jueves, junio 24, 2010

¿Dejar el lado oscuro?


En la misma página del diario me encuentro con dos noticias que nos dicen mucho sobre el estancamiento o progreso de los países. “Hugo Chávez declara a los grandes empresarios ‘enemigos de la Patria’”, dice un titular. A pocos centímetros, otro titular informa que ‘Magnates proponen donar mitad de fortuna’. Mientras los populistas del siglo XXI buscan acabar con la riqueza, la filantropía se multiplica en las sociedades libres.

Hugo Chávez y sus similares necesitan controlarlo todo. Parecen sentirse amenazados ante el éxito empresarial. Por eso, abusando de su poder, persiguen, atacan, y quitan a empresarios lo que con trabajo han ganado.

Para Chávez los grandes empresarios son un “gran obstáculo para el desarrollo del país”, mientras solo los pequeños y medianos empresarios trabajan y producen. Algo similar, aunque menos radical, escuchamos por acá. Los empresarios son buenos mientras permanezcan pequeños o medianos. Cuando se hacen grandes se vuelven malos. Olvidan que esos grandes empresarios fueron alguna vez pequeños y que han llegado lejos a base de esfuerzo.

Venezuela y el mundo saben que Chávez es el principal obstáculo para que su país avance. Correa hace unos años no lo sabía. Pero sospecho que ahora ya puede ver y entender la desesperante realidad venezolana. Por eso, es positivo que Correa se relacione menos con el dictador venezolano, y que en cambio se acerque a Alan García, se reúna con Hillary Clinton, o que asista a la posesión de Santos en Colombia. A ratos, Correa parecería alejarse del lado oscuro.

El odio de Chávez hacia el sector privado, tangible en expropiaciones, intervenciones y estatizaciones, ya da los resultados esperados: corrupción, ineficiencia, escasez. Hace poco se destapó el escándalo de los miles de toneladas de alimentos, que su gobierno importó, y que acabaron olvidados y podridos junto a medicinas vencidas mientras algún oportunista chavista se enriquecía. Lindo socialismo del siglo XXI. En realidad, no debería sorprendernos. Como en todo experimento comunista, esto sucede cuando el Estado pretende manejarlo todo.

Rafael Correa la tiene fácil. Chávez le está mostrando de la manera más clara el camino que no debe seguir. Venezuela se hunde entre corrupción, ineficiencia y abusos. Correa está a tiempo de alejarse de ese destructivo modelo.

Mientras el populismo del siglo XXI ataca la riqueza, en otros lugares los ricos no solo generan cientos de miles de empleos, millones en impuestos, y progreso para sus países, sino que hasta donan gran parte de su plata. Además de las condiciones para emprender, producir y hacer dinero, tienen incentivos para ser generosos. Bill Gates y Warren Buffett, los dos hombres más ricos de Estados Unidos, donan gran parte de sus fortunas e invitan a otros magnates del mundo a hacer lo mismo. Bill y Warren tienen suerte de no ser venezolanos. Sus empresas estarían intervenidas, expropiadas o con el servicio de rentas encima. Y ya se hubieran ganado algún insulto presidencial por tener el descaro de ser exitosos.

Para nuestros populistas, los millones solo son buenos cuando están a su disposición en las cuentas estatales. Y el éxito empresarial es aceptable solo a pequeña escala. El emprendimiento y la filantropía están condenados a morir en gobiernos dedicados a atacar la riqueza.

jueves, junio 17, 2010

Al menos por el Mundial

El Gobierno me está dañando el Mundial. Acostumbrado a meterse hasta en la sopa, ahora el Gobierno nos repite mil veces sus gastados eslóganes entre jugadas de Messi y el ensordecedor zumbido de las vuvuzelas.

Hace ya dos años, cuando el Gobierno incautó los canales de los Isaías, Rafael Correa aseguró que “lo que menos le interesa al Gobierno es ser administrador de esos bienes” y que “mientras más rápido podamos subastar, rematar esos bienes, entre ellos los medios de comunicación… enhorabuena, tanto mejor”.

Pero mientras veo, en el canal estatal, los partidos del Mundial plagados de propaganda del Gobierno –del Ministerio de Industrias, de la Secretaría de Comunicación, de la Vicepresidencia…– me queda claro que esa “rápida” venta de los canales tendrá que esperar. El Gobierno aprovecha su canal y el interés en el Mundial para meterse en nuestras casas y nuestras cabezas. Correa dijo que suspenderá sus cadenas de los sábados durante el Mundial. Con tanta propaganda, ya no necesita hablar.

Apago la televisión y sigo ahora el partido desde la radio en mi carro. Pero no puedo huirle a la publicidad oficial. Ahora el locutor de una estación incautada nos vende la revolución ciudadana junto a camiones, compañías de seguros y planes de celular. El locutor repite la frase contratada por el cliente –el Gobierno– y pagada por todos nosotros: “ellos dicen que quieren un país libre... pero ya nadie les cree...”. Los ecuatorianos gastamos en publicidad con la que el Gobierno ataca a los mismos ecuatorianos.

La Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos lanzó una campaña en defensa de la democracia y la libertad. La campaña lleva frases como: “Yo quiero un país libre de corrupción, libre de insultos, libre para opinar, libre para trabajar, libre para producir, libre para soñar”. Son aspiraciones de todos los ecuatorianos. Sueños comunes.

Pero parece que al Gobierno no le gustan esos sueños. Por eso ahora debemos aguantarnos en medio Mundial otra de sus campañas generadoras de odio y división. Con ella, no nos está informando el Gobierno de su gestión. Nos está envenenando entre tiros libres y goles.

¿Hasta cuándo se malgasta plata para atacarnos entre ecuatorianos? ¿Dejará algún día este Gobierno de invadir nuestras casas, nuestro oídos, nuestras vidas?

Yo solo quiero ver el Mundial, disfrutar buen fútbol y olvidarme por un momento de la política. Pero Correa aprovecha nuestra atención para vendernos por televisión sueños que después de tres años en el poder no ha podido concretar en la realidad. Sin darse cuenta, Correa y su Gobierno se han convertido en los mejores promotores de DirecTV. Ver los partidos del Mundial sin publicidad gubernamental es el mejor argumento para alejarse de la transmisión nacional.

¿Será que al menos por el Mundial nos pueden dejar en paz? Limitan nuestra libertad con una absurda ley de comunicación. Nos recortan la deducción de impuestos con excusas sin sentido. Los sicarios y los ladrones se toman las calles. El desempleo aumenta mientras la inversión privada huye. Y ahora para rematar, ni podremos comprarnos una cerveza en la gasolinera dizque por nuestra seguridad.

¿Será que al menos por el Mundial nos dejan en paz?

jueves, junio 10, 2010

Nosotros los idiotas

Betty Carrillo, presidenta de la Comisión de Comunicación, nos cree idiotas. A ti, a mí. A todos. Ella piensa que no tenemos la capacidad de escoger por nosotros mismos qué programa de televisión ver, qué diario leer, qué radio escuchar. Ella, en su infinita sabiduría, siente el llamado de guiarnos, de decirnos lo que es bueno y malo. Por eso, se empeña en crear leyes que limiten la libertad de los medios y los individuos, y que amplíen el poder del Estado –o sea el Gobierno– para decidir por nosotros, los idiotas.

Betty no es la única. Tiene en Rafael Correa a su gran maestro del paternalismo y control estatal. Correa lleva la bandera de esos que creen que un grupo de políticos y burócratas deben decidir por nosotros. Están convencidos de que creando nuevas comisiones se resolverán los problemas de la sociedad.

Pero Correa sabe que la ley de Betty está llena de absurdos que impedirán su aprobación y solo generarán confrontaciones innecesarias en su Asamblea. Por eso, Correa ahora dice que la Ley de Comunicación ya no es importante. De repente, se olvidó que se ha pasado insultando a medios y periodistas y diciendo que su mayor enemigo es la prensa.

Los temas de comunicación y libertad de expresión, al final del día, importan a pocos que sí reconocen su trascendencia. La mayoría de ecuatorianos están preocupados por conseguir un trabajo y que nos los roben o maten en la calle. Si multan a un canal hasta llevarlo a la quiebra, si le quitan la frecuencia, o si callan a un periodista, son detalles sin importancia para quien –cortesía de la revolución ciudadana– lleva meses sin conseguir trabajo.

Betty, entre sonrisas e ironías, insiste en su ley llena de disparates. Entre ellos, que los canales de televisión privados sean locales y solo los públicos puedan ser nacionales. O que las concesiones solo duren diez años. O que se puedan imponer exageradas multas por lo que un Consejo de Comunicación considere “acoso mediático”. Nos dirán que nada de eso está todavía en la ley. Que son solo propuestas. Pero el simple hecho de que lo sugieran y lo tomen en serio ya es un insulto a nuestra inteligencia… o idiotez.

El mal está hecho. Aunque no pase esta ley, sus poco iluminadas ideas han dominado la agenda y contaminado muchas cabezas. Por ejemplo, ahora discutimos cuántos representantes debe tener el Ejecutivo en el Consejo de Comunicación, cuando la pregunta debería ser si tiene sentido la existencia de este Consejo. Y nos repiten tanto eso de que el Estado-Gobierno debe regular e intervenir en la comunicación, que sentimos que lo normal sería pedir permiso antes de opinar; cuando la comunicación debe ser libre, con la mínima regulación posible, en especial cuando se opina sobre quienes ocupan el poder.

Quieren controlar la información. No les gusta que hablen mal de ellos. Les gusta tener los medios a su disposición. No ven que mientras haya más medios para elegir, más competencia, más participación del sector privado y menos intromisión del Estado, tendremos una mejor comunicación. Estaremos mejor informados. Seremos más libres. Y quién sabe, hasta menos idiotas.

miércoles, junio 09, 2010

Revista la U. - Junio 2010

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jueves, junio 03, 2010

Lecciones colombianas

Las elecciones en Colombia nos mostraron la larga ventaja que nos lleva nuestro país vecino en lo que a institucionalidad y cultura política se refiere. Tenemos ahí, tan cerca, un ejemplo a seguir.

La madurez política de Colombia permite a los colombianos respirar tranquilos en tiempos de elecciones. Ahí no tienen oportunidad electoral los radicales y autoproclamados revolucionarios o salvadores de la patria. Las opciones se pasean por el centro del espectro político, como sucede en las democracias avanzadas.

¿Santos o Mockus? No importa. Con los dos están garantizadas la institucionalidad y libertad individual. Suena sencillo. Pero acá sigue siendo un sueño lejano tener gobernantes que entiendan algo tan elemental como que el Gobierno no es lo mismo que el Estado. O que un país no puede avanzar sin inversión y emprendimiento privado.

Mockus en una entrevista se pregunta: “¿Proteger la vida humana, eso es de izquierda o derecha? ¿Cuidar los recursos públicos, que se gasten bien gastados, eso es de izquierda o derecha? ¿Cobrar los impuestos y usarlos bien, eso es de izquierda o derecha?”. Son posturas que no pertenecen a la izquierda o la derecha. Pertenecen a cualquier gobierno serio y deben continuar más allá de partidos o banderas.

En cuestiones de forma, que suelen reflejar lo de fondo, estas elecciones colombianas también sirven de ejemplo. Los debates, las entrevistas y los discursos de los candidatos han tenido un nivel de respeto y madurez que acá escasea. Santos barrió en las elecciones. Pero en su discurso como ganador de inmediato llamó a la unidad y felicitó a sus contrincantes. Algo básico en una democracia civilizada. Pero no para alguno de nuestros candidatos, que luego del triunfo, entre gritos y risas irónicas, exclamaba “¡qué paliza!” y se burlaba de los “perdedores”.

Desde mi primera votación, siempre he debido escoger por el mal menor. Nunca he podido ir a las urnas, como los colombianos, sabiendo que sin importar quien gane, bien o mal, el país seguirá su marcha, con errores y problemas, pero siempre con un elemental respeto a las instituciones y los ciudadanos.

Correa y sus partidarios dirán que en países como el nuestro se necesita ser radical para cambiarlo todo. Pero es lo contrario. Necesitamos esa estabilidad a largo plazo, que continúe de un gobierno al otro, al menos en asuntos tan básicos como la institucionalidad; la educación; el comercio y competitividad; la responsabilidad fiscal; y el respeto a la ley, la iniciativa privada y la libertad individual.

¿Podremos alcanzar ese básico grado de institucionalidad y madurez política? No estamos hablando de llegar al nivel de Estados Unidos, ni siquiera de Chile, sino de algo tan cercano a nuestra realidad como Colombia.

La solución empieza con educación y más educación. Pero hay algo práctico e inmediato que pudiera funcionar: el voto voluntario. No solo porque no es democrático obligarnos a votar, sino porque el voto voluntario implica una elección más informada y meditada. Es un voto motivado por propuestas e ideas, más que por bonos o camisetas.

Las elecciones e institucionalidad colombianas sirven de ejemplo para nuestros políticos, sobre todo en Carondelet. En lugar de andar peleándonos con los vecinos, podríamos aprender.

jueves, mayo 27, 2010

Baches

Un bache gigante en la carretera a la Costa me hace saltar hasta el techo del carro. Mientras esquivo otros baches similares pienso en la folclórica reciente historia de este camino.

La ampliación de esta carretera duró varios años más de lo previsto, como suele suceder con las obras a cargo del Gobierno central. Cuando ya estaban por terminarse sus cuatro carriles, descubrieron que algún despistado había olvidado contratar la construcción de los puentes. Y cuando finalmente estuvo “lista” la carretera, llegó Rafael Correa. El flamante Gobierno se opuso al aumento del peaje. En lugar de buscar una solución técnica estableciendo el peaje necesario para mantener la vía, prevaleció la populista postura de mantener todo igual. Les sobraba la plata y buscaban votos para la consulta que se venía. Resultado: a diferencia de lo que ocurre en las carreteras concesionadas, esta se deteriora día a día.

Esto era a inicios del 2007. Por esos días, Correa apoyaba desde la tarima la provincialización de Santa Elena. ¿Sirvió para algo? ¿Está mejor Santa Elena hoy? Seguramente lo están quienes ocupan los nuevos puestos burocráticos creados con la nueva provincia.

Pura demagogia. Ahí está pintado el populismo ecuatoriano.

¿Ha aprendido este Gobierno a dejar atrás el show cuando está cerca a cumplir todo un periodo de cuatro años? Parece que algo. Por necesidad ante la falta de plata. Seguramente hoy Correa, por ejemplo, no gastaría la plata de todos los ecuatorianos en la construcción de su Registro Civil en Guayaquil solo para molestar al Alcalde. Tal vez sí apoyaría el aumento del peaje a pesar de su costo político. Quizás, si pudiera volver atrás, pelearía menos con el sector privado.

Correa necesita plata. Y esa necesidad lo obliga a ser más racional. Aunque no siempre lo logre. Hubiera sido bueno que antes, cuando le sobraba nuestro dinero, lo hubiese invertido y administrado bien en lugar de despilfarrarlo. Ahora es tarde. Por eso escuchamos ciertas ideas racionales como querer detener la compra de aviones de guerra. Y vemos también acciones desesperadas, como poner al SRI a exprimirnos y al IESS a feriar nuestra plata.

Parece un mal chiste que hace poco Correa le haya dado consejos al Primer Ministro griego. Debió ser al revés. Los griegos debieron llevarle un solo mensaje: no desperdicies la plata de tu país. Olvídate del Fondo Monetario, del Consenso de Washington, de la dolarización y todos esos cucos a los que te encanta echar la culpa. La regla para no caer en lo que hemos caído es muy simple: no malgastes lo que no tienes.

Sigo en la carretera. Veo a un bus rebasar a toda velocidad por el “tercer carril” de tierra a un costado de la vía. Esquivo conos anaranjados con los que los genios de la Comisión de Tránsito obstruyen nuestro camino. Leo carteles de nuevos restaurantes construidos en pleno bypass a los pueblos (pronto, será necesario un bypass al bypass). Y solo puedo pensar que aquí nada cambia.

¿Podrá hacerlo Correa? ¿Podrá contener el despilfarro y empujar este país? ¿Ganará su lado pragmático? ¿O prevalecerá su lado socialista-populista hasta hundirnos en un bache aun más grande?

jueves, mayo 20, 2010

¿Pragmáticos?

Nuestro ex ministro de Economía y Finanzas, ex ministro del Litoral, ex ministro de Coordinación Política y actual Ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Patiño, ha asegurado que jamás firmaremos un tratado de libre comercio con la Unión Europea. “Nosotros no creemos en los tratados de libre comercio, creemos en… acuerdos integrales para el desarrollo”, dijo el Canciller en la reciente Cumbre de países de América Latina y el Caribe y la Unión Europea en Madrid. Ecuador no seguirá a Colombia y Perú en su camino a la integración comercial con el inmenso mercado europeo.

Para Patiño y este Gobierno los acuerdos no se pueden limitar a lo comercial. Creen que “la inversión y el comercio son solo una parte”. Por eso buscan un acuerdo “integral”, aunque no esté muy claro de qué se trate. Con esta postura alejada de la realidad, Ecuador abandona la oportunidad de venderle más a Europa mientras nuestros vecinos nos ganan espacios.

Una delegación de la Comisión Europea nos visitará en junio para intentar avanzar en la negociación de un acuerdo. Patiño ha dicho que “existe la voluntad política y la decisión presidencial” de concretar un acuerdo, pero uno que haga “prevalecer nuestra visión de desarrollo antes que el libre comercio”.

Suena bastante iluso pretender imponer un acuerdo especial con la Unión Europea –diferente a los que ha firmado con otros países– que se rija por la “visión de desarrollo” de este Gobierno. No veo a la delegación europea haciéndole mucho caso a las exigencias de este Gobierno que tiene muy poco que enseñar en lo que a crecimiento y desarrollo se refiere.

Pero no debe sorprendernos esta postura del Gobierno. Desde la campaña sabemos que Correa y su gente creen en el proteccionismo y el control estatal como forma de desarrollo. Para ellos el TLC es una mala palabra, al igual que globalización, competitividad y flexibilidad laboral. Malas palabras con las que Colombia, Perú y otros países avanzan mientras nosotros nos estancamos.

En la misma cumbre, Correa se reunió con Sebastián Piñera y Ricardo Martinelli, presidentes de Chile y Panamá. Correa dijo: “Nos entendemos muy bien con Sebastián (Piñera), es un hombre muy pragmático”. ¿Es Correa también pragmático? Tengo mis dudas. Si lo fuera, sería más abierto a aceptar, más allá de su ideología, los múltiples beneficios que traería para el desarrollo del país la firma de un TLC con la Unión Europea. O quién sabe. Tal vez su pragmatismo se basa en sus acciones para mantener su poder político. Correa sabe que la firma de un TLC sería suicidio político ante sus seguidores de izquierda y su colega en Caracas.

Queda la esperanza de que Correa y Patiño hayan sacado buenas lecciones de sus reuniones con Piñera y Martinelli. Antes que presidentes, ambos han sido empresarios muy exitosos que han construido importantes empresas en sus países. Saben cómo producir y crear empleo. Saben generar más dinero del que gastan. A Correa le vendría muy bien un curso intensivo sobre ese tema.

¿Se puede ser socialista y pragmático al mismo tiempo? Este Gobierno, en lo que a crecimiento del país y generación de empleo se refiere, nos contesta una y otra vez que no.

jueves, mayo 13, 2010

Palos y piedras

La escena la hemos visto tantas veces. Está en los noticieros de mi niñez, a veces acompañada con la feliz noticia de que se cancelaban las clases debido a los disturbios. Mientras el país, bien o mal, ha avanzado, el tiempo se ha quedado congelado en esas escenas de piedras, palos, llantas quemadas, carros destruidos, gritos. Grupos de indígenas cerrando el paso, protestando. Bloqueando los caminos y la posibilidad del país de avanzar.

Rafael Correa y su gente de Alianza PAIS los conquistó en la campaña. Él era uno de ellos. El “rasca bonito” que vivió entre indígenas en Zumbahua. El que inició su mandato con una limpia. El que hablaba quechua, o al menos hacía el intento.

La luna de miel duró unos años. Hasta que la relación se volvió incómoda y tensa. De abrazos y sonrisas en quechua pasaron a decirle “estúpido” en el mismo Carondelet. El diálogo se rompió. Difícil hablar con quienes salen a bloquear calles y quemar llantas. No se puede dialogar con posiciones tan cuadradas y extremas.

Los grupos indígenas pierden el respeto del país. Sus tácticas de oponerse a todo y de exigir privilegios sobre el resto de ecuatorianos no deben tener lugar en estos tiempos. Hicieron bien al ganar espacios políticos. Hoy tienen representantes en la Asamblea y los tuvieron en el Gobierno. Ese es el terreno para negociar, influenciar, reclamar. El humo de las llantas quemadas solo los convierte en su propia caricatura. En esa masa que no tiene idea por qué protesta. La Ley de Aguas es la excusa de hoy. Ayer era el TLC. Mañana será la minería y después vendrán más razones.

Hay varios casos que demuestran el gran poder e influencia que pueden lograr los líderes indígenas, si en vez de llevar a su gente a quemar llantas, se convierten en agentes de cambio positivo en sus comunidades. Por ahí va el camino.

Uno de los problemas de fondo es esta obsesión de varios actuales políticos y funcionarios dizque revolucionarios por clasificarnos y etiquetarnos en etnias, nacionalidades, razas y grupos. Les encanta hablar en sus discursos y ponencias de plurinacionalidad, derechos colectivos y acciones afirmativas que al final terminan atentando contra nuestros derechos individuales.

Antes que cualquier grupo, etnia o nacionalidad somos individuos. La mejor forma de garantizar nuestros derechos como grupos es garantizando los derechos individuales de cada ecuatoriano. Lo otro conduce a lo que vemos hoy: dirigentes indígenas exigiendo sus “derechos” grupales entre humo y llantas quemadas. Pero cuando otros grupos piden derechos similares, ahí pretenden ocupar una categoría especial. Se acaban los derechos colectivos para convertirse en privilegios exclusivos.

Los indígenas como grupo no tienen ninguna corona sobre mestizos, blancos, negros, montubios. Todos somos igual de ecuatorianos, con los mismos derechos y deberes. El Gobierno y su Asamblea deben escuchar y atender a todos los grupos, gremios y representaciones por igual.

El humo de las llantas quemadas debe quedar atrás. Los dirigentes indígenas deben demostrar que pueden hacer una oposición civilizada. Sus actos violentos y posiciones extremas solo fortalecen a este Gobierno al que hoy pretenden hacer oposición. Sus viejas prácticas les quitan legitimidad. Sus argumentos de palos y piedras avergüenzan. Los dejan fuera de la contienda.

jueves, mayo 06, 2010

Próspera burocracia

El Gobierno del Litoral en teoría dejó de existir. Quitaron su nombre en letras doradas de la fachada del edificio en la avenida Francisco de Orellana. Pero las reemplazaron con otras flamantes letras que dicen “Gobierno Zonal de Guayaquil”. Suena a burla. ¿Cerró realmente el Gobierno del Litoral?

Al otro lado de la avenida, las oficinas del SRI están agitadas y llenas de gente. Carlos Marx, su director, tiene mucho que celebrar. La recaudación de impuestos en el país aumentó casi el 30% el primer trimestre de este año con relación al anterior. De 1.408 millones de dólares recaudados de enero a marzo del año pasado, subimos a 1.908 millones de dólares durante el mismo periodo este año. Sea por precaución o madurez ciudadana, los ecuatorianos estamos pagando cada día más impuestos a la renta. Y a eso hay que sumar el IVA, impuestos de vehículos y consumos especiales.

Abro el periódico y me encuentro con que una de las primeras acciones del flamante Consejo de Participación Ciudadana es pedir plata. Todavía no estamos seguros de para qué sirve ni qué hace este Consejo creado en Montecristi. De lo que sí podemos estar seguros es que servirá para gastar mucha plata. Nuestra plata.

Los integrantes de este Consejo por el que no hemos votado, pero supuestamente nos representa, piden 25 millones de dólares para funcionar. Léase: para pagar los sueldos a toda una plana de nuevos burócratas que piensan contratar. Tantos deben ser, que están presupuestando siete millones de dólares para un edificio. ¡Siete millones! La nueva burocracia necesita mucho espacio para jugar solitario y tomar café.

Cuando nuestros impuestos terminan despilfarrados entre edificios y nuevos sueldos burocráticos, el trabajo de Carlos Marx y su gente en el SRI pierde sentido.

Mientras nuestro sector privado suda por ganarse unos cuantos dólares, nuestra burocracia recibe millones. Un milloncito para esto. Un milloncito para lo otro. Los presupuestos públicos aguantan todo. No sufren por la plata desperdiciada.

Parecería que este Gobierno inventó su altiva forma de combatir el desempleo: multiplicar los puestos públicos. Basta darse una vuelta por la página web de la presidencia y ver el organigrama de este Gobierno. Siete ministerios coordinadores, más una veintena de ministerios, y once secretarías.

Esta obesidad gubernamental puede complicar el trabajo del SRI al validar y fortalecer la tradicional excusa para evadir impuestos: no voy a pagar impuestos para que se los ferie la burocracia; ni para pagar sueldos de reciclados funcionarios calientapuestos; ni para construir flamantes edificios para consejos y comisiones expertas en sacar fotocopias de documentos que nadie lee; ni para pagar pasajes, hoteles, cebiches y viáticos de todo el Gabinete que acompaña al Presidente por los rincones del país en su permanente campaña política de los sábados.

El éxito del SRI se debe al esfuerzo de ecuatorianos que producen, arriesgan, y generan más trabajo y dinero con su trabajo. El Gobierno y las nuevas burocracias, como este mal llamado Consejo de Participación Ciudadana, se burlan de nosotros con sus edificios de siete millones, sus nuevos ministerios, y sus presupuestos millonarios.

Antes que más impuestos, que empiece el recorte y optimización del gasto público. ¿Podrán hacerlo nuestros prósperos revolucionarios?

miércoles, mayo 05, 2010

Revista la U. - Mayo 2010

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jueves, abril 29, 2010

Tres que suenan bien


Este sábado, Correa se quejó que “24 horas al día, 7 días a la semana, los periodistas dedican su vida a tratar de demostrar lo mala persona que es el Presidente de la República”. Y luego hizo una tentadora propuesta: él suspendería los enlaces de los sábados, si los medios dejan de criticar tanto a su Gobierno.

Aunque la propuesta debería ir al revés –que él se convierta primero en buen Presidente para que las críticas disminuyan– vamos a seguirle la corriente dejando esta vez la crítica para hablar de cosas buenas. No cuesta nada soñar que nos libramos de sus monólogos de los sábados.

Correa presentó tres propuestas positivas en estos días.

Uno. Correa dijo que revisará el subsidio al gas y la gasolina. Este subsidio, que le ha costado al país más de 10 mil millones de dólares en los últimos tres años, beneficia más a los ricos que a los pobres. Sin embargo, ha permanecido intocable por su alta sensibilidad política. Correa da un primer paso en la dirección correcta al buscar focalizar este subsidio, para que llegue principalmente a los pobres. Lograrlo es muy difícil. Pero al menos está la intención. Correa tiene el capital político para tomar una medida poco popular como esta. Esperemos que la buena intención no se pierda entre politiquería o una mala ejecución.

Dos. Correa planteó, durante el cambio de la cúpula militar, reducir el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Habló de dar más recursos para ciencia y tecnología, educación, salud, vialidad, vivienda en lugar de Defensa. “En esta nueva época, nuestra única guerra es contra la pobreza, la inequidad, el desempleo, la corrupción, la injusticia”, dijo Correa. Aplausos.

Pero inmediatamente, Correa indicó que Ecuador está listo para irse a la guerra con Colombia si se repite una incursión como la de Angostura. Y el nuevo comandante de la Fuerza Aérea habló de renovar la flota supersónica. Duró poco eso de que la guerra es solo contra la pobreza, la inequidad y blablablá. En todo caso, le tomamos la palabra al Presidente. Estaremos atentos a que reduzca el gasto militar.

Y tres. Correa dijo que se crearán Zonas Especiales de Desarrollo. Por lo visto, ante la falta de dinero, se le ilumina a Correa la oscura noche neoliberal y empieza a reconocer las buenas ideas para promover la inversión. Estas zonas económicas especiales serían parecidas a las que funcionan en China. Tendrían beneficios arancelarios y fiscales para atraer inversiones productivas que generen empleo y más comercio. Correa dijo que esto empezará en enero del próximo año. Así lo esperamos.

Aunque una cosa es decirlas y otra cumplirlas, estas tres propuestas nos indican posibles nuevos caminos y actitudes del Gobierno frente al gasto público, la inversión privada y la generación de trabajo. Ante la falta de fondos después de tres años de despilfarro, el Presidente presenta –tal vez más por necesidad que convicción– medidas con sentido.

Si Correa cumple estas propuestas y encamina su Gobierno en la dirección correcta para reducir el gasto público, atraer inversiones, y generar empleo, verá cómo los medios lo critican menos. Depende de él.

jueves, abril 22, 2010

¿Correa, el liberal?

Lo leo y no lo creo.

Correa agradece el premio que le entrega la Universidad de Illinois con un discurso sorprendentemente pro norteamericano y hasta liberal. Un discurso que no calza con el orador.

“Si en América Latina se comete un error, le vamos a tirar piedras a la Embajada de Estados Unidos. Es decir, la culpa jamás es nuestra, siempre es de los demás, y de esta forma no establecemos responsabilidades, peor correctivos…”, dijo el Presidente. Y continuó: “Incluso nos inventamos toda una teoría para echar la culpa a terceros de nuestra pobreza: la Teoría de la Dependencia, es decir, nosotros éramos pobres porque ustedes eran ricos… Para poder resolver nuestros problemas debemos aceptar que los principales –aunque no los únicos– responsables de nuestra situación somos nosotros mismos”.

¡Correa criticando la teoría de la dependencia! No sé si interpretar esto como chiste privado, ironía o simple descuido de quien escribió el discurso. Este Gobierno y el Socialismo del Siglo XXI son herederos directos de esta teoría, según la cual nuestro subdesarrollo no es nuestra culpa, sino de otros: los países poderosos, las multinacionales, el Fondo Monetario, etcétera. Correa, el liberal, ahora critica esta postura. Sería bueno que también la practicara.

Otra perla: “¡Qué daño ha hecho el paternalismo en América Latina!”, dijo Correa. Condorito hubiese hecho plop. Yo al leer esto me froté bien los ojos y lo volví a leer despacio. Correa, el despilfarrador, el de los infinitos bonos, el que en estos tres años se ha concentrado en dar pescado en lugar de enseñar a pescar, el que ha desplazado la iniciativa y trabajo individual por la intromisión de un todopoderoso Estado y una inmensa burocracia, ¡ahora critica el paternalismo!

Hay más. Luego de alabar varios valores y virtudes de la cultura gringa, Correa criticó nuestra “cultura de la trampa, es decir, un inexplicable deseo de romper las reglas de juego formalmente establecidas”. El mismo Correa que convenientemente se ha inventado eternas “emergencias” en este país para saltarse las reglas, predica ahora contra la cultura de la trampa. Correa criticó también “la cultura del poder, donde las acciones se dan en función no de los derechos y obligaciones establecidas por las reglas formales, sino por la conveniencia del coyunturalmente más poderoso”. Creo que está de más una opinión ante lo irónica que suena esta frase en quien la pronuncia.

Pero no todo sonó a ironía o doble discurso. Hubo anécdotas divertidas y sobre todo un gran momento de lucidez. Queriendo hacer chiste, el Presidente resultó muy sincero cuando dijo: “…Muchos dicen que Colón fue el primer economista, ya que cuando partió, no sabía dónde iba, cuando llegó, no sabía dónde estaba, y todo fue pagado por el gobierno”. Nuestro Colón criollo del siglo XXI nunca se había descrito con tanta precisión.

Los estudiantes en el auditorio seguramente salieron encantados ante las palabras tan claras de este “liberal” presidente latinoamericano. No saben la contradicción e ironía de lo que escucharon.

Estaríamos en una situación distinta si este fuese el discurso que Correa repitiera y sobre todo practicara. Si estas palabras no se quedaran sepultadas en la tierra de Obama.

Nunca es tarde. Correa puede leer y empezar a practicar sus propias palabras.

jueves, abril 15, 2010

Silvio y Carlos Alberto

Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner se han escrito algunas cartas. Cartas frontales y críticas. Sobre lo que piensan de Cuba, del socialismo, de la realidad que se vive en la isla, del futuro.

Silvio es cantante, músico, compositor. Un ícono de la revolución cubana. Carlos Alberto es periodista y analista político. Considerado uno de los enemigos del régimen castrista. Los une el deseo de una Cuba mejor. Los separa un abismo ideológico.

Silvio tiene el privilegio de pocos: vivir libre en Cuba. Va de gira por el mundo y regresa a su casa con los dólares y euros con los que el capitalismo mundial le compra discos y le paga entradas a sus conciertos. Sus canciones merecen ese éxito, a pesar de su vergonzoso apoyo a la dictadura.

Siendo un joven estudiante, Carlos Alberto fue condenado a veinte años de prisión por su oposición a la dictadura cubana. Por suerte escapó de la cárcel, se asiló en la embajada venezolana (¡no le hubiera servido de mucho en estas épocas!) y logró huir de Cuba. Montaner promueve ideas de libertad y valores democráticos que tanta falta le hacen a la isla.

Las cartas entre estos dos cubanos muestran sus enormes diferencias. Silvio sigue sumergido en ese discurso oficial anti imperialista que ignora las inmensas deficiencias, atropellos e injusticias del régimen cubano. Montaner busca sacar a Cuba de esta dictadura que ha oprimido ya a tres generaciones, para iniciar una era libre y democrática.

El mismo Silvio hace poco dio un sutil giro en su discurso. Dijo que hay que superar la “erre” de revolución para iniciar en Cuba una “evolución”.

Silvio insiste en el fin del embargo. Montaner está de acuerdo. Pero le aclara que no es el bloqueo el culpable del desastre económico en Cuba, sino “la inherente improductividad de los sistemas colectivistas de corte marxista-leninista.”

Montaner concluye su última carta proponiendo a Silvio crear “un comité para luchar…contra el embargo norteamericano, a favor de conceder la amnistía a los presos políticos, a favor de otorgar el derecho a la libertad de asociación y expresión, a favor de que los cubanos puedan entrar y salir libremente de Cuba.”

Lastimosamente, Silvio cierra el diálogo con un breve comunicado final. Dice que no puede pasarse la vida escribiendo estas cartas. Más bien, creo que Silvio se quedó sin argumentos y temió perder sus privilegios.

El simple hecho de que estas dos figuras antagónicas dialoguen es novedoso y esperanzador para Cuba. La bloggera cubana Yoani Sánchez se pregunta si este diálogo “es la señal de arrancada para que en el interior del país un miembro del partido comunista pueda sentarse a dialogar con otro que pertenece a un grupo de la oposición. ¿Estaremos asistiendo al derrumbe de las paredes interiores que nos aislaron a unos de otros?”

Este diálogo, entre dos importantes figuras que critican y defienden el régimen cubano, no cambiará las cosas. Pero muestra que algo está pasando. Junto a las letras de Yoani, las concentraciones de las damas de blanco, y la oposición silenciosa de miles de jóvenes cubanos listos para el cambio, parece más cercano el fin de esta inadmisible dictadura que solo unos pocos políticos desorientados apoyan todavía.

Lean las cartas.

jueves, abril 08, 2010

La utopía de lo público

Los columnistas de El Telégrafo se van. Abandonan el diario en rechazo a la censura e intromisión del Gobierno. Aumenta la lista de ex correístas.

Varios periodistas y editorialistas creyeron que era posible tener un medio realmente público, sin injerencia del gobierno de turno. Pero la marcada tendencia de izquierda en El Telégrafo siempre reveló la influencia del Gobierno. Cuando el Gobierno/Estado nos obliga a mantener un medio público a través de nuestros impuestos, con más razón, este debe acoger distintas voces y visiones.

Aplaudo la frontalidad de los ahora ex columnistas de El Telégrafo. En su carta pública de renuncia rechazan los “actos de censura y de violación de los derechos a la libertad de expresión y de prensa” ocurridos en ese diario. Pero no comparto del todo cuando dicen que “la construcción de lo público representa una de las mayores garantías para el ejercicio efectivo de la democracia...”.

No es la construcción de lo público, sino la garantía y protección de lo privado, donde se manifiesta la verdadera democracia y pluralidad de visiones. Este Gobierno se ha pasado creando “espacios públicos” a través de nuevos medios, empresas y ministerios. Pero estos terminan siendo espacios para imponer la visión particular de un grupito de poder. Con el agravante de que, a diferencia del sector privado que utiliza su propia plata, lo “público” utiliza la nuestra, la de todos.

En el lavado de cerebros colectivo que practica este Gobierno a través de infinitas cadenas y propaganda, nos hacen creer que lo bueno y justo viene siempre del sector público. Pero aquí la experiencia demuestra lo contrario. Mientras más grande es el pastel público a repartirse, más corrupción, piponazgo e ineficiencia.

Los medios privados podrán no ser perfectos. No tendrán esa imaginaria total imparcialidad que exigen ciertos asambleístas. Pero, a diferencia del medio público, los privados solo subsisten si la gente los “consume”. Los gustos personales o ideología de sus dueños pasan a segundo plano frente a los gustos del consumidor que se deben atender para que el medio sea rentable. En el medio público, sobre todo en este país donde cada vez es más difícil separar Estado de Gobierno, la autoridad de turno decide y nosotros pagamos.

Es falso que lo público sea imparcial al no responder a ningún interés privado. Más bien suele ser lo contrario. Lo público responde a los intereses de unos pocos arrimados al poder, mientras lo privado se mueve por algo mucho más democrático: el mercado.

Los ex articulistas de El Telégrafo ahora ejercen su libertad de expresión desde su nuevo blog www.telegrafoexiliado.blogspot.com Ahí, desde ese espacio privado, contribuyen a la diversidad de voces y visiones sin necesidad de que se despilfarren nuestros impuestos en medios públicos con agendas privadas.

Para que lo público funcione en este país, como funciona en países más avanzados, primero tiene que madurar mucho nuestra débil democracia. Mientras Correa y su gente hunden aun más la poca institucionalidad que nos queda, es utópico pensar en medios públicos independientes. No importa lo que diga la ley. Seguirán unos pocos metiendo las narices en lo público y manejándolo a su gusto, mientras nos pasan a todos la factura.

miércoles, abril 07, 2010

Revista la U. - Abril 2010

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jueves, abril 01, 2010

Vergüenza, rabia y lástima


La libertad en nuestro país está de luto. Un editorialista es sentenciado a prisión por ejercer su derecho a opinar. El director de un diario público es removido de su cargo por negarse a la interferencia del Gobierno. Y el Presidente y sus asambleístas aprueban una ley controladora de los medios disfrazada de rendición de cuentas a la ciudadanía. El Gobierno parece estar contra los ciudadanos.

Siento una mezcla de vergüenza ajena, rabia y lástima frente a este gobierno.

Lo de vergüenza ajena ocurre casi siempre que Correa habla y manda por los suelos a la figura presidencial. Me queda el consuelo que un día él también sentirá vergüenza propia. No hoy, ni mañana, ni mientras siga en la nube del poder. Lo imagino en algunos años, retorciéndose de vergüenza al verse en videos insultando, menospreciando, burlándose, diciendo barbaridades como aquella de que Cuba “tiene su forma de democracia”, apoyando un socialismo estatista superado. Lo imagino pensando lo que seguro Alan García ha pensado en relación a su primer mandato: ¿cómo pude desperdiciar mi oportunidad haciendo el ridículo de esa manera?

Lo de la rabia me viene mientras veo a Correa junto a Chávez engañando al pueblo. Ahí están, muy emocionados en Quito. Con su labia antiimperialista. Con sus falsos gritos de soberanía. Con sus fracasos escondidos bajo vacíos acuerdos de cooperación, apretones de manos, abrazos y promesas.

El engaño viene por todos lados. Por ejemplo, Correa anunció que esa máquina de perder dinero llamada Alegro pasará a manos de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CNT). Alegro ha perdido 220 millones de dólares –nuestros dólares– desde el 2003. En enero del año pasado, Correa le dio un ultimátum. Si hasta fin de año “sigue perdiendo plata… la vendemos", dijo un enojado Correa. Dijo que la empresa “tendrá que desaparecer” si no es capaz de cambiar su situación.

Mentiras. Pasó el año. Alegro siguió perdiendo plata. Ninguna empresa extranjera quiso invertir en ella. Quedaba venderla o sepultarla, según lo ofrecido, para evitar más despilfarro de nuestra plata. Pero llegada la hora, Correa en su infinita vocación estatista, burocrática y despilfarradora decidió mantener a la empresa. Ya podemos imaginar nuestros millones que se seguirán malgastando.

Empieza a sonar repetido el fracasado guión. Acto 1: Presidente afirma que hay muchos interesados en invertir en tal proyecto o empresa pública. Acto 2: Firma de supuestos acuerdos. Socios estratégicos listos para invertir. Acto 3: Se retira el socio y ministros buscan desesperados alguien que ponga la plata. Acto 4: “No aceptaremos las condiciones que nos quieren imponer. No sacrificaremos nuestra soberanía. Iremos solos con el proyecto” (con plata de nuestros impuestos, o exigiendo a banqueros arriesgar nuestros depósitos, o con nuestros ahorros en el IESS). Ya son tres años del cuento repetido.

Y lo de lástima va por nuestro estancamiento. Por las oportunidades y esperanzas perdidas. Por este Gobierno que se sigue quejando del pasado, cuando ya ha durado en el poder más que esos que tanto critica. Por un país que lleva aguantando tres años de ineficiencia, errores, malas ideas y un destructivo ambiente donde lo importante parece ser hundir al otro en lugar de levantarnos entre todos.

jueves, marzo 25, 2010

PAIS sin Alianza

Les tomó un tiempo. Todavía siguen tímidos. Pero se ve venir. La ruptura de Alianza PAIS.

El Corcho Cordero, María Paula Romo y compañía quieren la cabeza del fiscal Washington Pesántez. Rafael Correa interfiere en lo que no debe y defiende a su amigo de épocas universitarias y tardes en Lovaina. Tal ha sido la defensa presidencial, que llegó al absurdo de pedir a sus ya no tan amigos asambleístas que renuncien a su inmunidad parlamentaria.

Fernando Cordero convocó a una rueda de prensa. Ahí están. Los 19 para la foto. Le dicen “no” a Correa. “Lamentan” sus declaraciones. No renunciarán a su inmunidad. No defenderán al Fiscal, ni porque Correa diga que lo conoce desde hace varios lustros y garantice su inocencia.

La Constitución correísta defiende la inmunidad parlamentaria para que los legisladores puedan fiscalizar sin tener que preocuparse de contratar un abogado a cada rato. Eso era bueno para el Presidente mientras los asambleístas le eran leales y estaban de su lado. Ya no.

Más allá de las razones o pruebas que tengan los asambleístas contra el Fiscal. Más allá de su culpabilidad, su inocencia, o de que esto sea una “cacería de brujas”, como denunció Correa; el hecho es que Alianza PAIS empieza a perder su primer nombre. Se rompe la alianza. Izquierdistas se desencantan del populismo. Del presidencialismo excesivo. Del culto al hombre por encima del proyecto.

Paco Velasco dijo sentirse “vapuleado, basureado… golpeado, desterrado, exiliado”. Pero luego moderó sus palabras, dijo que tiene muchas coincidencias con el proyecto político y que “de ninguna manera esto es un distanciamiento del Presidente”. Otros asambleístas también insisten que es más lo que los une que lo que los separa.

Lo cierto es que desde hace tiempo que no vemos a alguien uniéndose al Presidente y su proyecto. Solo vemos desertores. Partidarios de ayer, hoy hacen oposición. Quienes lo alababan, hoy lo critican. Y nada indica que la tendencia vaya a cambiar.

No es solo el estilo de Correa. Si su gestión diera buenos resultados, sus insultos y abusos quizás pasarían a segundo plano. Pero estando ya en el cuarto año de su Gobierno, no pasamos de primeras piedras. Todos esos grandes proyectos, anunciados con música, fiesta y promesas de un mañana mejor, hoy ya no existen. No han conseguido financiamiento. Fracasaron.

Lo que sí ha conseguido Correa es meter al Ecuador en varias listas que gritan que a nadie se le ocurra invertir aquí. Y aunque el Gobierno se queje que todo esto es un complot universal en su contra, la plata no viene.

¿Son estos desencuentros entre asambleístas y Presidente la antesala a una próxima muerte cruzada? ¿Quiere eso Correa? ¿Disolver la Asamblea, poner a consideración su cargo, y llevar al país nuevamente a las urnas para que lo reelija ante la falta de un opositor y elija a sus nuevos candidatos a la Asamblea impulsados por la maquinaria estatal? ¿O como escuché decir por ahí, es todo esto puro show para demostrar una supuesta independencia entre Ejecutivo y Legislativo?

Como van las cosas, parece inevitable que nuevos nombres se unan a Acosta, Chuji y otros desertores. Y que surjan nuevos movimientos dentro de PAIS. Ya podemos imaginar cómo reaccionará Correa.

jueves, marzo 18, 2010

Mejor reír


He regresado de una semana de vacaciones en la que me desconecté y desintoxiqué del ruido político nacional. De sus insultos, arrogancia y estupideces cotidianas. Después de disfrutar las facilidades, el orden y respeto del primer mundo, no provoca sumergirse en este diario boxeo político, ni en las nuevas leyes diseñadas para bloquear cualquier posibilidad de progreso, ni en las políticas e ideologías que nos estancan mientras nuestros países vecinos avanzan.

Así que, por ahora, he preferido mantenerme alejado. Me he distraído, por ejemplo, leyendo sobre la lista de los billonarios publicada por la revista Forbes. En ella, se aprende acerca del emprendimiento, ingenio y creatividad de muchos de sus integrantes. De sus éxitos y fracasos. De las sociedades libres donde pudieron desarrollarse. Y claro, también se conoce sobre fortunas de dudosa reputación.

Pero más que esa lista tan lejana a nuestra realidad nacional, sobre todo con este Gobierno que pone trabas al emprendimiento privado para dar prioridad a un estado cada día más obeso, me interesó otra noticia bastante más llamativa: “Ecuador sube en ranking de ricos socialistas”.

Según la nota, en “el ranking anual de la revista especializada Red Fortune, el Ecuador ascendió en el 2009 al segundo lugar a nivel latinoamericano en cuanto al número de millonarios socialistas, siendo superado ahora solo por Venezuela”. Entre las causas estarían “la consolidación del gobierno de la Revolución Ciudadana, el redireccionamiento de dineros estatales hacia personas que antes habían estado excluidas del tradicional reparto del pastel, y la progresiva acumulación de pequeños contratos que, sumados, superan en muchos casos el millón de dólares”.

Si no se han dado cuenta, se trata de una noticia falsa. No existe la revista Red Fortune. No existe ese ranking de millonarios socialistas (aunque sí existan millonarios socialistas). Esta es una “noticia” recogida de la página web satírica www.ecuadorinsensato.com.

Esta página es lo más refrescante que he visto en los últimos meses entre tantas malas noticias. Es un buen escape a la realidad nacional. Pero al mismo tiempo, es un reflejo irónico de nuestra realidad. Siguiendo el estilo irreverente y las noticias ficticias de conocidas publicaciones como The Onion, en Ecuador Insensato, cuyo eslogan es “Cero Credibilidad”, nos podemos reír de nosotros mismos, nuestra política, nuestros gobernantes y nuestra sociedad.

No conozco a los creadores de esta página web, pero me caen bien. Me han permitido escapar por unos días más del agobiante ambiente político que invade nuestras vidas. Y ya que estoy en plan de promover páginas webs, visiten también mi blog www.gomezlecaro.blogspot.com para encontrar links a otras buenas páginas que nos dicen las cosas como son.

La satírica nota sobre los socialistas millonarios concluye indicando que para el gobierno nacional “Todo dólar que vaya al bolsillo de un socialista es un dólar que no irá al bolsillo de un pelucón, por lo que el enriquecimiento es una obligación de la Revolución Ciudadana”. Sin duda, una falsa noticia…

Los malos gobiernos ofrecen un buen terreno para que surja la sátira política. Aunque algunos incluso pretendan controlar los contenidos en internet, la libertad –y el humor– crecen y se fortalecen en la web. “La risa, remedio infalible”, decía la revista Selecciones. En estos tiempos, tal vez, el único remedio.

jueves, marzo 04, 2010

Enjaulados

Tantas veces lo había ignorado. Pero ahora, mientras presiono el timbre, me río ante la ironía: el portero eléctrico de la casa está resguardado tras barrotes de hierro y un candado. El inofensivo aparato enjaulado. Protegido contra robos de despecho: si no puedo entrar a robar en la casa, al menos me llevo el timbre, piensa el ladrón.

Vivimos enjaulados. Rejas eléctricas, barrotes, garitas, guardias, pistolas, muros, candados, alarmas, cámaras y dispositivos de seguridad son parte de nuestro panorama diario. Los vemos tan seguido que se vuelven invisibles. Ya no nos llaman la atención. A todos nos han robado algo. Nos han llevado de paseo en un secuestro express. O al menos conocemos bien a alguien al que le haya sucedido.

Hace tiempos dejó de sorprendernos ver guardias privados armados en cualquier local comercial, cualquier esquina. Deberíamos poder deducir ante el SRI ese altísimo impuesto privado que pagamos por la seguridad que el Estado no nos da. Nos quedaría debiendo plata.

Al robo armado y violento se suman los robos cotidianos. Esos que ya ni tomamos en cuenta. El funcionario que solo aprueba un préstamo o un contrato si recibe a cambio su tajada de comisión. El empresario que soborna para conseguir ese contrato. El empleado que se lleva plumas, lápices, grapadoras de la oficina para su hijo en la escuela. La empleada doméstica que contrabandea comida, detergente y algún vestido olvidado en el clóset de los jefes. El pirata de la señal del cable. El que toma “prestada” la electricidad del vecino. El que compra objetos robados motivando más robos.

Me ha regresado con más fuerza todo este ambiente de inseguridad, robos y deshonestidad cotidiana al ver en la tele las imágenes de chilenos saqueando supermercados. Viven una tragedia. El terremoto los ha devastado. Pero del robo de comida por necesidad, muchos pasan al saqueo descarado de televisores y lavadoras. La anarquía, la falta de autoridad, la oportunidad, la adrenalina colectiva los lleva a actuar como nunca lo hubieran imaginado.

Sin necesidad de un terremoto, acá el robo se vuelve casi natural y cotidiano. Las rejas en nuestra ventana, la garita en nuestro barrio, el guardia armado en la tienda, o la ridícula jaula que protege el portero eléctrico, aunque ya muchos ni los sientan y se vuelvan parte de nuestras vidas, deben recordarnos que vivimos encerrados, atrapados entre el miedo y la inseguridad.

No podemos resignarnos sin exigir que el Estado haga su trabajo de protegernos y controlar la delincuencia. Tampoco podemos quejarnos si participamos de la delincuencia, aunque a menor escala, comprando al ladrón, por ejemplo. Si nos acostumbramos al clima diario de inseguridad y violencia, mientras el Gobierno nos dice que todo está mejor y se engorda alegremente con nuestra plata, ganan ellos, los delincuentes y el Estado fracasado. Los presos nos convertimos nosotros, enjaulados y aislados.

En este país donde hasta el “comecheques” sale libre después de pocos meses, ¿cómo no animarse a llevarse una televisión o al menos un celular? Nos han dicho que la inseguridad es invento de la prensa, que es pura percepción, que ha disminuido, que ya todo está mejor. Pero la realidad pesa más que esa imagen que nos quieren vender.

miércoles, marzo 03, 2010

Revista la U. - Marzo 2010

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jueves, febrero 25, 2010

Ser y parecer

Ahora somos los malos de la película mundial. Malos como Irán, Corea del Norte, Etiopía. Nos acusan de ser amigos de narcotraficantes y terroristas.

Según el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), al que pertenecen los países más ricos del mundo, el Ecuador no hace lo suficiente para reprimir el lavado de dinero y las operaciones financieras de grupos terroristas.

Según Correa, este es un informe de imperialistas prepotentes, arrogantes y sinvergüenzas, que castigan al Gobierno ecuatoriano por tener relaciones con Irán. Para nuestro Presidente esto es “el imperialismo en su más crasa, más burda forma”.

Estas palabras, salidas de un Presidente, no son precisamente las más tranquilizadoras. Esperaría una respuesta que en lugar de atacar a quienes hacen estos informes, demuestre con seriedad por qué están equivocados. El respaldo del Grupo de Río sí defiende la posición ecuatoriana y suaviza un poco los efectos de este informe.

Pero el mal está hecho. Si bien Rafael Correa ha decidido prestarle la mínima atención al informe del GAFI, otros sí le dan atención. La imagen del sistema financiero ecuatoriano se verá afectada. La confianza de inversionistas extranjeros –¿existen con este Gobierno?– disminuirá aun más.

Más allá de quien diga la verdad, si nuestro Gobierno o el informe del GAFI y la prensa internacional, esto es un tema de imagen. No importa cuántas veces Correa, Patiño y otros miembros del equipo repitan que aquí se combate el lavado de dinero. El Gobierno ya se ha ganado su mala fama.

Podrán gritar en mil foros y micrófonos que esto es un abuso imperialista. Pero esos gritos no serán muy convincentes mientras este Gobierno tenga en sus filas a funcionarios percibidos como simpatizantes de las FARC y se empeñe en ser pana de Irán. Correa dice que él es libre de acercarse al país que quiera. Está en su derecho. Pero ya sabe la mala fama que esas relaciones generan. Con este informe y los varios reportajes que han salido en medios internacionales conocemos mejor cómo nos ve el mundo. Y no es nada halagador.

¿Qué va a hacer el Gobierno para cambiar esa imagen? ¿Seguirá amenazando con demandar al Wall Street Journal, al Miami Herald y a todos los medios que saquen un reportaje negativo? ¿Seguirá quejándose de ser víctima del imperialismo y de la mala fe de otros gobiernos?

La reciente carta del Gobierno ecuatoriano enviada al Miami Herald dice que somos el único país “libre del cultivo de coca en la región andina” con el “más alto índice de incautaciones de drogas en la región” y que en este Gobierno “se han producido más acciones en contra de los grupos irregulares colombianos que ingresan al país.” Suena mucho mejor y más convincente una respuesta en este tono, que tantas quejas de ser víctimas de un complot imperialista.

La imagen negativa del país nos afecta a todos. Esta imagen no se revertirá con quejas, gritos e insultos. El Gobierno debe utilizar bien sus herramientas diplomáticas (¿está en capacidad de hacerlo el canciller Patiño?) y demostrar con actitudes, palabras y sobre todo hechos que este es un país serio.

Revertir esa mala imagen es responsabilidad del Gobierno, no de la comunidad y la prensa internacional.

jueves, febrero 18, 2010

¡Que se quede en Cuba!

Fue el grito a lo largo de la avenida 9 de Octubre el jueves pasado. “¡Que se quede en Cuba!”, gritaba una señora agitando una bandera celeste y blanco. “¡Que se quede en Cuba!”, coreaban estudiantes con puños en alto. “¡Que se quede en Cuba!”, una y otra vez.

Cuba es la falta de libertad. Caudillismo, abusos, desesperanza, violencia, encierro. Un modelo fracasado. Y sin embargo, tenemos un presidente que describe la eterna dictadura castrista como una democracia. Que alaba ese régimen ignorando todos los abusos y ataques a la libertad que ahí se dan.

Por eso, el grito “¡Que se quede en Cuba!” va más allá del deseo literal de miles de guayaquileños de que Rafael Correa se quede en esa isla donde se operaba su rodilla. El grito le dice a Correa que si tanto admira el modelo cubano, que se quede en La Habana, pero que no intente imponérnoslo acá.

Hoy lo vemos con mayor claridad en Venezuela. Chávez cree, como Castro, que el país le pertenece. Que tiene el derecho a interferir en todo. A quitar lo que con esfuerzo otros han ganado. A perseguir y callar al que se opone.

Y aunque Correa amaga alejarse de Chávez, no demuestra ser distinto. Nada indica que su camino será más respetuoso de la ley y los individuos. Tal vez a Correa le incomode el triste y abusivo papel que juega Chávez en Venezuela. Seguramente a la mayoría de sus partidarios de Alianza PAIS les avergüence tener lazos tan fuertes con la dictadura chavista. Pero no nos dan mensajes contundentes y peor aún acciones que demuestren que estas comparaciones de Correa con Chávez son equivocadas.

La parcializada y abusiva cobertura que hicieron los canales de televisión gubernamentales de la marcha en Guayaquil sirve de botón. En lugar de permitir un manejo independiente de los medios incautados, el Gobierno manipula descaradamente el contenido de medios de comunicación que nos pertenecen a todos los ecuatorianos. Siguen el método cubano y venezolano de controlar y manipular la información, meter al Gobierno hasta en la sopa, vendernos una fantasía en la que el Gobierno y su líder son los salvadores, esconder la verdad. ¿Hasta cuándo maneja el Gobierno los canales incautados? ¿Cuándo tendrá la mínima decencia de ponerlos a la venta?

Si Rafael Correa quiere demostrar que es democrático y que está lejos de Cuba, en su cadena de este sábado podría, por ejemplo, anunciar que los canales incautados deben venderse cuanto antes, este mismo año. Y a manos privadas, nada de esas falsas ventas a ministerios o entes públicos. Sería un buen comienzo para probarnos que él no es como Chávez ni Castro. Que él sí respeta la ley y la libertad individual. Que en Ecuador nunca llegaremos a lo que hoy vive Venezuela y ya ha vivido Cuba.

Pero si eso no ocurre. Si no hay mensajes o acciones que separen a Correa de sus maestros caribeños, entonces se encontrará cada vez con muchas más personas que le gritarán en coro que se quede en Cuba. Que acá queremos libertad. Que el país y la región están cambiando, despertando del letargo socialista-autoritario. Que no nos vamos a dejar.

jueves, febrero 11, 2010

Jugando a empresarios

Mientras reviso mis formularios de impuestos y veo cómo el SRI se lleva parte de mi plata, no puedo dejar de pensar dónde irá a parar mi contribución.

¿Irá al nuevo carro con chofer que conducirá a la esposa y los hijos de algún funcionario público? ¿Irá al nuevo diario gubernamental que nadie comprará ni leerá y que el Gobierno terminará regalando? ¿Irá al nuevo edificio público, la nueva campaña publicitaria, los nuevos viáticos para la comitiva presidencial en su tour de los sábados?

Nuestros impuestos representan ahora el 59% de los ingresos propios del país. El Estado depende menos de los recursos petroleros. Según este diario, entre el 2004 y el 2009 “la recaudación de impuestos… pasó de 3.203 millones de dólares a 7.258 millones de dólares, es decir… un crecimiento de más del doble en cinco años.” Sea por precaución o miedo, hoy pagamos más impuestos que antes. Bien por los ecuatorianos. Bien por Carlos Marx y sus antecesores que han logrado instaurar una cultura tributaria en el país. Mal que además del IVA e impuesto a la renta debamos pagar nuevos impuestos. Muy mal que toda esa plata la desperdicie el Gobierno.

Pero hay algo positivo en esto. Tenemos más derecho a reclamar al Gobierno por la forma cómo gasta nuestro dinero. Cuando el país vive principalmente del petróleo, más allá de que nos pertenezca a todos, se tiene la sensación de que la plata del Gobierno no sale de nuestro bolsillo. Pero cuando son nuestros dólares los que pagan sueldos burócratas, nuevos programas y viajes presidenciales, podemos y debemos exigir con más fuerza su buen uso.

Correa multiplica irresponsablemente el gasto público. Nuestra plata termina en un gran saco sin fondo. Y hasta tienen la osadía de derrochar más plata publicando grandes avisos para contarnos que han gastado más plata que los gobiernos anteriores. Ese podría ser el eslogan de esta falsa revolución: “Hemos gastado más que el resto”.

Y sí que saben gastar. Nuestros burócratas socialistas del siglo XXI juegan a empresarios con plata que no es de ellos. El Ministerio de Finanzas, “accionista” de El Telégrafo, compra una millonaria nueva planta para un diario que solo pierde plata. El Gobierno “compra” los grandes edificios de la banca quebrada. Se crean nuevas empresas públicas por cuyas pérdidas nadie responderá.

Con sus grandes proyectos, sus adquisiciones, sus viáticos, sus gastos de representación, su chofer, su “señor Gerente”, sus juntas de “accionistas”, nuestros socialistas en el poder se sienten todos unos empresarios. Compran de un plumazo millonarias propiedades. Firman contratos sin sudar. No sufren por el dinero gastado. La cartera vencida no les quita el sueño. Los números en rojo no les generan estrés. Si algo sale mal, solo dejan el puesto, cobran su último sueldo y se van. Dinero de todos, dinero de nadie.

Miles de millones de dólares han pasado por este Gobierno. Y los ecuatorianos siguen sin trabajo. Millones gastados en emergencias a dedo, burocracia que se multiplica, abusiva publicidad. Y el Gobierno no es capaz de dar a Guayaquil lo que le corresponde.

Gastar dinero no es ningún mérito. Invertirlo bien y generar resultados es otra cosa. Pero en tres años de Gobierno, eso es lo que menos vemos.

jueves, febrero 04, 2010

¿Bayly, presidente?

Jaime Bayly quiere ser candidato a la presidencia de Perú. Muchos lo ven como una burla. Otros lo apoyan. Él dice que no le interesa ganar. Solo quiere promover la libertad.

En su artículo titulado “Las causas perdidas” reveló su plan de gobierno. Es un plan libertario, que defiende las libertades del ser humano frente al control del Estado. Para muchos es un plan demasiado radical. Pero nos lleva a pensar sobre el tamaño y rol del Estado.

En el plano social, Bayly genera la mayor controversia. Bayly defiende el derecho al aborto: “siempre es más admirable dar vida que interrumpirla, pero esa es una decisión que compete a cada mujer embarazada”. Apoya la unión entre homosexuales, para que los peruanos tengan “los mismos derechos, independientemente de su identidad o preferencia sexual”. Y la legalización de las drogas, pues “cada adulto debe ser responsable de las sustancias que decide consumir, aun a sabiendas de que son nocivas para su salud”.

Con estas propuestas, Bayly difícilmente ganará muchos votos. Pero al presentar estos temas en la contienda electoral, de frente, sin dobles discursos, motivará un mayor debate entre candidatos y votantes sobre el papel que debe jugar el Estado frente a la libertad de cada individuo.

En el plano político, Bayly propone la eliminación de las fuerzas armadas. Para Bayly “el cuantioso dinero que gastamos en entrenar a miles de soldados en el oficio innoble de matar en una guerra ficticia y del todo improbable es dinero muy mal gastado… el dinero que el Perú gasta en militares y armas de guerra debería destinarse por completo a educar a los niños más pobres del país… el Perú, como Costa Rica, puede y debe vivir sin fuerzas militares: basta con una Policía moderna, bien equipada…”. Una propuesta válida, que por obvios temores, ningún candidato que piense ganar presentaría.

Bayly propone reformar el Congreso a través de referéndum, para que esté integrado “solamente por 25 ciudadanos”. Aquí sí creo que Bayly tendrá apoyo masivo. No vendría nada mal en nuestra Asamblea, con asambleístas que nadie conoce, y que cobran su sueldo todos los meses mientras continúan muy frescos con sus actividades privadas. En una Asamblea reducida, con un representante por provincia, no tendrían otra opción que trabajar, dar la cara, y justificar cada voto y decisión que tomen. Y el país se ahorraría mucha plata.

Finalmente, Bayly propone en el área educativa “que todos los niños del Perú puedan educarse igual de bien, que los niños pobres puedan estudiar en colegios tan buenos como las mejores escuelas privadas…”. Puede sonar demasiado idealista. Pero es posible en un Estado reducido, sin despilfarro en excesiva burocracia ni fuerzas armadas.

Podemos aprobar o rechazar una o varias de estas “causas perdidas” de Bayly. Podemos pensar en otras más que combatan la intromisión y despilfarro estatal. Pero estas propuestas, por radicales que puedan sonar, nos sirven para reconocer la importancia y urgente necesidad de apuntar a un Estado limitado y dedicado realmente a garantizar la libertad y progreso individual, sin privilegios para grupo alguno; en lugar de este Estado-Gobierno todopoderoso, obeso y paternalista, que hoy pretende controlar nuestras vidas e imponer una ideología socialista.

Bayly no será presidente. Pero si se lanza, ayudará a contagiar ideas de libertad.

miércoles, febrero 03, 2010

Revista la U. - Febrero 2010

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jueves, enero 28, 2010

Libertad por banda ancha

El dictador venezolano continúa sus ataques a la libertad de expresión. Ahora ha cerrado más canales de televisión, esta vez de señal por cable. La excusa: no transmitieron sus cadenas nacionales. Chávez, como Correa, quiere controlarlo todo. Pretende que todos estén al servicio de su Gobierno, en lugar de lo contrario.

En Bolivia, Evo Morales se reestrena como presidente diciendo que los periodistas deberían luchar contra el capitalismo. Ese es el periodismo con el que sueña el populismo autoritario. Y a veces, vuelven realidad esos sueños a la fuerza.

Rafael Correa hace eco de la misma cantaleta de sus amigos de trajes pintorescos. El mismo rechazo frente a lo que la libertad y la democracia implican. Ha pasado año y medio desde que Correa dijo que al Gobierno no le interesa administrar los canales incautados. Que mientras más rápido los puedan subastar o rematar, mejor. Ironía. Mentira. El Gobierno se aferra a ellos. Los noticieros de Gama TV parecen a veces otra larga cadena presidencial. De CN3 se han ido varios conductores cuyo trabajo ha sido censurado.

Pero ante estos atropellos y censuras nos queda el internet. La libertad viaja más segura y a gran velocidad por banda ancha. Llega cada día a más casas, más colegios, más universidades, más mentes ávidas de saber la verdad. Y eso es muy difícil de controlar. Chávez le quitó a RCTV su señal abierta. Ahora le impide salir por cable. Pero no podrá sacarlo de internet. Intentará, como sus maestros cubanos, limitar el acceso y bloquear varios sitios web. Pero la gente se las ingeniará para burlar la censura. Como en la misma Cuba, donde florece toda una comunidad de blogueros que le gritan al mundo su realidad, a pesar del hostigamiento oficial y la censura de sus propios blogs.

Cada nueva computadora conectada a internet es un nuevo espacio de libertad. Un lugar alejado de la censura, donde nadie puede imponer una cadena nacional o un mensaje oficial. Un espacio de doble vía, para escuchar y ser escuchado. Con la expansión del internet, se contrae la influencia de gobiernos autoritarios.

Latinoamérica despierta de la labia socialista. Los resultados en las elecciones de Chile son un llamado de atención. La realidad golpea, tarde o temprano, más fuerte que las palabras. Venezuela se le va de las manos a Chávez. Los estudiantes en las calles le recuerdan que su demagogia y abusos se agotan. En Argentina los Kirchner preparan maletas. Sus prósperas cuentas bancarias les permitirán vivir tranquilamente en el exilio. Pero tarde o temprano les llegará la justicia.

Y como tiene que ocurrir, este mal experimento llamado socialismo del siglo XXI quedará como un mal recuerdo. Esperemos que lo antes posible. La historia se encargará de recoger los abusos de estos gobiernos.

Los siguientes presidentes deberán aprender de Chávez y sus amigos lo que no deben hacer si quieren libertad y prosperidad para su gente. Y si algún nuevo populista pretendiese imitar sus abusos, no tendrá tanto éxito. A los Chávez, Correa, Kirchner del futuro les será más difícil controlar la información. Las ideas, la verdad, las imágenes, las voces de la gente, viajarán con más fuerza por internet. Hasta eso, la esperanza de la región está en los estudiantes en las calles venezolanas.

jueves, enero 21, 2010

El más ferviente


En la inauguración de la Asamblea Constituyente, Rafael Correa se declaró “el más ferviente acostista”. Mucho ha cambiado desde aquellas palabras dirigidas a su “compañero, hermano y maestro”.

Correa se va quedando solo. Perdió primero a Acosta. Ahora se distancia de quienes fueron amigos y colaboradores cercanos. Y se irán otros más, cuando finalmente acepten que aquí no hay ninguna revolución, solo otro caudillo queriendo captar todo el poder.

Al final, se quedarán no necesariamente los que creen en Correa, sino los que lo necesitan. Los que no están dispuestos a perder los privilegios del poder, su sueldo público, los beneficios de estar adentro. Y alguno que otro optimista despistado que siga creyendo en eso de las mentes lúcidas, manos limpias y corazones ardientes, que ya ni el Presidente menciona.

Correa divide a su propio equipo, no tanto por temas ideológicos de fondo, sino en gran parte por la forma como dice y maneja las cosas. Sus insultos y desprecio en público le cuestan caro. En Correa, lo de forma ha pasado a ser lo de fondo. Por ejemplo, en el reciente episodio del proyecto ITT, lo de forma –el irrespeto de Correa– fue tal vez más determinante en la salida del equipo negociador, que sus diferencias de fondo.

Y mientras escuchamos a Correa ofendiendo a sus propios aliados, es difícil no sacar lecciones de lo ocurrido en Chile, un país que ha entendido que en los acuerdos y el respeto está el progreso. El candidato perdedor visita y felicita al candidato ganador la misma noche de su elección. La presidenta felicita y desayuna con el candidato ganador a pesar de ser de oposición. Imposible imaginar a Correa –o cualquier otro candidato o presidente de acá– haciendo algo similar. Los líderes chilenos nos dan cátedra de madurez, respeto y verdadero amor por su país.

Correa, como otros candidatos de este país, hubiera gritado fraude al saber los resultados. Hubiera dicho que hay que esperar hasta que se cuente el último voto. Y hubiera lanzado alguna de sus insultantes frases contra el candidato opositor y todos quienes votaron por él. Puedo apostar que de ganar en nuestro país un candidato de oposición la próxima elección, Correa no desayunará con él la mañana siguiente.

Chile ha demostrado que su progreso no es coincidencia. Han institucionalizado el respeto como forma de gobierno. Acá se hace de la confrontación, con Correa a la cabeza, la forma de (des)gobernar. Nadie se salva de la insultadera de los sábados: amigos, aliados y oposición. Mientras Chile logra acuerdos y continuidad de planes de gobierno mirando más allá de etiquetas políticas o simpatías personales, acá no se mantienen unidos ni quienes en teoría piensan igual.

Políticos intocables. Incapaces de dialogar. Cada uno a la cabeza de su partidito. Cada uno formando su movimiento personal que lo lleve al poder. Competencia de egos. Si no pueden mantenerse unidos entre amigos y partidarios, imposible esperar mínimos acuerdos entre bandos opuestos.

Así, mientras nuestra clase política se enfoque en sus pequeñas diferencias e ignore sus grandes coincidencias, alcanzar la institucionalidad y civismo chilenos será solo un sueño. Sobre todo, mientras siga mandando el más ferviente acostista.

jueves, enero 14, 2010

Corporación Correa

Nuestras empresas públicas rara vez funcionan. Salvo excepciones, suelen ser centros de corrupción, ineficiencia, piponazgo, clientelismo, pérdidas millonarias.

Y sin embargo, nuestro Presidente se lanza a crear nuevas empresas públicas. Por decreto presidencial, ahora el Gobierno tendrá su Empresa Nacional de Fármacos de Ecuador (Enfarma), su Empresa Nacional Minera (Enami) y su Empresa Pública Cementera. A estas se suma su nueva Agencia de Noticias del Ecuador y Sudamérica (Andes); además de empresas que ya existían, como Petroecuador, CNT, Alegro. Podemos añadirle también los canales de televisión y empresas incautadas de las que no escuchamos planes de venta todavía. Y la Empresa Exportadora Estatal de Banano que se ha anunciado. Carlos Slim empieza a verse pequeño frente al creciente holding empresarial Correa.

El Presidente quiere ser minero, bananero, producir medicinas, noticias y cemento. Y cree que puede hacerlo mejor que las empresas privadas expertas en cada unas de estas áreas. O peca de excesivo optimismo e ingenuidad al creer que ahora sí las empresas públicas funcionarán. O tal vez solo quiere tener más lugares donde darle trabajo a compañeritos, simpatizantes y Patiño.

Cuando la plata es de todos, termina siendo de nadie. Nadie responde por estas empresas que en teoría son de todos los ecuatorianos. A diferencia del sector privado, donde personas de carne y hueso arriesgan su plata; en el sector público nadie sufre por unos millones menos o más. Los gerentes llegan, cobran sus sueldos, y se van. Los empleados buscan asegurarse buenos contratos colectivos, antes que ser más productivos. Y nada de eso cambiará, ni porque Correa se ponga bravo, o Alvarado les haga a estas empresas unas lindas campañas publicitarias.

Si bien el Gobierno ha hecho esfuerzos por mejorar las empresas públicas, no hay razón para crear nuevas. Suficiente con mantener las existentes, que en muchos casos deben ya venderse. Alegro, por ejemplo, lleva pérdidas acumuladas de más de 200 millones de dólares. Hace ya un año, Correa dijo que la vendería si no generaba ganancias. Pero Alegro sigue muy alegre, desperdiciando nuestra plata, con menos del 3% del mercado.

Es como si este Gobierno se pusiera en el papel de competidor del sector privado, en lugar de ser su aliado. Es como si viera en ciertas empresas privadas una amenaza o un contrincante a vencer, en lugar de apoyarlas y protegerlas para que crezcan, generen más utilidades, impuestos y progreso, y den más trabajo. Juegan a empresarios, creando empresas con la plata que no es de ellos. La diferencia es que ellos no arriesgan ni pueden quebrar. Si algo sale mal con estas empresas, como seguramente ocurrirá, que el país y los ecuatorianos se las arreglen.

La nueva empresa Enfarma en teoría hará medicinas. Pero el nombre ya suena a “enferma”. Tal vez sea el anuncio del fracaso inevitable que les espera a estas empresas públicas. No porque las haya creado Correa o un gobierno socialista con aires autoritarios, sino por experiencia. Políticos metiéndose a empresarios con plata de todos los ecuatorianos es una mala receta. La disfrutará por unos años una burocracia privilegiada concentrada en flamantes oficinas, mientras el resto de ecuatorianos, los accionistas de estas empresas, miramos de lejos la fiesta.

jueves, enero 07, 2010

Con furia

Uno espera que con el nuevo año las cosas cambien. Nos hacemos la ilusión de que todo irá mejor. Y entre propósitos de volver al gimnasio, hacer esa dieta tantas veces postergada, y fumar el último cigarrillo de nuestras vidas, nos emocionamos pensando que este año, ahora sí, nuestros políticos cambiarán y el país irá por mejores caminos.

Pero las promesas del gimnasio, la dieta y el cigarrillo duran poco. E incluso menos parecen durar las esperanzas de cambio en nuestra política, y en nuestro Presidente en particular.

Yo tenía la esperanza de ver a un Correa que inicie el año sin confrontar, buscando tender puentes en lugar de levantar tantos frentes y despertar resentimientos. Pero no me duró ni una semana esa esperanza.

En su primera visita del año a Guayaquil este martes, Correa vino más agresivo que el año pasado. Vino con furia, al estilo electorero, gritando hasta la ronquera. Se fue contra la alcaldía de Guayaquil, diciendo entre otras cosas que en esta ciudad vive gente “como en la época de las cavernas, sin electricidad…”. Gran ironía presidencial. El Gobierno, que por su falta de previsión nos trajo los apagones, pretende ahora dar clases de electricidad. Correa habló también de un supuesto complot para tumbarlo. Y alertó a sus seguidores, para que estén listos a movilizarse.

El tono enfurecido y provocador de esta primera visita del año a Guayaquil me deja algo claro. Correa se viene con todo. La baja en su popularidad –que también mencionó como cosa de la prensa corrupta que busca desestabilizarlo– no lo conducirá a moderar su discurso y buscar más consensos. Todo lo contrario. Lo radicaliza. Al verse menos popular busca demostrar que sigue fuerte, que su palabra es la ley.

Ante esto, la oposición ecuatoriana, es decir todos aquellos partidos, gremios, grupos ciudadanos, individuos que quieren un país libre, con trabajo, y alejado de autoritarismos y sistemas fracasados, se pregunta cómo actuar. ¿Se puede buscar y esperar consensos, diálogo, mínimas garantías y estabilidad, con un Gobierno autoritario y plagado de confrontación cada vez más decidido a imponernos un sistema caduco? ¿Es momento de hacer una oposición más agresiva? ¿Vale la pena empujar la revocatoria del mandato o es mejor esperar que termine su periodo en el 2013? ¿Será ya demasiado tarde para el país entonces?

Correa celebra su tercer aniversario en el poder. En condiciones normales, estaríamos celebrando el inicio de su último año de gobierno. Pero esto recién empieza.

La oposición tiene importantes decisiones que tomar. Pero debe evitar hacerle el juego a Correa. No alimentar sus gritos de complot. Ser una oposición pacífica y legal. No pensar en el corto plazo buscando simplemente un cambio en el mando. Mirar más allá. Entendiendo que la fuerza de Correa no es coincidencia. Es un reflejo de un país desencantado con promesas y acciones del pasado.

Que la oposición aproveche este enemigo común que hoy los une, para ir más lejos. Construyendo bases sólidas con ideas, alianzas y proyectos sostenibles. No buscando reemplazar autoritarismos de izquierda con autoritarismos de derecha. De lo contrario, Correa, su estilo y sus ideas nunca se irán. Permanecerán en el tiempo como una amenaza. O peor aún, como la triste realidad que hoy nos acompaña.