecito para ver si estaba vivo.

La imagen de Pamplona, los San Fermines, y ese borracho de la vereda, me regresaron hace poco cuando leía sobre Daniel Jimeno, un español de 27 años, que recibió una cornada de uno de los toros durante el cuarto encierro. La cornada fue en el cuello. Murió al poco tiempo.

Cuando estuve ahí hace algunos años tuve, por un par de minutos, la intención de correr con los toros. A las ocho de la mañana, con los ojos desorbitados después de toda una noche de farra cantando hasta la ronquera, y con la boca seca y azucarada de tomar litros de Calimocho, esa mortal mezcla de vino tinto barato y Coca Cola, caminaba por media calle por donde en pocos minutos pasarían los toros. Lo pensé. Lo consideré. Ya me había memorizado todas las recomendaciones que te dan, sobre todo la principal: si te caes no te levantes, quédate en el piso protegiéndote la cabeza con tus manos, así el toro como mucho te pisará; en cambio si te levantas justo cuando el toro va a pasar, la historia puede ser distinta.

Al final más pudo mi sentido de supervivencia y mis ganas de vivir un día más para contarlo. Y antes de que viniera la avalancha de locos y toros, me subí la barrera de madera que recorre la calle desde donde vi pasar la acción, apretado por el gentío, pero tranquilo. La fiesta en Pamplona era demasiado buena como para morir en ella.

Pero a Pamplona nunca le faltarán corredores. Esos que se la juegan por la emoción del momento. Que disfrutan la adrenalina pura y buscan una buena historia que contar.

Identifiqué a dos especímenes en particular. Por un lado están los profesionales y locales. Se despiertan temprano y renovados. Van limpios, con su ropa blanca resplandeciente, su pañuelo rojo bien amarrado al cuello, y todas las energías del mundo. Calientan, hacen estiramientos, pegan brincos, esperando su turno para correr. Por otro lado, los turistas amateurs. Han chupado toda la noche y a las siete de la mañana siguen borrachos. Su camiseta y pantalón, que alguna vez fueron blancos, están totalmente morados de vino tinto. No tienen idea de lo que van a hacer. Solo saben que deben correr. Y si la suerte los acompaña seguir chupando hasta que de el cuerpo.

Daniel Jimeno no era de los amateurs. Había corrido varias veces. Sabía cómo era la cosa. Pero le tocó su turno.

Veo el video que muestra paso a paso y en cámara lenta cómo el toro lo cornea. Sangre. Agonía. Muerte. Y solo puedo pensar en el colorado borracho en la vereda con quien me crucé hace algunos años. Imagino su terrible chuchaqui al despertar. El dolor de su cuerpo. Su espalda ardiendo. Y su sonrisa aliviada e irónica, al verse vivo en media Pamplona, pensando que si no hubiera estado tan muerto, tal vez sí hubiese tenido las fuerzas suficientes para animarse a correr y morir de verdad esa mañana soleada en el encierro.


* Publicado en revista SoHo de Agosto.

jueves, agosto 20, 2009

Ruido en el Atahualpa




En la Cumbre de las Américas, un periodista preguntó a Rafael Correa: “¿por qué no se le exige al gobierno de Cuba que libere a los más de 200 presos de conciencia que tiene en sus cárceles, que haga elecciones democráticas y no pase el poder de un hermano a otro como si fuese una monarquía, que haga valer la prensa libre…?”.

Correa esquivó la pregunta y terminó diciendo que hay “una incomprensión de lo que pasa en Cuba, donde se cree que como no existen las elecciones generales… no existe democracia… no se logra entender… que puede haber formas alternativas de democracia”.

Ahora vemos a Correa en su espectáculo para celebrar su “posesión popular” en el estadio Atahualpa. Hemos visto penaltis injustos y tristes derrotas en ese estadio, pero nada tan vergonzoso como este show. Ahí estaban Correa, Chávez, Zelaya y Castro tomados de la mano, coreando a todo pulmón “Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”. Y Hugo que recita un verso. Y Raúl, que como su hermano, no para de hablar. Y Lenin que nos quita cualquier posibilidad de sonreír, diciendo que “esta revolución… es para 100 años o más”.

Pero Correa se robó el show con su primicia: “… el gran desafío… es crear en cada casa un comité revolucionario, en cada barrio un comité de defensa del Gobierno nacional y de la revolución ciudadana para estar preparados frente a aquellos que quieren desestabilizarnos… esta revolución es irreversible”.

Raúl escuchaba atento, pensando quizás que su hermano estaría orgullosísimo de este nuevo pupilo. Viendo que su franquicia comunista castrista –que la historia, la razón y la inteligencia habían sepultado– sigue vivita. Su revolución cubana ya no se limita al Che estampado en camisetas y afiches. Cincuenta años después renace con fuerza en nuevas figuras empeñadas en caminar para atrás.

En Ecuador, como sucedió en Cuba y Venezuela, se van perdiendo las líneas que dividen Estado, Gobierno, y partido. El Gobierno es el Estado. El partido es el Gobierno. El partido es el Estado. ¿Quién pagará y organizará estos “comités revolucionarios” que defenderán al Presidente, a su movimiento, a su revolución? ¿El partido? ¿El Gobierno? ¿El Estado? ¿Todos agrupados en la plata del último, o sea de todos los ecuatorianos?

Nos repetimos, nos mentimos, nos tratamos de autoconvencer que Correa no es tan radical. Que aquí sí se respetará la libertad individual, la propiedad, nuestros derechos. Pero, ¿existen demostraciones más radicales que defender abiertamente a la dictadura cubana como “una forma de democracia”, o armar este show de caducos gritos revolucionarios junto a los líderes más autoritarios de la región? ¿Podemos esperar todavía que el gobierno de Correa vaya en una dirección distinta, más democrática y pragmática, y menos radical que el de Chávez que tanto imita?

Mientras tanto, vemos aletargados cómo Lucio Gutiérrez, quien ya desgobernó al país, se convierte en la única voz de oposición. Escuchamos pasivos a Correa anunciar la radicalización de su gobierno, esperando que ojalá no nos afecte. Que esos discursos no salgan del Atahualpa y no interfieran con nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra libertad. Nos decimos que pronto aparecerá un nuevo líder de oposición. Mientras esos nuevos líderes esperan lo mismo. Sentados. Pasivos.

jueves, agosto 13, 2009

Desconectado

Este feriado lo pasé felizmente desconectado. No leí periódicos. No vi las noticias. Disfruté mi 10 de agosto recorriendo paisajes serranos, sin escuchar discursos de Rafael Correa.

Cuando iniciaba el descenso a la Costa por una carretera en gran parte empedrada y polvorienta –¿qué pasó con todas esas emergencias viales?– intenté romper mi aislamiento noticioso. Encendí la radio del carro y apareció la voz de Correa en su discurso de posesión. Pero todos, incluyendo mi hija de dos años, protestaron ante la intromisión de esa voz. Ante el clamor popular se calló Correa y la música nos acompañó el camino.

Me salvé entonces de escuchar perlas de Correa, como cuando dijo que la competencia es un principio bastante cuestionado y un verdadero absurdo entre países. Me lo perdí haciendo un llamado a los otros presidentes a no “volver a caer en la trampa de competir entre nosotros para atraer inversiones o vender más a los mercados del Primer Mundo, precarizando nuestra fuerza laboral… Tanto entre nuestros países como en el interior de los mismos, en lugar de tanta competencia, debemos dar más espacio a la acción colectiva”.

¿Ingenuidad, socialismo crónico, o deseos de quedar bien con Chávez y Castro? ¿Todo lo anterior?

Lo cierto es que esta visión en la que en lugar de la competencia que lleva al desarrollo de países, empresas e individuos, se pretende una utópica cooperación, dice mucho del poco progreso que podemos esperar con este Gobierno. Veremos sentaditos a otros competir y progresar, mientras nuestros revolucionarios nos meten el cuento de que están organizando esta “acción colectiva”.

Por andar disfrutando la música y el cambio del paisaje serrano al costeño, también me perdí los ataques del Presidente a la prensa. Aunque todos los sábados lo hace, esta vez era especial: estaban todos muy elegantes, y lo escuchaba su maestro Chávez y hasta el Príncipe de España.

No escuché a Correa decir que “debemos perder el miedo, y a nivel de países, plantearnos formas de controlar los excesos de la prensa –¿verdad ministra de Información de Venezuela?–; tenemos que tomar cartas en el asunto. Somos nosotros los que ganamos las elecciones, no los gerentes de esos negocios lucrativos que se llaman medios de comunicación”.

Más claro no pudo ser Correa al dirigirse espontáneamente a la funcionaria venezolana. Ese “tenemos que tomar cartas en el asunto” es un anuncio de su estrategia chavista: callar a los medios y limitar la libertad de expresión, como lo hizo su mentor, con la excusa de que su lucha es contra determinados poderes económicos.

Se sintió bien desconectarme estos días tan politizados. Quisiera hacerlo más seguido, pero con este Gobierno no se puede. Se mete en nuestras vidas. Se encarga de que lo notemos día a día. Que no lo olvidemos ni un momento. Y si el buen Gobierno es aquel que menos se siente, ya nos damos una idea del que aquí tenemos.

“Esta es una revolución alegre, que la hacemos día a día cantando”, dijo Correa. Mi mayor alegría, al menos por ese fin de semana, fue no escucharlo, alejarme de tanta demagogia y palabrería, e imaginar que vivo en un país donde el Gobierno no está hasta en la sopa ni pretende controlar nuestras vidas.

jueves, agosto 06, 2009

Mala fama

En el pasado ya hemos sentido vergüenza. Nos pasaba con Abdalá. Sus bailes, sus exabruptos, su folclore lo volvieron famoso en la región. Al menos, la vergüenza duró poco y no hizo tanto daño.

Ahora, la mala imagen internacional de este Gobierno no solo nos avergüenza. Nos empieza a afectar. A los insultos, burlas y ese estilo tan poco presidenciable de nuestro eterno candidato, se suma el desprestigio del Gobierno ante la comunidad internacional por las acusaciones de su cercanía con las FARC.

Al Gobierno mediático por excelencia, maestro en el arte de seducir a las masas nacionales, le falló la estrategia de comunicación internacional.

Casa adentro, Correa y su equipo convencen a una buena parte de la población. Sus infinitos enlaces de los sábados, sus cadenas interrumpiendo noticiarios, y su publicidad bien coordinada y empaquetada han logrado sus objetivos. Pero fuera de nuestras fronteras el gobierno de Correa se desprestigia día a día. Nos desprestigia como ecuatorianos.

El Washington Times publicó un editorial durísimo contra el Ecuador. Pide terminar el acuerdo de preferencias arancelarias con nuestro país. El artículo concluye: “Un gobierno que trata de destruir una prensa libre mientras toma control de negocios extranjeros y da refugio a terroristas es un gobierno sin credibilidad. Ecuador no merece ni preferencias arancelarias ni respeto, solo sospechas”.

El diario El País de España publicó también un reportaje que hace más evidentes los vínculos del Gobierno ecuatoriano con las FARC. Para muchos españoles y ciudadanos del mundo que no sabían gran cosa sobre el tema, esta información moldeará su imagen de nuestro país. Somos, para muchos alrededor del mundo, el país del Gobierno amigo de terroristas de quienes recibió 400 mil dólares.

Más allá de que estos y otros reportajes extranjeros estén o no en lo correcto, la pésima imagen de este Gobierno ante el mundo es un hecho. Aunque Correa y su gente culpen supuestas conspiraciones internacionales, son ellos solitos quienes se han embarrado con sus acciones y actitudes.

Las acusaciones contra este Gobierno a nivel internacional no son solo cuestión de imagen. No se limitan al ridículo público al que gobiernos pasados ya nos han acostumbrado. La mala reputación afectará nuestra industria, nuestros empleos, nuestros bolsillos, si esta conduce a situaciones como la no renovación del Atpdea.

El Gobierno no solucionará sus problemas de imagen a nivel internacional con sus métodos nacionales. No le servirá llevar gabinetes itinerantes por Madrid, Washington, París; ni inundar los programas de CNN con cadenas; ni logrará que el mundo escuche los monólogos sabatinos.

Si al Gobierno le importa su mala fama ante el mundo y las implicaciones que esta tiene para los ecuatorianos, deberá acabar con sus excusas y supuestas conspiraciones, y decirnos la verdad. Con todas sus consecuencias. Ahí se demostraría que estamos ante estadistas y no politiqueros. Y deberá cortar el cordón umbilical con la dictadura chavista, abandonar de una vez por todas sus posturas extremistas, y caminar más cerca a democracias afines de la región, como Chile y Brasil.

Tal vez ahí recuperemos la confianza internacional y la posibilidad de un mejor panorama nacional. Para acabar con la mala fama y la vergüenza. Para sentirnos orgullosos.

miércoles, agosto 05, 2009

Revista la U. - Agosto 2009

Ya está circulando la U. de agosto en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, julio 30, 2009

La falsa unidad

¿En qué momento la ideología suplantó a la verdad? ¿En qué momento la afinidad ideológica se puso por encima de nuestro bienestar, progreso y unidad?

Hoy, la Latinoamérica del club de Chávez responde ante todo a la ideología, o lo que definen como ideología según sus conveniencias. La verdad es relativa. Depende de quien la diga. La supuesta unidad entre los pueblos aplica solo para aquellos regidos bajo la espada chavista.

Chávez se vuelve a pelear con el gobierno colombiano. Ha retirado su embajador en Bogotá y advierte con romper relaciones con ese país. También amenazó con expropiar las empresas de capital colombiano en Venezuela y poner fin a todos los acuerdos comerciales con el gobierno de Uribe.

Chávez está dispuesto a ir contra los intereses de los propios venezolanos que día a día compran y venden productos a sus vecinos. Está dispuesto a romper la unidad entre dos países que comparten la misma cultura y hasta la misma bandera. Todo porque no simpatiza con el gobierno colombiano. Porque Uribe no es parte de su círculo socialista autoritario.

Con Correa la cosa va igual. Más aranceles a productos colombianos. Amenazas de guerra con Colombia. “Si Colombia nos agrede nuevamente, la respuesta será militar”, dijo el Presidente. ¿Obedecen estos aranceles a una estrategia para favorecer al Ecuador o hay detrás una dedicatoria para perjudicar a Colombia? ¿Reflejan estas amenazas bélicas una defensa de soberanía, o las impulsa una antipatía con el vecino?

En la posesión del presidente Martinelli en Panamá no estuvieron los amigos del club. Con un presidente empresario no aplica eso de la unidad latinoamericana. Pero si fuera del equipo socialista los hubiésemos visto en primera fila.

Con Zelaya, en cambio, sí aplica la unidad de los pueblos y todos esos discursos. ¿Imaginan a Correa y sus amigos hablando de democracia y volando solidariamente en sus jets a acompañarlo, si Zelaya no fuese parte de la jauría chavista?

Por acá, el Fiscal quiere investigar a los ecuatorianos que le creen al Mono Jojoy. Pero solo al video, no al último comunicado de las FARC que niega haber financiado la campaña de Correa. Ese sí tenemos que creerlo todos. Nuestra libertad, al igual que la unidad regional, condicionada por nuestra ideología y afinidades políticas.

Tantos discursos solidarios, tanta labia patriotera, para al final ser los primeros en romper relaciones con países hermanos.

La unidad latinoamericana es una farsa mientras esta se limite a pasajeras coincidencias ideológicas y no a intereses comunes prácticos, permanentes y reales. Sobre todo no existirá, mientras tengamos presidentes que desconozcan principios básicos, como el respeto a la propiedad privada y a la libertad individual, y pretendan suplantarlos por la imposición de un estado omnipotente que rige sobre la voluntad, derechos y deseos de la gente.

Otra década perdida para América Latina, sobre todo la que baila al ritmo de la canción que le pongan en Caracas. Los que más hablan de unidad, sueños bolivarianos, y hermandad de los pueblos, destruyen la posibilidad de caminar juntos. Lastimosamente, el resto de líderes que debería guiar nuestra unidad hace su trabajo casa adentro en silencio, mientras los escandalosos fans de las boinas rojas conducen este nefasto show directo al barranco.

jueves, julio 23, 2009

El baile del mono

Veo un video de Hugo Chávez dando su mensaje a la Asamblea Nacional. Chávez dice: “Las FARC y el ELN no son ningunos cuerpos terroristas, son verdaderos ejércitos que ocupan un espacio en Colombia… hay que darles reconocimiento… son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, que tienen un proyecto bolivariano, que aquí es respetado”. Los asambleístas se ponen de pie y aplauden emocionados las palabras de su jefe máximo.

En otro video, Raúl Reyes envía un afectuoso mensaje a los participantes del II Congreso Continental Bolivariano, organizado el año pasado en Quito, por la ultraizquierda bolivariana latinoamericana. “Unidos seremos invencibles… se hace imprescindible la lucha antiimperialista en nuestro continente,” les decía a los jóvenes bolivarianos, entre los que no podía faltar la Brigada Simón Bolívar del ex subsecretario de Gobierno, José Ignacio Chauvin. Algunos participantes visitarían días después a Reyes, encontrando junto a él la muerte.

Dos videos. Dos instantes de muchos que muestran una verdad. Las FARC, junto a los gobiernos de Chávez, Correa y compañía, son políticamente afines y comparten una ideología bolivariana.

Ahora aparece un video del Mono Jojoy, líder guerrillero. Habla de un aporte de las FARC a la campaña de Rafael Correa. Y ante estas declaraciones, los personajes del gobierno ecuatoriano inmediatamente gritan foul.

“¿Desde cuándo le creemos al Mono Jojoy?”, pregunta Javier Ponce, ministro de Defensa. “Ahora resulta que la palabra del Mono Jojoy es la voz de Dios”, dice Gustavo Darquea, asambleísta electo de PAIS.

Tal vez no le creyera al Mono si este Gobierno no estuviera habitado por admiradores de las FARC. Pero cuando la franquicia bolivariana, exportada desde Venezuela, es el sello común que encierra todos estos proyectos revolucionarios, las palabras del Mono Jojoy suenan muy creíbles.

Ricardo Patiño dijo que las FARC pudieron haber entregado el dinero a alguien que las engañó pasándose por un representante de la campaña de Correa. Es posible. Pero dudo que cien mil o más dólares se entreguen, así nomás, al primero que toque las puertas de la selva pidiendo plata con una banderita verde de Alianza PAIS.

Correa, para variar, le dio la vuelta al asunto buscando culpables. Dijo que el video es una estrategia “para desestabilizar a los gobiernos progresistas” y que “hay una arremetida de la derecha y de todos sus instrumentos y todas sus armas, entre ellos, los medios de comunicación”. Ahora los culpables son los medios por transmitir el video.

Correa dice que no conoce personalmente a nadie que pertenezca a las FARC. Le creo. Pero el asunto no es si Correa se ha tomado un trago con los guerrilleros. El asunto es si estos guerrilleros tienen excesiva influencia en este Gobierno, sea por afinidad ideológica o, peor aún, por contribución a la campaña.

La otra noche un periodista le decía a su entrevistado que en defensa de nuestro país debíamos defender al presidente Correa de estas acusaciones. Pero los intereses del país y su Presidente no son siempre los mismos. Necesitamos saber la verdad de quienes nos gobiernan. Está en juego la imagen de PAIS y de nuestro país, casa adentro y ante el mundo. Por la plata baila el mono, canta Wilfrido Vargas. Debemos saber quiénes bailaron aquí.

miércoles, julio 22, 2009

When in Rome…

“Busquemos un apartamento en el Centro” fue lo primero que nos dijimos cuando regresamos a Guayaquil. Luisa, mi entonces enamorada que pronto sería mi esposa, y yo habíamos vivido algunos años en New York. Se nos había metido hasta los huesos la emoción de la ciudad y el gusto enorme de poder caminar a cualquier lugar. De tener a solo pasos de tu apartamento todo lo que necesitas en tu vida: un par de mercaditos para las compras de la semana; una farmacia para la gripe de invierno; una lavandería donde un par de coreanos dejaban tu ropa como nueva; una ferretería para colgar ese cuadro que compramos a un vendedor frente al Guggenheim; una tienda independiente de videos para alquilar la maratón de películas de Woody Allen; una licorería para el whisky con Club Soda a falta de Güitig; un Citibank para vaciar la cuenta mes a mes; tres bares, uno para rebosarte con jarras de cerveza barata, otro para dártelas de sofisticado con un martini bien cargado, y otro donde las gringas bailaban sobre la barra; un par de cafeterías para pasar la lluvia con un buen libro; tres Starbucks para usar el Internet gratis mientras hacíamos que el café de cuatro dólares nos dure cinco horas; y restaurantes, todo tipo de restaurantes: un chino al que pedíamos a domicilio, un par de italianos para cuando nos daba por comer más fino, uno francés para cuando teníamos algo que celebrar, uno japonés para el sushi de los domingos, uno coreano en el que metías todo en un caldo que te mataba el chuchaqui, uno hindú y otro mexicano para cuando queríamos desafiar nuestra resistencia estomacal, y un clásico Ray’s Pizza para matar el hambre de las 4 de la mañana.

La ciudad era para vivirla en cada esquina. Llegamos con esa ilusión de vivir Guayaquil. En el Centro. Nada de alejarnos de la realidad en esas urbanizaciones cerradas. Queríamos asfalto, bar de la esquina, ruido de carros, vista al malecón y río Guayas.

Pero la realidad fue matando rápidamente nuestra ilusión. Guayaquil tristemente no era New York. Si bien los precios de alquiler era incomparablemente mejores –lo que me costaba alquilar un cuarto milimétrico con baño compartido con cinco roommates en New York, acá alcanzaba y sobraba para un buen apartamento--, la oferta era decepcionante. Quedan los mismos viejos edificios de siempre. Y descubrimos que aquí no tendríamos todo lo que necesitamos a un par de cuadras. Acá tocaba meterse en el carro rumbo al Supermaxi hasta para comprar un cepillo de dientes.

Abandonamos rápido la búsqueda en el Centro. Pero seguimos firmes en nuestra negativa de caer en esa vida suburbana tras garitas y con casas igualitas. La suerte estuvo con nosotros. Encontramos el apartamento perfecto en las Lomas de Urdesa, con una vista a Guayaquil entero. Aquí tenemos la ciudad a nuestros pies, sus murmullos, sus ruidos de ambulancias y alarmas, su viento de verano. Sentimos, escuchamos, respiramos la ciudad.

Pero el tiempo pasa y ahora vemos nuevas opciones para mudarnos. Y aquí viene mi confesión. No estamos buscando lugares en el Centro o en algún rincón urbano. No. Fuimos directito a todo aquello que habíamos rechazado recién llegados hace solo cinco años. Al mundo suburbano de jardines perfectos, guardias en bicicleta, casas clonadas, canchas de tenis, pista de jogging, piscinas, y parques para niños con columpios que garantizan cero rasguños. Fuimos a buscar entre esas urbanizaciones con nombres paradisíacos que siempre combinan masas de agua como río, lago, laguna, ribera con palabras siempre brillantes como sol, dorado, o algo por el estilo.

Y lo confieso. Me gustó lo que vi. Mi hija Sofía estaba tan feliz corriendo libremente por el parque sin que nadie le grite ¡cuidado con los carros! La pista de jogging me vendría perfecta para salir a trotar cada mañana sin tener que esquivar el humo de los buses y al idiota que se pasa la luz roja. La garita y los guardias nos dejarían dormir más profundo, sin pensar en el vecino al que le vaciaron la casa hace unos días.

Mientras la corredora nos contaba del sistema de gas centralizado y nos mostraba las canchas de fútbol con césped sintético, mi cabeza solo acertaba a repetir “en Roma haz como los romanos”. Qué le vamos a hacer. Guayaquil no es New York, ni lo será aunque lo intente. Y además, estos dos amplios parqueos me vienen perfectos.

Ya que estamos claudicando a nuestros sueños urbanos, nos hemos hecho una sola promesa: jamás una minivan. Ya veremos en cinco años.


* Publicado en revista SoHo de Julio.

jueves, julio 16, 2009

Nuevos amigos

De un solo toque, la patria ya es de ellos. El supuesto movimiento del cambio recibe, de brazos abiertos, al partido de la guatita y las mochilas escolares.

En nuestra política todo vale. Lo importante es alcanzar los votos necesarios. Alianza PAIS está en su derecho. No es el primero, ni será el último.

¿Qué pueden tener en común, por ejemplo, María Paula y Dalo? ¿Una misma visión política? ¿Compartido gusto por la música cristiana? Nada de eso. Tienen en común, por voluntad propia o imposición de arriba, los intereses de Rafael Correa y su círculo cercano.

Leo que están incómodos varios asambleístas de Alianza PAIS. ¿Cómo no estarlo? El hermano del Presidente se parece tanto a los parientes de esa partidocracia que ellos se pasan criticando. Y ahora su partido ha llegado a un acuerdo con el PRE, abanderado de las mañas de esa misma partidocracia. ¿Cómo no sentirse incómodo con estos nuevos amigos impuestos desde Carondelet?

Según El Comercio, Marcos Martínez, asambleísta de Alianza PAIS, dijo que “cualquier acuerdo con el PRE me despierta serias sospechas, parece que nos hemos olvidado de los hechos del pasado reciente, un acuerdo con el PRE es un acuerdo con la mafia política y económica…”.

Pero no deberíamos sorprendernos. Cada día es más claro que el único real cambio que ha traído este Gobierno es reemplazar las corbatas y guayaberas por las camisas decoradas. Pura imagen. De fondo nada. Se repiten las prácticas de siempre. Y hasta las superan.

Abdalá Bucaram pide que el Gobierno de Correa investigue su remoción del poder en el año 97. Al igual que Correa se ha opuesto con tanta pasión al golpe contra Zelaya en Honduras, ahora deberá apoyar al compañero de Panamá. “Si reclamamos por el golpe a Zelaya… tenemos que aprender a reclamar por el golpe a Bucaram”, señaló el loco que ama.

Todo esto lleva a pensar que pronto tendríamos con nosotros a Abdalá, en helicóptero, con brazos en alto, y su velero llamado libertad. Más allá de los escándalos políticos y los juicios por malversación de fondos en contra de Bucaram, sus “coincidencias” políticas con el actual Gobierno lo ayudarían a regresar.

Ricardo Patiño dice que no hay pacto alguno con el PRE. Que solo hay coincidencias con respecto al proyecto político del Gobierno. Dalo Bucaram ha dicho que tiene fe en el proceso de cambio que vive el país que es “la única salida para terminar con la partidocracia…”. Levante la mano el que les cree.

Quién sabe. Tal vez tantos años de amarres bajo la mesa y acuerdos chuecos nos han vuelto demasiado desconfiados. Tal vez este grupo de asambleístas, muy rimbombantemente denominados “Acuerdo Democrático por la Descentralización y la Equidad”, se han unido al Gobierno desinteresadamente, pensando solo en el bienestar de los ecuatorianos.

Pero si la cosa no es así, preferiría que nos digan de frente, por ejemplo: “Compañeritos, les informamos del pacto al que hemos llegado. A cambio del apoyo y los votos de los asambleístas del PRE, nos inventaremos una comisión para estudiar el caso del compañero Abdalá, cuya conclusión será que nuestro loco es inocente y debe regresar”.

Eso sí sería un cambio.

jueves, julio 09, 2009

Más negocios, menos sueños


Fabricio Correa, hoy la principal voz de oposición, dice muchas cosas que este Gobierno necesita oír. Lástima que Fabricio sea Fabricio.

El mayor de los Correa no es el mejor ejemplo empresarial. Representa el éxito como consecuencia de la cercanía con el poder, y no de una libre competencia. A pesar de eso, Fabricio la tiene clara. Sabe que el progreso se logra con el impulso de la empresa privada, no con los cuentos socialistas de su ñaño.

“¿Usted cree que hay alguien tan insensato como para invertir en Ecuador cuando las leyes no son lo que dicen…?”, se pregunta Fabricio. Sabe que en el país de Rafael nadie quiere arriesgar su dinero (a menos, claro, que como él se esté cerca del Gobierno).

Fabricio defiende al sector privado. Critica que por Carondelet sobran especialistas en vivir del Estado, que no saben lo que es emprender, producir y crear trabajo. Dice lo que el país necesita escuchar. Pero desafortunadamente, los últimos negocios del más locuaz defensor de la empresa privada, le restan credibilidad a sus palabras.

En lugar de un país de empresarios, propietarios y emprendedores, que es a lo que debemos aspirar, este Gobierno prefiere un gobierno de servidores públicos. En lugar de crear las condiciones para que exista una competencia abierta y sin preferencias; este Gobierno genera más condiciones para corrupción, palancas, y preferencias al aumentar la presencia, trabas e influencia del Estado en asuntos privados.

El Presidente conoce los resultados de las empresas públicas. Ahí está Alegro, a la que en enero dio un ultimátum: o gana plata o se vende. ¿Y eso en qué quedó? Ahí está El Telégrafo. Todos los ecuatorianos pagamos los gastos de un diario con poquísimos lectores y menos suscriptores. Y Correa quiere más. Ahora creó una empresa farmacéutica estatal. Hagan sus apuestas de cuánta plata nos costará. Estas empresas no son empresas. Solo sirven para chuparnos plata, subsistir gracias a sus privilegios, y crear falsos empleos burocráticos.

Debería al menos en esto escuchar Rafael a Fabricio. Entender que la empresa privada es la mejor aliada en la lucha contra la pobreza. Que no hay mejor acción social que la generación de un nuevo puesto de trabajo (pero un trabajo de verdad, no esos puestos públicos inventados que tanto gustan a los líderes de PAIS). Que con solo generar las condiciones para que más ecuatorianos se conviertan en empresarios, este Gobierno haría más por el país que con todos sus programas, ministerios, campañas, y comisiones que se pasa creando. Pero Correa va en sentido contrario.

Correa dice que él defiende sueños, mientras su hermano defiende negocios. ¡Pero nos sobran sueños! Nos faltan más negocios y más empresas que generen más trabajo. Los sueños que nos quieren vender solo sirven para alimentar las bocas cercanas al poder. Son los negocios y las empresas de quienes invierten, arriesgan y se la juegan a pesar de este Gobierno, los que al final nos acercan más a los sueños de ese país que queremos.

Lastimosamente, el Correa que sí lo entiende no tiene mayor credibilidad ni nos sirve de referente moral. Y el Correa que no lo entiende es, tristemente, el Presidente.

jueves, julio 02, 2009

¿Bolas?

A raíz del golpe de Estado en Honduras, por varios celulares circuló un mensajito que decía: “Con carácter de urgencia, se necesitan bolas de militares de Honduras para trasplantárselas a militares venezolanos”. Más allá del chiste, no comparto el mensajito. Lo de Honduras no debe ocurrir en nuestra época. Latinoamérica vive tiempos más civilizados, aunque a veces nuestros gobiernos se empeñen en demostrar lo contrario.

Quienes apoyan el golpe de Estado en Honduras dicen que en realidad no lo es. Que los militares están restaurando el Estado de derecho al librar al país de un presidente empeñado en violar la Constitución. Tal vez tengan razón en el fondo, pero fallaron en la forma. Si sacar por las armas a medianoche y en pijama a Manuel Zelaya de su casa no es un golpe de Estado, no sé qué lo es. Pueden tener todas las razones del mundo. Pero pudieron encontrar formas más civilizadas de oponerse al gobierno sin llegar a estos extremos.

No se puede justificar la acción de los militares en Honduras apelando a la defensa de la Constitución y democracia, por muy chavista o abusador de las leyes que sea Zelaya. La comunidad internacional hace bien en oponerse al golpe.

Pero lo irónico de todo esto es ver a Hugo Chávez y su club de fans de la ALBA como voceros de la democracia. ¿No es este el mismo Chávez que se hizo famoso en su país justamente por intentar un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez? ¿No es este el mismo Rafael Correa que apoyó la destitución de Lucio Gutiérrez, de la que se beneficiaría al ser nombrado Ministro de Economía por su sucesor? ¿No son estos presidentes los maestros en hacer de la Constitución y las leyes plastilina que moldean a su favor? Que no se vengan a hacer los muy democráticos ahora.

Por eso no les creo a Chávez y compañía cuando hablan de democracia. Eso no les importa. Les importa aumentar su poder e influencia en la región. Cuando la palabra democracia les conviene para ese fin, ¡que viva la democracia! Cuando son las armas y la violencia, ¡que viva la rebelión!

Y tampoco le creo mucho al gobierno de Estados Unidos y otros que piden que vuelva Zelaya al poder. En el fondo no quieren que regrese. Prefieren que se quede afuera para que Chávez no tenga a Honduras bajo su control. Pero, a pesar de ello, defienden con razón la institucionalidad para no sentar un mal precedente en la región.

Tarde o temprano –y esperemos que no muy tarde– los malos gobiernos terminan. Pero no deben hacerlo por las armas como en Honduras, sino por las urnas. Como lo acaban de hacer los argentinos que despiertan de la seducción socialista de los Kirchner. Como lo harán eventualmente el resto de países latinoamericanos, hoy embobados con el populismo bolivariano.

En democracia toca ser democráticos y seguir las reglas del juego. Las armas, uniformes y toques de queda que se queden guardados en otra era. No queremos fortalecer a Chávez y sus amigos enemigos de la libertad, convirtiéndolos en solapados abanderados de la democracia. Suficientes falsos mártires con los del pasado, como para andar creando nuevos.

miércoles, julio 01, 2009

Revista la U. - Julio 2009

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jueves, junio 25, 2009

Entre cortinas y manteles verdes

Semana política de escándalos, insultos, sorpresas, ataques. Pero, “¿qué pasa por la calle? ¡Nada, no pasa nada!”, cantaría Manu Chau.

El Presidente en su show del sábado defiende a su hermano Fabricio e intenta callar a algunos medios que muestran lo que se quiere ocultar. Les quitará la publicidad estatal. Así, de frente y sin sonrojarse, nos restriega en la cara que la plata de los ecuatorianos es en realidad la plata de su Gobierno que sirve para amenazar y callar a los medios críticos.

El Presidente se pregunta “¿cuándo yo he contratado a mi hermano, cuándo mi hermano ha ocupado un cargo público?”. Pero dudo que a su hermano le interese un cargo público con lo bien que le va. Estamos hablando de negocios de grandes ligas, no de simples suelditos dorados.

Dijo e insultó mucho el Presidente este sábado. Pero sus exabruptos que tanta vergüenza y desprestigio traen a la figura presidencial, fueron poca cosa frente a las declaraciones de su hermano. Ese sí nos tuvo entretenidos.

Fabricio dijo de frente, por ejemplo, que compró una compañía panameña que sirva de “cortina” para evitarse problemas. Es decir, no quería que se supiera lo que ahora se sabe gracias a ese periodismo que su hermano tanto desprecia: que ha ganado contratos estatales por varios millones de dólares desde que se inició esta falsa revolución.

También contó Fabricio a este Diario que Gustavo Larrea quiso “cogérsele” a los “diputados de los manteles”. ¿Sí se acuerdan de ellos, no? Esos suplentes que se tomaron el Congreso de la mano del Gobierno para llevarnos a la Constituyente y de ahí al camino que conduce a Caracas. Fabricio cuenta que estos señores le pidieron que le paguen los gastos de alojamiento en Quito. Nada es gratis en esta vida. Y Fabricio muy comedido les habría dicho “Cualquier cosa que requieran le preguntan a él [el contador de PAIS] y yo veo cómo saco los fondos”. Así lo relató el hermano del Presidente. Así, de frente, nos cuenta cómo se consiguen las cosas en estos tiempos de manos limpias y corazones ardientes.

¿Se imaginan cómo hubiese saltado Rafael Correa en sus épocas de ciudadano común si todo esto hubiese sucedido en uno de los gobiernos de quienes él ahora llama “cadáveres políticos”? ¿Se imaginan el escándalo que hubiesen armado los hoy asambleístas y funcionarios del Gobierno? Pero en estos tiempos socialistas parece que no existe la corrupción, solo la mala fe de los medios empeñados en atacar al Gobierno.

¿Cuánto tiempo durarán las discusiones sobre lo dicho y hecho por el “razonablemente listo” hermano del Presidente? Durarán lo que tarde en llegar la próxima gran noticia. ¿Qué tal suspender a Teleamazonas 90 días? Eso seguro regresará el debate alrededor de la libertad de expresión, que en todo caso, es menos grave que tener a los medios hablando de corrupción.

Hasta eso, no hay una sola voz con fuerza en la oposición que diga las cosas como son. Las cortinas y los manteles verdes huelen a podrido, pero pronto se irán olvidando. Correa quedará algo lesionado, pero seguirá avanzando, acaparando poderes, insultando.

¿Y qué pasa por la calle? ¡Nada, no pasa nada!

lunes, junio 22, 2009

Los pantalones de Alberto

El famoso Padre Alberto, ahora más famoso que nunca porque lo agarraron con las manos en la masa, dijo en una reciente entrevista que “debajo de la sotana hay pantalones”. Gran frase para resumir el dilema existencial y carnal en el que se meten los curas.

A mi colegio jesuita llegaban todos los años curas argentinos a enseñar teología, literatura y filosofía; tomar mate y tocar en su guitarra canciones de Sui Generis y Charly García. Había un par de ellos, un colorado con pinta de surfer y otro que confundían con Clark Kent, que derretían a las madres de familia y a las chicas de otros colegios. Ellas decían que venían al colegio por nosotros, pero en realidad venían por el par de argentinos. Se inventaban cualquier excusa para conversar con uno de los curas. Y al final, el suspiro era siempre el mismo: “¡Qué pena que sea cura. Qué desperdicio!”.

Me caían bien esos curas del colegio. Sobre todo porque no parecían curas. No se vestían como curas. Decían malas palabras, jugaban bien fútbol y cantaban rock latino. Talvez fracasaron conmigo y otros compañeros en su trabajo evangelizador. No nos duró mucho tiempo eso de las misas, las confesiones y hablar con dios. O talvez hicieron bien su trabajo, porque nos enseñaron a hacernos preguntas y no aceptar cualquier cosa que nos digan por ahí.

Lo cierto es que, por alguna razón, los curas que no parecen curas suelen ser los más populares. Igual que las profesoras que no parecen profesoras. O los jefes que no parecen jefes.

El Padre Alberto cumple esta regla. No parecer Padre es su mayor activo. Se ganó más seguidores que Moisés con la ayuda de las cámaras, un micrófono, sus ojos azules y su pinta de actor. Rompiendo el molde de esos curas aburridos y ultra moralistas se ganó los rezos de sus emocionadas feligresas que quizás soñaban despiertas con pasar una tarde con su curita en la arena.

Hasta que sucedió. Los paparazzis hicieron su agosto en mayo. Y la Iglesia se enfrentó nuevamente a ese debate que andaba algo callado: ¿por qué no pueden casarse los curas?

Después de analizar el tema, creo que la respuesta nada tiene que ver con la vida de Jesús, ni con ninguna de esas razonas dizque históricas o religiosas. Más bien creo que tiene que ver con los problemas que podría traer la esposa del cura a la parroquia.

Imagino a las señoras antes muy generosas con el cura, ahora negándose a dar limosna “para que se compre más vestidos y joyas la muy derrochadora esa que se casó con nuestro curita”. O los secretos de confesión regados por todo el pueblo luego que el cura le haya pedido a su mujer que no le cuente a nadie. O los problemas económicos en los que se metería la Iglesia ante cada divorcio en los que los abogados de ella reclamarían la mitad del terreno de la casa parroquial y hasta el cáliz de oro que reposa en el altar.

Sería un dolor de cabeza. Mejor cortar por lo sano y prohibir que se casen.

Al Padre Alberto le tocará ahora meterse de lleno a animador de televisión o fundar su propia religión. Seguro será un éxito en ambas cosas.

Hace poco, en una reunión de compañeros, me pusieron al día de la vida de los curas argentinos que pasaron por mi colegio. Clark Kent trabaja en una parroquia al sur de su país. Y el cura con pinta de surfer se conquistó una guayaca y vive felizmente casado. Ya decíamos nosotros, este no parece cura.

* Publicado en revista SoHo de Junio.

jueves, junio 18, 2009

Plastificando certificados

No me pregunten por quién voté este domingo porque no tengo idea. Marqué una raya mientras leía por primera vez en mi vida unos nombres y apellidos que no pude reconocer. Así es la vida en estos tiempos dizque revolucionarios. Toca votar hasta el cansancio.

La otra mañana escuchaba a un comentarista en la radio alegrarse porque finalmente no tendremos elecciones en cuatro años. Porque ahora sí el Presidente podrá gobernar y tomar las acciones correctas, incluso las que no sean necesariamente las más populares. Sin elecciones por delante, reflexionaba el periodista, Correa ya no tiene que preocuparse de buscar votos o ganar popularidad.

Yo no estaría tan seguro. No me extrañaría que en un par de años tengamos que ir nuevamente a votar. A medida que el Gobierno avanza en su estilo autoritario, más compañeritos y seguidores irán desertando de las filas de su partido. Ya no aguantarán ser parte de un movimiento personalista que olvidó los ideales que compartían, prefiriendo acumular poder y atropellar libertades.

Alberto Acosta fue de los primeros. El ex aliado número uno de este Gobierno hoy lo critica fuertemente. Con referencia al caso Teleamazonas dijo: “…yo creo que es aberrante el hecho de que nos aferremos a una ley, creada en la dictadura… para empezar un proceso contra cualquier medio de comunicación... es un acto que no se ajusta a la ley ni a la razón, ni al sentido común”.

María Paula Romo, una de las caras más visibles del bloque del Gobierno, también ha criticado las acciones del Conartel, o sea de Correa, contra la libertad de prensa. Imagino que la asambleísta vive el dilema de permanecer o no como parte de un Gobierno cada día menos democrático. No me extrañaría verla también desertar del bloque oficialista en la nueva Asamblea.

Y así, como ellos, seguramente veremos a más partidarios de Alianza PAIS que dejarán de identificarse con este Gobierno autoritario que no cumple el cambio esperado. Podría llegar el momento en que el Presidente no tenga a la Asamblea de su lado. Y sus aliados de hoy bloqueen sus propuestas de mañana.

Y ahí es cuando, con la excusa de tener una Asamblea opositora –le dirá corrupta, mediocre y todo lo demás–, y ante la necesidad de elevar su popularidad con una buena dosis de campaña electoral, el Presidente recurriría a ese artículo de su Constitución que le permite “…disolver la Asamblea Nacional… si de forma reiterada e injustificada obstruye la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo...”. Y que indica que inmediatamente “…el Consejo Nacional Electoral convocará para una misma fecha a elecciones legislativas y presidenciales para el resto de los respectivos períodos”.

Y volverían las cadenas, los bailes, los mítines, las canciones, las caravanas, los discursos, y el uso de recursos del Estado para otra campaña presidencial. Y Correa elevaría nuevamente su popularidad producida en televisión. Y nuevamente iríamos a votar.

Quién sabe. Tal vez nada de esto suceda. Tal vez esta vez, en serio, no tendremos más campañas y elecciones por cuatro años. Ojalá. Pero por alguna razón, mientras votaba este domingo por unos cuantos desconocidos y hacía plastificar otro certificado de votación –¿cuántos llevamos?–, tuve el presentimiento de que no pasará mucho tiempo hasta que regresemos a marcar una nueva papeleta.

jueves, junio 11, 2009

Obedientes

Según su página web, el Conartel “es un organismo autónomo de derecho público”. Linda autonomía socialista del Siglo XXI. Han tenido su sentido del humor.

El Conartel es hoy un organismo vergonzosamente obediente del poder. Si sus miembros siguen tan aplicados y sumisos, se ganarán todas las sonrisitas del jefe y un vergonzoso e importante capítulo en nuestra historia nacional de atropellos.

Rafael Correa no puede hacerlo todo solo. Necesita gente que ejecute sus órdenes. Gente que cumpla sin hacer preguntas ni analizar las consecuencias de sus actos. Sus ejecutores olvidan que el poder que tienen ahora es pasajero. Que el gobierno de Rafael Correa es pasajero. Pero la reputación permanece por mucho tiempo. El tiempo y la memoria no borran fácilmente los atropellos.

Veo a Antonio García, el joven presidente del Conartel, hablar a los periodistas, como quien no dice nada. Les informa que se ha iniciado el tercer proceso contra Teleamazonas, por dizque violar la nueva ley favorita de Correa que dice que no se puede transmitir noticias basadas en supuestos que causen conmoción social. En otras palabras, García informa que el Conartel, siguiendo la voluntad del Ejecutivo, ha iniciado arbitrariamente el proceso para cerrar Teleamazonas, callar sus noticieros y periodistas, y consolidar así el atropello de Correa a la libertad de expresión.

Correa dijo que “los medios de comunicación no están por encima de la ley”. Pero por lo visto él sí lo está. Pretender callar un canal de televisión utilizando absurdamente como excusa un par de reportajes, eso sí es estar por encima de la ley. Convertir hechos reales en “supuestos”, y la reacción inofensiva del televidente en “conmoción social”, eso sí es estar por encima de la ley. Llegar a cerrar un canal de televisión con estas excusas no sería solo estar por encima de la ley. Eso es ser la ley.

Correa pidió a los periodistas que, “en vez de hacer tanto estruendo de que se está atentando contra la libertad de expresión”, reclamen “si está cumpliéndose o no la ley”. Aquí reclamo. No se está cumpliendo la ley. Se están tergiversando hechos (decir que son supuestos lo que fueron hechos) e inventando consecuencias (conmociones sociales que no han existido) para adaptarlos a una ley absurda y así alcanzar sus sanciones desproporcionadas.

El debate no es si los medios hacen un buen o mal trabajo. O si sus reportajes son totalmente neutrales o tienen intereses particulares. Menos aún si sus dueños son banqueros o verduleros. No desviemos la cosa. Lo que está en juego es nuestra libertad para expresarnos. Que no nos metan el cuento de que todo está apegado a la ley. El Presidente quiere demostrar que él también tiene el poder para cerrar canales y seguir ganando elecciones. No entiende de libertad. No le interesa la libertad.

Todavía Teleamazonas está al aire. Pero de darse su cierre temporal o definitivo se habrá concretado el más vergonzoso atropello de este Gobierno. No hay excusa que sirva a Rafael Correa y sus funcionarios del Conartel para justificar estas acciones. No olvidaremos a quienes fueron parte de este abuso. Algún día, cuando dejen de ser la ley, tendrán que responder.

jueves, junio 04, 2009

Pobrecitos

Me hubiera gustado ver ese debate entre Hugo Chávez y Mario Vargas Llosa. Latinoamérica habría presenciado un intercambio de ideas entre quienes creen que el gobierno debe controlarlo todo y quienes creen en la libertad individual como motor de progreso.

Pero el problema con Chávez y sus amigos no es simplemente de ideas. El problema es que, a la hora de la hora, nuestros socialistas de este siglo no quieren ni permiten ese intercambio de ideas. Dicen que están abiertos a los debates y a las críticas. Pero en la práctica apagan toda posibilidad de debate. Aniquilan las críticas atacando a los medios de comunicación y la libertad de expresión.

Chávez rompe el clima de respeto y libertad necesario para el debate cuando amenaza y cierra canales de televisión. O cuando retiene en el aeropuerto a los Vargas Llosa, padre e hijo, para dejarles claro que su majestad de boina roja no está contento con su presencia. Vergonzosa actitud. Prueba que no es presidente de su país. Es su dueño que decide bajo qué condiciones pueden visitarlo.

Rafael Correa no se queda muy atrás. Rompe también esa libertad y respeto el momento que amenaza con demandar a los medios de comunicación que dicen algo que no le gusta o que le parece incorrecto.

En su momento, quienes han expresado de frente su rechazo al Presidente han sido invitados a pasar unos días tras las barras con la excusa de una retrógrada ley que reprime con cárcel a quien “con amenazas, amagos o injurias, ofendiere al Presidente”. Linda ley para abusar del poder.

Ahora, manipulan una ley que cae perfecta para callar a los medios. Dice que “se prohíbe a las estaciones de radiodifusión y televisión transmitir noticias basadas en supuestos que puedan producir prejuicios o conmociones sociales o públicas”. Esos “supuestos”, obviamente, serían definidos por el Gobierno. Y lo que significa “prejuicio o conmoción social” también quedará a discreción del poder. Con lo poco que se lee en este país es casi imposible que una noticia en un diario cause conmoción social. Pero como en Carondelet parece que leen hasta los Clasificados, bastaría que ahí se produzca la conmoción para que le metan un juicio al periódico.

El problema entonces va más allá de las ideas de los gobiernos, si son de izquierda, derecha, o lo que venga. El problema es cuando se creen dueños de la opinión pública y dueños de sus países. Cuando no entienden lo que significa la libertad de expresión y hacen todo lo posible para callar las voces contrarias.

Correa y Chávez promueven ahora una instancia regional que “proteja a los gobiernos legítimos de los abusos de la prensa corrupta”. Pobrecitos. Ahora resulta que la protección no es para los ciudadanos contra los abusos del gobierno, como debería ser. Aquí es lo contrario. Son los gobiernos indefensos quienes buscan protegerse de lo que sus ciudadanos escriban en diarios o digan en los micrófonos.

No son suficientes las infinitas horas que pasan estos presidentes en la televisión lavándonos el cerebro. No son suficientes todos los medios de comunicación a su disposición. Quieren más.

No deben ser tan malos los medios de comunicación cuando tanto les gusta tenerlos. Y hablando de eso ¿cuándo venderá nuestro Gobierno finalmente los canales incautados?

miércoles, junio 03, 2009

Revista la U. - Junio 2009

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jueves, mayo 28, 2009

‘Dictadorcitos’

El Senado colombiano aprobó un referéndum que permitiría la segunda reelección inmediata de Álvaro Uribe. Ojalá, por el bien de la región, este referéndum no se dé. Y de darse que gane el No o que Uribe decida no lanzarse a otra reelección.

En nuestra Latinoamérica, y en particular nuestra región andina, inundada de ideas caducas, caudillos patrioteros y mentes ajenas al progreso y la libertad individual, Uribe es una de las pocas voces cuerdas y pragmáticas que suenan con fuerza. Y por eso mismo, Uribe debe dar el ejemplo, no lanzarse a un nuevo periodo, y permitir que la democracia y alternabilidad en su país se fortalezcan.

Hasta ahora Uribe ha dado señales de que no buscará otro periodo. En un reciente foro, ante la pregunta sobre su interés en reelegirse, respondió: “Lo veo inconveniente por esto: por perpetuar al Presidente, porque el país tiene muchos buenos líderes”. Pero a pesar de estas palabras, Uribe no ha negado oficialmente su deseo de ser candidato en el 2010.

Hay quienes creen necesaria la reelección y permanencia de Uribe en el poder para así crear un contrapeso en nuestra región andina, tan contaminada de populismos socialistas que acabarán con lo poco que tenemos. Si al trío andino-socialista-bolivariano de boina roja, camisa con dibujitos y chompa rayada le añadimos la posibilidad de convertirse en cuarteto junto al peligroso Ollanta Humala –cuya candidatura Vargas Llosa acaba de comparar con el sida– la presencia de Uribe se torna aún más importante. Sería una voz solitaria. Pero una voz poderosa.

Pero por muy importante que pueda ser la presencia de un presidente que contradiga esta línea estatista y empobrecedora en la región, no justifica romper con el principio democrático de alternabilidad. Una reelección de Uribe daría más fuerza a esta potencial tendencia iniciada por Chávez en la región, de jefes que utilizan la maquinaria estatal para comprar popularidad y votos que los perpetúe en el poder. Con la ventaja de poder llamarse “democráticos” al ser elegidos en las urnas, aunque sus gobiernos sean lo contrario.

La alternabilidad permite renovar. Impide que unos pocos acumulen demasiado poder. Mantiene a la sociedad políticamente activa, evitando caer en la pasividad del que se acostumbra a ser siempre gobernado por los mismos. Esto aplica no solo a presidentes. Autoridades locales, parlamentarias y hasta las del club de la esquina deben renovarse, continuando lo bueno, aprendiendo de sus antecesores, pero sobre todo, inyectando los cambios e innovaciones necesarias que se le escapan a quien lleva demasiado tiempo en el poder.

Por eso, suenan refrescantes y esperanzadoras las recientes declaraciones de Lula, el presidente más importante en la región, al negar estar interesado en un tercer mandato: “Yo no juego con la democracia porque cada vez que se juega con la democracia uno se estrella… La alternabilidad del poder es importante. Cada vez que un dirigente político se cree imprescindible e insustituible está comenzando a nacer un pequeño dictadorcito dentro de él. Y soy demócrata”.

Para su vecino del norte ya es tarde. El dictadorcito nació y crece fuerte. El resto aún está a tiempo de no jugar con la democracia. Uribe debe dar el ejemplo.

viernes, mayo 22, 2009

Usted

El momento te golpea de repente. Sin que estés preparado. Estás muy tranquilo cuando ella se acerca. Joven, alegre, delgada, curvas perfectas, pelo largo. Tiene unos veinte años. Te sonríe. Sí, es más joven que tú, aunque no tanto. Te va a decir algo. Y al abrir su boca, rompe toda la magia del encuentro. Ella te trata de “Usted”.

Usted. Esa palabrita crea en un instante un enorme abismo generacional. Ella está diciendo sin decirlo: yo soy joven y tú eres en viejo. Ella te ve más cercana a la edad de su papá. Para ella, da igual que estés en tus treintas, tus cuarentas. Eres un viejo. Con cada “Usted” que ella te lanza sientes como tus canas se hacen más blancas. Tus entradas se agigantan en tu frente. Y esa calva en potencia se vuelve real.

Mi primer “Usted” lo recibí el día que me estrené como profesor universitario amateur. Con cara de pelado y veintitantos años me presenté ante un grupo de estudiantes pocos años menor que yo. “Por favor, tutéenme”, les dije haciéndome el profesor cool cuando una estudiante me ustedteó. No todos me hicieron caso. Algunos se empeñaron en asesinar mi juventud recurriendo al “Usted”. Cada año que regreso a dar mi clase, aumentan junto a mis canas, los Usted versus los tú. Y ya no hay marcha atrás.

Pero más que recibir el “Usted”, el problema está en decirlo. Sobre todo cuando uno transita los 30 se acentúa el dilema de cuando y con quien usarlo. Ya no eres tan pelado como para tratar de Usted a cualquier viejo de cuarenta para arriba. Ni tampoco eres tan viejo como para tutear a todo el mundo.

El tema se complica en las reuniones de negocios. Estamos todos sentados alrededor de una mesa. Hombres y mujeres en sus 20s, 30s, 40s, 50s, 60s. ¿Dónde trazamos la línea entre el tú y el Usted? ¿Tuteamos al gerente de cuarenta y ocho años y ustedtiamos al director de cincuenta y tres? ¿Cómo clasificar el trato con cada persona? Nadie ha escrito las reglas claras: “tutearás a quienes no te superen por más de 15 años, y tratarás con la formalidad del Usted al resto”.

Y cuando hay en la reunión una mezcla de esa sutil y subjetiva condición llamada estratos sociales la cosa se complica más. El uso del Usted ya no solo depende de la edad, sino que se basa también en la proximidad social percibida entre ambas partes. El tú nos acerca entre iguales, el Usted nos distancia. Entran en juego esas tan latinoamericanas percepciones que nos llevan también a la rápida decisión de saludarnos con beso o con la mano.

En esos momentos envidio a los gringos. Envidio el idioma inglés, tan sencillo, tan al grano. Todos son “you”. Tu amigo es “you”. Tu profesor de setenta años es “you”. Tu tío, tu abuelo, tu jefe, la señora de la tienda, todos “you, you, you”. Cero complicaciones. Y cero besos en las reuniones. Todos se dan la mano.

Pero bueno, con todas sus complicaciones y aunque te haga sentir viejo frente a esa chica de veinte años, el Usted tiene sus ventajas. Puede volver tus palabras más románticas, llenas de esa pasión que se rompe con el tú. Y sin el Usted, no podría hablarle a mi hija de dos años con el mismo cariño. Y qué sería de tantos lagarteros, serenatas de borrachera, y buenos momentos, sin poder cantar que “hasta la vida diera, por vencer el miedo, de besarla a Usted”.

* Publicado en revista SoHo de Mayo.

jueves, mayo 21, 2009

Ni UNE, ni MPD, ni nadie

Basta escuchar a Mery Zamora, presidenta de la UNE, para entender por qué anda tan mal la educación en este país. Con tan limitadas ideas y conflictivas posturas de la representante de los educadores de nuestros niños y jóvenes, poco podemos esperar de la preparación de las nuevas generaciones.

La UNE y el MPD rechazan las evaluaciones que, con justa razón y válidas intenciones, el Ministerio de Educación pretende realizar. La postura del gremio de educadores y su partido político es un canto al subdesarrollo. “A mí no me tocan mi puesto vitalicio”, resume su argumento. El bienestar y educación de los niños no entran en el discurso de la UNE. Solo se trata de defender la “estabilidad laboral” de sus miembros. En otras palabras, mantener la mediocridad.

Raúl Vallejo y este Gobierno tienen un gran reto por delante. Si logran cambiar la educación pública de este país, al menos dando el primer paso alejándola de las garras de la UNE y el MPD, tendrán nuestro respeto y el agradecimiento de nuevas generaciones mejor educadas y con mejores oportunidades.

Rafael Correa, desde su primera candidatura, fue un gran crítico del control de la UNE y MPD de la educación pública. Pero ante las conveniencias políticas del momento terminó vergonzosamente aliándose con ellos. El Gobierno usó al MPD como su pana del alma, su fuerza de choque, sus amigos en tiempo de elecciones.

Ahora, el Presidente se enfrenta a un dilema político. Conservar esa amistad por interés que se traduce en votos en una Asamblea donde Correa no tiene la mayoría absoluta asegurada. O seguir adelante con los planes de cambiar la educación en este país, con el riesgo de perder esos votos.

Si decide lo primero quedará en descubierto que aquí solo importa el poder por el poder. Si decide lo segundo –como esperamos lo haga– ganará el país, ganará la educación, ganarán los niños y jóvenes.

El Gobierno debe pararse firme ante una UNE y MPD que politizan la educación. Pero cuidado con la excusa de mejorar las cosas, pasamos de una educación controlada por el MPD a una educación controlada por Alianza PAIS y utilizada como plataforma de su indoctrinamiento político.

La educación no le pertenece a un gremio, a un partido político, o a un gobierno de turno. Pertenece a los estudiantes y a sus padres de familia. Es un derecho que no tiene por qué depender de banderas ideológicas o gritos politiqueros.

Mery Zamora dice de frente a las cámaras: “Hemos sido la piedra en el zapato de los gobiernos de turno, y de este también… Durante 64 años, ni las dictaduras, ni los gobiernos reaccionarios, ni los gobiernos de la socialdemocracia han podido partir a la UNE”. ¿Podrán Correa y Vallejo?

Un país sin educación no avanza. Un país con una educación politizada está condenado a la mediocridad. Mientras la UNE y MDP monopolicen la educación no habrá progreso.

Si al menos un legado positivo deja este Gobierno, que sea el de una población educada y preparada. Y eso significa una educación libre de la UNE, el MPD, Alianza PAIS y cualquier otro que la quiera politizar.

jueves, mayo 14, 2009

La cena tendrá que esperar

Escucho a Barack Obama en la cena anual con los periodistas que cubren las noticias de la Casa Blanca. Obama cita a Thomas Jefferson, quien dijo que “si me viera obligado a decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin un gobierno, no dudaría en preferir lo último”. Obama dice que ese mensaje sigue vivo: un gobierno sin medios críticos y activos no es una opción para el país.

Obama continúa: “puedo no estar de acuerdo con todo lo que ustedes escriben o reportan. Incluso me puedo quejar de vez en cuando sobre la forma como ustedes realizan su trabajo. Pero lo hago sabiendo que cuando ustedes hacen bien su trabajo, me ayudan a hacer bien mi trabajo. Nos ayudan a todos los que servimos desde el Gobierno a hacer un mejor trabajo, al hacernos rendir cuentas, al demandar honestidad, al impedirnos tomar atajos y caer en juegos políticos”.



Mientras Obama reconoce la labor de la prensa, acá Correa la insulta y desprestigia. La llama corrupta, mediocre y pide a la gente que no lea diarios ni vea noticiarios. No entiende que sin una prensa libre y crítica tambalea la democracia y se impone una sola visión. La visión del Gobierno. O lo entiende y eso pretende.

Ahora veo a Hugo Chávez en la tele. Amenaza con quitar la concesión a Globovisión. ¿Cuál fue la terrible infracción cometida por ese canal? “Incitar al pánico y ansiedad entre la población” al reportar la noticia de un temblor antes que lo hicieran las autoridades oficiales. Ridícula excusa con la que Chávez pretende callar voces libres.

En nuestro país no es muy distinta la cosa. Los abusos a la libertad de prensa se contagian entre gobiernos autoritarios. El Conartel decide abrir un proceso contra Teleamazonas. ¿Cuál ha sido el gravísimo pecado del canal? Reportar e informar a la ciudadanía sobre lo que ocurría en un centro de cómputo en el antiguo supermercado Santa Isabel. Acusan al canal de difundir información basada en supuestos que puede causar conmoción social.

Es una excusa tan ridícula como la del temblor venezolano. Teleamazonas simplemente ha reportado e informado sobre el ingreso y reclamos de actores políticos en el centro de cómputo. Son hechos, no supuestos. Lo que cada persona dice a las cámaras es su responsabilidad. El canal solo cumple su trabajo de informar.

Si se determina una infracción, se puede llegar hasta la suspensión temporal o reversión definitiva de la frecuencia del canal. ¡Cómo le gustaría eso al Gobierno! Chávez sin Globovisión, Correa sin Teleamazonas. ¡Al fin libres de los medios que les dicen lo que no quieren escuchar!

Mientras veo a Obama en su cena con los periodistas imagino si sería posible en nuestro país iniciar una tradición similar, reuniendo en un evento de confraternidad y mutuo respeto al Presidente y los medios de comunicación. En ella, nuestro Presidente reconocería también la importancia del trabajo de los periodistas y brindaría por una prensa crítica y libre.

Pero a quién vamos a engañar. Con el escaso respeto de este Gobierno al trabajo de los medios, antes que la invitación a cenar, pueden esperar la notificación de su suspensión. La cena tendrá que esperar a nuevos gobiernos que sí entiendan de libertad de prensa y respeto.

jueves, mayo 07, 2009

Y lo seguimos haciendo…

Estos días están circulando las palabras que Óscar Arias, presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz, pronunció en la última Cumbre de las Américas. El discurso titulado 'Algo hicimos mal' refresca nuestra mente tan contaminada en estas épocas por cantos dizque revolucionarios que repiten los mismos eslóganes gastados del pasado. Vale la pena leerlo.

Arias nos invita a reflexionar sobre las causas de nuestro atraso y a dejar de culpar a terceros por nuestra pobreza. Nos dice que si estamos mal, seguramente es porque algo hicimos mal. No porque el mundo, los países poderosos o los organismos internacionales conspiren en contra nuestra.

Arias nos hace ver que Latinoamérica ha tenido oportunidades similares a las de países hoy desarrollados que sí supieron realizar los cambios necesarios. “En 1950… Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 o 40 años– es un país con 40.000 dólares de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 o 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra”, dice Arias.

Arias se pregunta “¿quién es el enemigo nuestro?” que justifique que “América Latina se gaste 50.000 millones de dólares en armas y soldados”. Me pregunto lo mismo. Nuestros gobernantes hablan de desarrollo, educación y salud mientras se van de shopping armamentístico para defendernos de amenazas imaginarias. Nuestro real enemigo, como indica Arias, “es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria…”. Y ese es un enemigo que no podemos combatir con nuevos aviones o más armamento.

Arias nos invita a una reflexión final: “…mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (…capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo…Y mientras los chinos… han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás”. Espero que Correa haya estado escuchando.

Las palabras de Arias suenan bastante distintas y más constructivas que las de su vecino, Daniel Ortega, quien dijo en esa misma Cumbre que “en este siglo XXI y desde finales del siglo XX… los países capitalistas desarrollados establecieron su hegemonía a costa de la destrucción del planeta y de la especie humana, y arrastrando e imponiendo los valores consumistas de su modelo y la reproducción de la concentración de la riqueza y multiplicación de la pobreza, a la gran mayoría de los países en desarrollo”.

Mientras Ortega y sus amigos socialistas de este siglo se quejan y patalean por el progreso de otros y el atraso nuestro, Arias nos hace notar que no estamos como estamos por culpa de terceros, sino porque algo hicimos mal. Y lastimosamente, con varios de los líderes que elegimos y reelegimos en Latinoamérica, parece que así lo seguiremos haciendo.

miércoles, mayo 06, 2009

"Algo hicimos mal"

Palabras de Óscar Arias, Presidente de Costa Rica, en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago - 18 de abril del 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.

Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “ la verdad es que enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

Revista la U. - Mayo 2009

Ya está circulando la U. de mayo en tu universidad!!!



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jueves, abril 30, 2009

Desilusión postelectoral

Este domingo no tuvo mayores emociones. Sabíamos casi todos los resultados por adelantado. Se siente raro por primera vez amanecer de una elección general con todo prácticamente igual.

Tal vez lo más emocionante de estas elecciones es que al fin descansaremos de votar obligados a cada rato. Al menos por cuatro años. Y esto si Rafael Correa no decide inventarse alguna nueva elección en el camino que ratifique su popularidad.

Mi lado optimista me decía que al fin se terminaría esta campaña ininterrumpida de más de dos años en la que nos ha metido el Gobierno. Campañas para llevarnos a una Asamblea, pasar por una nueva Constitución, para finalmente reelegir a su autor. Pensaba que esta reelección marcaría el fin del Correa-candidato para dar inicio finalmente, aunque con dos años de atraso, al Correa-presidente.

Pero mi lado optimista se equivocó. Una de las primeras declaraciones postelectorales del Presidente es que los próximos cuatro años continuará “en campaña electoral recorriendo cada rincón de la patria para levantar la autoestima del país”. Nada cambiará por lo visto. Nos seguirán vendiendo la alegría empaquetada en eslóganes de televisión, visitas motorizadas y tours gastronómicos locales. El presidente-motivador, antes que el presidente-estadista y administrador, seguirá en su misión de alegrarnos la vida. Sonríe Ecuador, sonríe.

Pero esa no fue mi única decepción postelectoral. Pensé que este nuevo triunfo significaría el inicio de un Correa más realista que se aleje de sus posturas populistas –que él llama socialistas– para dar paso a políticas pragmáticas que generen confianza, inversiones, empleo y desarrollo.

Pero, ¿qué nos dice el flamante Presidente reelecto además de que continuará en campaña? Nos dice que radicalizará su socialismo del siglo XXI. Dijo también que “los cambios son posibles pero fuera del sistema capitalista, dentro del nuevo socialismo”. ¿Se da cuenta Correa de lo que dice? ¿Realmente piensa alejar a este país de un sistema de mercado y propiedad privada? ¿O son disparates que se escapan por la emoción del triunfo?

Con cada triunfo de Correa espero que diga algo, al menos una cosa, que indique que encaminará este país por un rumbo distinto al chavismo ultraestatista. Pero termino decepcionándome.

Pero tranquilos, no se preocupen tanto. Diego Borja, ministro del revolucionario ministerio coordinador de Política Económica, dijo que “no hay que ponerse nerviosos”, que “socialismo del siglo XXI no significa estatización, porque hemos visto que el modelo estatizante no sirve”. Hugo Chávez, maestro del socialismo del siglo XXI y activo practicante del estatismo, no estaría de acuerdo con la definición de Borja. ¿A quién le creemos? ¿Qué quiere decir entonces Correa con lo de profundizar su socialismo y alejarse del capitalismo?

Vienen cuatro años sin elecciones. Esta es la oportunidad del Gobierno para trabajar, ahora sí, pensando en el progreso del país y de su gente; no en los próximos votos o en su popularidad del momento. Esta es la oportunidad para tomar decisiones y acciones que nos metan en el siglo XXI de los gobiernos ganadores que, sin hacer mucha bulla ni quejarse a cada rato, le apuestan al trabajo y emprendimiento de su gente con el apoyo de un Estado limitado y eficiente.

Las primeras declaraciones del reelecto Correa ya apuntan en la dirección contraria. Así empezamos los próximos cuatro años.