jueves, mayo 25, 2006

¿Irrespeto?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

La declaración de los obispos del Ecuador que circuló en relación a El Código da Vinci habla de “irrespeto a los creyentes”, “fraude” y “calumnia”. Más allá de saber que se trata de una obra de ficción que no debe tomarse como documento histórico, los obispos y muchos cristianos sienten que se intenta “descalificar la fe en la divinidad de Jesucristo”.

En este mundo diverso, con tantas creencias, culturas y tradiciones, cada quien puede creer lo que quiera y no tiene que aceptar las mismas creencias religiosas de otros. La divinidad de Jesús es una creencia religiosa aceptada por los cristianos, no un dato histórico aceptado universalmente. Si alguien quiere dudar de la divinidad de Jesús está en todo su derecho a hacerlo, como puede dudar de la virginidad de María o la existencia de un paraíso. Esto no es desinformar o falsificar la historia, ni atacar e irrespetar a los cristianos. Es simplemente discrepar sobre dogmas y creencias religiosas de determinados grupos.

Hay datos históricos. Y hay creencias religiosas. Que Jesús existió, tuvo seguidores y murió crucificado son hechos históricos con los que concuerdan historiadores, tanto cristianos como no cristianos. Que Jesús haya sido concebido sin un padre humano o que resucitara, son creencias religiosas que los cristianos aceptan por su fe, pero que la historia no prueba. Decir que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo descendencia no es ofender a los cristianos. Siendo Jesús una figura histórica, cualquier persona está en su derecho a interesarse en su vida y generar teorías en relación a la misma.

Todos tenemos el derecho a seguir una religión o ninguna, a creer en algo o en nada. Lo importante es vivir en paz y armonía entre todos. Lo importante es que cada uno viva su fe y su religión, o la ausencia de ellas, en su espacio privado o junto a su congregación y que no intente imponerla a los demás. El que no quiere ver la película está en todo su derecho, pero que no intente evitar que otros lo hagan o que se sientan culpables al hacerlo.

Afortunadamente aquí nadie ha impedido que veamos la película. Incluso muchos grupos religiosos han aprovechado la oportunidad que “El Código da Vinci” presentó. En lugar de oponerse a la película, varias congregaciones han alentado a sus fieles a que la vean para luego debatirla abiertamente y fortalecer sus creencias. El Opus Dei, aunque aparezca como el malo en la novela y la película, ha sabido aprovechar la curiosidad de lectores alrededor del mundo para darse a conocer a más personas. Un artículo en la página web del Opus Dei titulado “Estoy en deuda con Dan Brown” cuenta de un hombre que ahora pertenece a esta institución gracias al interés que la novela despertó en él. Estas experiencias demuestran que en lugar de enfrentarse y quejarse por lo que dice una obra de ficción, resulta mejor concentrarse en las oportunidades que esta genera.

Esperemos que ante todo gane siempre la libertad de expresión, de opinión y de cultos. Que en lugar de intentar imponer un punto de vista, un tipo de creencia y una fe, se respete la diversidad de creencias que existen en el país y el mundo. Y que prevalezca el derecho a crear nuevas historias que nos entretengan, nos desafíen, y pongan a volar nuestra imaginación.

jueves, mayo 18, 2006

El triunfo de las llantas quemadas

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Felicitaciones, señores bloqueadores de carreteras. Lo han logrado. El Gobierno los escuchó, o mejor dicho, se arrodilló ante ustedes. Se pronunció contra la inversión privada, la ley, el libre mercado, el progreso. Y ahí la tienen, recién salidita del horno: la caducidad del contrato con la Oxy que tanto esperaban, por la que tanto gritaron y tantas llantas quemaron, sintiéndose muy revolucionarios y justicieros.

Los empleados de Petroecuador les agradecen de todo corazón sus esfuerzos por pasar los bienes privados a manos burócratas y políticas. Festejen junto a sus diputados el supuesto bienestar que esta decisión traerá al país. Festejen nomás, que en poco tiempo se estrellarán contra la triste realidad de lo que su apoyo ha causado.

Y mientras festejan, lanzando gastadas frases a los micrófonos de los periodistas, vamos descubriendo que el problema nunca fue lo que hizo o no hizo la Oxy. En el fondo, hasta el más fanático nacionalista estaría de acuerdo que el vender parte de las acciones de la empresa a otra sin la debida autorización, no es una falta tan grave que no se pueda solucionar con una negociación. El problema no está en los actos de la empresa. El problema está en su origen: la Oxy es una empresa gringa. Las protestas y la caducidad difícilmente se hubieran dado contra una empresa de otro país. Pero la Oxy cometió el error de ser una empresa del “imperio culpable de todos nuestros males”, como dirían a las cámaras nuestros triunfantes diputados y quema-llantas.

Los extremos son malos. Hay quienes se inclinan y besan los pies de Estados Unidos como nuestra única fuente posible de bienestar y progreso. Y está el otro extremo. Quienes ven en ese país al imperio malvado y explotador causante de todas nuestras desgracias. Ambas posturas son peligrosas. La caducidad del contrato de la Oxy marca el triunfo del segundo grupo, que se cree condenado a la pobreza a causa de la explotación de los países ricos y no de sus propios errores.

Las preferencias, inversiones y programas de cooperación de Estados Unidos con nuestro país seguramente disminuirán, junto al TLC que se irá esfumando. No vayan a llorar mañana quienes hoy celebran. Prohibido quejarse de explotación y marginación, cuando veamos a nuestros vecinos colombianos progresar a pasos acelerados aprovechando su TLC con Estados Unidos, mientras nosotros nos hundimos junto a nuestros vecinos bolivianos en nuestro aislamiento nacionalista. Ya escucho las quejas en pocos años: que Estados Unidos no nos permite hacer negocios con ellos, que nos cobra aranceles muy altos, que nos cierra sus fronteras. Ya los escucho reclamando que a Colombia los traten tan bien y a nosotros tan mal. Pobres de nosotros, siempre tan explotados y sufridores.

Hoy nos hemos alejado más del bienestar y progreso que traen la integración, el respeto a las leyes y el apoyo a la empresa privada. Felicitaciones, señores diputados; felicitaciones, señor Presidente; felicitaciones, señores quema-llantas. Nuestras renovadas dignidad y soberanía nos han asegurado más miseria y exclusión.

Palacio duerme tranquilo: se salvó de un juicio en el Congreso. Pero eso es secundario. Lo juzgará la historia por todo lo que hizo, deshizo y no dejó hacer. Lo enjuiciará el oscuro futuro que sembró su indecisión.

lunes, mayo 15, 2006

Revista la U - Mayo 2006

Ya está circulando la U de mayo!




En esta edición:

- Conoce a tus candidatos presidenciales: Carlos Sagnay y Rafael Correa.
- Reportaje: Matando el hambre en la U.
- El lUk en Baccus Coffee & Art.
- Bogotá en tres actos.
- Noticias de por allá: cuartos mixtos en Harvard, danza del vientre en Yale, conversando con el escritor de "Los Simpsons" en Georgetown.
- Orientación: Inteligencia Emocional.
- Noticias y eventos de tu U. en la circular.
- Columna de Karola: Saliendo de la depre.
- Grita por el megáfono.
- El cuestionariU a Chantal Fontaine, rectora del Instituto Fontaine.
- Reviews de música, cine, arte, libro, discoteca, restaurante, y más.
- Gánate pases como extra en la serie "Solteros sin Compromiso".
...y mucho más.

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jueves, mayo 11, 2006

Unidos

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

En un mes quedarán a un lado las banderas políticas. Ya no importará si apoyamos o nos oponemos al TLC, si se negocia o no con la Oxy. Los candidatos a la presidencia pasarán a un plano secundario. Y todas esas genialidades que descubrimos a diario en el periódico y la tele –la última es la prohibición a que dos personas viajen en una moto– serán instantáneamente olvidadas. Empezará el Mundial de Alemania, y nada será más importante.

En un mes seremos un solo país, una sola voz. Insultaremos todos al mismo tiempo al árbitro cuando no pite ese penalti clarísimo a favor del Ecuador. Nos agarraremos la cabeza al mismo tiempo con esa bola que pasó rozando el palo. Y gritaremos –ojalá– juntos a todo pulmón ese grito de “gooool”.

Esos días en los que gente de izquierdas y derechas, burócratas y empresarios, costeños y serranos, barcelonistas y emelecistas, nos unimos en una sola voz en lugar de criticarnos y darnos a palos, debemos mirarnos los unos a los otros, y entender que somos todos parte del mismo equipo. Que todos –o al menos una gran parte– queremos lo mismo: que gane nuestro país dentro y fuera de la cancha.

Habrá quienes apoyen una u otra alineación. Sin duda, criticaremos al técnico cuando no coincidamos con sus decisiones. Y la pobre madre de algún delantero será la mujer más mentada en el país si este se come un gol. Nuestras estrategias, alineaciones y emociones serán distintas, pero el fin que buscamos es el mismo: que gane el país.

Los días fuera del Mundial no son muy distintos. Como ecuatorianos casi todos queremos que el país salga adelante, que haya más empleo, más seguridad, más educación, más producción, en fin, que gane el país. Pero como es normal, para alcanzar ese fin tenemos estrategias distintas. Unos creemos firmemente que para ello debemos abrirnos al mercado internacional y firmar el TLC. Otros apoyan una mayor protección de las empresas nacionales. Hay quienes buscamos el progreso del país en la seguridad jurídica que invite a los extranjeros a invertir. Otros buscan el bienestar del país cambiando leyes que quiten privilegios y utilidades a los inversionistas, a favor de más ingresos para el Estado. Son posturas variadas y muchas veces opuestas. Pero más allá de las diferentes ideologías, planes y estrategias, todos, o casi todos, queremos que el país salga adelante.

No olvidemos que jugamos en el mismo equipo. Que el reto está en avanzar más allá de nuestras diferencias. En luchar por nuestras convicciones, pero saber ceder y apoyar al oponente por el bienestar de la mayoría. Y en confiar a los que más saben –como en este Mundial confiamos en Suárez– las decisiones importantes que conduzcan al país hacia ese progreso que buscamos.


Pasará el Mundial y llegarán las elecciones. Talvez no estemos de acuerdo con el ganador, ni con su alineación y su estrategia de juego. Sugeriremos cambios y lucharemos por ellos. Pero una vez en la cancha, apoyemos a quien lidera el equipo. Que se escuche bien alto nuestra voz de apoyo. Que el progreso del país –como el triunfo de la selección– esté por encima de lo demás.

jueves, mayo 04, 2006

¿Lo nacional?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Estoy viendo en una foto a Evo Morales escoltado por militares. Detrás hay una planta de gas con un inmenso afiche colgado que dice: “Nacionalizado: Propiedad de los bolivianos”. Evo inicia así la nacionalización de los hidrocarburos y según sus palabras “mañana será la minería, será lo forestal, serán todos los recursos naturales, que pelearon nuestros antepasados”. ¡Qué alivio no ser boliviano en estos días!

Latinoamérica vive una montaña rusa: hoy nacionalizamos, mañana privatizamos, pasado mañana volvemos a nacionalizar. Ayer dictadura, hoy democracia, mañana más dictadura. Cerramos las fronteras al comercio, mejor las abrimos, qué tal si las volvemos a cerrar. Y después nos preguntamos por qué tanta pobreza y tanto atraso.

La dolarización es lo mejor que le ha sucedido a nuestro país, al menos en ese terreno ya no vivimos el vaivén de imprimir más billetes según la picazón en la cabeza del mandatario de turno. Lástima que no tengamos un freno obligatorio como el dólar a la hora de limitar el crecimiento del tamaño del Estado. Cada presidente engorda al Estado como quiere, y le confía a una burocracia especializada en el fracaso nuevas empresas “nacionales” con la excusa de moda de la soberanía nacional, la dignidad nacional y otras frases salpicadas de falso patriotismo.

Me preocupa, y deben preocuparnos, los Evos que creen que el Estado debe manejarlo todo. Tienen la receta probada para el fracaso. Aquello de “recuperar” lo nacional o que “nos devuelvan” lo nuestro, no es en la práctica otra cosa que entregarle a la burocracia y los que se alimentan como parásitos de ella, más millones y millones para gastar y repartirse alegremente. Mientras nuestros presidentes pronuncian esas frases con tufo a reciclada y fracasada historia nacional, la burocracia dorada de nuestros países descorcha botellas de champán. El grito de la soberanía es el mejor negocio para la minoría política dueña de lo nacional.

De repente la propiedad privada, motor del progreso de los pueblos, ha pasado a ser una cosa anticuada entre tanto eslogan nacionalista. Mañana algún Evo ecuatoriano decidirá, por ejemplo, que la cerveza es un bien nacional que le pertenece a todos los ecuatorianos y que por ello, por dignidad nacional, y soberanía alcohólica, debe ser nacionalizada. A nuestro Evo le indignará que la cerveza de los ecuatorianos sea propiedad de extranjeros, y la encargará a burócratas nacionales, preferentemente capitalinos. En poco tiempo aquel producto nacional empezaría a escasear entre mala administración, corrupción, nepotismo, exceso de empleados, etcétera. Y los ecuatorianos seguramente acabaríamos importando cerveza más barata y de mejor calidad. ¡Suerte que en la práctica la cerveza no entra en el discurso de la soberanía nacional! Tenemos cerveza nacional garantizada mientras esta permanezca en manos privadas.

No hay nada menos ecuatoriano que lo público. Petroecuador no le pertenece a los ecuatorianos. El IESS no le pertenece a los ecuatorianos. La educación pública no le pertenece a los ecuatorianos. Le pertenece a sus eternos arrimados, a los privilegios de unos pocos que se engordan de lo que en teoría le pertenece a todos.

Así cojea Latinoamérica. Mientras Evo nacionaliza y atenta contra lo privado, Humala llega a una segunda vuelta en Perú con el mismo discurso. Ojalá no sea contagioso.

jueves, abril 27, 2006

El honorable 'lechucero'

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Cuando veo a nuestro Congreso pienso en el colegio. Ahí están los mismos personajes: los relajosos, los vagos, los tramposos, algunos aplicados, y los dormilones –personificados en el “lechucero”, como le dicen, según un reportaje de este Diario, a un diputado que suele dormirse en las sesiones de la mañana–.

Solo el 0,6% de los ecuatorianos cree en el Congreso, según el reportaje de EL UNIVERSO. Triste, pero ya no nos sorprende.

Quiero pensar que muchos de nuestros diputados vienen al Congreso con ganas de trabajar por el país. Imagino al flamante diputado llegar emocionado y bien puntual a su primera sesión. Pero su idealismo y sus ganas empiezan a flaquear entre sesiones estancadas, eternos discursos, amarres, negociados, presiones, hombres de maletín, camisetazos, en fin. Nuestro diputado entra en el juego. Se deja llevar por esa modorra burocrática que impide terminantemente trabajar más de ocho horas, ni mover un dedo más allá del mínimo necesario. Se va acomodando en los beneficios de ser diputado, y solo trabaja por apoyar leyes que le competen a él, a sus amigos, o a su jefe de partido. Del país que se encargue otro.

Como en una clase con muchos estudiantes, es fácil esconderse entre cien diputados, no hacer nada, pasar el curso “de a vaca”. Y lo mejor de ser diputado es que si uno la embarra, por ejemplo, pasando alguna ley retrógrada como la de Huaquillas, no hay problema. Entre tanto diputado anónimo es fácil echarle la culpa al otro, hablar a las cámaras de cosas como soberanía y justicia, y ya, aquí no pasó nada. En el colegio al menos ponían rojo, o amenazaban con perder el año. Acá en cambio no importan los errores, la ineficiencia, las siestas parlamentarias, la ausencia de proyectos de ley. Cada mes igual llega el sueldo completito, más las yapas por sesiones extraordinarias, viáticos y algún merecidísimo bono. Y al final del período nuestros diputados se lanzan a la reelección y nosotros, tan tontos y fáciles de convencer, votamos nuevamente por los mismos.

¿Necesitamos tantos diputados? Con la mitad basta y sobra. Para qué más. Todo lo que se gasta en sueldos, secretarias, asesores, viáticos, viajes y bonos podría ir directo a la educación de los ecuatorianos. Siendo menos diputados no se podrían esconder tanto como hoy. No podrían echarse el muerto eternamente. Y a nuestro amigo el lechucero no le quedaría otra que tomarse unas cuantas tazas de café o una buena dosis de Red Bull para aguantar la sesión.

Según este Diario, 40% de los diputados aspira a reelegirse en las próximas elecciones. Y muchos lo lograrán. Junto a ellos, ya asoman los mismos candidatos improvisados, que porque salen en la tele moviendo las caderas se creen en condiciones para legislar. Y nosotros, los que les pagamos el sueldo, al momento de votar nos vemos forzados a rayar la papeleta por los mismos de siempre, sin mayores alternativas o remedios.

El camino hacia un Congreso decente y eficiente es largo y difícil. Un primer objetivo deberá apuntar a reducir el número de diputados. Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es votar por los menos malos, castigando al Congreso de hoy oponiéndonos a su reelección.

Hace un año se repetía la frase “que se vayan todos”. Nadie se fue, ni piensa irse. Despertemos a los lechuceros de su plácido sueño.

jueves, abril 20, 2006

'Te estoy esperando'

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Nuestra Comisión de Tránsito del Guayas llegó a la cúspide de su genialidad. Colocó en la carretera a Salinas macabros avisos con la muerte en forma de calavera y la frase “te estoy esperando”, seguido por un minicementerio con lápidas. Ahí yaceremos quienes no seamos capaces de esquivar los obstáculos que la misma CTG nos pone en el camino.



¿No sería acaso más inteligente evitar los accidentes que esos carteles anuncian –no previenen– quitando los conos anaranjados en mitad del camino, que debemos esquivar con maniobras de eslalon? ¿O avisar con suficiente anticipación las curvas, cambios de vía, puentes en construcción, etcétera, con carteles hechos con estándares internacionales y no por el carpintero de la esquina? Nuevamente las “soluciones” de nuestra CTG se convierten en más problemas.

Esta falta de eficiencia, unida a la corrupción en la Comisión de Tránsito, deben ser una alerta en el camino hacia las autonomías. La autonomía que todos buscamos debe aprender de esta institución local lo que no se debe hacer. Y hasta que no tengamos una CTG limpia y eficiente, las autonomías en Guayaquil y el Guayas caminarán con una piedra en el zapato.

Me cuentan historias de tiempos cuando la CTG y sus miembros eran respetados. Épocas cuando la ciudadanía daba regalos por Navidad a los vigilantes, en agradecimiento por su labor. Imposible pensar eso hoy. Por eso preocupa, y debe preocuparle a nuestro Alcalde, el futuro de nuestra ciudad y de los logros autonómicos, cuando él ya no esté a cargo de las cosas.

Los últimos resultados en las elecciones del Perú nos muestran que una y otra vez los latinoamericanos nos equivocamos al votar. Los jóvenes peruanos que no recuerdan el desastroso gobierno de Alan García hoy votan por él. Ni hablar del triunfo del discurso divisivo y nacionalista de Humala. No debe sorprendernos entonces, que en futuras elecciones municipales vuelvan al poder los que tanto mal le hicieron a la ciudad, los que lanzaban juguetes desde el balcón municipal mientras las madres morían asfixiadas, los que convirtieron los corredores del Municipio en guarida de pipones. Ojalá no ocurra, pero debemos estar listos para ello.

Nebot ha demostrado con su trabajo y sus logros que mientras él esté a cargo de la ciudad las cosas marcharán. Pero que no olvide que no es eterno. Que convierta al Municipio en una institución sólida y con gente preparada, y a las fundaciones de la ciudad en instituciones fuertes y autónomas a las que sea muy difícil corromper, sin importar quien ocupe el sillón de Olmedo. Que nuestro Alcalde empiece hoy mismo a ceder poder y control sobre las fundaciones, en favor de la institucionalidad e independencia que les permitirá a estas estar por encima de los intereses particulares de cualquier alcalde.

La ciudad y las autonomías avanzan. Pero estas no pueden depender de una persona. Nuestro Alcalde debe asegurarse que perdurarán y avanzarán más allá de su administración. Nadie puede garantizar que los logros de hoy continúen con el tiempo si no contamos con instituciones locales sólidas. Basta el ejemplo de la CTG para probarlo. Solo con un Municipio fuerte y sus fundaciones fuertes –que no es lo mismo que un alcalde fuerte– podremos asegurar el futuro de la ciudad y las autonomías. De lo contrario otras CTG nos estarán esperando.

jueves, abril 13, 2006

Como el sueco

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Entre tantos forwards con chistes, fotos sin censura, cursilerías, oraciones, angelitos, amenazas de castigo eterno si no reenviamos el mensaje, y promesas de una tal Foxy de largas noches de placer, recibí hace unos meses uno que me hizo reflexionar.

Era más o menos así: un latino de visita en Suecia acompañaba a su amigo sueco al trabajo. Llegaron temprano, antes que los otros trabajadores, cuando el parqueo de la empresa estaba casi vacío. Le llamó la atención al latino que el sueco se parqueara en uno de los espacios más lejanos al edificio de oficinas. Al preguntarle por qué no utilizaba un espacio más cercano, el sueco le dijo: “Como he llegado temprano, puedo darme el lujo de caminar y aun así llegar a tiempo. En cambio, mis compañeros que lleguen después tendrán más necesidad de los parqueos cercanos para entrar puntuales”.

¿Está loco nuestro amigo sueco? Acá le pondríamos una marca de idiota en la frente. ¿Parquearse lejos para dejar que los que llegan tarde ocupen los mejores parqueos? ¿Pensar en los demás antes que en uno mismo? Ninguno de nosotros haría algo semejante. Pensamos tanto en yo, yo, y yo que rara vez actuamos en base al nosotros. La historia me hizo reflexionar sobre el nivel de colaboración al que se puede llegar en una sociedad civilizada.



¿Qué tan civilizados somos nosotros? ¿Qué tanto pensamos en el bien colectivo y en nuestros vecinos? Vivimos a diario una agresividad y falta de consideración por los demás que deja mucho que desear. ¡Que no se metan conmigo, que me abran paso, que no me callen en el cine si me da la gana de contestar el celular, que me esperen para la reunión, yo me paso la cola si me da la gana, que se haga a un lado ese peatón, que cruce rápido la viejita o la atropello! Andamos todos apurados para llegar no sé adónde. La luz no cambia todavía a verde y ya estamos pitando desesperados. Todavía no salimos del ascensor y ya nos están empujando hacia adentro el grupo que intenta entrar. Terminamos de comer en un patio de comidas y dejamos todo perfectamente sucio para que lo limpie el siguiente.

El de al lado no importa. Nos preocupamos desde nuestra vereda para adentro. La basura en la calle no es cosa nuestra. La cerca de nuestra casa marca el límite de nuestra urbanidad.



No creo que lleguemos nunca a hacer lo que hace el sueco. No se puede pedir tanto. ¿Pero por qué tanta agresividad y falta de consideración? Hoy nos preocupamos más que nunca por la violencia y los robos en las calles de la ciudad. Podríamos contribuir un poco a aliviar tensiones con una actitud enfocada en el bien común en lugar de ver cómo fregamos al otro.

Como siempre la solución a nuestra conducta está en una buena educación. Pero esta va más allá de las matemáticas y geografía que aprendemos en el colegio. Esta se respira en el ambiente. Se enseña con el ejemplo.

Hace algunos años salían unos comerciales con Juanita Vallejo y un muñequito que enseñaba lo que se debía y no se debía hacer. Nos mostraban las actitudes positivas para hacer de nuestra ciudad y nuestro país un lugar civilizado donde vivir. Parece que olvidamos las lecciones. Que nos las enseñen otra vez.

miércoles, abril 12, 2006

Revista la U - Abril 2006

Ya está circulando la U de Abril!



En esta edición:

- Ilfn Florsheim: la mujer detrás de un extraño nombre.
- Bloggeando: Blogs Made in Ecuador.
- Cheerleading: mucho más que falditas cortas.
- Reviews de esto y lo otro.
- Top 10: Cosas que debes saber sobre la U.
- Las playas de Esmeraldas.
- El lUk en Boa Lua Café Lounge.
- Anécdota: Máncora Trip.
- Noticias de por allá: Actuando la vida universitaria en Boston College.
- Noticias de tu U. en la circular.
- TramitUlogía.
- El cuestionariU a Sonnia de Chavarría, rectora del ITSU.
- Gánate membresía al Hyper Gym, explorando la ciudad.
...y mucho más.

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jueves, abril 06, 2006

Antigringos

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Bush se ha ganado olímpicamente el odio e irrespeto de millones de personas alrededor del mundo. Muchas de ellas, en nuestro país, protestan hoy contra el TLC. El TLC se vuelve una excusa para atacar a Estados Unidos, el Darth Vader de la película internacional.

Para el creciente grupo anti Estados Unidos el tema de fondo no es si el TLC es bueno o malo para el país, o cómo resolver el tema de la Oxy. El asunto es sencillo: Bush malo = Estados Unidos malo = multinacionales gringas malas = TLC malo. Si el tratado fuese con la Unión Europea, China o quien sea, seguro casi nadie saldría a protestar. Los europeos y los chinos nos caen bien (por ahora). Pero los gringos desgraciados, que nos viven negando la visa todos estos años, merecen nuestro frontal rechazo.

A mí personalmente me disgusta Bush. Dirige un gobierno plagado de decisiones erradas, improvisaciones, meteduras de pata, hipocresía, y una sangrienta guerra a nombre de dudosos intereses. Me molesta el gobierno de Bush. Pero el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es una oportunidad que no podemos dejar pasar.


No voy a oponerme a vender más a nuestro principal socio comercial solo porque su presidente es incompetente. No voy a juzgar a los empresarios gringos con quienes haremos más negocios solo por quien ocupa temporalmente la Casa Blanca. Si a los habitantes de un país se los juzga por sus presidentes, no quiero ni saber cómo nos ven a los ecuatorianos. Pobre de nuestra reputación e imagen. Si ser equiparado a Bush es malo, serlo a un Abdalá, Lucio o Palacio es realmente aterrador.

Está de moda levantar la bandera antiyanqui. Y para esto contamos con el apoyo de Chávez y sus petrodólares. Un reciente reportaje del New York Times estima que el gobierno de Chávez gasta alrededor de 3 mil millones de dólares al año en ayuda y contribuciones a sus vecinos. Chávez compra bonos a Argentina, vende petróleo barato a los países del Caribe, envía cerca de 100.000 barriles diarios a Cuba a cambio de médicos y otros servicios, provee gasolina con un 40% de descuento a los habitantes pobres del Bronx, en Nueva York, y hasta auspicia a una de las escuelas de samba en el Carnaval de Río. ¡Cómo no querer a Chávez y unirse a su cruzada antigringa! Si bien el Presidente venezolano está en todo su derecho de ayudar a nuestros países, como lo hacen los países desarrollados, ¿acaso no tiene suficientes problemas y miseria casa adentro como para repartir billetes con olor a gasolina, vanidad y propaganda por toda América Latina?

Muchos que se oponen al TLC lo hacen en todo su derecho tras un análisis serio del mismo. Lastimosamente vemos cada vez más a esta masa antiyanqui liderando las voces contra el tratado. Dudo que mediten su postura y diferencien al Gobierno de Estados Unidos del tratado comercial. Queda esperar que el Gobierno gringo intente recuperar su popularidad perdida. Que nuestro Presidente y el siguiente no se dejen llevar por este sentimiento antiyanqui que tiene mucho de pasión e irracionalidad, y muy poco de cabeza. Y que sepan consolidar responsablemente la relación entre ambos países.

jueves, marzo 30, 2006

De lejitos nomás

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador



Guayaquil vive una difícil paradoja: mientras más se embellece y mejora, más nos alejamos de ella. Queremos a Guayaquil, pero de lejitos nomás. Los cambios positivos de la ciudad se comentan desde urbanizaciones privadas, tras enormes cercas, guardias y garitas. Ya no vivimos en la ciudad, vivimos junto a ella y a pesar de ella, encapsulados entre la urbanización y el mall. La ciudad se ha convertido en ese lugar que uno visita cuando viene algún amigo extranjero. Todos huyen buscando su pedazo de Disney criollo en las afueras. Hay para todos los gustos y bolsillos.

La inseguridad es sin duda la gran culpable de este aislamiento que buscamos los guayaquileños. Las experiencias de mis abuelos y padres viviendo y caminando tranquilamente por las calles del centro se han perdido. Hoy caminar es jugarse la vida entre robos y espacios construidos para una minoría motorizada. Hoy hacemos las compras lejos de la calle, en el mall. Hoy, un día ideal consiste no en vivir la ciudad sino en evitarla.

La inseguridad, la violencia y el temor a pisar las veredas de la ciudad están matando el espíritu de Guayaquil. El éxito de una ciudad no está en la dispersión de sus habitantes, sino en la densificación del espacio. Mientras más juntitos vivamos, mejor para todos. Los problemas de tráfico, por ejemplo, no se solucionan con avenidas más anchas ni con pasos a desnivel. Se solucionan cuando más gente vive y trabaja cerca, caminando o tomando viajes cortos a mercados, colegios y oficinas. Así mismo, la cultura de una ciudad se duerme dentro de las ciudadelas encerradas. La cultura vive cuando la gente, y sobre todos los jóvenes, comparten experiencias entre los sonidos, los personajes, la actividad de la ciudad. Cuando la ciudad es nuestra casa y no un lugar de pasada. Pero mientras la inseguridad continúe en las calles, la gente seguirá escapando, y la ciudad seguirá expandiéndose y perdiendo su personalidad.


La seguridad es el primer paso hacia un Guayaquil exitoso. Pero las soluciones pueden ir más allá. El Municipio puede crear planes que incentiven a la gente a vivir en la ciudad en lugar de sus afueras. Por ejemplo, como han hecho otras ciudades, se pueden brindar incentivos tributarios a los artistas que instalen sus viviendas y talleres en determinadas zonas centrales de la ciudad. Opciones para atraer a los guayaquileños a Guayaquil hay muchas. El primer paso es quererlo y entender su necesidad.

Ojalá nuestros hijos puedan vivir la ciudad y no protegidos y aislados de ella. El Municipio ha dado los primeros grandes pasos mejorando la infraestructura de Guayaquil. Que dé el siguiente paso comprendiendo que el futuro de la ciudad está en atraer a su gente a que viva en ella, y no simplemente a que visite los fines de semana sus parques cercados. Que entienda que sin seguridad no quedarán guayaquileños en la ciudad, y sin ellos simplemente no hay ciudad. Que Guayaquil mire más hacia las calles vibrantes de París o Nueva York y menos hacia las frías autopistas de Miami o Los Ángeles.

Volvamos a la ciudad. Guayaquil renace solo a medias mientras su gente escape de ella.

jueves, marzo 23, 2006

Lo difícil

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


En la época de colegio nos encantaban las huelgas y protestas. Esperábamos emocionados el noticiario solo para escuchar que “mañana se suspenden las clases en todos los establecimientos educativos...”. Música para nuestros oídos. Los maestros de la UNE, los indígenas, y todos esos señores que se dedicaban a hacer bulla, quemar llantas y bloquear carreteras eran nuestros mejores aliados. Que el país se hundiera o nuestros papás se quejaran era secundario. Mañana hay huelga, mañana no hay clases, mañana jugaremos.



Lástima que no podemos festejar eternamente los paros y protestas. Ahora varios indígenas bloquean carreteras para reclamar contra el TLC, la Oxy y cualquier cosa por las que les digan que deben protestar. Y el Gobierno, que ha demostrado una gran capacidad para conceder favores al que más grita, permite que bloqueen carreteras, generen caos y se pierdan millones de dólares.



Dudo mucho que quienes protestan sepan con claridad por qué lo hacen. Si nos dicen que el TLC es malo, malo ha de ser y por eso hay que quemar llantas. Luis Macas, presidente de la Conaie, dice que el TLC representa, entre otras cosas, una amenaza a nuestra “soberanía alimentaria”. ¡Por favor! ¿Desde cuándo es una amenaza importar alimentos más baratos y exportar más de nuestros productos? El término “soberanía” funciona para convencer a cualquiera con ganas de protestar. Queremos ser tan soberanos como la Cuba de Fidel donde nadie tiene hambre, todos tienen doctorados y nadie quiere huir a Florida. Este “patriótico” discurso sobre soberanía suena más a deseos de protagonismo y campaña electoral de la Conaie que a protesta legítima.

Hay momentos y razones para necesarias e impostergables protestas. ¿Pero quemar llantas contra el TLC? Los sectores que sienten que no podrán competir y que perderán con el TLC están en su derecho de exponer sus problemas, negociar protecciones y hacer todo el lobbying que deseen. Pero de eso a bloquear carreteras y el progreso de este país hay una gran diferencia.

Es fácil protestar. Recuerdo mi primera protesta. Estábamos en el colegio y arrancaba el Mundial del noventa. Los muy injustos curas pretendían dictar clase mientras en Italia se jugaba el partido inaugural. Ante tal abuso salimos a protestar frente a la oficina del rector, coreando en una sola voz “queremos Mundial, queremos Mundial”. El rector cedió ante el clamor popular. ¡Se hizo justicia! Se suspendieron las clases por el día y todos vimos jugar a Argentina. Fue fácil protestar por nuestro “derecho” a vagar, lo difícil era quedarse a estudiar y trabajar.

Hoy nuestros bloqueadores de carreteras hacen lo mismo: protestar por el gusto de protestar para exigir supuestos derechos. Es fácil protestar. Lo difícil es producir, trabajar responsablemente, crear empleo, e invertir en este país para generar la justicia, igualdad, libertad y oportunidades, por las que tantas llantas se queman.

Con su casi subterránea popularidad, Palacio tiene poco que perder y mucho que hacerle ganar al país. Que aproveche el momento, se ponga firme, se ajuste el cinturón que hoy tiene flojo y no conceda espacios a protestas irresponsables. Que llegue sin miedo al TLC y ejecute las acciones que el país necesita. Que a diferencia de quienes hoy protestan irresponsablemente, él sí haga lo difícil, lo responsable, lo correcto.

jueves, marzo 16, 2006

Jugando solitario

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Nos encanta reclamar el apoyo del Estado. Varios artistas reclaman indignados que el Estado los tiene abandonados. Otros atletas exigen que el Estado pague su entrenamiento. Algunos empresarios demandan protección especial para sus negocios. Y así, muchos exigimos un personalizado “apoyo del Estado”.

A nuestro mofletudo Estado le encanta que la gente le pida este tipo de apoyo. Eso justifica su omnipresencia. Justifica la existencia de infinidad de puestos en ministerios y oficinas gubernamentales, especializados en jugar solitario en sus computadoras y en pintarse eternamente la uña del dedo chiquito, mientras reparten billetes en programas de “apoyo” para el que más grita.



Yo no quiero que el Estado me apoye gastando e interviniendo en mis intereses. Todo lo contrario. Que me apoye simplemente permitiéndome trabajar y producir sin su intervención ni sus trabas. Con que no estorbe, mejor. No quiero más oficinas ni burócratas para “apoyar” un nuevo programa. Al final, a los supuestos beneficiados les caen migajas, que los muy creativos responsables del programa se encargan de multiplicar, publicando en unos reportes lindos y llenos de fotos todo lo que supuestamente se ha logrado.



La mejor manera como el Estado nos puede ayudar es quitando sus narices de todos lados. Con que permita invertir, por ejemplo, en el sector eléctrico sin trabas ni amarres, consiguiendo así que bajen las tarifas, ya nos estaría apoyando más que con cualquier otra iniciativa. Permitiendo que el sector privado y organismos sin fines de lucro manejen lo que la burocracia dorada y la uniformada se niegan a ceder, el Estado apoyaría más que con cualquier supuesto programa de ayuda.

¿Queremos, por ejemplo, que el Estado apoye el arte? No necesitamos nuevos programas culturales, con más burocracia y sueldos inflados. Para apoyar el arte, el Estado lo que mejor puede hacer es invertir y dejar invertir en un solo frente: excelente educación en nuestras escuelas, colegios y universidades. Un país educado terminará apoyando e invirtiendo más en el arte, que todos los programitas aislados que financie el Estado. Solo cuando el Estado se enfoque en los grandes cambios –energía, telecomunicaciones, seguridad, justicia, educación, en fin, en las bases de una sociedad que funciona– apoyará realmente al artista, y a todos.



Cada vez que alguien pide apoyo al Estado y el Estado lo escucha, retrocedemos un poco. Ejemplo: atletas piden apoyo al Estado. El Estado “solidario” destina fondos para programas atléticos, construye una pista por aquí, reparte plata para equipos por acá, y en el proceso crea nuevos puestos, con oficinas, vehículos, choferes y computadoras para jugar solitario. Hasta que los fondos escasean. Y el atleta que creyó haber logrado algo, queda más abandonado que antes. Ahora, el Estado le chupa más plata a él, a sus amigos atletas y a las empresas que los auspician, para mantener la oficina de asuntos atléticos y sus empleados.

Hagámonos un favor: dejemos de justificar la obesidad del Estado. Exijamos los grandes cambios que vienen con la reducción del Estado. No el apoyo temporal y superficial del Estado populista. Un Estado reducido a su mínima y más práctica expresión beneficiará a todos y cada uno de nosotros, en especial a quienes hoy reclaman desesperados el apoyo del Estado.

miércoles, marzo 15, 2006

Revista la U - Marzo 2006

Ya está circulando la U de Marzo!



En esta edición:

- Reviews en la cultura y la fuga.
- ¿Cómo alcanzar el trabajo ideal? - Estrategias.
- El personaje: Mute.
- Viajando por las playas de Manabí.
- El lUk en Sole.
- Noticia de tu U. en la circular.
- La columna de Karola: hi5 addicted.
- El cuestionariU a José Barrezueta, rector de la U. Metropolitana.
- Gánate entradas para el concierto de Miranda!
...y mucho más.

Para mayor información o publicidad escríbeme a manueligomez@yahoo.com. Para colaborar con artículos, fotos, ideas o comentarios escríbenos a revistalau@yahoo.com.

jueves, marzo 09, 2006

El gusto de escribir

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Cumplo un año escribiendo esta columna. En este tiempo han pasado muchas cosas en el país, pero al mismo tiempo no ha sucedido nada. Hace un año, por ejemplo, nos quejábamos del Presidente y la Corte Suprema. Hoy nos seguimos quejando de ambos, aunque tengan otras caras y otros nombres. Cambian algunos actores, pero la película nacional sigue tristemente igual. Solo nuestra forzada ilusión de que el próximo presidente será mejor nos trae ciertas esperanzas de un cambio.



Escribir permite desahogarse. Unos le gritan al televisor, otros se dan contra la pared, en mi caso puedo descargarme en un papel. El gusto de escribir aumenta con cada e-mail que recibo de los lectores. Los mensajes de apoyo me dejan claro que uno nunca está solo en lo que piensa. También las críticas me enseñan que nuestras diferencias están solo en la forma, pues en el fondo queremos lo mismo: un país mejor. Quienes viven fuera son los que más escriben, como si la página editorial fuera su conexión con el país que dejaron. Sus historias y mensajes me muestran ese Ecuador puertas afuera que trabaja mucho y extraña más.

Las felicitaciones y aprobaciones a esta columna siempre son agradables y constructivas. Pero las críticas y confrontaciones enseñan y enriquecen incluso más. Aquí unos pocos e-mail de este primer año que han quedado en mi memoria y que he rescatado de mi computadora:

Un capitán de la Armada en respuesta a un artículo que escribí en contra de los privilegios de las Fuerzas Armadas y a favor del desarrollo turístico de la Base de Salinas me advirtió: “...voy a pedir… que se impida su ingreso [a la Base de Salinas] y me encargaré personalmente de hacerlo. Somos leales hasta la muerte con nuestros amigos, pero también a nuestros enemigos los seguimos como perro en desierto”. Por lo visto estaba algo enojado ese lector de que me meta con las Fuerzas Armadas.

Otro e-mail, en esta categoría de los indignados, expresaba ante un artículo algo sentimental y personal que escribí “...nosotros no tenemos por qué soportar estas meloserías, dedíquese ya que intenta ser analista a comentar sobre nuestra situación política o social… ilústrese para que no tenga que recurrir a estúpidas cursilerías”. Ante el mismo artículo, otro lector en cambio escribió: “Con mucho sentimiento y verdad, esas letras pusieron lágrimas en mis ojos”. Por lo visto las cursilerías para unos son verdades que conmueven a otros. ¡Nada como las lágrimas o la piel de gallina en el lector como signo de aprobación!



Son muchos y variados los comentarios, sugerencias y bofetadas de los lectores que han enriquecido mi primer año en EL UNIVERSO. Gracias por el apoyo, las historias compartidas, los comentarios y las críticas. Estos solo confirman que hay mucho que decir y que no queremos ni podemos quedarnos callados.

Lo que escribía hace un año se puede repetir casi idéntico hoy. Solo habría que cambiar ciertos nombres de los personajes. El país no avanza. Pero sigue la esperanza. La esperanza de poder escribir más sobre el progreso que empezamos a vivir, y menos sobre los mismos problemas de ayer. Si bien escribir esta columna no cambia las cosas, al menos puede ayudar a pensar un poco. Y quién sabe, con algo de suerte, puede hacer que algún político en algún momento importante tome mejores decisiones.

jueves, febrero 23, 2006

Con las intensas

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Hace un año escribí sobre nuestra peligrosa y vergonzosa carretera a la costa. Se acerca un nuevo carnaval, y este monumento a la ineficiencia sigue tan peligroso como antes. Y como si los puentes sin construir y los obstáculos mortales no fueran suficientes, los conductores creamos más caos. Algo parecido a lo que sucede en nuestro país tan lleno de barreras. En lugar de facilitar las cosas, podemos añadir problemas. He aquí algunos de los responsables:

El sabido: El sabido avanza porque avanza. El resto de vehículos no importa. Suele conducir un cuatro por cuatro o un bus. Maneja a toda velocidad e impone su tamaño para abrirse espacio. En la noche, el sabido utiliza las luces intensas. ¡Qué importa que el resto se encandelille mientras yo vea bien! Para el sabido cualquier espacio libre en el camino es transitable. Por eso cuando se forman embotellamientos, no tiene inconveniente en conducir por la tierra junto al carretero, sin importar el caos y la nube de polvo que genera. En el día a día, el sabido es el clásico sinvergüenza. Aplica su lema de la carretera a los negocios y la política: yo avanzo aunque tenga que fregar al resto.



El ignorante: No todos los que crean caos en la carretera lo hacen a propósito. Muchos son víctimas de la falta de educación. El ignorante detiene el tránsito desconociendo que el carril izquierdo es para rebasar, y no para pasearse a 50 km/h. Cuando uno le hace luces desde atrás para que se cambie de carril ni se inmuta. Una buena campaña de comunicación haría que muchos ignorantes dejen de serlo. Pero nadie invierte en ellos. Igual sucede fuera de la carretera. Un sistema educativo decadente les negó el conocimiento y los condenó a conducir por el carril equivocado de la vida, mientras el progreso les hace luces y los pasa de largo.

La víctima: Las víctimas somos quienes sufrimos los actos de los sabidos, los ignorantes y de nuestra falta de acción. Somos la mayoría. Manejamos por nuestro carril y seguimos las leyes mientras los sabidos nos hacen a un lado y los ignorantes bloquean el camino. Conducimos a la defensiva y solo nos preocupamos por llegar sin molestar. Muchas víctimas deciden no volver al carretero ante tanto desorden. Igual que inversionistas que deciden no meter ni un centavo más en el país, o el hombre trabajador que decide emigrar ante tantas trabas para producir. Las víctimas nos pasamos quejando de los sabidos y los ignorantes. Al comienzo nos proponemos hacer algo para cambiar las cosas. Pero a la mitad del camino nos resignamos y dejamos que los sabidos y los ignorantes tomen el poder.

El Gobierno es culpable del mal estado de la carretera nacional, pero nosotros somos culpables de convertirla en un camino menos transitable. Los sabidos y los ignorantes son la minoría, pero causan suficiente caos para que nos provoque largarnos. Solo enfrentando a los primeros e invirtiendo en la educación de todos, el resto de conductores, que somos la mayoría, llegaremos tranquilos y en poco tiempo a ese destino de bienestar y progreso que seguimos. Mientras tanto, enseñemos con el ejemplo, en lugar de seguir al sabido que tomó un atajo fuera del camino.

jueves, febrero 16, 2006

¿Y por qué no?

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

En letras grandes aparecía la frase: ¿y por qué no? Era una presentación que hacían los creativos de una agencia de publicidad. Nos explicaron que la creación de nuevas ideas, campañas y conceptos nace de tener siempre una actitud abierta a decir “¿por qué no?”. Si les proponen algo loco, o se les ocurre algo absurdo, en lugar de descartar la idea, la acogen y la estimulan. ¿Por qué no hacer aquello que nadie ha hecho, por qué no ir más allá, por qué no intentarlo? Solo así nacen nuevas ideas. Solo así se logra crear.

Me vino a la cabeza aquella presentación viendo los diseños del nuevo edificio del Registro Civil del Guayas. Un edificio moderno en el que sacar la cédula o hacer un trámite dejará de ser un martirio, para convertirse en un acto civilizado. Los guayaquileños hemos soportado la ineficiencia y males del centralismo en su máxima expresión en el desastroso Registro Civil. Seguro que muchos nos dijimos “imposible, este monumento al subdesarrollo no lo arregla nadie”. Pero por suerte, alguien dijo “¿por qué no?”. “Por qué no traer la competencia del Registro Civil a la ciudad y transformarlo”. Gracias a esa actitud, lo imposible será real.

Así como con el Registro Civil, podemos pensar en muchos otros “imposibles”. Se me ocurre nuestra Comisión de Tránsito. Cada vez que nos detiene un vigilante y nos lanza indirectas bastantes directas para que arreglemos las cosas ahí nomás, pensamos: “imposible, a esta institución no la arregla nadie”. La idea de una Comisión de Tránsito efectiva, honesta, constructiva suena absurda e irreal. Pero, ¿por qué no? ¿Acaso el Registro Civil no es tan o más desastroso? Por qué no empezamos de cero, mandamos a todos los malos elementos a su casa, e iniciamos una Comisión de Tránsito con gente preparada, con buenos sueldos solventados con multas serias. ¿Por qué no?

Llevado a un plano nacional los aparentes imposibles se multiplican. Requieren de un “¿por qué no?” gritado a todo pulmón. Pensemos en nuestro Presidente. ¿Por qué no nuestro Presidente se presenta una noche en cadena nacional y con la mano en el corazón, nos dice: “les he fallado y quiero rectificarme. Quiero dejar un legado positivo. Olvidaré la refundación, la constituyente y todo aquello que defendí para aparentar que hacía algo. Desde hoy hasta el fin de mi gobierno me concentraré en un solo objetivo”. Y el Presidente nos presentaría un solo objetivo claro y real: en salud, educación, infraestructura, o el simple objetivo de no botar más plata en objetivos que nadie cumple. Un solo plan, un solo logro por el cual lo podamos recordar. ¿Imposible? ¿Por qué no, señor Presidente?


En un país que nos vuelve negativos y pesimistas solemos cerrar puertas, poner trabas, decir que no antes de tiempo. No pensamos fuera de la caja. Nos encerramos en las cuatro paredes de nuestro fatalismo. Digamos: “¿por qué no?”, cuando nos presenten algo que parezca muy difícil o hasta imposible. Invitemos a nuestros políticos, empresarios y líderes a decir “¿por qué no?”. Las limitaciones existen solo en nuestras cabezas. Ningún pueblo se hace grande diciendo que no. El país posible, el país que queremos, empieza en nuestras ganas y nuestra actitud por cambiarlo. Hoy mismo podemos iniciar aquello en lo que casi nadie cree. ¿Por qué no?

miércoles, febrero 15, 2006

Revista la U - Febrero 2006

Ya está circulando la U de Febrero!



En esta edición:

- Carnaval, aquí y más allá.
- Reviews de todo un poco.
- Bitácora de viaje por las playas de Ecuador.
- Andrea Vinueza: Poder femenino en las olas.
- ¿Cómo alcanzar el trabajo ideal? - La entrevista de trabajo.
- El lUK carnavalero con mucha espuma.
- Estudiar en U.S.A.
- Noticias de tu U.
- El cuestionariU a James Whitman, rector del Brookdale.
- Gánate una caja de vinos de El Bodegón, explorando la ciudad!
...y mucho más.

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jueves, febrero 09, 2006

Vivir y dejar vivir

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador



Caricaturas sobre el profeta Mahoma causan disturbios en el mundo islámico. Vuelven las escenas de violencia, que por muy acostumbrados que estemos a ver, se nos hacen difíciles de comprender. Ya son varios muertos. Muertos de la intolerancia y los prejuicios. Los fanatismos religiosos, raíz de tantos conflictos en la historia, vuelven al escenario.

Cada uno está en su libre derecho a desaprobar las burlas de otro, sobre todo hacia aquello que uno considera sagrado. Pero hay maneras más civilizadas de hacerlo. Quienes hoy crean disturbios y caos podrían simplemente haber enviado una carta al diario que publicó las caricaturas. Pero en las mentes de fanáticos y fundamentalistas, la libertad de expresión no existe, y ante eso nada mejor que la violencia.



Las religiones saben hacer el bien. Pero varios fundamentalistas dentro de ellas, suelen tener problemas en distinguir dónde termina el terreno religioso. Hoy grupos de musulmanes traen muerte y caos por unas cuantas caricaturas. Gringos ultraconservadores quieren imponer en las escuelas el cuento de Adán y Eva y relegar la teoría de la evolución de Darwin como una simple teoría más. Y así, varios grupos extremistas en distintas religiones siguen metiendo sus narices en la libertad de seres humanos que nada tienen que ver con su religión y visitan oficinas gubernamentales para que eso de la separación entre Estado y religión se cumpla solo en papel.



Ante estos disturbios y retrocesos debemos pensar cómo estamos aportando nosotros a la intolerancia o la tolerancia en el mundo. ¿Enseñamos a los más chicos en nuestras casas y colegios que hay un mundo fuera de nuestra urbanización, de las rejas del colegio, de la ciudad, en el que no todos son iguales a mí? ¿Saben nuestros niños que lo que les enseñan en clases de religión no es lo mismo que aprenden todos los niños del mundo? ¿Celebramos la diversidad de pensamientos, creencias y religiones?

Los fanatismos impiden que muchos vean más allá de sus narices ese mundo maravilloso con diversidad de razas, creencias, y formas de pensar. Nueva York, por ejemplo, es un buen modelo para vivir de cerca la diversidad de este mundo en paz. Musulmanes, judíos, católicos, protestantes, ateos, todos comparten juntos las calles. Cada uno adora a quien quiere y nadie se mete. Viven y dejan vivir. Los niños neoyorquinos entienden que el compañero de al lado no tiene que creer lo mismo que él. Yo acá, en cambio, crecí sintiendo lástima por aquellos niños que no se “salvarían” por estar en la religión “equivocada”. Crecemos con prejuicios y convicciones que nos impiden aceptar que no somos dueños de la verdad.



En un mundo que cambia, se mezcla y avanza, nuestras ciudades, antes con poblaciones homogéneas, son cada vez más diversas. Debemos enseñar, antes que todo, la tolerancia para evitar la violencia e injusticias que generan fundamentalistas que intentan imponer lo relativo como absoluto. Enseñar que el ideal no está en “evangelizar” o “iluminar” a quienes no conocen mi religión, sino en aceptar, tolerar y celebrar el hecho de que no todos creen en lo mismo. Fomentar ante todo la libertad: libertad para expresarse; libertad para adorar a uno o varios dioses, o a nadie; libertad para vivir dejando vivir.

jueves, febrero 02, 2006

Protestar por protestar

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

A veces preocupa eso de que “los jóvenes seamos el futuro de la patria”. Sobre todo cuando el futuro de la patria se dedica a protestar violentamente por lo que sea. Y sale a la calle a gritar gastadas consignas y a lanzar piedras contra inocentes ventanas y carros.

Está muy bien reclamar ante una injusticia. Está muy bien salir a hacerse escuchar. Nada de malo en eso. Pero hay maneras y hay maneras. Eso de salir con un combo de reclamos en el que se empaca a la Oxy y el TLC, junto a un carné estudiantil y el pasaje del bus, muestra más ignorancia y búsqueda de protagonismo que un reclamo legítimo. Y muestra también la falta de decisión de unas autoridades que se asustan con cada pedrada y ceden ante cualquier grito.

Preocupa cuando el futuro de la patria se parece tanto al presente de la patria. Cuando los jóvenes siguen repitiendo frases tan parecidas a las de quienes llevan décadas contribuyendo a nuestro atraso. ¿Acaso estos estudiantes han analizado realmente el tema de la Oxy o los efectos que tendrá el TLC como para justificar su violencia? El futuro de la patria sale a protestar por protestar. Linda cosa.

Los jóvenes somos el motor de cambio. Protestar es nuestro derecho legítimo. Pero, ¿que tal si somos un poco más creativos y llamamos la atención sin violencia? Salir a lanzar piedras no gana aliados. Hay formas más civilizadas de llevar un mensaje legítimamente sin necesidad de destruir ciudades. Al fin y al cabo, lo que toda protesta quiere es salir en los periódicos y la televisión. Y las cámaras no solo acuden ante la violencia. Acuden también ante protestas pacíficas y originales.

Por otro lado, aquellos que tienen el papel de responder ante estas protestas, no se han complicado la vida y nos pasan la cuenta de su indecisión. Nuestro Ministro de Educación ha dicho que sí a todo, como profesor asustado frente al relajo en clase. Para nuestra burocracia de chequeras alegres dos millones más, dos millones menos para imprimir los centralizados carnés no quitan el sueño. Para el resto del país que sí trabaja, dos millones son varios ceros de producción y empleo. Papá Estado acude a salvarnos y paga nomás lo que las pedradas exijan.



Estas recientes protestas violentas muestran la triste realidad de una juventud manipulada y con una voz y una actitud demasiado parecida a la de quienes fueron jóvenes hace mucho. Muestra ideas y posturas caducas. Muestra más atraso y un Gobierno sin decisión. Muestran un futuro de la patria color de hormiga.

Exigir justicia es sano y es bueno. Pero exijamos justicia cuando el reclamo sea legítimo. Que la creatividad le gane a la agresividad y la violencia, incluso cuando no quieran escucharnos. Que los jóvenes cambien las piedras y las bombas tan primitivas y tercermundistas por nuevas formas de hacerse escuchar. Si queremos ser el futuro de la patria, empecemos por hacer las cosas de una manera distinta y mejor. Y a ver si las próximas protestas son para exigir mejor educación y reclamar por el profesor que faltó.

jueves, enero 26, 2006

Mi Papapá

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

El pediatra de tantos guayaquileños, el Dr. Gómez Lince, mi abuelo, o mi Papapá como le decimos sus nietos, terminó su camino por esta ciudad, donde curó y protegió a tantos niños. Y dejó el mar de Salinas donde cada fin de semana huía a pescar.

Yo lo recuerdo, al igual que muchos de sus pacientes, con su saco blanco. Recuerdo sus manos ásperas, el palito de madera ahogándome, las inyecciones tan odiadas, y los caramelos tan esperados. Recuerdo a las mamás nerviosas con sus hijos enfermos en la sala de espera. Nerviosas pero con la confianza de que todo iba a estar bien en manos de mi Papapá. Y sobre todo, lo recuerdo fuera de su consultorio, en su hamaca frente al mar de Salinas, fumando un cigarro, conversando de viajes y amigos, y discutiendo de política, del país y los sinvergüenzas que nos gobiernan.

En estos días en los que he vuelto a escuchar a muchos hablarme maravillas de mi abuelo, de su dedicación a su profesión, de su entrega a sus pacientes, de sus valores y su rectitud, me he puesto a pensar sobre lo que hace especial a las personas, lo que las hace imprescindibles. Desde chico me acostumbré a escuchar historias de quienes orgullosos me contaban: “yo estoy vivo gracias a tu abuelo” o “tu abuelo le descubrió una enfermedad extraña a mi hija, y le salvó la vida”. Y ahora que muchos fueron a despedirse por última vez de su doctor pude ver en sus ojos la tristeza de quien pierde a un maestro y un ejemplo.

¿Qué lo hizo especial a mi Papapá? Al fin y al cabo, simplemente hizo bien su trabajo: atender y curar a los niños. Pero cómo más de uno me lo recuerda, se diferenció y sobresalió por su entrega honesta y sin frenos a sus pacientes. Esa entrega que iba más allá de su consultorio, sus horas de trabajo y el dinero para atender a quien lo necesitara, donde lo necesitaran. Por eso lo respetaron y quisieron tanto.

Dedicación y honestidad. Dos características del trabajo bien hecho. Parecería sencillo hacerlo. Pero, ¿lo hacemos todos?

Las personas no se van del todo. Quedan en la memoria de quienes continuamos el camino. ¿Qué tipo de recuerdo dejaremos cada uno de nosotros? Mi abuelo puede descansar tranquilo. Nos deja el recuerdo de su gran labor como médico, su incansable trabajo durante seis décadas, la salud de quienes viven gracias a su entrega y sus conocimientos, y su rectitud con la que caminó por la vida.

Más de una vez he escuchado “ya no hacen hombres como tu abuelo”. Yo creo que los siguen haciendo. Es más difícil encontrarlos entre tanta basura. Pero están entre nosotros en las empresas, en la medicina, en el arte, en los deportes y si buscamos bien, hasta en la política. Son esos hombres y mujeres los que deben guiar este país, y no permitir que la maleza humana lo destruya.

Mi abuelo enorgulleció a muchos. Sería bueno sentir ese orgullo por quienes dirigen el destino de este país. Esos hombres y mujeres existen. Asegurémonos que no pasen de largo. Hoy se ha ido uno. Seguro descansa entre las olas del mar pescando un picudo enorme.

jueves, enero 19, 2006

En busca del país aburrido

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Sería bueno vivir en un país aburrido. Un país en el que los diarios no tuvieran tanto escándalo político que reportar. Un país como Suiza o incluso Chile, con partidos políticos formando alianzas en beneficio de la mayoría, políticos predecibles e instituciones sólidas.

Ecuador no tiene nada de aburrido. Siempre hay algo que comentar, algo por qué quejarse, alguien a quien culpar, más de una razón para querer largarse. Rara vez pasa una semana sin un escándalo de última hora. Los televisores amanecen con nuevas denuncias, acusaciones y estupideces políticas.

Sería bueno que la política en el país se volviese tan aburrida como la de Guayaquil. En Guayaquil llevamos ya varios años de continuidad, sin sobresaltos, sin escándalos, sin insultos, sin discursos interminables sobre lo que se debió hacer y no se hizo, sin ese típico folclore político tercermundista. Los noticieros locales nos hablan de nuevas obras por construirse, de obras y proyectos entregados... como debe ser. Las emociones las reservamos para el ámbito privado. Lo público cumple con su trabajo, es predecible, estable y se lo siente poco.

Llegan las elecciones y nos emocionamos por saber si se lanza fulano, que si pactan tales partidos, que si será año de outsiders o insiders. Y es que nuestro futuro como país depende, en gran medida, de quien duerma en Carondelet. En los países aburridos no importa realmente quién gane las elecciones. Sus instituciones y leyes son tan sólidas que ni el peor presidente puede destruirlas.

Veo a Chile, un país cada vez más aburrido y predecible. Dos buenos candidatos disputaron la presidencia. Los chilenos no votaron por el mal menor, ni escogieron entre su supervivencia o su naufragio. Votaron entre buenas opciones que garantizaban continuidad. Nada de sobresaltos, emociones, ni preocupaciones. Chile ha alcanzado ese punto ideal de gozar de gobiernos continuos, estables y aburridos. Veo a Estados Unidos, otro país aburrido en donde sin importar quién gobierne –y eso que ahora han caído bajo– las cosas continúan su marcha. Las instituciones fuertes, los gobiernos locales estables y la tradición democrática sobreviven a los gobiernos de turno. Ni el mismo Lucio podría hundir hoy a Chile o Estados Unidos si fuera su presidente. Países con política cambiante y emocionante como Ecuador, Perú o Bolivia no pueden decir lo mismo.

En este país difícilmente podemos aburrirnos entre cenicerazos en el Congreso, Pichis en la Corte, bailes presidenciales, pintorescas cadenas nacionales, insultos, órdenes de prisión, destituciones, intentos de golpe, en fin. Eso de la estabilidad, reuniones civilizadas, alianzas entre partidos, apoyo al Gobierno y trabajo sin escándalos aburre demasiado, y parece que a nuestros políticos no les interesa.

Los verdaderos cambios vendrán acompañados de un cambio de actitud y estilo. La actual administración de Guayaquil demuestra que la buena política es la aburrida, la que no ataca, la que hace su trabajo sin grandes poses ni discursos interminables, la que llega a acuerdos, la que construye, la que pasa más tiempo en su escritorio y menos frente a un micrófono. La política no debe entretenernos como una montaña rusa; debe servirnos, mejorar nuestro nivel de vida, y pasar desapercibida. Necesitamos líderes aburridos en el buen sentido de la palabra, para alcanzar gobiernos serios, estables, predecibles, y aburridos en el mejor sentido de la palabra.

miércoles, enero 18, 2006

Revista la U - Enero 2006

Ya está circulando la U de Enero!



En esta edición:

- El Personaje: Carlos Mora, listo para la U.
- Deportes y aventura en temporada.
- ¿Cómo alcanzar el trabajo ideal? - Preparando tu hoja de vida.
- El lUk en bikini y con tabla de surf por la Victor Emilio.
- Anécdota: Una noche tras las barras.
- Reviews de discoteca, bar, restaurante, cine, CD, etc.
- Noticias de por allá y de por aquí.
- CuestionariU a Joaquín Martínez, rector del TES.
...y mucho más.

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jueves, enero 12, 2006

Pateando al perro

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador


Estamos acostumbrados al abuso. El abuso del que no hace la cola porque es demasiado importante para esperar como el resto. El del chofer del bus para quien la carretera asfaltada es solo una sugerencia a seguir, pues siempre que pueda aprovechará el “carril” de tierra y baches al costado, cubriendo a todos con una nube de polvo y poniendo en peligro la vida de los pasajeros. El del político y funcionario público que está exento de la ley, porque él es alguien, o amigo de alguien, para quienes la ley no se aplica por igual.

Una vez, en la época del gobierno de Abdalá Bucaram, yo esperaba mi turno en la cola del aeropuerto. Un Ministro se presentó a última hora, sin reservaciones. Cuando el empleado de la aerolínea le informó que el vuelo estaba lleno y no había cupo, el flamante funcionario enfureció, llamó a su guardaespaldas y le dijo: “Arréstame a este señor”. Este sacó su arma y obedeció la orden. Al entrar al avión lo encontré al Ministro y su esposa cómodamente sentados en primera clase. Y aquí no pasó nada.

Unos más, otros menos, pero todos participamos de alguna forma de la cultura del abuso, en la que pasarse la cola o aprovechar las conexiones no tiene nada de malo. Cuando me saqué –o me obligaron a sacar– el nuevo carné militar que me califica como inhábil con la respectiva autorización de su alteza, las Fuerzas Armadas, para salir del país, decidí hacer la cola y no recurrir a tramitadores. Mientras esperaba mi turno, al menos cinco personas se pasaron la fila acompañadas de un militar-tramitador que decía una de esas típicas frases de nuestro Tercer Mundo: “Atiéndame a este muchacho que viene recomendado de arriba”. Así, el muchacho sacaba su documento antes que todos y nadie protestaba. Seguramente todos habíamos hecho lo mismo alguna vez y no teníamos derecho a protestar.

Los abusos a pequeña y gran escala se frenan con reglas de juego claras. Claro, que también necesitamos cambiar de actitud y educarnos mejor. Pero primero se debe crear el ambiente para que no existan abusos. Vayan al SRI o a un banco y vean cuántos se pasan la cola: muy pocos, no porque quienes hacen la cola sean más educados o respetuosos, sino porque el sistema está organizado de tal forma que no hay necesidad de romper las reglas, y si alguien quiere romperlas tendrá problemas. Los buses no tendrían opción de abusar en carreteras bien construidas con vigilantes haciendo su trabajo. Los empresarios no tendrían que recurrir a coimas y palancas en un Estado que facilitara los trámites y los negocios, en lugar de poner trabas y excusas. Y nuestros políticos, funcionarios y oscuros personajes que entran pateando al perro donde sea, respetarían la ley y su turno si los jueces la aplicaran por igual para todos.

Con reglas claras, transparentes y para todos, conduciremos por nuestro carril, haremos la cola, completaremos los trámites sin padrinos, y pagaremos la multa que debemos. Hasta eso, la ley seguirá siendo para todos, menos cuando no nos conviene. Y ya sabemos que a algunos rara vez les conviene.

jueves, enero 05, 2006

El Estado "solidario"

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Diciembre, mes oficial del tarjeteo, quedó atrás. Ahora a pagar. Con esto de las cómodas cuotas mensuales nos tomamos a pecho eso de disfrutar hoy para pagar mañana. Gastamos sin miedo esperando que el próximo año no ocurra ningún imprevisto que nos impida pagar las cuotas a tiempo.

Con el país sucede algo parecido. Nuestros gobiernos disfrutan hoy para pagar quién sabe cuándo. Vivimos en un eterno diciembre en el que mientras haya crédito, hay plata que gastar. Gastemos hoy y que paguen mañana los próximos gobiernos.

En nombre de la solidaridad, esa palabrita que tantas cosas buenas debería significar, nuestros eternos amantes de un Estado papá despilfarran el dinero de todos en programas “sociales” con fondos que terminan en sueldos burócratas, subsidios supuestamente para el pueblo, y “estudios” para justificar la existencia de consultores y consultorías. A mí, por ejemplo, este generoso Estado solidario me subsidia todos los días el agua caliente en mi casa y me permite cocinar con un gas baratísimo. Miles de taxistas, cocinas de restaurantes, piscinas temperadas y peruanos agradecen al Estado por este gas solidario.

La “solidaridad” de los estados retrógrados crea programas y subsidios que derrochan el dinero que debería ir al pueblo en buena educación y salud. Perpetúa instituciones decadentes como el IESS con la excusa de atender a los más pobres, impidiendo la libre competencia con el sector privado que garantizaría un mejor servicio. Mantiene monstruos estatales como Pacifictel y rechaza que empresas pasen a manos extranjeras en nombre de nuestra “soberanía” (otra palabra favorita de los amantes del Estado omnipresente). Y rechaza el TLC y la apertura de los mercados para preservar nuestra “seguridad nacional” y otros conceptos con oscuros tintes nacionalistas que nada tienen que ver en el asunto.

¿Quieren un verdadero Estado solidario? Redúzcanlo al mínimo necesario. Que sea un Estado promotor y regulador. No interventor y paralizador. Un Estado que garantice la libertad y bienestar de los ciudadanos y no los sueldos inflados de unos cuantos empleados del Gobierno. Un Estado que pague lo que debe y no gaste más de lo que gane. Que no tarjetee hoy para que otros paguen mañana.

Como individuos sabemos que las deudas personales se pagan, no se transfieren. Pero el país tarjetea sin miedo y le pasa la factura a las siguientes generaciones. Este Gobierno débil de transición aprueba presupuestos inflados para mantener un estilo de vida falso que pagarán los que vengan después. En lugar de facilitar el siguiente gobierno, lo complica. Nuestro Estado obeso, omnipresente y “solidario” se endeuda irresponsablemente para que sus hijos favoritos no pierdan su trabajo.

En estas elecciones que se acercan, desconfiemos de esos candidatos a quienes les encanta lanzar a las cámaras palabras como solidaridad, soberanía y dignidad nacional. Y escuchemos con atención a quien hable de eficiencia, producción, libre competencia, mercado, y reducción del tamaño de este Estado que hoy nada tiene de solidario. Salvo que este nuevo Ministro de Finanzas sepa ajustarse los pantalones y decir que no, el Estado “solidario” de Palacio seguirá tarjeteando nuestro futuro. Y ni todo ese petróleo, tan bendito y tan maldito, servirá ya de mucho.

jueves, diciembre 29, 2005

En el 2005

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

En el 2005 se fue un coronel incompetente y vino un doctor ineficiente a calentar el sillón de Carondelet. Los diputados trabajaron para sus bolsillos y los jefes de sus partidos. Los corruptos y sinvergüenzas hicieron su agosto todo el año. Emigrantes desesperados murieron en el mar buscando oportunidades en tierras más libres y justas. Nos quedamos sin Corte y sin justicia, para terminar con Corte, esperando la justicia. Año de incompetencia, corrupción y desesperación.

Pero también en el 2005 clasificamos al Mundial y empezamos a soñar en alemán. Jefferson cruzó primero la meta en Helsinki. Miles de niños aprendieron a leer y escribir, corrieron felices y metieron más de un golazo. Empresarios generaron empleo. Médicos curaron enfermos. Albañiles e ingenieros construyeron. Periodistas reportaron. Bailarinas bailaron. Vendedores vendieron. Profesoras enseñaron. Y miles de familias se sentaron a la mesa a comer en paz. Año de triunfos, emociones y victorias cotidianas.

En el 2005, un populista Chávez vendió falsos sueños financiados con petróleo. Un limitado Bush siguió llevando a su país y al mundo por el camino equivocado. Los disturbios en las calles de Francia abrieron los ojos a una Europa que busca su identidad. Y en Iraq, la muerte y el dolor continuaron en una guerra basada en engaños. Año de populismo, falsas ilusiones y estupideces.

También en el 2005 avanzamos, aunque a paso lento, hacia un TLC y el progreso. Los alcaldes de Quito y Guayaquil hicieron un buen trabajo, aunque pueden mejorarlo. Y varios ciudadanos acostumbrados a ver la historia por televisión esta vez se han levantado, piden un cambio y están dispuestos a hacer algo. Año de avances, acción y expectativas.

En el 2005 nacieron nuevos niños y nuevas promesas en el mundo. Fueron más, muchísimas más, las manos que trabajaron y ayudaron que las que apretaron un gatillo. Y más los labios que besaron y dijeron te quiero, que los que insultaron y maldijeron. En este 2005 cada uno de nosotros tuvo cientos de buenas historias, risas y sonrisas, a pesar de las tristezas pasajeras, las amarguras y las lágrimas por quienes ya no estarán con nosotros este Año Nuevo.

En el 2005 empecé a escribir esta columna. Recibí mis primeros e-mails con insultos y también con frases emotivas, de esas que ponen la piel de gallina. Y fue en este 2005 cuando una mujer muy linda me hizo feliz diciendo que sí, en la salud, la enfermedad y todo lo demás. Y junto a ella, cada mañana descubro que a pesar de la corrupción, los escándalos, los abusos y las estupideces que vivimos a diario, se puede ser feliz en este país, y se puede salir adelante cuando el Estado no mete sus narices donde no debe y nos deja trabajar en libertad.

Las manecillas del reloj se acercarán a las doce y al final del 2005. Quemaremos el año viejo llenando de camaretas sus cachetes, su ojo de vidrio, su enciclopedia, sus baches faciales, su estetoscopio, sus brazos levantados. Y cinco, cuatro, nos abrazaremos, brindaremos... y tres, dos, recordaremos a los que se fueron... y uno, celebraremos por un feliz Año Nuevo que nos traiga amor, salud, dinero, felicidad y un país que camine y que corra si es posible.

jueves, diciembre 22, 2005

En esta Navidad

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

John Lennon, que hace veinticinco años dejó para siempre las calles de Nueva York, escribió una de las canciones de Navidad más lindas. La canción –Feliz Navidad (la guerra terminó)– dice más o menos: “Esto es Navidad/¿y qué hemos hecho?… Feliz Navidad/para los negros y los blancos/los amarillos y los rojos/qué tal si dejamos de pelear… Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo/esperemos que sea uno bueno/sin ningún tipo de miedo”.

Cuando cantaba Lennon esa canción, a inicios de los setenta, la guerra acababa, pero el miedo seguía latente. Y nunca se fue del todo. El miedo a ataques terroristas, miedo a la pobreza y el desempleo, miedo a enfermedades incurables, miedo a desastres naturales y, sobre todo, miedo a políticos y líderes destructivos. Ellos, los fundamentalistas y dueños de la verdad, pueden opacar navidades y destruir más sueños que cualquier huracán o terremoto.

Lennon era un gran soñador que nos invitó a imaginar un mundo mejor sin países ni religiones, con la gente viviendo y compartiendo en paz. En Navidad, como Lennon, somos más positivos y también nos da por soñar. El sentimiento de la Navidad tiene esa fuerza capaz de ver más allá de credos y enredos, más allá del dinero y los bolsillos vacíos, más allá de la sopa aguada y el país que no avanza, más allá de las guerras y el fundamentalismo de Bush y Osama.

Y a pesar del caos, los robos y el tráfico, y de que en lugar de chimeneas, nieve y mejillas coloradas tenemos rejas, calor y sudor en la cara, en Navidad recuperamos algo de esa fantasía de cuando teníamos 5 años. Y creemos, o queremos creer, que la paz, la armonía, la felicidad y todas esas cosas que dicen las tarjetas de Hallmark se cumplirán en estos días y en el año que viene.

Pero la Navidad también nos despierta a la triste realidad de un país con sectores donde Papá Noel no se atreve a entrar. En este país de políticos mafiosos y corrupción impregnada, los niños pidiendo limosna en cada semáforo nos recuerdan que los centros comerciales repletos de gente hasta medianoche son un privilegio de pocos. Que en la mayoría de familias, Papá Noel ecuatoriano con suerte conseguirá un regalito que no cueste más de cinco.

La pobreza y el miedo son culpa de todos, pero sobre todo son culpa de unos pocos que por años y años han monopolizado la política del país y han impedido que Papá Noel nos visite en diciembre. Por eso, esta Navidad, con el optimismo y los sueños de John Lennon, yo solo le pido a Papá Noel, el Niño Dios, los Reyes Magos o quien nos quiera escuchar que, por el bien de todos, esos pocos se vayan y a partir del próximo año permitan con su ausencia el cambio. Si nos dan ese regalo, esas frases de esperanza y felicidad que tanto repetimos en estos días saldrán de las tarjetas y las canciones y se convertirán en una realidad para la mayoría. Mientras tanto, igual seguimos soñando, diciendo feliz Navidad y todo lo demás.

miércoles, diciembre 21, 2005

Revista la U - Diciembre 2005

Ya está circulando la U de Diciembre!



En esta edición:

- Conociendo a Cholomachine.
- Reviews de cine, CD, arte, libro y más.
- Reportaje: Corrida de Toros ¿Arte o Tortura?
- el lUk en la biblioteca de la UEES.
- Anécdota: Escapando de Katrina.
- ¿Cómo evitar el chuchaqui moral?
- Noticias de tu U.
- CuestionariU a Carlos Ortega, Rector de la UEES.
- Gánate un iPOD nano, explorando la ciudad!!!
...y mucho más.

Para mayor información o publicidad escríbeme a manueligomez@yahoo.com. Para colaborar con artículos, fotos, ideas o comentarios escríbenos a revistalau@yahoo.com.

jueves, diciembre 15, 2005

Votos por camisetas

Por Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Diario EL UNIVERSO – Guayaquil, Ecuador

Termina el 2005 y empieza un año electoral. Año en que los candidatos y los que aspiran a serlo en secreto callan lo que piensan y gritan lo que la gente quiere oír. Ya empiezan a desfilar por la televisión esquivando preguntas, repitiendo eslóganes y vendiendo promesas a la mayoría desinformada que acudirá obligada a votar.

Las ideologías políticas de nuestros partidos y candidatos son tan confusas como las aguas de tamarindo que vende el Chavo del Ocho, que parecen de limón pero saben a coco. Aquí no hay partidos de derecha, izquierda o centro. Simplemente son partidos con aspiraciones al poder. Y para llegar al poder adoptarán la posición que más convenga. Si la mayoría del país se opone al TLC, entonces yo también, aunque en privado lo alabe. Si los votantes no quieren la privatización del seguro social, yo tampoco. El juego político exige callar soluciones realistas a nuestros males, para caer en la populista oferta de casas con jardín para todos.

El otro día conversaba con un amigo colombiano de visita en el país. Hablamos de cómo, a pesar de los problemas de la guerrilla y el narcotráfico, Colombia ha tenido una madurez y continuidad política digna de admirar. La popularidad de su presidente no tiene comparación en Latinoamérica, y las instituciones del Estado funcionan en relación a las de sus vecinos.

Mi amigo me decía que en Colombia nunca habrá un presidente populista por una sencilla razón: el voto voluntario. En Colombia el voto voluntario se traduce en una votación más meditada y responsable. Mientras más educación tiene una persona, más acude a votar. Nuestros vecinos de arriba gozan del principio básico de una verdadera democracia: el derecho a que vote quien quiera votar. Al que no le interesa quién lo gobernará se puede quedar en su casa viendo el fútbol.

Es más fácil ofrecer casas para todos que explicar un plan de gobierno responsable
que nos saque adelante. Por ello, la propuesta del voto voluntario difícilmente saldrá de nuestros partidos, acostumbrados a intercambiar votos por camisetas y promesas imposibles. Con el voto voluntario acudirían a votar mayoritariamente quienes sí tienen un interés en el proceso electoral, es decir, quienes se han informado sobre los candidatos. Así, se verían en problemas los candidatos acostumbrados a ganar tocando la fibra emocional de la mayoría desinformada. Y, en cambio, tendría opción quien demuestre seriedad y presente una propuesta de gobierno.

Como van las cosas, el 2006 nos trae nuevas promesas de borracho que se olvidan al día siguiente. Si algún candidato apoya el TLC, la privatización de la seguridad social y otros parásitos estatales, el fin del subsidio al gas, la reducción del Estado, la disciplina fiscal, entre otras posturas y soluciones, deberá callarlo o disimularlo. Aceptar sus posiciones, más allá de ser las acertadas, significaría su muerte política.

El voto obligatorio detendrá nuevamente a los candidatos con soluciones para impulsar a candidatos improvisados, como Lucio, vendedores de sueños y emociones. El voto voluntario no es ninguna receta mágica para lograr buenos gobernantes. Pero, al menos, exigiría a los candidatos presentar más planes y soluciones concretas y menos camisetas y maquetas de casas para ganar los votos de quienes voluntariamente rayarían la papeleta.

viernes, diciembre 02, 2005

Reportaje en el Expreso del lanzamiento de la U

Presentación de revista La U

La comunidad universitaria cuenta con su propia revista la que se dio a conocer ante una selecta concurrencia en el restaurante Red Peppers. El director Manuel Ignacio Gómez y Pili Piana, editora general, hicieron el lanzamiento de la publicación que contiene artículos de opinión, reportajes, comentarios de cine, música, arte, deportes, entrevistas, humor, crónica, reseñas de bares, restaurantes, discotecas y tiendas, etc. La U, circulará gratuitamente en las universidades y para los alumnos de sextos cursos de los colegios. Además, participará en la realización de foros, conferencias y otros eventos.

Reportaje en El Universo sobre el lanzamiento de revista la U

Revista La U, una opción para los universitarios

Diciembre 02, 2005

Artículos y reportajes para entretener e informar propone la nueva revista para los universitarios, La U, que se presentó la noche del pasado martes en el restaurante Red Peppers.

Manuel Ignacio Gómez, su director general, indicó que la revista, cuya publicación será mensual, “contiene temas sobre orientación, cultura, humor, moda, un cuestionario a autoridades de las universidades, oportunidades de trabajo, clasificados y más”.

En la edición general de la revista está Pilar Piana y la directora de arte es Jazmín Erazo. El grupo de redacción lo integran estudiantes voluntarios. Se tratará de buscar un equipo de trabajo permanente, comenta Gómez.

Explica que los alumnos de comunicación social pueden escribir en la revista y asumir ese trabajo como una pasantía, pero los estudiantes de otras carreras también pueden acceder a ella con sus artículos.

Piana señala que el lema de la revista es Grita. Reclama. Opina. Infórmate. Diviértete. Relájate. Y Gómez acota que La U “es una ventana de los descubrimientos de los jóvenes en la etapa universitaria”.

La revista se entregará gratuitamente en las universidades de la ciudad. También se tiene previsto repartirla en varios colegios, porque –manifiesta Gómez– los alumnos de bachillerato empezarán a sentir las inquietudes de los universitarios cuando egresen del colegio.

En la primera edición de la revista, que corresponde a noviembre, consta una entrevista al periodista deportivo Andrés Guschmer; una sesión de moda con María Antonieta Tanús, vicerreina de Guayaquil; un cuestionario de preguntas a Marcia Gilbert de Babra, concejala y rectora de la Universidad Casa Grande; y otros artículos.

Quienes deseen escribir notas y reportajes pueden hacerlo a revistalau@yahoo.com.