jueves, marzo 29, 2007
Nuestra plata
El Presidente ha criticado constantemente a la banca y los banqueros. Dice que son demasiado prósperos, que obtienen demasiadas utilidades. No sé el Presidente, pero yo prefiero tener mi plata en un banco próspero, seguro y con banqueros exitosos. El leve efecto que tuvieron los falsos y malintencionados rumores del feriado bancario sirvió para demostrar la solidez de la banca. Rafael Correa nos pudo tranquilizar asegurando que la economía goza de excelente salud justamente gracias a la solidez y seriedad de la banca que él tanto ha criticado.
Esto no quiere decir que no sea legítima la preocupación del Presidente con respecto a las altas comisiones, intereses elevados y poco acceso a crédito. Pero es preocupante la intención del Gobierno de imponer criterios y soluciones políticas a temas técnicos. Los bancos en Ecuador enfrentan riesgos e incertidumbres que no hay en países más estables y desarrollados. No se pueden imponer tasas del Primer Mundo en un país del Tercer Mundo solo porque compartimos el dólar. Si el Gobierno quiere una banca más barata y que preste más plata, debe primero crear un ambiente de estabilidad que genere confianza a esa banca. Si quiere que los bancos saquen la plata del Primer Mundo y la traigan a nuestro Tercer Mundo, el Gobierno debe dar señales de querer sacarnos de este Tercer Mundo y llevarnos al menos al segundo.
Lo que más queremos es que nuestro dinero esté seguro. Por eso, le confiamos nuestra plata al banco, no al Gobierno. Si los bancos consideran que es más seguro tenerla fuera del país, entonces que se quede por allá. A la hora de confiar nuestro dinero, preferimos los criterios técnicos de bancos que miden bien los riesgos, y no los criterios políticos de gobiernos que buscan ganar simpatía y votos.
Todos queremos pagar menos comisiones, intereses más bajos y tener acceso a más créditos. En eso estamos de acuerdo. Existe un desacuerdo en el cómo lograrlo. Este Gobierno cree que la manera de hacerlo es exigiéndolo. Pero la solución no está en una imposición de lo que quiere el Estado, sino en una regulación basada en criterios técnicos y, sobre todo, en la generación de más estabilidad y apertura para que los bancos compitan cada vez más por manejar nuestro dinero. Un gobierno que genera estabilidad motivará a bancos extranjeros a invertir en el país y competir con los bancos locales. Eso, al largo plazo, es lo único que asegurará una banca más fuerte, competitiva y barata.
La gente votó por Correa como su presidente, no como su banquero. Del Gobierno esperamos que genere estabilidad, incentivos y confianza -no sanciones e imposiciones-, para que los bancos nos sirvan cada vez mejor. Es positivo el diálogo entre bancos y Gobierno que se ha iniciado. Que este acercamiento permita que las cosas no se impongan con insultos ni amenazas, sino que se conversen y acuerden. Que no olviden que se trata del manejo seguro de nuestra plata, no de la plata de los banqueros ni del Gobierno.
jueves, marzo 22, 2007
Jugando a los vaqueros
Por un lado están quienes apoyan un modelo socialista y ven en la Asamblea Constituyente una poderosa herramienta para establecer este modelo y sacar adelante al país. Es una mayoría diversa. Están algunos revoltosos, liderados por el MPD, que a cada oportunidad salen a las calles con sus banderas rojas del Che. Pero también hay mucha gente seria que apoya las tesis de izquierda. Los primeros están emocionados porque su Presidente está imponiendo su plan y aniquilando finalmente a la oposición. Los segundos están preocupados justamente por las mismas razones. Apoyan un socialismo moderno y una Constituyente seria, pero no el populismo y autoritarismo que empieza a practicar el Gobierno. Tienen fuertes dudas respecto al tipo de socialismo que quiere el Presidente. Esperan una definición puntual del Gobierno que indique la verdadera dirección en la que avanza el país.
Por otro lado están quienes creen en un modelo donde sea el individuo y no el Estado el que determine el curso de las cosas. Quienes están convencidos de que el socialismo, y sobre todo, ese del siglo XXI liderado por Chávez, es lo último que el país necesita. En este grupo hay políticos y diputados que más que una ideología, protegen sus intereses. Pero estamos también quienes creemos en la libertad, la competencia y la apertura para progresar, y no en un Estado todopoderoso que nos diga lo que debemos hacer o cómo hacerlo. Varios de este grupo también apoyan la Constituyente como una herramienta para lograr los cambios que ven necesarios. Otros, a pesar de desear cambios profundos en el país, dudamos que de esta Constituyente salga algo positivo, en especial con este clima de inestabilidad, confrontación e intolerancia.
En un ambiente respetuoso y democrático estos dos grupos ideológicos podrían coexistir y debatir sus posturas con altura. Lastimosamente se está reduciendo la oportunidad del debate a una tesis simplista: socialismo, Constituyente, Chávez = bueno, maravilloso, patriótico, histórico. Libre mercado, empresa, oposición a la Constituyente = malo, corrupto, antipatria.
Cuando ganó Rafael Correa, sabíamos que empezaría el reto de debatir su tesis socialista y sus creencias de que el Estado debe decidirlo y manejarlo casi todo. Esperábamos ese debate. Sin embargo, este Gobierno, acompañado de una mal representada y poco inteligente oposición en el Congreso, acabó con esa posibilidad. Nuestra preocupación ahora ha caído a niveles básicos donde lo único que importa es evitar que nos hundan y avergüencen más.
¡Qué pena! No tuvimos ese Presidente inteligente y respetuoso con quien debatir para buscar consensos y construir. No tuvimos un Congreso que entendiera la importancia de hacer una oposición limpia. Ahora el Gobierno ya tiene al Congreso, ya tiene al TSE. ¿Para qué escuchar, debatir y llegar a consensos cuando se pueden imponer las cosas?
Las ideas, diálogos y debates tendrán que esperar. La campaña por la Constituyente se basará en acentuar aún más las divisiones entre los dos grupos. La película de vaqueros impone su visión en blanco y negro. Y a este paso, la Asamblea solo será una secuencia de lo mismo con nuevos actores.
jueves, marzo 15, 2007
Y seguimos cayendo
Seguimos cayendo. La pugna entre el Congreso y el Tribunal Supremo Electoral nos pone nuevamente en la vitrina de la vergüenza mundial. Somos un modelo perfecto para el estudio de una democracia fracasada. Los diputados ya se la estaban buscando con su oposición irresponsable y acciones ilegítimas. Y los vocales del TSE fueron más allá al destituir ilegalmente a la mayoría del Congreso. Mientras tanto, este Gobierno, que pretende estar fuera del lío, apoya abiertamente –y hasta con emoción– la acción del TSE, e insiste en liderar el relajo y la inestabilidad en el país.
El mensaje es claro: lo único que importa es llegar a la Asamblea Constituyente y ganarla, aunque todavía no esté clara la dirección que se le quiera dar. Y como la mayoría de ecuatorianos pide la Asamblea (aunque la mayoría espera cosas imposibles de ella), entonces vamos hacia allá por encima de todo lo demás. La institucionalidad, las leyes, y todo eso que se supone debe primar en una democracia, es secundario.
Cómo quisiéramos escuchar al presidente Rafael Correa desaprobar estas ilegalidades y la violencia en las calles, y buscar la unidad y la estabilidad en estos tiempos inciertos, con la misma energía con que critica e insulta. Tal vez ahí creeríamos que este Gobierno realmente busca soluciones, en lugar de perpetuar la confrontación en beneficio de sus planes.
“Bien hechito, [los diputados] se creyeron inmunes, impunes y les dieron un poco de su propia medicina,” fueron las declaraciones del Presidente. ¡Cuánto liderazgo, cuánta madurez, cuánta neutralidad ante los hechos! ¡Cuántas ganas de resolver los problemas de este país y no profundizarlos! Esa es la actitud de un Gobierno que dice estar al margen de este conflicto.
El gran ganador de estos escándalos es sin duda el Gobierno actual. Tiene el camino libre para continuar su agenda. Los grandes perdedores somos todos los ecuatorianos, aunque muchos todavía no lo vean o entiendan. Afortunadamente no todos estamos bajo el embrujo de la sonrisa presidencial y las promesas redentoras de una Asamblea Constituyente.
Si el Gobierno quiere una Asamblea Constituyente legítima, que se asegure primero de que el camino a la Asamblea sea legítimo. Apoyar la manipulación de las leyes para acabar con la oposición pone a este Gobierno y a este Presidente en el mismo equipo de todos esos políticos que tanto ha criticado. Se ha unido al club de los que hacen lo que les da la regalada gana.
Todavía estamos a tiempo de corregir y construir, en lugar de insistir en los errores y la división. El escenario se complica cada día más. El Presidente, más que cualquier otro protagonista de este drama, tiene la capacidad y la obligación de liderar la solución, en lugar de profundizar la crisis y la fragmentación.
sábado, marzo 10, 2007
jueves, marzo 08, 2007
¿De todos?
Me llamó la atención en el aviso, más allá de las sonrientes fotos de Chávez y Correa, leer el eslogan oficial del gobierno venezolano: “Venezuela ahora es de todos”. Esta frase sin duda inspiró la versión ecuatoriana “La patria ya es de todos”, que escuchamos en la televisión, la radio y en los discursos de nuestro Presidente. Pero, ¿quiénes son “todos”?
Pareciera que la patria es de todos, pero todos los que están con el Gobierno. Los “bolivarianos”, los “socialistas del siglo XXI”, y los pro constituyente pueden estar tranquilos, la patria es de ellos. Está por verse si les llegará un poco de patria a todos esos empresarios que solo piensan en producir y hacer dinero; a quienes viajan de vacaciones a Miami y no se quedan en el país para disfrutar “las mejores playas del mundo”; y sobre todo, a quienes tienen la osadía de criticar la Asamblea Constituyente que, según dicen por ahí, nos dará empleo, educación, vivienda, salud y corregirá todos los problemas que hoy vivimos.
Nuestro gobernador, tal vez contagiado por ese fervor confrontacional del Presidente, ha dicho refiriéndose a quienes no asistieron a la cita en la Gobernación que “el que no está con nosotros, está contra nosotros”. Por un lado se invita al diálogo y por otro se llama a la pelea. Da la impresión que la patria tampoco es de los que no fueron a la Gobernación.
Algún preocupado lector me escribió que debemos dejar tranquilo al Presidente, que no lo critiquemos tanto. Con mucho gusto lo felicitaremos cuando muestre un camino serio y planificado, en lugar de una ruta populista que parece un homenaje al estilo de Bucaram. Es lo que más quisiéramos por el bien del país. Pero por ahora estamos preocupados por la actuación del Gobierno. Y por eso continuaremos alertando sobre el peligro de que la patria no sea de todos, sino de quienes venden esa idea.
Para que la patria sea de todos, el Gobierno debe ser de todos. Esto no quiere decir que el Gobierno deba hacer lo que todos le pidan en todo momento. El Gobierno está en su derecho de implementar las políticas e ideas por las cuales fue elegido, más allá de que muchos no estemos de acuerdo con ellas. Pero que lo haga demostrando que está siguiendo un plan en beneficio del país, un camino con un fin específico, y no simplemente una ruta cortoplacista para ganarse el apoyo de unos y la provocación de otros. Y que acepte con altura y responsabilidad las propuestas de todos los sectores, las críticas, y la oposición.
Venezuela no es de todos. Es de Chávez. No queremos un Ecuador de Correa, ni de Chávez, ni de Lucio, ni de Noboa, ni de ningún político o líder de turno. Queremos un Ecuador de los ecuatorianos, donde la institucionalidad, la ley y la libertad estén por encima de cualquier apetito y poder personal. La Constituyente de plenos poderes preocupa justamente por la posibilidad de entregarle la patria a unos pocos.
jueves, marzo 01, 2007
El Presidente-candidato
Correa está en todo su derecho a no estar de acuerdo con las peticiones presentadas. Pero de eso a irrespetar a los firmantes hay una gran diferencia. Un mandatario que piensa en el bienestar del país respeta y acoge las opiniones y pedidos que recibe, para luego de analizarlos y discutirlos llegar a soluciones en beneficio de la mayoría. Pero en la visión de Correa parece no haber tiempo para eso. Solo hay tiempo para continuar su agenda política. Para millonarias campañas en medios. Para desprestigiar y atacar a todo el que se oponga a su Constituyente y sus planes.
Todos queremos acabar con los “vivos” que existen en Guayas como en todas las provincias del país. Quienes votaron por este Presidente confiaron en su promesa de luchar contra la corrupción, concentrada sobre todo en el sector político y público. Que Correa vaya tras los verdaderos responsables del despilfarro y atraso nacional, antes que lanzar acusaciones generales que solo causan divisiones.
Con poco más de un mes de gobierno (¡parece más de un año!) Correa está a tiempo de dar un giro total, aceptar que ha estado bastante mareado y desorientado en su nuevo papel, tomar un respiro y empezar de una vez por todas a ser Presidente. Si tiene un gesto de acercamiento y disposición a colaborar y trabajar con los representantes del Guayas y Guayaquil demostrará que está dispuesto a este cambio de actitud. Pero si continúa con sus confrontaciones demostrará que solo le interesa dividir y provocar para así continuar indefinidamente en campaña.
El rápido desgaste y las críticas que recibe Correa son su culpa y de nadie más. Que no venga a decir mañana que su fracaso se debe a que no lo dejan gobernar. Que cuando mañana el No en la consulta popular tenga más votos de los que jamás imaginó, y los asientos del salón de la Asamblea Constituyente los llenen sus opositores, no diga que todo esto es un complot organizado en su contra. Su decisión de pelear y confrontar, en lugar de unir y gobernar, lo están llevando al fracaso que no queremos ni necesitamos en este país.
Gobierne, señor Presidente, gobierne. Una, no divida. Hable menos y trabaje más. Demuestre que puede dar el paso de candidato ganador a Presidente exitoso, en lugar de continuar el absurdo y destructivo papel de Presidente-candidato. Usted ya puede traer el bienestar que tanto prometió con la simple decisión de poner al país por delante de sus intereses políticos. Reconozca y apoye a quienes quieren trabajar por el país, más allá de las diferencias ideológicas.
La campaña terminó. Usted ya está en Carondelet. No necesita ganar una consulta ni liderar una Constituyente para gobernar para todos. Puede hacerlo a partir de hoy mismo. No pierda más tiempo.
Revista la U. - Marzo 2007

En esta edición:
- El Personaje: Munir Massuh, Ex – Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Economía de la Universidad Católica
- Encuentro de universitarios en Cancún.
- Deportes: Remando en el Salado.
- El Lente de Mauricio San Martín.
- Noticias universitarias en la Circular.
- El luk psicodélico con María Cecilia Domínguez.
- An Incovenient Truth según Don Cinema.
- Conoce el mundo sin pagar hotel.
- Gánate un curso - taller en Brother identificando la marca del aviso.
- El Ataque de las Reinas de Belleza.
- Los Peligros de una Asamblea Constituyente por Fernando Coronel.
- Top 10: Dueños de la carretera a Salinas…
- Tú opinas: ¿Cuál es tu fórmula para curar el chuchaqui playero?
- De por allá: Redescubriendo a Da Vinci en la Universidad Mayor de Chile
...y mucho más.
Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.
jueves, febrero 22, 2007
Empresas de nadie
Entre el 2003 y el 2007 han desfilado por Pacifictel ocho presidentes ejecutivos. Uno de ellos duró 9 días. El que más aguantó estuvo un año y 15 días. Comparado a Pacifictel, este país parece estable. Entre esas ocho administraciones se realizaron 977 aumentos de sueldo, con un promedio de pagos de 92,8 millones de dólares al año, solo en alzas. Hay funcionarios a quienes se les elevaron sus sueldos en más del 1.000%. En Pacifictel sobran los “especialistas en telecomunicaciones”, ocupando puestos de mentira pero ganando plata de verdad. Y con tanto especialista y aumento de sueldo seguimos esperando meses para que nos conecten una línea.
Este Gobierno ha dicho enérgicamente que acabará con la corrupción en empresas como Pacifictel poniendo a los mejores hombres y mujeres al servicio del país e iniciando acciones penales contra los infractores. Muy bien que exista la voluntad de hacerlo. Ojalá lo logre. Lastimosamente, los mejores hombres y mujeres y las acciones legales podrán arreglar las cosas por un tiempo, pero la corrupción innata de estas empresas resistirá los golpes y continuará. Los sindicatos públicos y sus jefes, expertos en el arte de aumentar y perpetuar sus privilegios, se las arreglarán para continuar cobrando más cheques a base de sus palancas y presiones, en lugar de su rendimiento. Y continuarán, como ahora, creando las condiciones perfectas para que sea casi imposible despedirlos, o para recibir jugosas indemnizaciones por sus servicios a la patria, calentando puestos y perfeccionando la dicción de himnos burocráticos como “no hay sistema”, “vuelva mañana” y “cuánto hay”.
Por eso, no bastan los discursos enérgicos y las buenas intenciones para acabar con la corrupción de estas empresas. La solución está en dejar atrás, de una vez por todas, esa ideología que con la excusa de soberanía y control de “sectores estratégicos” mantiene en manos públicas la administración de empresas esenciales para el desarrollo del país. Los problemas de Pacifictel y sus parientes no se solucionan simplemente cambiando a la gente que ahí trabaja. Se soluciona cambiando a sus dueños. Es decir, que pase de las manos de nadie a manos de alguien. De manos de una burocracia interesada solo en mantener sus puestos y cobrar sus cheques, a manos privadas interesadas en recuperar su inversión y hacer dinero a través de un buen manejo y un buen servicio. Esto no se da únicamente a través de una privatización, palabrita que hoy es pecado en Carondelet; también puede hacerse a través de la concesión de la empresa a un administrador privado cuyos ingresos se den en función de su desempeño y resultados.
Empresas como Pacifictel hace años que deberían ser privadas o al menos estar administradas por manos privadas. La corrupción y abusos continuarán mientras estas empresas, con la excusa de ser de todos los ecuatorianos, continúen siendo de nadie. Este Gobierno, por su misma vocación socialista, tiene la gran oportunidad de pasar la administración de estas empresas a manos privadas que garanticen que la plata de todos no se vaya en sueldos de unos pocos “especialistas” y que la empresa sirva a los ciudadanos en lugar de servirse de ellos. Hasta que eso no ocurra, solo perdemos el tiempo con discursos y parches temporales, mientras alguna somnolienta recepcionista nos dirá que volvamos mañana, pues hoy “no hay sistema”.
jueves, febrero 15, 2007
El poder de unos pocos
Hoy las decisiones de Lucio pesan, y mucho. Al fin y al cabo los diputados en el Congreso son solo una extensión de sus jefes de partido. Las decisiones de Lucio, como las de Noboa, se convierten automáticamente en la decisión de todo un bloque de diputados. Linda democracia participativa la nuestra.
El poder se concentra en unos pocos. Eso no es cosa nueva. El problema es que aunque nos quejamos, seguimos apoyando personas y sistemas que concentran el poder, en lugar de personas y sistemas que lleven el poder al individuo y a las instituciones. Apoyamos a la figura redentora que nos saque del abismo. Y estamos dispuestos a darle a ese redentor de turno todo el poder que requiera. Nos gusta el poder que pone las cosas en orden, incluso por encima de leyes, instituciones o procedimientos. Mientras ese poder parezca constructivo y no nos caiga encima lo apoyamos. Pero, tarde o temprano, todo poder excesivo en pocas manos puede corromperse.
Y después nos quejamos por la falta de institucionalidad en el país. Nos quejamos del Congreso. Nos quejamos del excesivo poder de unos pocos. De ese poder que nosotros mismos les hemos entregado.
Ahora que va la consulta y con gran seguridad la Asamblea Constituyente apuntemos hacia los cambios que signifiquen mayor estabilidad e institucionalidad, y menos poder para unos pocos. La casi dictadura que hoy vive Venezuela en manos de Chávez es el más claro ejemplo de los peligros de una Asamblea Constituyente que pone el futuro de un país en las manos de una persona y no de un sistema democrático con instituciones fuertes. Muestra el peligro de dejarse seducir por el deseo de cambios drásticos en manos de redentores todopoderosos, antes que el camino más seguro y planificado que trae un estado con equilibrio de poderes.
Por años y años nos hemos quejado del excesivo poder de unos pocos, de dueños del país, de llamadas por celular capaces de destruir. Pero olvidamos que hemos apoyado ese poder de unos pocos cuando apuntaban a nuestro ideal de país. Nos seduce la idea de poner más poder en manos de quienes comparten nuestras ideas, hasta que ese poder da la vuelta y deja de pensar como nosotros.
Si hoy accedemos a entregar más poder a quienes piensan como nosotros, tarde o temprano sufriremos por el poder excesivo de quienes no piensan como nosotros. Un líder poderoso puede traer cambios positivos, pero también puede destruirnos. La única forma de protegerse es con un estado donde los líderes estén por debajo de las instituciones y las prácticas democráticas.
Que esta Asamblea Constituyente que ya se viene sirva para que no sean unos pocos los que decidan por todos. Y, sobre todo, que esos pocos no pasen a ser uno solo.
jueves, febrero 08, 2007
Cerecita
La renovada y demorada carretera a Santa Elena (¡no es una autopista, por favor!) beneficia a la gran mayoría de habitantes de la zona: los turistas que llegan con más seguridad, los miles de habitantes en la Península que reciben más turistas en sus hoteles, restaurantes y otros negocios, los empleos que se generan, los municipios que reciben más ingresos, en fin. Sin embargo, este progreso significó que los tres pueblos principales alrededor de los cuales se construyeron baypases, entre ellos Cerecita, ahora luchen por sobrevivir.
Por alguna extraña razón, esa cara triste del progreso que afecta a la minoría suele tener más fuerza y eco que la cara positiva del progreso, que llega a la mayoría. Grandes proyectos que benefician a un país entero se detienen por pequeñas poblaciones que protestan y políticos que prefieren ahorrarse las huelgas. Importantes acuerdos que benefician a la mayoría, como el TLC, se echan a la basura para no afectar a ciertos grupos.
Es triste ver un pueblito decaer o peor aún desaparecer. Pero es más triste ver una región o país entero vivir en el atraso negándose al progreso. El caso de Cerecita ilustra muy bien la situación de todo el país. Las decisiones importantes deben tomarse pensando en el beneficio del país, y no evitarlas pensando en las penas temporales de unos pocos. Tarde o temprano todos se benefician cuando se toman decisiones acertadas. Mientras esto sucede, los gobiernos deben ayudar o compensar, dando una mano constructiva a la minoría no beneficiada para que pueda salir adelante y unirse cuanto antes al carro del progreso. Le tomará un tiempo a los habitantes de Cerecita ser parte del progreso general que trae la carretera. Es ahí cuando el Gobierno puede intervenir apoyando iniciativas turísticas y de desarrollo local para el pueblo.
Lastimosamente, muchos gobiernos se han cerrado a la posibilidad del progreso por evitar sus costos inmediatos. Así no avanzamos, nos negamos al progreso, y continuamos en la polvorienta carretera nacional llena de baches y accidentes antes que en una real autopista que nos lleve más lejos. La intervención y protección excesiva del Estado, despreciando la competencia para favorecer un manejo más centralizado y regulado de la economía, tiene ese principio y efecto dañino: por proteger a unos pocos evita el progreso de la mayoría.
El reto de este Gobierno está en impulsar los planes y políticas que nos lleven por el camino que beneficie a todos. Para el Presidente esto se llama Asamblea Constituyente. Se llama más regulación e intervención del Estado. Se llama mayor manejo centralizado y menos incentivos al individuo. ¿Será ese el camino correcto? Lo dudo.
Cerecita no desaparece por la nueva carretera. La región entera avanza gracias al impulso al turismo y comercio que da la nueva carretera. Cuestión de enfoque. Da la impresión, hasta ahora, que las declaraciones del Gobierno en los temas nacionales se concentrarán en salvar a Cerecita, en lugar de impulsar el progreso del país entero.
jueves, febrero 01, 2007
¡Pausa!
Bienvenidos a nuestro Tercer Mundo. Donde los gases lacrimógenos no impresionan. Donde las piedras y los palos se imponen sobre la razón. Y todo esto con solo dos semanas de gobierno.
¿De quién es la culpa de tanto relajo? La culpa es de quienes creen tener toda la razón e intentan imponer su voluntad como sea. Empieza con el Presidente y sigue con el Congreso y los revoltosos. El Presidente se cree más legítimo que el Congreso y como tal incita a que el país irrespete a los diputados. Esto no es concurso de legitimidad. Presidente y Congreso son igual de legítimos. Votamos por ambos, nos guste o no. El Congreso en lugar de intentar trabajar con el Presidente hace todo lo contrario. Lo provoca. Mide el aguante del contrincante. Y los revoltosos se creen con el derecho de impulsar su Constituyente a pedradas. Sustentan sus reclamos, al igual que el Presidente, en el supuesto de que “todos” los ecuatorianos quieren la Constituyente. Si todos la quisiéramos seguramente ya estaríamos avanzando civilizadamente hacia ella sin necesidad de piedras y gases lacrimógenos.
Necesitamos una pausa. El cambio que todos queremos no se resuelve con una Constituyente porque sí, y peor aún con una Constituyente apurada que empieza tan mal. Ahí está la Asamblea de Bolivia, como triste ejemplo de lo que no queremos.
Correa dice que todos los ecuatorianos quieren la Constituyente por el hecho de haber votado por él, y que ese apoyo implícito a la Constituyente la pone por encima de todo. Intenta convencernos que es nuestro deber como ecuatorianos apoyarla, más allá de sus peligros. Su discurso se me parece al de Bush cuando impulsaba su guerra con Iraq: “la ‘liberación’ de Iraq es un acto patriótico, los que están conmigo son patriotas, lo que se oponen son antiamericanos que apoyan a los terroristas”. De igual forma, Correa convence al país de que quienes están con la Asamblea son patriotas y buenos ecuatorianos que quieren el cambio, mientras los demás son antipatrias que no merecen respeto.
Un momento. No simplifiquemos algo tan serio. Esto no es blanco y negro. Queremos cambios. Pero en estas condiciones la Asamblea Constituyente no parece ser la vía para esos cambios. Su accidentado inicio, su improvisado y errado estatuto, y la clara polarización y politización de los bandos que la conformarían apuntan al fracaso. Así, es mejor esperar el momento en que con mayor tranquilidad, claridad y menos pasiones vayamos hacia la Constitución que el país, no un Presidente o grupo, necesita.
Las manifestaciones nos recuerdan que poco ha cambiado. Ayer las piedras botaron un Presidente, hoy apoyan una Constituyente. Las calles, no los foros civilizados, siguen siendo el escenario de las decisiones políticas. De este Congreso no esperamos gran cosa. De Correa esperamos más. Que demuestre que es el Presidente del cambio dejando a un lado la confrontación y las quejas, para ponerse a trabajar en su agenda. Y que sepa reconocer cuándo es mejor hacer una pausa para lograr el éxito de su Asamblea.
jueves, enero 25, 2007
Más allá de los líderes de turno
¿Se ha vuelto loca la oposición demócrata? ¿De repente ahora todos son fanáticos de Bush? No, simplemente siguen una tradición. No aplauden a George W. Bush. Aplauden al Presidente de los Estados Unidos. Aplauden a la institucionalidad de una democracia que permanece fuerte más allá de las personas. Los aplausos de congresistas y senadores demócratas le dicen a Bush “estamos en desacuerdo contigo, debatiremos y nos opondremos a muchas de tus propuestas, pero queremos trabajar contigo, te respetamos como Presidente, y sobre todo, respetamos la figura del Presidente”. Las diferencias políticas quedan a un lado para favorecer el respeto a las instituciones. Y esos aplausos llevan un claro mensaje al pueblo gringo: estamos en buenas manos, porque no estamos en manos de los líderes de turno, sino en manos de nuestras instituciones democráticas, en las bases de esta sociedad.
¿Igualito que aquí, no? En nuestro Congreso no hay oposición al gobierno, hay enemigos. La figura del Presidente no existe, solo existe el próximo objetivo a tumbar. Nuestras instituciones son un chiste. El Presidente como institución, que hasta el gobierno de Sixto gozaba de relativo respeto, cayó en picada a partir de Bucaram. Y las instituciones en general son una plastilina que cada gobierno moldea a su gusto. Culpables somos todos: los políticos que se han burlado de las instituciones y los ciudadanos que hemos aplaudido esas burlas cuando nos conviene. La ley está aquí para acoplarse al gobierno de turno, y no el gobierno de turno para acoplarse a la ley.
La institucionalidad del gobierno gringo y gobiernos similares que sí funcionan son un modelo a seguir. La única forma de asegurar la continuidad, gobernabilidad y un ambiente en el que se pueda avanzar y trabajar con tranquilidad es fortaleciendo la institucionalidad de un país.
Aquí ha pasado lo contrario en estas primeras semanas de gobierno. Por un lado, Correa se alinea con Chávez, el mandatario más antiinstituciones del momento que se acerca cada vez más a la figura de dictador. Por otro lado, el Congreso atropella la institucionalidad nombrando funcionarios como le plazca. La ley y las instituciones del Estado, bien gracias.
Que este gobierno sepa imitar los países prósperos que se basan en instituciones fuertes, no los países fracasados basados en caudillos omnipotentes. Que como en los países prósperos, aquí las personas pasen de largo, mientras nuestras instituciones y bases permanecen sólidas.
El mayor triunfo de este Presidente y Congreso será lograr un país con instituciones fuertes y respetadas –que nada tiene que ver con un Estado grande y centralizado–. Para ello, el primer paso es respetar la ley y las instituciones actuales.
jueves, enero 18, 2007
Alerta, alerta, alerta
Una y otra vez nuestro Presidente se ha referido a “la oscura y triste noche neoliberal” que él acabará. Para Correa, nuestros males se dan por haber seguido las recetas del “Consenso de Washington”. No sé en qué país ha vivido Correa estos años, pero Ecuador ni ha sido un país liberal ni ha seguido estas recetas. Medidas del Consenso de Washington como el reordenamiento de las prioridades del gasto público hacia educación, salud e infraestructura; liberalización del comercio internacional; privatización; apertura a las inversiones extranjeras; disciplina fiscal; desregulación, etcétera, por aquí no han pasado, y si lo hicieron fue a medias. Un país “socialista” como Chile ha avanzado y crecido gracias a su apertura y liberalización. El Chile de hoy es un país más liberal que el supuesto neoliberalismo que jamás existió en Ecuador. ¿Privatizaciones? Hasta la última vez que revisé sigo pagando mi cuenta de teléfono a una empresa pública y cada mes el Estado me obliga a poner un porcentaje de mi sueldo en un desastroso seguro social público sin darme la opción de escoger uno privado.
Para progresar hay que competir. El discurso de Correa se alejó del concepto de la competencia y el libre mercado, para soñar con un mundo más cooperativo. No está mal desear este mundo, pero si queremos salir de la pobreza la solución no está en más intervención del Estado, sino en más mercado y competencia. En Ecuador han sido el Estado y sus garras como actores principales, no la competencia y libre mercado, los que nos han sumido en la corrupción y pobreza de los últimos años. No confundamos a los responsables.
No todo lo que dijo Correa fue malo. Es positivo su especial interés en acabar con las mafias y la corrupción, invertir en educación, vencer la cultura de endeudamiento, entre otras ideas y propuestas. Pero, lastimosamente, lo bueno casi ni lo noté entre tantas frases recicladas de un fracasado socialismo, que nada tiene de ese nuevo socialismo europeo y chileno que ya ha vencido antiguos complejos y que entiende que posturas liberales como la apertura comercial, la promoción y fortalecimiento de la iniciativa privada y el respeto a la propiedad y las leyes son premisas básicas para el desarrollo.
El Socialismo del siglo XXI que quiere Correa se aleja mucho del socialismo moderno. Suena peligrosamente parecido al mismo que ya fracasó en el siglo XX, el mismo de Fidel, el mismo de ese Chávez que quiere volver al desastre de las nacionalizaciones y que atenta descaradamente contra la libertad de expresión. Es el modelo perfecto para distribuir la pobreza.
Quise tanto que Correa nos sorprenda con un mensaje esperanzador, práctico y que nos motive a ponernos a trabajar, invertir, generar empleo y producir riqueza. Pero entre tantas utopías, revoluciones y constantes venias a Chávez acabé muy preocupado.
Cuidado con esa espada de Bolívar que camina por América Latina. Alerta, alerta, alerta, señor Presidente. No se deje seducir por Chávez. ¿Quiere soberanía? Empiece por demostrar su independencia de Chávez. Por ahora solo hemos visto lo contrario.
jueves, enero 11, 2007
Comienza el circo
Ximena Bohórquez quería desafiliarse de su partido. Suficiente para que el Congreso con una celeridad y seguridad sorprendentes aplique el Código de Ética. No dudaron en juzgar el acto de la diputada y expulsarla. Ximena está muy lejos de ser nuestra diputada preferida, pero tiene todo el derecho de quedarse en el Congreso al que fue democráticamente elegida. Si lo hace dentro o fuera del partido de su esposo, es cosa de ella.
Según esta "ética" expulsión queda claramente establecido que los diputados no pueden tomar decisiones personales, solo deben seguir las órdenes del partido al que pertenecen. O sea que el voto de cada diputado es solo una formalidad. ¿Por qué mejor no se ahorran tantos diputados las largas y aburridas sesiones en el Congreso y dejan a un representante, cuyo voto equivalga al porcentaje de sillones que ocupa su partido? Total, aquí nadie piensa, solo votan como les dicen que voten.
Pedro Almeida, de Sociedad Patriótica; Sylka Sánchez, del Prian; y Pascual del Cioppo, del Partido Social Cristiano, suscribieron la investigación e informe -si así se los puede llamar- elaborado durante el fin de semana, con el que se expulsa a la legisladora. Estos tres diputados inauguran la vergüenza de este nuevo Congreso. Que no nos vengan a dar clases de ética y valores cuando sus acciones solo demuestran lo contrario.
¿Es mucho pedir que los diputados piensen en construir el país, antes que en destruirse entre ellos? Hay algunos jóvenes diputados que parecen tener buenas intenciones. Que no se dejen atrapar. Que se atrevan a votar con su conciencia. El pueblo los eligió y solo ante ellos deben responder.
Quienes creemos que la Constituyente no es la vía para solucionar los problemas de este país hemos perdido toda la confianza en el Congreso para ejecutar las reformas, y por eso preferimos que estas se realicen a través de consulta. Hubiera sido más fácil tener un Congreso serio que nos represente y actúe como tal, pero para qué perder el tiempo con falsas esperanzas. Pueden intentar justificar la expulsión de la diputada como una medida necesaria para lograr la mayoría que reformará la Constitución. Excusa inaceptable.
Siempre supimos que este Congreso no daba para mucho, pero ahora ya lo comprobamos. Pena y vergüenza por los diputados que lideraron la destitución de Bohórquez. Pena y vergüenza por los jóvenes diputados que ya cayeron en el juego y han dado su primer voto destructivo. Ya son parte del sistema. ¿Qué vendrá después?
El futuro presidente Rafael Correa, que tan preocupados nos tiene a quienes creemos que en la libertad individual y no en el control estatal está el progreso, se vuelve más poderoso con este acto del Congreso. Su Constituyente solo se vuelve más cercana gracias a los diputados que desde ya solo piensan en destruirse, en lugar de trabajar para construir el país.
Empieza el circo parlamentario. Ya se escuchan las pifias del público.
jueves, enero 04, 2007
El camino
No debemos dejarnos llevar por la moda o el empuje que la Constituyente ha ido ganando en estos tiempos. Lo importante aquí es llegar a las reformas encontrando la mejor forma de lograrlas. La Constituyente no es la mejor vía. Hay alternativas más prácticas, menos costosas y menos riesgosas. Someter a consulta popular el proyecto de reformas presentado por Gustavo Noboa es una de ellas. Este incluye lo que todos –o casi todos– en el país apoyamos: voto no obligatorio, elección de diputados por distritos electorales, elección de diputados en la segunda vuelta electoral, facultad al Presidente de disolver al Congreso por una vez durante su mandato, autonomías, etcétera.
En realidad, el verdadero problema y la razón por lo que suena negativo ese titular son las sospechas que nos despiertan los acuerdos a los que están llegando los diputados antes de posesionarse. No los imaginamos reunidos discutiendo intensamente su oposición a la Constituyente basándose en las reformas que el país necesita y la mejor forma de lograrlas a través del Congreso. Sí los imaginamos, en cambio, viendo cómo se aferran al poder y mantienen su puesto en el Congreso evitando que una Constituyente los mande a sus casas. La triste realidad del Congreso saliente y muchos de los personajes que llegarán al nuevo Congreso nos quitan la confianza en él.
Sí queremos el cambio, pero no creemos en la seriedad del Congreso y nos preocupa el desgaste e incertidumbre que generaría la Constituyente, más aún cuando esta tendría poderes plenos para hacer lo que le dé la gana, entonces el mejor camino está en el proyecto del ex presidente Noboa aprobado a través de consulta popular. Con esto se cumpliría con mayor facilidad el objetivo principal: alcanzar las reformas que el país necesita. Nos ahorraríamos los meses y meses de discusiones sobre si es o no legal la Asamblea, cómo debe ser, quién debe ir, dónde debe ser; los costos de realizar la Asamblea, campañas electorales, elecciones; y sobre todo, la incertidumbre de que vayan las personas incorrectas y la transformen en un circo que no llegue a ningún lugar o, peor aún, que nos hunda más.
Así, Rafael Correa en lugar de dedicarle todo su esfuerzo a una Asamblea que no sabemos en qué acabará, se podrá dedicar a trabajar y gobernar. El éxito de Correa se basará no en que se lleve a cabo su Asamblea, sino en que se den las reformas políticas. Correa y sus seguidores deben impulsar las reformas antes que la Asamblea. Concentrarse en el fin antes que en el medio.
Llevamos ya un largo y triste récord de creer que en la invención y reinvención de nuevas constituciones a la medida del poder de turno se solucionan todos los males. No repitamos nuestros errores. Vamos hacia las reformas. Pero que la Asamblea Constituyente no sea el camino.
jueves, diciembre 28, 2006
Medias amarillas
Termina el año y hacemos el balance de lo bueno y malo que nos sucedió y sucedió a nuestro alrededor. Viendo las cosas por el lado amable, descubrimos que el 2006 no fue tan malo como lo pintamos día a día, sobre todo, en esta página en la que solemos ser tan críticos.
En este año vibramos viendo a nuestra Selección ganar en el Mundial. Parece ya tan lejano, pero sucedió este año. Y aunque muchos estamos decepcionados por los resultados electorales a nivel presidencial y por los nombres y rostros faranduleros que ocuparán el reconstruido Congreso Nacional, debemos sentirnos tranquilos y satisfechos porque el proceso electoral fue bastante limpio y claro. Y aunque suene conformista –y es que la realidad política de este país no nos deja gran alternativa– más allá de los errores y horrores del presidente saliente, de cuyo nombre ya no queremos acordarnos, podemos estar contentos porque terminó su periodo y en este 2006 no tuvimos más helicópteros, fugas, ni sobresaltos en Carondelet. En lo personal, aunque nos quejamos todos los días y tuvimos problemas y momentos tristes, seguro fueron muchas más las razones para sonreír y ser feliz. Yo, por ejemplo, en este 2006 me enteré que sería papá por primera vez. Una buena noticia más poderosa que todos los noticiarios con sus escándalos, sus chismes y sus crónicas rojas.
Como dice la canción, a ver si en el año que viene nos reímos y en vez de un millón pueden ser dos. El gobierno de Rafael Correa tendrá mucho que ver en esto. Pero al final del día, cada uno de nosotros será responsable de nuestras propias lágrimas y sonrisas, y de que en nuestra familia, trabajo, barrio, política y todo lo que rodea nuestras vidas las cosas salgan mejor.
Cada fin de año, justo antes de que el reloj marque las doce, mi abuelo se cambiaba sus medias por un flamante par de medias amarillas. Era su cábala de fin de año. Otros comen uvas, ponen dinero en sus zapatos, corren con maletas, entre otras cosas extrañas que esperan les traiga buena suerte.
Que el 2007 sea lo que esas uvas esperan y más. Sabemos que será un año de eventos importantes para el país. Que todos los ecuatorianos, y sobre todo, quienes se estrenan en sus funciones públicas, seamos parte de la solución caminando en una misma dirección. Si entendemos que más allá de nuestras diferencias debemos remar hacia el mismo lugar, seguro las uvas, maletas y medias amarillas estarán de más. Y el próximo diciembre festejaremos y miraremos contentos hacia atrás por ese gran año que logramos.
jueves, diciembre 21, 2006
Navidad entre iPods y niños plateados
En Navidad vivimos más de cerca los contrastes y desigualdades de este Tercer Mundo. Los centros comerciales rebosan de gente comprando hasta las diez de la noche iPods, celulares y televisores, mientras afuera en las calles un batallón de niños descamisados busca una moneda de carro en carro “limpiando” los parabrisas. “¿Por qué Papá Noel no les lleva regalos a los niños pobres?”, pregunta un niño a su mamá, que busca cansada de tienda en tienda ese regalo inservible que seguro su suegro nunca usará. Ella traga saliva, busca una respuesta y cambia de conversación.
El reto del próximo gobierno será lograr que más niños vayan a la escuela en lugar de pedir limosna en las calles la próxima Navidad. Esto deberá ir acompañado de más personas comprando y vendiendo en los centros comerciales. Es decir, el reto no es quitarle a unos para darle a otros; sino lograr el ambiente y las oportunidades para que todos puedan trabajar, producir y progresar juntos.
En estos días hemos ido conociendo a quienes ocuparán puestos clave en el próximo gobierno. Estamos algo preocupados al ver a personas ocupando ministerios de temas que parecen no conocer, y la creación de nuevos ministerios que significarán más sueldos y burocracia calentando más puestos. Dijimos que apoyaríamos a nuestro nuevo Presidente, así que, aguantándome las ganas de continuar mi crítica a lo que veo como desaciertos, le dejo por ahora el espacio a la duda.
Esperemos que Rafael Correa tenga todo claro y los resultados de sus decisiones nos dejen boquiabiertos de alegría. Esperemos que esas canciones del Che Guevara que el Presidente electo coreaba a todo pulmón en una reciente reunión con sus partidarios sea solo una canción, y que no signifique que quiera conducir este país por los caminos de la Isla que hoy se hunde en el atraso.
Navidad nos vuelve más pensativos a todos. Nos entristece más que nunca la pobreza de los niños con sus cuerpos pintados de plata en media calle mientras vamos con bolsas llenas de regalos. No dudo que los futuros ministros que están apareciendo hoy en nuestros televisores quieren trabajar para que ese niño plateado pueda estudiar en lugar de trabajar. ¿Qué harán para lograrlo? ¿Cómo lo cumplirán?
He escuchado ya muchas declaraciones en estos días con un marcado énfasis en culpar de todos nuestros males a las mafias y los corruptos. Excelente. Muy bien que quieran acabar con quienes tanto retroceso nos han causado. Pero, por alguna razón esas acusaciones me suenan muy parecidas a las del doctor que refundaría esta nación y que hoy hemos olvidado. Que tenga claro el nuevo gobierno que acabar con las mafias no es su fin, sino un medio más para alcanzar sus metas. Que su enfoque sea constructivo. Que se pregunte: ¿qué haré?, ¿en qué áreas trabajaré?, ¿cómo impulsaré mis objetivos?, antes que ¿a quién tumbaré?, ¿con quién acabaré?
Que en esta Navidad nuestro futuro Presidente, sus ministros y todos quienes tomarán las riendas del país reflexionen. Feliz Navidad para ellos. Descansen. Que a partir de enero exigiremos muchísimo de ustedes.
jueves, diciembre 14, 2006
Ladrones legales
Es fácil repartir plata y ser generosísimo con los sueldos cuando ese dinero no es de uno. Al fin de cuentas, ¿de quién es Andinatel, Pacifictel y tantas de nuestras empresas públicas? ¿Son de todos? Más bien parece que son de nadie. Si no hay un dueño, accionista, o administrador privado con un interés directo en que la empresa marche bien, produzca eficientemente y sea rentable, nadie perderá el sueño por el éxito o fracaso de la empresa. Necesitamos incentivos y reglas claras para ser productivos. Nada de eso existe en nuestras empresas públicas.
La palabra privatización asusta a muchos, sobre todo a los partidarios del futuro gobierno. Pero privatizar no es la única opción para volver eficientes estas empresas y acabar con estos abusos y robos legales. Lo importante es acabar con el estatus de empresas de todos y de nadie. Pueden mantenerse como empresas públicas, pero en manos de administradores privados que deban rendir cuentas y cuyos ingresos dependan del éxito de su gestión. Y con la autonomía necesaria para que ningún presidente, ministro, ni ninguno de esos que pasean a diario por Carondelet puedan intervenir en las decisiones de la empresa o palanquear el ingreso de algún pariente para que reciba un sueldo dorado.
Aquella burocracia idealizada e idealista, racional, positiva y eficiente de la que escribía el alemán Max Weber, hace más de cien años, sin duda no se aplica bien en este mundo, y sobre todo en este país. Quienes están en el sector público y en el privado buscan lo mismo: estabilidad, mejores ingresos, bienestar. La diferencia radica en que en el sector privado esto se obtiene trabajando mucho, siendo creativos y proactivos para ganar más plata. En el sector público esto se adquiere, en gran medida, manteniendo ineficiencias que permitan sueldos legales exorbitantes como el de la funcionaria de Andinatel y jugando con el sistema de tal forma que no haya cambios que pongan en riesgo los puestos y privilegios.
El sector público es necesario a pesar de sus males. Necesitamos un Estado que se encargue de aquellas pocas cosas que el mercado y el sector privado no pueden manejar. Pero ese sector público debe parecerse en la mayor medida al privado, de tal forma que sus empleados y administradores ganen en función de su trabajo y eficiencia, y no en función de supercontratos colectivos e individuales que se consiguen a base de estirar leyes y dinero público.
Ladrón no es solo el que rompe la ley metiéndose a medianoche a una casa y llevándose joyas y televisores. También hay ladrones que roban dentro de la ley. Aquellos que consciente y descaradamente manipulan el sistema de privilegios del sector público para recibir más de lo que deben y merecen. Al menos el primero se reconoce como ladrón. Los segundos caminan entre nosotros como si nada.
jueves, diciembre 07, 2006
Metiendo carpeta
Según el reportaje de este diario, Correa ha dicho que escogerá a “los mejores hombres y mujeres del país, con nosotros se inaugurará la meritocracia y se sepultará la palancocracia”. Bien dicho. Le tomamos la palabra. Pero cuando hay tanto puesto disponible y favores que devolver, es difícil evitar que la palanca mueva sus influencias.
El reportaje indica que los distintos movimientos sociales que apoyaron a Correa ya han mostrado su interés en sectores específicos. Los socialistas están interesados en el Ministerio de Educación, Pachakutik en los ministerios de Agricultura y Salud, el Movimiento Blanco en las direcciones provinciales de Salud. Nada de malo en esto. Es normal que quienes apoyaron al candidato ganador quieran ocuparse de áreas para las que se sienten calificados.
Pero ahí es donde Correa y su equipo deben estar alertas. Una cosa es decir que se escogerá a los mejores hombres. Otra es tener a amigos, conocidos, arrimados y supuestos amigos llamando, insistiendo y metiendo carpeta por todos lados para que les consigan algún puestito por ahí, a ellos, al hermano, al primo, al cuñado pobrecito que perdió su trabajo hace cuatro meses y sigue desempleado. Y con solo un mes para designar todos estos cargos, lo fácil es ceder, devolver el favor a quienes los acompañaron en la campaña, ser buena gente con el pana de colegio, tomar la carpeta, darle una rápida ojeada a ese currículo con faltas ortográficas y más ficción que novela, y decirle que sí, que se venga a trabajar al gobierno que cambiará al país.
¡Qué difícil conseguir esos 2.800 buenos hombres y mujeres! Encontrarlos es fácil, están aquí, entre nosotros. Pero la mayoría de ellos están trabajando y produciendo en puestos estables. Lo difícil es conseguir esos buenos hombres y mujeres dispuestos a dejar lo que están haciendo para ir al sector público y trabajar por el país. En cambio, no es tan complicado encontrar esos hombres y mujeres no tan buenos que digamos, para quienes ser parte del gobierno no sería un sacrificio sino una gran oportunidad.
El anuncio de Correa de que bajará su sueldo de presidente lleva un buen mensaje de austeridad para el sector público. Pero al mismo tiempo aleja a aquellos “mejores hombres y mujeres del país” que el presidente electo busca. Si son realmente buenos, su trabajo vale más que los nuevos sueldos. Y ahí se complica la selección.
Esperemos que esos 2.800 sean realmente buenos. Que este nuevo gobierno no caiga en el error de repartir puestos públicos como camisetas en campaña electoral. Queremos ministros y servidores públicos que duren los cuatro años, o al menos gran parte de ellos. Si queremos un cambio, debemos empezar por un gobierno estable. De las selecciones que Correa y su equipo hagan en estas semanas depende gran parte de esa estabilidad.
jueves, noviembre 30, 2006
Todos con Correa
Hoy eso es pasado. Ya no importa por quién votamos ni en quién creímos. Rafael Correa será nuestro nuevo presidente. Todos debemos estar con él.
Más allá de no estar de acuerdo ideológicamente con Correa, creo en sus buenas intenciones. Creo que quiere sacar a este país adelante. Por eso lo apoyaré esperando que su gobierno sea un éxito. Pero ese apoyo no puede ser ciego. Sin mencionar mis preocupaciones en lo político, por la difícil relación que enfrentará con el Congreso ante su promesa de la Asamblea Constituyente, me preocupa mucho lo que el nuevo presidente haga en lo económico.
Me preocupa su ideología estatista en un país donde el Estado no funciona. Lo hemos escuchado decir que acabará con el modelo económico neoliberal y que el Estado regulará aún más la economía. ¡Pero si Ecuador es todo menos liberal! Si el país fuese realmente liberal, no tendríamos tantas empresas ineficientes y corruptas en manos públicas. La educación no estaría secuestrada por el Estado. La seguridad social estaría compitiendo libremente con sistemas privados para que sean los ecuatorianos los que decidan dónde invertir su plata, y no el Estado quien decida dónde desperdiciarla. Somos todo menos un país liberal. El Estado mete mano en todos lados. La burocracia se alimenta como parásito de empresas y sectores que deberían estar en libre competencia. Por eso me preocupa que Correa quiera estatizar aún más nuestra economía.
Creo en las buenas intenciones de Correa. Creo en las buenas intenciones de muchos de quienes lo rodean. No creo en su convicción de que el Estado y la burocracia ecuatorianos pueden funcionar como en países avanzados. El Estado no cambiará sus prácticas de la noche a la mañana. Estamos a años luz de aquella burocracia idealizada en la que hombres y mujeres serios trabajan por el bien común más allá de cualquier otro interés personal. El libre mercado, con todas sus imperfecciones, a diferencia del Estado, sí funciona.
Más allá de sistemas económicos e ideología que el nuevo presidente quiera impulsar, esperemos que en su cabeza esté siempre presente la palabra libertad. Libertad para comprar, para vender, libertad para contratar, libertad para poner la plata donde uno quiera y usarla como uno quiera, libertad para invertir. Cualquier acto en contra de esta libertad solo creará problemas, atraso y más pobreza.
Felicitaciones a Correa. Sin duda su campaña fue un éxito. Supo llegar con su mensaje. Supo despertar en la gente el deseo de cambio. Felicitaciones por su actitud esta primera semana como vencedor. Ha mostrado seriedad y humildad. Buen inicio. A diferencia de Noboa que nos ha avergonzado al no saber perder. ¿Volveremos algún día a escuchar al candidato perdedor felicitar y desearle éxito al ganador?
Buena suerte al Presidente electo Correa. Ojalá no caiga en el intento, y por el bien de todos lo tengamos en Carondelet cuatro años. Ojalá sus ideas y propuestas funcionen. Ojalá sus promesas se hagan realidades. Pero cuando eso no suceda, que recuerde que siempre puede girar el timón hacia el camino de la libertad económica, la libertad individual y el gobierno limitado; es decir, hacia el progreso.
jueves, noviembre 23, 2006
Aprendiendo sobre Quito
Más allá de todo aquello que nos une y separa a quiteños y guayaquileños me llamó la atención vivir de cerca la marcada tendencia capitalina, incluso entre los jóvenes, a favor de un Estado grande, a pesar de su evidente fracaso. Si bien muchos apoyan un sistema estatista por convicción ideológica, en cierta medida para otros esta tendencia se sustenta en un componente práctico: nadie quiere que despidan al tío, primo o hermano que trabaja para el Gobierno.
Lo natural es defender aquello que uno tiene más cerca: nuestra familia, nuestro colegio, nuestros amigos. La cercanía de Quito al Gobierno y la burocracia y la cercanía de Guayaquil a las empresas y el sector privado definen en gran medida la política y conflictos de ambas ciudades y del país. Por ello, Quito suele votar por partidos y candidatos hacia la izquierda y a favor de un mayor papel del Estado, y Guayaquil por partidos y candidatos hacia la derecha y a favor de menos Estado y más empresa. Al final del día, cada quien vota por aquello que tiene más cercano. En Quito muchos trabajan o tienen parientes trabajando directa o indirectamente para el Gobierno, por ello es natural que quieran que el Gobierno siga encargándose de muchas cosas. En Guayaquil, pocos trabajamos o tenemos parientes trabajando en el Gobierno, y en cambio estamos más involucrados con el sector privado, por ello, es natural querer menos burocracia, menos Estado y más apoyo a las empresas y la inversión privada.
La vida en Quito gira en gran medida alrededor del Gobierno: construcción de edificios del Gobierno; eventos culturales del Gobierno; becas del Gobierno; empleados del Gobierno comiendo en restaurantes, alquilando apartamentos, consumiendo bienes y servicios; y gente del resto del país viajando constantemente a Quito por algún trámite. Siempre las capitales de países se beneficiarán del dinero que se mueve directa e indirectamente para mantener entes y empleados gubernamentales. Nada de malo con eso. El problema es cuando este dinero es excesivo, mal administrado y mantiene una burocracia excesiva e ineficiente.
Por simple sentido de supervivencia, que va más allá de la ideología, los cambios necesarios para acabar con el centralismo no saldrán de Quito. Deberán venir de afuera. La ley y la autoridad deben exigirlo. El próximo presidente debe cumplirlo. Lastimosamente al actual ya se le subió la fiebre derrochadora tan típica de presidentes salientes.
Mientras se mantenga el centralismo actual y se sigan derrochando millones petroleros en más gobierno y burocracia, lo que une a Quito con el resto del país se irá debilitando, para despertar mayor división y rechazo hacia la capital. La única manera de mantener unido al país es invirtiendo en sus diferencias; es decir, permitiendo que cada ciudad y región acceda a lo que le corresponde, con su propio estilo administrativo y sin tener que pedir permiso.
jueves, noviembre 09, 2006
El país 138
Cuando me enteré de esta noticia, mi muy ecuatoriana reacción fue “tanto escándalo solo por eso”. Acá que un diputado, ministro u otro funcionario público utilice para asuntos personales el chofer que le asignan es cosa de todos los días. El chofer lleva al hijo, la esposa y la abuela del funcionario donde sea, sin importar que el sueldo de ese chofer lo paguemos todos los ecuatorianos. En este país tenemos niveles de corrupción más avanzados como para preocuparnos de esas cosas que discuten los gringos.
Corrupción hay en todos lados. Pero los niveles de corrupción son muy distintos. Cuando estudiaba la universidad en Estados Unidos, el castigo por copiar en un examen o plagiar un trabajo era expulsión inmediata. Aquí entregar trabajos plagiados y literalmente copiados de internet es cosa de todos los días entre estudiantes universitarios. Desde las aulas de colegios y universidades empiezan a desarrollarse los niveles de corrupción de nuestra sociedad.
El diario Expreso de este martes nos dice que según una encuesta, cuatro de cada diez guayaquileños justifican “a veces” pagar coimas. Si nos para un vigilante y tenemos unos tragos encima, esa coima viene perfecta. Si necesitamos que Pacifictel nos instale una línea rápido, un billetito es ideal para agilizar las cosas. Todos participamos de la corrupción en el país. El sistema burocrático, centralizado y corrupto que enfrentamos y nuestro conformismo con este sistema han vuelto de la corrupción algo de todos los días. No por nada Ecuador aparece entre los países más corruptos de América junto a Haití y Venezuela, y en el puesto 138 entre 163 países según Transparencia Internacional.
Nuestro puesto en la lista no cambiará de la noche en la mañana. Estamos en un círculo vicioso en el que el sistema corrupto liderado por políticos corruptos genera una sociedad habituada a la corrupción, y a su vez, la sociedad corrupta alimenta estas instituciones y políticos corruptos. Podemos empezar nuestro camino hacia un país más honesto con lo que tenemos a mano, negándonos a ser parte de la corrupción del día a día presente en las coimas. Solo así podemos exigir honestidad total en nuestros gobernantes, sobre todo, nuestros futuros flamantes diputados y presidente. A ver si en cuatro años, cuando haya pasado otro gobierno, mejoramos posiciones en la lista.
Y si querían saberlo, con escándalo y todo, el contralor Hevesi fue reelegido este martes. Se la perdonaron por esta vez.
jueves, noviembre 02, 2006
El muro y la visa
Son dos métodos para mantener fuera a gente que el gobierno de Estados Unidos no desea recibir. El muro es un error y una vergüenza. De darse su poca probable construcción, sería un monumento al trágico gobierno de Bush. Por otro lado, el castigar la corrupción de un funcionario público, empresario o arrimado de nuestro país quitándole la visa a Estados Unidos puede ser un acierto y aporte del gobierno de ese país al nuestro.
Esperemos que nunca se construya el muro. Sería vergonzoso ver la construcción de una barrera por parte de un gobierno que se jacta de liderar la libertad y la globalización en este mundo. El partido Republicano que debería ser el partido del libre comercio, del gobierno limitado, de la libertad individual, ahora con la excusa de la seguridad va en contra de sus principios. La construcción de este muro despilfarraría miles de millones de dólares, atentaría contra la libertad y no frenaría la inmigración ilegal a Estados Unidos. La gente encontrará la forma de entrar con muro o sin muro.
El tema de la visa, a diferencia del muro, puede tener efectos prácticos muy interesantes en nuestro país y en toda Latinoamérica. Muchos dirán que Estados Unidos no tiene por qué meterse en asuntos de nuestro país, acusando de corrupción a ecuatorianos. Pero lo interesante de quitar la visa es que no es una intromisión. Estados Unidos y cualquier país están en su derecho de aprobar o rechazar visas.
En nuestro país las órdenes de prisión dejaron de ser motivo de vergüenza o de marginación social para el acusado. Muchos honestos han recibido orden de prisión por simple persecución y no porque fueran culpables. Y los corruptos siempre encuentran justificaciones y soluciones ante una orden de prisión. En cambio, la revocatoria de la visa a Estados Unidos si bien no impedirá que continúe la corrupción, sí puede tener un gran peso simbólico. Incluso en algunos casos tendrá un efecto práctico: para muchos el no poder pisar las tiendas gringas o llevar a Disney a sus hijos y nietos sería un castigo más grave que tener que enfrentar una orden de prisión.
Lastimosamente las puertas de Estados Unidos suelen estar abiertas para los corruptos del mundo que con sus dólares robados compran apartamentos y gastan sin control en centros comerciales de ese país. Y al mismo tiempo, se persigue y se cierran las fronteras a aquellos sin recursos que solo quieren trabajar y ganarse el pan. Esperemos que sea al revés.
Que caigan los muros. Que no se levanten nuevas barreras al progreso y la libertad. Que el proyecto del muro en la frontera entre Estados Unidos y México quede ahí, como una simple mala idea. Y que los corruptos de corbata ya no puedan escuchar el “Welcome to Miami”. Seguramente esto no acabará con la corrupción, pero al menos enviará un mensaje directo a más de uno que pensará dos veces antes de hacer algo que lo ponga en la lista negra.
jueves, octubre 26, 2006
El futuro de la 6
Creo que todos los guayaquileños reconocemos la gran labor de León Febres-Cordero y Jaime Nebot como alcaldes de nuestra ciudad. Estamos más que agradecidos por lo que hicieron y hacen. Estamos conscientes de que sin su trabajo en el Sillón de Olmedo, Guayaquil seguiría seguramente en manos de pipones entre ratas y basura. La ciudad mostró su reconocimiento de este cambio positivo al reelegir masivamente como alcaldes a Febres-Cordero y Nebot. Se hace difícil imaginar que otro partido gane las elecciones municipales en un futuro cercano. La lista 6 se ha vuelto sinónimo de eficiencia y cumplimiento a nivel de Guayaquil.
Sin embargo, los resultados en estas elecciones muestran que los guayaquileños no estamos tan contentos con el partido. La popularidad de Nebot en casi todas las encuestas anda por el 90% y la de Lapentti por el 80%. Y a pesar de ello, el partido sufre una caída que en nada refleja esta popularidad a nivel local. Es como si hubiera dos partidos Social Cristiano: el local y el del Congreso. El partido local es el que construye, cumple y apunta al progreso. El partido del Congreso no es distinto a los demás partidos que se dedican al amarre y la confrontación. Se podría esperar que la buena labor del partido en Guayaquil durante los últimos catorce años contagiara al electorado que se volcaría a votar masivamente por la 6 a nivel nacional. Pero ocurrió lo contrario. El papel del partido en el Congreso creó un rechazo que incluso afectó el voto a nivel local. El descontento hacia el papel de los diputados en el Congreso se traduce en un descontento general hacia el Partido Social Cristiano.
Aquí la culpa no es del votante, ni se trata de malagradecimiento. La culpa es del mismo partido que no se renovó. No cedió espacio a nuevas generaciones de verdaderos líderes. El partido ignoró que la democracia primero debe practicarse en sus propias filas.
Los resultados en estas elecciones deben ser un aviso urgente de que es tiempo de renovarse o morir. De que mientras se escojan los candidatos por su capacidad de obediencia y no por su capacidad de trabajo, crítica y liderazgo no se llegará a ningún lugar. Ese aviso va sobre todo para el partido en el Congreso, pero también para el partido a nivel local. Hoy la popularidad de Nebot es indiscutible, pero que esa aceptación popular no haga caer a nuestro alcalde en la tentación del poder eterno. Que dé paso a nuevas generaciones, empezando por promover en su lista a nuevos líderes para candidatos a concejales y consejeros.
Estas elecciones han dejado un mensaje claro al Partido Social Cristiano. Existe un descontento general con el partido, más allá de sus aciertos a nivel municipal. Mientras no exista un cambio y una real democratización del partido, su futuro es incierto, incluso en Guayaquil.
jueves, octubre 19, 2006
Más allá del padrenuestro y la sonrisa
Es difícil separar la personalidad de un candidato de lo que dice. Los votos entran no solo por el cerebro. Entran por el corazón, los ojos, y hasta el hígado. Sobre Correa y Noboa escuchamos todas las quejas. Que si Correa es un arrogante, dueño de la razón, que ve el mundo de un solo color, su color. Que si Noboa juega con el pueblo con el show de ser el “enviado de Dios”, que su poder y popularidad se basan simplemente en el peso de su inmensa billetera.
Muchos votarán en contra de la persona. No verán las propuestas o ideología de los candidatos. Si les cae mal, votarán en contra de él sin importar el resto. Ojalá no sean tantos. Ojalá en esta segunda vuelta olvidemos la imagen, el show en las tarimas y votemos a favor de una posición ideológica con la que nos identifiquemos.
Nunca había sido más sencillo escoger entre dos candidatos. Son polos opuestos. No hay prácticamente nada en común entre ellos. No hay confusión entre posturas. Sus ideas sobre la manera cómo se maneja un gobierno y el papel que debe jugar el Estado nos brindan panoramas totalmente diferentes.
Noboa cree en el libre mercado, en la apertura comercial, la inversión extranjera. Cree que el Estado debe cumplir simplemente un rol de promotor y regulador, con un papel e intervención limitadas. Cree en la libre empresa, la competencia y la inversión privada como fuente de creación de riqueza y empleo. No cree en la asamblea constituyente ni en un cambio radical. Cree que con estabilidad y ofreciendo atractivos a inversionistas vendrán los recursos y empleos que hoy escasean.
Por otro lado, Correa cree que el Estado debe tener una mayor intervención y regulación en el sector privado. Cree en un Estado que juegue un papel central en la vida del país. Cree que los recursos naturales deben ser manejados por el Estado. Correa cree en una asamblea constituyente como la fórmula que acabará con los males políticos que hoy vivimos. No cree que se pueda avanzar bajo la estructura partidista actual. Correa no cree en el TLC.
¿En qué creemos? ¿Con qué postura nos identificamos? Eso debe marcar nuestra decisión al votar. Si nos da vergüenza ajena cada vez que Noboa se arrodilla a rezar un padrenuestro. O si queremos coserle la boca a Correa cada vez que habla como si lo supiera todo. Eso es secundario. Los panoramas que ambos candidatos nos presentan son muy distintos como para ignorarlos.
Derecha o izquierda. Estado pequeño que interviene poco o Estado con un rol central. Mayor apertura comercial o proteccionismo. Mantener estructuras políticas o cambios radicales. Más atractivos para la inversión privada o mayores atribuciones al sector público.
Las diferencias en las propuestas son clarísimas. Veamos más allá de los eslóganes y la imagen, y escojamos el modelo de país en el que creemos.
jueves, octubre 12, 2006
La soberanía del arroz con huevo
Si los candidatos tuvieran que pagar un dólar cada vez que pronuncian palabras como soberanía y dignidad, no les quedaría ni un centavo para la campaña. Las repiten como si en ellas estuviera nuestra salvación. Muy bien que se busque nuestra soberanía, entendida como la independencia de un pueblo o nación frente a otros pueblos y naciones. Pero, lastimosamente, como la presentan muchos candidatos o como la quieren entender miles de votantes, los términos soberanía y dignidad apuntan al camino equivocado.
Hoy en día, para muchos, el significado de soberanía se resume en no tener nada que ver con Estados Unidos, ni el Fondo Monetario, ni corporaciones multinacionales. Basta gritar ¡no al TLC!, ¡fuera los organismos internacionales!, ¡fuera la Oxy! para sentirse muy soberano. Y el candidato que me ofrezca esto tiene mi soberano voto. Mejor de una vez gritar: ¡Viva el subdesarrollo, viva el arroz con huevo!
¿En qué parte de todo esto están la soberanía y la dignidad? ¿Por qué habría de convertirme en más soberano y digno el comerciar menos con Estados Unidos, mientras mis vecinos en Colombia y Perú hacen crecer sus negocios, sus riquezas y cambian el arroz con huevo por un buen pedazo de carne gracias a sus TLC? ¿Cómo es que el ahuyentar a empresas multinacionales me llenará de dignidad como ecuatoriano?
El arroz con huevo está bien cuando yo decido comerlo, no cuando un Estado que se cierra al mundo con la excusa de la soberanía me obliga a comerlo. Prefiero poder elegir el plato que me provoque. Y estoy seguro de que el resto de ecuatorianos también. Para eso necesitamos las condiciones para trabajar, producir y negociar con el vecino, con Estados Unidos, con China o el que quiera hacer negocios con nosotros. La dignidad no está en cerrarnos al mundo y hacernos los importantes. La dignidad está en poder alimentar a nuestras familias, darles un techo donde vivir, una buena educación, una vida feliz. La soberanía y la independencia están en la generación de riqueza que nos permita tomar nuestras propias decisiones, no en la pobreza justificada con discursos que claman que somos explotados por otros.
Mientras el Estado y los ecuatorianos nos cerremos al mundo, persigamos al empresario que genera riqueza y busquemos justificaciones para nuestra pobreza fuera de nosotros mismos, la dignidad y soberanía no asomarán por ningún lado. La verdadera dignidad aparecerá cuando vivamos con un gobierno que nos dé la libertad para elegir, para producir, para competir sin cerrarnos las puertas a otros mercados o castigarnos por generar riqueza. Cuando entendamos que no es papel del gobierno generar los cambios o darnos de comer en la mano, sino que es su papel generar las oportunidades para que nosotros, con nuestro trabajo, hagamos los cambios y nos alimentemos con lo que queramos.
No necesitamos otro gobierno que nos obligue a comer arroz con huevo, o que se eche flores recitando que el arroz con huevo nos lo está subsidiando. Necesitamos un gobierno que nos dé las facilidades e incentivos para trabajar, producir y poder poner en nuestras mesas el mejor plato.
jueves, octubre 05, 2006
Esta noche
Veamos el foro de esta noche. Es una de nuestras últimas oportunidades de convencernos por quién votar. ¿Qué podemos esperar de este foro? ¿Qué debemos considerar? Ya sabemos lo que dirán los candidatos. Ya sabemos los posibles ataques que lanzarán. Sabemos ideológicamente su posición: Correa a la izquierda, Roldós por el centro, Viteri hacia la derecha, y Noboa más a la derecha.
Para los indecisos, una pregunta muy simple que deben hacerse es: ¿cuál de estos candidatos durará cuatro años? Parece una pregunta demasiado conformista. Pero es la pregunta práctica que debemos hacernos. ¿Cuál de estos candidatos contará con el apoyo y la firmeza para gobernar durante cuatro años y sacar adelante sus propuestas? Obviamente, no hay forma de predecirlo. Si bien con Bucaram y Gutiérrez existía desde el comienzo la duda de que pudieran gobernar durante todo su periodo, pocos pensaban que ocurriría con Mahuad. En política nada es seguro, pero sí podemos intuir ciertas cosas. Entonces, que nuestra intuición sobre la estabilidad de cada candidato nos guíe a la hora de votar.
Otra pregunta es: ¿cuáles propuestas significan más Estado, más burocracia, más gasto público; y cuáles apuntan a menos intervención del Estado, menos burocracia y más apoyo a la inversión y el sector privado? Estemos alerta de las propuestas grandiosas y todopoderosas que suelen significar más control del Estado. No se trata de izquierdas o derechas, sino de simple pragmatismo. Las propuestas que incluyan un rol preponderante de entes estatales caerán en errores del pasado. El candidato que le apueste al individuo, a la libre competencia, a un Estado que simplemente regule y supervise, y que no intervenga en todos lados, nos estará ofreciendo el progreso postergado.
Y, sobre todo, la pregunta que debemos hacernos mientras escuchamos a los candidatos es: ¿cómo lo hará? Todos pueden hablar de progreso, educación, salud, seguridad, empleo. Pero, ¿cómo piensan lograrlo? ¿Nos ofrecen fórmulas mágicas o fórmulas prácticas? ¿Nos muestran un panorama real que requiere del aporte de todos para lograr cambios graduales? ¿O nos pintan un cambio sorprendente que solo debemos esperar sentados en nuestro sofá?
Muchos hemos tomado una decisión. Otros, tal vez, decidiremos esta noche. Y unos cuantos, que pueden ser más de los que pensamos, decidiremos al cara o sello frente a la papeleta. Que el foro de esta noche nos ayude a dejar la moneda en el bolsillo. Que los candidatos nos permitan saber el qué y cómo de sus propuestas. A ver si tomamos esta noche una decisión final.
jueves, septiembre 28, 2006
¡Ay, Teresa!
Las y los Teresas-Tristezas que caminan por este país salieron a las calles con sus zapatos e iPods gringos, y sus celulares japoneses a oponerse a la apertura comercial. Y lo lograron. Esta vez se han dejado seducir nuevamente por promesas de cambios radicales. Por el todo o nada. La estabilidad es secundaria ante la promesa de una supuesta revolución.
¡Qué pena! No aprendemos. Elección tras elección nos dejamos impresionar por unas cuantas frases cargadas de emoción y discurso revolucionarios que pretenden acabar con todo para empezar de cero. Y la culpa no es del votante necesariamente. La culpa la llevan sobre todo los partidos y políticos que nos han desilusionado. Al final, el voto persigue promesas imposibles y populistas de gente nueva, antes que promesas posibles de los partidos de siempre.
Ya sucedió con Lucio hace cuatro años. Ese hombre nuevo que juró acabar con la corrupción sedujo al país que le dio su voto. Que no tuviera una gota de experiencia era secundario. Que haya participado en un golpe de Estado, tonterías. Que no tuviera un partido y grupo fuerte que lo respaldara, pequeñeces. Lo importante es que ofrecía el cambio que la gente quería escuchar.
Las hojas de vida de los candidatos se vuelven papel higiénico para la mayoría a la hora de votar. Bastan las frases bonitas, basta que nos digan que el gas continuará subsidiado, que la dignidad, la soberanía del pueblo ecuatoriano no serán pisoteadas y bla- bla-bla, todos felices, todos embobados con tanta frase emocionante.
La palabra estabilidad no le gusta a Teresa. Ella quiere revolución, agitación. Tanta revolución como aquella de los forajidos que nada logró. Quiere gritarle al mundo que es soberana e independiente, aunque ese grito la vuelva esclava de la pobreza y de un Estado que se alimenta de su trabajo individual. ¿Será acaso que nos gusta esto de botar a presidentes cada dos años? Por eso, que venga el más inestable. Hoy lo adoramos, mañana lo tumbamos.
Así vamos. Continuamos votando por más Estado, más control, menos apertura, menos progreso. Nos comemos el cuento de una Venezuela y una Cuba prósperas mientras pagamos a coyotes y hacemos colas en embajadas para emigrar a Estados Unidos y Europa. ¿Masoquismo, ignorancia, desilusión, hipnosis colectiva? Solo sabemos que como van las cosas, se repetirá la historia de nuestro fracaso político.
El país no necesita revoluciones. Necesita estabilidad. Que Teresa abra los ojos en estas elecciones. De lo contrario, seguirá llamándose Tristeza.
jueves, septiembre 21, 2006
En bici por Guayaquil
Pero este domingo tuvimos la oportunidad de ir más despacio y disfrutar de cerca la ciudad en el primer bicipaseo organizado por el Municipio. El bicipaseo me permitió, por primera vez en mi vida, andar en bicicleta por las calles del centro. Por unas horas varias calles fueron exclusividad de ciclistas y peatones para ir tranquilos y sin miedo a que nos atropellen. Se ve todo muy distinto cuando se va despacio, sin tráfico ni pitazos de taxistas apurados. Y se ve muy bien.
Con este evento Guayaquil ha dado un importante paso en la dirección de las grandes ciudades, que entienden que la modernidad no está en grandes autopistas y pasos a desnivel para mostrar desde foto aéreas. Sino lo contrario. La ciudad moderna es la que se ve y se siente bien desde cualquier vereda. La ciudad con espacios amigables para que el ciudadano a pie –o en bicicleta– no deba luchar contra los carros, sino que vayan de la mano.
Pero este bicipaseo no debe quedar como un evento aislado. Debe ser el comienzo de grandes cambios para tener una ciudad moderna, donde el ser humano es más importante que el carro. Primero, que se repita. Que como sucede en varias ciudades del mundo, cada semana o dos semanas se cierren calles céntricas de la ciudad para que todos podamos disfrutarlas. Guayaquil no tiene un gran parque deportivo. La mayoría de parquecitos gritan “mírame y no me toques”. Con este tipo de evento, las calles brindan por unas horas ese espacio y momento familiar que hace falta.
Segundo, que el respeto y la promoción del uso de la bicicleta no quede solo para el fin de semana. Que sea algo de todos los días. Que en la ciudad se construyan vías exclusivas para bicicletas, o ciclorrutas, que permitan a los guayaquileños utilizar la bicicleta a diario como medio de transporte. Bogotá es un ejemplo muy cercano de lo que se puede hacer. Ahí se han construido kilómetros de ciclorrutas que permiten a la gente ir en bicicleta a trabajar, o a hacer ejercicio con seguridad. Incluso Manhattan, entre su tráfico y su reducido espacio, se las arregla para tener extensas ciclorrutas en sus calles y bordeando el río. Guayaquil podría hacer lo mismo, y así los mejores paisajes serán para las personas y no los carros. Trotar, caminar y andar en bici en esas ciudades es un placer y una real alternativa para transportarse. ¿Por qué no aquí?
El espacio sobra en Guayaquil para avanzar en esta dirección. Como se ha hecho en Bogotá, las amplias vías de la ciudad, como la Domingo Comín, Francisco de Orellana, Juan Tanca Marengo, Terminal Terrestre-Pascuales, pueden complementarse con la construcción de carriles exclusivos para bicicletas. Así, ganan los autos y buses con menos congestión. Ganan el peatón y ciclista al tener un espacio propio con seguridad. Gana la ciudad.
El bicipaseo es otro paso importante hacia el Guayaquil amigable y realmente moderno. Bien por los guayaquileños. Esta vez solo faltó el alcalde en su bicicleta. Seguro habrá otras oportunidades para que nos acompañe y se dé una vuelta.
jueves, septiembre 14, 2006
¿Dónde estabas?
¿Dónde estabas cuando el hombre pisó la Luna?, le pregunta mi generación a nuestros padres. ¿Dónde estabas cuándo se derrumbaron las Torres Gemelas?, preguntarán nuestros hijos a mi generación. Mejor no sacar conclusiones de la diferencia entre estas preguntas sobre el mundo que vivimos.
Yo estaba en Nueva York. Tenía dos semanas de haber llegado a esa ciudad. Ese día, a esa hora, iniciaba una clase de economía en la universidad, varias calles arriba del World Trade Center. Alguien entró a nuestra clase con la noticia. Un avión se acababa de estrellar contra una de las torres. Salimos a ver lo que pasaba en la televisión de la sala de reunión de estudiantes. Luego vino el otro avión. Y las imágenes de las torres cayendo. Recuerdo a varios estudiantes llorando mientras intentaban comunicarse con amigos o familiares que trabajaban en las Torres Gemelas. Recuerdo las caras, nuestras caras, de horror.
Esa noche al salir de la universidad, la ciudad caminaba a otro ritmo. Los taxistas no pitaban en las calles, en el metro todos se miraban en silencio, adivinando los pensamientos en todas las cabezas. Los días siguientes, las paradas de bus estaban llenas de fotos de los desaparecidos con mensajes que dejaban sus familiares angustiados. Todos sabíamos que no había nada que hacer. No quedaba nada ni nadie que rescatar.
Ese fin de semana los bares estuvieron vacíos. No provocaba brindar por nada. Pero la vida continúa y la ciudad volvía poco a poco a la normalidad. Las clases, el trabajo, la música, los taxistas pitando, y la vida neoyorquina a mil por hora regresaban. No hay pena que dure para siempre. Esta no era la excepción.
Cinco años después, lo más triste es que las muertes y la tragedia del 11 de septiembre son pequeñas frente a la tragedia que se vive en Iraq, que nada tuvo que ver con los atentados. Bush tuvo en sus manos la oportunidad de oro de unir al mundo. La mañana del 12 de septiembre ciudades y periódicos en todo el planeta se unían a la frase “todos somos norteamericanos”. El mundo entero se unía a Estados Unidos y sus ideales de libertad y democracia. Pero pocos meses después el mundo rechazaba las acciones de Bush. En lugar de aprovechar el momento histórico de unir al planeta detrás de todo lo bueno que representa Estados Unidos, dividió al planeta tratando de justificar una invasión a Iraq. Chávez, Fidel y todos quienes representan el atraso en Latinoamérica se lo agradecen profundamente a Bush. Las acciones del Presidente tejano hicieron más fuerte la causa de los gobiernos que caminan para atrás. Cayó Hussein, que nada tenía que ver, en lugar de Ben Laden, que anda por ahí campante. Siguieron otros atentados. Y el mundo no se siente más seguro.
Esa mañana de Nueva York marcará de cierta forma nuestra generación. ¿Dónde estabas? ¿Qué sentías? Esperemos que no haya más días similares que recordar. Pero dudamos de que las políticas de Bush ayuden a lograrlo.
jueves, septiembre 07, 2006
Nacionalismos absurdos
Detrás de esto está un fuerte y absurdo nacionalismo empeñado en apoyar lo nacional y rechazar lo extranjero, más allá de cualquier otra consideración. Se trata de una postura aldeana que olvida que el mundo no termina en la esquina del pueblo. Hay todo un mundo con gente, ideas y productos que bien pueden enriquecer nuestro país y competir contra lo local.
Veo como algo positivo la campaña que nos invita a los ecuatorianos a consumir lo nuestro. Al igual que cualquier otra campaña, esta promueve un producto y una marca determinada: la del país. La campaña puede motivarme a considerar con mayor atención los productos locales. Pero al final, como consumidor escogeré el producto con la calidad y precio que me convenga, sin importar si lo hizo un gringo, un chino o un ecuatoriano. A mi pie le importa la calidad y comodidad del zapato y a mi bolsillo su precio. Si el zapato que escojo se hizo en Ecuador, en buena hora. Si se hizo en otro país, bien por mi pie también. El comercio se mueve por oferta y demanda, no por banderas. La competencia internacional nos hace más fuertes y eficientes. El proteccionismo impuesto por un perjudicial nacionalismo nos hunde en el pasado.
Mientras la selección ecuatoriana ganaba partidos en el Mundial, nunca escuché ni leí ningún reclamo porque un extranjero la dirigía. Nadie dijo por ahí que un ecuatoriano podría hacerlo mejor. La pasión del fútbol puso en segundo plano los nacionalismos absurdos. El trabajo de Suárez con la Selección demuestra que las banderas son secundarias a la hora de manejar bien las cosas.
¿Acaso los goles de la Selección eran menos ecuatorianos porque un extranjero nos dirigía? ¿Acaso una empresa ecuatoriana es menos ecuatoriana porque su gerente sea extranjero? ¿Acaso Nueva York es menos gringa porque esté repleta de acentos e idiomas extranjeros?
¿Acaso es distinto con nuestro país?
Es de pequeños países y pequeñas mentes cerrarse al mundo. Es de grandes países y grandes mentes abrirse al mundo. Eso de apoyar lo nuestro está muy bien, siempre que lo nuestro esté en libre competencia con lo de afuera y lo compremos por precio o calidad, y no por imposición o compasión. El mundo es uno solo. Las fronteras son líneas artificiales que se han ido trazando según el poder y antojo de líderes y pueblos. Para progresar necesitamos a los mejores y lo mejor en el país. Pero, mientras "protejamos" lo nacional marginando y cerrando la puerta a productos, personas e ideas con acento extranjero, por el simple hecho de ser extranjeros, no iremos muy lejos.




